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¿Es lo mismo la admiración que el estupor?

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No. No es lo mismo la admiración que el estupor.

Quedar estupefacto supone no entender y no creer que se pueda entender, por lo cual se desiste.

Admirar significa: tengo que mirar y volver a mirar.
La tarea del filósofo es no archivar.







De esto habla Lluís Pifarré en su libro "Entender a Leonardo Polo", p. 59.3
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¿Es la admiración un sentimiento?

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Para Polo, la admiración es un sentimiento que une la verdad a la belleza (radicalmente verdad y bondad se unen, convocando al canto. La belleza es la convocación)


La persona da su operosidad sublime desde la admiración.
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¿Qué es la admiración?

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La admiración es el inicio de la filosofía.

Es un modo de despertar.

Al admirarse, el hombre despierta a una nueva luz,  estable, no sujeta a la trama del tiempo.

El hombre descubre que existe lo que no es mordido por el tiempo. Sabe que cuenta con un punto de referencia.

El despertar sería dramático si ese punto de referencia fuera un poder enigmático que somete al hombre. Pero al ser luz nos regocijamos con la nueva seguridad inaudita.


Existe el firmamento.
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¿Cuál es el fruto de la admiración?

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Los frutos de la admiración son sabrosos.

Gracias a ella encontramos el camino que lleva a los trascendentales, tanto los trascendentales metafísicos, como los trascendentales personales.

Al admirarse, el filósofo descubre lo que no es mordido por el tiempo, lo estable.

Frente a él aparece, bella, la realidad (su fundamento) y, en el hondón del alma, se descubre, en correspondencia, cómo se desatan las energías humanas (el espíritu).

La realidad es verdad, es buena y es bella (trascendentales metafísicos).

Más aún, si es verdaderamente verdad es que hay nous en mi interior (es el trascendental personal entender).

Y si es buena es que soy capaz de aceptar y hay alguien que da (es el amar, otro trascendental personal).

Y si es bella...ay, si es bella filosofar es cantar.

El que no canta es que ha interrumpido la admiración.

Pero si no se queda estúpidamente estupefacto ante la realidad, descubrirá que él es también locutivo, que puede aportar más verdad, más bondad, más belleza.

Es el orden del Amor.








Glosa a Polo en Introducción a la Filosofía, p.45
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