Mostrando entradas con la etiqueta 02.16.00 mostración de Dios. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta 02.16.00 mostración de Dios. Mostrar todas las entradas

¿Qué significa que conoceremos a Dios como Dios nos conoce?

 


Significa que el conocimiento final de Dios depende de nuestra fidelidad a la imagen divina que somos. 

Polo explica que en el Juicio particular, Dios busca reconocerse en nosotros: si hemos custodiado su imagen y semejanza, el encuentro es positivo.

Sin embargo, si el hombre se engaña a sí mismo y desdibuja esos rasgos, se vuelve "mentira". 

En ese caso, el "no te conozco" de Dios no es falta de información, sino una pregunta trágica: “¿Qué has hecho con mi imagen?”. 

Conocer a Dios como Él nos conoce implica, por tanto, llegar a ese encuentro siendo verdaderamente aquello que Dios pensó al crearnos.


¿Cómo se llega al Dios personal de modo directo?




Experimentando la libertad radical.

Si emprendemos la vía de la libertad trascendental (libertad nativa – libertad de destinación) se nos muestra la existencia de Dios como Personas.

De ahí que Polo hable de la mostración de Dios.

Las vías que sigue Tomás de Aquino a partir de rasgos fundamentales del universo (la causalidad, la necesidad, el orden) tienen un punto de partida muy claro y demuestran la existencia de Dios.
Tienen también la ventaja de no impedir la libertad como rasgo humano y vislumbran a Dios como Persona.

Sin embargo, la intelección de Dios como ser personal es más directa si alcanzamos la libertad personal. En efecto, es imposible la libertad profunda, la libertad – libertad, si Dios no existe.

El esfuerzo intelectual requerido, digámoslo así, es más osado, pero es que pensar a Dios no es cosa de poca monta.
Debemos abandonar una consideración banal de la libertad (verla como el capricho de elegir entre whisky o ginebra) para comprender (el término preciso es "alcanzar") que el meollo de la persona es su irrestricción, su ser "además". Si la apertura irrestricta que somos no encuentra su correspondencia, su réplica, su insistir inagotable, quedaría frustrada. Vamos, que no se abriría.

Cuando experimentamos nuestra apertura interior, entonces y desde entonces, estamos hablando con Dios.

De esto habla Polo en el último capítulo de "Quién es el hombre" p. 224, 2-3.

Para saber más sobre la libertad
Etiqueta 1.1.2   libertad
Etiqueta 5.5.4   libertad personal o trascendental
Etiqueta 5.5.4   libertad nativa
Etiqueta 5.5.4   libertad de destinación.
Etiqueta 6.1.5   libertad esencial o de disposición

.

¿Es lo mismo mostrar que demostrar?

.



No
La demostración se impone.
La mostración propone.

Experimentar la libertad radical muestra nuestra verdad personal: mi padre no es la naturaleza, sino la Libertad personal.

A Él puedo destinarme.
Si a ustedes les parece bien, insisto: la verdad no se impone, se propone.
.

¿Es posible, sin Dios, la libertad?

.
No. Al menos la libertad entendida trascendentalmente, no. Sin Dios sólo nos queda la ilusión de la libertad

La libertad, radicalmente, es apertura incesante que sólo se justifica en el ámbito de la máxima amplitud, Dios.

Claro lo tiene Sartre cuando, certeramente, dice que la libertad es absurda, nauseabunda, ya que el "ser para sí" (libertad) es deslizarse al "ser en sí" (la realidad monstrenca). Somos un pájaro, con grandes alas, enjaulado.

Y claro lo tiene Heidegger para el que el gran ámbito del ser (Dios) se oculta a la libertad del hombre. Sólo queda emplearla en tareas pequeñitas, enanas, para satisfacer una fingida autenticidad.

Ambos ignoran la libertad nativa, el nacer de Dios que nos impulsa a destinarnos a Dios.

La experiencia del sinsentido de la libertad y de su disvalor es propia de los pensadores europeos a partir de la primera guerra mundial. Es el desenlace de la emancipación de la libertad. La libertad huérfana de Dios.
Los belgas se fueron (decíamos en RDCongo) y nos han dejado en la más completa independencia.

Sin libertad nativa (sin ser hijos) el hombre es un ser sin destino.

Si el hombre es radicalmente libre, Dios tiene que existir.
La libertad es una prueba de la existencia de Dios.
O mejor dicho, es una mostración de Dios.








De esto habla Polo en el último capítulo de "Quién es el hombre" p. 221.5

Para saber más sobre la libertad
Etiqueta 1.1.2   libertad
Etiqueta 1.1.2   naturaleza y libertad
Etiqueta 5.5.4   libertad personal o trascendental
Etiqueta 5.5.4   libertad nativa
Etiqueta 5.5.4   libertad de destinación.
Etiqueta 6.1.5   libertad esencial o de disposición
Etiqueta 6.8.0   metalógica de la libertad

 .

¿Por qué la libertad no decae?

.
Porque radicalmente depende (libremente) de la Libertad libre.

La Libertad libre es el amor de dilección que Dios otorga al hombre, el quererle sin condiciones.

La dignidad de la persona humana radica en esa imposibilidad de decaer.
El ser del universo es lo que es, Dios le ha impuesto sus condiciones y en ellas persiste.
El co-ser humano, sin embargo, se ejerce respecto del Ser sin restricción, en cuya máxima amplitud es incluido, de ahí que no pueda decaer, porque la máxima amplitud no es un espacio limitado, sino fuego.

Decaería si la amplitud de su océano no fuera libre, si fuera un ente monstrenco (el "en sí" sartreano) o si fuera una idea absoluta en la que "todo" está ya pensado (Hegel es el gran alimentador del pesimismo de la libertad).

Pero si la Libertad nos ama libres, siempre seremos "además".

De ahí que la experiencia de la libertad trascendental sea una prueba de la existencia de Dios.
Para que el hombre sea libre, Dios tiene que existir.











De esto habla Polo en el último capítulo de "Quién es el hombre" p. 222.4

Para saber más sobre la libertad
Etiqueta 1.1.2   libertad
Etiqueta 1.1.2   naturaleza y libertad
Etiqueta 5.5.4   libertad personal o trascendental
Etiqueta 5.5.4   libertad nativa
Etiqueta 5.5.4   libertad de destinación.
Etiqueta 6.1.5   libertad esencial o de disposición
Etiqueta 6.8.0   metalógica de la libertad
Etiqueta 2.15.0 demostración de Dios

 .

Benedicto XVI en la audiencia del 14 noviembre 2012, propone tres vías de acceso a Dios: el mundo, el hombre y la fe.

.

El hombre, naturalmente, tiene la capacidad de conocer a Dios.

El Papa lo recuerda, apoyándose en dos citas de Agustín de Hipona.

1) A partir del mundo creado y 2) a partir del conocimiento de nosotros mismos, el hombre puede llegar a conocer la existencia de Dios y hacerse una idea bien sabrosa de la esencia divina.

La tercera vía, 3) incomparable y suplementaria, es la de la fe sobrenatural:  Dios se ha revelado y ha revelado la intimidad de su Vida.

Leonardo Polo, aceptando las demostraciones clásicas de la existencia de Dios, propone un método, en varias dimensiones, que permite "mostrar" a Dios.

A partir del mundo (1ª dimensión) ; a partir de la persona humana (3ª dimensión).

Por el hábito innato de los Primeros principios,
nuestro espíritu puede conocer la realidad física creada y su Origen.

El intelecto agente, que no es otra cosa que la persona que somos,  gracias a los objetos que abstrae, mediante ellos, si ejerce el hábito de los Primeros principios, innato a su Inteligir personal,  advierte el ser de la realidad física y su Creador, en tanto que Origen o Principio.

El ejercicio del hábito de los Primeros principios se asimila a la 1ª dimensión poliana del abandono del límite mental.

Por el hábito innato  de Sabiduría,
nuestro espíritu, por el hábito de Sabiduría, puede tener la experiencia  de Dios, al alcanzar la experiencia de la persona que somos (hijos de Dios).

Ejerciendo el hábito de sabiduría, el espíritu sabe de su ser personal que es dependencia del ser de Dios.
Este ejercicio se asimila a la 3ª dimensión del método poliano del abandono del límite mental.
.