¿Qué es el hombre?

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El hombre es cumbre y ladera.

En cuanto cumbre es libertad trascendental, persona. 

En cuanto ladera, el hombre es un solucionador de problemas. Crece al solucionarlos. Es una ladera cuesta arriba.
(La ladera es la dimensión transversal del carácter de además, la esencia humana) (la cuesta arriba es precisamente el abandono del límite mental).

Al ser un espíritu en el tiempo, busca su identidad, su culminación, a través de los dones que harán aceptable su vida como don.
(La ladera cuesta arriba constituye los dones).

La riqueza del mundo es tan grande que suscita problemas.

Pero el hombre tiene capacidad para solucionarlos, pues al afrontarlos, crece. Se hiperformaliza. Inventa recursos. Ese crecimiento es la ladera. Como la del cono formado por los desechos de las minas de cobre de Katanga.

El ser radical del hombre es una iniciativa esperanzada.


El hombre, y la mujer, son montañas. Como los Andes.
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¿Cuáles son los hábitos innatos al intelecto personal?

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La sabiduría (que estudiaremos en la etiqueta 2.14.0).

El hábito de los primeros principios (que estudiaremos en la etiqueta 3.2.0).

La sindéresis (que estudiaremos en la etiqueta 6.2.0).

Como el hábito de los primeros principios y el hábito de sindéresis proceden del hábito de sabiduría se les llama también, a esos dos, hábitos "nativos".


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¿Es correcto hablar de hábitos entitativos?

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La tradición habla de la salud, la belleza o la gracia como hábitos "entitativos".
No es incorrecto.

Pero decir "entitativo" es decir demasiado poco.

Pues como el ente se dice de muchas maneras, corremos el riesgo de quedarnos en generalidades.
La salud puede ser de alma y de cuerpo. Y es sano el gusano, la jirafa, la palmera y el niño.

Sin embargo, la idea de hábitos entitativos sugiere que al ser la persona una actividad inagotable y desbordarse su acción, se cualifica hacia adentro, se mejora íntimamente.

De ahí que quepa llamar "entitativos" a los hábitos superiores o hábitos "personales". Clásicamente se define la gracia santificante, por ejemplo, como un hábito entitativo. La persona crece no sólo con virtudes, sino también con disposiciones, hábitos, propios de su acto de ser persona (el esse de cada persona distinto realmente de su esencia).

Estas disposiciones son modos como la persona humana se comunica con otras realidades distintas: Dios, los demás, el mundo y su propia actividad.




Glosa a Juan A. García González : Existencia personal y libertad. Anuario filosófico nº 95. 2009, p. 334.3
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¿Cuál es la sede de los hábitos innatos?

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La sede de los hábitos cognoscitivos innatos (el hábito de sindéresis, el hábito de los primeros principios y el hábito de sabiduría) no es la inteligencia, es decir, no es la potencia intelectual o intellectus ut potentia, sino el intelecto personal o intellectus ut actus.

Polo denomina a estos hábitos innatos al inteligir personal: intellectus ut habitus.

Propiamente innato es el hábito de sabiduría.
Los otros dos son innatos en cuanto que nativos. Nacen del hábito de sabiduría, nacen con la persona.


De esto se habla en Juan A. García. La metalógica de la libertad… Studia Poliana nº 10, 2008, p. 7.1

Para saber más:

Etiqueta 2.0 Teoría del conocimiento
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¿Pueden crecer las potencias espirituales (la inteligencia y la voluntad)?

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Sí. La inteligencia y la voluntad pueden crecer gracias a los hábitos adquiridos.

Las operaciones ejercidas por las potencias superiores desbordan su término, no se limitan a actualizarse objetivando (pensar o querer), sino que su acción revierte sobre la propia capacidad, repotenciándola.

Dicho de otra manera más exacta, al actualizarse permiten que los actos superiores de esa potencia se manifiesten. Por ejemplo, saber que conozco un gato es superior a conocer un gato.

Tras haber hecho palotes, ahora "sé" escribir.
A fuerza de silbar, parezco un jilguero.

Y me dispongo a realizar operaciones superiores: ahora podré ser escritor o músico.

Los hábitos adquiridos nos cualifican (Aristóteles los mete en la categoría cualidad).

También es cierto lo contrario: los actos malos nos envician.

La vida puede empeorarse. Pero al ser dueños de ella, también podemos rectificarla y mejorarla.

¡Ahora empiezo!



Glosa a Juan A. García González : Existencia personal y libertad. Anuario filosófico nº 95. 2009, p. 333.2


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¿Por qué se dice que los hábitos inferiores son como una segunda naturaleza?

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Los hábitos inferiores son los categoriales: los del cuerpo humano (por ejemplo, la capacidad de maquillarse, vestirse o teclear en el portátil) (etiqueta 1.9.2 (2)) y los adquiridos por las potencias espirituales (por ejemplo, ser poeta, tener buen gusto, ser poliano) (etiqueta 1.9.2 (3)).

Estos hábitos modelan la naturaleza humana; por eso se dice que son como "una segunda naturaleza".

Notemos, sin embargo, que si podemos teclear o filosofar es porque la persona está detrás. No es que la persona se constituya como el conjunto de capacidades de una naturaleza. Esas capacidades no existirían si la persona no fuera anterior a ellas.

No es que la persona sea el individuo de naturaleza racional, sino que podemos tener una naturaleza racional porque somos, antes, personas.
Aunque la mona se vista de seda, mona se queda.

La segunda naturaleza proviene, pues, de la libertad personal (la libertad como persona).

Es entonces más fácil entender que un embrión humano no es humano porque tenga neuronas con capacidad de llegar a pensar, sino que esas neuronas pueden ser un día instrumento del pensar porque pertenecen una persona humana.


Glosa a Juan A. García González: Existencia personal y libertad. Anuario filosófico nº 95. 2009, p. 332.2
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¿Qué término descubre Aristóteles para designar el conocimiento superior?

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Para Aristóteles (20.4.2) hay dos modos de incorporación de la verdad a la mente (noús).

Un modo es el pensamiento "objetivo", que capta las esencias de las cosas.

Otro modo superior es una incorporación más íntima, más intensa, a la que llama "hábito".

El conocimiento "habitual", intuitivo-intelectual, consiste en una "memoria" intelectual.

La mente no se olvida de nada esencial; si se olvidara, sería imposible la globalización, el ver con creciente claridad la unidad de orden.

Tú no eres sólo tú.
Eres, lo sé desde dentro, mi amigo. 
No me olvido.

Pero Polo deja más claro el asunto cuando dice que "memoria" significaría el poder de volver a repetir el acto. Por ejemplo, recordar que eres mi amigo.
Sin embargo, hábito no es solamente el poder de repetir un acto de conocer, sino que es conocer más, saber que sé que eres mi amigo.

La persona, dice Juan, es saber de sí.





Glosa a Polo en Introducción a la Filosofía, p.65.2


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¿Podría darse el crecimiento "habitual" si el hombre no fuera libre?

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No.
Podría darse el crecimiento orgánico, por ejemplo, el crecimiento de la imaginación.

Pero, sin libertad, no puede darse el crecimiento que proviene precisamente del ejercicio de la libertad.

Cuando hablamos de hábitos pensamos quizá en los animales que son amaestrados, sin libertad.

Cuando hablamos de hábitos en el hombre, no nos referimos a esas performances animales, sino a la disposición libre. Es una disposición estable, porque el hombre lo ha querido libremente, ejerciendo libremente sus actos, disponiendo. La esencia humana, que crece, es el disponer.

El hombre se autoperfecciona gracias al ejercicio de la libertad, que dispone, adquiriendo
una disposición estable.


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¿Qué son tradicionalmente los hábitos adquiridos por la inteligencia?

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La filosofía clásica considera que los hábitos adquiridos perfeccionan la potencia intelectual. La inteligencia no "se olvida" de que ha ejercido operaciones; dicho ejercicio queda retenido en ella en forma de hábito, de tal modo que la inteligencia tiene la disposición para repetir la operación.

Se crea así una "familiarización" con la temática objetiva de las operaciones que permite volver a pensar de ese modo.

Los hábitos serían algo así como una memoria intelectual, o una especie de depósito, pero sin ser actos cognoscitivos en sentido pleno.

La discrepancia de Polo en este punto se centra en que los hábitos intelectuales adquiridos son también temáticos.

El tema de los hábitos es para don Leonardo la manifestación o iluminación de la operación.

Nos damos cuenta de lo que pensamos objetivamente.
Conocemos que estamos conociendo, que es más que simplemente conocer objetivamente un perro o un gato.



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¿Qué son los hábitos?




Los hábitos clásicamente son perfecciones de las potencias superiores del alma, adquiridas a través del ejercicio de sus actos.

Existen hábitos de la inteligencia y hábitos de la voluntad (las virtudes).

Sellés, en el Glosario poliano me enseñó que Hábito cognoscitivo es el acto que nos permite conocer que conocemos, es decir, por el que conocemos nuestros operaciones de pensar. 

Puede ser adquirido (ej. el de ciencia) o innato (ej. el de los primeros principios). 

Los adquiridos son el crecimiento de una facultad o potencia, la inteligencia, y pueden ser teóricos o prácticos

Los innatos se dan en el intelecto agente

En el lenguaje cotidiano a ese conocimiento de la inteligencia lo solemos denominar memoria.
Pero "hábito" es un acto distinto y superior a los actos del sentido interno llamado memoria.
Sellés lo explica muy bien en la lección 8 del curso CTC de la web de Louis Cardona.
(Si ustedes me lo piden les puedo mandar el enlace).

La memoria sería solamente la capacidad de recordar, el poder repetir el acto objetivo de conocer.
Pero "hábito" poliano no es solamente eso. Hábito es conocer más, darse cuenta de que conocemos.

 Pero se trata de la "memoria" de la razón, no la de la facultad sensible, el sentido interno llamado  memoria, porque las facultades sensibles no son susceptibles de hábitos.

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¿Es el hombre solamente el ser que "tiene"?


Aristóteles no caracteriza solamente al hombre como el ser que "tiene". El hombre también desea.
Es un ser oréctico, tiene sed de saber.

Pero el deseo es inferior al tener, al ser una carencia.

La voluntad en Aristóteles es signo de deficiencia.

Por eso, en Dios, Acto puro, no puede haber deseo.
Es motor inmóvil. Perfecto.

El dinamismo de la antropología aristotélica es un dinamismo tendencial. Marca la imperfección del hombre.

Aristóteles comienza la Metafísica con la célebre frase: "todos los hombres desean por naturaleza saber".

Sin embargo, Aristóteles ignora que el Acto puro es más que tener. Dios es también Dar.

Para corregir la Antropología de Aristóteles debemos incluir en el hombre su dimensión donante.
El hombre es capaz de tener, sí, y por eso puede dar y aceptar lo que Dios le da.

El hijo, al aceptar, también da.


De esto habla Polo en su artículo "Tres dimensiones de la Antropología", aparecido en Studia Poliana, 13, (2011), p. 24.2.


Para saber más.
Sobre el tener:………………..………..Etiqueta 1.9.1
Sobre la naturaleza humana:……..........Etiqueta 6.1.0
Sobre el hombre:……….…………….Etiqueta 1.10.0
Sobre el deseo:…………………….……Etiqueta 1.9.3
Sobre las aporías de Aristóteles:..............Etiqueta 20.4.5






Tener para dar




En ""tener y dar" Polo caracteriza al hombre como el ser capaz de tener.
Se tiene con el cuerpo, se tiene con las operaciones y se tiene con los hábitos.

Pero atención, no pensemos que es la persona la que tiene.
La persona no es “sujeto” del tener.
La persona es co-ser con Dios. Es trascendental.

El sujeto, por así decir, del tener es el “yo”, (aunque el yo no es sujeto, pues el yo es el ápice de la esencia humana).

Pero podemos decir que es el “yo” el que tiene, haciendo crecer la naturaleza recibida, esencializándola.

Para entrar en la comunión con Dios la persona “humana” debe instaurar un nuevo don, aún inédito.
No su don trascendental, sino su don esencial, su vida, libremente otorgada.

El don de su vida será asi ofrecido a Dios, esperando su aceptación.

Tener para dar.

¿Se puede decir que el acto de ser personal posee la esencia o "tiene" la esencia?


No.
La esencia humana no se "posee" sino que es el manifestarse o el disponer de la persona humana.

O, como explica Juan A. García, la esencia humana es el sentido transversal del carácter de además.

Sigo ahora  en mi respuesta las apreciaciones de Juan Fernando Sellés en su libro sobre la persona humana, publicado en la universidad de la Sabana en 1998.

La más alta averiguación filosófica medieval es la distinción real entre esencia y acto de ser en la realidad creada.

Por esencia entienden el modo de ser de cada realidad, su forma de ser o su composición real.

Por acto de ser entienden el fundamento de toda realidad, aquel principio que hace ser a las realidades.

Las diversas realidades no se reducen al ser, sino que son tal o cual realidad, de tal o cual índole (la índole es la esencia).

En Dios Ser y Esencia se identifican.

En antropología, no obstante, hay que esclarecer mejor esta distinción.

¿Qué es en el hombre del ámbito de su esencia ?

¿Qué es en el hombre del ámbito de su ser ?

G. Marcel capta ahí una dualidad y la formula con sus nociones de « tener » y « ser ».
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La propuesta poliana en antropología, muy bien enseñada por Sellés es, sin embargo, tripartita pues distingue tres ámbitos.

1. El ámbito del tener « recibido » es la naturaleza humana (el cuerpo, las facultades, las tendencias, etc).

2. El ámbito del tener « adquirido » es la esencia humana (que es el perfeccionamiento de la naturaleza humana ; es el crecimiento de la naturaleza que la persona consigue libremente). 
O, como dice el profesor Juan A. García : cuando el además, al ser además, vuelve al límite.

La esencia del hombre es incrementable indefinidamente. Aquí están las nociones de  hábito y de virtud.

3. El ámbito del ser « recibido » es la persona.
Ser que no está clausurado, pues puede ser más. (Puede dar, es dar, aceptando). Es además.

No es la persona pues  la que "tiene".

Es el “yo” (ápice de la esencia humana) quien tiene según su naturaleza (y en tres niveles).
Ya Aristóteles caracterizó al hombre como el ser que “tiene”.

Es la naturaleza humana la que posibilita el tener y en la medida en que es perfeccionada :
a) según el cuerpo : es el tener práctico ;
b) según la razón ;
c) según los hábitos.

La aportación de la persona, el nuevo don libremente instaurado, es su esencia.

El acto de ser, la persona, dispone, manifiesta, ilumina, aporta, con la esencia, pero no dispone de la esencia.

La esencia es precisamente el disponer indisponible.



¿Por qué empleamos la preposición “hacia” para indicar la persona humana?

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Le preposición “hacia” expresa la aproximación y la dirección.
 
Es muy apropiada para entender que la persona humana es ser “hacia”.
 
La persona humana es la réplica en la Réplica, es la réplica que se aproxima y va hacia la Réplica que es el Hijo.

La persona humana es hija en el Hijo.

Es “hacia”.

¿Es la vida el ser de los vivientes?

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Aristóteles dice que la vida es el ser de los vivientes.

 

Es mejor decir que la vida es la esencia de los vivientes : su esencia, que es automovimiento, un cierto dominio de sí.

 

Concretamente, la vida es lo que somos "esencialmente": seres que crecen por sí mismos, que abarcan más ser, que se dan su fin, en la medida en que el entorno se lo permite.

 

Y cuando el entorno es el ámbito de la máxima amplitud, la vida es irrestricta, si libremente se quiere.

 

Pero atención: el acto de ser de las personas también crece, con un crecimiento distinto al de sus esencias.

Es un crecimiento absoluto, originario, es decir, que Dios eleva dándolo, aunque no hagamos nada.

Sin embargo, por nuestra culpa, lo podemos dejar inédito.

 

Entonces el acto de ser o el ser de las personas humanas es también Vida.

 

En el fondo, Aristóteles tenía razón. La vida es el ser de los vivientes.

 

En esta etiqueta 1.8.0 hablamos de la vida.

En las etiquetas 6.1.0 hablamos de la vida humana.

 

Pueden ustedes encontrar en este blog una Página muy extensa sobre la vida. Basta pinchar aquí :

https://preguntaspolianas.blogspot.com/p/la-vida.html

 

Este artículo fue publicado en Miscelánea poliana en 2020 : https://www.leonardopolo.net/docs/MP69-F.pdf

¿En qué consiste la existencia de las criaturas?



La "existencia" de las criaturas consiste en ejercer una actividad distinta de su esencia.

Es una actividad dirigida a permanecer en el tiempo, orientada hacia “después”.

Las criaturas consiguen ser lo que son, al existir, cada una según su esencia.

La actividad de existir es supratemporal. No es otra cosa que mantenerse sobre el tiempo.

Tanto los seres de la naturaleza (que meramente existen), como las personas (que saben que existen), son criaturas, requieren comenzar a existir y luego seguir siendo. No son desde siempre, originariamente. 

Tienen que llegar a ser lo que son.

Ideas sacadas del “compendio” de Antropología “el hombre como persona” de Juan A. García González.




¿Se puede conocer la nada?

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Es problemático que la nada sea pensable, pues siempre pensamos "algo".
A lo más se puede pensar la nada como no-ente, pero "nada" no significa no-ente.

Sin embargo, podemos aproximarnos a la nada si explicitamos las cuatro causas del universo físico.

En efecto, cabe entender la tetracausalidad como análisis del ser extramental (del ser del universo físico) y entonces nos aparece como el "antes" que explica el "persistir" que es el ser extramental.

Si la tetracausalidad o esencia del universo físico es el "antes", la persistencia será el "después" temporal, que sigue siendo sin cesar.

Fíjense bien que, de este modo, la esencia extramental no se distingue por sí misma de la nada.
Sola, se quedaría en el "antes", en la nada. 
Sería nada.

Si la esencia se distingue de la nada es gracias a que la persistencia la admite como análisis suyo.

Solamente en este "juego", no objetivo, de nuestro conocer atisbamos lo que es la nada: el antes si no existiera el después.


Podemos decir entonces que la nada es un ente de razón (con un fundamento en la realidad: la posibilidad de que las formas naturales desaparezcan). 
Raúl Caballero apunta en este sentido: la física cuántica interpreta la nada como fluctuación cuántica del vacío, con infinidad de partículas virtuales naciendo y muriendo en instantes infinitesimales

Si la nada es nada, si no hay realidad, tampoco habrá verdad (desvelamiento de la realidad), y es imposible conocer la nada.

Ahora bien, existe un sentido "lógico" de la verdad, (pues cabe una segunda intención) que nos permite aproximarnos al conocimiento de la nada.

Podemos pensar la nada como "no-ser", por referencia lógica al ser.

La intención del no-ser no es una intención en directo, sino que es una segunda intención.

La nada no existe en la realidad.
Existe en el pensamiento del pensante.
La idea de nada no se pasea por el aire.

Podemos pensarla lógicamente como no-ente.

¿En qué realidad apoyarse para pensarla si siempre pensamos algo y la nada es nada?

Polo nos propone una pista a partir del conocimiento del universo físico: explicitando las cuatro causas tal como hemos explicado más arriba.


De esto habla Lluís Pifarré en su libro "Entender a Leonardo Polo", p. 64

En Antropología trascendental I, p.130, Leonardo Polo tiene un epígrafe titulado "La distinción de la criatura con el Creador. La noción de nada".

Para saber más sobre :
la verdad…………………..….etiqueta 5.2.1
la intencionalidad…….…..etiqueta 2.2.0
el acto de conocer………..etiqueta 2.0.1


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¿Se separan las Personas divinas?

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No.
Las Personas divinas se distinguen, sin separarse.

Ni la iniciativa (Padre) ni la aceptación (Hijo) ni el don (Espíritu Santo), fraguan o se decantan por separado.

¿Por qué? Porque no se extinguen en la donación, sino que se distinguen, al darse sin reservas, en el dar puro.

La iniciativa y la aceptación no son “momentos” del dar, y el don no es la síntesis del dar. 
Los ingredientes del dar supremo no se extinguen, sino que se distinguen al dar.

No pasa así con la criatura que se distingue al separarse, dependiendo del Creador.

Ideas inspiradas en el artículo "Aclaraciones sobre y desde el dar, de Falgueras, en Miscelánea poliana nº 9. p.68.2. 

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Estudiamos ahora la distinción entre esencia y acto de ser. Se trata este tema en la etiqueta 1.7.0 de este blog.

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Polo es el filósofo de la "distinción".

No tener en cuenta la distinción radical entre acto de ser y esencia aboca indefectiblemente en el monismo y, por tanto, en la imposibilidad del conocimiento de Dios.

De ahí el mérito de Tomás de Aquino al descubrir la distinción real entre acto de ser y esencia, y asentar así la necesidad de la creación.

Polo profundiza en esa distinción.

Distingue, como Tomás, esencia y acto de ser, pero la peculiaridad de su enfoque estriba en presentar la esencia como un ejercicio activo dirigido "hacia" la posteridad o hacia el futuro.

Quizá la mejor luz que ofrece Polo sobre la distinción esse-essentia, consiste en su propuesta de una cierta antecedencia de la esencia.

No es que niegue la prioridad del ser sobre la esencia, sino que la entiende con más realismo.
Ya que esa prioridad no es de carácter eficiente, sino final, finalidad pura.

La esencia del universo frena el despliegue del ser del universo físico, permitiendo que el mundo sea habitable, ésa es la finalidad del acto de ser del universo: que podamos "vivir", es decir, que podamos edificar nuestro don, cosa posible gracias a la lentitud introducida por la actividad de la esencia. En efecto, al tener que desplegarse tetracausalmente, la persona humana puede intervenir esencializando su mundo.

Por otro lado,  la esencia humana manifiesta libremente, (de ahí su antecedencia) el destino. El acto de ser personal rige en cuanto que pide a la esencia humana que disponga cada vez más libremente. La finalidad trascendental no es otra cosa que la libertad de los hijos de Dios.


Grandioso.

Pero hay más : El profesor Juan García lo explica en la Revista de estudios filosóficos polianos n. 10. Responde a la siguiente pregunta :

¿La vuelta del carácter de además al límite mental que es  su punto de partida, es posterior a dicho carácter de además? 

No, esa vuelta no se puede decir posterior al carácter de además.

 La esencia de la persona humana procede de esa vuelta.

Y lo que es curioso es que la esencia tiene una cierta antecedencia del ser personal humano.

 Podemos decir que el carácter de además se dota de su propio punto de partida. Diciéndolo de otro modo, el carácter de además y su vuelta son, digámoslo así, simultáneos.

 Polo a veces expresa dicha vuelta como el sentido transversal del carácter de además.


Gracias profesor, por esta indagación sobre la esencia 

humana.

 

Don Leonardo habla de esto en “los hábitos innatos”. Artículos y conferencias OC 31, 544