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¿Cuál es la clave de la humanización?

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La llave que abre la puerta del proceso de humanización es la aparición de la inteligencia.

La humanización debió comenzar con el homo sapiens y siempre estaremos en ella, con avances y retrocesos.

De esto habla Polo en "Ética". Hacia una versión moderna de los temas clásicos. 2ª edición. Unión Editorial. p. 52.5

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¿A qué llamamos humanización"?

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Llamamos humanización al cambio cualitativo de la especie humana que comienza cuando aparece  la libertad en el hombre y con ella la inteligencia y la posibilidad de amar.

El género de vivientes que llamamos "homo" culmina cuando el proceso de hominización conduce la especie humana a saber trabajar, pues los cuerpos del "homo", que bien podemos llamar "faber", son capaces de crear instrumentos, escapando a la determinación del medio o del ambiente. Sin embargo, la inteligencia (potencia espiritual) no ha aparecido todavía. (Cuando decimos que "saben" trabajar, es una manera de decir, como si decimos que las abejas "saben" fabricar la miel).

El "homo faber" debe actuar. Mejor dicho, necesita "conocer" que debe actuar. La aparición de la inteligencia es una necesidad para sobrevivir, pues no está adaptado al ambiente. No puede actuar como la leona que busca su presa guiada por el instinto, sino que debe utilizar sus neuronas libres, para conectar con sus manos y "crear" nuevos instrumentos.

Y como esos instrumentos no están determinados en la naturaleza, como no están incrustados en el automatismo neuronal, para "acordarse" de ellos, para poder transmitirlos a las generaciones siguientes, hay que "conocerlos".

Es el momento mágico de la aparición de la inteligencia humana, espiritual, inmaterial, que marca el inicio del proceso de humanización en el que siempre estaremos embarcados.

El proceso de humanización consiste en el logro de la especie humana de aquellas características exclusivas del homo sapiens, que son de tipo psíquico y cultural. Hay rasgos en el ser humano que no son meramente corpóreos, aunque estén muy vinculados al cuerpo.

El "homo habilis" se extinguió por carecer de inteligencia. Tenía ya la capacidad de trabajar, pero al desconocer "la razón" de su trabajo, lo olvida y el medio lo aplasta.

El "sapiens", gracias a la inteligencia, sí que "sabe" hacer perdurar su trabajo. Empieza a ser "culto". 
La ética, el crecimiento del "homo", no debe detenerse. Tras la hominización, "debemos" ser cada vez más humanos.
En eso estamos.

De esto habla Polo en "Ética". Hacia una versión moderna de los temas clásicos. 2ª edición. Unión Editorial. p. 28.5 y 38.4

Hablamos de la evolución en la etiqueta 9.0.1
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¿Es la ética importante para la "humanización"

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La ética asoma la cabeza con el "homo habilis", que debe trabajar para subsistir.

Esa necesidad de trabajar da lugar a problemas muy originales y de mucho alcance.

La evolución termina para el hombre cuando es, ya, persona humana (aunque ser persona no sea producto de la evolución). Comienza entonces el proceso de "humanización" en el que siempre estaremos, y cuyo motor será siempre la ética.

Los hombres y mujeres que componemos la humanidad debemos encauzar nuestras vidas solidariamente, éticamente.

La "humanización" es de índole ética, depende de nosotros, si queremos.

De esto habla Polo en "Ética". Hacia una versión moderna de los temas clásicos. 2ª edición. Unión Editorial. p. 41.4

Para saber más:
sobre la ética, ver etiqueta 9.0.0
sobre la evolución, ver etiqueta 9.1.0
sobre la responsabilidad, ver etiqueta 1.1.2
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¿Es la humanización al mismo tiempo moral que biológica?

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El planteamiento ético de Polo armoniza moral y vida. La ética no es moralina. No es un elemento exterior a la vida humana del que podamos prescindir.
No podemos vivir, crecer, mejorarnos, fuera de la normas éticas.

La ética establece las leyes del actuar humano de tal manera que, si esas leyes se conculcan, el hombre deja de comportarse como tal y se destruye.

En relación con esto invito a leer en la etiqueta 7.8.9 la reseña que Polo hace de la epopeya griega "Los argonautas".

De esto habla Polo en "Ética". Hacia una versión moderna de los temas clásicos. 2ª edición. Unión Editorial. p. 43.4.


Para saber más:
sobre la ética, ver etiqueta 9.0.0
sobre la evolución, ver etiqueta 9.1.0
sobre el arranque de la ética, ver etiqueta 9.1.0
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¿Qué ilustra la epopeya "Los argonautas" de Eurípides?

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La epopeya griega "Los argonautas" es extraordinariamente ilustrativa de lo que es el trabajo humano.

El hombre, con su trabajo, ocupa el espacio, transformando el campo en paisaje, en huerto, en ciudad.

La ocupación del territorio por el hombre, tal como sueña Jasón, capitán de los argonautas, es la civilización, la apropiación humanizante del territorio.

El hombre no se adapta al territorio, no es un ser vivo por adaptación, sino que es vivo en cuanto faber, en cuanto que trabaja; si no, no puede subsistir la especie.

Ello es correlativo con los grandes poderes ordenadores cósmicos : las Erinnias, que son las vengadoras violentas de lo injusto, se transforman e en las ordenadoras racionales o Euménides benéficas.

Y en "Los argonautas", Medea se civiliza, poco a poco se va amansando.

Medea es una mujer furibunda, que tomaba la justicia por su mano, que no era capaz de aguantar la afrenta y se transforma, sin dejar de ser ella, al alcanzar con el pensamiento valores nuevos.

Es muy peculiar de los griegos el intento de darse cuenta de cómo el hombre, en la medida en que va haciendo cosas, va adquiriendo un carácter civilizador elevante.

Los valores morales aparecen claramente en el humanismo antiguo.

La epopeya "Los argonautas" ilustra lo que es la humanización.

De esto habla Polo en "Ética". Hacia una versión moderna de los temas clásicos. 2ª edición. Unión Editorial. p. 44


Para saber más:
sobre Los argonautas, ver etiqueta 7.8.9
sobre el trabajo, ver etiqueta 9.2.0
sobre la humanización, ver etiqueta 9.2.1
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¿Son las normas éticas el resultado de convenciones, pactos o tradiciones culturales?

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El pactismo es una doctrina bastante abundante en la edad moderna; recuérdese, por ejemplo, el contrato social de Rousseau.
Pero si las normas éticas fueran puras convenciones, o lo que es peor, si fueran naturales en el sentido biológico (como la leona cuida a sus cachorros), entonces no se pueden tomar en serio, porque no tendrían nada que ver con mi libertad trascendental.

O las cumpliríamos necesariamente (como hacen los leones) o consistirían en un ajuste, todo lo democrático que se quiera, a un destino impuesto.

Sin embargo, el destino no se impone al ser libre. El ser libre se destina a su destino y las leyes éticas son las leyes del ser libre para ser libre, para destinarse : "haz el bien para crecer".

El hombre libre debe encontrar el bien y capacitarse al amor, queriéndolo, libremente.

Si estas leyes no existieran, si no tuviéramos el deber de buscar el bien y de crecer en el amor, seríamos animales.

El que considera la ética como un código pactado de conducta para que los lobos no se coman a los lobos, o para que juntos vivamos mejor, limita su horizonte a la biología. Se reduce a vegetar, a rumiar y, a lo más, a procrear.

Esto es gravísimo para el ser que va más allá de su especie; para el ser que está abierto, por dentro.

De esto habla Polo en "Ética". Hacia una versión moderna de los temas clásicos. 2ª edición. Unión Editorial. p. 61.2


Para saber más:
sobre normas, bienes y virtudes, ver etiqueta 9.1.4
sobre la ley natural, ver etiqueta 6.2.0
sobre el destino, ver etiqueta 13.0.0
sobre el derecho, ver etiqueta 9.14.0
sobre la responsabilidad, ver etiqueta 1.1.2
sobre la distinción hombre-animal, ver etiqueta  4.6.1
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¿Por qué la guerra demuestra que no basta la hominización de la especie humana, que es sencillamente evolutiva, para sobrevivir?

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Porque si no hay cultura, es decir, humanización, la especie humana se destruye.

La vida humana necesita de la familia para humanizarse y aspirar a formar lo que llamamos sociedad.
Tras la hominización (que en nuestro estado actual no es otra cosa que la embriogénesis) necesitamos de la familia, de la cultura que llega por la familia.
No nos basta pertenecer a la especie humana, pues los humanos somos capaces de matarnos y organizar guerras.

La sentencia de Hobbes homo homini lupus no es correcta, porque el lobo no es lobo para el lobo.

En los combates por el mando de la manada o por la hembra, la lucha termina cuando uno está vencido; es una lucha que no mira a la muerte.
Pero en el hombre no es así. El hombre puede atentar contra su especie, y sin humanización, sin formación, inventa un episodio tan monstruoso como es la guerra.

De esto habla Polo en "Ética". Hacia una versión moderna de los temas clásicos. 2ª edición. Unión Editorial. p. 68. 2-3.
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