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¿Qué es la esencia humana?

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La esencia humana es la manifestación de la persona.
 
La persona puede manifestar, disponer, iluminar, aportar.
(Cabe decir que aquí la persona es acto y la esencia potencia. La persona “puede”).
 
Las personas se manifiestan disponiendo "con" su naturaleza. Iluminando y aportando según su naturaleza.
 
La esencia humana es así la unión creciente entre naturaleza y persona humanas. Sin separación, sin confusión.
 
La naturaleza es “humana” por su unión con la persona.
La persona es “humana” por su unión con la naturaleza.
 
Sin separación, sin confusión.



¿Cómo se constituye el don esencial?

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La persona humana es, trascendentalmente, dar. Es efusiva, vehicula o extiende su donalidad a través de su esencia (A.T. I, p.253).
 
Sus dimensiones inferiores son impregnadas con la actividad trascendental. Con su dar.
 
Polo dice que la persona desciende a su esencia (A.T. I, p.251), a su manifestación, disponiendo, iluminando, otorgando.

Manifestar.
Disponer.
Iluminar.
Otorgar.
 
Es oferente porque el dar humano “ilumina” el querer-yo, constituyendo el voluntario.
 
El amor personal empapa todos los niveles del ser humano y vuelve hacia Dios, vehiculando el don constituido, hacia adentro.
 
La persona humana extiende su actividad trascendental en cascada, descendiendo hacia la esencia y ascendiendo hacia Dios, esperando aceptación.

De esto habla Adam Solomiewicz aquí.  En la página 43.


¿Qué es la esencia?

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Podemos describirla con una imagen: la esencia es el meollo de un ser.
 
Como el cogollo de la lechuga, como el corazón sabroso de la alcachofa.
 
La esencia es la verdad de cada cosa. Lo que cada cosa es.
 
La esencia es el meollo, o de otra manera, esencia es el “busilis”. Busilis es una de las palabras con las que uno puede referirse al meollo inteligible de la realidad.
Busilis significa también punto de extrema dificultad, lo más enigmático de un asunto, su punto clave.
 
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Sin embargo, ser meollo no quiere decir ser lo más profundo de un ser.
El meollo de una persona humana es su esencia, su yo. Pero ¿quién soy yo? Más adentro del meollo soy “además”. Mi intimidad es mi “además”, mi además del yo.
Una cosa es quién soy (persona) y otra cosa es lo que soy (esencia, yo, lo que he llegado a ser).
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Debemos hacer otra observación:
Polo, filósofo de la distinción, distingue entre la esencia humana y la esencia del universo.
 
La esencia humana es la manifestación de la persona: todos somos personas, pero cada uno tenemos nuestra verdad, nuestra "esencia", nuestro "meollo" personal: mi vida.
 
La esencia humana (la vida de cada hombre) es así la manifestación libre de la persona humana (su disponer).
 
Pero la esencia del universo o esencia extramental es distinta a la esencia humana. En efecto, no es libre, es sencillamente un despliegue tetracausal del ser del universo.
 
 
En un glosario, que Juan Fernando Sellés tuvo la amabilidad de enviarme, trata así a la esencia :
 
Esencia(del latín essentia) del universo es la concausalidad entera (materia, forma, causa eficiente y causa final), es decir, los principios reales en los que se analiza el acto de ser del universo. Debe distinguirse, por tanto, la esencia física del acto de ser del universo. No debe confundirse, por otra parte, esta esencia referida a lo físico con la esencia humana.
 
Esencia humana
es la naturaleza humana perfeccionada por hábitos y virtudes. El término designa el disponer, aquello según lo cual disponemos, no quien somos. De la esencia son las facultades superiores del alma, la razón y la voluntad, específicamente cuando éstas están perfeccionadas por los hábitos. Cuando tenemos hábitos (virtudes en la voluntad) podemos disponer mucho mejor de nuestras potencias para actuar según ellas son, (no para disponer de ellas) es decir, gracias a los hábitos y virtudes podemos pensar mejor y podemos querer más y mejor.

 

En la etiqueta 1.16.0 tratamos del Inicio de la Filosofía.

Etiqueta 1.1.4 la esencia.


¿Cómo define Polo la esencia al ampliar la distinción real, descubierta por Tomás de Aquino ?

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Polo dice que la esencia indica perfección.

Perfección es hacer las cosas bien. “Perfecto” es lo bien hecho.

¿Pero, quién lo hace?

En el universo físico la perfección es el orden de las cuatro causas. Ésa es la esencia del universo físico. Y la tetracausalidad depende de la “persistencia” del universo.

La “persistencia” es el acto de ser del Universo físico.

 

En las personas, sin embargo, la perfección de su naturaleza es precisamente la esencialización de su naturaleza. Eso es la esencia humana. 

Concretamente, la adquisición de hábitos que permiten a su autor hacer cosas mejores.

El autor es la persona, el acto de ser personal, que es siempre “además”.


¿De qué modo se añade la vida añadida a la vida recibida?

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Polo habla de vida recibida y vida añadida.
Pero no como dos vidas.
No se pueden dar por separado.
 
Vida recibida, sin alguien que la reciba, no es vida recibida.
 
Y vida aportada, si no es inspirada por la recibida, no es vida.
 
Los hábitos intelectuales y las virtudes morales son el modo en que la vida espiritual se va añadiendo a la vida, (también espiritual en su origen), recibida de nuestros padres.
 
Con ellos se perfecciona y crece la naturaleza humana.
 
La esencia humana es la naturaleza humana "crecida" o creciendo.
La vida humana o esencia humana es susceptible de crecimiento irrestricto.
 
En síntesis : "vita viventis est essentia.
 
La vida humana es la esencia (que no vive sin la persona), el viviente es la persona humana (que vive manifestándose).
 
La vida humana es pues una dualidad: la dualidad de la vida recibida y la vida añadida.
 
La "vida añadida" es el miembro superior de la dualidad (se le puede también llamar vida estrictamente espiritual, alma humana o yo humano).
 
La "vida recibida" de nuestros padres es el miembro inferior, la naturaleza humana: el cuerpo humano y las potencias espirituales y capaz de ser esencializada.
 
En el momento de la concepción de la persona humana, nace una vida dual, en la que podemos distinguir (sin que hayan existido por separado) una vida recibida de nuestros padres y una vida "añadida", que actualiza la persona que acaba de ser concebida.
El añadido inicial y durante el primer desarrollo del niño, no es consciente.
De ahí que podamos hablar de un refuerzo o asistencia permanente de la vida, manifestación de la persona creada.

 
 
De esto habla Salvador Piá en “El hombre como ser dual”, síntesis conclusiva, n. 22.


¿Qué es la naturaleza humana?

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La naturaleza humana es el carácter inicial de la dualidad de la vida humana.
 
De entrada, la naturaleza humana está compuesta de vida recibida de nuestros padres y vida añadida por la persona.
 
Pero atención, sin separación y sin confusión.
 
Polo habla de vida recibida y vida añadida, pero no como dos vidas. No se pueden dar por separado.
Vida recibida, sin alguien que la reciba, no es vida recibida.
Y vida aportada, si no es inspirada por la recibida, no es vida humana.
No son dos vidas que se superponen.
Son inseparables.
 
La vida recibida de nuestros padres es vida humana, cuerpo humano, capaz de vida espiritual, precisamente por su unión, sin confusión, con la vida aportada por la persona, creada en ese cuerpo.
 
La naturaleza humana es, pues, la vida recibida de nuestros padres con sus capacidades espirituales, que son tales por la unión con la vida añadida por la persona a la que pertenece.
 
De ahí que podamos decir que la naturaleza humana es el carácter inicial de la vida humana, que precisamente, en su inicio, consiste en el cuerpo humano con sus potencias espirituales.


¿Por qué algunos pueden ser preservados del pecado original y otros no?

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Quizá nos acerquemos a una buena respuesta recordando las ideas sobre la distinción real entre acto de ser personal y esencia humana, difundidas por Juan A. García en su blog.

La esencia humana, apunta Juan, tiene una cierta antecedencia.

El acto de ser no es causa, sino fin, destino.

Y me parece que es por esta vía  como se puede entender mejor el pecado original.

Pues la pregunta que la gente hace es: ¿por qué Dios no me ha preservado también a mí del pecado original?

El plan de Dios es que no pequemos. Pero nuestra vida antecede al querer de Dios.

Si el pecado original, como proponemos, es la pretensión de no ser criatura inherente a la libertad nativa, solamente la persona humilde, antecede a la libertad de destinación, es decir, a la Comunión con el querer de Dios.

La respuesta antecedente de María, hizo que el plan de Dios se cumpla.

Pienso que otras mujeres y otros hombres pueden ser preservados del pecado original.
María lo fue pues Dios buscó una de esas mujeres en su Pueblo, Israel, para llenarla de su gracia santificante. 


Juan A. García, en su blog sobre Polo, del día 4 de abril 2010, aborda la distinción.
Si quieren ustedes leer una síntesis de la distinción real esencia – acto de ser, vayan al principio de este blog, a la página (en rojo) ""Esencia – Ser. Su distinción"
La etiqueta 1.7.0 contiene las preguntas sobre la distinción real.


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¿Por qué decimos que en el cielo nuestra esencia estará por encima de nuestro acto de ser?

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La Esencia divina es el Espíritu Santo.
El Espíritu Santo es el Don de Dios, la Vida divina.
 
Pues bien, llegamos al Cielo cuando nuestra vida (nuestro don) es aceptado en el Juicio por el Amor de Dios.
Entonces el Don asume nuestro don, somos Don-don.
 
En la Vida eterna nuestro crecimiento sigue libremente al Espíritu Santo.
 
La persona que somos se manifestará, libremente, con el Espíritu Santo, que está por encima de ella.
Nuestra esencia, nuestra vida, estará así por encima de nuestro ser personal. Es el Don-don.

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El carácter de además, como muy bien explica el profesor Juan A. García, se mantiene sin término.

Es decir, que en el Cielo, el co-ser sigue siendo “además”.

Su sentido “transversal” es la producción de su esencia. Su manifestación.

Pero en el Cielo, el don de la persona humana es aceptado por el Espíritu Santo. Es el Don-don.

Seguiremos creciendo, seguiremos manifestándonos libremente, pero ahora al modo “eterno”. Seremos trinos (como le gusta a Juanfer) o, seremos 4 (si contamos con María.


¿Por qué llamamos hiperformalización al autoperfeccionamiento propio de la esencia humana?

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Ya hemos dicho que los seres vivos del universo, en tanto que "vivos", poseen una causa eficiente intrínseca, un automovimiento

En el hombre, la vida recibida de los padres está animada, además, por la vida personal, que es un disponer libre, por parte de la persona. La persona dispondrá gracias a la vida recibida de los padres, esencializada humanamente desde el momento de la concepción.

Llamamos hiperformalización al "refuerzo" de la forma, que no es solamente la causa eficiente propia de un ser vivo del universo físico, sino la posibilidad de servir a la manifestación de la persona. Cada vez que actuamos libremente adquirimos hábitos y virtudes que mejorarán nuestro disponer futuro. Se va añadiendo más hiperformalización (los hábitos y virtudes).


Esa posibilidad de disponer habitualmente más son los hábitos, que son así un autoperfeccionamiento de la esencia humana. 
Está bien llamarla hiperformalización pues las facultades adquieren una nueva configuración, una nueva forma, que las deja mejor dispuestas para la siguiente acción.


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El cuerpo humano, ¿es intracósmico o extracósmico?


No somos entes o esencias intracósmicas: estrictamente no lo somos. 
 Parece que entonces problematizamos el sentido físico del cuerpo humano, como si nuestro cuerpo fuera sólo una idea, o un sueño, ajeno a la persona que somos. 
 Por eso debemos aclarar inmediatamente que el cuerpo humano no es estrictamente “independiente” del cosmos. 

 Para entender cómo el cuerpo humano es a la vez intracósmico y extracósmico debemos comprender bien la noción de naturaleza en sentido poliano. 

 Las naturalezas en sentido poliano son físicas, son tricausalidades.
Son propiamente intracósmicas, sin embargo, la naturaleza humana, siendo también física (pues recibimos un cuerpo físico de nuestros padres, capaz de imaginación, como los perros también imaginan), siendo también física, digo, la naturaleza humana, es personalmente esencializable (por eso es humana, si no, sería animal). 

La persona puede esencializar, hacer suya, la naturaleza física que es su cuerpo. 
Es un cuerpo "humano" porque es potencialmente esencializable

 Cada persona humana (que es extracósmica) puede hacer suya la naturaleza física humana en la que subsiste, la suya concreta, esencializándola, sacándola del universo e insertándola en su "mundo" humano. 

 Entendámonos. El cuerpo humano, el embrión humano o el cigoto humano, no empiezan a ser personas cuando aparece la inteligencia, sino que pertenecen, desde la concepción, a una persona humana concreta, y por eso son potencialmente esencializables

Son vida humana de una persona concreta, desde el momento de la concepción. 

 En definitiva, y para responder a la pregunta, el cuerpo humano es intracósmico en cuanto que es un ente físico y es extracósmico en cuanto que es el cuerpo esencializado de una persona humana libre.

La esencia de la persona humana. Notas sacadas de la conferencia dictada el 25-XI-1994 en el salón de grados Mª Zambrano de la facultad de filosofía y letras de la Universidad de Málaga. (Miscelánea poliana nº 4, p.36). Citamos las páginas según la recopilación titulada "Antropología y trascendencia" publicada por I. Falgueras y Juan A. García. .

¿Es intracósmica la esencia humana?


No
La esencia de la persona humana no se confunde con el universo. 

 Hay dos modos de ser creados, dos tipos, dos actos distintos de ser: el acto de ser humano, que es libertad, que es ser persona humana y el acto de ser tomado como primer principio, que es ser sencillamente, sin libertad. 

 Y correlativamente a esos dos modos de ser, se distinguen dos esencias: la esencia humana y el universo como esencia

 El universo como esencia es distinto de la esencia humana. El universo como esencia no es libre. Depende físicamente del primer principio, del ser sencillo que Dios ha querido que sea y que se despliega según el orden que Dios le ha dado. 

 Ese orden, la unidad de orden, el análisis del ser sencillo según las cuatro causas, es lo que llamamos universo como esencia

 El hombre, sin embargo, viviendo en el cosmos, siendo también una sustancia cósmica, no depende sólo del ser del universo, del primer principio, pues tiene en sí mismo la capacidad de autoperfeccionarse, libremente, dando sentido amoroso, si quiere, a su existencia. 

Por eso decimos que el hombre es extracósmico

 Nuestra esencia no deriva del universo. Ni del mono, ni del renacuajo. O diciéndolo de otra manera, la esencia humana es dual: recibimos de nuestros padres una vida cósmica y recibimos directamente de Dios una vida extracósmica, un ser personal libre que se añade novedosamente manifestando libremente su querer. ¡Qué dignidad, amigo mío! 

La esencia de la persona humana. Notas sacadas de la conferencia dictada el 25-XI-1994 en el salón de grados Mª Zambrano de la facultad de filosofía y letras de la Universidad de Málaga. (Miscelánea poliana nº 4, p.35.2 y 40.2). Citamos las páginas según la recopilación titulada "Antropología y trascendencia" publicada por I. Falgueras y Juan A. García. .

¿Es la esencia humana una autoperfección?

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En un cierto sentido sí.
 
La esencia humana es la manifestación de la persona: todos somos personas, pero cada uno tenemos nuestra verdad, nuestra "esencia", nuestro "meollo" personal: mi vida.
 
Sin embargo, como somos libres, debemos decir más aún. En efecto, no se trata de una manifestación "necesaria", como un despliegue de lo que somos, no, la esencia humana es el autoperfeccionamiento que cada persona se otorga gracias a su libertad.
 
La esencia humana (la vida de cada hombre) es también la manifestación libre de la persona humana (su disponer).
 
El hombre tiene esencia en sentido propio, el animal no. El animal está al servicio de la esencia del universo.
 
El hombre tiene naturaleza (materia + forma + vida), como el animal, es un ser vivo, pero lo que caracteriza a la esencia humana es que el hombre puede autoperfeccionarse, perfeccionando esa naturaleza.
 
La esencia humana es el perfeccionamiento de la naturaleza humana ejercida (consciente o inconscientemente) por la persona humana.
Es una hiperformalización.
 
En cuanto que su naturaleza, en cuanto que sus condiciones iniciales son las mismas que los demás hombres, el hombre pertenece a la especie humana.
Esa naturaleza, además de estar finalizada por la especie (como los otros vivientes intracósmicos) es susceptible de una perfección de la que los otros vivientes intracósmicos no pueden dotarse. Es la perfección ejercida por la persona humana, que perfecciona la naturaleza.
 
Llamamos esencia humana a esa autoperfección (que se consigue perfeccionando el universo físico o gracias a la amistad con otras personas).


Rápidamente ¿en qué se distinguen persona y naturaleza humanas?


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La persona es quién soy.
La naturaleza humana es lo que soy de entrada.
La esencia humana es lo que voy siendo.
 
Entre naturaleza y persona está el “yo”, que es el ápice de la esencia.
El “yo” tiene un desafío: que lo que soy, manifieste quién soy.
La manifestación es la esencia de la persona humana.


¿Es intracósmica la esencia humana?

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No.
La esencia de la persona humana no se confunde con el universo físico.

Hay dos modos de ser creados, dos actos distintos de ser: el acto de ser humano, que es libertad, que es ser persona humana y el acto de ser tomado como primer principio, que es ser sencillamente, sin libertad.

Y correlativamente a esos dos modos de ser, se distinguen dos esencias: la esencia humana y el universo físico como esencia.

El universo como esencia es distinto de la esencia humana. El universo como esencia no es libre. Depende físicamente del primer principio, del ser sencillo que Dios ha querido que sea y que se despliega según el orden que Dios le ha dado.

Ese orden, la unidad de orden, el "análisis" del ser sencillo según las cuatro causas, es lo que llamamos universo como esencia.

El hombre, sin embargo, viviendo en el cosmos, siendo también hasta cierto punto una sustancia cósmica, ya que su manifestación está condicionada por su inserción en el universo físico, no depende del primer principio, pues siendo radicalmente libertad,  tiene en sí mismo la capacidad de autoperfeccionarse, libremente, dando sentido amoroso, si quiere, a su existencia. Por eso decimos que el hombre es estrictamente extracósmico.

Nuestra esencia no deriva del universo.
Ni del mono, ni del renacuajo.

O diciéndolo de otra manera, la esencia humana es dual: recibimos de nuestros padres las condiciones iniciales, cósmicas, de nuestra vida extracósmica, recibida directamente de Dios. Somos ser personal libre que se añade novedosamente, haciendo pie en el cosmos, manifestando libremente su querer.

¡Qué dignidad, amigo mío!









La esencia de la persona humana. Notas sacadas de la conferencia dictada el 25-XI-1994 en el salón de grados Mª Zambrano de la facultad de filosofía y letras de la Universidad de Málaga. (Miscelánea poliana nº 4, p.35.2 y 40.2). Citamos las páginas según la recopilación titulada "Antropología y trascendencia" publicada por I. Falgueras y Juan A. García.

¿Por qué hay en la esencia humana inteligencia y voluntad?

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En la esencia humana hay inteligencia y voluntad porque la esencia es la manifestación de la persona y la persona, radicalmente, es Entender y Amar.
 
De ahí que la persona, al abrirse esencialmente a las demás personas, busque correspondencia, relación dialógica, dúplica…
 
Tiene que ser así pues es manifestación de su acto de ser personal.
 
Juan A. García Gz lo explica así en este enlace https://www.youtube.com/watch?v=z3JX3ZEeYRk&t=3465s
Concretamente en 1 hora, 9´5’’


¿Es la esencia humana secundaria? Si nuestras relaciones con las demás personas son “esenciales” ¿se puede decir que son secundarias?

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No.
La persona humana sí es segunda.
Es además en el Verbo.
La esencia humana es su manifestación. La manifestación de la persona humana.
 
La esencia humana no se puede separar del co-ser que es la persona.
 
Mis relaciones con Dios se tejen en mis relaciones “esenciales” con los demás y con el mundo (familia y trabajo).

La esencia es “esencial” para la persona humana.

 

De ahí que no sea exacto decir que las relaciones con las demás personas humanas sean secundarias, al ser mediadas por la esencia.

Para relacionarnos entre nosotros debemos manifestarnos.


¿La naturaleza humana?

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La naturaleza humana es la vida humana en su estado inicial.


Dicho de otra manera: la naturaleza humana es el carácter inicial de la dualidad de la vida humana.

No olvidemos que la vida humana es la dualidad de la vida recibida de nuestros padres y la vida añadida por la persona (vida espiritual).

Para saber más sobre la vida humana ver la Etiqueta 6.1.0 vida humana. 

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¿Cuál es la clave para entender la esencia "humana"?

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Trataremos en esta etiqueta, 6.1.0, de precisar lo que es la esencia humana distinguiéndola de la esencia del universo.

La esencia del universo, tal como hemos visto en la etiqueta 4.0.0, es el despliegue del universo según la tetracausalidad. La perfección del universo es regida por la causa final.
La esencia del universo es una unidad de orden, y el orden lo instaura la causa final.

La esencia humana no está regida por la causa final. Depende de la persona humana.

La persona en tanto que libertad o la libertad como persona inviste la vida recibida de nuestros padres añadiéndole un perfeccionamiento que bien podemos llamar autoperfeccionamiento.

Aportamos, iluminamos, disponemos y manifestamos lo que libremente queremos.

La clave para entender la esencia humana es pues la libertad.
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¿En qué se distingue la esencia humana de la esencia del universo físico?

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La esencia humana es el autoperfeccionamiento de la naturaleza humana, naturaleza individuada en la materia (46 cromosomas) y que comienza a ser "humana" al ser creado un acto de ser personal, acto que se manifestará a partir de esa naturaleza concreta y no en otra (la imposibilidad de la reencarnación está aquí contenida).
Polo reserva el nombre de esencia al autoperfeccionamiento dependiente de la libertad de cada quién.

La esencia del universo físico es, por el contrario,  el despliegue no libre del ser del universo, según el orden establecido por el Creador.

No olvidemos que, en cualquier caso, "esencia" indica perfección.

La perfección del universo físico reside en la causa final, en el orden en que persistentemente se despliega el plan de Dios, plan tetracausal. (Orden que incluye la indeterminación de la materia en tanto que potencia pura).



Sin embargo, la perfección (esencia) de cada persona humana reside en que su vida sea un don creciente, aceptable por Dios. Es un don libre a su Creador de la persona, que espera lo que bien podemos llamar Juicio: la aceptación del don de su vida por el Amor.

Habrán notado  que la esencia del universo es "una", mientras que hay tantas esencias humanas como personas. 

La persona coopera con Dios para que su vida (su esencia) sea un don agradable a Dios.

La esencia del hombre no está determinada. La esencia del universo sí, en tanto que es lo que es, por lo que su despliegue depende de las condiciones iniciales (que, incluyendo el azar, el hombre puede, además, modificar con su acción).

La esencia de cada persona crece libremente en la medida en que el hombre puede y quiere conducir su naturaleza, esencializándola.

Es así como la aventura de la vida (mi esencia) se convertirá en un don. ¿Querrás aceptarlo?





De esto habla Leonardo Polo en "La esencia humana" p. 71.
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¿Qué distinciones ayudan a entender la "animación" del cuerpo humano?

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Conviene señalar dos distinciones : la distinción entre viviente y vida y la distinción entre vida recibida de los padres y vida añadida por cada persona.

Veamos la primera distinción:
El viviente es el acto de ser personal humano, que Dios crea directamente, libre, inteligente y amoroso.

La vida es la esencia de cada hombre.
La vida depende del viviente, es manifestación del viviente, pues el acto de ser no se agota en el vivir (es además).

El acto de ser es creado personalmente por Dios y activa la naturaleza humana, esencializándola.

No se trata de que el acto de ser actúe sobre una naturaleza humana preexistente. Una naturaleza física deviene humana cuando Dios crea la persona. Por eso es oportuno ver ahora la segunda distinción:

La vida recibida de los padres es una naturaleza física "esencializada" en la persona que la recibe.
No olvidemos que una naturaleza física es materia + "forma sustancial" + causa eficiente intrínseca.
La primera célula viva deviene "humana", deviene vida recibida, cuando al ser apta para ser "animada", en el instante de la concepción, y no antes, es efectivamente unida a la persona humana. Es ése el momento de la creación de una nueva persona y de la vida "humana" (tanto recibida como añadida).

La vida añadida es lo que aporta el nuevo acto de ser: el ser "humano" y la esencialización. Lo que era una sencilla naturaleza física se convierte en persona humana, que aparece materialmente en el universo físico y comienza a crecer.

A partir de ahí, la persona, el acto de ser personal, la libertad trascendental, se va abriendo paso, esencializando cada vez más, haciendo crecer lo que será el don de la persona o su manifestación libre.

Las facultades se van "hiperformalizando", es decir, mejorando.
Por ejemplo, la imaginación, de entrada, naturalmente, es como la imaginación de un perro.
Las facultades animales son principios, pero principios que tienen un límite de crecimiento, pues su base es orgánica. Son principios en cierto modo fijos.

Polo habla de "hiperformalización", señalando así que las facultades de la naturaleza humana no sólo son un desarrollo de las condiciones iniciales, sino que superan esas condiciones.
Nuestra imaginación cerebral puede ser manifestación de una sinfonía musical, con novedades insospechadas. Es así como la naturaleza deviene virtuosa, al ser el instrumento del "disponer" (esencia humana es también el disponer) del viviente.

El hombre supera su naturaleza física inicial, va más allá de ella, la esencializa, convirtiéndola en respuesta amorosa a su Creador amoroso.

Y como siempre sobra, su crecimiento es irrestricto.




Etiqueta 6.1.0  Vida humana
Etiqueta 6.1.0  alma humana

De esto habla Antonio Alonso en su tesis doctoral en la PUSC 2010, "Libertad y hermenéutica cristiana en la filosofía de Leonardo Polo", p.165 y nota 274.

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