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¿Existen varios niveles en lo "sobrenatural"?

                                    

Sí que existen varios niveles de lo sobrenatural, y podemos agruparlos en cuatro.


1) El nivel más bajo (y el más evidente) es el nivel de las realidades que llamamos "milagros".

Obras que manifiestan directamente el poder de Dios y que se distinguen de las modificaciones técnicas que son obras realizadas por el trabajo del hombre.

La noción de milagro señala con suficiente nitidez la diferencia de lo sobrenatural con lo natural. Se suele definir el milagro como una excepción respecto al orden natural que sólo es posible por influencia divina, aunque sea realizado por un hombre.

El mayor taumaturgo es Jesucristo.

 

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2) El segundo nivel es lo que llamamos "gracia sobrenatural o santificante".

Es una elevación, pero una elevación distinta de la elevación creacional (hemos hablado de las 5 elevaciones trascendentales en la etiqueta 5.7.0)

La santificación o gracia santificante es una elevación distinta de la elevación creacional (esta elevación creacional tiene tres dimensiones : creación, llamada inicial e insistencia).

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La elevación que llamamos gracia santificante es una anticipación de la glorificación del cielo y es la que se llama propiamente sobrenatural.

Este nivel se corresponde con lo que San Juan designa con la palabra sémeion, signo, que indica directamente este nivel de lo sobrenatural: la elevación sobrenatural que Cristo otorga al hombre como anticipación, repito, del Cielo. Y que llamamos gracia sobrenatural.

 

Por ejemplo,  los sacramentos, son signos eficaces (reales). 

La realidad sacramental es superior al sentido usual de la palabra milagro, por tener inmediata relación con la elevación sobrenatural de la criatura humana. (Por ejemplo, el primer perdón del Bautismo, el perdón de los pecados, o la unión con Cristo en la Eucaristía, que forman parte de la Historia de la Salvación de cada persona. Historia que podemos conocer por "anticipación" gracias a los signos).

 

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3) Y ahora veamos el nivel más alto de lo sobrenatural : el Verbo encarnado. 

Porque tampoco los sacramentos, que son signos de la gracia sobrenatural,  son la realidad sobrenatural más alta, pues, como se suele decir, Deus non alligavit potentiam suam sacramentis; y así, por ejemplo, es eficaz el bautismo de deseo, y Dios también puede perdonar los pecados atendiendo a un acto de contrición perfecta por parte de la criatura.

No hay "signos", pero el Verbo está anticipando la historia de la Salvación gracias a su Cuerpo, que es la Iglesia.

 (La conveniencia de acudir en este caso a la confesión es debida a que nadie puede estar seguro de que ha realizado un acto de semejante pureza).

 El nivel más alto en lo sobrenatural es la Encarnación del Verbo pues proporciona, por anticipación, una Vida muy superior a la naturaleza creada.

 

Con la noción de milagro no se alcanza a perfilar suficientemente la superioridad de la vida que proporciona la Encarnación del Verbo, sobre la vida de la naturaleza creada.

 

Y la realidad sacramental no debe ocultar que lo verdaderamente importante es Cristo mismo.

 

La clara prueba del favor divino es la Encarnación del Verbo, que, precisamente por ello, es el Autor de la realidad sacramental.

 

Toda la vida de Cristo está dedicada a dar gloria a Dios Padre, no sólo asegurando la felicidad de las criaturas humanas, sino también haciéndo residir la felicidad en la donación de la filiación divina, es decir, en la unión con Él

Éste es el nivel más alto de lo sobrenatural.

 La superioridad de la Humanidad de Cristo sobre la realidad sacramental es debida a su unión con la segunda Persona divina.

 

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4) Pero aún hay más:

 

La incorporación del ser humano a Jesucristo está por encima de cualquier otro perfeccionamiento, pues nos hace entrar en la Comunión de los santos.

 

Lo sobrenatural es pues una anticipación creciente: el milagro, el sacramento-misterio, la Encarnación y por fin, la Iglesia que es el Templo de Dios. 

Iglesia-Madre, como María, de todos los Santos.

 

La Iglesia es Madre que nos sitúa en la Familia de Dios, como nuestras madres nos sitúan en el mundo.

 

El demonio quiere dividir, quiere que no reconozcamos a nuestra Madre, diciendo que es mala.

 

 La unión con Cristo lleva consigo la más estrecha unión entre los seres humanos

Y por tanto no es suficiente decir “Padre mío”, si esta expresión no va estrictamente acompañada de la fórmula “Padre nuestro”.

 

La paternidad divina es más real que la paternidad humana, la cual, en cierto modo, es excluyente, pues no todos somos hermanos según la carne.

Aquí todos somos hijos en el Hijo. Hermanos. Hijos de María.

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¿Por qué María no podía pecar?

 


María no podía pecar porque Dios la llenó de gracia desde su concepción, es decir, le dio una libertad tal como la tendremos nosotros  en el Cielo.

En el Cielo, siendo libres, no podremos pecar porque Dios nos habrá introducido en su Amor, en su Vida eterna.

 

El pecado es el error inherente a la libertad.

Pero la libertad de María, como la nuestra en el Cielo, ya no puede errar, porque es la libertad del Amor. Es la libertad tras el Juicio particular que nos hace entrar en la Vida eterna del Amor.

 

Cuando Dios crea a María sabe que es humilde, que nunca será como el diablo, que quería ser como Dios, negándose a ser criatura.

 

Dios inaugura con María la Vida nueva, la Nueva creación fruto de su Resurrección.

 

Este es el meollo del Misterio Pascual.

 

Dios ha aceptado libremente el sufrimiento de la Cruz causado por los pecados. Nos crea y respeta nuestra libertad porque sabe que un día, tras el Juicio, seremos como María.

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¿Por qué la nueva creación es “nueva”?

 


Dios nos ha creado libres.

Al ser libres podemos instalarnos, desgraciadamente, en la pretensión de sí. La pretensión de no ser criaturas.

La pretensión de sí es una de las dimensiones del pecado original.

Por eso Polo dirá que el límite mental es una consecuencia del pecado original. Es instalarse en la actualidad.

Para trabajar necesitamos introducir el límite mental, pero lo podemos hacer para con-crear el don que ofreceremos a Dios.

 

Sin embargo, si nos instalarnos en la pretensión de sí, suprimimos el crecimiento trascendental (Sellés dirá “nos despersonalizamos”).

 

Dios Misericordioso nos saca de esa situación elevándonos con una “nueva” creación.

La Redención, la gracia santificante, es la llamada de Dios a vivir siempre en crecimiento hacia Dios. Vivir trascendentalmente en la “novedad” del crecimiento. Por eso la nueva creación es “nueva”.

 

Si respondemos a la llamada nos vamos divinizando.

La gracia santificante es así una “anticipación” de la “novedad” permanente de la glorificación definitiva en el Cielo.

 

Esta  novedad de la glorificación coincide con la novedad de los ángeles que una vez decididos ya no pueden volverse atrás.

En el Cielo, nosotros seremos “como ángeles”, ya no nos podremos volver atrás. Nuestra libertad nativa habrá alcanzado su destinación.

 

En esta vida sí que podemos volvernos atrás con la pretensión de sí.

Y, felizmente, también podemos vivir en la novedad anticipada de la “nueva” creación.


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¿Cuál es el fin de la gracia sobrenatural?

 


El fin de la gracia sobrenatural es arrancarnos el corazón de piedra y darnos un corazón de carne.

La indiferencia, la obsesión, la doble vida, endurecen el corazón que se embota y se transforma en piedra.

Estamos hechos para amar, para vivir en comunión.
Y cuando el yo, con la pretensión de sí, se niega a dar, se endurece.

La gracia sobrenatural es una nueva intervención de Dios que nos muestra el amor que viviremos en el Cielo.

Si se acepta, el corazón vuelve a amar.

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¿Qué es la gracia como nueva creación?

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Al abordar el tema de la gracia desde el punto de vista filosófico estamos sirviendo a la teología.

Racionalmente podremos distinguir:

1) el fruto de la llamada inicial que es tanto la gracia inicial (etiqueta 5.13.2)  como la gracia primera (etiqueta 5.15.0);

2) el mantenimiento de la llamada o gracia personal (etiqueta 5.16.0);

3) el encuentro con Dios o glorificación (etiqueta 5.18.0);

4) ¿y dónde colocar la gracia santificante de la teología (etiqueta 5.16.2 nueva creación)?
La gracia santificante de la teología es un "adelanto" del encuentro con Dios, otorgado por los méritos de Jesucristo.
Se debe al acto redentor trascendente de Dios.
Esta elevación sobrenatural se repercute en la esencia humana, de modo  que inteligencia y voluntad, si el yo quiere, son favorecidas por las luces de Dios y los impulsos del Espíritu.

La gracia santificante se corresponde con el tema de esta etiqueta que estudiamos ahora, la 5.16.2: la nueva creación o redención.

Me explico. Trascendentalmente, el hombre es salvado porque Dios mantiene la llamada (etiqueta 5.16.0), pero si se tiene en cuenta la caída (que también es trascendental), ese mantenimiento de la llamada exige una nueva intervención divina, la redención.

Decimos que es una "anticipación" porque es como la garantía de la salvación. La salvación no es otra cosa que el encuentro definitivo con Dios.

Me dirán ustedes, como me ha dicho un amigo teólogo, que cómo se explica entonces que los condenados al infierno, durante su vida terrestre puedan tener una "anticipación" del encuentro con Dios, si ese encuentro no se realizará nunca.

Cuestión sutil, pero que se resuelve, a mi entender, si nos damos cuenta de que al formularla hemos introducido "el tiempo de la esencia humana".
La anticipación de la que hablamos no es temporal "según la esencia", sino "según el futuro" o tiempo de la persona humana.

Los condenados, como el maligno, sufren trascendentalmente, porque se alejan de Dios cuando Dios sale a su encuentro.
En esta vida, pueden gozar de ese "eventual" encuentro futuro hasta que llegue el momento del juicio definitivo.


Para saber más sobre el tiempo ver las etiquetas 1.12.0


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¿Qué conviene recordar antes de iniciar el estudio de la nueva creación?

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Recordemos las cuatro elevaciones de la persona humana a nivel trascendental, no esencial :

1ª creación : se trata de la iniciativa divina o elección de cada persona antes de la creación del mundo. La estudiaremos en la etiqueta : 5.14.0,

llamada inicial o 2ª creación : Dios decide dar la libertad de dar a muchas de sus criaturas. No es una coerción, sino a modo de llamada. La estudiaremos en la etiqueta : 5.15.0.

elevación o mantenimiento de la llamada : pase lo que pase Dios mantiene su decisión de incluir las personas en su ámbito de máxima amplitud. La estudiaremos en la etiqueta  5.16.0 y se asimila a lo que llamaremos gracia "personal" y a las gracias "actuales" de las que habla la teología.

glorificación : es el encuentro definitivo y de supremo gozo en Dios, también llamado "salvación". La estudiaremos en la etiqueta  5.17.0.

Pero además de esta cuatro elevaciones no debemos olvidar que "trascendentalmente" hubo una caída (que se corresponde con lo que la teología llama pecado original). No es otra cosa que la comunión con el maligno. Estudiaremos la caída trascendental en la etiqueta 5.16.1

Y hay también una redención "trascendental". Es lo que llamamos nueva creación o redención, que se corresponde con lo que la teología llama gracia santificante. La estudiaremos aquí en la etiqueta 5.16.2.



La explicación global de las etapas trascendentales la haremos en la etiqueta 5.7.0


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¿Qué es la santificación?

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Podemos hablar de otra dimensión de la elevación divina (es una cuarta elevación : creación, llamada, insistencia…, santificación).

La santificación es la "nueva creación".
 
Para entenderla nos servirá volver al mito del ascensor acristalado: podemos imaginar, en el interior del ascensor, una pantalla en color, donde se pueden ver, por anticipado,  los misteriosos juegos eternos.
 
Esa pantalla (cual un VAR) nos hace gozar así de una elevación sobrenatural que los teólogos suelen llamar "gracia santificante", anticipación de la vida eterna. (Tras la caída, la llamamos “nueva creación”).
 
Gracias a esa visión sobrenatural en la pantalla, entendemos cada vez mejor, el panorama observado en el camino de la vida (durante la elevación del ascensor).
 


¿Qué son los hábitos infusos de los que habla la teología?

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Desde la perspectiva de una antropología trascendental se pueden entender los hábitos infusos  como elevaciones de las aperturas trascendentes, que redundan también en la esencia (aparecen en nuestra "vida").

(Hábitos tales como la fe, la esperanza y la caridad llamados "sobrenaturales" o teologales, pero también hábitos infusos que no son "sobrenaturales")

Me explico porque se necesita una cierta familiaridad con lo trascendental antropológico para situarse.

En la etiqueta 5.13.1 hemos llamado apertura trascendente a una apertura más íntima que la apertura íntima, pues abre el ser humano más allá de su propia intimidad.

Es el fruto de la llamada inicial de Dios. Esta llamada inicial de Dios la estudiaremos en la etiqueta 5.15.0 y es una de las etapas o elevaciones trascendentales del ser personal (la etiqueta 5.7.0 estudia esas dimensiones del ser personal).

Pues bien, teniendo en cuenta la caída y el querer de Dios que todos los hombres se salven, podemos entender que hay una nueva etapa o dimensión trascendental que es la nueva creación o redención. Una nueva elevación que nos salvará si queremos. La salvación es el encuentro definitivo con Dios.

Ese "si queremos" está a nivel de la disposición manifestativa que es nuestra esencia humana, nuestra vida.

Noten ustedes que ahora hablamos solamente de las virtudes infusas "sobrenaturales", que dependen de esta nueva creación.
Las virtudes infusas "no sobrenaturales" dependen solamente de la llamada inicial y del mantenimiento de la llamada. Y son poseídas también por los que todavía no han encontrado al Salvador.

Fijémonos ahora en la elevación salvadora de Dios, fruto del encuentro con Cristo, y entendamos que esta elevación redunda también en nuestra esencia, en nuestra vida, elevando nuestras potencias, la inteligencia y voluntad, elevando toda nuestra vida con lo que los teólogos llaman gracia santificante y virtudes infusas sobrenaturales.

Son infusas a la esencia humana como redundancia de la elevación de las aperturas trascendentes de los radicales personales. Elevación que es propiciada por el encuentro de la persona humana con Aquél que es su Réplica de Dios y que es su Salvador.

De ahí que digamos que la gracia santificante es una anticipación.


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¿Es la persona humana, trascendentalmente, dual o triádica?

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En esta vida, la persona humana es, radicalmente, dual.
 
Y lo es también según el amar donal (cuyo miembro superior es aceptar y cuyo miembro secundario es dar).
 
En el Cielo, la persona humana será triádica, al entrar en comunión plena con Dios, viéndole cara a cara, conociéndose, como Dios la conoce.
 
En esta vida rigen dos estructuras donales.
Primera: aceptar el actus essendi dado por Dios.
Segunda: dar a Dios el don esencial esperando su Aceptación.
 
Pero cuando Dios Acepta definitivamente (en el Juicio) el don esencial de la persona humana, regirá la estructura donal tercera (la Salvación), cuyo anticipo es la gracia santificante.


¿Qué es dormirse en María?



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El olvido completo de sí. Eso es dormirse.

 

María conoce la significación de su cuerpo que le permite gozar de Dios ya en esta vida. No en vano es Madre de Dios gracias a su cuerpo.

 

María conoce la significación de la Muerte: dejar de gozar con su cuerpo, para obedecer a Dios.

 

María muere voluntariamente, por compasión con su Hijo.

 

Ya no está despierta con los sentidos de este mundo, sino dormida al egoísmo del placer solitario.

 

Su cuerpo ya no es de esta tierra. No queda nada de su cuerpo en este mundo. Assumpta. Subió a los Cielos.

 

La corrupción de nuestros cuerpos en el sepulcro tiene un profundo sentido para nuestro espíritu. El cuerpo en el sepulcro provoca la purificación del alma, que renuncia a todo apegamiento mundano, a todo pecado, hasta descansar en la Paz que es el Espíritu Santo.

 

Los cadáveres no son todavía cuerpos gloriosos y de hecho se deshacen. Pero aunque no se deshicieran, aunque por maravilla quedaran incorruptos, todavía no serían gloriosos. El cuerpo glorioso no es de este mundo.

 

María no ha necesitado esa purificación. Ella está ya, cuerpo y alma, en el Cielo. Y los Ángeles se alegran.

 

  

Ideas sacadas del libro de Polo "Epistemología, creación y divinidad". Capítulo 7, 7, p. 263.2 La Madre de Cristo
 
Para saber más ir a las etiquetas:
2.11.0 Olvido de sí;
10.0.0 muerte;
12.5.0 Redención;
10.0.1 resurrección;
12.10.0 María;
6.2.11 adorar-yo

¿Qué es la Salvación personal?

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Conoceremos nuestra Salvación por el lumen gloriae, la luz de la gloria.
Y en esta vida podemos irla conociendo por la gracia santificante que es una anticipación de la Salvación.
 
No es otra cosa que el Don-don.
La felicidad suprema y definitiva o Cielo.
Comunión siempre creciente en Dios que nos Da su Don, aceptando nuestro don.
Don-don.
 
Es el cumplimiento de la estructura donal tercera.
Recuerden que Dios es crecimiento absoluto Originario.
 
Salvados, crecemos en Él.