La esencia humana es la manifestación de la persona.
(Cabe decir que aquí la persona es acto y la esencia potencia. La persona “puede”).
La persona es “humana” por su unión con la naturaleza.
Propongo hacer preguntas a don Leonardo Polo e intentar responder.
En la etiqueta 1.16.0
tratamos del Inicio de la Filosofía.
Etiqueta 1.1.4 la esencia.
.
Polo dice que la esencia
indica perfección.
Perfección es hacer las
cosas bien. “Perfecto” es lo bien hecho.
¿Pero, quién lo hace?
En el universo físico la
perfección es el orden de las cuatro causas. Ésa es la esencia del universo
físico. Y la tetracausalidad depende de la “persistencia” del universo.
La “persistencia” es el
acto de ser del Universo físico.
En las personas, sin embargo, la perfección de su naturaleza es precisamente la esencialización de su naturaleza. Eso es la esencia humana.
Concretamente, la adquisición de
hábitos que permiten a su autor hacer cosas mejores.
El autor es la persona,
el acto de ser personal, que es siempre “además”.
Sí que existen varios niveles de lo sobrenatural, y podemos agruparlos en cuatro.
Obras que
manifiestan directamente el poder de Dios y que se distinguen de las
modificaciones técnicas que son obras realizadas por el trabajo del hombre.
La noción de
milagro señala con suficiente nitidez la diferencia de lo sobrenatural con lo
natural. Se suele definir el milagro como una excepción respecto al orden
natural que sólo es posible por influencia divina, aunque sea realizado por
un hombre.
El mayor
taumaturgo es Jesucristo.
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2) El segundo nivel es lo que llamamos "gracia sobrenatural o santificante".
Es una elevación, pero una elevación
distinta de la elevación creacional (hemos hablado de las 5 elevaciones trascendentales en la etiqueta 5.7.0)
La santificación o gracia
santificante es una elevación distinta de la elevación creacional (esta elevación creacional tiene tres
dimensiones : creación, llamada inicial e insistencia).
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La
elevación que llamamos gracia santificante es una anticipación de la
glorificación del cielo y es la que se llama propiamente sobrenatural.
Este nivel se corresponde con lo que San Juan designa con la
palabra sémeion, signo, que indica
directamente este nivel de lo sobrenatural: la elevación sobrenatural que Cristo otorga al hombre como anticipación, repito, del Cielo. Y que llamamos gracia
sobrenatural.
Por ejemplo, los sacramentos, son signos eficaces (reales).
La realidad sacramental es superior al sentido usual de la palabra
milagro, por tener inmediata relación con la
elevación sobrenatural de la criatura humana. (Por ejemplo, el primer perdón del Bautismo, el perdón de los
pecados, o la unión con Cristo en la Eucaristía, que forman parte de la Historia de la Salvación de cada persona. Historia que podemos conocer por "anticipación" gracias a los signos).
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3) Y ahora veamos el nivel más alto de lo sobrenatural : el Verbo encarnado.
Porque tampoco los
sacramentos, que son signos de la gracia sobrenatural, son la realidad sobrenatural más alta, pues, como se suele decir, Deus non alligavit potentiam suam sacramentis; y así, por ejemplo, es eficaz el
bautismo de deseo, y Dios también puede perdonar los pecados atendiendo a un
acto de contrición perfecta por parte de la criatura.
No hay "signos", pero el Verbo está anticipando la historia de la Salvación gracias a su Cuerpo, que es la Iglesia.
(La conveniencia de acudir en este caso a la confesión es debida a que nadie puede estar seguro de que ha realizado un acto de semejante pureza).
El nivel más alto en lo sobrenatural es la Encarnación del Verbo pues proporciona, por anticipación, una Vida muy superior a la naturaleza creada.
Con la noción de
milagro no se alcanza a perfilar suficientemente la superioridad de la vida que
proporciona la Encarnación del Verbo, sobre la vida de la naturaleza creada.
Y la realidad
sacramental no debe ocultar que lo
verdaderamente importante es Cristo mismo.
La clara prueba
del favor divino es la Encarnación del Verbo, que, precisamente por ello, es el
Autor de la realidad sacramental.
Toda la vida de Cristo está dedicada a dar gloria a Dios Padre, no sólo asegurando la felicidad de las criaturas humanas, sino también haciéndo residir la felicidad en la donación de la filiación divina, es decir, en la unión con Él.
Éste es el nivel más alto de lo sobrenatural.
La superioridad de la Humanidad de Cristo sobre la realidad sacramental es debida a su unión con la segunda Persona divina.
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4) Pero aún hay más:
La incorporación del ser humano a Jesucristo está por encima de cualquier otro perfeccionamiento, pues nos hace entrar en la Comunión de los santos.
Lo sobrenatural es pues una anticipación creciente: el milagro, el sacramento-misterio, la Encarnación y por fin, la Iglesia que es el Templo de Dios.
Iglesia-Madre, como María, de todos los Santos.
La
Iglesia es Madre que nos sitúa en la Familia de Dios, como nuestras madres nos sitúan en el
mundo.
El
demonio quiere dividir, quiere que no reconozcamos a nuestra Madre, diciendo
que es mala.
La unión con Cristo lleva consigo la más estrecha unión entre los seres humanos.
Y por tanto no es suficiente
decir “Padre mío”, si esta expresión no va estrictamente acompañada de la
fórmula “Padre nuestro”.
La paternidad
divina es más real que la paternidad humana, la cual, en cierto modo, es
excluyente, pues no todos somos hermanos según la carne.
Aquí todos somos
hijos en el Hijo. Hermanos. Hijos de María.
.
Lo podremos
decir gracias a la noción poliana de "crecimiento irrestricto".
El ser humano, en tanto que persona, siempre tiene la capacidad de dar
más de sí y de recomenzar.
No somos esclavos de nuestra historia ni de nuestras limitaciones
psicológicas.
Esta mirada nos devuelve la serenidad de saber que, aunque nuestra
personalidad tenga límites, nuestra persona es un horizonte abierto que siempre
puede crecer en libertad y en amor.
.
La personalidad describe el cómo somos (nuestros rasgos, temperamento, capacidades o incluso heridas psicológicas); es algo que se puede observar y medir.
En cambio, la persona señala el quién somos: un ser único, irreductible y libre que no se agota en ninguna descripción biográfica.
Mientras la personalidad es lo que mostramos, la
persona es el nivel más hondo de nuestra intimidad, siempre abierto al
encuentro con los demás y con Dios.
Ideas sacadas de la serie Vínculo, libertad y madurezhumana, de Graciela Soriano.
12/02/2026 Beto
Vargas: Después de haber tenido muchas conversaciones con Gemini sobre Polo, un
amigo me manda la conclusión de Gemini.
Conclusión:
Si buscas la
verdad metafísica más fina y potente para entender el cristianismo y la
libertad, Polo es el Fórmula 1.
Pero es difícil
de conducir y caro de mantener.
Si buscas una
antropología para "andar por casa", sólida y fiable, el Tomismo o el
Personalismo son un Toyota: te llevarán a todas partes sin tantas
complicaciones teóricas.
Poliana
Argentina, Silvia: En lo personal soy fanática de la Formula 1 y sigo a los
hispohablantes. Carrera a carrera. Ahora estamos en Barheim haciendo pruebas.
Ahora bien, en lo que respecta a Polo.
Graciosa la
metáfora, es divertida, pero no coincido. Polo da alas... y abre horizontes.
Pobres los de F1
Aquì tienen ustedes una clase del profesor Sellés sobre la Cristología de Polo.
https://www.youtube.com/watch?v=vvsBewYnpGI
¿En qué consiste el Juicio particular?
Naturalmente consistirá en muchas cosas, pero en definitiva,
si cuando Dios juzga al hombre se encuentra con un hombre que se parece a él,
el juicio es positivo.
En cambio, si se encuentra con un ser humano que ha desdibujado los rasgos divinos en él, Dios podrá preguntar: ‘¿Este es el que yo he creado a mi imagen y semejanza?
¡Pero
si se ha estropeado, se ha hecho una birria !
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Se podría decir con un poco más de dureza:
‘Tú te has engañado a ti mismo; tú te has hecho
mentira; tú no has sido fiel a tu condición humana y has borrado en ti mi
imagen.
Por lo tanto, no
te conozco’, que quiere decir: ‘Pero qué has hecho con mi imagen ?’.
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En cambio, dice San Pablo que conoceremos como
somos conocidos, conoceremos a Dios como Dios nos conoce a nosotros.
Ése es el Juicio particular.
Sin embargo, en el Cielo creceremos siempre más. Conoceremos cada vez mejor el Plan de Dios para cada uno.
Conoceremos cantándonos los unos a los otros.
Significa que el conocimiento final de Dios depende de nuestra fidelidad a la imagen divina que somos.
Polo explica
que en el Juicio particular, Dios busca reconocerse en nosotros: si hemos
custodiado su imagen y semejanza, el encuentro es positivo.
Sin embargo, si el hombre se engaña a sí mismo y desdibuja esos rasgos, se vuelve "mentira".
En ese caso, el "no te conozco" de Dios no es falta de información, sino una pregunta trágica: “¿Qué has hecho con mi imagen?”.
Conocer a Dios como Él nos
conoce implica, por tanto, llegar a ese encuentro siendo verdaderamente aquello
que Dios pensó al crearnos.
Adam dice :
Ser persona significa ser alguien. El ser humano es creado como alguien
(como relación libre, amorosa, cognoscitiva, co-existente con su Creador
personal); es salvado como alguien y se destina a la relación amorosa con el
Dios personal
Spaeman distingue bien entre “algo” y “alguien”, pero dice
que ser persona es responsabilizarse de la naturaleza.
Su antropología está al servicio de la ética.
Nosotros diremos que las obras manifiestan el ser personal,
pero no son el ser personal.
La persona es “alguien”.
Pocos en la historia.
Kierkegard se da cuenta, pero cae muy pronto en el fideísmo
cuando quiere explicar la persona como espíritu.
Entre todos destaca el segundo SCHELER, que profundiza en el
ser como intimidad y es capaz de describir los rasgos de la Intimidad : Amar,
Conocer y Libertad.
También se acerca Maurice Nedoncelle, gracias a sus estudios
de patrística.
Y Viktor Frankl, desde la Biblia.
Cabe mencionar a Guardini.
Y el profesor Sellés tiene una anécdota muy buena con Polo
cuando le enseñó la página de Ratzinger en Introducción al cristianismo, donde
habla del método para abandonar el conocimiento objetivo
Y ahora estamos los polianos.
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Pues nos dice que los trascendentales personales se abren a
las Tres Personas divinas.
Al Padre por la esperanza: libertad personal.
Al Hijo por la fe: conocer personal.
Al Espíritu Santo por la caridad: amar personal o donal.
¿Y qué trascendental personal se abre a María? Me atrevo a
preguntar yo.
Nos abrimos a María por la humildad: co-ser o coexistencia
trascendental.
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Les animo a escuchar directamente al profesor Sellés: A partir del minuto 44.
https://www.youtube.com/watch?v=InRFobbeYxo&t=2072s
Los hábitos innatos son tres:
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Veamos
lo que dice Adam en su punto clave n.38:
38. Del
intellectus ut co-actus nacen los hábitos innatos, que proceden de la persona a
modo de actos libremente activos.
Son
tres: el hábito de sabiduría, que alcanza el acto de ser personal; el hábito de los primeros principios, que advierte los actos de ser extramentales;
y la sindéresis, que suscita las operaciones racionales y constituye los actos de la voluntad38.
38 «Es
oportuno insistir en el orden de los hábitos innatos: [...] la sindéresis, el
yo dual, se dualiza según su miembro superior con el hábito de los primeros
principios; el cual, a su vez, se dualiza con el hábito de sabiduría». POLO, L., Epistemología,
creación y divinidad, p. 211. Cfr. SOŁOMIEWICZ, A., “Los hábitos innatos del intelecto
personal y su papel en el
conocimiento racional según Leonardo Polo”, en Estudios Filosóficos Polianos,
.
Veamos
lo que dice Adam en su punto clave n.39:
39. El
cuarto trascendental personal es el amar donal. La persona humana no sólo
tiene la capacidad de amar, sino que es
amar: la actividad trascendental personal es amorosa o no es personal39.
39 «Se dice
que amar es trascendental o que se convierte con el ser personal, porque el
sentido más alto de ser es dar». POLO, L., Antropología
trascendental, I, p. 249.
.
El cuarto trascendental personal es lo que llamamos, precisamente, el amar “donal”.
“Dar” es la actividad trascendental par antonomasia.
El ser personal es “dar” y es eso lo que quiere decir el carácter de “además”.
El ser personal es un puro sobrar, es un rebrotar incesante. No se agota nunca.
Y no se agota nunca porque es, a la vez, un “aceptar” permanente.
La persona “acepta” su ser personal y su ser personal “da”, es “dar”.
“Además” equivale al aceptar y dar creados.
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Veamos
lo que dice Adam en su punto clave n.40:
40. El amar personal es donal: dar es la actividad trascendental por
antonomasia. Es lo que quiere decir el
carácter de además: efusividad, siempre ir a más, puro sobrar sin
consumarse, no agotarse nunca40.
40 «La persona humana es co-acto de ser porque
equivale a dar y porque dar sin aceptación no tiene sentido. El carácter de además equivale al aceptar y al dar
creados». POLO, L., Antropología trascendental, I, p. 249.
- La persona que otorga el regalo (el otorgar);
- la
persona que lo acoge (el acoger);
- y el
regalo (el don).
Los dos primeros miembros son
siempre personales.
El regalo se constituye como tal cuando es aceptado.
Surge del acto de donar y del acto de aceptar.
Veamos
lo que dice Adam en su punto clave n.41
:
41 Todo acto de regalar “tiene una estructura triádica: primero, alguien
regala, pero el regalo no se constituye como tal hasta que es aceptado; de
manera que el acto de aceptar es tan generoso como el de regalar (no es una
mera recepción). Por tanto, el regalo en cuanto tal surge del acto de donar y
del acto de aceptar”.
POLO, L., Epistemología, creación y divinidad, p.
322.
« Aceptar es más que recibir, porque amar, más que dual, es trino”.
Cfr. SOŁOMIEWICZ, A., en Estudios Filosóficos Polianos, 6 (2019), pp. 114-119.
.
- la persona como aceptar
- la persona como dar
- el don de la persona
Estructura primera. Dios da el acto de ser a la persona. La persona lo acepta. (Lo primero es aquí el aceptar). Y el Don es precisamente
su acto de ser.
Estructura segunda. La persona da a Dios su vida,
esperando que sea aceptada. El don es la vida humana
o esencia, constituida por la persona.
Estructura tercera. La Salvación o Juicio final. Dios acepta el
don, incorporándolo a su Amor. Es lo que llamamos Don-don.
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Veamos
lo que dice Adam en su punto clave n.42:
42. En la actividad donativa trascendental (el amar donal) los tres miembros de la estructura donal son: la persona como dar, la
persona como aceptar y el don42.
41 «El amar
–el dar– y el aceptar son trascendentales personales». POLO, L., Antropología
trascendental, I, p. 271.
. Hegel, en su Fenomenología del espíritu, nos hizo ver que el espíritu consiste en "saberse". Estudiamos la sabiduría del e...