Para entender esta concentración de la vida puede
servirnos la imagen del café instantáneo granulado.
Todo el café se encuentra, en cierto modo, concentrado en
cada grano.
El café se manifestará, digámoslo así, cuando se den las
condiciones adecuadas (el agua caliente y la interacción de los distintos
granos).
Saborearemos, en uno de los momentos de nuestra vida, la intensidad
del café en la medida de su intensidad instantánea.
Gravitación.
La vida “real”, no abstracta, gravita sobre cada una de
sus dimensiones, vivificándolas.
Las dimensiones de la vida son los momentos de su
ejercicio, que tienen una cierta antecedencia o anterioridad a su
crecimiento unitario.
¿Por qué hablamos de “una cierta antecedencia”?
El profesor Juan A. García comentó en un artículo que la
esencia de la persona humana procede de la vuelta del carácter de además a su
punto de partida que es el límite mental.
Y que lo que es curioso, dice, es que, aunque la esencia
de la persona humana procede de esa vuelta, la esencia tiene “una cierta
antecedencia”.
Podemos decir que el carácter de además se dota de
su propio punto de partida.
Con otras palabras, el carácter de además y su vuelta
son, digámoslo así, simultáneos.
Polo a veces expresa dicha vuelta como el
sentido transversal del carácter de además.
Cuando decimos que la vida gravita sobre cada “momento”
estamos diciendo que sucede una atracción mutua. La tierra gravita
alrededor del sol, la luna gravita alrededor de la tierra. Se trata de una
atracción mutua.
La ley de la gravitación universal estipula que
dos masas se atraen “mutuamente”. Una de las masas (la tierra) parece inmóvil
únicamente porque su masa gigantesca opone una resistencia infinita a la
atracción de nuestra pequeñísima masa. La Tierra atrae hacia su centro con una
fuerza igual a nuestro peso. Nosotros atraemos a la Tierra con la misma fuerza.
La atracción es mutua.
Aplicando esta ley de gravitación a los momentos de
nuestra vida, podemos afirmar que estamos vivos porque la vida (el ser que
somos) gravita sobre cada uno de nuestros “momentos”. Ahí radica la “unidad de
la vida”. Todos los “momentos” se unen en virtud de la atracción mutua, gracias
a la vida, a su trascender interno, dual y además.
Polo explica que el vivir no se agota en su inmediata
actualidad, sino que, como venimos diciendo, la vida gravita sobre los momentos
de su ejercicio, prestándole el peso de su unidad, esto es, dándose a ella de
acuerdo con ella. Este “acuerdo con ella” es una cierta
antecedencia.
Contemplación.
Leonardo Polo ha aprendido de san Josemaría que la vida
eterna es contemplación de Dios.
Apliquemos ahora la noción de “gravitación” al modo como
Dios nos conoce. Porque la Vida divina gravita también, sobre la persona que
soy. Cada trascendental personal es atraído por Dios abriéndose con la humildad
(el co-ser), la esperanza (la libertad), la fe (el inteligir personal) y la
caridad (el amar personal).
Mi vida eterna será acogida en la máxima amplitud
de Dios.
No comprensivamente, sino contemplativamente. Mi
crecimiento eterno será siempre “además” del Misterio de Dios. Contemplación.
No comprensivamente, porque aunque veamos a Dios cara a
cara nunca llegaremos a comprender el Misterio. Seremos acogidos
contemplativamente, en adoración contemplativa.
Y me permito añadir: contemplación de Dios, desde “una
cierta antecedencia”.
Entonces, el carácter donal de la persona se expresará en
un canto de alabanza y gratitud perennes.
De este modo, el encontronazo definitivo con Dios, la
vida eterna, de cada persona humana, deja de ser una inmortalidad estática para
convertirse en un cántico acogido en la máxima amplitud de Dios.
Y ese canto es, precisamente una cierta antecedencia
del hijo que somos en el Dios Hijo.
La vida eterna es conocer a Dios como Dios nos conoce.
Pero Dios Padre nos conoce de acuerdo con su Hijo. Y el Dios Hijo nos conoce de
acuerdo con lo que quiera contemplar nuestra libertad.
Mi vida eterna depende también de mí.
Será eternamente contemplación de Dios, pero desde la
antecedencia de mi querer libre.
He escrito esta comunicación como homenaje a la figura de
don Leonardo Polo, que me ha hecho entender que mi vida es una cierta
antecedencia de mi vida eterna.
Caminante no hay camino, se hace camino al andar.
Antonio Machado me recuerda que la vida
eterna no está trazada de antemano para cada uno, sino que la iremos
abriendo a través de nuestro canto, a través de nuestras decisiones. Decisiones
libres que son una “cierta antecedencia” de la vida eterna de cada
quién.
Vida eterna que se anticipa también en mi vida
terrestre, en tanto que esta vida es una cierta antecedencia de la eterna, que
crece al caminar. El Cielo está muy cerca.

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