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¿Es libre la generación del Hijo?

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Tomás de Aquino sostiene que la generación del Hijo no es libre.

Polo matiza: no es libre si planteamos la libertad según motivos, pero si la planteamos como libertad trascendental, sí que es libre.

El paradigma del error de pensar solamente la libertad según motivos es la filosofía de Leibniz, en la que no hay rastro de la persona.

La libertad según motivos prevalentes no resulta bien pensada, porque el motivo está gobernado por lo que se intenta conseguir.
En cambio, cuando se trata de una generación artística, su novedad se encuentra en la obra hecha como desarrollo personal.

Pongamos un ejemplo, el sabor del chocolate cuando viene a mi memoria, me mueve a buscarlo en la despensa.
Pero allí no hay novedad sino repetición de sensaciones.

La creatividad del amante (con amor de amistad, que no de concupiscencia) es distinta. La verdad de mi vida me inspira y la novedad surge en el trans-encuentro.

Encontrar la verdad no es terminal, sino que despierta una inspiración.
Mientras que el hambre es cosa de necesitar, en el encuentro con la verdad hay un trascenderse en la obra. Aquí funciona la propia capacidad, allí el necesitar.

En el encuentro aparece el gozo en lugar de la satisfacción.

El Verbo no es engendrado por necesidad, sino por Amor, con gozo.







Para saber más leer: Polo, "La verdad como inspiración", en La persona humana y su crecimiento, pp. 197-206
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¿Cómo era la oración de don Leonardo Polo?

 


Ver rezar a don Leonardo ante el Sagrario era ver cómo vivía su encontronazo con Dios, con la verdad de su Vida.
Era un aceptar lo que Dios le iba dando, aumentando la comunión con su Réplica.
 
Más que oración mental habría que llamarla oración trascendental.
 
Juan Fernando Sellés dice que entre Polo y Dios, en su oración, no había ni un papel de fumar.
No “hacía” oración, sino que su persona era orante.
Estaba ensimismado en las Personas divinas como un niño que balbucea. Como un niño al que Dios premia con nuevas luces.
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¿Sabe Hegel cantar?

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Hegel no sabe cantar.
Hegel aspira a una especie de contemplación "terminativa" de la verdad, y sienta una equivalencia de la verdad con su contemplación especulativa.

Se queda corto.

Primero porque la verdad no es lo primero. (Lo primero es el ser).

Y segundo porque la verdad no es lo último. (Lo último es el Amor).

Cuando uno encuentra su verdad personal (su vocación) ha de vivirla (esencia o manifestación dispositiva humana), y al vivirla, la verdad se despliega como canto a partir de su encuentro.

Los ángeles cantan.






Para saber más pueden ustedes leer: Polo, "La verdad como inspiración", en La persona humana y su crecimiento, p. 201.3




¿Qué es primero, la verdad o el amor?

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En la persona la verdad y el amor están unidos antes de su distin­ción en operaciones de facultades distintas.

La verdad personal, en el hombre, es indisolublemente amor, superabundancia. Es la verdad cantada. A dúo y en coral.

La verdad en sus raíces no es un remedio necesitado.
Lo dice Rilke: el hombre está más allá de todo fin. No se acaba.
El mundo se va terminando en objetivos, pero el amor humano, entonces, rebrota.

No se puede decir que lo que sigue a la verdad no sea verdad. Toda la hondura del espíritu se manifiesta en el canto, y sin verdad es imposible cantar.
Por tanto, no es verdad que ante la verdad solo quepa detenerse.
Eso es consecuencia de la perspectiva subjetivo-objetualista derivada del afán de certeza cartesiano.

Someter la verdad al criterio de la certeza constituye un error.
El error no es sino paralización de la verdad: cogito, sum, como principio de la filosofía. Soy lo que soy. Parménides subjetivo.
Entonces no hay cabida más que para las ideas claras y distintas.

Pero la verdad no está destinada a aquietar la sospecha o la duda, sino a movilizar.

Verdad y amor en comunión.


Etiqueta 5.2.1 la verdad y su encuentro;
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Etiqueta  20.13.0 Descartes;
Etiqueta  5.5.3 amar donal;
Etiqueta  1.2.2 amor;
Etiqueta  1.0.0 preguntas para empezar;

Etiqueta 15.0.0 Polo genial.
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¿Por qué aparecen los símbolos al encontrar la verdad?

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Al encontrarse con la verdad aparecen los símbolos por dos razones.

Por lo pronto, porque el despliegue de la inspiración no es enteramente realizador. La verdad es tan bella que nunca acabaremos de cantarle. También porque no sabemos hacerlo, faltos de recursos. La inspiración mantenida irá haciéndonos crecer y podremos materializar el canto.

Pero hay una segunda razón: la verdad que sale al encuentro no es la verdad entera (no es mujer fácil).

El símbolo es lo operado en esas condiciones, es decir, el remitir a una verdad que todavía no ha salido íntegra al encuentro, desde una verdad patente mas no operada por completo.

El artista queda insatisfecho de su obra, pero su entusiasmo no cesa, siempre quiere más.


Para saber más leer: Polo, "La verdad como inspiración", en La persona humana y su crecimiento, pp. 197-206
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Distingamos entre enterarse, entender y encontrarse con la verdad

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El "conocer" intelectual, es el enterarse de algo cuando el intelecto agente ilumina, es la “operación” de conocer.

El "entender" consiste en darse cuenta, comprender, darse cuenta de que conocemos.

El "saber" consiste en discernir entre conocer que conocemos (entender) y el origen del conocer (soy hijo).

 

Polo distingue entre "enterarse", "entender" y "encontrarse con la verdad".

 

1. "Enterarse" se refiere a recibir una información que, sin embargo, el entendimiento no llega a comprenderla como suya.

Es el conocer "operativo" con el que funcionamos los hombres inteligentes cuando somos conscientes.

Tiene como base la función atribuida por los clásicos al entendimiento agente, el iluminar, abstrayendo. Es una conciencia meramente "objetiva". Polo utiliza también el término "alteración".

 

2. "Entender", cabalmente, implica una movilización mayor de la inteligencia. Es el ejercicio de los hábitos innatos que nos permite "comprender" lo que conocemos. Así, con el hábito innato de sindéresis, conocemos que conocemos.

 

3. "Lo entendido" puede "además" ser alumbrado como "encuentro con la verdad". Se trata del verdadero discernimiento. Ser hombre de criterio. Al ejercer la sabiduría, podemos saber quiénes somos: hijos que cantan a su Padre. Mi vida es mi cantar.

 

Así, un teorema matemático puede ser utilizado funcionalmente (enterarse), puede ser entendido, conociendo que lo conocemos más o menos, pero también podemos caer en la cuenta de que en él la verdad me ha salido al encuentro.

Tal caer en la cuenta de que al entender el teorema uno mismo se encuentra con la verdad, no es simple asunto de la inteligencia sino que corre a cargo de la persona.

Así vivimos con sentido. Saboreando el vivir.


¿A qué llama Polo "acontecimiento"?

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A un acto inmenso: el encuentro con la verdad.

El "encuentro" es un acontecimiento enorme, colmado por la verdad.
La verdad "es", en ese enorme acontecimiento que es el encuentro.

La inmensidad de Dios es colmada por el Verbo.

Los animales nunca "encuentran" porque lo único que se puede "encontrar" es la verdad.

Sin verdad no hay libertad.
La verdad es el desvelamiento del ser.
Para un monolito, de maciza materia, no hay desvelamiento que valga.

Sólo las personas, al ser intimidad pueden encontrarse y encontrar el sentido del mundo.

Trascendentalmente la persona es libertad, actividad inagotable del hijo, que busca el desvelamiento del ser,  su tarea, su encargo (quién soy en Dios).

Si no hubiera encargo no habría tampoco verdad trascendental. Las verdades serían, a lo más, sentimiento, como cuando un perro se topa con una chuleta de cordero. Las verdades serían datos de funciones logarítmicas. No habría personas, destino, encargos.

Y uno "se encuentra" el encargo a lo largo de la vida.

No es una verdad desencarnada, o simplemente para "pensar" en ella, "2+2=4".
La verdad no es un teorema, no es una especulación, no está en las nubes. ¿Qué me va en que 2+2=4? En todo caso me servirá cuando vaya a contar dólares o a repartir melones.

La verdad que es mi encargo se yergue ante la propia vida y la impulsa, la inspira. Todo el valor de mi hacer, de mi práctica, depende de ella.

Aunque esté muy alta, mi estrella, yo sé que un día la he de alcanzar.









De esto habla Polo en el último capítulo de "Quién es el hombre" p. 249

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¿Cuál es el "acontecimiento" más importante para el hombre?


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Ciertamente el libro "Quién es el hombre" culmina en las últimas páginas del capítulo X.
El "acontecimiento" del que se habla allí, es el encuentro con la verdad.

¿Qué es esa verdad que Polo llama verdad "personal", o mi verdad?: esa verdad es la persona que "seré", trascendentalmente, en Dios.

No se trata aquí de la verdad frívola del cesto de Caperucita.

Se trata de la noción, que en otro contexto, Polo llama "mi réplica".
Cada uno tenemos nuestra réplica en Dios. Nuestro canto a Dios, en Dios.

El marco del capítulo X (el último de "Quién es el hombre") es la dualidad propia de la libertad trascendental (no hablamos aquí de la libertad de escoger entre cerveza o coca, o de la libertad posible en la esencia humana).

Veamos la conclusión:
La libertad trascendental es dual.
Su miembro inferior es llamado por Polo "libertad nativa".
El miembro superior lo llama "libertad de destinación".

Mi verdad va apareciendo en el trayecto o actuosidad entre una y otra. Es decir, entre el Origen (nazco en la libertad de la llamada inicial de Dios o libertad nativa) y el Destino (somos libres de destinarnos, si queremos).


¿Y quién es el beneficiario? El Hijo.
Mi réplica está en el Hijo. Mi réplica no soy yo. Es dual.

Somos hijos, en el Hijo. Si queremos.


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¿Cuándo está desorientada la libertad?

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Cuando se la entiende como espontaneidad.

Si la verdad es el "resultado" de mi libertad, de mi autorrealización, entonces la verdad se autodefine y se clausura.

Pero la verdad no es lo último.
Ni tampoco lo primero.
La verdad es lo segundo.

Si la libertad se entiende como espontaneidad, la verdad es su formalización o determinación terminal.
Aquí no hay inspiración.
La vida se vuelve átona, inercial. Siempre más de lo mismo, eterno retorno.

La libertad caprichosa (equívoca) carece de inspiración. En ella late el deseo de construir la propia vida, con un alcance muy corto. Se está limitando la libertad, que queda desorientada.

Con todo, la libertad no está desorientada de suyo, porque es precisamente un espacio de inspiración.
El espacio de inspiración es el "encontronazo" con mi verdad personal, el ámbito de mi canto. Porque soy libertad puedo cantarle a la verdad que me inspira.

La verdad entendida al modo moderno (espontaneidad) elimina la verdad como inspiración, dejando a la libertad desorientada.

Libre ¿para qué?...

La verdad como inspiración, al contrario es la polar que nos permite navegar libremente.






Para saber más pueden ustedes leer: Polo, "La verdad como inspiración", en La persona humana y su crecimiento, p. 201.3

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¿Qué es la inspiración?

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La inspiración es la manifestación de la verdad encontrada.

Inspirar es "manifestar" la verdad encontrada.

Iluminar, por ejemplo, es un modo de "manifestar" esa verdad.


En el momento de la concepción de la persona humana, nace una vida dual, en la que podemos distinguir (sin que hayan existido por separado) una vida recibida de nuestros padres y una vida "añadida", que es actualizada por la persona que acaba de ser concebida. De ahí que podamos hablar de un refuerzo o asistencia permanente de la vida, manifestación de la persona creada.

Pues bien, la vida añadida no se limita a reforzar la vida recibida sino que se "inspira" en ella, manifestándose al ir encontrando la verdad.
Gracias al cuerpo (que en cuanto dimensión de la vida recibida nos sitúa en el mundo) la persona se inspira, se manifiesta, y se compromete.

La inspiración más alta es la que acontece cuando se encuentra, en el tiempo, la verdad personal: es el enamoramiento. La persona canta a su réplica, más o menos bien, según la medida de su inspiración.

La réplica no es una idea fija, acabada, sino que en la medida en que se va encontrando, inspira el canto interminable con el que, en el Hijo, daremos gloria a Dios.


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¿Tiene la persona algo que decir a la verdad?

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La verdad es el desvelamiento del ser.

La persona humana es capaz de verdad.

El ser personal es luz que puede ir mostrando la verdad.

 

Pues bien Polo dirá que la persona como además tiene algo que decirle a la verdad, algo que “cantarle” a la verdad.

 

Estamos hablando de la verdad personal o verdad trascendental de la persona humana.

No se trata de una “idea”.

 

El encuentro de la libertad que busca con la verdad personal dispara un proceso interior, es una fuente de inspiración, es una novedad.

 

A la sustitución de la motivación (que está a nivel esencial) por la verdad personal encontrada puede llamarse enamoramiento.

Enamorarse lleva consigo la aparición de actos de homenaje a la verdad, y sólo a ella, que antes no se podían ejercer o expresar de ninguna manera. La verdad personal es el contexto del enamoramiento.


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¿Qué es la verdad "personal"?

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Llamo verdad "personal" a mi réplica.

Siendo la verdad el desvelamiento del ser, si encuentro mi verdad, mi réplica de Dios, mi vida en el Verbo antecedente de mi futuro, me enamoraré de Aquél que creó mi ser.

Polo formula el "encuentro" con la verdad, con la verdad personal, como "enamoramiento".

Hablamos, claro está, de un enamoramiento "trascendental", del que son pálida imagen los amoríos de la vida.







Para saber más pueden ustedes leer: Polo, "La verdad como inspiración", en La persona humana y su crecimiento, pp. 197-206
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¿Qué es esa verdad que Polo llama verdad personal, mi verdad?

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Mi verdad personal, mi réplica, es la persona que seré, trascendentalmente, en Dios.

No se trata aquí de la verdad frívola del cesto de Caperucita. Si llevaré a mi abuelita leche o queso, o pan y galletas. No hablamos de la libertad de escoger entre coca o fanta.

Se trata de la noción que Polo, en otro contexto, llama "mi réplica".
Cada uno tenemos nuestra réplica en Dios. Y es ella, mi verdad personal, la que inspira la libertad trascendental que soy, la que la pone en marcha para cantarle.

La libertad trascendental, o mi libertad como persona, se pone en marcha, o se inspira, en el "encuentro" con la verdad de mi ser.
Esta libertad es dual, tiene dos miembros.
El miembro superior se llama "libertad de destinación".
El miembro inferior se llama "libertad nativa".

Destino (somos libres de destinarnos, si queremos).
Origen (nazco en la libertad de la llamada inicial de Dios).
Mi verdad va apareciendo en el trayecto entre mi Origen y mi Destino.
"Encontrarla" es el gran acontecimiento, que inspira trascendentalmente mi libertad y la pone en marcha hacia su Destino.

Nos abrimos así a nuestro Destino, "esperando" que nuestra vida sea aceptada. De ahí que llamemos "esperanza" a la apertura transcendente de la libertad personal.


En Quién es el hombre, Polo prosigue: ¿Y qué es la religión?: es la actividad práctica para vérselas con el más allá.

¿Y quién es el beneficiario?: El Hijo.
Mi réplica está en el Hijo. Mi réplica no soy yo. Es dual.
Es a Él al que canto.

No olviden ustedes que nuestro Origen es el Amor entre el Padre y el Hijo.
El Padre da al Hijo y el Hijo acepta traspasando el Don.
Allí dentro estamos. El beneficiario es el Hijo y la gloria de la Trinidad.







De esto habla Polo en el último capítulo de "Quién es el hombre" pueden ustedes encontrar una síntesis explicativa de ese capítulo se encuentra al inicio de este blog, en la página titulada "Religión y libertad".
Para saber más leer: Polo, "La verdad como inspiración", en La persona humana y su crecimiento, pp. 197-206

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¿Por qué la verdad no tiene sustituto útil?

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Porque la verdad "personal" es el valor supremo. No se la puede sustituir por nada que sea instrumento para satisfacer necesidades.  Es el punto de llegada y de partida. El alfa y omega.
Cuando se trata de la verdad que nos enamora, ya no se trata de utilidades (coca o fanta, intercambiables para calmar la sed). Ahora se trata de cantarle. A ella.

La libertad no puede ser intensa no puede dirigirse a Dios cada vez con más intensidad, si no encuentra el camino de su verdad. Encontrar el Camino no es otra cosa que enamorarse de la Verdad, personal.

El acontecimiento inicial de la verdad es plural: cada caminante sigue su camino. Para unos será de asfalto; para otros de tierra oscura y raíces. Pero todos nos añadimos a la misma fuente, al mismo fuego.

La verdad más profunda que podemos encontrar en esta vida es nuestra verdad personal. Es ella la que pone en marcha la libertad.

“La verdad os hará libres”, dice el Evangelio. La verdad siempre encomienda. A cada uno su camino.






Así termina Polo, más o menos, el último capítulo de "Quién es el hombre"
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¿Es lo mismo la libertad según motivos que la libertad personal?

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No.
La libertad personal (co-ser trascendental), o la persona como libertad, o la persona en tanto que libertad, no es necesitante, no actúa según motivos.

Pensar la libertad solamente como la posibilidad de elegir, entre diferentes motivos, aquél que más me mueve, es un planteamiento de la libertad que impide entender lo que es la libertad trascendental (libertad personal).

El paradigma de este error lo constituirá la filosofía de Leibniz, en la que no hay rastro de la persona.

La libertad según motivos no resulta bien pensada, porque el motivo está "gobernado" por lo que se intenta conseguir. En realidad estaríamos obligados a elegir lo que nos parece  mejor.

Tomás de Aquino parece sucumbir a este planteamiento de la libertad "de acuerdo con motivos" cuando sostiene que la generación del Hijo, en la Trinidad, no es libre.
Sin embargo, él mismo dice que el Verbo de Dios no es el Padre entendiéndose a sí mismo, sino "el engendrado" por ese entenderse a sí.
Comprende que el Hijo no se reduce a ser objeto de conocimiento, es decir, a ser entendido. El Hijo traspasa el ser entendido, no es una mímesis ideal sino una realidad "personal".
El intríngulis de la libertad que se convierte con la persona (la libertad que llamamos trascendental) está en ese "traspasar".

Quizá le hubiera ayudado  a formular la libertad trascendental si hubiera pensado (Tomás) en la novedad de la generación artística. La obra de arte es un desarrollo "personal" de la verdad encontrada. Es la "inspiración" la que llama a "cantar" lo encontrado.

Se abre camino al andar. Por lo tanto, no hay "mejor" camino, no hay un camino que sea mejor. Somos libres para componer nuestro canto.
Y no porque estemos hechos así, como el que tiene hambre y busca satisfacer su apetito, sino porque la verdad encontrada nos inspira. Nos ha enamorado.

Encontrar la verdad no es terminal, sino que despierta la inspiración.

La libertad según motivos está a nivel de los medios que poseemos para nuestro arte. Elegiremos escultura, pintura o cine, o música, según los talentos recibidos o adquiridos.

Pero la libertad radical, o personal, o trascendental, no resulta bien pensada si la pensamos según motivos, porque el motivo está gobernado por lo que se intenta conseguir. Valdrá lo que valga lo que buscamos.

En cambio, cuando se trata de una generación artística, su novedad, su valor,  se encuentra en la obra hecha como desarrollo "personal" de la verdad encontrada.

El hambre se apaga al comer. Ahí no hay encuentro sino cita con el deseo.
Cosa distinta es encontrar la verdad. Ese encuentro no es terminal, sino que des­pierta una inspiración. Mientras que el hambre es cosa de necesitar, en el encuentro con la verdad hay un trascenderse en la obra. Aquí funciona la propia capacidad, allí el nece­sitar.

Siempre que hay valores útiles en el antecedente moti­vacional, es exigida una satisfacción terminal. En cam­bio, en el encuentro hay que hablar de gozo; una situación de sobreabundancia, que tal vez no sea suficiente, pero en todo caso no es necesitante.

En definitiva, la libertad según motivos satisface necesidades mientras que la libertad trascendental se inspira en llamadas.





Copia y glosa de Polo, "La verdad como inspiración", en La persona humana y su crecimiento, p 200.

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¿A qué llama Polo "enamoramiento"?

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A la sustitución de la "motivación" por "la verdad encontrada" puede llamarse "enamoramiento".
Cuando la verdad puede sustituir toda motivación, estamos enamorados.

La verdad útil es "motivo" para obrar, nos mueve a elegir.

Pero ahora se trata del "encuentro" con la verdad que inspira, no la verdad útil, sino la que desvela nuestro destino. Es "ésta", (esta mujer), y me enamoro.

No es cierto que haya siempre motivos (ni que busquemos obstinadamente motivos ocultos e inconfesables).

Tomás de Aquino también lo vio cuando escribió  en S.Th., II-II, q. 180, a. 3: "la admiración es una forma de temor producida en nosotros por el conocimiento de algo que excede nuestro poder. Por lo tanto, es consecuencia de la contemplación de una verdad sublime, pues ya hemos dicho que la contemplación termina en la verdad".

A mi entender, sobra ese "terminar".
Pues ese temor no es paralizante, sino todo lo contrario. La verdad no paraliza al hombre como si fuera fin "último" del conocer. Más aún, esta verdad "personal" despierta el amor y la admiración, y no porque nos "mueva" a algo distinto de ella, sino como homenaje o entrega a la propia verdad.
Lo que "mueve" en el "encuentro con la verdad" es generosidad pura.

Por eso, más que decir que la contemplación "termina" en la verdad, deberíamos decir que se "inspira" en la verdad.

Ahora bien, la verdad que nos enamora puede ser una verdad que no sea la plenitud de la verdad o verdad sublime.
En cualquier caso, su belleza nos convoca.

No se trata de que la verdad se nos imponga de tal modo que nos quite la libertad; al contrario, "la operatividad" del enamorado (la que sigue al "encuentro con la verdad"), aunque no quepa sin la verdad, es aportada por la libertad.

Es esta verdad la que nos hace libres, pues su encuentro es inspiración que nos orienta.



Así glosa Rafael Corazón a Leonardo Polo en su manual Filosofía del conocimiento p. 135

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Entonces, ¿libertad trascendental personal significa que soy solamente lo que quiero ser?

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Es frecuente entender la libertad como una toma de postura ante la verdad, pero como si la verdad, por sí misma, no fuera suficiente y necesitara de un plus que sólo una decisión posterior, mía, puede aportar.

Aunque ella sea la más bella, soy yo, pensamos, quien elige que lo sea para mí. No bastaría su belleza.

Aquí, cuando hablamos de la verdad como inspiración, estamos diciendo otra cosa: es la verdad la que me inspira, la que inspira a la libertad, y no al contrario.

Noten la aparición del co-ser, característico de la persona humana: porque ella es bella, le quiero cantar. Le canto porque es bella y es bella porque le canto.

Desde luego, cabe actuar, (decidiéndose libremente por una verdad), solamente en cuanto que la "elegimos", pero entonces nos quedamos en los motivos. Polo llama a esa libertad "libertad según motivos": porque busco mi chica, la elijo, tú eres mi belleza.

Pero entonces no hay trascendimiento, no hay propiamente enamoramiento, la verdad no es traspasada por la libertad, para cantarle.
El autotrascendimiento (que estudiaremos en la etiqueta 1.0.2) nace de la llamada de la belleza que nos convoca y es precisamente el "encuentro" con la verdad de mi vida.

No soy solamente lo que quiero ser. Soy cántico a la verdad que me sale al encuentro. Mi libertad es mi canto.






De esto habla Rafael Corazón en la glosa a Leonardo Polo de su manual Filosofía del conocimiento p. 136
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¿Se estanca la verdad al encontrarla?

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No, pues la verdad tiene un destino: es mi verdad personal, mi canto a Dios.

Esto es posible porque el hombre tiene carácter "efusivo", "operoso" (la operosidad es lo que la persona añade al amor).

La libertad trascendental o la persona como libertad, es de índole donante. El ser humano es efusivo, aporta.

No se trata solamente de buscar la verdad, sino de alcanzar mi destino a partir de ella. El realizarse es un dar.

Somos más libres cuando actuamos sin motivos, sin intereses, cuando le cantamos a la verdad encontrada. Así lo siente quien tiene una fuerte inspiración. El enamorado





Para saber más pueden ustedes leer: Polo, "La verdad como inspiración", en La persona humana y su crecimiento, p. 202
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¿Es la libertad personal la capacidad de realizar nuestros deseos?

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No exactamente.
A pesar de la nobleza del "desear", poder amar es más que desear.
La voluntad sí que es una tendencia, un deseo; pero la libertad personal puede no desear nada, sino, al contrario, puede ponerse al servicio de la verdad.

Entender la vida como donación es muy distinto de entenderla como satisfacción de las propias necesidades o deseos. Y enamorarse es eso, darse cuenta de que el sentido de mi vida está en esa verdad que me inspira.

La verdad no es el fin o el término a partir del cual hemos de dirigir la conducta (porque quiero conseguir eso, me muevo hacia eso), sino que puede ser una fuente de inspiración capaz de movilizar a la persona.

Polo dirá: "cuando uno encuentra su vocación ha de vivirla, y al vivirla, la verdad se despliega a partir de su "encuentro".








De esto habla Rafael Corazón en la glosa a Leonardo Polo de su manual Filosofía del conocimiento p. 136.3

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¿Quién va por delante, el tener o el dar?

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Ni el uno ni el otro.

El planteamiento clásico da la preeminencia a la razón (que es un "tener"). La libertad se manifiesta aquí en la capacidad de decidir entre los medios que la razón práctica propone para alcanzar el fin (que es otro "tener" más alto, que nos viene dado).

El planteamiento moderno da la preeminencia a la voluntad, identificándola con la libertad espontánea de hacer lo que me da la gana.

Polo ajusta el problema. La libertad trascendental, que se convierte con cada persona, es la inclusión atópica en el ámbito de la máxima amplitud, que es Dios.
La preeminencia la tiene el Creador. Que nos da el tener y nos llama al mismo tiempo a dar, según nuestro querer.

La Verdad no es así una "forma" impuesta desde fuera (su amplitud es máxima).
La Verdad que inspira con su encuentro es el enamoramiento. Nuestra libertad personal (trascendental) es nuestro canto enamorado a la Verdad.

Cada uno, según sus circunstancias buscará (libertad esencial) los medios más adecuados para el poema o cántico que es su vida.







Para saber más leer: Polo, "La verdad como inspiración", en La persona humana y su crecimiento, pp. 197-206

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