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¿Dónde sitúa Polo la intencionalidad del conocer?

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En el objeto.

Es el objeto de nuestro pensamiento el que remite más allá de sí, a la realidad.

Husserl no lo ve del mismo modo, sino que pone la intencionalidad en el acto de conocer cuyo correlato es el objeto.

Glosa a Urbano Ferrer. Consideraciones sobre la relación mente-cerebro. Studia Poliana 11, p. 54 nota 11


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¿Dónde reside el éxito del conocimiento intencional?

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En "poseer", realmente, un aspecto de la realidad.
Aunque el objeto, que no es otra cosa que su intencionalidad, sea irreal, el acto de conocer sí que es real, posee realmente esa intención.

La operación intelectual, inmanente, no es en modo alguno despreciable: cuando conozco un perro, conozco un perro.

Es cierto que comporta limitación, pues sólo conocemos un perro, pero lo conocemos, aunque le conozcamos limitadamente.

El conocimiento objetivo es inalterable, "lo mismo". Podemos hacer pie en él.

Introduciendo ese límite podremos actuar y dar de comer a ese perro o lanzarle un hueso.

De esto habla Polo en Antropología trascendental I, p. 125.2
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¿Qué dice el profesor Sellés sobre la intencionalidad en su vocabulario?

 



Intencionalidad (de in tendere, tender hacia) indica remitencia. 

Puede ser cognoscitiva o volitiva. 

La primera corre a cargo de los objetos conocidos. 

La segunda, a cargo de los actos de querer. 

Es decir, lo que es remitente en el conocer es el objeto conocido, y lo que es remitente en el querer es el acto de querer.


Intencionalidad de semejanza (de similitas, semejanza) es la remitencia cognoscitiva propia del objeto conocido a la realidad. 

Del objeto conocido los clásicos suelen decir que es semejante a lo real. 

Conviene precisar, no obstante (para evitar el representacionismo moderno), que por tal semejanza ellos entienden que el objeto se agota siendo pura semejanza. No se trata, pues de que se parezca o sea una copia de lo real, sino que intencionalmente es lo mismo que lo real.

Intencionalidad de alteridad (de alter, otro) es la remitencia propia de los actos del querer; actos que se refieren a la realidad tal cual ella es, que es otra realidad distinta (de ahí alteridad) de la realidad que los actos son.

¿Cómo explicar la intencionalidad inspirándose en Juan Fernando Sellés?


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Intencionalidad (de in tendere, tender hacia) indica  "remitencia".

Hay realidades que son remitentes de modo natural (ej. el humo remite al fuego; una fotografía remite a la persona fotografiada; la imagen del espejo a la realidad en él reflejada, etc.).

Hay otras que son remitentes de modo cultural, por convención (ej. una bandera remite al país que representa; los cubiertos remiten entre sí, etc.).

En ambos tipos de signos, sin embargo, hay algo que no remite: la materialidad de los signos (ej. el monóxido de carbono, la cartulina de la foto, el vidrio del espejo, la tela de la bandera, el metal de los cubiertos, etc.).

Brentano, considera la intencionalidad como la propiedad de todo acto psíquico que lo diferencia de los "hechos físicos".
Y tiene razón si pensamos que en el universo físico no cabe la intencionalidad pura.
La luz física es lo más intencional en el mundo físico, pues elimina la distancia. Pero la luz física no puede eliminar el tiempo.
Lo "mental" sí que puede ser intencionalidad pura.

Nos referimos pues a una nueva "intencionalidad", la que es enteramente remitente. No es aquello que se siente, sino aquello por lo que se siente. Es como una fotografía sin cartulina; como la imagen en un espejo pero sin el vidrio.

Pero Brentano y Husserl se equivocan si atribuyen al acto de conocer la intencionalidad.
El acto de conocer es coactual con el objeto conocido.
Pero es el objeto conocido el que es "pura" intencionalidad.

Demos un paso más: la intencionalidad enteramente remitente puede ser cognoscitiva o volitiva.

La primera corre a cargo de los objetos conocidos.
Gracias al objeto, conocemos intencionalmente un aspecto de la realidad que se conoce. Esta intencionalidad es  intencionalidad de semejanza.

La intencionalidad volitiva está a cargo de los actos de querer.

Lo que es remitente en el conocer es el objeto conocido (intencionalidad pura), y lo que es remitente en el querer es el acto de querer.

La intencionalidad del querer no es pura, ya que no es "pura" remitencia. En la voluntad interviene el querer de la persona, que quiere más o menos al otro.


El acto de querer es coactual con el otro, al que se acompaña. Es intencionalidad de alteridad.

Pienso que también se puede hablar de la intencionalidad de los sentimientos. Su remitencia es también entera, y es una remitencia de "enlace". Los sentimientos relacionan conocimientos con tendencias. Es co-acto de tener y dar.
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¿A qué llamamos intencionalidad "pura"?

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Se llama "pura" a la intencionalidad que es sólo intencionalidad.

a) No hay nada físico y b) no es constituida por el acto.

a) La fotografía remite a la realidad, pero hay en ella algo físico que no remite : el cartón. El cristal opaco del espejo tampoco remite, lo que remite es la imagen virtual.

b) Tampoco es intencionalidad pura la que está constituida por el acto. Por eso, propiamente sólo es pura la intencionalidad de semejanza propia del "objeto". La intencionalidad del objeto conocido  remite, es solo remitencia a un aspecto de la realidad. El acto de conocer no remite, es coactual con el objeto conocido. Sólo el objeto intencional es pura intencionalidad.

La intencionalidad de alteridad, o intencionalidad del acto de querer, no es pura, pues está constituida por el acto, el acto interviene modificando la tendencia. La persona está presente, interesada, en el querer.

La intencionalidad de los sentimientos, que llamo relacional, es "dual". Es una intencionalidad de enlace. Es un va y viene. En cuanto se "siente" es pura, en cuanto que "tiende" está constituida.

De esto habla Lluís Pifarré en su libro "Entender a Leonardo Polo", p. 71.2
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¿Dónde está la verdad, en la cosa o en el conocimiento?

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La verdad está "formaliter" en el conocimiento.

Aristóteles afirma que si las formas no están en la mente, están en la materia.
Las formas en la mente es conocimiento.
Las formas en la realidad son las cosas.

Las formas que informan la materia no son cognoscibles en acto. Son cognoscibles en potencia. Y devienen "acto" en la intención de la operación cognoscitiva, no en la cosa. Esa intencionalidad es precisamente el "objeto" del acto de conocer. Objeto irreal.

El acto de conocer una cosa, no es una cosa, y no es la cosa.
El acto de la cosa está en la realidad.
La verdad de la cosa está en el acto de conocer.

El problema se presenta sin solución si entendemos la intencionalidad del conocer como si fuera una "copia" de la realidad. Una "copia" real. Como si la idea fuera una realidad, como lo es la realidad de la cosa.

Para comprender la intencionalidad hay que sustituir la noción de "copia" por la noción de "medida". Me explico:

El conocimiento está "medido" por la realidad.
Por eso podemos decir "esse rei causat veritatem", el ser de la cosa "causa" la verdad. Ese "causar" significa "medir".

Lo intencional es "medido" por la realidad. Pero lo intencional no es una "copia" de la realidad. El acto de conocer no posee una "copia" de la realidad, sino que posee "intencionalmente" la realidad. Poseemos, al conocer, un objeto por el que conocemos la realidad.

Debe evitarse la confusión entre objeto y copia.
Ajustar la noción de "objeto" no es fácil y es imposible si se prescinde del acto de conocer. Como si hubiera objetos volantes, o ideas "en sí" o copias reales.

Lo que hace ser al objeto conocido no es el acto de ser de la cosa conocida, sino el acto de conocer del cognoscente.
No hay conocido sin cognoscente.
Una piedra no es conocida en acto si un cognoscente no la conoce.
Y el objeto conocido no está en la cosa sino en el cognoscente.

La cosa conocida "mide" la intencionalidad, y en la medida en que mide, "causa" la verdad en el cognoscente; pero sin acto de conocer no hay verdad.

La cosa es original en cuanto causa, no en cuanto verdadera. La verdad de la cosa está en el cognoscente, que es medido por el ser de la cosa.



De esto habla Lluís Pifarré en su libro "Entender a Leonardo Polo", p. 63.3

Para saber más sobre :
la intencionalidad………..etiqueta 2.2.0
la forma……………….………etiqueta 1.4.6
el objeto………………...……etiqueta 2.4.0
el acto de conocer………..etiqueta 2.0.1

Arriba en el blog hay una pestaña titulada "el Inteligir humano" que puede también ayudar a entender este tema.

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¿Conocemos "ya" al conocer?

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Sí.

Intencionalidad en latín se dice intentio, que viene de intendere, palabra compuesta de dos ("in" y "tendere") : in-tendere.

"In" está tomado en el sentido de "estar".
El tender puede haber llegado ya a lo que se tiende: es el "estar".
El conocimiento posee "ya" el objeto, posee la intencionalidad, está "en" la intencionalidad, consiste "en" la intencionalidad.
La intentio ha llegado "ya".
No es un intento o un ensayo.
No es un movimiento transitivo o un intento de ensayo.
El objeto mantiene tenso el conocimiento.
Están conmensurados "en" un grado de intensidad.

"Tendere" significa el trayecto de lo conocido a la cosa, del objeto al aspecto de la cosa que se conoce. Pero el "in" indica que "ya" se ha llegado.

Co-acto entre acto de concoer y objeto.
Se está ya "en" la cosa conociéndola "intencionalmente".

Al mismo tiempo que se tiende a la cosa, el conocer está "ya" conociendo.
En todo el trayecto tendente se posee "ya" la cosa aspectualmente, con más o menos intensidad.
Lo conocido es más o menos intenso.

De esto habla Lluís Pifarré en su libro "Entender a Leonardo Polo", p. 68
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¿Por qué decimos que la intencionalidad "tensa" el objeto?

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La intentio no es "tendere-a", sino "tendere-in".
No hay que tender todavía a la cosa pues el "en" significa "ya".

Por eso podemos hablar de intensidad.
Poseemos más o menos intensamente (intencionalmente) la realidad.
El conocimiento no es una flecha, o si lo es es una flecha que "ya" ha logrado la diana.

La luz física es como una flecha velocísima (con la velocidad de la luz), que salva la distancia, eliminando el espacio.
Pero la flecha no puede vencer el tiempo, detectando los cambios que se producen en la diana. Si la diana cambia, hay que lanzar otra flecha.

El conocimiento sí que detiene el tiempo. Conoce lo que conoce, "ya". Y es capaz, al conocer la naturaleza cambiante de las cosas, de anticipar los cambios y conocer "ya" el fin.

Más que decir que la cosa es detenida o que el objeto se detiene, tendríamos que decir que es el conocimiento el que capta más o menos intensamente el objeto, en tensión tensa. Concentrando en él, más o menos, la realidad.

El objeto está más o menos formalmente concentrado por el conocimiento, que es como una flecha estante, no una flecha que recorre un trayecto, sino una flecha que ya ha dado, más o menos, en el blanco.

De esto habla Lluís Pifarré en su libro "Entender a Leonardo Polo", p. 70.5
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¿Qué es la intencionalidad de semejanza?

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La intencionalidad de semejanza es la intencionalidad "cognoscitiva", es decir, la remitencia cognoscitiva propia del objeto que está en la mente del que conoce.
La intencionalidad que va del objeto, conocido en la mente, a la realidad.
Los clásicos suelen decir que el objeto conocido es "semejante" a lo real.

Conviene precisar, no obstante (para evitar el representacionismo moderno), que el objeto se agota siendo pura semejanza. No se trata, pues de que se parezca o sea una copia de lo real, sino que "intencionalmente" es lo mismo que lo real.

Piá apunta que la intencionalidad del objeto es el límite del pensamiento. Se piensa lo que se piensa. Para conocer más hay que ir más allá del límite.
El límite mental es el "lo" de "lo mismo".


Otro asunto relacionado con la intencionalidad del objeto es que el objeto conocido no se da sin al acto de conocer. Son co-actuales. No hay objeto sin acto. Es el objeto el que es intencional, pero es de un acto cognoscitivo.
Hegel olvida este punto tan importante. El logicismo hegeliano consagra la validez propia de los objetos, prescindiendo del acto de conocer. La intencionalidad coactual con el acto de conocer es pura, pero no sin acto.

La intencionalidad es dual con el acto de conocer. Se exige un método (el acto actual u operación) y un tema (el objeto pensado que es pura remitencia a la realidad).

Polo precisa que siendo el objeto puramente remitente oculta el acto de conocer. Se oculta la coactualidad pues la atención va hacia la realidad mostrada por el objeto. (Y al ocultarse el carácter dual de conocer y objeto, se oculta también su carácter creado). Al pensar sólo pensamos "lo mismo".

Para percatarse de la dualidad hay que “darse cuenta” de esa dualidad, y por lo tanto ponerse en condiciones de darse cuenta de que esa intencionalidad es dual con el acto de conocer, y por lo tanto que no es originaria, sino creada. Ahí está el intríngulis del abandono del límite mental.

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¿ Qué es la intencionalidad de alteridad?

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Es la remitencia propia de los actos de querer.

Es la intención volitiva que se tematiza como "intención de otro".

Los actos de la inteligencia al ser coactuales con el objeto conocido, tienen intencionalidad de semejanza (la intencionalidad pura es la intencionalidad del objeto que nos remite a la realidad). Poseemos en nosotros algo de lo que en realidad es otro, asimilamos lo que en realidad es otro distinto de nuestro yo.

Los actos de la voluntad tienen intencionalidad de alteridad, pero esa alteridad no es de semejanza.

La voluntad quiere "más" otro. No se detiene en lo que ya es, en lo que conoce. Quiere más. Quiere más otro y quiere, como me apuntó Juan A. García, además de otro, la correspondencia de otro.

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¿A qué se refiere Husserl cuando habla de intencionalidad?

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"Intencional" se puede emplear en un sentido que expuso Husserl con su método fenomenológico.

Husserl contrapone la relación "causalista" que se da en el ámbito de la naturaleza física a la relación "intencional".

¿En qué consiste esta intencionalidad que aparece en la mente humana? 

Pues que, por ejemplo, "lo admirable" objetivamente motiva mi acto de admiración.

El objeto de la conciencia motiva los actos de la conciencia o noesis.

El acto de conciencia tiene su correlato, que es el objeto.

En Husserl y la tradición fenomenológica "la intencionalidad" designa la versión del acto de conciencia al objeto.

Husserl pone la intencionalidad en el acto de conocer cuyo correlato es el objeto. Polo no lo ve del mismo modo. En su teoría del conocimiento es el objeto de nuestro pensamiento el que remite más allá de sí, a la realidad. Es el objeto el que es intencional  El acto de conocer no es un ingrediente de la intencionalidad, sino que es coactual con la intencionalidad del objeto.



Glosa a Urbano Ferrer. Consideraciones sobre la relación mente-cerebro. Studia Poliana 11, p.54
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¿La intencionalidad de los sentimientos?

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Los objetos pensados, son intencionales de la realidad con una intención que llamamos "de semejanza".
Cuando pienso un elefante, el objeto pensado me envía intencionalmente a la "realidad" del elefante.

Los actos de la voluntad son intencionales, con intención que llamamos "de alteridad", de lo "otro", de la "realidad". Tendemos a "aceptar" la realidad, a que la realidad sea más, o a servirnos de la realidad para honrar a los demás. 

Los sentimientos, sin embargo, tienden a enlazar.

Los sentimientos "sensibles" indican, al informar del "estado" de nuestros sentidos, si se debe proseguir la acción y desencadenan las tendencias sensibles.
Sin afectividad, el conocimiento sensible no enlaza con las tendencias.

Nuestros sentimientos sensibles pueden convenir o no al fin de nuestra naturaleza. Ellos son los "indicadores" de la conveniencia. Su intencionalidad está en el "enlace".

En los animales esto sucede "automáticamente". En el hombre, podemos intervenir más o menos según sea la fuerza de nuestra voluntad.


Veamos ahora la intencionalidad de los sentimientos del nivel intelectual. Nuestros pensamientos y deseos pueden convenir o no a nuestro proyecto de vida. Los sentimientos intelectuales nos lo indican.

En el nivel siguiente, íntimo, los sentimientos que llamamos "nativos" (pues nacen con la persona), indican la situación de nuestras aperturas "radicales" que convienen o no a nuestra sed de más.

Finalmente, la situación de nuestra apertura a la transcendencia es indicada por los sentimientos que llamamos "espirituales". La búsqueda de Dios y su encuentro puede estar más o menos de acuerdo con nuestro "destino". Los afectos espirituales nos lo indican. Gozo y paz.


De esto habla Juan Fernando Sellés en el Cuaderno de Anuario Filosófico, nº 227, "Los filósofos y los sentimientos", p. 98.3 y nota 7 en la que cita la frase de Polo que me ha dado pie a señalar la intencionalidad de "enlace" propia de los sentimientos.

Para saber más:
Sobre el ser de la persona humana..:…….Etiqueta 5.0.0
Sobre la intimidad de la persona:…..….....Etiqueta 5.11.0
Sobre los sentimientos sensibles:………....Etiqueta 14.1.0
Sobre los sentimientos intelectuales:….….Etiqueta 14.2.0
Sobre los sentimientos nativos:………….….Etiqueta 14.3.0
Sobre los sentimientos espirituales:……...Etiqueta 14.4.0
(algunas etiquetas están aún en construcción)

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¿Cómo forma el acto de conocer lo conocido?

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Separando.

Nos puede servir para comprenderlo el ejemplo de una fotografía.
Una fotografía envía a una realidad distinta sirviéndose de la cartulina.
La fotografía es intencional: veo la fotografía y me conduce-acompañando al fotografiado.
El acto de conocer forma-acompañando la intencionalidad.

La cartulina es el soporte físico de su intencionalidad. En el conocer no hay soporte físico, sino precisamente separación de lo físico.

La intencionalidad cognoscitiva es como una fotografía "separada" de la cartulina. El acto de conocer es la "separación", el acto de separar.

El acto de conocer forma la intencionalidad al separar

La intencionalidad pura u "objeto" conocido, que nos lleva a la realidad, aparece cuando el acto de conocer hace prescindir la especie impresa de lo físico o material.

De lo físico mío, de lo físico de mi especie impresa, de las condiciones materiales de mi imaginación.
Conocer no es poseer fotografías en el cerebro (algo así es la imaginación) sino iluminar, hacer "aparecer" verdaderamente lo real, prescindiendo de lo físico mío,  para conocer intencionalmente la realidad, que si es física se conoce como física, inmaterialmente.

La intencionalidad es un camino transitado de acuerdo con el acto, de acuerdo con la "separación", con el dejar de lado mi materialidad.

El entender forma la intencionalidad no haciendo algo, sino quitándose lo físico y dejando aparecer, inmaterialmente la forma ajena.

La intencionalidad no es un término formado por un formar, sino que está "en ese formar".
No hay mediación entre el acto de conocer y lo conocido. El acto cognoscitivo prescinde de lo físico, formando o prescindiendo en tanto que forma.
Así "aparece" en la mente la pura intencionalidad de lo real.


De esto habla Lluís Pifarré en su libro "Entender a Leonardo Polo", p. 54
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¿Son distintos objeto e intencionalidad?

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Objeto e intencionalidad son lo mismo.

No hay objeto e intencionalidad del objeto, sino que el objeto es según la intencionalidad, el objeto es la intencionalidad misma, la iluminación misma.

El acto de conocer es co-actual con el objeto.

Pero el objeto no es co-actual con el cognoscible en acto, pues el objeto contiene tensamente el cognoscible en acto.

El objeto tiene "dentro" los cognoscibles en acto, el objeto es intencional.
Por eso decimos que la intencionalidad es leer-dentro, intus-legere. No leer dentro de las cosas, sino leer dentro del objeto. El objeto posee en su interior inmanentemente los cognoscibles en acto. Entender es leer dentro del objeto, profundizar en su interior.

Conocer no es viajar, pues "ya" se tiene la pieza en el zurrón.
No sólo se ha vencido el espacio, sino también el tiempo.

De esto habla Lluís Pifarré en su libro "Entender a Leonardo Polo", p. 72.2

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¿Es la intencionalidad una mediación silenciosa?

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No.
La intencionalidad es clamorosa.

La mediación silenciosa es el acto de conocer, pero la intencionalidad no es mediación silenciosa, sino clamorosa : la intencionalidad es el objeto.

Ver el objeto significa ser enviado por el objeto, pues éste no es más que intencionalidad

De esto habla Lluís Pifarré en su libro "Entender a Leonardo Polo", p. 55.2
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¿Al conocer, poseemos la realidad?

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El acto de conocer posee la realidad "intentionaliter". No en cuanto realidad. 
Y eso es una iluminación.

La luz es elevación al fin.

El acto de conocer posee el objeto; no hay objeto conocido sin posesión de fin, de télos.

La intencionalidad pura elimina sin más la comparación con la realidad.
No es como un retrato que "se parece" a la realidad.

El conocer no se detiene en el objeto conocido, como si fuera una "cosa en sí" que se pueda comparar con otra "cosa en sí" que es la realidad.

Claro que en la realidad "hay" más por conocer que lo que con una operación cognoscitiva se conoce; pero en cada acto de conocer no hay nada más por conocer que lo que el acto objetiva o ilumina.

Lo que queda por conocer lo conoceremos por otro acto. A un acto sigue otro. El conocer se prosigue de manera discontinua.

La verdad no es un "en sí" platónico, ni kantiano, sino que es intencional, posee la realidad, el fin, intencionalmente.


De esto habla Lluís Pifarré en su libro "Entender a Leonardo Polo", p. 62.3-63

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¿Qué se parece más a la intencionalidad del conocimiento, la intencionalidad de un retrato o la intencionalidad de una palabra?

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La intencionalidad del retrato.

El retrato "muestra", mientras que si no sé el significado de una palabra, no puedo averiguarlo por más que oiga la palabra.
La intencionalidad de la palabra es convencional.

El retrato es de suyo intencional, pues al ver el retrato he visto al retratado "intentionaliter".

Wittgenstein pretendió una interpretación "pictórica" del lenguaje, pero eso es imposible porque no hay retratos para todo, ni todo se deja retratar. Hablar no es hacer fotografías. Y pensar menos aún.

Misterio curioso el del conocimiento.
El acto de conocer sí que posee, como un retrato lo conocido. El objeto intencional se parece a la realidad.

Lo curioso está en que la intencionalidad del conocimiento no es como una fotografía. Es pura intencionalidad. Es una foto sin cartulina, desmaterializada.

De esto habla Lluís Pifarré en su libro "Entender a Leonardo Polo", p. 58

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¿Tiene la palabra valor intencional?

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Sí.
El poder de la palabra se debe a que lleva más allá de ella.

La atención no se fija en la palabra, es un medio silencioso (como el acto de conocer); la palabra se oye y no se oye, pues al oírla lanza fuera de ella.

Sin embargo, la intencionalidad de la palabra es convencional.
La palabra no muestra la realidad.

Por eso no es lo mismo pensar que hablar. El conocimiento es de suyo intencional mientras que el lenguaje es intencional por convención.

El paso del conocimiento al lenguaje se consigue con cierto esfuerzo, ha habido que aprenderlo. Una estructura intencional por convención, como el lenguaje, no es de nungún modo una forma intencional pura.

De esto habla Lluís Pifarré en su libro "Entender a Leonardo Polo", p. 58
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¿Se parece el acto de conocer a la cosa física?

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No.
El acto de conocer no se parece en nada a la cosa física.
Lo que se parece es lo conocido.
Lo conocido, el objeto, sí que se parece, porque es intencional.

El "acto" por el que conozco una mesa no es una mesa, ni es la forma de una mesa, pero en cambio posee "in mente" la forma de la mesa, que es intencionalidad pura.

El objeto conocido es inmaterial, pero "se parece" a la realidad física.

El acto que posee el objeto inmaterial no es ninguna realidad física.

Sin embargo, para entender la "intencionalidad" y no caer en el idealismo, debemos añadir que el parecerse o semejanza con la realidad no es una "comparación".

La realidad no tiene una copia perfecta que debamos imitar al conocerla.

Conocer es desvelar, "al" conocer.

Puedo equivocarme si desvelo sólo una parte y la tomo por el todo, pero lo desvelado es verdad, la verdad de la parte desvelada.

Aquí no vale lo de "todo es verdad o es mentira, según el cristal con que se mira".
Si veo verde, la verdad de lo que veo es verde.
Si la realidad es también roja, tendría que poner otro cristal, para ver su rojez, pero eso no anula la verdad de lo verde.

Aspiramos a ver más, pero eso no descalifica a lo que ya vemos.

De esto habla Lluís Pifarré en su libro "Entender a Leonardo Polo", p. 58.4

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