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¿Qué es la pura humildad?

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La pura humildad es la transparencia de no pensar en sí.
 
María no se plantea el "problema" de la réplica, el problema de saber quién es. (Entre otras cosas porque la réplica no es ningún problema, más aún, es la fuente de nuestra vida).
 
De ahí que podamos hablar de la dormición de la Virgen. Ella está dormida.
 
La incertidumbre de la muerte viene de no saber cómo despertarse. El que duerme, en cambio, sabe que despertará.
 
Pero téngase en cuenta que el estado de durmiente pleno en esta vida, no es un estado de inconsciencia, sino al contrario, el estado de plena conciencia.
 
No es el estado de hombre dormido del que hablaba Aristóteles, que está en potencia de despertarse, pero que está dormido.
 
En la Virgen dormir es más vital que despertar. Está creciendo.
Su dormir es el no preocuparse de su ser, de su réplica. No tiene necesidad de abandonar el límite mental. (Lo abandonó desde su concepción inmaculada).
 
Ella vive sumergida en este mundo (pleno) que es la Voluntad de Dios. Es una plenitud de vitalidad, fruto de sus entrañas. Es la Vida.
 
De ahí que digamos que está dormida al más allá. Vive abandonada.
Y al mismo tiempo, plenamente despierta para hacer lo que Dios quiere.
Así se describe la pura humildad.
 
También podría decirse que la Virgen se ignora a sí misma porque nunca se plantea el problema de la réplica o la réplica como problema, sino como gratitud.
 
Nosotros buscamos saber quiénes somos y buscamos que nuestro don, nuestra vida, sea aceptada. (Lo sabremos en el momento del tránsito, que es la muerte).
María muere antes (con su Hijo) voluntariamente al pie de la Cruz.
 
María se duerme. Vive dormida.
Vivir dormidos es la pura humildad.
 
María, la Mujer, tiene resuelto ese problema de antemano, pues es la Esposa del Espíritu Santo y Reina de la creación.
 
 
 
 
 
De esto habla don Leonardo en su libro póstumo "Epistemología, creación y divinidad" VII. 8 El Espíritu Santo y la Virgen.
 
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¿Cómo integrar la muerte en mi libertad?

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Sartre tiene razón cuando observa que la muerte aparece como una necesidad para mi libertad: alguien va por la calle, le cae una teja en la cabeza y se muere.

¿Dónde está ahí la libertad? Pues piensen ustedes que tampoco podemos decidir nacer. Ahora bien, podemos aceptarlo.

Polo llama a esta aceptación libertad nativa.
Radicalmente podemos aceptar nacer y podemos aceptar morir.

Claro está que si entendemos la libertad como espontaneidad (libertad emancipada) tal como hacen Heidegger y Sartre, no se entiende la libertad radical de la que aquí hablamos.

El acto de la libertad nativa no es una decisión que se tome o comience en el curso de la vida (“comenzar” es propio del acto de ser del universo, de la persistencia), la persona humana no “comienza” sino que nace como novedad que se añade: es segunda.

La libertad emancipada moderna es un “comenzar” desde sí o por sí (perseitas). Por eso Heidegger afronta la muerte con un acto que llama libre en el que se agota. Y por eso Sartre dice que comenzar no sirve para nada.

No saben plantear la cuestión de la libertad pues para ellos la libertad es innata, no nativa.

Intentemos aclarar la cuestión: nacer no es comenzar; morir no es terminar.
La vida humana no es el trayecto entre su comienzo y su fin. Eso es la vida biológica o animal.

¿Qué es el nacer para una persona humana?: la libertad nativa, el ser hijo. El ser un ser que es co-ser o ser segundo.
Un ser que posee un futuro que no acaba. Hijo es nombre personal; no ser cósmico.

Aunque muramos biológicamente seguiremos siendo hijos. La libertad nativa trasciende el nacer y el morir.

Trascendentalmente aceptamos (ésa es la novedad) nuestro nacer y podemos aceptar nuestro morir; el acabarse de la vida biológica, ofreciéndola como don.

Heidegger está pues más cerca de la comprensión de la muerte que Sartre; pero al no saberse hijo, incumbe en patetismo. Desconoce que al terminarse la vida biológica descifraremos su sentido. No porque nosotros se lo demos, sino porque nuestro Padre nos lo otorga como premio a nuestra fidelidad.



De esto habla Polo en el último capítulo de "Quién es el hombre" p. 211

Para saber más sobre la muerte ver la etiqueta 10.0.0

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¿Cuál es el modo puro de ganar el tiempo, o no perderlo?

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Para un viviente, no perder el tiempo es crecer.

Al crecer usamos el tiempo a nuestro favor. El tiempo no nos desgasta, sino que nos viene muy bien.

Copio entero el párrafo segundo de la p. 110 de "Quién es el hombre": La ética es el modo de usar el propio tiempo según el cual el hombre crece como un ser completo, no sólo somáticamente.

El crecimiento orgánico acontece en gran parte en la embriogénesis, el período que abarca desde el zigoto fecundado hasta el nacimiento; es éste un período de crecimiento puro; en el seno de la madre el niño no hace otra cosa que ganar tiempo, se dedica a hacerse a sí mismo, orgánicamente.

Después del nacimiento se sigue creciendo, por ejemplo, al domesticar el propio cuerpo, es decir, al aprender a usarlo con la adquisición de los reflejos condicionados básicos.

Luego, a través de la vida, se adquieren más conocimientos, constituyendo los órganos –la imaginación, por ejemplo– cuya formación no es sólo embriogénica (la imaginación es una facultad que crece con su uso, sobre todo en la adolescencia).

El hombre aprovecha el tiempo creciendo: adquiriendo hábitos, desplegando libremente su vida como un don para su Creador.

El mayor crecimiento en esta vida se da en la medida en que el hombre encuentra el valor donal de su muerte, en la que la vida se consuma.

Y si Dios acepta el don, la persona sigue creciendo, según la metalógica de su libertad, jugando, cantando, explorando.

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¿Qué es la Muerte de Cristo?

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La Muerte de Cristo es su "aceptación" de la experiencia del abandono de Dios, confiando en su Misericordia, con la intención de aportar la felicidad eterna a la humanidad.

La Muerte de Cristo es la dimensión radical del acto Supremo del Amor de Dios hacia los hombres.

El sufrimiento de esta Muerte es aceptado por Cristo y esencialmente consiste en experimentar el abandono del Padre.


Entendámoslo bien, Dios Padre no abandona   al Verbo, no abandona a su Hijo.

Y tampoco abandona al alma de Cristo.

Además, el cuerpo, separado del alma, no puede sufrir, pues un cuerpo separado está muerto, es un cadáver, ni siente, ni goza, ni sufre.

Sin embargo, el alma separada sí que no puede seguir gozando de la felicidad "que viene del cuerpo".
La felicidad que el cuerpo de Cristo sentía, en su alma, era, desde la Encarnación, la felicidad de la visión beatífica que hace al cuerpo glorioso, luminoso, reflejo del Espíritu Santo.

Y es esa felicidad proveniente de la gloria de su cuerpo la que se pierde en la Muerte.

El Hijo da ese dolor, ofrece ese dolor a los hombres para que nos arrepintamos de nuestros pecados, al darnos cuenta de lo que el pecado provoca: la separación de Dios, único y verdadero mal.

La Muerte de Cristo es, pues, su sufrimiento, por el abandono de Dios Padre.

Notemos que Cristo se gozaba también en la felicidad de su Cuerpo místico, la Iglesia. Por eso, en su Muerte, Cristo se queja también del sufrimiento que le producen los miembros de la Iglesia cuando se separan de Dios por el pecado y arriesgan el abandono definitivo de Dios.




Ideas y frases sacadas de Ignacio Falgueras Salinas en "El abandono final. Una meditación teológica sobre la muerte cristiana. Universidad de Málaga. Estudios y Ensayos, nº 32, p.55


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¿Es la muerte un problema?

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Si el hombre anticipa su muerte como un problema, se desorienta, pues sería un problema imposible de resolver.

 

La muerte, para cada persona, es una alternativa.

La alternativa por excelencia.

 

 Para una información más completa sobre lo que es la vida : ir a la página “la vida”, he aquí el enlace: http://preguntaspolianas.blogspot.com/p/la-vida.html

 

Para sabe más ver las etiquetas:

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¿Qué es dormirse en María?



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El olvido completo de sí. Eso es dormirse.

 

María conoce la significación de su cuerpo que le permite gozar de Dios ya en esta vida. No en vano es Madre de Dios gracias a su cuerpo.

 

María conoce la significación de la Muerte: dejar de gozar con su cuerpo, para obedecer a Dios.

 

María muere voluntariamente, por compasión con su Hijo.

 

Ya no está despierta con los sentidos de este mundo, sino dormida al egoísmo del placer solitario.

 

Su cuerpo ya no es de esta tierra. No queda nada de su cuerpo en este mundo. Assumpta. Subió a los Cielos.

 

La corrupción de nuestros cuerpos en el sepulcro tiene un profundo sentido para nuestro espíritu. El cuerpo en el sepulcro provoca la purificación del alma, que renuncia a todo apegamiento mundano, a todo pecado, hasta descansar en la Paz que es el Espíritu Santo.

 

Los cadáveres no son todavía cuerpos gloriosos y de hecho se deshacen. Pero aunque no se deshicieran, aunque por maravilla quedaran incorruptos, todavía no serían gloriosos. El cuerpo glorioso no es de este mundo.

 

María no ha necesitado esa purificación. Ella está ya, cuerpo y alma, en el Cielo. Y los Ángeles se alegran.

 

  

Ideas sacadas del libro de Polo "Epistemología, creación y divinidad". Capítulo 7, 7, p. 263.2 La Madre de Cristo
 
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¿Qué significa ser de carne y hueso?

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Ser de carne y hueso significa que nuestro cuerpo es potencial.

Para designar el cuerpo insuficientemente unido al alma, se emplea la palabra “carne”.

Y luego hablamos de "hueso".
Sin los huesos, los músculos, la grasa, las venas y la sangre se desparraman.

El hueso estructura, sostiene y da forma a las carnes.

Somos carne. Tenemos una naturaleza en común. Débil.

Llamamos alma, desde Aristóteles, a la organización del cuerpo. El alma es, para empezar, el hueso.

La ética es el arte de conducir la carne, dándole forma humana.
Cada persona, cada alma, entra con sus huesos en la red de la naturaleza humana, dándole belleza. La continuación de la naturaleza producida por hombres y mujeres es la cultura.

El cuerpo es potencial de símbolos culturales, por ser de carne y hueso.



De esto habla Polo en el último capítulo de Quién es el hombre, p. 216.


Para saber más sobre la cultura, ver Etiqueta 7.2.0
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¿Qué indica Polo con la noción de alternativa?

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 Con la noción de “alternativa” Polo indica que podemos encontrar modos de vivir mejor.

 

No sólo podemos inventar oportunidades para solucionar problemas, sino que, juntos, alcanzaremos, si queremos, cotas mejores de vida en común.

 

La cota más alta está más allá de la muerte.

En ella está la más alta alternativa: vivir para Dios o acceder a la segunda muerte.

 

Aprovechar el tiempo es descubrir oportunidades y encontrar alternativas.

La buena muerte es el mejor modo de ganar tiempo y poder recuperar el tiempo perdido.

 

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Para una información más completa sobre lo que es la vida : ir a la página “la vida”, he aquí el enlace: http://preguntaspolianas.blogspot.com/p/la-vida.html


¿Qué es la muerte?

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La muerte es un paso incompleto.
El hombre muere porque al cambiar de vida no puede llevarse al cuerpo consigo.
No sabe cómo hacerlo.
Pero no piensen ustedes de modo sustancialista (como si fuera una película de ciencia ficción), imaginando un cuerpo que pasa por un agujero y se deja trozos cual serpiente que cambia de piel.

Lo que queda incompleto es el sentido de nuestra vida terrestre.

El pecado original es un pecado de ciencia, de falta de conocimiento.
El sentido del cuerpo queda sin descifrar.
“Conociendo”, en Dios, recuperaremos, gloriosamente, el cuerpo y su historia.

De ahí que la Buena Muerte sea la de Jesús: Padre, en tus manos abandono mi espíritu.
Abandonarse completamente en Dios garantiza la Resurrección




De esto habla Polo en el último capítulo de "Quién es el hombre" p. 208
Para saber más sobre el pecado original ver la etiqueta 12.3.0

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¿Qué es la muerte para la persona humana?

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Es un paso penoso.

La muerte para el hombre es un viaje precipitado, en el que perdemos el cuerpo.

El Apocalipsis dice que sus obras siguen al justo.
Pero eso sólo lo sabremos a la llegada.

No estamos seguros de que recuperaremos las maletas. No lo quiero ni imaginar.

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¿Es mala la muerte para la persona?

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La muerte es malísima para la persona humana, ya que se interrumpe su manifestación corporal.

No es correcto imaginar que el alma escapa como un pájaro de la jaula de su cuerpo.
El cuerpo no es una jaula sino cauce de nuestra libertad.

La muerte es buena en cuanto que paso a una Vida mejor, la de la resurrección, que permitirá a la persona manifestarse en un mundo "nuevo", al ser el cuerpo glorificado (nuestro cuerpo y no otro, ya que no podemos renunciar a nuestra historia), el mismo cuerpo ahora glorioso. Nunca podremos dejar atrás a nuestros padres, a nuestra tierra, o a nuestro sexo.

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¿Es la muerte cristiana un aceptar?

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La muerte cristiana es aceptar, con Cristo y como Cristo, el abandono de la felicidad que la vida humana (nuestro cuerpo vivo) proporciona cuando crecemos hacia Dios o vivimos en Dios.

Morir cristianamente es aceptar ese abandono confiando en Dios, que nos resucitará.


Un morir arrepentidos, con dolor, del mal uso que hicimos de la vida, pero sabiendo que Jesús reparará con su Muerte (con la Pascua de su Misa) cada uno de nuestros desperfectos.
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¿Cómo explica Polo antropológicamente lo que es el morir?

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El morir es un tránsito.

Lo inmortal del hombre, su espíritu, no es capaz de asumir, al tránsito, el entero transcurso temporal de la vida humana.

No sabemos descifrar el sentido de nuestro estar en el mundo. Nos vamos dejando tantas obras inacabadas.

A través de la cultura hemos intentado expresarnos, dar sentido a nuestra vida biológica.

Si nuestro espíritu hubiera abierto por completo el significado de nuestra vida temporal, nos llevaríamos el cuerpo a la gloria.

Nos duele morir cuando la tarea está aún inacabada.







Glosa a Urbano Ferrer. Consideraciones sobre la relación mente-cerebro. Studia Poliana 11,  p.56.2  

¿Cómo causa el pecado original la muerte?

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El pecado original causa la muerte "per accidens"

En sentido estricto no es el pecado el que causa la muerte, pues la muerte sigue "naturalmente" a la naturaleza humana.

La muerte se encontraba impedida por el estado de justicia original en que Dios creó la naturaleza humana.

La muerte es una exigencia natural de la especie humana.

Pero Dios, junto con la gracia había concedido al hombre un conjunto de privilegios que eran como un freno para lo que reclamaba la naturaleza humana.

El pecado, al destruir el estado de justicia original, se constituyó en causa per accidens de la muerte.

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¿Tiene la vida valor donal? ¿Y la muerte?

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El valor donal de la vida se corresponde con el valor donal de la muerte.

La vida es para consumirla (esto es la muerte, la consumición: se acabó de formar el don en esta vida) y para consumarla (esto es la vida, la consumación, sumar y sumar, crecer en sus tres dimensiones: fe, trabajo y amistad).

La vida es el don que nos instala en la vida eterna al ser aceptado por Dios.

Ofrecer o dar la vida, no es solamente compartir la vida, sino decir "no quiero vivir, lo que quiero es vivir contigo". No me importa la vida, me importas tú.

Es lo que se llama "desvivirse".  Morir de amor.


De ahí que la muerte como don sea dolorosa, pues más que la pérdida de la vida, lo que se siente es la pérdida del amado.
Es un dar sin reservarse nada.


El Cuerpo de Cristo sufrió muerte, pues por tres días perdió la visión beatífica que su cuerpo le daba. Perdió, humanamente, la visión del Amado, aunque divinamente la conservara gozoso.






Ideas inspiradas en Ignacio Falgueras en "El abandono final".

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¿Es la muerte un acontecimiento de mi historia, de mi vida?

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No faltan quienes niegan la existencia de la muerte, asegurando que es una ficción, pues cuando morimos ya no vivimos, sería algo externo a nuestra vida: la vida ha terminado, luego la muerte no es nada.

Hagamos, sin embargo, un esfuerzo por abandonar la manía sustancialista que ve todo a través de un “sujeto”, un yo aislado, que se muere cuando se muere, como muere un perro, una sustancia. Si es así, la muerte es ciertamente exterior a mi vida.

La persona no es una sustancia que desaparece al transformarse en cadáver. La persona humana es “adverbio”, es “además”. Este horizonte nos permitirá comprender el sentido donal de la muerte.

La vida terrestre termina, sí, el don se ha completado y se abre la gran alternativa: ¿será mi vida aceptada? Hemos llegado al gran acontecimiento de mi historia: el juicio.

La historia de la persona que soy, viva, muerta y resucitada.
La muerte es ciertamente un acontecimiento de mi Vida (no solo de la terrestre).






De esto habla Polo en el último capítulo de "Quién es el hombre" p. 208.2

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¿Qué ganamos con la muerte?

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Con la muerte ganamos el desvelamiento de la oscuridad de la libertad nativa en nuestras circunstancias. Al pasar a mejor Vida.

En la vida humana hay muchas quiebras. La libertad tiene sus errores peculiares (pecados).

Al morir, o tener que morir, descubro lo que irremediablemente dejaré detrás, por no ser suficientemente hijo.

El dolor hace renacer la libertad nativa.

Ya no es esclava, ya no soy esclavo. Salvo si muero por segunda vez.
Con la segunda muerte no gano nada, lo pierdo todo.





De esto habla Polo en el último capítulo de "Quién es el hombre" p. 224
Para saber más sobre la libertad nativa ver la etiqueta 5.5.4
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¿Tiene la muerte importancia para Heidegger?

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Sí. La muerte tiene importancia para Heidegger porque le da sentido a la vida.

Sin embargo, al aceptarla como término ineludible, se incapacita para entender la libertad radical.
Somos libres sólo para darle sentido a nuestra vida, pero la vida se acaba.
La muerte tiene entonces una importancia desorbitada y provoca el centrarse en la realización del sentido que yo quiera darle a mi vida.

En esta vertiente la antropología de Heidegger es una antropología de la finitud o una ontología de la cultura (en definitiva, del lenguaje): somos lo que llegamos a decir y nada más.
La muerte le sirve a Heidegger como cañamazo para el vivir. Precisamente porque nos damos cuenta de que morimos somos seres con proyectos; si no, nos limitaríamos a pasar.





De esto habla Polo en el último capítulo de "Quién es el hombre" p. 209.2

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¿Es la inmortalidad un vivir indefinidamente?

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Más que un vivir prolongado, la inmortalidad es una vida más intensa.

Pero no sólo eso.
La inmortalidad del hombre es, sobre todo, la desaparición del error peculiar de la libertad que es el pecado.

Ser inmortal para los hombres es una consecuencia de lo que los cristianos llamamos ciencia de la Cruz. Es un saber más, que descifra todos los avatares del cuerpo, de la historia y de nuestras acciones futuras.
Gracias a ese sabe, en la vida eterna que algunos llamamos Cielo, no se peca. En el Cielo no se muere.





Para saber más sobre el pecado ver la etiqueta 12.3.1;
Y sobre el pecado original, ver la etiqueta 12.3.0

De esto habla Polo en el último capítulo de "Quién es el hombre" p. 209.3

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