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¿Qué es la inspiración?

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La inspiración es la manifestación de la verdad encontrada.

Inspirar es "manifestar" la verdad encontrada.

Iluminar, por ejemplo, es un modo de "manifestar" esa verdad.


En el momento de la concepción de la persona humana, nace una vida dual, en la que podemos distinguir (sin que hayan existido por separado) una vida recibida de nuestros padres y una vida "añadida", que es actualizada por la persona que acaba de ser concebida. De ahí que podamos hablar de un refuerzo o asistencia permanente de la vida, manifestación de la persona creada.

Pues bien, la vida añadida no se limita a reforzar la vida recibida sino que se "inspira" en ella, manifestándose al ir encontrando la verdad.
Gracias al cuerpo (que en cuanto dimensión de la vida recibida nos sitúa en el mundo) la persona se inspira, se manifiesta, y se compromete.

La inspiración más alta es la que acontece cuando se encuentra, en el tiempo, la verdad personal: es el enamoramiento. La persona canta a su réplica, más o menos bien, según la medida de su inspiración.

La réplica no es una idea fija, acabada, sino que en la medida en que se va encontrando, inspira el canto interminable con el que, en el Hijo, daremos gloria a Dios.


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¿Qué es el encontronazo?

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Polo llama "encontronazo" al encuentro con la Verdad. Con mi verdad personal.

Es encontronazo porque no es un encuentro con una verdad cualquiera, por útil que sea, sino alcanzar lo mejor que nos puede pasar: el desvelamiento de nuestro ser personal que coincide con el origen de la libertad.

Es el primer amor, el enamoramiento que nos lanza a cantar.

Encontrar esa verdad es enamorarse. Es un acto inmenso, un acontecimiento enorme que dará sentido a toda nuestra vida. A partir del encontronazo sabemos cuál es nuestro encargo, el camino de nuestra verdad.

No se trata de un simple encuentro con el dinero que nos faltaba para hacer el viaje. No es la alegría de terminar de escribir un libro. Aquí estamos ante un "encontronazo", lo inesperado, lo que está fuera de toda utilidad. Es la fuente de mi futuro.

Con el encontronazo la libertad se pone en marcha, traspasa la verdad, cantándola. Mi libertad es mi canto. Sin interés.

En la verdad todo el hombre retiembla.

Por eso suelo decir que el encuentro es un encontronazo.





Para saber más pueden ustedes leer: Polo, "La verdad como inspiración", en La persona humana y su crecimiento, p. 201.3

Etiqueta 5.2.1 la verdad y su encuentro;
Etiqueta 5.2.1 la verdad.
Etiqueta 1.1.2 libertad
Etiqueta 5.5.4 libertad personal
Etiqueta 15.0.0 Polo genial


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¿Qué es la verdad "personal"?

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Llamo verdad "personal" a mi réplica.

Siendo la verdad el desvelamiento del ser, si encuentro mi verdad, mi réplica de Dios, mi vida en el Verbo, antecedente de mi futuro, me enamoraré de Aquél que creó mi ser.

Polo formula el "encuentro" con la verdad personal, como "enamoramiento".

Hablamos, claro está, de un enamoramiento "trascendental", del que son pálida imagen los amoríos de la vida.






Para saber más pueden ustedes leer: Polo, "La verdad como inspiración", en La persona humana y su crecimiento, pp. 197-206


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¿Podemos encuadrar la proposición poliana sobre la verdad, en la doctrina tomista?

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Tomás de Aquino se refiere a varios sentidos de la verdad, veámoslos pues la proposición poliana sobre la verdad antropológica  trascendental se puede encuadrar en el tercer sentido tomista:

a) El primer sentido es aquél según el cual verum in esse fundatur, esse causat veritatem intellectus;
Se trata de  la verdad que está en las cosas: las cosas, en cuanto que pueden ser conocidas, se llaman verdaderas. Es lo que se conoce como verdad ontológica.

b) El segundo sentido es la verdad en el entendimiento, como adecuación, es la verdad formalmente considerada.
Se trata de la verdad como adecuación de la mente con la realidad. Aquí la verdad se toma en tanto que está en nuestro conocimiento. Si lo que conocemos es en la realidad tal como lo conocemos, poseemos la verdad de lo conocido.

c) El tercer sentido, al que Tomás denomina efecto consecuente, es la verdad como manifestación o locución.
Se trata de la verdad contenida en nuestras palabras, es decir, la adecuación entre lo que decimos y lo que pensamos. A esta verdad se opone la mentira.


Agustín de Hipona define la verdad como id quod est. Tomás de Aquino no está de acuerdo con él pues considera que el ser es el principio de la verdad, pero no es la verdad.
La verdad formalmente considerada, para Tomás de Aquino tiene estatuto lógico (su segundo sentido).
El ser no es la verdad, sino su causa. La verdad como tal, está en el entendimiento.

Pero después de eso, Tomás de Aquino dice que el entendimiento da un paso más y manifiesta la verdad: es la locutio intellectus. (Su tercer sentido).

Si se me ha entendido, dice Polo,  se comprenderá que la verdad como trascendental antropológico establece como sentido eminente de la verdad este último, en tanto que expresivo de la verdad encontrada.

Correlativamente, en lugar de llamarla, como Tomás efecto consecuente, Polo habla de inspiración.

La proposición poliana sobre la verdad antropológica, trascendental personal, es un inteligir que "encuentra su verdad", que le inspira, y podemos asimilarlo al tercer sentido tomista de la verdad.





Para saber más leer: Polo, "La verdad como inspiración", en La persona humana y su crecimiento, pp. 197-206


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Entonces, ¿libertad trascendental personal significa que soy solamente lo que quiero ser?

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Es frecuente entender la libertad como una toma de postura ante la verdad, pero como si la verdad, por sí misma, no fuera suficiente y necesitara de un plus que sólo una decisión posterior, mía, puede aportar.

Aunque ella sea la más bella, soy yo, pensamos, quien elige que lo sea para mí. No bastaría su belleza.

Aquí, cuando hablamos de la verdad como inspiración, estamos diciendo otra cosa: es la verdad la que me inspira, la que inspira a la libertad, y no al contrario.

Noten la aparición del co-ser, característico de la persona humana: porque ella es bella, le quiero cantar. Le canto porque es bella y es bella porque le canto.

Desde luego, cabe actuar, (decidiéndose libremente por una verdad), solamente en cuanto que la "elegimos", pero entonces nos quedamos en los motivos. Polo llama a esa libertad "libertad según motivos": porque busco mi chica, la elijo, tú eres mi belleza.

Pero entonces no hay trascendimiento, no hay propiamente enamoramiento, la verdad no es traspasada por la libertad, para cantarle.
El autotrascendimiento (que estudiaremos en la etiqueta 1.0.2) nace de la llamada de la belleza que nos convoca y es precisamente el "encuentro" con la verdad de mi vida.

No soy solamente lo que quiero ser. Soy cántico a la verdad que me sale al encuentro. Mi libertad es mi canto.





De esto habla Rafael Corazón en la glosa a Leonardo Polo de su manual Filosofía del conocimiento p. 136


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¿Qué es esa verdad que Polo llama verdad personal, mi verdad?

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Mi verdad personal, mi réplica, es la persona que seré, trascendentalmente, en Dios.

No se trata aquí de la verdad frívola del cesto de Caperucita. Si llevaré a mi abuelita leche o queso, o pan y galletas. No hablamos de la libertad de escoger entre coca o fanta.

Se trata de la noción que Polo, en otro contexto, llama "mi réplica".
Cada uno tenemos nuestra réplica en Dios. Y es ella, mi verdad personal, la que inspira la libertad trascendental que soy, la que la pone en marcha para cantarle.

La libertad trascendental, o mi libertad como persona, se pone en marcha, o se inspira, en el "encuentro" con la verdad de mi ser.
Esta libertad es dual, tiene dos miembros.
El miembro superior se llama "libertad de destinación".
El miembro inferior se llama "libertad nativa".

Destino (somos libres de destinarnos, si queremos).
Origen (nazco en la libertad de la llamada inicial de Dios).
Mi verdad va apareciendo en el trayecto entre mi Origen y mi Destino.
"Encontrarla" es el gran acontecimiento, que inspira trascendentalmente mi libertad y la pone en marcha hacia su Destino.

Nos abrimos así a nuestro Destino, "esperando" que nuestra vida sea aceptada. De ahí que llamemos "esperanza" a la apertura transcendente de la libertad personal.


En Quién es el hombre, Polo prosigue: ¿Y qué es la religión?: es la actividad práctica para vérselas con el más allá.

¿Y quién es el beneficiario?: El Hijo.
Mi réplica está en el Hijo. Mi réplica no soy yo. Es dual.
Es a Él al que canto.

No olviden ustedes que nuestro Origen es el Amor entre el Padre y el Hijo.
El Padre da al Hijo y el Hijo acepta traspasando el Don.
Allí dentro estamos. El beneficiario es el Hijo y la gloria de la Trinidad.







De esto habla Polo en el último capítulo de "Quién es el hombre" pueden ustedes encontrar una síntesis explicativa de ese capítulo se encuentra al inicio de este blog, en la página titulada "Religión y libertad".
Para saber más leer: Polo, "La verdad como inspiración", en La persona humana y su crecimiento, pp. 197-206



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¿Se estanca la verdad al encontrarla?

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No, pues la verdad tiene un destino: es mi verdad personal, mi canto a Dios.

Esto es posible porque el hombre tiene carácter "efusivo", "operoso" (la operosidad es lo que la persona añade al amor).

La libertad trascendental o la persona como libertad es de índole donante. El ser humano es efusivo, aporta.

No se trata solamente de buscar la verdad, sino de alcanzar mi destino a partir de ella. El realizarse es un dar.

Somos más libres cuando actuamos sin motivos, sin intereses, cuando le cantamos a la verdad encontrada. Así lo siente quien tiene una fuerte inspiración. El enamorado





Para saber más pueden ustedes leer: Polo, "La verdad como inspiración", en La persona humana y su crecimiento, p. 202
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¿Cómo crece la persona gracias a la inspiración?

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La persona crece al inspirarse en el encuentro con la verdad.

La libertad personal o, lo que es lo mismo, la persona en cuanto que libertad, dispone u opera el canto a la verdad.
El "disponer" es la esencia de la persona humana, su manifestación, su aportar e iluminar. Su crecimiento.

Sostenemos que la persona humana crece en la medida en que aporta libremente más.
La "obra" es su manifestación, su canto.

De este modo, la conducta humana es elevada a la categoría de don, consistiendo en ser la obra personal, el poema de la persona.

Esta elevación depende del mantenerse inspirada por la verdad encontrada, lo que la hace inventiva: siempre puede dar más. Es el hombre "nuevo". La solución de lo problemático.








Para saber más leer: Polo, "La verdad como inspiración", en La persona humana y su crecimiento, pp. 197-206



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¿Por qué la libertad trascendental o personal es inseparable de la inspiración?

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La libertad personal es inseparable del encuentro con la verdad trascendental que es la fuente de la inspiración.

La persona en cuanto libertad trascendental es-además, y se distingue de la libertad como propiedad de la voluntad práctica (la libertad esencial de los clásicos).

¿Además de qué? Además de la Verdad. Ser-además libremente equivale a ser persona. Ser persona es un añadirse que nace cuando se desvela la verdad.

Es cierto que la verdad que sale al encuentro de la libertad nativa no es la verdad entera. Con todo, la libertad de la persona, sin agotarse (pues siempre se puede encontrar más verdad) se pone en marcha en tanto que se añade al ser actuoso que se desvela.

A ese añadirse inspirado, Polo lo denomina "carácter de además".








Para saber más leer: Polo, "La verdad como inspiración", en La persona humana y su crecimiento, pp. 197-206
Piensen los teólogos el alcance de la antropología poliana: si Cristo es la Verdad, el hombre es hijo además del Hijo, en el Hijo, añadiéndose.


¿Es lo mismo la libertad según motivos que la libertad personal?

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No.
La libertad personal (co-ser trascendental), o la persona como libertad, o la persona en tanto que libertad, no es necesitante, no actúa según motivos.

Pensar la libertad solamente como la posibilidad de elegir, entre diferentes motivos, aquél que más me mueve, es un planteamiento de la libertad que impide entender lo que es la libertad trascendental (libertad personal).

El paradigma de este error lo constituirá la filosofía de Leibniz, en la que no hay rastro de la persona.

La libertad según motivos no resulta bien pensada, porque el motivo está "gobernado" por lo que se intenta conseguir. En realidad estaríamos obligados a elegir lo que nos parece  mejor.

Tomás de Aquino parece sucumbir a este planteamiento de la libertad "de acuerdo con motivos" cuando sostiene que la generación del Hijo, en la Trinidad, no es libre.
Sin embargo, él mismo dice que el Verbo de Dios no es el Padre entendiéndose a sí mismo, sino "el engendrado" por ese entenderse a sí.
Comprende que el Hijo no se reduce a ser objeto de conocimiento, es decir, a ser entendido. El Hijo traspasa el ser entendido, no es una mímesis ideal sino una realidad "personal".
El intríngulis de la libertad que se convierte con la persona (la libertad que llamamos trascendental) está en ese "traspasar".

Quizá le hubiera ayudado  a formular la libertad trascendental si hubiera pensado (Tomás) en la novedad de la generación artística. La obra de arte es un desarrollo "personal" de la verdad encontrada. Es la "inspiración" la que llama a "cantar" lo encontrado.

Se abre camino al andar. Por lo tanto, no hay "mejor" camino, no hay un camino que sea mejor. Somos libres para componer nuestro canto.
Y no porque estemos hechos así, como el que tiene hambre y busca satisfacer su apetito, sino porque la verdad encontrada nos inspira. Nos ha enamorado.

Encontrar la verdad no es terminal, sino que despierta la inspiración.

La libertad según motivos está a nivel de los medios que poseemos para nuestro arte. Elegiremos escultura, pintura o cine, o música, según los talentos recibidos o adquiridos.

Pero la libertad radical, o personal, o trascendental, no resulta bien pensada si la pensamos según motivos, porque el motivo está gobernado por lo que se intenta conseguir. Valdrá lo que valga lo que buscamos.

En cambio, cuando se trata de una generación artística, su novedad, su valor,  se encuentra en la obra hecha como desarrollo "personal" de la verdad encontrada.

El hambre se apaga al comer. Ahí no hay encuentro sino cita con el deseo.
Cosa distinta es encontrar la verdad. Ese encuentro no es terminal, sino que des­pierta una inspiración. Mientras que el hambre es cosa de necesitar, en el encuentro con la verdad hay un trascenderse en la obra. Aquí funciona la propia capacidad, allí el nece­sitar.

Siempre que hay valores útiles en el antecedente moti­vacional, es exigida una satisfacción terminal. En cam­bio, en el encuentro hay que hablar de gozo; una situación de sobreabundancia, que tal vez no sea suficiente, pero en todo caso no es necesitante.

En definitiva, la libertad según motivos satisface necesidades mientras que la libertad trascendental se inspira en llamadas.






Copia y glosa de Polo, "La verdad como inspiración", en La persona humana y su crecimiento, p 200.
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¿Es la libertad personal la capacidad de realizar nuestros deseos?

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No exactamente.
A pesar de la nobleza del "desear", poder amar es más que desear.
La voluntad sí que es una tendencia, un deseo; pero la libertad personal puede no desear nada, sino, al contrario, puede ponerse al servicio de la verdad.

Entender la vida como donación es muy distinto de entenderla como satisfacción de las propias necesidades o deseos. Y enamorarse es eso, darse cuenta de que el sentido de mi vida está en esa verdad que me inspira.

La verdad no es el fin o el término a partir del cual hemos de dirigir la conducta (porque quiero conseguir eso, me muevo hacia eso), sino que puede ser una fuente de inspiración capaz de movilizar a la persona.

Polo dirá: "cuando uno encuentra su vocación ha de vivirla, y al vivirla, la verdad se despliega a partir de su "encuentro".









De esto habla Rafael Corazón en la glosa a Leonardo Polo de su manual Filosofía del conocimiento p. 136.3
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¿Quién va por delante, el tener o el dar?

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Ni el uno ni el otro.

El planteamiento clásico da la preeminencia a la razón (que es un "tener"). La libertad se manifiesta aquí en la capacidad de decidir entre los medios que la razón práctica propone para alcanzar el fin (el fin es otro "tener" más alto, que nos viene dado).

El planteamiento moderno da la preeminencia a la voluntad, identificándola con la libertad espontánea de hacer lo que me da la gana.

Polo ajusta el problema. La libertad trascendental, que se convierte con cada persona, es la inclusión atópica en el ámbito de la máxima amplitud, que es Dios.
La preeminencia la tiene el Creador. Que nos da el tener y nos llama simultáneamente a dar, según nuestro querer.

La Verdad no es así una "forma" impuesta desde fuera (su amplitud es máxima e irrestricta).
Esta Verdad que inspira con su encuentro es el enamoramiento. Y nuestra libertad personal (trascendental) es nuestro canto enamorado a la Verdad.

Cada uno, según sus circunstancias, buscará (libertad esencial) los medios más adecuados para el poema o cántico que es su vida.








Para saber más leer: Polo, "La verdad como inspiración", en La persona humana y su crecimiento, pp. 197-206
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¿Es la verdad un fardo insoportable como dice Nietzsche?

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Nietzsche vislumbra la filosofía de lo irracional. La verdad "racional" esclavizaría. Pero al no saber amar, no entiende la felicidad de la Providencia. No deja cabida a la sorpresa de ser "predilectos" de Dios. Hijos.

La verdad no es el desvelamiento de un ser mastodóntico, parmenídeo, monolítico. Eso sí que es un fardo.

Lo más propio de la verdad es la apertura de un horizonte sin término. El Ser nos guarda maravillas insospechadas. No es una rueda, sino fuente eterna.

Lo que es insoportable es vivir para uno mismo o servirse de la verdad encerrándose en la propia finitud. Ahí está la frustración y el fardo (que no es ligero).

Aceptar la verdad no significa someterse a algo externo que se nos impone. La verdad libera, no esclaviza; abre a la trascendencia, no cierra posibilidades.

La verdad despierta el amor (cuando nos enamoramos) y nos hace creativos.
Agustín de Hipona lo expresó bien: ama y haz lo que quieras.

La verdad no es el término de un camino, sino una fuente de inspiración para que la persona desarrolle su libertad.


La verdad de Nietzsche sí que es insoportable, por aburrimiento, como son insoportables las solitarias tardes del domingo, que se hacen tan largas para la vieja en el asilo.







De esto habla Rafael Corazón en la glosa a Leonardo Polo de su manual Filosofía del conocimiento p. 136.4

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¿A qué llama Polo "enamoramiento"?

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A la sustitución de la "motivación" por "la verdad encontrada" puede llamarse "enamoramiento".
Cuando la verdad puede sustituir toda motivación, estamos enamorados.

La verdad útil es "motivo" para obrar, nos mueve a elegir.

Pero ahora se trata del "encuentro" con la verdad que inspira, no la verdad útil, sino la que desvela nuestro destino. Es "ésta", (esta mujer), y me enamoro.

No es cierto que haya siempre motivos (ni que busquemos obstinadamente motivos ocultos e inconfesables).

Tomás de Aquino también lo vio cuando escribió  en S.Th., II-II, q. 180, a. 3: "la admiración es una forma de temor producida en nosotros por el conocimiento de algo que excede nuestro poder. Por lo tanto, es consecuencia de la contemplación de una verdad sublime, pues ya hemos dicho que la contemplación termina en la verdad".

A mi entender, sobra ese "terminar".
Pues ese temor no es paralizante, sino todo lo contrario. La verdad no paraliza al hombre como si fuera fin "último" del conocer. Más aún, esta verdad "personal" despierta el amor y la admiración, y no porque nos "mueva" a algo distinto de ella, sino como homenaje o entrega a la propia verdad.
Lo que "mueve" en el "encuentro con la verdad" es generosidad pura.

Por eso, más que decir que la contemplación "termina" en la verdad, deberíamos decir que se "inspira" en la verdad.

Ahora bien, la verdad que nos enamora puede ser una verdad que no sea la plenitud de la verdad o verdad sublime.
En cualquier caso, su belleza nos convoca.

No se trata de que la verdad se nos imponga de tal modo que nos quite la libertad; al contrario, "la operatividad" del enamorado (la que sigue al "encuentro con la verdad"), aunque no quepa sin la verdad, es aportada por la libertad.

Es esta verdad la que nos hace libres, pues su encuentro es inspiración que nos orienta.



Así glosa Rafael Corazón a Leonardo Polo en su manual Filosofía del conocimiento p. 135

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