¿Sociedad ética o sociedad libre?

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Silvia Carolina propone publicar otra genialidad de Polo: la imbricación de libertad y ética en la sociedad que crece hacia la felicidad.

"Es justificado decir que como la ética es bastante complicada, la consistencia de la sociedad civil es también un asunto complicado.

No se resuelve poniendo en una constitución "todos somos buenos y benéficos".
Aquí no se puede dar nada por supuesto.

Al contrario, ser ético significa en definitiva ser dueño de los propios actos. Si el hombre no fuera dueño de los propios actos, no podría ser ético. Ser ético implica la libertad.

Si para hacer una buena sociedad elimináramos la libertad, habríamos cometido la mayor insensatez que puede cometerse.

Es preferible que haya libertad, aunque la gente no sea ética, a tratar de implantar la ética a costa de la libertad; eso es un despropósito.

Mientras tengamos libertad, a la gente se le puede enseñar a ser ética, y la gente se puede decidir a serlo; también se puede decidir a ser sinvergüenzas, cosa que si hubiera menos libertad sería más difícil. 

Esto es obvio.

Si al que vende droga se le pegaran dos tiros, nadie vendería droga. Pero ¿qué es mejor? Ya estamos ante un criterio ético.

Si la consistencia de una sociedad es precisamente la ética, no se puede atentar contra la libertad, y hay que correr, por así decir, el riesgo de la libertad.

No hay que dejarse engañar; la ética vale en tanto que el hombre es libre, en cuanto que puede aumentar la libertad.

Ser ético es ser más libre. Intentar resolver la cuestión eliminando la libertad es un despropósito.

Por eso la tesis de que la ética no garantiza el triunfo es una tesis optimista, porque si estuviera asegurado el triunfo, la ética no tendría que ver con la libertad y entonces el hombre sería de una manera totalmente distinta.

Sería un ser económico de una manera necesaria; estaría sometido a la economía. Pero en realidad el hombre está sometido a la economía desde su propia libertad, que le dice si pone una alternativa o no la pone."


Así habla Polo en Quién es el hombre, p. 54-55.


Para saber más :
etiqueta 15.0.0 Polo genial;
etiqueta 7.6.0 sociedad;

etiqueta  9.0.0 ética.
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¿Cuál es la sede de los hábitos innatos?

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La sede de los hábitos cognoscitivos innatos (el hábito de sindéresis, el hábito de los primeros principios y el hábito de sabiduría) no es la inteligencia, es decir, no es la potencia intelectual o intellectus ut potentia, sino el intelecto personal o intellectus ut actus.

Polo denomina a estos hábitos innatos al inteligir personal: intellectus ut habitus.

Propiamente innato es el hábito de sabiduría.
Los otros dos son innatos en cuanto que nativos. Nacen del hábito de sabiduría, nacen con la persona.


De esto se habla en Juan A. García. La metalógica de la libertad… Studia Poliana nº 10, 2008, p. 7.1

Para saber más:

Etiqueta 2.0 Teoría del conocimiento
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¿Es inidéntica la persona humana?



Siempre seremos inidénticos.
La creación del hombre es una llamada.
Somos responsables de la respuesta. Nada está escrito.

Polo es realmente el filósofo de la distinción.
Más alta que la distinción acto de ser - esencia está la distinción entre ser creado e Increado.

Y la más alta distinción es la Distinción entre las Personas divinas.

El ser está abierto por dentro.

El ser personal humano está abierto porque es dual, según sus distintos radicales.
Y su radical más alto, el amar personal, ha sido llamado a responder, ofreciendo su don, su esencia.



¿Cómo ofrecemos a Dios la esencia del universo?

En tanto que creada, la esencia del universo se distingue del ser del universo según la persistencia. Sencillamente persiste. Pero la persona humana puede, trabajando, esencializársela, convirtiéndola en su mundo, como don.

Sin embargo, el don cabal no es el mundo, sino la esencia de la persona humana, que no es otra cosa que nuestra vida, compenetrada con nuestro mundo.

"Don", porque la esencia de la persona humana no es un despliegue de lo ya creado, sino que se presenta o manifiesta según la libertad personal, según la coexistencia, íntimamente, libremente.

Cuando la esencia "persiste" es sencillamente análisis. Esencia del universo.

Cuando la esencia "co-existe", es respuesta. Esencia de la persona humana.

No hay posibilidad de aburrimiento.
Verdaderamente es ventajoso ser Hijo. 

Somos futuro indesfuturizable.
Nuestro gozo es la insistencia en el océano de la máxima amplitud.
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¿Es el hombre singular?

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El ángel es singular. Cada ángel es una persona distinta y única. Hay jerarquía entre los ángeles.

El animal no es propiamente singular.
Aunque sea numéricamente distinto, cada animal es sólo eso: un número de su especie. Está al servicio de la especie.

El hombre, aunque pertenece a la especie humana, no es un número más de la especie.
Cada hombre, cada mujer es un tipo distinto.

Pero el "tipo humano" no es un ángel. No hay jerarquía entre los hombres. Todos somos iguales, pertenecemos a la misma especie, pero cada uno debemos autoperfeccionarnos a partir de nuestra situación en la especie humana.

El hombre es singular porque cada hombre se autodetermina, según lo que libremente "dispone", a partir de su tipo (esta carne y estos huesos)

Quiero decir que el autoperfeccionamiento o esencialización del cuerpo es posible, a partir de un cuerpo "humano", que es muy "humano",  pues pertenece a la especie humana biológicamente. Nuestras vidas están así entrelazadas.

Los humanos estamos todos coordinados, formando un sistema abierto y libre. Es una singularidad solidaria.

Para resumir: la especie humana está al servicio del "tipo humano" y los tipos humanos estamos al servicio de la comunión de personas.

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¿Es la Antropología una parte de la metafísica?

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La Antropología no debe reducirse a metafísica.

La metafísica, ajustadamente tomada, no tiene como fin propio el estudio del hombre.
Aunque se hable de "antropología metafísica", esta denominación no es adecuada, ya que, en sentido estricto, la metafísica estudia las realidades fundantes, es decir, los primeros principios de la realidad extramental (Dios como Identidad, la causalidad trascendental y el ser del universo físico).

La antropología trascendental (que también se puede denominar antropología de la intimidad) tiene como tema la persona humana, realidad que aparece en segundo lugar, después de existir los primeros principios de la realidad (el ser del universo y el de su Creador).

Con todo, no por ser segunda, la persona humana es menos importante que el ser del universo físico, ya que es libre.


Así habla, más o menos, Juan Fernando Sellés en su libro "Antropología de la intimidad", p. 13.3


Para saber más:
1.4.0 Principios;
5.11.0 Intimidad;
2.12.2 Metafísica;
5.1.0 Antropología



¿A qué es comparable la metalógica de la libertad?

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La metalógica de la libertad es comparable a un juego de niños (vaya mi recuerdo para Ricardo Yepes, que ya juega, en ese Cielo que tan bien nos explicó).

Los pequeños se divierten imitando y corriendo tras su hermano mayor. Se esconden. Danzan al compás.
Ése ir para arriba y para abajo, con volteretas, es la armonía de la fiesta de la libertad.

La iniciativa creadora es divina.
Nos incluye en su máxima amplitud.
Entonces, el acto vital que somos, libertad trascendental, sube y baja, cuando quiere, como quiere, cuando puede, como puede.

El método poliano del abandono del límite mental es un ejercicio intelectual que permite
-     advertir (1ª),
-     encontrar (2ª),
-     alcanzar (3ª) y
-     acceder (4ª) 
a ese juego.

En asombrosa congruencia,
-      se advierte el ser extramental (1ª),
-     se encuentran los porqués del Universo (2ª),
-     se sube hasta alcanzar a saber quiénes somos (3ª), hijos!,
-     y se desciende de nuevo (4ª) para encontrar los presentes que agradarán a mamá.

El método poliano es modesto.
No se trata de fabricar, sesudamente, un mundo imaginario al que huimos irresponsablemente. No.

Se trata de un método, una propuesta, una vía (cuatro vías) abiertas en la roca escarpada del ser, para entrar en un Mundo que nos es dado, un regalo, que está más allá de lo efímero: 
la libertad trascendental de los hijos de Dios.

Es para volverse locos.



De esto se habla en Juan A. García. La metalógica de la libertad… Studia Poliana nº 10, 2008, p. 9, 3

Para saber más:

Etiqueta 6.8  metalógica de la libertad
Etiqueta 2.1.1 el método del abandono
Etiqueta 2.1.1.1 abandono. 1ª dimensión
Etiqueta 2.1.1.2 abandono. 2ª dimensión
Etiqueta 2.1.1.3 abandono. 3ª dimensión
Etiqueta 2.1.1.4 abandono. 4ª dimensión

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¿Es la vida el ser de los vivientes?

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Aristóteles dice que la vida es el ser de los vivientes.

 

Es mejor decir que la vida es la esencia de los vivientes : su esencia, que es automovimiento, un cierto dominio de sí.

 

Concretamente, la vida es lo que somos "esencialmente": seres que crecen por sí mismos, que abarcan más ser, que se dan su fin, en la medida en que el entorno se lo permite.

 

Y cuando el entorno es el ámbito de la máxima amplitud, la vida es irrestricta, si libremente se quiere.

 

Pero atención: el acto de ser de las personas también crece, con un crecimiento distinto al de sus esencias.

Es un crecimiento absoluto, originario, es decir, que Dios eleva dándolo, aunque no hagamos nada.

Sin embargo, por nuestra culpa, lo podemos dejar inédito.

 

Entonces el acto de ser o el ser de las personas humanas es también Vida.

 

En el fondo, Aristóteles tenía razón. La vida es el ser de los vivientes.

 

En esta etiqueta 1.8.0 hablamos de la vida.

En las etiquetas 6.1.0 hablamos de la vida humana.

 

Pueden ustedes encontrar en este blog una Página muy extensa sobre la vida. Basta pinchar aquí :

https://preguntaspolianas.blogspot.com/p/la-vida.html

 

Este artículo fue publicado en Miscelánea poliana en 2020 : https://www.leonardopolo.net/docs/MP69-F.pdf

¿Se dualiza el acto de ser personal con su esencia?

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No.

El acto de ser humano no se dualiza con su esencia.

La esencia humana es el "disponer".

La esencia humana depende del acto de ser personal (y por consiguiente se distingue realmente del acto de ser personal), pero no se distingue "tanto" para ser otro radical, o ser otra persona, o ser un mundo distinto.

Esta "dependencia" se puede formular diciendo que es el sentido "transversal" del "además". 
El acto de ser personal produce la esencia al volver hacia el límite mental.



Si quieren ustedes leer una síntesis de la distinción real esencia – acto de ser, vayan al principio de este blog, a la página (en rojo) ""Esencia – Ser. Su distinción"
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¿Qué es primero, la verdad o el amor?

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En la persona la verdad y el amor están unidos antes de su distin­ción en operaciones de facultades distintas.

La verdad personal, en el hombre, es indisolublemente amor, superabundancia. Es la verdad cantada. A dúo y en coral.

La verdad en sus raíces no es un remedio necesitado.
Lo dice Rilke: el hombre está más allá de todo fin. No se acaba.
El mundo se va terminando en objetivos, pero el amor humano, entonces, rebrota.

No se puede decir que lo que sigue a la verdad no sea verdad. Toda la hondura del espíritu se manifiesta en el canto, y sin verdad es imposible cantar.
Por tanto, no es verdad que ante la verdad solo quepa detenerse.
Eso es consecuencia de la perspectiva subjetivo-objetualista derivada del afán de certeza cartesiano.

Someter la verdad al criterio de la certeza constituye un error.
El error no es sino paralización de la verdad: cogito, sum, como principio de la filosofía. Soy lo que soy. Parménides subjetivo.
Entonces no hay cabida más que para las ideas claras y distintas.

Pero la verdad no está destinada a aquietar la sospecha o la duda, sino a movilizar.

Verdad y amor en comunión.


Etiqueta 5.2.1 la verdad y su encuentro;
Etiqueta 5.2.1 la verdad;
Etiqueta  20.13.0 Descartes;
Etiqueta  5.5.3 amar donal;
Etiqueta  1.2.2 amor;
Etiqueta  1.0.0 preguntas para empezar;

Etiqueta 15.0.0 Polo genial.
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¿Se puede hablar de esencia en Dios?

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Propia y rigurosamente no se puede hablar de esencia en Dios.
O diciéndolo de modo más suave: su esencia es su ser.

Dios es realmente idéntico.

Si hubiera distinción entre esencia y existencia no se podría hablar entonces de identidad.

En Dios no puede haber distinctio realis entre essentia y esse.

La esencia divina se reduce al ser; la esencia es ser, simplemente ser; no hay propiamente esencia en Dios, sino ser.

El Misterio de Dios es su Identidad "trina" en Personas.

Sin embargo, me atrevo a decir que, del mismo modo que Dios crece, (crecimiento Originario), también podemos decir que la Esencia divina es su Espíritu. Santo.

La Esencia divina es el sentido Transversal del Ser Idéntico.
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La esencia de la persona humana. Notas sacadas de la conferencia dictada el 25-XI-1994 en el salón de grados Mª Zambrano de la facultad de filosofía y letras de la Universidad de Málaga. (Miscelánea poliana nº 4, p.34.2). Citamos las páginas según la recopilación titulada "Antropología y trascendencia" publicada por I. Falgueras y Juan A. García.

Si quieren ustedes leer una síntesis de la distinción real esencia – acto de ser, vayan al principio de este blog, a la página (en rojo) ""Esencia – Ser. Su distinción"


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¿Por qué decimos que en el cielo nuestra esencia estará por encima de nuestro acto de ser?

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La Esencia divina es el Espíritu Santo.
El Espíritu Santo es el Don de Dios, la Vida divina.
 
Pues bien, llegamos al Cielo cuando nuestra vida (nuestro don) es aceptado en el Juicio por el Amor de Dios.
Entonces el Don asume nuestro don, somos Don-don.
 
En la Vida eterna nuestro crecimiento sigue libremente al Espíritu Santo.
 
La persona que somos se manifestará, libremente, con el Espíritu Santo, que está por encima de ella.
Nuestra esencia, nuestra vida, estará así por encima de nuestro ser personal. Es el Don-don.

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El carácter de además, como muy bien explica el profesor Juan A. García, se mantiene sin término.

Es decir, que en el Cielo, el co-ser sigue siendo “además”.

Su sentido “transversal” es la producción de su esencia. Su manifestación.

Pero en el Cielo, el don de la persona humana es aceptado por el Espíritu Santo. Es el Don-don.

Seguiremos creciendo, seguiremos manifestándonos libremente, pero ahora al modo “eterno”. Seremos trinos (como le gusta a Juanfer) o, seremos 4 (si contamos con María.


¿Cuándo nuestro don esencial será trascendental?

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Nuestro don esencial será trascendental en el Cielo. Aunque con una salvedad.
 
Salvador Piá pensó el amar donal como una tríada vertical: dar-aceptar-don.
 
Alberto Vargas lo piensa como una tríada horizontal en la que los tres miembros son trascendentales.
 
A mi entender, Adam Solomiewicz (p.38 de Scerpta) acierta cuando propone que el amar donal es dual, con dos estructuras donales:
Primera: aceptar el actus essendi dado por Dios.
Segunda: dar a Dios el don esencial esperando su Aceptación.
 
El don que la persona humana da, es esencial.
 
Es en la estructura donal tercera (la Salvación) donde el don, al ser aceptado por Dios, es elevado a la altura de la Comunión con Dios. Es lo que me he atrevido a llamar Don-don.
 
Dios, al asumir la Humanidad de Cristo, asume en ella nuestros dones, que no se pueden mezclar con la esencia divina. Nuestra Comunión no será nunca Identidad, sino filiación divina adoptiva (esta es precisamente la salvedad de que hablábamos antes).
 
Vargas rechaza la 2ª tesis de Polo sobre el amar donal (el dar y el aceptar comportan el don, que la persona puede dar sólo a través de su esencia (AT I pp250-251).
 
Solomiewicz sostiene que el don es siempre esencial, por lo que la persona humana no es radicalmente trina.
 
Pienso que el don será trascendental en el Cielo.
Sin embargo, en esta vida, tenemos una anticipación de nuestra Comunión en Dios por la gracia santificante (es lo que hemos llamado "la pantalla del Var" en el mito del ascensor acristalado).

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El profesor Juan A. García explica muy bien el sentido transversal del carácter de además : que es precisamente la esencia humana, que procede del descenso o vuelta del co-ser humano a su punto de partida, que es el límite mental.
La esencia humana en el Cielo es trascendental en tanto que aceptada por Dios.
Aquí en la tierra todavía no es trascendental pues se está constituyendo.
Sin embargo, por la gracia, tenemos una anticipación de lo que seremos en el Cielo.


¿Cómo se distingue lo humano de lo intracósmico?

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Las naturalezas estrictamente intracósmicas (plantas y animales) están sujetas al orden del universo físico. Se despliegan según ese orden.

La naturaleza humana, sin embargo, es solamente hasta cierto punto intracósmica (ciertamente somos también materia y la causa material nos retrasa), pero al estar esencializada (pues es manifestación de una persona humana) la naturaleza humana es, de entrada, extracósmica, pues aunque el orden del universo físico le afecta (nos produce jaquecas y reumatismos) está regida por las disposiciones de la persona.

La naturaleza humana está tipificada desde su inicio, tiene unos rasgos únicos, personales. Es el cuerpo de  una persona concreta, y no sólo un cuerpo con rasgos genéticos de la especie.

También naturalmente, es decir, de entrada, antes de que se "manifieste" la vida espiritual, lo humano es distinto de lo intracósmico, porque la naturaleza humana es típica.

La naturaleza del elefante no es típica, pues no es un don otorgado a "una" persona, sino, sencillamente, un número de su especie.

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¿Qué designa el nombre "ente"?


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El nombre "ente" es participio de presente del verbo ser: "lo que es".

A lo real se le ha llamado ente.

Pero atención, "lo que es" no es lo que "era", ni tampoco lo que "será".

Es cierto que lo primero que la admiración presenta es justamente eso: presencia, presencia mantenida.

Y Parménides utiliza la palabra "ente" para designar el principio fundamental que funda, que asiste en presente.

"Ente" significa lo que es, lo que está siendo, lo esente, la unidad verbal-nominal. Fundar haciendo consistente lo fundado.

En definitiva, Parménides formula la actualidad como "ente".

Parménides es el gran enemigo de Polo: porque el ser no se agota en la actualidad. El ser que fue, también será. El ser, es y será actividad.

Sólo con entes no vamos a ninguna parte.



Glosa a Polo en Introducción a la Filosofía, p.46.39.4
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¿Cuáles son las 4 dimensiones del abandono del límite mental?

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1ª. La “exclusión” del límite mental para advertir el ser extramental, conociendo los primeros principios de la realidad.

2ª. La “pugna” con el límite mental para encontrar la esencia extramental o explicitar la tetracausalidad física.

3ª. El “desaferramiento” del límite mental para alcanzar el ser personal o co-existencia humana.

4. La “demora creciente” en el límite mental para acceder a la esencia humana.



Glosa a Salvador Piá. El hombre como ser dual. p.47, nota 2.

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¿Es Polo un místico?




Don Leonardo dice: no callemos, entremos a fondo en el misterio de Dios.

El salto a la mística como refugio para no perder la fe es muy común en la teología europea.
Para justificarla dicen: esto es irracional, está por encima de la razón.
La mística es una manera de decir: callemos ante el misterio de Dios.

Polo dice lo contrario: no callemos, entremos a fondo en el misterio de Dios.

La actitud filosófica de Polo no es mística, pero tampoco lógica, tampoco objetivista, es un meta-metafísico.
Se puede hacer metafísica de una manera más alta.
Hagamos filosofía primera. Además de la metafísca.
El además no es menos primario que el persistir, que el principo.
El ser que es “además” de la conciencia de objeto.


¿Qué es la voluntad?


La voluntad, de entrada, es pura potencia pasiva

 Éste es uno de los grandes aciertos de Polo que le permite purificar la libertad, que era esclava del querer, desde antes de Lutero. 
 La modernidad identifica voluntad y libertad y ésta con la espontaneidad. Es presentada como fuerza, como energía. 
Pero entonces la voluntad se cosifica ya que se la entiende como si fuera una causa eficiente más en el universo, determinada, como el volcán echa su fuego, sin poder engendrar palomas. 
 La voluntad no es así. 

 La voluntad es ciertamente capacidad, potencia. ¿De qué? De bien. 
 La intención de la voluntad es intención de otro (recordemos que la intención de la inteligencia era intención de semejanza). 
 ¿Qué es lo otro? Lo otro es el bien. El bien es lo otro que el ser, en orden a la realización del ser. 

La voluntad es capacidad de hacer el bien
No este bien o el otro, pues entonces no sería potencia pasiva "pura", ya que estaría determinada por algo, como el apetito de comer está ya determiando por la comida. 
 La persona posee esa capacidad de querer el bien absoluto. 

Y es la persona la que activa, libremente, responsablemente, su voluntad al imperarla: quiere esto o quiere lo otro. 
 Por eso decimos que es potencia "pasiva" pura, pues "depende" de la persona. 

 La persona posee un hábito innato, la sindéresis, con dos miembros: querer-yo y ver-yo. La razón práctica (ver-yo) presenta el bien posible y el querer-yo ejecuta, si la persona quiere. 

Para saber más: 
 
Etiqueta 5.2.2 Preguntas sobre el bien. .

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