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¿Por qué el hábito es superior a las operaciones?

 


El hábito es superior al acto (al acto en cuanto operación inmanente) porque el ser personal es jerárquico en su intimidad.

Los hábitos y virtudes siempre son más activos que las operaciones inmanentes que derivan de ellos.

 

El hábito teologal nos abre a Dios siendo como es una elevación divina. 

Dios tira para arriba y la persona acepta lo que Dios le va dando.

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¿Qué es superior, el hábito o el acto?

 


Si seguimos estrictamente la tradición, diremos que es superior el acto y que el hábito es una disposición, un accidente, que permite realizar antes, más y mejor el acto.

 

Sin embargo, si consideramos que el hábito es también acto, y un acto superior a la operación, nos daremos cuenta de que la virtud es más alta que sus actos.

 

¿Por qué? Porque los actos son jerárquicos y, como en una escala, le miembro inferior está unido al superior. Ver con la luz del superior es más que lo visto con la luz del inferior.

 

El acto de ver a un pobre con generosidad o piedad es superior al acto de ver al pobre.

 

Las virtudes teologales no son, pues, disposiciones, accidentes, sino elevaciones.

 

Y sostenemos que son elevaciones de los trascendentales personales. Radican en el acto de ser personal.

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¿Cómo resolver el dilema mente-cerebro?

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El dilema de Descartes res cogitans res extensa (mente-cerebro) se resuelve al considerar que, en el hombre, el universo en cuanto esse, tiene carácter "esencial". 

El "ser" del universo físico es esencializado por la persona humana y deviene su "mundo".

El hombre es extracósmico, pero esencializa el universo. 

 La res cogitans es la consideración del ser como inmanencia (el ser que solo piensa, la mente). 

 Polo propone considerar la persona humana pensante, no como "inmanencia" (pensamiento aislado o solitario), sino como "además".

La persona humana se acompaña, sabe de sí, es siempre además. No depende del cuerpo, sino que esencializa su cuerpo. 

  La clave de la antropología es la dualidad, que no el dualismo.


¿Es correcto hablar de hábitos entitativos?

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La tradición habla de la salud, la belleza o la gracia como hábitos "entitativos".
No es incorrecto.

Pero decir "entitativo" es decir demasiado poco.

Pues como el ente se dice de muchas maneras, corremos el riesgo de quedarnos en generalidades.
La salud puede ser de alma y de cuerpo. Y es sano el gusano, la jirafa, la palmera y el niño.

Sin embargo, la idea de hábitos entitativos sugiere que al ser la persona una actividad inagotable y desbordarse su acción, se cualifica hacia adentro, se mejora íntimamente.

De ahí que quepa llamar "entitativos" a los hábitos superiores o hábitos "personales". Clásicamente se define la gracia santificante, por ejemplo, como un hábito entitativo. La persona crece no sólo con virtudes, sino también con disposiciones, hábitos, propios de su acto de ser persona (el esse de cada persona distinto realmente de su esencia).

Estas disposiciones son modos como la persona humana se comunica con otras realidades distintas: Dios, los demás, el mundo y su propia actividad.




Glosa a Juan A. García González : Existencia personal y libertad. Anuario filosófico nº 95. 2009, p. 334.3
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¿Qué término descubre Aristóteles para designar el conocimiento superior?

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Para Aristóteles (20.4.2) hay dos modos de incorporación de la verdad a la mente (noús).

Un modo es el pensamiento "objetivo", que capta las esencias de las cosas.

Otro modo superior es una incorporación más íntima, más intensa, a la que llama "hábito".

El conocimiento "habitual", intuitivo-intelectual, consiste en una "memoria" intelectual.

La mente no se olvida de nada esencial; si se olvidara, sería imposible la globalización, el ver con creciente claridad la unidad de orden.

Tú no eres sólo tú.
Eres, lo sé desde dentro, mi amigo. 
No me olvido.

Pero Polo deja más claro el asunto cuando dice que "memoria" significaría el poder de volver a repetir el acto. Por ejemplo, recordar que eres mi amigo.
Sin embargo, hábito no es solamente el poder de repetir un acto de conocer, sino que es conocer más, saber que sé que eres mi amigo.

La persona, dice Juan, es saber de sí.





Glosa a Polo en Introducción a la Filosofía, p.65.2


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¿Qué son los hábitos adquiridos?

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Los hábitos adquiridos son perfecciones de las potencias superiores del alma, adquiridas a través del ejercicio de sus actos.

Existen hábitos de la inteligencia y hábitos de la voluntad.

Polo propone que no se consideren los hábitos solamente como "disposiciones". El hábito es también "acto" (no actual, sino habitual).


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¿Qué le acontece al hombre cuando actúa?

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El hombre no se limita a ejercer operaciones intelectuales o actos voluntarios, sino que  como consecuencia de ello, a sus potencias superiores les acontece una modificación: adquieren hábitos, virtudes.

El hombre se mejora al actuar…, o se empeora.

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Por qué conviene decir “alcanzar” y “advertir” según se trate del ejercicio de la 3ª o de la 1ª dimensión del abandono del límite mental?

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Conviene decir “advertir” para indicar que el método es irreductible al tema, es decir, que el hábito de los primeros principios (1ª dimensión del abandono del límite mental) es irreductible a los primeros principios.

Sin embargo, conviene decir "alcanzar" cuando hablamos de la 3ª dimensión, cuyo método es el hábito de sabiduría, que coincide con su tema. Su tema no es la realidad extramental sino el ser personal que somos, "además".

El "además" alcanza el "además", la transparencia. Siempre seremos más, luz transparente. Fuego.

El “alcanzarse” (método de la 3ª dimensión del abandono del límite mental), no es distinto del además: cuando se alcanza se está alcanzando.






Algo así dice Polo en Antropología trascendental I, p. 117.4
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¿Cómo define la filosofía clásica el hábito?

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La definición clásica de los hábitos se refiere a los hábitos adquiridos por las potencias espirituales (inteligencia y voluntad).

Esos hábitos se definen como una "disposición estable".

Es más estable que la operación, pues la operación puede darse o no.

El hábito es la posesión según la disposición.

El hábito adquirido es una perfección del principio del obrar (una perfección de lo que clásicamente se llama facultad, y que Polo prefiere llamar potencia espiritual para señalar que es irrestricta).

El principio del obrar, la facultad, se mejora en cuanto principio, y no sólo porque pase de potencia a acto.


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¿Cuáles son los tres tipos clásicos de hábitos?

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a) El hábito categorial (ejemplo: tener manos); (nosotros lo estudiaremos en la etiqueta 1.9.2, hábitos categoriales)

b) el hábito adquirido por las potencias espirituales (ejemplo: saber geometría; (nosotros lo estudiaremos en la etiqueta 1.9.2, hábitos adquiridos)

c) el hábito entitativo (ejemplo: la salud) (los estudiaremos en la etiqueta 1.9.2, hábitos superiores).

Los dos primeros son aristotélicos y el tercero es un añadido de la filosofía medieval.

Aristóteles coloca el hábito categorial (el tener con el cuerpo) como uno de los nueve accidentes.

El hábito adquirido lo presenta como la primera especie del accidente cualidad.




Glosa a Juan A. García González : Existencia personal y libertad. Anuario filosófico nº 95. 2009, p. 331.4
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¿Se puede considerar la esencia humana como autoperfección "habitual"?

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Antes de contestar me permito recordar la nota n.1 del Tomo II de la Antropología trascendental de Polo.

Dice así:

"Para resaltar la distinción entre la esencia de la persona humana y la esencia extramental, empleo la expresión "esencia humana".

"En atención a la distinción real de ser y esencia, es mejor decir "esencia de la persona humana" que "esencia del hombre".


Pues bien, la esencia humana sí puede considerarse como autoperfección "habitual".

La Universidad de Navarra publicó en 2006 un cuaderno de Polo titulado "La esencia humana"; el capítulo VII se titula precisamente "La esencia humana como autoperfección habitual".

Lo que allí se explica es que la esencia humana es propia de cada persona humana: depende de su libertad.

La esencia del universo o esencia "extramental" es común a todos los entes naturales.
La naturaleza es principio estable de operaciones. Las cosas son lo que son y actúan siguiendo el orden ya establecido. Las causas y principios que mueven el universo conducen al despliegue de las condiciones iniciales.

Sin embargo, con el hombre aparece "la novedad" en el universo.
Existen seres libres que pueden destinarse, desbordando el concepto de naturaleza.

Por eso hablamos de "autoperfección".
La naturaleza física puede condicionarme a crecer, pero soy yo, libremente, quien se hace jugador de básquet. Es una perfección que me doy.

Y hablamos de "habitual" porque se trata de un "tener".
Al gorila se le puede poner un sombrero. Pero soy yo quien, libremente, se pone el sombrero. Lo "tengo" porque estoy añadiéndole un sentido a mi cuerpo (así estoy más "chic").

Los hábitos inferiores (categoriales, como llevar un anillo o espirituales, como saber geografía) componen la "autoperfección habitual" (¡virtudes!) que llamamos esencia humana.

Es, con otras palabras, el crecimiento de mi vida.
Crecimiento inagotable porque depende del acto de ser persona (incluido atópicamente en el ámbito de la máxima amplitud).




Glosa a Juan A. García González : Existencia personal y libertad. Anuario filosófico nº 95. 2009, p. 333.3
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¿A qué llamamos hábitos superiores?

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A los hábitos propios del acto de ser persona o de la persona como acto de ser:
la sindéresis (6.2.0),
el hábito de los primeros principios (3.2.0)
y la sabiduría (2.14.0).
Son hábitos propios a toda persona humana.

También son hábitos superiores los que la tradición llama hábitos infusos: la gracia, la esperanza, la fe y la caridad.






Glosa a Juan A. García González : Existencia personal y libertad. Anuario filosófico nº 95. 2009, p. 334.3
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¿Existen hábitos infusos además de los que habla la teología?

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La teología habla de hábitos "sobrenaturales" infusos (por ejemplo, la gracia santificante como hábito "sobrenatural" entitativo, y las virtudes "sobrenaturales" de la fe, la esperanza y la caridad).

Desde la perspectiva de una antropología trascendental se descubren también otros hábitos infusos que no son sobrenaturales.

Me explico, porque se necesita una cierta familiaridad con lo trascendental antropológico para situarse.

En la etiqueta 5.13.1 hemos llamado apertura transcendental (noten que decimos trans y no tras), a una apertura más íntima que la apertura íntima, pues abre el ser humano más allá de su propia intimidad.

Esta apertura no es sobrenatural. Todos los hombres la tenemos y es el fruto de la llamada inicial de Dios, propia a toda persona humana, también cuando no ha recibido los efectos de la salvación.

La llamada inicial de Dios, que no es "sobrenatural", la estudiaremos en la etiqueta 5.15.0 y es una de las etapas trascendentales del ser personal o de la persona como ser (la etiqueta 5.7.0 estudia esas etapas).

Pues bien, teniendo en cuenta la caída y el querer de Dios de que todos los hombres se salven, podemos entender que hay una nueva etapa trascendental que es una nueva creación que los cristianos llamamos redención. Una nueva elevación que nos salvará, "si queremos".
(La estudiamos en la etiqueta 5.16.2).
Es la etapa "sobrenatural" de la que habla la teología.

Ese "si queremos" es nuestra respuesta a la gracia sobrenatural, es decir la manifestación esencial de cómo acogemos la salvación.

La elevación salvadora de Dios redunda esencialmente en nuestra vida, elevando nuestras potencias, la inteligencia y voluntad, elevando toda nuestra vida con lo que los teólogos llaman gracia santificante y virtudes "sobrenaturales" infusas.

Son infusas a la esencia humana como redundancia de la elevación "sobrenatural" de las aperturas transcendentes de los radicales personales.
Elevación que es propiciada por  el encuentro de la persona humana con Aquél de quien es réplica y que es su Salvador.

De ahí que digamos que la gracia santificante es una anticipación.
Es una anticipación del encuentro.
(El encuentro definitivo con Dios lo estudiamos en la etiqueta 5.18.0).

Las virtudes "sobrenaturales" de la teología son pues elevaciones de las aperturas transcendentales, debidas a la anticipación del encuentro con Dios,  que redundan en la esencia humana.
Son pues virtudes infusas "sobrenaturales".

Pero como hemos dicho, existen también otros hábitos infusos que no son sobrenaturales.

La existencia de los hábitos infusos naturales y sobrenaturales muestra que las personas humanas tenemos una potencia "obediencial" superior a las criaturas del universo físico. Polo prefiere hablar de "segunda" creación y "nueva creación".



En las etiquetas que comienzan por 5.13 estudiamos en detalle las aperturas "transcendentales", que son hábitos infusos no "sobrenaturales".

Estudiamos la segunda creación en la etiqueta 5.15.0
Y la nueva creación en la etiqueta 5.16.2


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¿Dónde radican las virtudes infusas?

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Las virtudes infusas son aperturas transcendentales del ser personal.
Radican en el co-ser personal.

Las "no sobrenaturales" son el fruto de la llamada inicial de Dios o gracia primera. (Etiqueta 5.15.0).

Las virtudes infusas "sobrenaturales" siguen al bautismo, es decir, al inicio de la "nueva creación" (estudiamos la nueva creación en la etiqueta 5.16.2).

Son regalos gratuitos incrementados por los dones del Espíritu Santo.

Las virtudes infusas, al abrirnos a la transcendencia, redundan en la esencia humana, elevando la inteligencia, la voluntad y demás potencias del hombre de acuerdo con su "proceder" de la persona.

Radican, pues, en la persona. En la persona en tanto que ser (ser personal o acto de ser personal, que es co-ser, aperturas).


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¿Qué son tradicionalmente los hábitos adquiridos de la inteligencia?

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La filosofía clásica considera que los hábitos adquiridos perfeccionan la potencia intelectual. La inteligencia no "se olvida" de que ha ejercido operaciones; dicho ejercicio queda retenido en ella en forma de hábito, de tal modo que la inteligencia tiene la disposición para repetir la operación.

Se crea así una "familiarización" con la temática objetiva de las operaciones que permite volver a pensar de ese modo.

Los hábitos serían algo así como una memoria intelectual, o una especie de depósito, pero sin ser actos cognoscitivos en sentido pleno.

La discrepancia de Polo en este punto se centra en que los hábitos intelectuales adquiridos son también temáticos. Son actos de "conocer" (método que coincide con su tema, sin tocarlo).

El tema de los hábitos es para don Leonardo la manifestación o iluminación de la operación. El tema de la operación intelectual es el objeto. El tema del hábito es el conocimiento de la operación. Conocemos que conocemos a distintos niveles. Es una cascada hacia arriba.





Glosa a Antropología trascendental. I. La persona humana. p.153.2
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¿Está desprestigiada la noción de hábito?

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Sí y no.

: en la filosofía moderna, la noción de hábito  se ha perdido o devaluado.
Se dice: "esta persona tiene hábitos" aludiendo a que tiene manías, rutinas, o meras costumbres.

Del punto de vista intelectual, los hábitos serían prejuicios y del punto de vista de la voluntad los hábitos (que entonces se llaman hábitos morales) nos quitarían responsabilidad: orden, puntualidad y otros "amaneramientos".

No: en la filosofía moderna se justifica la falta de compromiso aludiendo al "contexto". Nuestros "hábitos" conforman nuestra existencia.

La noción de "contexto" es una noción debilitada de la visión global (1.17). Se acogen las novedades dentro de unas coordenadas, de un "contexto" que nos determina. Somos así y no podemos salirnos fuera de lo que ya somos.

El hábito aristotélico no es así.
El hábito aristotélico (20.4.2) es un refuerzo que nos permite conocer mejor y actuar con el apoyo del bagaje de la experiencia.

Si recuperamos la noción de hábito se enciende la llama del atleta: mi destino está en mis manos. Puedo mejorarme más allá de lo que mi situación inicial me permitía. No estoy solo.

Soy capaz de novedad.
No se trata de gozar de los múltiplos placeres que ofrece la vida. Al final, el gusto se estraga y el caleidoscopio cansa y cansa, ¡qué aburrimiento!

Se trata más bien de la auténtica novedad: vemos más y mejor; amamos más y mejor. Es un canto.

Por ahí va la noción de hábito… el "refuerzo" que abre horizontes, posibilidades, novedades.




Glosa a Polo en Introducción a la Filosofía, p.65.3
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¿Hay en la tradición algún soporte para la noción poliana de ser personal como "además?

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Sí. La noción de hábito.

Tomás de Aquino dice que el hábito es algo intermedio entre el acto y la potencia.

Pues bien, el ser segundo, el ser personal poliano, o segundo sentido del ser, es un ser sobrante, inacabable, que se desborda.

El hábito es un acto, y al mismo tiempo es del orden de lo potencial.

Podríamos decir que es el desbordarse del acto que incrementa su potencialidad.

Si me levanto temprano soy cada vez más capaz de levantarme temprano. Soy más dueño de mis actos, soy más libre.

La persona es así, se viste con hábitos prosiguiendo más activamente su ejercicio.

El ser personal, la persona, añade. Es además.





Glosa a Juan A. García González : Existencia personal y libertad. Anuario filosófico nº 95. 2009, p. 331.2
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¿Se puede decir que los hábitos son una disposición?

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La esencia es el "disponer" y también el "manifestar", el "iluminar" o el "aportar" de la persona.

La "disposición" es un disponer habitual. La persona posee habitualmente una disposición.

En el caso de los hábitos intelectuales, por ejemplo, la persona comprende el inglés, aunque un día, podría perder ese hábito, por falta de uso.

En el caso de los hábitos que tienen que ver con la voluntad, la disposición es menos estable porque la persona se compromete o interviene con nueva responsabilidad en el acto voluntario. Hay más novedad, depende más de la persona.


Las virtudes (los hábitos que tienen que ver con la voluntad) son más potenciales que los hábitos de la potencia intelectual.
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¿Qué niveles tiene el crecimiento "habitual" de la persona humana?

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La persona crece, según sus hábitos a tres niveles.

A nivel categorial, en la medida en que, gracias a la posesión de instrumentos (coches, sombreros, ordenadores, teléfonos) se prolonga y se desborda.

A nivel esencial, en la medida en que, gracias a los hábitos de la inteligencia (ser poeta, músico o labrador) y a las virtudes de la voluntad (amabilidad, serenidad, optimismo) crece y se amplía.

A nivel íntimo y personal, en la medida en que, gracias a los hábitos superiores (sabiduría, esperanza, gracia) se abre más a Dios y a los demás.

Se multiplica.





Glosa a Juan A. García González : Existencia personal y libertad. Anuario filosófico nº 95. 2009, p. 334.5
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¿Cuáles son las dimensiones del hábito?

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Tres son las dimensiones del hábito: la tenencia, la disposición y la relación.

La tenencia es clara en los hábitos categoriales: me pongo un sombrero.

La disposición es clara en los hábitos adquiridos por las potencias espirituales: sé nadar o ser oportuno.

La relación se muestra especialmente en los hábitos superiores.

En efecto, la sindéresis, el hábito de los primeros principios y el de sabiduría (que son hábitos superiores) abren la persona, respectivamente,  a relacionarse con su obrar, con el universo y con su intimidad, también divina.

La gracia, la esperanza, la fe y la caridad (que también son hábitos superiores) son distintos modos de abrirse la persona a su creador.

Se trata de relaciones existenciales, no categoriales, que tornan a la persona en coexistente.

No son relaciones subsistentes (eso se queda para las personas divinas), pero tampoco son relaciones accidentales, ya que están en el orden del ser. Las llamaré (aunque algunos no lo aprecien) relaciones trascendentales.

A todos los niveles el hábito aparece como continuación del ser: sombrero, simpatía, filiación divina.

Y eso es así porque su ser es inacabable, siempre además.




Glosa a Juan A. García González : Existencia personal y libertad. Anuario filosófico nº 95. 2009, p. 335.4


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