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¿Cómo se dio cuenta Aristóteles de lo que es el acto?

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Fue un descubrimiento de juventud.

Se dio cuenta de que, al despertarse la mente, conocemos lo que conocemos. Poseemos lo conocido al conocer. Vemos lo visto. Sentimos lo sentido.

Y eso es el acto. La riqueza interior que Aristóteles formulará a fin de cuentas como "actualidad".

Aristóteles no dice exactamente que conocer sea un acto (aunque lo sea), sino que sabemos lo que es un acto si sabemos lo que significa conocer.

Enérgeia (que es este sentido primario del acto) equivale a conocer.

Lo conocido está presente al conocer.

Conocer significa estar conociendo. Actualidad (para Aristóteles). Enérgeia.

Pero acto no es solamente actualidad. Es más.

Conocer no es una piedra. No es tampoco una patata. Y no es, claro está, un humo. Es acto rico por dentro y no sencillamente entelécheia.


Glosa a Polo en Introducción a la Filosofía, capítulo 6, p.75.4
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¿Es real el "entender"?

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Llamamos realidad a lo que es.

Pero el ser se dice de muchas maneras.

El "entender" es real.
Siendo real el "entender", no es sencillamente el ser, porque la realidad del "entender" es "hacerse otro".

Si el ser es acto, el entender es acto de acto.

Si el ser "realea" como acto, el entender "realea" como acto de acto.

Entender es acto noticioso, trasparecer activo: un desdoblamiento del acto tal que, sin dejar de ser acto, acoge cabe sí, como acto novedoso, lo otro.

Entender es pues otro sentido de la realidad, más rico, propio de seres superiores, capaces de crecer con ganancia noticial.

De esto habla Ignacio Falgueras en Studia Poliana n. 2.  2000 p. 197 
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¿Por qué Platón no acierta a explicar bien el conocimiento?

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Porque considera la mente como una realidad en sí.

Una realidad en sí no puede conocer otra realidad en sí.

Y no lo puede porque necesitaría un puente entre las dos realidades en sí.

Platón piensa ese puente con la idea de koinonía, o comunión entre las ideas. Es el Uno el que soluciona, para él, el problema de la comunicación entre las ideas en sí.

Es una solución mística que explotará Plotino.

La solución de Aristóteles es más sobria y correcta. El conocer aristotélico es un despertarse. El hombre es capaz de poseer inmaterialmente todas las cosas.

La realidad del conocer no está hecha de la misma pasta que la realidad del carbón.

No somos ni montaña, ni volcán, ni robots. Nuestro conocer no es humo de chimenea. Soy, también, chispa divina.

Glosa a Polo en Introducción a la Filosofía, p.70.3

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¿Es el acto de conocer una realidad en sí?

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El acto de conocer es real, pero no como una cosa en sí.

El acto de conocer, la mente en cuanto está en acto, no es "en sí", no es una substancia o un accidente aristotélico.

El acto de conocer (que es enérgeia en terminología de Aristóteles) es un sentido del acto distinto del sentido del acto de la realidad en sí. Es un nuevo sentido del acto que Aristóteles encontró muy joven.

La realidad "en sí" es otro sentido del acto, distinto del acto de conocer. La realidad "en sí" es lo que en griego se llama ousía (substancia); se puede hablar de substancia en acto, y esto significa entelécheia en el lenguaje del Filósofo.

Si el conocimiento fuera substancia, sería un acto separado e incomunicado. El conocimiento es una "separación" distinta.

De ninguna manera se puede admitir que el acto de conocer sea incomunicado.

Por tanto, tiene que haber un sentido del acto que no sea substancia (y tampoco accidente).

No somos sólo células organizadas y vivas. Somos seres "abiertos" por dentro, y por fuera.
Capaces de comunicar.
Y no monolitos "en sí".


Glosa a Polo en Introducción a la Filosofía, p.70.3

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¿El conocimiento es sustancia o accidente?

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Ni lo uno ni lo otro.
Sustancia y accidente son categorías físicas.
El conocimiento no es físico.

La sustancia material es el término de una generación y existe mientras no se corrompe, en cambio, el conocimiento ni se genera ni se corrompe, no tiene nada que ver con los movimientos transitivos.

El conocimiento es inmaterial.






De esto habla Lluís Pifarré en su libro "Entender a Leonardo Polo", p. 61

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¿Podemos conocer solamente nuestras ideas?

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Los idealistas objetan que sólo podemos conocer nuestro propio conocimiento, sin que podamos traspasar la idea y conocer más allá de la idea.
La vieja objeción idealista respecto al realismo olvida la "intencionalidad".

No es cierto que no podamos traspasar la idea, porque conocer es precisamente alcanzar "intencionalmente" la realidad.
No es mirar la "imagen" en un espejo, o mirar la "proyección" de la caverna de Platón. Nosotros no estamos encadenados.

El ejemplo de la imagen del espejo y el ejemplo del mito de la caverna pueden ayudarnos a comprender lo que es conocer, pero son sólo ejemplos que nos ayudan, pues ni el espejo ni la caverna son actos de conocer.

La imagen que vemos en el espejo nos sirve para entender que del mismo modo que la imagen  no es real en el espejo, tampoco la "intencionalidad" que posee el acto de conocer es real,  pero me lleva a la realidad de modo semejante a como la imagen del espejo me lleva a la realidad. Según ella, gracias a la "intencionalidad", conozco la realidad.

El conocimiento es la posesión, por el acto de conocer,  de una intencionalidad sin imagen. El acto de conocer no es un espejo, no tiene nada de material. No tenemos un espejo en el cerebro. Lo que posee el acto de conocer es pura  "intencionalidad".

No es correcto hablar de un paralelismo entre conocer "lo conocido" y conocer "la realidad".
El objeto pensado no es un "medio", en el sentido de instrumento, para poseer la realidad. La realidad se posee "intentionaliter" y ése es el fin, télos, del conocer.

Conocer es poseer "intencionalmente" la realidad.
Si existen realidades incognoscibles es su problema.
Lo que conocemos nosotros no es un "fenómeno" de un "noúmeno" real oculto. Lo que conocemos es la realidad, intencionalmente conocida.
Puedo equivocarme y creer que un billete falso es verdadero, pero también cuando me equivoco conozco la realidad. En este caso, conozco verdaderamente, intencionalmente, un billete falso.





Para saber más sobre la intencionalidad ver Etiqueta 2.2.0

De esto habla Lluis Pifarré en su libro "Entender a Leonardo Polo", p. 55.4


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¿Es la substancia la realidad por antonomasia?

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Por una inveterada manía, que preside en gran parte una orientación filosófica correcta, que es el realismo, se suele tender a considerar que la realidad por antonomasia es la substancia; es lo que se llama realismo substancialista.

Ahora bien, si se entiende que la substancia es la realidad por antonomasia, se concluye que la plenitud de la noción de acto corresponde a la entelécheia. Ser real del mismo modo como una montaña es real, como un monolito.

Entonces, el conocimiento en acto, el acto de conocer, se considera secundario, como si fuera un accidente de la montaña, un volcán. Se le presta menor atención, como si fuera un asunto marginal a la filosofía "primera".

El ser personal no es estrictamente substancia. 

El ser personal es otro sentido del ser. 
La persona, más que substancia es subsistente espiritual abierto.

No es lo mismo ser una montaña que el acto de “conocer” una montaña. “Conocer” es ser comunicando con otra realidad, incorporando otras realidades. 
Estamos abiertos por dentro y por fuera.

La imagen del volcán (que es sólo una imagen) nos sirve como eso: como imagen. 

Somos energía, enérgeia, pero no energía física sino “espiritual”. 
La persona puede dar más, puede darse, ser comunión.

Puedo poner todas mis “energías” al servicio de Dios. Y de los leprosos.

Glosa a Polo en Introducción a la Filosofía, p.71.2

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¿Es el acto de conocer un accidente?

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Que el acto de conocer no sea substancia (ya que es energéia, acto inmanente) de ninguna manera significa que sea accidente.

El realismo substancialista no encuentra otro lugar ontológico para el acto de conocer que el estatuto de accidente.

Muchas veces se dice que el acto de conocer es un accidente (un acto segundo), pero eso es una consecuencia de privilegiar la entelécheia.

Primero, dicen, el hombre es una substancia, y después piensa. Pensar es un accidente.

Pero al hombre, en tanto que ser vivo, no le conviene el nombre de substancia. Lo que hay que privilegiar es su carácter de ser inmanente, rico por dentro y abierto por fuera, energéia. La realidad por excelencia no es la realidad en sí.

Pensar no es añadir adornos al ser. No es algo que nos pasa.

Pensar es aceptar el develamiento, en mi ser, de los dones que recibo. Es el despertarse de la vida más alta.

No es un accidente, es ser lo que somos.

Glosa a Polo en Introducción a la Filosofía, p.71.4

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¿Es el acto de conocer un acto extratemporal?

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Sí.
Porque el pensar y lo pensado son lo mismo en estricta simultaneidad.

El acto de pensar ha alcanzado "ya" su fin.

No se trata de construir una casa, ladrillo a ladrillo. Conocer no es una relación adquisitiva o constructiva, no es un intento: no es ir a lo conocido, sino que "ya" se posee lo conocido.

Correlativamente, Aristóteles dice: mover y movido. El mover y lo movido son distintos pues lo movido es en el tiempo. No se construye de una vez, sino que hay que ir construyendo ; el movimiento de construir, en este sentido, es continuo: un paso detrás de otro. En cambio, el acto de conocer no es continuo, porque, si se conoce, "ya" se conoce.

Entre el mover y lo movido no hay unidad en acto, porque mientras se está ejerciendo el mover, lo movido todavía no es perfecto, no ha llegado al término.

La casa no está todavía en el acto de construir. Cuando la casa está, ya no se construye más.

El acto de conocer sí que no se detiene cuando se posee lo pensado.
Lo conocido está en el mismo acto de conocer. Lo pensado está presente al pensarlo.

Pensar no es humo que va saliendo del cerebro.

Glosa a Polo en Introducción a la Filosofía, p.75

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¿Es peculiar el acto de conocer?

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Sí.
Porque no es un acto para conseguir algo.
No se trata de mover los ojos para ver.

El acto de conocer (energéia) posee "ya" lo conocido.
No es un medio para conseguir lo conocido.
Cuando conocemos "ya" conocemos.

Solamente se conoce en acto. Y ese acto posee lo que está conociendo.

La vida no está en el movimiento exterior hacia algo.
La vida es vida interior, inmanencia, riqueza por dentro.

Hasta el gusano incorpora a su gusaneidad el placer de rozarse.


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