¿Es la vida coactualidad?

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La vida es el cambio sin cambiar.

Me explico.

 

Dios es Fuego.

No cambia. Pero es Vida. Es crecimiento Originario.

En su Acto puro no hay potencia.

Es, a la vez, infinitud de actos inabarcables.

Más vida, más coactualidad.

La manifestación de esos actos es su Vida, es su Gloria.

 

La infinitud de actos en Dios no cambia, pero cambia su manifestación, cuando quiere y como quiere.

Puede crear o no crear.

Es Amor.

Es Comunión.

 

La acción vital no puede ser propiamente un movimiento.

Y es así como se llegó a descubrir lo que llamamos movimiento "inmanente". Un cambio sin cambio. Vida.

 

El movimiento inmanente no es como el movimiento continuo.

Movimiento continuo es, por ejemplo, construir una casa. Mientras la construimos estamos en movimiento. Una vez construida el movimiento cesa.

Este movimiento continuo se define como el acto "en potencia", en cuanto que está en potencia. Todavía no es el acto que debe ser. Está cambiando. Está en movimiento.

 

El movimiento inmanente, al contrario, "ya" es. Al ver, ya estamos viendo.

Se le puede llamar movimiento discontinuo. Se ha pasado de acto a acto, sin pasar por la potencia.

En su origen ya está todo lo que puede ser.

Se manifestará en la medida en que el ser tenga libertad, en la medida en que sea dueño de sus actos.

 

La máxima libertad es la libertad divina.

 Pueden ustedes encontrar en este blog una Página muy extensa sobre la vida. Basta pinchar aquí :

https://preguntaspolianas.blogspot.com/p/la-vida.html

 

Este artículo fue publicado en Miscelánea poliana en 2020 : https://www.leonardopolo.net/docs/MP69-F.pdf

 

 


¿Cuáles son las elevaciones trascendentales de la persona humana?

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La persona humana, independientemente de su querer, crece, trascendentalmente, hacia su destino, al ir siendo elevada, por Dios, hacia la felicidad (ordo amoris) y Dios lo hace según cinco elevaciones que podemos llamar “trascendentales”, a saber: la creación, la llamada inicial, la insistencia o mantenimiento de la llamada, la santificación y la glorificación.
Inicialmente, Dios crea cada persona con tres elevaciones que son simultáneas y necesarias, no cesan: creación, llamada inicial e insistencia.
 
Las elevaciones no son “estados”, sino crecimiento. El miembro superior tira para arriba del miembro inferior.
Las elevaciones no son “etapas”. Es la persona la que es elevada hacia la unidad en sus distintas dimensiones.
Dualizarse es prolongarse y se describe como “elevación”.
En lo más alto, Dios.
Somos un ascensor.
El profesor Juan García llama elevación “creacional” a la relación subsistente, en orden al Origen, que somos cada uno de nosotros.
Pienso que esta elevación “creacional” contiene tres dimensiones: Creación, Llamada inicial e Insistencia en la llamada.
 
a) Creación
La Creación de la persona humana es la creación de su dualidad radical, su nacer destinándo.se.
Podemos llamarla creación inicial.
Según la propuesta de Adam Solomiewicz, el miembro nativo de la dualidad radical humana es el nacer trascendental y el miembro destinativo de dicha dualidad es el destinarse trascendental.
Un acto de ser personal, radicalmente dual.
 
b) Llamada inicial (creación segunda o gracia inicial).
Si llamamos creación primera a la creación del universo físico, la creación segunda será la creación de cada persona humana, en tanto que llamada.
Es la llamada del Destino.
La llamada inicial es el modo peculiar como Dios crea cada persona humana. Dios la crea, "llamándola".
 
Noten la exquisita ternura de un Dios que no nos crea despóticamente, sino en libertad. Nos "llama".
 
Llamamos creación segunda a la creación de cada persona humana. Dicho en términos clásicos, la unión del alma con el cuerpo.
 
Dios crea la persona humana como libertad de destinar su mundo.
La persona habita el universo físico convirtiéndolo en su “mundo”.
 
El fruto de la llamada inicial es la apertura transcendente: el hombre es capaz de Dios. Co-existencia libre.
 
Dios nos abre, llamándonos, atrayéndonos a su Intimidad, elevándonos.
Es la elevación de nuestro espíritu, proveniente del favorecer de Dios, que abre cada uno de los trascendentales personales.
La persona humana es orientada y elevada “hacia” Dios abriendo cuatro aperturas transcendentales, fruto de esa llamada inicial.
El panorama se amplía así, en el ascensor acristalado gracias a esas cuatro aperturas transcendentales, que son infusas y naturales.
 
A la llamada inicial podemos llamarla gracia inicial (que abre el radical co-ser hacia Dios). A esta apertura transcendental la denomino humildad trascendental).
 
La llamada inicial en cuanto que también abre los otros tres trascendentales personales hacia Dios, podemos también llamarla gracia primera.
A estas tres aperturas transcendentales las denomino de la siguiente manera: la esperanza trascendental es la apertura de la libertad. La fe es la apertura del inteligir personal. La caridad trascendental es la apertura del amar. (Ustedes comprenden que no se trata de las virtudes teologales de la teología, sino aperturas naturales de la persona humana a Dios, desde su creación).
 
 
c) Insistencia o mantenimiento de la llamada.
Es la elevación propiamente dicha.
Dios mantiene insistentemente la llamada (es un diálogo creador), para que el hombre aporte su don.
Esta insistencia permite comprender la condición temporal de la vida.
 
Esta insistencia o mantenimiento de la llamada no es otra cosa que el tirar de Dios, hacia arriba, que no cesa de elevarnos libremente.
Recuerden que “elevación” no significa que “estemos” elevados, sino que estamos siendo elevados. Cuando decimos "elevación", hablamos de un movimiento que no cesa.
Insistencia en la llamada.
 
Aquí se incluyen también intervenciones sobrenaturales de Dios que nos favorecen aún más. Por ejemplo, cuando Dios llama a un pagano a reconocerle como el Dios vivo.
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Debemos explicar ahora otras dos elevaciones que no tenemos de entrada: la santificación y la glorificación.
 
d) La santificación: para entenderla nos servirá volver al mito del ascensor acristalado: imaginemos en el interior del ascensor, una sala enorme, con pantallas en color, donde se pueden ver, por anticipado,  los misteriosos juegos eternos, que están más allá de la azotea.
Esas pantallas (cual un VAR) nos hacen gozar de una elevación sobrenatural que los teólogos suelen llamar "gracia santificante", anticipación de la vida eterna. (Tras la caída, la llamamos “nueva creación”).
 
e) La glorificación es el encuentro definitivo con Dios,  más allá de la azotea, en el que conoceremos cómo Dios nos conoce: como hijos que serán siempre "además", jugando y cantando eternamente.
 
x) Pero además de estas cinco elevaciones no debemos olvidar que "trascendentalmente" hubo una caída (que se corresponde con lo que la teología llama pecado original). No es otra cosa que la comunión con el maligno, con el don "nadie". Es la caída trascendental. La pandemia original. Un obscurecimiento del ascensor que dificulta la visión hacia afuera y hacia adentro. Las consecuencias de este apagón inicial son patentes. La principal, la ignorancia. Sin embargo, el ascensor no ha dejado de subir y la esperanza no cesa de renacer. La humanidad subsiste hacia su Destino.


Definición de "aceptar"

 

Aceptar en la Antropología trascendental poliana es el elemento primero de la tríada amorosa del trascendental “Amar donal”.

La tríada es Dar-Don-aceptar. 

Dios da el Don del acto de ser, que es “aceptado” por la persona. 

Pero, atención, esta aceptación no es un acto de la voluntad sino precisamente la creación de la persona. 

Siendo la persona humana “libre”, la aceptación de la creación se manifiesta según los actos de su voluntad (es el dar humano en lo que llamamos estructura donal segunda).

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¿Es la intimidad una ampliación?

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Sí. 
La intimidad humana equivale a la ampliación interior de la persona.
No somos solamente “ser”, sino que somos acompañados por dentro y libremente acompañamos.
La intimidad es co-ser, ser ampliado por dentro.

La persona es “además”
Ser además es abrirse íntimamente a ser, sobrando. Más que persistir, significa acompañar, intimidad. Co-ser, co-existir.

La máxima ampliación es nuestro co-existir en Dios.

La dualidad radical “nacer-destinándo.se”, se abre a Dios, desde Dios, según lo que llamamos apertura transcendental.

Radical apertura dual a Dios, “mi Origen” y “mi Destino”.
Es en el ser personal de Dios donde la persona humana va encontrando su intimidad.
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¿Cómo entender la creación primera y la creación segunda?

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Según Solomiewicz, la dualidad radical de la persona humana es el nacer-destinarse (yo prefiero decir nacer-destinándo.se).

Pues bien, llamamos creación primera a la creación del ser del universo físico, que será habitado por las personas en la medida en que lo acepten.

Y llamamos creación segunda a la creación de la persona humana como libertad de destinar su mundo.
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¿A qué reservamos el nombre de "sobrenatural"?

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 Es asombroso comprobar cómo del universo corpóreo surge la vida.

Vida que tiene dimensiones inmateriales (por ejemplo, el conocimiento sensible, o el orden del código genético).

En el cosmos aparecen "naturalezas", seres vivientes.

 

El hombre, sin embargo, al ser persona, está orientado a una vida superior a la vida que surge en el universo corpóreo. Lo constatamos con la aparición de la inteligencia humana. Se trata de las aperturas trascendentales fruto de la primera elevación de la persona humana: la llamada silenciosa que nos da la intimidad.

 

Más aún, el hombre está orientado a una vida superior a la vida incorpórea e íntima. Técnicamente, a esta última elevación, se le ha llamado "gracia".

Es una elevación que proponemos denominar "llamada inicial" o "creación segunda" (la creación primera es la creación del universo físico) y cuyo fruto son las aperturas transcendentales, que redundan en la calidad y crecimiento de la vida humana.

 

¿A qué reservamos el nombre de "sobrenatural"?

 

La noción de sobrenatural surge de una nueva intervención divina en orden a la salvación.

 

Llamamos "gracia sobrenatural" al influjo del misterio de la intimidad divina, que se empeña en la santificación de las personas, a pesar de los pesares, sobre la naturaleza humana, a la que eleva haciendo posible su destino.

 

Es una anticipación de la salvación, del encuentro definitivo con Dios.

 

 Estudiamos la llamada inicial o creación segunda en la etiqueta 5.15.0

Y las aperturas transcendentales en 5.13.1


¿Por qué empleamos la preposición “hacia” para indicar la persona humana?

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Le preposición “hacia” expresa la aproximación y la dirección.
 
Es muy apropiada para entender que la persona humana es ser “hacia”.
 
La persona humana es la réplica en la Réplica, es la réplica que se aproxima y va hacia la Réplica que es el Hijo.

La persona humana es hija en el Hijo.

Es “hacia”.

¿Cómo describir lo que Polo llama "la réplica"?

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Hablaremos de la cultura al final de esta larga entrada.
Antes, intentaremos explicar lo que es la réplica.

La réplica de una persona es su verdad personal (en las etiquetas 5.2.1 hablamos ampliamente de la verdad).

En el Hijo somos réplica de Dios.

Mi réplica no es una "idea" fija que subsista en Dios. El término "réplica" sugiere actividad que sigue y no cesa.

La réplica de mi persona es la continuación de mi subsistencia (subsistencia significa aquí, radicalidad última).
Dicho de otra manera, mi réplica es la explicación inacabable de mi ser.
Mi "porqué".

¿Quién soy? No soy nada de lo que encuentro.
¿Quién me dirá quién soy? Mi ser no "es", mi ser será, mi ser es "hacia".

Soy "hacia" mi réplica.
Mi verdad personal, mi réplica, será siempre más allá. La verdad, mi verdad, al desvelarse, siempre "encomienda" más. Más y más y más.


Polo llama "encontronazo" al encuentro con la Verdad. Con mi verdad personal. Con mi réplica.

Es encontronazo porque no es un encuentro con una verdad cualquiera, por útil que sea, que me satisfaga y me detenga, sino que es un alcanzar lo mejor que nos puede pasar: sube el telón y comienza el desvelamiento interminable y amoroso de nuestro ser personal, que coincide precisamente con el origen de la libertad. Con mi fuente inagotable.

Es el primer amor, el enamoramiento primero (primero no en el tiempo, sino primero en cuanto radical) que nos lanza a cantar.

Encontrar esa verdad es enamorarse. Es un acto inmenso, un acontecimiento enorme que dará sentido a toda nuestra vida. A partir del encontronazo sabemos cuál es nuestro encargo, el camino de nuestra verdad. Es la fuente de mi futuro.

Con el encontronazo la libertad se pone en marcha, traspasa la verdad, cantándola. Mi libertad es mi canto. Sin interés.

Cada uno tenemos nuestra réplica en Dios.


La intimidad personal es un cierto vacío interior.
En su intimidad el hombre se encuentra solo.
Carece de un quién que lo llene por dentro.

Polo lo expresa diciendo que la persona humana carece de réplica en su interior.

Una de las genialidades de Polo es su noción de "réplica".

Le servirá para explicar cómo el hombre, que está en busca de su identidad (¿quién soy?) sólo la encontrará, precisamente, en su "réplica", al destinarse a su destino.

Por mucho que el hombre crezca, por mucho que se perfeccione a lo largo de su vida en forma de hábitos, siempre permanece la distinción entre la essentia y el esse; entre lo encontrado, manifestado y gozado (o sufrido) y lo que será (su esse, futuro indesfuturizable), nunca el hombre puede llegar a ser "una" identidad, una idea fija.

Es decir, por grande que sea su crecimiento esencial, siempre su ser está más allá, por encima de él.

Polo suele decir esto así: el hombre es un ser que carece de réplica en su esencia.

Nunca llegaremos a ser la persona que seremos.

La persona crece al crecer su esencia, se expresa mejor, según su esencia. Pero la persona es inagotable.

Y cuando veamos a Dios cara a cara será nuestra esencia la que estará por encima de nuestro ser. Siempre inidénticos. Siempre hijos.
Nuestro ser cantará.
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Intentemos otra aproximación a la noción de "réplica". Esta vez desde el fundamento.
Me voy a alargar pues no es un tema fácil. Ahora, tras haber investigado sobre la "réplica" de la persona humana, abordaremos la "réplica" del universo.

Partiremos de un dato de experiencia: el universo existe.

Pues bien, cuando el hombre conoce el universo, posee, en su mente, una "réplica" del universo.

Aristóteles lo dice: el hombre es, en cierto sentido, todas las cosas.

Prestemos atención, pues vamos a dar un salto mortal: la "réplica" que poseo del universo no es "simétrica" al universo.

¿Por qué? Porque el ser del universo es el ser sencillo, el ser como "fundamento", es lo que es. Monolítico como Parménides. (Parménides es el gran enemigo, por decirlo así, de Polo). Este ser es sencillamente lo que es, desplegándose según el movimiento, según el orden que existe en el universo.

Mientras que su "réplica" en mi mente no es simétrica a ese ser, pues no es sencilla, sino dual (pues conozco lo que conozco, yo conozco el universo, añadiéndome, si quiero).

El hombre "esencializa" el universo: lo hace entrar en su propia esencia, al conocerlo (se puede ver en la etiqueta 06.01.00 Preguntas sobre la esencia humana).

Al universo esencializado por la mente, Polo lo llama "mundo".

Notemos la dualidad: no se trata de que el mundo exista sólo en la mente, en cuanto conocido, sino que el hombre dispone del universo gracias a su mente.

El mundo no es una réplica simétrica del universo, pues en ese caso, el mundo sería también un ser sencillo, fundamento. Y acabamos de decir otra cosa, concretamente, que el ser del mundo está conectado al hombre. El hombre se dualiza con el universo transformándolo en mundo.

Fuera del hombre, el universo es un ser sencillo, lo que en metafísica clásica se llama "fundamento". Gracias al hombre, sin embargo, el mundo es dual. Un universo al que se le ha añadido la persona humana.

El hombre no crea el universo con su mente, lo perfecciona, según la dualidad del ser del hombre, transformándolo en mundo.

Gracias a su mente, el hombre está en el universo no como un murciélago más, sino haciéndolo "mundo". Todo cambia en el universo cuando aparece el hombre, pues se le ha añadido una energía nueva, creadora de novedades.

Tal perfección, que Polo llama, insisto, "mundo", es del orden de la esencia humana. El hombre "dispone" del mundo.

Aquí conectamos con la cultura. Que es prolongación de la naturaleza (pero no de la naturaleza del universo, que es siempre sencilla, sino de la naturaleza que el hombre ha recibido de sus padres, que es dual al pertenecer a una persona, creada directamente por Dios). Y la naturaleza, al crecer en el hombre, deviene esencia humana, "vida" del hombre y de la mujer, don que se puede ofrecer).

Concluyamos: el universo no tiene réplica, la persona humana sí, por fuera es su esencia que ofrecerá a Dios cuando el año termine, y por dentro, al cantarle a Dios su canto, tan novedoso y más que los ángeles.


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¿Qué es el sentido personal?

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La persona humana va hacia Dios, hacia su Réplica, hacia el Hijo. 

La persona humana es réplica de la Réplica. 

La persona humana es además. Es hacia

Ése es su sentido.


Don Leonardo, ¿qué es el sentido personal?

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Mª Victoria Cadavid contó durante el Congreso Mundial poliano de 2021 que el profesor Sellés la llevó a casa de don Leonardo y aprovechó la ocasión para preguntarle qué es el “sentido personal”, objeto de su tesis.
Polo le dijo que ella lo sabía bien: Jesucristo.
 
Así se aclara una vez más que nuestra Réplica es el Hijo. El sentido de mi vida es ser hijo en el Hijo.
Mi réplica de la Réplica.
 
Mi sentido personal es ir hacia mi réplica en la Réplica.
 
Mi sentido personal es ser además.

Aquí viene muy bien la preposición "hacia" que expresa la aproximación y la dirección.
La persona humana se aproxima. Es la réplica que se aproxima y va hacia la Réplica.

Rápidamente ¿quién es la persona?

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Persona es el ser abierto a la trascendencia. Por tanto, radicalmente libre.

Libre para destinarse, si quiere. Responsable.
Su verdad le inspira a dar.

Persona, rápidamente, es la relación subsistente originaria o, en el caso de las personas creadas, relaciones, subsistentes en el orden del Origen.

Noten la distinción entre ser personal y el acto de ser del universo físico (denominado "persistencia" por Polo).
El universo físico es la persistencia en el orden del Origen. Depende del Origen en el modo sencillo de la persistencia.

La persona creada es, sin embargo, la relación, subsistente en el orden del Origen, es decir, dependencia del Origen en el modo de relación insistente, intensiva "hacia" el Origen (insistencia, subsistente en el orden del Origen).

La persona rebrota.

La "intensidad" de la insistencia hace referencia a la "esencia", que en Dios se identifica (Esencia divina) con cada una de las personas y en las personas humanas es más o menos intensa según el grado de santidad.

Las Personas en Dios (la Trinidad) son relaciones subsistentes originarias.




Estudiamos la intensidad y la transparencia en la etiqueta 5.4.4

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¿Qué es naturaleza y qué es libertad?

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Una de las primeras aporías de la filosofía es cómo conjugar lo Uno y lo Múltiple.

El problema es mal resuelto si optamos por el monismo (Parménides) o si separamos en exceso (dualismo cartesiano).

En la actualidad muchos niegan la libertad pensando el mundo y los humanos como combinatoria de átomos (es la versión materialista de lo Múltiple, como si todo fuera una combinatoria de naturalezas físicas). Como si fuéramos una red material.

Otros, en su interior, se imaginan de tal modo libres, que deciden vivir según su espontaneidad (es una versión idealista de lo Uno, como si todo fuera libertad espontánea de mi yo). No cuentan con lo otro. Y no se dan cuenta de que la espontaneidad, sin comunión amorosa, es signo de­ falta de libertad.

Nosotros sostenemos que no hay contradicción o contraposición entre naturaleza y libertad.

Es cierto que el filósofo busca el primer principio (arjé) que explique la realidad entera.
Desde Parménides se sabe que ese principio es el ser.

Pero ¿es el ser uno, monolítico? ¿Es acaso el  ser un "todo" compuesto de innumerables  teselas?

La unidad, en antropología, es siempre prematura.
Los seres libres somos creados, elevados, "hacia" la unidad.
Lo que en Dios es Uno (principio y fin, alfa y omega, sentido genético y sentido desbordante del ser) en la criatura es múltiple.

El ser del universo físico contiene naturalezas, principios de operaciones que tienden a cumplir el Orden del ser sencillo. Su "desbordamiento" o actividad es solamente movimiento físico.

Juan A. García llama sentido genético del ser a esa capacidad que tiene, de entrada, el ser primero o universo creado, la naturaleza pura. Actividad sencilla.

La persona creada, sin embargo, es dotada de una actividad superior, pura actividad, desbordamiento, que llamamos libertad. Polo la llama ser segundo.

La persona no es la actividad "sencilla" de lo ya determinado en la naturaleza por las condiciones iniciales del universo. La persona se destaca siempre de sus obras y no se reduce a ellas.

La persona es un ser que desborda su actuar. Su actividad es un renacer añadido libremente, que no se aquieta nunca. Podemos equipararla a la libertad trascendental.

La distinción entre naturaleza y libertad es pues primaria.
El ser se dice, de entrada, de muchas maneras. Entre otros tiene un sentido genético (naturaleza) y un sentido puramente activo (libertad).




Para saber más:
Etiqueta 3.1.0 sobre el ser del universo
Etiqueta 1.1.2 sobre la libertad
Etiqueta 5.5.4 sobre la libertad personal
Etiqueta 1.14.0 sobre la unidad
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