La persona humana es, trascendentalmente, dar. Es efusiva, vehicula o extiende su donalidad a través de su esencia (A.T. I, p.253).
Propongo hacer preguntas a don Leonardo Polo e intentar responder.
Digamos primero que el aceptar, el dar y el don de la persona humana son la tríada amorosa
del trascendental personal humano llamado “amar personal”.
Un corazón endurecido es el corazón que no “da”.
Que no quiere dar.
Dios “da” y yo debo
querer “aceptar”.
Y yo acepto al “dar”.
Dios me da su Don.
Yo debo dar mi don. Yo
doy mi don constituyéndolo a partir de mi voluntad.
Se forma así el
Don-don.
El corazón endurecido
no da.
Es un corazón
indiferente al bien que recibe.
O un corazón
obsesionado con su pretensión de sí.
O un corazón seducido,
partido, con doble vida.
Sí.
Pero no se dualizan entre sí.
El aceptar, el dar y el don de la persona humana son
la tríada amorosa del trascendental “amar personal”.
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Según la propuesta de Adam Solomiewicz el amar
personal humano se entiende gracias a dos estructuras donales. Y en las dos
interviene Dios. Veamos cómo:
A) Estructura donal primera.
B) Estructura donal segunda.
A) El aceptar
de la persona humana es dual con el Dar de Dios.
El Dar de Dios se dualiza con la persona humana al
aceptar ésta el Don de Dios que es su ser personal.
B) El dar
de la persona humana es dual con el Aceptar de Dios.
El dar de la persona humana se dualiza con el
Aceptar divino por medio del don de su vida. El don de la persona humana es
esencial.
Fruto de estas dos estructuras del amar personal es
el Don-don.
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El Don-don no es otra cosa que el fruto de la
apertura trascendente que llamamos caridad.
El Don de Dios y el don de la persona humana se
dualizan así trascendentalmente gracias al juego Dar divino – dar humano, y
aceptar humano – Aceptar divino.
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De arriba a abajo, la primera apertura
trascendente es la caridad nativa.
La persona humana se abre a Dios gracias a la
comunión entre las dos estructuras donales (El Don – don).
La persona humana se abre al Espíritu Santo.
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La segunda apertura trascendente es la fe
intelectual o fe nativa.
El intelecto se abre a Dios por la fe nativa.
El miembro inferior de esta apertura es la sabiduría
(el saber de sí).
El miembro superior es la Réplica.
La persona humana se abre al Hijo.
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La tercera apertura trascendente es la esperanza nativa.
La libertad se abre a su destino por la esperanza nativa.
El miembro superior es el Destino.
El miembro inferior es el nacer.
La persona humana se abre al Padre.
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La cuarta apertura trascendente es la humildad nativa.
El co-ser se abre al servicio por la humildad nativa.
El miembro superior es el Servir.
El miembro inferior es la pobreza de la criatura.
La persona humana se abre a María.
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Silvia Martino ha tenido la
amabilidad de enviarme la respuesta de nuestro profesor Juanfer Sellés en el
coloquio de las Jornadas Universitarias sobre Leonardo Polo de este año 2023.
Deja muy claro que el acto de ser
personal es constitutivamente creciente.
Si nos limitamos a “pensar” el acto
de ser, lo detenemos y ya no le conocemos realmente.
Cada uno somos crecientes hacia
Dios.
Cada uno somos únicos hacia Dios.
Dios eleva a la persona sin cesar,
la abre a su Intimidad, para que entremos en ella siempre además.
El “dar” trascendental humano en la Antropología poliana es una de las
dimensiones del cuarto trascendental personal descubierto por Polo.
Este cuarto trascendental se llama “amar donal” o “amar personal”.
Sin embargo, hay un “Dar” superior al amar donal y es el Dar
trascendental divino o Dar puro.
El dar humano, siendo también trascendental, es un dar con reservas.
Al hablar del dar trascendental humano debemos tener cuenta de que no se
trata de un acto de la voluntad (eso sería el amor en la esencia humana), sino la
persona humana en tanto que amar. La persona es radicalmente amante.
Hay una frase de Polo que da muchas luces sobre este asunto: “la persona
humana es un don creado, que se acepta como un dar, destinado a ser aceptado”
(A.T. I, p.221).
Sellés la cita en “Antropología para inconformes” p.616.2.
Yo la entiendo diciendo que la persona humana es un don aceptante y
donante. Es decir, la persona humana no puede dejar, trascendentalmente, de
aceptar y dar, pues es creada así. Su ser es donal.
Comprendan bien que no se trata de un aceptar y un dar de la voluntad,
sino que, trascendentalmente, la persona manifiesta el aceptar que es y el dar
que es, mediante los actos de la voluntad.
El aceptar, el dar y el don de la persona humana son la tríada
amorosa del trascendental personal
humano llamado “amar personal” o “amar donal”.
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Don de Dios es el
ser personal
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. Hegel, en su Fenomenología del espíritu, nos hizo ver que el espíritu consiste en "saberse". Estudiamos la sabiduría del e...