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¿Por qué el sufrimiento es el medio más seguro y eficaz para reconocer que somos pecadores?

 


Job 32 : Alegato de Eliú

Anticipándose a la respuesta de Dios, un sabio insertó en el libro de Job sus reflexiones sobre el lenguaje de Job.

Es una ingenuidad creerse sin pecado: incluso en ausencia de faltas externas, siempre permanece el profundo orgullo del hombre, que lo empuja a confiar en sí mismo.

 

Y el sufrimiento es el medio más seguro y eficaz para tomar conciencia de ello.

 

Según la teología de Eliú en el libro de Job, el sufrimiento es el medio más seguro de tomar conciencia del propio orgullo porque rompe las ilusiones de autosuficiencia del hombre. Actúa como una corrección divina y pedagógica.

 

1. El sufrimiento rompe la ilusión (el engaño) del control.

 La enfermedad o la desgracia recuerdan la impotencia absoluta del hombre.

El hombre se da cuenta de que no domina ni su vida ni su destino.

Frente al dolor, el orgullo se derrumba por sí mismo.

2. Reduce el ruido del mundo

El sufrimiento aísla y obliga al silencio interior.

Los éxitos externos ya no pueden ocultar el vacío espiritual.

 El hombre se vuelve finalmente atento a las advertencias divinas que ignoraba.

3. Es una pedagogía de la liberación

Eliú compara el sufrimiento o la enfermedad con un sueño o una visión nocturna que advierte del peligro.

Su objetivo es salvar el alma de la muerte espiritual, que es la soledad o el aislamiento.

No es punitivo, sino purificador para devolver el hombre a la luz.


La concupiscencia en Leonardo Polo según Copilot

 


Respuesta breve:
Para Leonardo Polo, la concupiscencia no es simplemente el deseo desordenado como en la tradición clásica, sino una manifestación de la limitación del hombre: un modo en que la libertad se ve afectada por la tendencia a absolutizar los bienes sensibles, reduciendo la apertura del ser humano a su verdadera trascendencia.


🌿 Concupiscencia en la antropología poliana

Leonardo Polo (1926–2013), filósofo español, desarrolló una antropología filosófica muy original. En ella, la concupiscencia se entiende como:

  • No mera sensualidad: Polo distingue entre el apetito sensible y la concupiscencia. Esta última aparece cuando el hombre absolutiza un bien parcial, como si fuera el bien total.

  • Limitación de la libertad: La concupiscencia es un “error práctico” de la libertad, que se apega a lo inmediato y olvida la apertura hacia el bien pleno.

  • Dimensión ética: No es solo una inclinación natural, sino una distorsión del ejercicio de la virtud. Por eso Polo la vincula con la necesidad de formación moral y con la virtud como corrección.

  • Relación con el pecado original: Polo, en continuidad con la tradición cristiana, reconoce que la concupiscencia es una consecuencia del pecado original, pero la interpreta filosóficamente como una herida en la libertad humana, que tiende a cerrarse sobre sí misma.

📖 Comparación con otras tradiciones

  • San Agustín y Santo Tomás: Para ellos, la concupiscencia es la inclinación desordenada hacia los placeres sensibles.

  • Polo: Va más allá: la concupiscencia es un fallo en la apertura del hombre al bien trascendente, una reducción de la libertad a lo inmediato.

✨ Claves polianas

  • Virtud como antídoto: La virtud abre la libertad hacia el bien real y evita la absolutización de lo parcial.

  • Concupiscencia como cierre: Es un “cierre” del hombre en lo sensible, que impide la plena realización de su ser personal.

  • Antropología trascendental: En el marco de su filosofía, la concupiscencia es una de las formas en que se manifiesta la limitación radical del hombre, que necesita apertura a Dios para superarse.

En resumen, la concupiscencia en Leonardo Polo es la tendencia de la libertad a absolutizar bienes limitados, cerrándose al bien pleno y trascendente. No se reduce a la sensualidad, sino que es un problema más profundo de orientación existencial y ética.


Rápidamente, ¿qué es el pecado original?

 


El pecado original es la pretensión de no ser criatura.
 
Es el error inherente a la libertad nativa.

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¿Qué es el pecado original?

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Según Tomás de Aquino, el pecado original es un pecado de ciencia.

La ciencia propia de Adán habría sido la ciencia sólo del bien (no del bien y del mal), es decir, del bien en tanto que incrementable.

El pecado original es la omisión de dicha ciencia y su sustitución por la ciencia del bien y del mal, que compromete al hombre en actividades indebidas.


De esto se habla en L. Polo. Antropología trascendental. Tomo I. La persona humana. p. 173.2
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¿Monogenismo o poligenismo?

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José Ángel  Gª Cuadrado en el libro de Antropología teológica publicado por Eunsa tiene un capítulo consagrado a la Evolución y un párrafo en el que responde a nuestra pregunta sobre el monogenismo (en la página 222.2).

Allí dice que hay que conservar las fórmulas por prudencia (fórmulas de Pío XII en la Humani generis), pero que si un día la ciencia prueba que el hombre viene de varias parejas, se podría salvar la herencia común del pecado original.

Dice así : Los documentos magisteriales no han llegado a definir como de fe el monogenismo, aunque esta interpretación concuerda más fácilmente con una interpretación literal de los libros revelados.

Concretamente, en un documento publicado en respuesta a algunos errores contenidos en el Catecismo holandés se lee lo siguiente : “Si algún día la ciencia probara el poligenismo, habría que concluir que la verdad de fe, expresada en fórmulas cuyo sentido obvio es monogenista, tendría que ser despojada, como de una escoria, de ese sentido aparente”.

No obstante, la formulación monogenista explicaría de una manera más fácil la verdad de la transmisión del pecado original; por esta razón en ese mismo documento se afirma:
“La Iglesia se mantiene adicta a la perspectiva monogenista, y esta actitud es prudente".

En efecto, los enunciados tradicionales sobre Adán y Eva, y sobre el género humano caído en Adán (aunque en su forma no tengan que tomarse al pie de la letra), la Iglesia sabe que contienen una verdad perteneciente a la historia de la salvación, verdad que el Magisterio tiene la misión de salvaguardar.

No podría decir lo mismo, en estos momentos, de las fórmulas poligenistas. Por consiguiente la Iglesia conserva y pide que se conserven los enunciados tradicionales, considerando que son los únicos que con certeza salvaguardan lo que la fe nos ha dado.

Pero la Iglesia lo hace sin cerrar los ojos ante los problemas que suscitan los descubrimientos científicos.

De hecho los últimos documentos magisteriales no han tratado explícitamente la doctrina del monogenismo como necesaria para la comprensión cristiana de la realidad del pecado original.

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Adán y Eva históricos y a la vez prototipos

 

La doctrina católica afirma la realidad histórica de Adán y Eva como la primera pareja humana, cuyo pecado tuvo consecuencias para toda la humanidad.

 

Pero siendo figuras históricas, son, a la vez, figuras emblemáticas que representan el origen y la condición de toda la humanidad.

 

Ser figura emblemática, o prototipo, no va en contra de que sean, a la vez figuras históricas.

En tanto que emblemáticas “representan” o son el prototipo de toda la humanidad.

 

León XIV, en la audiencia del 11 de junio de 2025 tiene una frase en la que habla de “representación” :

 

“Jesús, con su muerte, fue a buscar a este Adán que cayó y que representa a cada uno de nosotros".


Podemos decir que Adán y Eva, a la vez, son figuras históricas y prototipo de cada persona humana.


Adán y Eva como “prototipo” son los protagonistas de la Antehistoria poliana.

 

La naturaleza histórica de Adán y Eva y de todas las personas humanas está marcada por el pecado original, que sucede en la Antehistoria.

 

En la Antehistoria, Adán y Eva son las figuras emblemáticas de lo que sucederá en la historia con cada persona humana.


¿Es lo mismo Antehistoria que Prehistoria?

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La Antehistoria no es una mera prehistoria.

 La Antehistoria es el Plan de Dios cuando decide autodonarse a nuevas personas creadas.

Por tanto, la Antehistoria no es todavía Historia.

 

Es solamente el Plan de Dios, que debe entenderse como la “integridad esencial” con la que Dios crea al hombre con vistas a su culminación definitiva.

 

Sin embargo, esta integridad es herida en la Antehistoria, porque la posibilidad de pecar es inherente a la libertad humana, el error peculiar de la libertad.

 

En el Plan de Dios, es decir, en la Antehistoria, hay también un Redentor, si se le ama, la persona no puede pecar.

 

La historia del universo físico no es lo mismo que la Historia de cada persona humana.

Cuando Dios crea una persona comienza una nueva Historia personal.

Como la persona creada es libre tiene la posibilidad de pecar. Su Historia comienza al mismo tiempo que su pecado original histórico.

Si en la Historia ama a su Redentor, esa persona, gracias a su Comunión de Amor con el Redentor, no puede pecar.

 

¿Cuándo se cierra la Antehistoria? La Antehistoria nunca se cierra pues Dios no cambia su Plan.

 

La Historia humana es solidaria de la Antehistoria.

Sin embargo, la Historia humana comienza con la creación de cada persona humana que es concebida con el pecado original, la posibilidad de pecar.

En la concepción se unen la Antehistoria y la Historia.

 

En la Historia de cada persona humana no vemos la Antehistoria (es como si estuviera “cerrada”), lo que vemos son sus decisiones libres históricas, que pueden ser pecaminosas, salvo que gracias a la Comunión con el Redentor, sean del agrado de Dios.

 

Es así como puedo entender la frase poliana que dice que “La humanidad es solidaria del primer pecado, que cierra la antehistoria y comienza la historia”. Aquí el primer pecado es, a la vez, el de la Antehistoria y el de la Historia personal.

 

En la Historia de la humanidad el pecado se propaga. Historia que pudo haber sido de otra manera (pues realmente somos libres). Feliz culpa, sin embargo, que mereció, en la Antehistoria y en la Historia, un tal Redentor.


¿Cómo pienso el pecado original?

 


Lo pienso, primero, en Lucifer.

Dios crea a Lucifer a su imagen, con capacidad infinita de Amor.

Pero, oh sorpresa, Lucifer se aísla en su soledad, al conocerse tan bello.

 

Y lo pienso, segundo, en cada bebé que nace inocente.

Nace con capacidad infinita de Amor.

Sin embargo, un día, el niño pierde su inocencia, abriendo la puerta a una adición (por ejemplo, la mentira) que desde entonces le acompañará toda su vida, como tentación recurrente.

 

Mi pecado original es el pecado por el que perdí mi inocencia.

 

Para prevenir ese desastre, Dios se hace Niño.

Gracias al Bautismo poseí el antídoto para no pecar.

Pobre de mí. A pesar del antídoto, pequé.

 

¿Por qué María no podía pecar?

 


María no podía pecar porque Dios la llenó de gracia desde su concepción, es decir, le dio una libertad tal como la tendremos nosotros  en el Cielo.

En el Cielo, siendo libres, no podremos pecar porque Dios nos habrá introducido en su Amor, en su Vida eterna.

 

El pecado es el error inherente a la libertad.

Pero la libertad de María, como la nuestra en el Cielo, ya no puede errar, porque es la libertad del Amor. Es la libertad tras el Juicio particular que nos hace entrar en la Vida eterna del Amor.

 

Cuando Dios crea a María sabe que es humilde, que nunca será como el diablo, que quería ser como Dios, negándose a ser criatura.

 

Dios inaugura con María la Vida nueva, la Nueva creación fruto de su Resurrección.

 

Este es el meollo del Misterio Pascual.

 

Dios ha aceptado libremente el sufrimiento de la Cruz causado por los pecados. Nos crea y respeta nuestra libertad porque sabe que un día, tras el Juicio, seremos como María.

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¿Es el pecado original un pecado de ciencia?

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Sí. El pecado original es un pecado de ciencia.
Es la ciencia del bien y del mal.

La ciencia de Dios es sólo para el bien.

Descubrir que podemos actuar sin Dios es la ciencia del bien y del mal.

Dios no puede hacer el mal.

Decir que podemos ser Dios al comer el fruto del árbol de la ciencia del bien y del mal es la gran mentira del mentiroso.

Es el engaño que nos deja huérfanos.
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¿Qué es el pecado original para nosotros?

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El pecado original para nosotros, al ser concebidos, es un estado de privación. Una carencia con la que todos nacemos. La orfandad original.

Polo defiende la existencia de una revelación primitiva por la que los hombres fueron conscientes de esa carencia.

El hombre se dio cuenta de que no conocía y amaba a Dios como debiera.

¿Por qué? Porque nos hemos alejado, desde el origen, de Dios.




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¿Cómo explica BXVI el pecado original en la Audiencia del 6 de febrero de 2013?

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Copio lo que dijo :

"De los relatos de la creación, me gustaría destacar una última enseñanza: el pecado engendra el pecado y todos los pecados de la historia están interrelacionados. Este aspecto nos lleva a hablar de lo que ha sido llamado el "pecado original".

¿Cuál es el significado de esta realidad, difícil de entender? Quisiera sólo dar algún elemento.

En primer lugar, debemos tener en cuenta que ningún hombre está encerrado en sí mismo, nadie puede vivir de sí mismo y para sí mismo; nosotros recibimos la vida del otro y no sólo en el nacimiento, sino todos los días.

El ser humano es relación: Yo soy yo mismo solo en el tú y a través del tú, en la relación de amor con el Tú de Dios y el tú de los otros. Pues bien, el pecado perturba o destruye la relación con Dios, su presencia destruye la relación con Dios, toma el lugar de Dios.

El Catecismo de la Iglesia Católica afirma que con el primer pecado el hombre “hizo elección de sí mismo contra Dios, contra las exigencias de su estado de criatura y, por tanto, contra su propio bien” (n. 398). Perturbada la relación fundamental, son puestos en peligro o destruidos también los otros polos de la relación, el pecado arruina las relaciones, así lo destruye todo, porque nosotros somos relación.

Ahora bien, si la estructura relacional de la humanidad viene malograda desde el principio, todo hombre entra en un mundo marcado por esta alteración de las relaciones, entra en un mundo perturbado por el pecado, que le marca personalmente; el pecado inicial daña y hiere la naturaleza humana (cf. Catecismo de la Iglesia Católica, 404-406).

Y el hombre, por sí solo, no puede salir de esta situación; sólo el Creador puede restaurar las justas relaciones. Sólo si Aquel, del que nos hemos desviado, viene hacia nosotros y nos tiende la mano con amor, las justas relaciones pueden reanudarse. Esto se realiza en Jesucristo, que cumple exactamente el recorrido inverso al de Adán, como describe el himno del segundo capítulo de la Epístola de San Pablo a los Filipenses (2:5-11): mientras que Adán no reconoce su ser criatura y quiere ponerse en el lugar de Dios; Jesús, el Hijo de Dios, está en una perfecta relación filial con el Padre, se rebaja, se convierte en el siervo, recorre el camino del amor humillándose hasta la muerte en la cruz, para reordenar las relaciones con Dios. La Cruz de Cristo se convierte así en el nuevo Árbol de la vida".


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¿Corrobora el Catecismo de la Iglesia católica la definición que hemos hecho del pecado original?

 


Absolutamente.

Porque el Catecismo dice en su punto 396 :

Dios creó al hombre a su imagen y lo constituyó en su amistad.

 

Criatura espiritual, el hombre no puede vivir esta amistad sino en la libre sumisión a Dios.

 

Así lo expresa la prohibición hecha al hombre de comer del árbol de la ciencia del bien y del mal: "Porque el día que de él comieres, ciertamente morirás" (Gn 2, 17).

 

El "árbol de la ciencia del bien y del mal" (Gn 2, 17) evoca simbólicamente el límite infranqueable que el hombre, en cuanto criatura, ha de reconocer libremente y respetar con confianza.

 

El hombre depende del Creador, está sometido a las leyes de la creación y a las normas morales que regulan el uso de la libertad.

 

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Vean cómo aparecen las nociones de criatura y libertad.

No solamente el hombre depende de Dios como los animales, sino que también debe usar de su libertad respetando, con confianza, las normas morales.

 

Es bonito cómo se introduce en la definición la “confianza”. 

Dios no es solamente Creador, es sobre todo, Padre.


¿Podemos entender filosóficamente "la caída" trascendental del hombre?

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Sí.
No es solamente un dato de la Revelación judía y cristiana. El pecado original, la caída, puede ser entendido desde laantropología trascendental.

No es tampoco una originalidad poliana.

Platón, por ejemplo, habla de caída y redención.

Rousseau habla del instante dichoso que hizo de un animal estúpido y limitado, caído, un ser inteligente.

También Kant hace una interpretación de la caída, considerándola como la condición de posibilidad de la libertad.
No hacer caso a la propia naturaleza, dice, es lo que hace posible la libertad, lo que abre la posibilidad de que el hombre se haga a sí mismo.
Dice por ejemplo en "En defensa de la Ilustración": el primer paso fuera del estado de naturaleza fue, por el lado moral, una caída… la historia de la naturaleza comienza, por tanto, con el bien, pues es la obra de Dios; la historia de la libertad con el mal, pues es la obra del hombre.

La caída es así, según Kant, emancipación, quedando la vida del hombre en sus propias manos y cerrando la vía antropológica hacia Dios.

Polo dirá que la postura de la Ilustración es un postulado ilusorio, que sólo se sostiene porque nunca se logrará disponer completamente de sí. Si consiguiéramos "realizarnos" completamente ¿para qué nos serviría, si no encontráramos quien recibiera nuestro don?

La caída es caída. Es "ignorar" que no tenemos réplica en nuestro interior, y por eso ignorar también que sólo con el autotrascendimiento alcanzaremos a saber quiénes somos.

Si la dinámica racional o voluntaria se absolutiza, comparece la nada (Polo, La persona humana y su crecimiento, p. 192).

De esto habla Rafael Corazón en su artículo "Antropología trascendental y Antropología teológica", en el libro homenaje a Ignacio Falgueras, Autotrascendimiento (J.A. García y J.J. Padial) p. 311.2 y 317.3

En cuanto a la "nada", pueden ustedes ir a la página "Distinción. Nada. Creación" en lo alto de este blog.


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¿Qué es la caída trascendental?

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"Trascendentalmente" hubo una caída (que se corresponde con lo que la teología llama pecado original). 

No es otra cosa que la comunión con el maligno, con el don "nadie". 

 

Gracias al mito del ascensor acristalado podemos entender el crecimiento de la persona humana. Se trata de una Página del Blog a la que se accede desde este enlace : https://preguntaspolianas.blogspot.com/p/el-mito-del-ascensor-acristalado.html


¿Un buen antídoto contra el pecado original y contra el pecado en general?

 


El gran antídoto contra el pecado es la oración de petición.

Si el pecado original es la pretensión de no ser criatura, el niño que reza, María humilde, son el camino para someter nuestra libertad nativa, libremente, a nuestro destino (libertad de destinación: dar gloria a Dios).


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¿La prohibición de comer del árbol es meramente normativa?

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No.

La proposición poliana de profundizar en la distinción real de acto de ser y esencia permite comprender que la prohibición de comer del árbol del Paraíso es mucho más que una prohibición normativa.

Es una prohibición ontológica.

Esa prohibición ontológica consiste en decir que el hombre no puede disponer de su disponer. La esencia humana es el disponer "indisponible". No debemos manipular nuestra naturaleza reduciéndola a nuestro capricho, haciéndonos señores del bien y del mal.

Disponemos del mundo, disponemos aceptando y dando dones a los otros, pero no podemos prescindir de nuestra manifestación: siempre tendremos que dar cuenta de nuestro actuar. No somos autonomía absoluta.

La persona que somos no "domina" su esencia. Nuestra esencia es distinta realmente de nuestro acto de ser.
Nuestro acto de ser es la persona que somos, y la persona que somos no se hace a sí misma con su disponer, porque su disponer, aunque tenga una cierta antecedencia, es solamente uno de los encauzamientos posibles de la persona, de la libertad de la persona, sin confundirse con la persona que es más amplia (está incluida en el ámbito de la máxima amplitud). La persona que somos "desborda" y es responsable, ante Dios y ante los demás, de su disponer. Su "disponer" no es solo suyo

Si tristemente el hombre quiere reducirse a su despliegue solitario, le acaece lo que se llama conversión a las criaturas. Pretende "cosificar" su esencia, por lo que se cosifica a sí mismo.

Es ahí donde está la tragedia humana. La prohibición de comer del árbol no es meramente una prueba de obediencia, sino la señalización de la condición ontológica de "criatura", libre.

Querer disponer de nuestro disponer es contrario a la distinción real de "esencia humana" y "acto de ser personal", pues por un lado se pretende que el acto de ser sea el disponer del disponer, reduciéndose a disponer y perdiendo la libertad.

Y por otro lado, al querer identificar la persona con su disponer, se pretende no ser criatura. Eso es querer ser como Dios.

En efecto, en Dios Ser y Esencia se identifican. Dios Es lo que Es.

Si la persona humana fuera solamente lo que es su esencia, no habría distinción real, pues sería sólo lo que es. (Ésa es la pretensión de Nietzsche: querer que el yo sea solo voluntad, querer. Pensar que el ser que soy son solo mis obras).

La persona humana no dispone de su disponer (de su esencia), sino que dispone con su esencia (con su disponer) y dará cuenta de su disponer.

Inspirado en el Cuaderno de Polo sobre la esencia humana p.108.5


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¿Cuándo la libertad alcanza su destino?

 



La  libertad alcanza su destino cuando el don de nuestra vida, nuestro don, nuestra esencia humana, se une al Don siempre nuevo de Dios.

 

Ésa es la respuesta adecuada a mi vocación : al Don de Dios para mí, siempre creciente, se añade mi don, el don de mi vida : es el Don-don.

Entonces la libertad ya no puede volverse atrás pues vive eternamente unida al Don de Dios, al Espíritu Santo.

 

La libertad de destinación ha alcanzado su destino: ser siempre Amor, Comunión con Dios.

 

Sabremos que lo hemos alcanzado en el momento de nuestro Juicio particular, que es cuando Dios acepta mi don, que deviene Don-don.

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¿Por qué algunos pueden ser preservados del pecado original y otros no?

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Quizá nos acerquemos a una buena respuesta recordando las ideas sobre la distinción real entre acto de ser personal y esencia humana, difundidas por Juan A. García en su blog.

La esencia humana, apunta Juan, tiene una cierta antecedencia.

El acto de ser no es causa, sino fin, destino.

Y me parece que es por esta vía  como se puede entender mejor el pecado original.

Pues la pregunta que la gente hace es: ¿por qué Dios no me ha preservado también a mí del pecado original?

El plan de Dios es que no pequemos. Pero nuestra vida antecede al querer de Dios.

Si el pecado original, como proponemos, es la pretensión de no ser criatura inherente a la libertad nativa, solamente la persona humilde, antecede a la libertad de destinación, es decir, a la Comunión con el querer de Dios.

La respuesta antecedente de María, hizo que el plan de Dios se cumpla.

Pienso que otras mujeres y otros hombres pueden ser preservados del pecado original.
María lo fue pues Dios buscó una de esas mujeres en su Pueblo, Israel, para llenarla de su gracia santificante. 


Juan A. García, en su blog sobre Polo, del día 4 de abril 2010, aborda la distinción.
Si quieren ustedes leer una síntesis de la distinción real esencia – acto de ser, vayan al principio de este blog, a la página (en rojo) ""Esencia – Ser. Su distinción"
La etiqueta 1.7.0 contiene las preguntas sobre la distinción real.


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¿Es el cuerpo humano inmortal?

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El cuerpo del hombre, como el de los animales, desparecerá por razones biológicas.

Sin embargo, el cuerpo humano es inmortal en la medida en que es esencializado.

Pongamos un ejemplo. Mi espíritu podrá siempre volver al día en que mi madre me compró el libro "Aventura en el río".

Podremos reconocer como "nuestros" los ámbitos en los que el cuerpo se ha prolongado, sea en obras culturales, sea en expresiones simbólicas corporales.

Si la unión entre alma y cuerpo es más completa somos inmortales.

Incluso los cuerpos de los niños abortados vivirán en la mente de quien los amó y ama, en la memoria de Dios, que es eterna.

Si somos de carne y hueso es porque para nuestra alma el cuerpo es aún opaco. Debemos abrirlo, con gestos, con símbolos, con trabajo.

En el Paraíso los cuerpos eran transparentes. Adán conocía su sentido, por eso pudo dar su nombre a cada cosa. La presencia de Satán enturbió la mirada y apareció la muerte.

Glosa a Urbano Ferrer. Consideraciones sobre la relación mente-cerebro. Studia Poliana 11,  p.56.3


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