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¿Por qué decimos que en el cielo nuestra esencia estará por encima de nuestro acto de ser?

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La Esencia divina es el Espíritu Santo.
El Espíritu Santo es el Don de Dios, la Vida divina.
 
Pues bien, llegamos al Cielo cuando nuestra vida (nuestro don) es aceptado en el Juicio por el Amor de Dios.
Entonces el Don asume nuestro don, somos Don-don.
 
En la Vida eterna nuestro crecimiento sigue libremente al Espíritu Santo.
 
La persona que somos se manifestará, libremente, con el Espíritu Santo, que está por encima de ella.
Nuestra esencia, nuestra vida, estará así por encima de nuestro ser personal. Es el Don-don.

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El carácter de además, como muy bien explica el profesor Juan A. García, se mantiene sin término.

Es decir, que en el Cielo, el co-ser sigue siendo “además”.

Su sentido “transversal” es la producción de su esencia. Su manifestación.

Pero en el Cielo, el don de la persona humana es aceptado por el Espíritu Santo. Es el Don-don.

Seguiremos creciendo, seguiremos manifestándonos libremente, pero ahora al modo “eterno”. Seremos trinos (como le gusta a Juanfer) o, seremos 4 (si contamos con María.


¿Qué es la glorificación?

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La glorificación es el encuentro definitivo con Dios, en el que conoceremos cómo Dios nos conoce: como hijos que serán siempre "además", jugando y cantando eternamente.

 

Gracias al mito del ascensor acristalado podemos entender el crecimiento de la persona humana. Se trata de una Página del Blog a la que se accede desde este enlace : https://preguntaspolianas.blogspot.com/p/el-mito-del-ascensor-acristalado.html


Esa verdad que es el conocerse, ¿se puede dar sin el amor?

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Es imposible conocerse enteramente sin el Otro. Sin el Amor del Otro.

Lo característico de la persona es el coexistir.
La persona nunca está aislada.
Una persona única es un absurdo pues no coexistiría.

El coexistir o co-ser, no es una relación externa o sociológica, sino una característica trascendental, radical. Nunca somos, íntimamente, "solos". 
Dependemos siempre de otro. Estamos abiertos al otro.

Conocerse implica, por lo tanto, conocer nuestras dependencias.
Y si no queremos conocerlas, no nos conoceremos.
La voluntad, el amor correspondido, aporta el conocimiento de sí aceptando al otro.
Cuando hay enamoramiento, hay más correspondencia.

El único que puede decirme quién soy entera y realmente es Dios.
Mi ser entero depende de Él. Coexisto en Él.

El hombre se conocerá absolutamente a sí mismo sólo en el amor de Dios, en la comunión en Dios, al saber que me acepta, aceptando mi vida.
Y al saber que me perdona y hace la fiesta conmigo y con los míos, que son suyos. La amistad es comunitaria. Los dos (o los mil) quieren lo mismo.

La única clave de bóveda de este asunto  es el Amor de Dios.

En la otra vida  el desve­lamiento será completo: es el “conoceréis como sois conocidos”, del que habla San Pablo. O sea, conoceremos como Dios nos conoce y co­noceremos a Dios como Él nos conoce. Amaremos a Dios como Él nos ama.








Ideas inspiradas en la pregunta nº 35 de "ANALÍTICA DEL AMOR". Entrevista de Juan Cruz Cruz con Leonardo Polo, que pueden ustedes encontrar en el nº 33 de la revista Miscelánea poliana.

Para saber más vayan a las etiquetas de este blog:
18.1.1 analítica del amor;
1.2.2 amor;
1.5.0 otro;
6.2.0 el yo y la sindéresis.
5.18.0 glorificación o encuentro con Dios


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¿Podemos realizarnos en un proyecto?

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No. No podemos realizarnos en un proyecto.
Un proyecto no puede colmarnos.
Ningún proyecto, por importante que sea, es completamente absor­bente.
Nuestra capacidad de comunión, de amor, desborda cualquier proyecto.

Por ejemplo, eso de “casarse con la empresa” no tiene sentido.

"Un proyecto" no agota todos mis proyectos.
Yo no puedo encauzar mi querer enteramente por ahí. Yo no me puedo recono­cer enteramente ahí.

La única clave de bóveda de este asunto  es Dios; pues sólo en Él se puede uno reconocer enteramente.
Ningún hombre, ninguna mujer, puede colmar mi capacidad de amar. Solamente Dios.

En el amor de Dios uno se reconoce por completo, supuesto que el amor de Dios sea, en esta vida, un gran proyecto.

En la otra vida será un desve­lamiento completo: es el “conoceréis como sois conocidos”, del que habla San Pablo. O sea, conoceremos como Dios nos conoce y co­noceremos a Dios como Él nos conoce.










Ideas inspiradas en la pregunta nº 34 de "ANALÍTICA DEL AMOR". Entrevista de Juan Cruz Cruz con Leonardo Polo, que pueden ustedes encontrar en el nº 33 de la revista Miscelánea poliana.

Para saber más vayan a las etiquetas de este blog:
18.1.1 analítica del amor;
1.2.2 amor;
1.13.0 familia y amor;
5.18.0 glorificación o encuentro con Dios

Pinchen aquí para acceder a la entrevista completa: http://www.leonardopolo.net/revista/revista.html



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¿Cuál es el sentido último de la persona humana?

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Una frase muy citada y comentada que muestra que la verdadera exaltación del hombre no es antropocentrismo es la conocida afirmación del n. 22 de Gaudium et spes: "El misterio del hombre solo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado", es decir, de Cristo.

En Él está la plenitud humana; Jesucristo (Dios y hombre) es el hombre perfecto, que nos revela que el sentido último y la perfección a que está gratuitamente destinada la persona humana es sobrenatural, la unión con Dios.

A la vez, la plenitud humana cada uno la encuentra, según otra expresión del n. 24 "en la entrega sincera de sí mismo a los demás".





Respuesta de Ocáriz a Serrano, p. 82.2
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