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La libertad trascendental o libertad personal no es la libertad de elección (que es una libertad derivada de aquélla), ni es tampoco el libre albedrío clásico.
Con una sola fórmula no se la puede describir completamente.
Polo describe la libertad trascendental en el primer tomo de la Antropología trascendental (ATI) con las siguientes tres fórmulas :
1) La posesión del futuro que no lo desfuturiza (ATI, p.230).
2) La libertad es el sentido más estricto de la novedad (ATI, p.239).
Esta fórmula se completa con la siguiente: la historia es un discontinuo de novedades libres (ATI, p.240,3).
En efecto, le libertad es un novum, pero históricamente situado (ATI, p.241,2). Es decir, la novedades libres que son las personas están situadas en la historia (ATI, p.239,3).
3) La libertad es la inclusión atópica en el ámbito de la máxima amplitud (ATI, p.241).
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¿Cuál es la actividad propia del ser personal humano?
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La libertad.
Atención. Estamos hablando de actividad trascendental, no de la actividad física o intelectual. No se trata de pelar patatas o inventar sofismas. Se trata de actividad profunda, trascendental.
La actividad propia del ser personal, en su profundidad, es la libertad que llamamos personal, la libertad trascendental.
La libertad trascendental es uno de los cuatro trascendentales antropológicos descubiertos por Polo, que son :
co-ser;
libertad;
entender;
amar.
Un trascendental es una perfección pura (sin potencia) del ser. Los trascendentales personales son perfecciones puras de cada persona humana.
Glosa a Juan A. García González : Existencia personal y libertad. Anuario filosófico nº 95. 2009, p. 341
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La libertad.
Atención. Estamos hablando de actividad trascendental, no de la actividad física o intelectual. No se trata de pelar patatas o inventar sofismas. Se trata de actividad profunda, trascendental.
La actividad propia del ser personal, en su profundidad, es la libertad que llamamos personal, la libertad trascendental.
La libertad trascendental es uno de los cuatro trascendentales antropológicos descubiertos por Polo, que son :
co-ser;
libertad;
entender;
amar.
Un trascendental es una perfección pura (sin potencia) del ser. Los trascendentales personales son perfecciones puras de cada persona humana.
Glosa a Juan A. García González : Existencia personal y libertad. Anuario filosófico nº 95. 2009, p. 341
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¿Cómo nace la libertad trascendental?
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Hablamos aquí de la libertad "trascendental" (no de la libertad "de la esencia humana", que es la libertad pragmática y moral).
La libertad trascendental es una de las perfecciones puras de la persona humana
(Polo ha descubierto cuatro : co-ser; libertad trascendental; entender personal y amar donal).
La persona humana es dual en todas sus dimensiones.
La libertad trascendental también es dual.
Sus dos miembros se llaman:
"libertad nativa", el inferior y
"libertad de destinación" el superior.
La libertad nace y co-comienza con la persona.
Ese "nacer" es la libertad nativa.
¿Cómo describir la libertad nativa?
Atendiendo al desdoblarse del ser con los hábitos superiores.
El ser personal no es ser sencillo (el ser sencillo es el universo), no es ser sin más.
El ser personal es "además", co-existe en Dios, con los demás y con el universo.
Pues bien, la libertad nativa es el "co-" del "co-ser" o "co-existir".
Si el ser se desdobla es porque se dispone (tiene esa habilidad) gracias a los hábitos. Por decirlo de otra manera: se abre por dentro a la co-existencia.
La persona humana comienza siendo libre gracias a los hábitos superiores (que clásicamente se llaman innatos, pero que en realidad son non natos, porque nacen con la persona).
La sindéresis abre la persona a su obrar.
El hábito de los primeros principios reales abre la persona a la creación.
La sabiduría abra la persona íntimamente y hacia Dios.
La apertura hacia dentro, que abre la persona a la búsqueda de su identidad de hijo de Dios es lo que llamamos "libertad de destinación".
Lo personal es siempre libre, abierto, holgura en la máxima amplitud. ¡Qué bien se está!
La libertad son mis zapatos cómodos.
Glosa a Juan A. García González : Existencia personal y libertad. Anuario filosófico nº 95. 2009, p. 340.2
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Hablamos aquí de la libertad "trascendental" (no de la libertad "de la esencia humana", que es la libertad pragmática y moral).
La libertad trascendental es una de las perfecciones puras de la persona humana
(Polo ha descubierto cuatro : co-ser; libertad trascendental; entender personal y amar donal).
La persona humana es dual en todas sus dimensiones.
La libertad trascendental también es dual.
Sus dos miembros se llaman:
"libertad nativa", el inferior y
"libertad de destinación" el superior.
La libertad nace y co-comienza con la persona.
Ese "nacer" es la libertad nativa.
¿Cómo describir la libertad nativa?
Atendiendo al desdoblarse del ser con los hábitos superiores.
El ser personal no es ser sencillo (el ser sencillo es el universo), no es ser sin más.
El ser personal es "además", co-existe en Dios, con los demás y con el universo.
Pues bien, la libertad nativa es el "co-" del "co-ser" o "co-existir".
Si el ser se desdobla es porque se dispone (tiene esa habilidad) gracias a los hábitos. Por decirlo de otra manera: se abre por dentro a la co-existencia.
La persona humana comienza siendo libre gracias a los hábitos superiores (que clásicamente se llaman innatos, pero que en realidad son non natos, porque nacen con la persona).
La sindéresis abre la persona a su obrar.
El hábito de los primeros principios reales abre la persona a la creación.
La sabiduría abra la persona íntimamente y hacia Dios.
La apertura hacia dentro, que abre la persona a la búsqueda de su identidad de hijo de Dios es lo que llamamos "libertad de destinación".
Lo personal es siempre libre, abierto, holgura en la máxima amplitud. ¡Qué bien se está!
La libertad son mis zapatos cómodos.
Glosa a Juan A. García González : Existencia personal y libertad. Anuario filosófico nº 95. 2009, p. 340.2
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¿Por qué dice Polo que la libertad trascendental es el además del además?
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Porque la persona humana, a la que llama "además" es libertad trascendental.
La libertad personal o trascendental es uno de los 4 radicales de la persona humana, que se convierten entre sí, aunque no del todo, pues se distinguen.
La actividad propia del co-ser personal (que es otro de los 4 radicales) es ser siempre más, inagotable.
Pero el carácter de además tiene dos sentidos: es por un lado más que la operación mental, sobra, y por otro lado se añade a otros seres, buscando su identidad.
Por tanto es el además del además.
También dice Polo que esa actividad libre es "además y además".
Glosa a Juan A. García González : Existencia personal y libertad. Anuario filosófico nº 95. 2009, nota 32, p. 341
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Porque la persona humana, a la que llama "además" es libertad trascendental.
La libertad personal o trascendental es uno de los 4 radicales de la persona humana, que se convierten entre sí, aunque no del todo, pues se distinguen.
La actividad propia del co-ser personal (que es otro de los 4 radicales) es ser siempre más, inagotable.
Pero el carácter de además tiene dos sentidos: es por un lado más que la operación mental, sobra, y por otro lado se añade a otros seres, buscando su identidad.
Por tanto es el además del además.
También dice Polo que esa actividad libre es "además y además".
Glosa a Juan A. García González : Existencia personal y libertad. Anuario filosófico nº 95. 2009, nota 32, p. 341
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¿Libertad o actividad?
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Las averiguaciones de Polo sobre la libertad trascendental nos ofrecen una de esas conclusiones que nos confortan en la contemplación admirativa:
La actividad radical de la persona es libertad.
No se trata aquí de ser libres para escoger azul o amarillo (que son los colores de la R.D. del Congo), o que me dejen hacer lo que quiero.
No, no estamos hablando de la libertad en la esencia humana, sino de la libertad trascendental o libertad radical.
Se trata de que, sin ningún condicionamiento previo, la actividad personal prosigue.
La persona no tiene potencia antecedente.
Polo dice en el tomo I de su Antropología trascendental, p. 230, nt 50, que la libertad trascendental "puede describirse como capacidad directamente activa o no potencial".
Invito a no imaginar el ser personal como un mecano en el que los 4 radicales (co-ser, libertad, entender y amar personales) fueran como tubos de una estructura. No. El ser personal es fuente activa. Los radicales se convierten entre sí.
Pero lo que alcanzamos ahora es a darnos cuenta de que esa fuente activa es libre.
Si miramos al co-ser, veremos que la persona es un ser dual.
Si miramos el entender, veremos que la persona busca su identidad.
Si miramos el amar, veremos que la persona busca quién aceptará su don.
Y en cualquier caso, mirando a la libertad trascendental veremos que la persona recomienza (Piá diría co-comienza) sin cesar.
Ésa es su actividad, la libertad, el juego del amor.
Glosa a Juan A. García González : Existencia personal y libertad. Anuario filosófico nº 95. 2009, p. 341
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Las averiguaciones de Polo sobre la libertad trascendental nos ofrecen una de esas conclusiones que nos confortan en la contemplación admirativa:
La actividad radical de la persona es libertad.
No se trata aquí de ser libres para escoger azul o amarillo (que son los colores de la R.D. del Congo), o que me dejen hacer lo que quiero.
No, no estamos hablando de la libertad en la esencia humana, sino de la libertad trascendental o libertad radical.
Se trata de que, sin ningún condicionamiento previo, la actividad personal prosigue.
La persona no tiene potencia antecedente.
Polo dice en el tomo I de su Antropología trascendental, p. 230, nt 50, que la libertad trascendental "puede describirse como capacidad directamente activa o no potencial".
Invito a no imaginar el ser personal como un mecano en el que los 4 radicales (co-ser, libertad, entender y amar personales) fueran como tubos de una estructura. No. El ser personal es fuente activa. Los radicales se convierten entre sí.
Pero lo que alcanzamos ahora es a darnos cuenta de que esa fuente activa es libre.
Si miramos al co-ser, veremos que la persona es un ser dual.
Si miramos el entender, veremos que la persona busca su identidad.
Si miramos el amar, veremos que la persona busca quién aceptará su don.
Y en cualquier caso, mirando a la libertad trascendental veremos que la persona recomienza (Piá diría co-comienza) sin cesar.
Ésa es su actividad, la libertad, el juego del amor.
Glosa a Juan A. García González : Existencia personal y libertad. Anuario filosófico nº 95. 2009, p. 341
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¿Para qué recomenzar?
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Para amar siempre más.
Hemos averiguado que la libertad, al no tener condicionamiento previo, es siempre recomenzar. (Piá habla de co-comenzar, pero eso es otra historia).
La libertad es una actividad que nace nueva. Por eso Polo llama libertad nativa al miembro inferior de la libertad trascendental (ver etiqueta 5.5.4).
Recomienza ordenándose a la coexistencia, buscando su réplica, buscando quién acepte su don.
Recomenzamos para ejercer la libertad. Si no, seríamos una planta.
Y así renacerá, al responder a la llamada inicial, de la gracia que la hace transcenderse. Dios no la fuerza, la llama.
Glosa a Juan A. García González : Existencia personal y libertad. Anuario filosófico nº 95. 2009, p. 341
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Para amar siempre más.
Hemos averiguado que la libertad, al no tener condicionamiento previo, es siempre recomenzar. (Piá habla de co-comenzar, pero eso es otra historia).
La libertad es una actividad que nace nueva. Por eso Polo llama libertad nativa al miembro inferior de la libertad trascendental (ver etiqueta 5.5.4).
Recomienza ordenándose a la coexistencia, buscando su réplica, buscando quién acepte su don.
Recomenzamos para ejercer la libertad. Si no, seríamos una planta.
Y así renacerá, al responder a la llamada inicial, de la gracia que la hace transcenderse. Dios no la fuerza, la llama.
Glosa a Juan A. García González : Existencia personal y libertad. Anuario filosófico nº 95. 2009, p. 341
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¿Es flexible la libertad personal?
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Juan A. García González utiliza el verbo "desplegar" para designar el juego interno que permite coexistir con quien queremos, cuando queremos y en la medida que queremos.
Juego posible porque el ser personal es dual (co-ser; abierto por dentro; con hábitos).
Yo prefiero hablar de "ejercicio" de la libertad.
Pero a fin de cuentas se trata de lo mismo:
Libremente nos juntamos con quien queremos.
Unas veces nos abrimos hacia fuera, otras veces hacia dentro, buscamos y hasta podemos ir más allá de los abismos, transcendiendo hacia Dios.
Es el juego del Amor.
Glosa a Juan A. García González : Existencia personal y libertad. Anuario filosófico nº 95. 2009, p. 341.2
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Juan A. García González utiliza el verbo "desplegar" para designar el juego interno que permite coexistir con quien queremos, cuando queremos y en la medida que queremos.
Juego posible porque el ser personal es dual (co-ser; abierto por dentro; con hábitos).
Yo prefiero hablar de "ejercicio" de la libertad.
Pero a fin de cuentas se trata de lo mismo:
Libremente nos juntamos con quien queremos.
Unas veces nos abrimos hacia fuera, otras veces hacia dentro, buscamos y hasta podemos ir más allá de los abismos, transcendiendo hacia Dios.
Es el juego del Amor.
Glosa a Juan A. García González : Existencia personal y libertad. Anuario filosófico nº 95. 2009, p. 341.2
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¿Cuándo se ejerce la libertad trascendental?
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Cuando queremos.
Tomás de Aquino en S.Th., I-II, q. 71, a. 4, c., distingue por un lado la posesión del hábito por el alma, que da libertad, pues permite actuar de un modo mejor cuando le parece (cum voluerit).
Por ejemplo, si tengo la virtud de la puntualidad llegaré a tiempo, si quiero.
Y por otro lado la costumbre instintiva del animal, que no da libertad pues la forma sustancial (que sigue al sentido genético del ser o ser primero, tal como explicamos en la etiqueta 17.3.2) actúa "necesariamente".
El alma humana es libre, pues posee hábitos y además tiene la persona dentro.
Libremente vivimos con Dios y con los demás, si queremos.
Y vivimos con pájaros, a los que podemos dejar volar, o meterlos en una jaula.
De ahí la expresión "a modo de virtud" que designa, por ejemplo, una calidad que se ejerce si se quiere.
Soy simpático, cuando quiero.
Glosa a Juan A. García González : Existencia personal y libertad. Anuario filosófico nº 95. 2009, p. 342.2
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Cuando queremos.
Tomás de Aquino en S.Th., I-II, q. 71, a. 4, c., distingue por un lado la posesión del hábito por el alma, que da libertad, pues permite actuar de un modo mejor cuando le parece (cum voluerit).
Por ejemplo, si tengo la virtud de la puntualidad llegaré a tiempo, si quiero.
Y por otro lado la costumbre instintiva del animal, que no da libertad pues la forma sustancial (que sigue al sentido genético del ser o ser primero, tal como explicamos en la etiqueta 17.3.2) actúa "necesariamente".
El alma humana es libre, pues posee hábitos y además tiene la persona dentro.
Libremente vivimos con Dios y con los demás, si queremos.
Y vivimos con pájaros, a los que podemos dejar volar, o meterlos en una jaula.
De ahí la expresión "a modo de virtud" que designa, por ejemplo, una calidad que se ejerce si se quiere.
Soy simpático, cuando quiero.
Glosa a Juan A. García González : Existencia personal y libertad. Anuario filosófico nº 95. 2009, p. 342.2
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¿Tiene la noción poliana de libertad trascendental un antecedente hegeliano?
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En Hegel encontramos la dualidad sujeto-objeto.
El objeto en el que culmina la idea absoluta, es necesario pues abarca la totalidad.
El sujeto es libre en cuanto que conoce esa totalidad.
Puede alienarse saliéndose de la lógica.
Pero su culminar es dios, la idea absoluta, la libertad total, metalógica.
Lo malo es que el ser de Hegel no puede dialogar con un ser superior. Está solo.
No es dialógico, sino dialéctico.
Por lo tanto, aunque encontremos retazos hegelianos en Polo, radicalmente son opuestos.
El dios de Hegel no sabe amar.
Glosa a Juan A. García González : Existencia personal y libertad. Anuario filosófico nº 95. 2009, p. 342.3
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En Hegel encontramos la dualidad sujeto-objeto.
El objeto en el que culmina la idea absoluta, es necesario pues abarca la totalidad.
El sujeto es libre en cuanto que conoce esa totalidad.
Puede alienarse saliéndose de la lógica.
Pero su culminar es dios, la idea absoluta, la libertad total, metalógica.
Lo malo es que el ser de Hegel no puede dialogar con un ser superior. Está solo.
No es dialógico, sino dialéctico.
Por lo tanto, aunque encontremos retazos hegelianos en Polo, radicalmente son opuestos.
El dios de Hegel no sabe amar.
Glosa a Juan A. García González : Existencia personal y libertad. Anuario filosófico nº 95. 2009, p. 342.3
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¿Cómo juega la libertad trascendental?
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1) gracias a la sindéresis dispone, actuando, con docilidad (hace regalos).
2) gracias al hábito de los primeros principios, se retira, dejando estar (ama la creación, es ecologista).
3) gracias al hábito de sabiduría ratifica su altura, alcanzándose a sí misma (es agradecida).
4) gracias a la gracia y los hábitos que la acompañan, cede su primado para buscar transcendentemente, su sentido último (quiere siempre más).
Glosa a Juan A. García González : Existencia personal y libertad. Anuario filosófico nº 95. 2009, p. 344.2
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1) gracias a la sindéresis dispone, actuando, con docilidad (hace regalos).
2) gracias al hábito de los primeros principios, se retira, dejando estar (ama la creación, es ecologista).
3) gracias al hábito de sabiduría ratifica su altura, alcanzándose a sí misma (es agradecida).
4) gracias a la gracia y los hábitos que la acompañan, cede su primado para buscar transcendentemente, su sentido último (quiere siempre más).
Glosa a Juan A. García González : Existencia personal y libertad. Anuario filosófico nº 95. 2009, p. 344.2
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¿Qué sentido tiene la libertad trascendental?
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Coexistir con Dios.
Más precisamente, coexistir en Dios.
Los hábitos superiores son jerárquicos: sindéresis, hábito de los primeros principios, sabiduría y el más alto, la gracia.
La gracia es la llamada inicial de Dios a existir en Él. Es Dios quien abre al hombre a Dios desde Dios.
Más allá de la apertura íntima (interior y hacia dentro), la persona escucha la llamada en cada uno de los trascendentales. Su fruto son las aperturas transcendentales (sí, trans-, que es más que tras-):
gracia en el co-ser,
esperanza en la libertad,
fe en el entender y
caridad en el amar.
Bajemos ahora a la realidad cotidiana: notemos cómo "repercuten" en nuestra vida esas ventanas abiertas en Dios.
Y viviremos una vida divina.
Glosa a Juan A. García González : Existencia personal y libertad. Anuario filosófico nº 95. 2009, p. 344.4
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Coexistir con Dios.
Más precisamente, coexistir en Dios.
Los hábitos superiores son jerárquicos: sindéresis, hábito de los primeros principios, sabiduría y el más alto, la gracia.
La gracia es la llamada inicial de Dios a existir en Él. Es Dios quien abre al hombre a Dios desde Dios.
Más allá de la apertura íntima (interior y hacia dentro), la persona escucha la llamada en cada uno de los trascendentales. Su fruto son las aperturas transcendentales (sí, trans-, que es más que tras-):
gracia en el co-ser,
esperanza en la libertad,
fe en el entender y
caridad en el amar.
Bajemos ahora a la realidad cotidiana: notemos cómo "repercuten" en nuestra vida esas ventanas abiertas en Dios.
Y viviremos una vida divina.
Glosa a Juan A. García González : Existencia personal y libertad. Anuario filosófico nº 95. 2009, p. 344.4
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