Aquì tienen ustedes una clase del profesor Sellés sobre la Cristología de Polo.
https://www.youtube.com/watch?v=vvsBewYnpGI
Propongo hacer preguntas a don Leonardo Polo e intentar responder.
Aquì tienen ustedes una clase del profesor Sellés sobre la Cristología de Polo.
https://www.youtube.com/watch?v=vvsBewYnpGI
¿En qué consiste
el Juicio particular? Naturalmente consistirá en muchas cosas, pero en definitiva,
si cuando Dios juzga al hombre se encuentra con un hombre que se parece a él,
el juicio es positivo.
En cambio, si se
encuentra con un ser humano que ha desdibujado los rasgos divinos en él, Dios
podrá preguntar: ‘¿Este es el que yo he creado a mi imagen y semejanza? ¡Pero
si se ha estropeado, se ha hecho una birria!’.
Se podría decir
con un poco más de dureza: ‘Tú te has engañado a ti mismo; tú te has hecho
mentira; tú no has sido fiel a tu condición humana y has borrado en ti mi
imagen.
Por lo tanto, no
te conozco’, que quiere decir: ‘Pero qué has hecho con mi imagen’.
En cambio, dice San Pablo que conoceremos como
somos conocidos, conoceremos a Dios como Dios nos conoce a nosotros.
Significa que el conocimiento final de Dios depende de nuestra fidelidad a la imagen divina que somos.
Polo explica
que en el Juicio particular, Dios busca reconocerse en nosotros: si hemos
custodiado su imagen y semejanza, el encuentro es positivo.
Sin embargo, si el hombre se engaña a sí mismo y desdibuja esos rasgos, se vuelve "mentira".
En ese caso, el "no te conozco" de Dios no es falta de información, sino una pregunta trágica: “¿Qué has hecho con mi imagen?”.
Conocer a Dios como Él nos
conoce implica, por tanto, llegar a ese encuentro siendo verdaderamente aquello
que Dios pensó al crearnos.
Adam dice :
Ser persona significa ser alguien. El ser humano es creado como alguien
(como relación libre, amorosa, cognoscitiva, co-existente con su Creador
personal); es salvado como alguien y se destina a la relación amorosa con el
Dios personal
Spaeman distingue bien entre “algo” y “alguien”, pero dice
que ser persona es responsabilizarse de la naturaleza.
Su antropología está al servicio de la ética.
Nosotros diremos que las obras manifiestan el ser personal,
pero no son el ser personal.
La persona es “alguien”.
Pocos en la historia.
Kierkegard se da cuenta, pero cae muy pronto en el fideísmo
cuando quiere explicar la persona como espíritu.
Entre todos destaca el segundo SCHELER, que profundiza en el
ser como intimidad y es capaz de describir los rasgos de la Intimidad : Amar,
Conocer y Libertad.
También se acerca Maurice Nedoncelle, gracias a sus estudios
de patrística.
Y Viktor Frankl, desde la Biblia.
Cabe mencionar a Guardini.
Y el profesor Sellés tiene una anécdota muy buena con Polo
cuando le enseñó la página de Ratzinger en Introducción al cristianismo, donde
habla del método para abandonar el conocimiento objetivo
Y ahora estamos los polianos.
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Pues nos dice que los trascendentales personales se abren a
las Tres Personas divinas.
Al Padre por la esperanza: libertad personal.
Al Hijo por la fe: conocer personal.
Al Espíritu Santo por la caridad: amar personal o donal.
¿Y qué trascendental personal se abre a María? Me atrevo a
preguntar yo.
Nos abrimos a María por la humildad: co-ser o coexistencia
trascendental.
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Les animo a escuchar directamente al profesor Sellés: A partir del minuto 44.
https://www.youtube.com/watch?v=InRFobbeYxo&t=2072s
Los hábitos innatos son tres:
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Veamos
lo que dice Adam en su punto clave n.38:
38. Del
intellectus ut co-actus nacen los hábitos innatos, que proceden de la persona a
modo de actos libremente activos.
Son
tres: el hábito de sabiduría, que alcanza el acto de ser personal; el hábito de los primeros principios, que advierte los actos de ser extramentales;
y la sindéresis, que suscita las operaciones racionales y constituye los actos de la voluntad38.
38 «Es
oportuno insistir en el orden de los hábitos innatos: [...] la sindéresis, el
yo dual, se dualiza según su miembro superior con el hábito de los primeros
principios; el cual, a su vez, se dualiza con el hábito de sabiduría». POLO, L., Epistemología,
creación y divinidad, p. 211. Cfr. SOŁOMIEWICZ, A., “Los hábitos innatos del intelecto
personal y su papel en el
conocimiento racional según Leonardo Polo”, en Estudios Filosóficos Polianos,
.
Veamos
lo que dice Adam en su punto clave n.39:
39. El
cuarto trascendental personal es el amar donal. La persona humana no sólo
tiene la capacidad de amar, sino que es
amar: la actividad trascendental personal es amorosa o no es personal39.
39 «Se dice
que amar es trascendental o que se convierte con el ser personal, porque el
sentido más alto de ser es dar». POLO, L., Antropología
trascendental, I, p. 249.
.
El cuarto trascendental personal es lo que llamamos, precisamente, el amar “donal”.
“Dar” es la actividad trascendental par antonomasia.
El ser personal es “dar” y es eso lo que quiere decir el carácter de “además”.
El ser personal es un puro sobrar, es un rebrotar incesante. No se agota nunca.
Y no se agota nunca porque es, a la vez, un “aceptar” permanente.
La persona “acepta” su ser personal y su ser personal “da”, es “dar”.
“Además” equivale al aceptar y dar creados.
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Veamos
lo que dice Adam en su punto clave n.40:
40. El amar personal es donal: dar es la actividad trascendental por
antonomasia. Es lo que quiere decir el
carácter de además: efusividad, siempre ir a más, puro sobrar sin
consumarse, no agotarse nunca40.
40 «La persona humana es co-acto de ser porque
equivale a dar y porque dar sin aceptación no tiene sentido. El carácter de además equivale al aceptar y al dar
creados». POLO, L., Antropología trascendental, I, p. 249.
- La persona que otorga el regalo (el otorgar);
- la
persona que lo acoge (el acoger);
- y el
regalo (el don).
Los dos primeros miembros son
siempre personales.
El regalo se constituye como tal cuando es aceptado.
Surge del acto de donar y del acto de aceptar.
Veamos
lo que dice Adam en su punto clave n.41
:
41 Todo acto de regalar “tiene una estructura triádica: primero, alguien
regala, pero el regalo no se constituye como tal hasta que es aceptado; de
manera que el acto de aceptar es tan generoso como el de regalar (no es una
mera recepción). Por tanto, el regalo en cuanto tal surge del acto de donar y
del acto de aceptar”.
POLO, L., Epistemología, creación y divinidad, p.
322.
« Aceptar es más que recibir, porque amar, más que dual, es trino”.
Cfr. SOŁOMIEWICZ, A., en Estudios Filosóficos Polianos, 6 (2019), pp. 114-119.
.
- la persona como aceptar
- la persona como dar
- el don de la persona
Estructura primera. Dios da el acto de ser a la persona. La persona lo acepta. (Lo primero es aquí el aceptar). Y el Don es precisamente
su acto de ser.
Estructura segunda. La persona da a Dios su vida,
esperando que sea aceptada. El don es la vida humana
o esencia, constituida por la persona.
Estructura tercera. La Salvación o Juicio final. Dios acepta el
don, incorporándolo a su Amor. Es lo que llamamos Don-don.
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Veamos
lo que dice Adam en su punto clave n.42:
42. En la actividad donativa trascendental (el amar donal) los tres miembros de la estructura donal son: la persona como dar, la
persona como aceptar y el don42.
41 «El amar
–el dar– y el aceptar son trascendentales personales». POLO, L., Antropología
trascendental, I, p. 271.
.
La persona es dar. Y da también a Dios.
No puede dar su ser si no es a través de sus dones
esenciales.
De ahí que afirmemos que necesita de su esencia para
completar su estructura donal.
Acepta de Dios, constituye el don, da a Dios.
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Veamos lo
que dice Adam en su punto clave n.44:
PP44. La persona humana no
se limita a la actividad trascendental aceptante, a acoger dones. La persona humana es orientada a dar dones
propios. El hombre da dones a su Creador (en tanto que Él es Aceptación divina) a través de las
propias facultades esenciales: la persona
necesita de su esencia para completar la estructura donal. La persona vehicula el dar personal a través de su
esencia.
Cfr. POLO, L., Antropología trascendental,
I, p. 251.
.
La persona humana constituye su don como respuesta al Don
(su ser trascendental) que Dios le otorga.
El don constituido es “esencial”, su esencia.
Don esencial que la persona ofrece a Dios, esperando
Aceptación.
El don de la persona humana será trascendental cuando sea
aceptado por Dios (en el Juicio).
¿Qué he de hacer para alcanzar la vida eterna?, pregunta el
joven.
Cumple los mandamientos.
Este cumplir no es otra cosa que constituir el don esencial.
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Veamos lo que dice Adam en su punto clave n.45:
Dar dones trascendentales significa crear, donar existencia,
y lo hace sólo Dios.
La persona humana es capaz de dar dones esenciales, con lo
que el dar humano tiene siempre sentido de devolución: la iniciativa donante
primordial arranca de Dios, y al hombre corresponde devolvérsela
de acuerdo con su ser y con su esencia45.
45 Cfr. POLO, L., Antropología trascendental, I, p. 250-251;
SOŁOMIEWICZ,
A., “La filosofía del dar divino ad intra
y ad extra según Ignacio Falgueras”,
en Contrastes. Revista Internacional de
Filosofía, 26/1 (2021), pp. 123-137.
Digamos primero que el aceptar, el dar y el don de la persona humana son la tríada amorosa
del trascendental personal humano llamado “amar personal”.
Todos buscan la felicidad, pero ninguno la alcanza porque la
felicidad no es terrena.
La clave no está en la posesión sino en la esperanza.
Esperamos ser felices.
El hedonismo confunde la felicidad con el placer.
El pragmatismo con el bien útil para cada quién.
El activismo con lo que uno hace.
La sociedad del bienestar con la ausencia de dolor o de
riesgos.
Pero la felicidad no consiste en sentir, tener, hacer,
estar, etc., sino en ser.
Y todavía no somos quien seremos.
Amorosos del amor irrestricto.
El hombre es personalmente libre de aceptar o rechazar el
don del Amor que seremos.
La comunión con Dios es el fin último felicitario.
La felicidad es la más íntima y mayor posesión del amor
irrestricto.
Se equivoca el que pone la felicidad en un amor que no es
irrestricto.
O el que habiendo puesto la felicidad en el amor irrestricto
le falta la fidelidad.
La felicidad vendrá si damos con el sentido de la vida, de
saberse abiertos cognoscitiva y amorosamente a Dios.
La corona de la felicidad es la alegría.
La tristeza es la falta de ilusión vital debida a la pérdida
del sentido de la vida.
La felicidad entera tiene que ser posthistórica. Por eso
debemos esperar alcanzarla.
No cabe felicidad sin esperanza.
La esperanza anima la búsqueda de aceptación y el deseo de
respuesta.
Apuntes al texto de Juan Fernando Sellés : Antropología para inconformes. Capítulo 16 (el
último sobre el amar personal?) n. 8 La felicidad. p. 625
. Hegel, en su Fenomenología del espíritu, nos hizo ver que el espíritu consiste en "saberse". Estudiamos la sabiduría del e...