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¿Cuántas dimensiones tiene la apertura trascendente?

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La apertura trascendente tiene cuatro dimensiones:

1. la gracia personal inicial originaria, humildad o abajamiento primero;
2. la esperanza, amanecer o alianza primera;
3. la fe, alumbramiento o luz primera;
4. la caridad o arrullo.

El primer abajamiento o humildad trascendente, equivale a la verdad del co-existir personal. La humildad es la verdad.

El amanecer de la persona equivale al destinarse de la libertad.

El alumbramiento equivale a la búsqueda intelectual del destino personal.

El primer arrullo equivale a la búsqueda amorosa del encuentro con Dios.

Aunque utilicemos el mismo nombre, no deben confundirse la humildad, la esperanza, la fe y la caridad de las que aquí hablamos, aperturas trascendentes,  con las virtudes a nivel esencial, y tampoco con las virtudes sobrenaturales de las que habla la teología.

Asímismo no se ha de confundir la originaria gracia personal inicial (el primer abajamiento) con la gracia santificante de la teología.

Para mejor entendernos hablaremos de virtudes teologales (fe esperanza, caridad, gracia santificante) y aperturas "iniciales" (humildad o gracia inicial, fe, esperanza y caridad iniciales).




Lasvirtudes infusas teologales las estudiaremos en la etiqueta 12.8.0 y también en la etiqueta 5.16.2, en tanto que "nueva" creación.
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¿Es elevada la amistad por la caridad?

 


La caridad “natural”, o caridad nativa es una de las aperturas trascendentes del acto de ser humano.

La caridad “sobrenatural”, sin embargo, es una anticipación del crecimiento amoroso que tendremos en el Cielo.

Ambas inhieren en el acto de ser personal.

 

Ahora tenemos que colocar a la amistad  que es una virtud de la voluntad.

 

El vínculo amoroso con Dios Espíritu Santo, Amor (que es la apertura trascendente natural o caridad natural nativa) es enriquecido con la anticipación de nuestra vida amorosa en el Cielo, que no es otra cosa que la caridad sobrenatural.


Y ese enriquecimiento del Amor personal, natural y sobrenatural a la vez, repercute en la voluntad y hace que la amistad pueda ampliarse cada vez a más personas y, sobre todo, que crezca nuestra amistad con Dios.

 Gracias a la caridad (natural y sobrenatural) somos más amigos de Dios y de los demás.

 

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Estas ideas están inspiradas en el texto siguiente (que he interpretado a mi manera) de Sellés en Teología para inconformes :

 

“Esta es la tesis central que aquí se va a defender: la caridad (sobrenatural) eleva el amor personal (natural), que es la dimensión superior del ‘acto de ser’ humano.

Pero dicha tesis, que es explícita en muchos textos de Polo, no lo es en todos, pues en alguno indica que la caridad eleva la amistad[1], la cual, si bien es la más alta virtud de la voluntad, al fin y al cabo es una virtud de esa potencia, y por ende, pertenece a la ‘esencia’ del hombre”.

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Para mí queda claro que la amistad es de la voluntad y tanto la caridad nativa como la sobrenatural elevan el Amar personal humano.
Esta elevación repercute en la voluntad, elevando así la amistad.

[1] “El Evangelio de la caridad sorprendió a los paganos, pues lleva consigo la hermandad de espíritu de acuerdo con la filiación divina. Sin embargo, la caridad cristiana, que eleva la amistad, debe recoger también las características que le son propias. Tomás de Aquino sostiene que la amistad es una virtud. Conoce muy bien la Ética a Nicómaco, a la que comenta pausadamente de un modo casi literal, pero sostiene también que la amistad y la caridad son diferentes. Por eso, en la Suma Teológica, en rigor, no se habla de la amistad sino de la caridad”. Polo, L., Ibid., 473-474.

¿Contento con la exposición del profesor Sellés sobre la caridad?

 

Les paso el enlace para seguir la magnífica conferencia del profesor Sellés (con la ayuda del profesor Louis Cardona).

A mí me hubiera gustado que fuera más explícito en la distinción entre caridad natural y caridad sobrenatural.
 
Ya saben que yo pienso que la caridad sobrenatural (la Caridad de la Teología clásica) es una anticipación, mayor o menor, del Amor que viviremos en el Cielo.
 
Y que existe una dimensión natural de ese Amor, es decir, que todas las personas humanas tenemos de entrada, y que forma parte de nuestra Dignidad infinita. Caridad que podemos denominar "nativa". 

Esta dimensión natural no es otra cosa que la apertura trascendente del trascendental personal, descubierto por Polo, llamado "Amar  personal", hacia Dios (concretamente, hacia el Espíritu Santo).

En el Medievo, cuando los doctores cristianos tuvieron que explicar el amor sobrenatural lo vincularon a la voluntad, considerándolo como una virtud “infusa”.

Pero pienso que el amor natural es también infuso, nativamente, concretamente es una de las aperturas trascendentes de la persona humana, fruto de la llamada inicial de Dios al crearnos.

 Por lo tanto, cuando el profesor Sellés expone en esta conferencia lo que es la caridad, opino que está hablando casi exclusivamente de ese amor natural, nativo, trascendente.

  En la conferencia, el profesor Sellés habla muy poco de la Caridad propiamente sobrenatural.
Lo hace a partir de una hora y tres minutos (1.03.20).
 Aquí tienen ustedes la transcripción de lo que dice en la conferencia:
 
“Bueno, (dice), éste es el planteamiento natural ¿qué hay que añadir a todo esto?, pues  la Caridad evidentemente”.
 (va a hablar ahora de la Caridad sobrenatural) :
 
¿Qué es la Caridad?, (se sobreentiende que se trata de la caridad sobrenatural), la caridad es una elevación de eso cuyo tema nuclear son las personas divinas.
(“Eso” son las aperturas trascendentes que nos abren a Dios “naturalmente”).
(Y aquí profesor Sellés hace una estupenda síntesis de lo que es la caridad sobrenatural).

En qué consiste esa elevación que se añade al amor natural trascendente :
 
“En primer lugar ser Cristo.

En segundo lugar, desde Cristo aceptar la voluntad del Padre tal cual la quiere para nosotros para cada uno de nosotros.

Y en tercer lugar manifestar eso con obras es decir que las obras estén suficientemente inspiradas por el Espíritu Santo, de modo que respondan al carácter filial que uno es y el Padre las pueda aceptar  eternamente”.”
(Muy bien, profesor Sellés).
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Me parece una síntesis excelente.

Podríamos nosotros añadir que esa “elevación” sobrenatural  no es otra cosa que una “anticipación” del Amor que viviremos en el Cielo.
 
 
Pongo un ejemplo:
Naturalmente, mi apertura trascendente al Hijo, me lleva a dar una limosna. Es una cierta participación en la vida del Hijo.
 
Si en ese momento recibo una gracia actual, me daré cuenta, más o menos, del significado de esa limosna en la eternidad. Es una anticipación que aparece en mi vida actual. 

La caridad sobrenatual es pues una cierta participación en la plenitud de la Vida del Hijo.
 


¿Qué eleva la caridad?

 


El profesor Sellés explica que “así como la fe es la elevación del intelecto personal y la esperanza lo es de la libertad personal, la caridad lo es del amor personal[1].
 
Y así como la coexistencia libre es inferior al intelecto personal y éste al amor personal, “paralelamente, la caridad es la virtud infusa superior”[2]
 
Sin embago, insisto en que una cosa es la caridad natural que todos tenemos como fruto de la llamada inicial, y otra cosa es la virtud sobrenatural de la caridad, que es una anticipación del amor que viviremos en la vida eterna. Que clásicamente los teólogos llaman “virtud teologal”.
 
No olvidemos las cuatro aperturas transcendentes fruto de la creación de la persona humana: humildad, esperanza, fe y caridad:
1. la gracia personal inicial originaria, humildad o abajamiento primero;
2. la esperanza, amanecer o alianza primera;
3. la fe, alumbramiento o luz primera;
4. la caridad o arrullo.


[1] “La dimensión amorosa elevada a culminación la debemos evidentemente al cristianismo. Desde su ápice divi­no, el don del amor es operante”. Polo, L., La originalidad de la concepción cristiana de la existencia, 250. “Y como Él es omnipotente y misericordioso, otorga a nuestro amor una altura elevada a la de Él, sin la cual nuestro amor no sería nada, porque no valdría para Dios”. Persona y libertad, 251; “la dimensión amorosa, elevada a culminación, la debemos evidentemente al cristianismo”. Filosofía y economía, 229. “El acto de ser humano es elevado por otros ‘habitos’ que no son ni innatos ni adquiridos, sino efundidos. Se trata de las virtudes sobrenaturales (fe, esperanza y caridad)”. Ibid., 223, nota 49. “El hábito humano superior es la amistad, la elevación al amor de caridad es expuesta por Tomás de Aquino”. “Itinerario de la razón a la fe”, pro manuscripto, 3.

[2]Polo, L., Antropología trascendental, 413, nota 71.