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¿Qué añade la gracia santificante a la buena voluntad del corazón?

 


La buena voluntad, o el no tener el corazón endurecido, bastan para entrar en el Cielo.

Pero el Espíritu Santo corona con sus dones nuestras aperturas trascendentes.

 

Eso son los dones del Espíritu Santo, “nuevas” intervenciones divinas para nuestra santidad y felicidad eternas.

 

Los trascendentales son jerárquicos y desde el Amar, el Espíritu Santo los corona con novedades.

El Amar tira del Entender y el Entender de la libertad y la libertad de la humildad.

No es lo mismo la ayuda de Dios que hace a los hombres de buena voluntad que la “novedad” de la llamada a la santidad (Adan la recibió pero la perdió).

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¿Qué es la gracia como nueva creación?

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Al abordar el tema de la gracia desde el punto de vista filosófico estamos sirviendo a la teología.

Racionalmente podremos distinguir:

1) el fruto de la llamada inicial que es tanto la gracia inicial (etiqueta 5.13.2)  como la gracia primera (etiqueta 5.15.0);

2) el mantenimiento de la llamada o gracia personal (etiqueta 5.16.0);

3) el encuentro con Dios o glorificación (etiqueta 5.18.0);

4) ¿y dónde colocar la gracia santificante de la teología (etiqueta 5.16.2 nueva creación)?
La gracia santificante de la teología es un "adelanto" del encuentro con Dios, otorgado por los méritos de Jesucristo.
Se debe al acto redentor trascendente de Dios.
Esta elevación sobrenatural se repercute en la esencia humana, de modo  que inteligencia y voluntad, si el yo quiere, son favorecidas por las luces de Dios y los impulsos del Espíritu.

La gracia santificante se corresponde con el tema de esta etiqueta que estudiamos ahora, la 5.16.2: la nueva creación o redención.

Me explico. Trascendentalmente, el hombre es salvado porque Dios mantiene la llamada (etiqueta 5.16.0), pero si se tiene en cuenta la caída (que también es trascendental), ese mantenimiento de la llamada exige una nueva intervención divina, la redención.

Decimos que es una "anticipación" porque es como la garantía de la salvación. La salvación no es otra cosa que el encuentro definitivo con Dios.

Me dirán ustedes, como me ha dicho un amigo teólogo, que cómo se explica entonces que los condenados al infierno, durante su vida terrestre puedan tener una "anticipación" del encuentro con Dios, si ese encuentro no se realizará nunca.

Cuestión sutil, pero que se resuelve, a mi entender, si nos damos cuenta de que al formularla hemos introducido "el tiempo de la esencia humana".
La anticipación de la que hablamos no es temporal "según la esencia", sino "según el futuro" o tiempo de la persona humana.

Los condenados, como el maligno, sufren trascendentalmente, porque se alejan de Dios cuando Dios sale a su encuentro.
En esta vida, pueden gozar de ese "eventual" encuentro futuro hasta que llegue el momento del juicio definitivo.


Para saber más sobre el tiempo ver las etiquetas 1.12.0


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¿Qué son los hábitos infusos de los que habla la teología?

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Desde la perspectiva de una antropología trascendental se pueden entender los hábitos infusos  como elevaciones de las aperturas trascendentes, que redundan también en la esencia (aparecen en nuestra "vida").

(Hábitos tales como la fe, la esperanza y la caridad llamados "sobrenaturales" o teologales, pero también hábitos infusos que no son "sobrenaturales")

Me explico porque se necesita una cierta familiaridad con lo trascendental antropológico para situarse.

En la etiqueta 5.13.1 hemos llamado apertura trascendente a una apertura más íntima que la apertura íntima, pues abre el ser humano más allá de su propia intimidad.

Es el fruto de la llamada inicial de Dios. Esta llamada inicial de Dios la estudiaremos en la etiqueta 5.15.0 y es una de las etapas o elevaciones trascendentales del ser personal (la etiqueta 5.7.0 estudia esas dimensiones del ser personal).

Pues bien, teniendo en cuenta la caída y el querer de Dios que todos los hombres se salven, podemos entender que hay una nueva etapa o dimensión trascendental que es la nueva creación o redención. Una nueva elevación que nos salvará si queremos. La salvación es el encuentro definitivo con Dios.

Ese "si queremos" está a nivel de la disposición manifestativa que es nuestra esencia humana, nuestra vida.

Noten ustedes que ahora hablamos solamente de las virtudes infusas "sobrenaturales", que dependen de esta nueva creación.
Las virtudes infusas "no sobrenaturales" dependen solamente de la llamada inicial y del mantenimiento de la llamada. Y son poseídas también por los que todavía no han encontrado al Salvador.

Fijémonos ahora en la elevación salvadora de Dios, fruto del encuentro con Cristo, y entendamos que esta elevación redunda también en nuestra esencia, en nuestra vida, elevando nuestras potencias, la inteligencia y voluntad, elevando toda nuestra vida con lo que los teólogos llaman gracia santificante y virtudes infusas sobrenaturales.

Son infusas a la esencia humana como redundancia de la elevación de las aperturas trascendentes de los radicales personales. Elevación que es propiciada por el encuentro de la persona humana con Aquél que es su Réplica de Dios y que es su Salvador.

De ahí que digamos que la gracia santificante es una anticipación.


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