¿Cómo investigar la convertibilidad de los trascendentales metafísicos?

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Los trascendentales tradicionales (tras la rectificación poliana) son : acto de ser del universo, verdad y bien (y belleza, aunque no está explicitada por Polo).

Frecuentemente admitimos su convertibilidad sin saber exactamente su significado, pues parece claro que no se puede ser, sin ser verdadero y bueno.

Sin embargo, su conversión es más complicada de lo que se suele decir de manera intuitiva, pero vaga.

Si podemos hablar de verdad y bien como trascendentales relativos es porque existe un "cognoscente" del ser y un "amante" del bien.

La verdad de la criatura que existe sencillamente (acto de ser del universo) está en Dios y en las criaturas intelectuales que la conocen.
El bien de esta criatura está en Dios y en las criaturas intelectuales que la apetecen (o la regalan).

La conversión de los trascendentales metafísicos radica, pues, en Dios y en las criaturas intelectuales.
Las criaturas espirituales están abiertas al ser del universo (co-son, co-existen) y por eso la criatura sencilla que es el universo no carece ni de verdad, ni de bien.


De esto se habla en L. Polo. Antropología trascendental. Tomo I. La persona humana. p. 72.2

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¿Qué ganamos con la muerte?

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Ganamos el desvelamiento de la oscuridad de la libertad nativa en nuestras circunstancias.

En la vida humana hay muchas quiebras. La libertad tiene sus errores peculiares (pecados).

Al morir, o tener que morir, descubro lo que irremediablemente dejaré detrás, por no ser suficientemente hijo. El dolor hace renacer la libertad nativa.

De esto habla Polo en el último capítulo de "Quién es el hombre" p. 224
Para saber mas sobre la libertad nativa ver la etiqueta 5.5.4
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¿Una primera aproximación a los trascendentales?

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Los trascendentales son las dimensiones últimas del ser.

Los trascendentales son perfecciones puras, sin macla, abiertas entre sí.

Los trascendentales según Polo son : amar donal, inteligir personal, libertad trascendental, co-ser.
Y a nivel metafísico : acto de ser, verdad, bien y belleza.

En L. Polo. Antropología trascendental. Tomo I. La persona humana. p. 73, se hace un resumen de las aporías de la doctrina de los trascendentales.

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¿Qué es la muerte para la persona humana?

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Es un paso penoso.

La muerte para el hombre es un viaje precipitado, en el que perdemos el cuerpo.

El Apocalipsis dice que sus obras siguen al justo.
Pero eso sólo lo sabremos a la llegada.

No estamos seguros de que recuperaremos las maletas. No lo quiero ni imaginar.
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¿Cómo explica Polo antropológicamente lo que es el morir?

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El morir es un tránsito.

Lo inmortal del hombre, su espíritu, no es capaz de sumar al tránsito, el entero transcurso temporal de la vida humana.

No sabemos descifrar el sentido de nuestro estar en el mundo. Nos vamos dejando tantas obras inacabadas.

A través de la cultura hemos intentado expresarnos, dar sentido a nuestra vida biológica.

Si nuestro espíritu hubiera abierto por completo el significado de nuestra vida temporal, nos llevaríamos el cuerpo a la gloria.

Nos duele morir cuando la tarea está aún inacabada.

Glosa a Urbano Ferrer. Consideraciones sobre la relación mente-cerebro. Studia Poliana 11,  p.56.2  

¿Tiene la vida valor donal?

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El valor donal de la vida se corresponde con el valor donal de la muerte.

La vida es para consumirla (muerte) y para consumarla (vida).

La vida es el don que nos instala en la vida eterna, al ser aceptado por Dios.

Ofrecer o dar la vida, no es solamente compartir la vida, sino decir: "no quiero vivir, lo que quiero es vivir contigo".
No me importa la vida, me importas tú.

Es lo que se llama "desvivirse". 

¿Qué es la adoración?

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La desaparición del yo.

Ver a este propósito, Polo, Antropología trascendental, tomo I, p. 210 : la persona y el yo. Allí explica cómo adorar-yo es el trascendental antropológico más difícil de alcanzar.

Glosa a Juan A. García González : Existencia personal y libertad. Anuario filosófico nº 95. 2009, nota 31, p. 346.3

¿Cuál es núcleo del culto?

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La manifestación de la adoración.

El yo se manifiesta como ver-yo y como querer-yo. Esa manifestación corre a cargo de la sindéresis.

El adorar-yo se manifiesta en el culto, cuyo valor simbólico es patente, sobre todo en la liturgia o culto público.

De esto habla Polo en Antropología trascendental I, p. 211,  nota 15.
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¿Qué es la muerte?

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Un paso incompleto.
El hombre muere porque al cambiar de vida no puede llevarse al cuerpo consigo.
No sabe cómo hacerlo.
Pero no piensen ustedes de modo sustancialista, como si fuera una película de ciencia ficción, imaginando un cuerpo que pasa por un agujero.

El pecado original es un pecado de ciencia, de falta de conocimiento.
El sentido del cuerpo queda sin descifrar.
“Conociendo”, en Dios, recuperaremos, gloriosamente, el cuerpo y su historia.

De esto habla Polo en el último capítulo de "Quién es el hombre" p. 208
Para saber mas sobre el pecado original ver la etiqueta 12.3.0
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¿Es la muerte un acontecimiento de mi historia, de mi vida?

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No faltan quienes niegan la existencia de la muerte, asegurando que es una ficción, pues cuando morimos ya no vivimos, sería algo externo a nuestra vida: la vida ha terminado, luego la muerte no es nada.

Hagamos, sin embargo, un esfuerzo por abandonar la manía sustancialista que ve todo a través de un “sujeto”, un yo aislado, que se muere cuando se muere, como muere un perro, una sustancia. Si es así, la muerte es ciertamente exterior a mi vida.

La persona no es una sustancia que desaparece al transformarse en cadáver. La persona humana es “adverbio”, es “además”. Este horizonte nos permitirá comprender el sentido donal de la muerte. La vida terrestre termina, sí, el don se ha completado y se abre la gran alternativa: ¿será mi vida aceptada? Hemos llegado al gran acontecimiento de mi historia: el juicio.

De esto habla Polo en el último capítulo de "Quién es el hombre" p. 208.2
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¿Tiene la muerte importancia para Heidegger?

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Sí. Porque le da sentido a la vida.
Sin embargo, al aceptarla como término ineludible, se incapacita para entender la libertad radical.
Somos libres sólo para darle sentido a nuestra vida, pero la vida se acaba.
La muerte tiene una importancia desorbitada y provoca el centrarse en la realización del sentido que yo quiera darle a mi vida.

En esta vertiente la antropología de Heidegger es una antropología de la finitud o una ontología de la cultura (en definitiva, del lenguaje): somos lo que llegamos a decir y nada más.
La muerte le sirve a Heidegger como cañamazo para el vivir. Precisamente porque nos damos cuenta de que morimos somos seres con proyectos; si no, nos limitaríamos a pasar.

De esto habla Polo en el último capítulo de "Quién es el hombre" p. 209.2
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¿Es la inmortalidad un vivir indefinidamente?

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No sólo eso.
La inmortalidad del hombre es la desaparición del error peculiar de la libertad que es el pecado.

Ser inmortal para los hombres es una consecuencia de lo que los cristianos llamamos ciencia de la Cruz. Es un saber más, que descifra todos los avatares del cuerpo, de la historia y de nuestras acciones futuras.
En el la vida eterna que algunos llamamos Cielo, no se peca. En el Cielo no se muere.

Para saber más sobre el pecado ver la etiqueta 12.3.1;
Y sobre el pecado original, ver la etiqueta 12.3.0

De esto habla Polo en el último capítulo de "Quién es el hombre" p. 209.3
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¿Tiene razón Heidegger cuando afirma que sin la muerte desaparecerían los proyectos?

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Sí, porque la muerte acota el tiempo de la vida terrestre.

Si viviéramos indefinidamente no existirían las posibilidades, pues todo sería posible y tarde o temprano se realizaría. La vida sería un todo infinito y aburrido en la que no nos jugaríamos nada.

La muerte da posibilidad a la posibilidad.
De ahí que, aunque la muerte aparezca como algo negativo, el sabio agradece el conocerla, pues así se estimula a aprovechar el tiempo en tareas con sentido.

Heidegger tiene razón: sin la muerte no existirían las alternativas.

Esto no quita el que exista una ciencia superior que Heidegger ignora: la muerte no es un término, sino un cambio de vida.
Heidegger incumbe en patetismo. La inmortalidad no debe equipararse a la prolongación indefinida de la vida biológica. Ser inmortal es saber descifrar nuestro cuerpo, esencializarlo de tal modo que sirva para otra vida que no es aburrida: la vida eterna "de los hijos".

De esto habla Polo en el último capítulo de "Quién es el hombre" p. 209, 2-3.

Para saber mas sobre Heidegger ver la etiqueta 20.50.00
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¿Tiene razón Sartre cuando califica a Heidegger de moralista?

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Sí, pues no tiene sentido querer darle sentido a la vida si se acaba.

En esto Sartre parece más coherente y radical: los demás, que me recuerdan la libertad, son un infierno, pues la libertad no sirve para nada. Es nauseabunda.
La muerte es un hachazo que hace inútil nuestra existencia. La muerte es un factor enigmático para la libertad.
De qué me sirve cifrar (cultura) si no podré descifrar. Por eso Sartre desemboca en la dialéctica: somos libres y empíricos a la vez, vivamos la vida como nos dé la gana, evitemos lo que nos desagrada, seamos libres como pasión: condenados a ser libres.

Sartre ignora que la libertad trascendental, que somos, es un acto inagotable; que buscando su Origen, lo encontrará indesfuturizable. No es pasión, sino acto actuoso, y esperanza de felicidad.

De esto habla Polo en el último capítulo de "Quién es el hombre" p. 210.

Para saber mas sobre Sartre ver la etiqueta 20.51.00
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¿Cómo conjura Epicuro su miedo a la muerte?

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Dice que la muerte es un hecho indiferente, porque cuando estamos vivos no hemos muerto, y cuando hemos muerto no vivimos.

De este modo Epicuro se acoraza, busca un consuelo, expulsa la comunicación muerte-vida.

Sin embargo, la muerte no se quita de en medio con tanta facilidad. La neta postura de Epicuro es superficial. Quien diga que la muerte no es terrible no sabe nada de ella.
¿No es espantoso ser ciego en Granada? O en Málaga.

De esto habla Polo en el último capítulo de "Quién es el hombre" p. 210.2
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¿Cómo integrar la muerte en mi libertad?

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Sartre tiene razón cuando observa que la muerte aparece como una necesidad para mi libertad: alguien va por la calle, le cae una teja en la cabeza y se muere.

¿Dónde está ahí la libertad?
Pues piensen ustedes que tampoco podemos decidir nacer.
Ahora bien, podemos aceptarlo.

Polo llama a esta aceptación libertad nativa.

Claro está que si entendemos la libertad como espontaneidad (libertad emancipada) tal como hacen Heidegger y Sartre, no se entiende la libertad radical de la que aquí hablamos. (La libertad radical o trascendental tiene dos miembros, la libertad nativa y la libertad de destinación).

El acto de la libertad nativa no es una decisión que se tome o comience en el curso de la vida (“comenzar” es propio del acto de ser del universo, de la "persistencia"), la persona humana no “comienza” sino que nace como novedad que se añade: es segunda.

La libertad emancipada moderna es un “comenzar” desde sí o por sí (perseitas). Por eso Heidegger afronta la muerte con un acto que llama libre en el que se agota. Y por eso Sartre dice que comenzar no sirve para nada.

No saben plantear la cuestión de la libertad, pues para ellos la libertad es innata, no nativa.

Intentemos aclarar la cuestión: nacer no es comenzar; morir no es terminar.
La vida humana no es el trayecto entre su comienzo y su fin. Eso es la vida biológica o animal.

¿Qué es el nacer para una persona humana? : la libertad nativa, el ser hijo. El ser un ser que es co-ser o ser segundo.
Un ser que posee un futuro que no acaba. Hijo es nombre personal; no ser cósmico.

Aunque muramos biológicamente seguiremos siendo hijos. La libertad nativa trasciende el nacer y el morir.

Trascendentalmente aceptamos (ésa es la novedad) nuestro nacer y podemos aceptar nuestro morir; el acabarse de la vida biológica, ofreciéndola como don.

Heidegger está pues más cerca de la comprensión de la muerte que Sartre; pero al no saberse hijo, incumbe en patetismo. Desconoce que al terminarse la vida biológica descifraremos su sentido. No porque nosotros se lo demos, sino porque nuestro Padre nos lo otorga como premio a nuestra fidelidad.

De esto habla Polo en el último capítulo de "Quién es el hombre" p. 211

Para saber mas sobre la libertad nativa ver la etiqueta 5.5.4
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¿Por qué el miedo de Hobbes ante la muerte debilita su antropología?

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Según Hobbes, el hombre vive dominado por el miedo porque es capaz de adelantar el futuro. El hombre no puede evitarlo. El animal no sabe que va a morir.
Homo homini lupus, el hombre es un lobo para el hombre.

Por ello se ve impelido a construir el Leviathan, el Estado, a fin de anular el miedo emanado de la enemistad universal.
Es necesario el pacto social, urdir un sistema que garantice la paz; eso es “lo stato”, lo estable; la política, al construir un ente al que se entregan todos los poderes, neutraliza mi futuro; ahí ya puedo vivir despreocupadamente.

Porque conocer el futuro es conocer una serie ininterrumpida de males que acaba con la muerte. Sé que soy mortal porque soy un ente que imagina.
Imaginemos pues un Estado totalitario que nos libere del terror.
Hobbes inmola la persona, el futuro, pues ahí se encuentra la muerte.

La antropología se debilita en sociología o  ciencia de la paz entre lobos.

De esto habla Polo en el último capítulo de "Quién es el hombre" p. 212.2

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¿Cómo hace Kant para que no aparezca la muerte?

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Haciendo que la ética ocupe todo el horizonte.
La libertad para Kant es exacta como un reloj prusiano: espontaneidad categórica.

El imperativo categórico es una norma absoluta, que lo abarca todo. Aquí no hay persona, no hay un quién. El sujeto trascendental sabe lo que sabe y no molesta a los demás con lo que a él le molesta.

Así controla Kant el problema del miedo al futuro.

Atenerse estrictamente a la norma anula la persona: Las decisiones del yo empírico serían una quiebra; el afán subjetivo-egotista de pasarlo bien. Un apéndice despreciable.

Sin embargo, al imperativo categórico no le puede pasar nada. Si cumplimos nuestro deber no caeremos en preocupaciones tan triviales como la muerte, que es así tapada por el imperativo categórico.

De esto habla Polo en el último capítulo de "Quién es el hombre" p. 213.5
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¿Es analógica la noción de libertad?

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La libertad no es analógica, pero la noción de libertad sí se puede considerar analógicamente.

La libertad en Dios es su eternidad.

He encontrado una sabrosa indicación en un texto de Falgueras en el que dice que la libertad divina es sin precedentes.

La libertad y el dar humanos son condicionales, es una añadirse, nuevo, pero sin ser pura novedad, pues acompaña.
El dar divino innova puramente. No está condicionado. Hace surgir de la nada.

La creación no es una "posibilidad" en Dios, que escoge una entre otras posibilidades. Dios no pierde posibilidades. En Dios todo es sí, todo es positivo.

La libertad en Dios es incondicional.

La libertad en el hombre es condicional. Se añade.
La libertad en el hombre es dual.

En tanto que hijo de Dios, su libertad es la capacidad de respuesta amorosa a la llamada, respuesta nueva, novedad, que llamaremos entrega. (No olvidemos que Dios es Dar).

La libertad del hijo es la libertad de poder destinarse, si quiere, a Dios.

Pero esa libertad se ejerce en una serie de condicionamientos.
En el tiempo, el hombre debe conseguir, haciéndolo crecer, el don que entregará a Dios, su vida.

Por eso, el hombre es más libre en la medida en que sabe lo que debe hacer para completar su don, en la medida que puede ofrecerlo. Es lo que llamamos libertad moral. Es la libertad "esencial".
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¿Cuál es el problema moderno de la intersubjetividad?

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El solipsismo.
- El sujeto trascendental kantiano es una libertad solitaria.
- En Hegel es un solo Dios; espíritu absoluto.
- En Nietzsche, la voluntad poderosa de lo que me da la gana.
- En Sastre, náusea. Los otros son un infierno.
- En Heidegger, angustia que se salva cuando me realizo. Yo.
- Los “personalistas” intentan resolverlo, diciendo que no hay yo sin tú.

-         Más sencillo es ser realista: tenemos una naturaleza común y coexistimos no como individuos de la especie, sino como personas. La persona no está finalizada por la especie. Nos mejoramos, al mejorar la naturaleza, la red social a la que pertenecemos, elevándola a cultura.

Y nos mejoramos mutuamente al aportar, en sociedad, lo mejor que tenemos.

Dependemos del mundo (del acto de ser del universo).
Dependemos de nuestros padres (que nos ideron la vida) y de los demás.
Pero dependemos radicalmente de Dios.
No hay "yo" sin Dios.

La relación yo-tú, personalista, no es radical, sino de nivel esencial o manifestativo.

De esto hablan  Alfredo Rodríguez Sedano y Juan Carlos Aguilera en su artículo " La intersubjetividad a la luz de la apertura íntima personal", aparecido en Studia Poliana, 13, (2011), p. 31.


Para saber más:
Sobre  el rasgo de la dualidad:………Etiqueta 5.4.1
Sobre el trascendental co-ser:……….Etiqueta 5.5.1
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¿Cómo se distingue la co-existencia de la intersubjetividad?

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Como la fuente y el agua.

La co-existencia, a la que preferimos llamar co-ser, indica la persona
La intersubjetividad, su manifestación.

La persona es abierta por dentro. Co-ser. Oír sin sonido. Hablar sin palabras.

Y hacia fuera, se abre a otras personas. Co-nacer.
Y a nivel esencial: intersubjetividad o convivencia. Crecer juntos.

La etiqueta sobre la co-existencia es la 5.5.1
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¿Es la persona individuo?

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No.
La persona es co-ser, coexistencia, co-ser-con.

De ahí brota, como manifestación, la intersubjetividad.

La persona no es, y luego se relaciona.

La intersubjetividad no es relación entre sujetos aislados, sino entre personas que se manifiestan, pues son co-seres.

De esto hablan  Alfredo Rodríguez Sedano y Juan Carlos Aguilera en su artículo " La intersubjetividad a la luz de la apertura íntima personal", aparecido en Studia Poliana, 13, (2011), p. 41.5.

Para saber más sobre:
el co-ser……………….....etiqueta 5.5.1
la individualidad……….etiqueta 4.3.0

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¿De quién depende el nacimiento del co-ser humano (la persona humana)?

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a) Depende de Dios.
b) Depende de la preexistencia de la criatura cósmica (acto de ser del universo).
c) Depende de la preexistencia de unos padres que le donen a la nueva persona la vida recibida (de los padres).

Por un lado la persona no procede de sus padres sino que es creada directamente por Dios, pero por otro lado la persona tampoco puede ser creada sin la donación de los padres.

El cuerpo de una persona no es intercambiable (no existe la transmigración de almas). Con otro cuerpo sería creada una persona distinta.

La referencia a la especie humana viene de los padres, pero en tanto que personas no agotamos la especie.

De esto habla salvador Piá en “El hombre como ser dual” p. 347 y Leonardo Polo en Antropología trascendental I, p. 206; 239 nota 64 y 94.
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¿Cómo conjura Nietzsche la muerte?

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Con el eterno retorno.

Nietzsche dice: todo para suprimir la venganza, para amar la eternidad sin riesgos, para no ser hijo, para producir en régimen de superación, para convertir el tiempo en ser.

Nietzsche huye del miedo a la muerte de una manera más refinada que Hobbes, la supera artísticamente. Propone una eternidad corpórea cultural, sin alma y sin ética.

Pero el hecho es que él también se murió.

De esto habla Polo en el último capítulo de "Quién es el hombre" p. 215
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¿Es la muerte una buena piedra de toque para conocer la profundidad de los filósofos?

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Sí. Los más profundos serán los que sepan decirnos por qué el hombre es mortal y lo hagan jugando con la muerte, no como el caballero de la película El séptimo sello que se atreve a mirar a la muerte e intenta retrasar que le llegue, retándola a una partida de ajedrez.

El mejor filósofo será el que juegue con la muerte con un juego de suma positiva en el que todos ganan. El que sea capaz de bailar con la muerte en lugar de desviar su mirada.

Kant: en vez de reconocer, soy mortal, juega con el absoluto ético del imperativo categórico.

Hobbes: el miedo le hace refugiarse en el Estado, que a lo más le pagará el entierro.

Sartre: la muerte da jaque y mate a mi libertad.

Heidegger: sé que me ganarás, pero yo jugaré como me dé la gana.

Nietzsche: venceré a la muerte pues seré vencedor. Vencerá el que vencerá.

Buda: yo no juego.

Ejemplos de filósofos que no saben bailar con la muerte.

De esto habla Polo en el último capítulo de "Quién es el hombre" p. 214-216
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¿Cómo juega Polo con la muerte?

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Con ritmo personal, dando un paso doble.

El primer paso es darse cuenta de que la unión del cuerpo con el alma no es suficientemente estrecha para resistir los altos vuelos. Es decir, reconocer que somos mortales.

El segundo paso, o paso doble, consiste en dejarle la iniciativa al alma. Es el alma la que debe tirar del cuerpo, informarlo mejor, comprenderlo, esencializarlo.

Pero atención, el alma no es “sujeto” independiente. El alma debe dejarse guiar por la música.

Para saber bailar con la muerte, con nuestra debilidad congénita, necesitamos el apoyo de la persona, que es actividad inagotable, futuro indesfuturizable, futuro que no acaba.

De esto habla Polo en el último capítulo de "Quién es el hombre" p. 215, 2-3
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¿Cómo insiste el espíritu en el cuerpo y en la naturaleza?

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Perfeccionando. El espíritu perfecciona el cuerpo y la naturaleza.

El cuerpo de cada quién es perfeccionado al ser esencializado, gracias a la ética.

La naturaleza humana se perfecciona en cultura, que también es común a los hombres y mujeres que la poseen, como la naturaleza.

El alma (que es de un quién espiritual) hace nuestro cuerpo más nuestro a través de la simbología que le descubre. Lo hace más estable, más viable, de tal manera que el cuerpo podrá acompañar al alma en el  paso de la muerte. Es un cuerpo más unido al alma, transfigurado. Un cuerpo espiritual.

El cuerpo resucitado es un cuerpo en el que el espíritu humano es tan activo que aquello que ahora es carne y hueso, seguirá siendo mi cuerpo, pero penetrado por la plenitud del espíritu.

Unamuno dice: “yo soy de carne y hueso”, pero añade que no quiere ser hombre más que de carne y hueso. Ha cortado las alas al alma.

Somos mortales porque somos de carne y hueso, pero, atención, suele pensarse que nuestro cuerpo es inexorablemente mortal, y eso no es verdad.

La verdad es que mi cuerpo es de carne y hueso en tanto que su unión con el alma no es suficientemente intensa; entonces el alma transita, y el cuerpo no.

Como ven, es cuestión de ética. La ética es el arte de conducir la vida. La ética acompaña al alma en su paso. Si poseemos la ciencia de Dios, nos llevaremos al cuerpo.

Paralelamente, la cultura es “continuatio ficta natura”. En sociedad; los humanos perfeccionamos la naturaleza actualizando sus potencialidades, cifrando en símbolos.

Piensen ustedes en el valor de una cultura cristiana.

De esto habla Polo en el último capítulo de Quién es el hombre, p. 216.

Para saber más sobre la cultura, ver Etiqueta 7.2.0
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¿Es que si el alma humana no se separara del cuerpo, como es el caso del alma de los animales, no sería inmortal?

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Eso es falso.

Si el alma penetrase suficientemente en el cuerpo, no lo dejaría, sino que haría el tránsito con él.

No es el caso de los animales, cuya alma no es espiritual.

Juan Fernando Sellés dice que las mujeres tienen el alma más pegada al cuerpo. Deben resucitar más fácilmente.

De esto habla Polo en el último capítulo de Quién es el hombre, p. 217.2

Para saber más sobre la cultura, ver Etiqueta 7.2.0
Para saber más sobre la muerte, ver Etiqueta 10.0.0
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¿Cómo conectar sistémicamente “soy mortal” y “soy persona?

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“Soy persona” conecta sistémicamente con “soy mortal” al otorgar a la muerte un sentido donal.


Gracias a la simbología.
Los símbolos son cauce para la libertad humana. Y “soy persona” es ser libre, ser libertad nativa, ser Hijo.
Pero no somos espíritus angélicos para los que ser de carne y hueso sea indiferente o un hecho bruto.

El cuerpo, aunque no sea suficiente, es un cauce de la libertad, en especial de su expresividad. Porque soy de carne y hueso puedo tener sentimientos; acorazarse en el imperativo categórico, esto es, pretender ser éticamente libre respecto del cuerpo, es una abierta renuncia a lo simbólico.



Cristo murió libremente: “yo doy mi vida y nadie me la quita, sino que la doy porque quiero, soy dueño de dejarla y dueño de tomarla”.

Si somos suficientemente libres podemos ofrecer al Padre nuestra vida, aceptando la muerte.

De esto habla Polo en el último capítulo de Quién es el hombre, p. 217.2-218.

Para saber más sobre la cultura, ver Etiqueta 7.2.0

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¿Es la muerte vía para la antropología?

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La cuestión de la muerte es una de las grandes vías de entrada al tema del hombre.

Si nos atrevemos a pensarla, se ponen en claro las grandes dimensiones del ser humano: tenemos cuerpo, somos alma espiritual, dependemos de Dios.

Empezamos a darnos cuenta del fondo de muchos anhelos del hombre: querríamos ser inmortales o, lo que es lo mismo, descifrar los símbolos que los humanos cultivamos (cultura).

Y símbolo fuerte es la muerte.

Se cuenta la siguiente anécdota: cuando los comunistas eran comunistas de verdad, en un coloquio con intelectuales de Occidente, salió a relucir el famoso asunto de la sociedad perfecta, sin clases, en que culmina la historia. Y uno de los de Occidente preguntó: - ¿Y si en esa sociedad perfecta un tranvía atropella a un niño y lo mata? Un comunista respondió: - En la sociedad perfecta no habrá tranvías.

La filosofía moderna desvía la vista de la muerte, buscando teorías (como la marxista) para esquivarla.

Sin embargo, la muerte nos orienta a restaurar el sentido trascendental del yo: adorar-yo. La muerte nos anima a expresarlo simbólicamente, enamorados de Dios.

De esto habla Polo en el último capítulo de Quién es el hombre, p. 218.2-3. Y habla del adorar-yo en Antropología trascendental I, p. 211.”

Para saber más sobre la cultura, ver Etiqueta 7.2.0

¿Cómo insiste el espíritu en el cuerpo y en la naturaleza?

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Perfeccionando.

El cuerpo de cada quién se perfecciona esencializándose, gracias a la ética (arte del espíritu: el arte de conducir la propia vida).

La naturaleza humana se perfecciona en cultura, que es común, como la naturaleza, a los hombres y mujeres que la poseen. Cada uno posee la suya, su naturaleza, y su cultura, en comunión con los otros que juegan en la misma red.

El alma (que es de un quién espiritual, espíritu) hace nuestro cuerpo más nuestro al otorgarle su simbología. Lo hace más estable, más viable, de tal manera que será apto para acompañarla en el paso que es la muerte. Es así un cuerpo más unido al alma, transfigurado. Un cuerpo espiritual.

El cuerpo resucitado es un cuerpo en el que el espíritu humano es tan activo que aquello que ahora es carne y hueso, seguirá siendo mi cuerpo, pero penetrado por la plenitud del espíritu.

Unamuno dice: “yo soy de carne y hueso”, pero añade que no quiere ser hombre más que de carne y hueso. Ha cortado las alas al alma.

Somos mortales porque somos de carne y hueso, pero, atención, suele pensarse que nuestro cuerpo es inexorablemente mortal, y eso no es verdad.

La verdad es que mi cuerpo es de carne y hueso en tanto que su unión con el alma no es suficientemente intensa; entonces el alma transita (en el momento de la muerte), y el cuerpo no.

Como ven, es cuestión de ética. La ética es el arte de conducir la vida. La ética acompaña al alma en su paso. Si poseemos la ciencia de Dios, nos llevaremos al cuerpo.

Paralelamente, la cultura es “continuatio ficta natura”. En sociedad; los humanos perfeccionamos la naturaleza actualizando sus potencialidades, cifrando en símbolos.

Piensen ustedes en el valor de una cultura cristiana.

De esto habla Polo en el último capítulo de Quién es el hombre, p. 216.

Para saber más sobre la cultura, ver Etiqueta 7.2.0
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¿Qué es el horizonte?

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Polo dedica las últimas páginas (244-253) de "Quién es el hombre" a insistir, aunque sea de manera esquemática, en algunos aspectos de la libertad de destinarse.

Llama a la libertad nativa, radicalidad (la radicalidad, no lo olvidemos, es el ser hijos. De Dieu, bien entendu).

Y llama a la destinación de la libertad, horizonte.

Me parece clara su inspiración: es en el horizonte donde parecen juntarse el cielo y la tierra (en palabras del fundador de la universidad de Navarra).

El horizonte indica futuro indesfuturizable.
Siempre podremos amar más y ser más amados de Dios.

De esto habla Polo en el último capítulo de "Quién es el hombre" p. 244

Para saber más sobre la libertad nativa, ver etiqueta 5.5.4.


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¿Es la acción humana novedad?

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Sí, porque la acción humana se elige a sí misma, es libre.

Somos capaces de abrir futuros, de abrir líneas de tiempo que van más allá de la probabilidad física.

Lo que pueda pasar o no pasar está en nuestras manos. Si ponemos una decisión, tendrá lugar una serie de acontecimientos, y si no, no.

Por eso al actuar "nos hacemos" buenos o malos. No somos buenos o malos como una manzana, que es buena o mala sin hacer nada, sino en cuanto que nos hacemos a nosotros mismos buenos o malos al tomar decisiones buenas o malas.

La bondad o maldad moral tiene que ver, pues, con la libertad.

Hay una norma moral, no física, que puedo conculcar; hay un bien que puedo abrir, si quiero; y hay una virtud, amor, que adquiero al elegir, libremente, el bien.

Para Ti.


De esto habla Polo en "Ética". Hacia una versión moderna de los temas clásicos. 2ª edición. Unión Editorial. p. 65.3-4


Para saber más:
sobre la norma moral, ver la etiqueta 9.1.4
sobre la conciencia moral, ver la etiqueta 9.6.0

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¿Nace la norma moral con la inteligencia humana?

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Sí, pero en correlación con el bien y la virtud.

La correlación sistémica entre las tres dimensiones de la ética (normas, bienes y virtud) no se entiende si se pierde de vista que somos libres.

Las leyes físicas, biológicas, psicológicas, no se pueden conculcar.

La luz de la inteligencia, sin embargo, no es luz física, es apertura (chispazo libre) en el ámbito de la máxima amplitud.


Por ser libres, conocemos, más o menos, conduciendo nuestra vida. Para conocer inteligentemente hay que prestar atención, consentir en un bien, porque sabemos que nos conviene (amor).

La conciencia moral no es un imperativo categórico. Más que "haz el bien", la luz de la sindéresis nos indica : "lo tuyo es hacer el bien".

Somos seres que tenemos en las manos nuestro propio existir. No estamos finalizados por una determinación finita, sino que tendemos sin límite (actividad irrrestricta: libertad).

El nacimiento de la norma moral muestra que llevamos nuestro existir a cuestas. No tenemos ninguna dotación previa según la cual podamos descansar en nuestro acontecer temporal, como descansa un animal. O como descansa un astro. El astro está reclinado en su órbita; el astro no hace nada de sí, si lo hiciera, podría salirse de su órbita, pero el astro no es libre.


De esto habla Polo en "Ética". Hacia una versión moderna de los temas clásicos. 2ª edición. Unión Editorial. p. 64. 2-3


Para saber más:
sobre normas, bienes y virtudes, ver etiqueta 9.1.4
sobre el arranque de la ética, ver etiqueta 9.1.0
sobre la conciencia moral, ver la etiqueta 9.6.0

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¿Es el cuerpo ser "primero" o ser "segundo"?

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Es la pregunta que hace Franceso Enia a Polo.
Por mi parte respondo que ser primero es el ser del universo físico y ser segundo es la persona humana, a quien corresponde el nombre de "además".

Y como el cuerpo humano manifiesta el ser que soy y seré, al disponer gracias a él, iluminando y otorgando, podemos decir que el cuerpo humano es una de las dimensiones de la esencia de cada hombre o mujer.

No pasa lo mismo con los cuerpos de los animales, que son formas físicas del despliege de la esencia del universo, o tetracausalidad. Los cuerpos de los animales no tienen consistencia. Sencillamente existen durante un tiempo y luego desaparecen.

Note usted que cada vez que en el universo físico se dan las condiciones de un cuerpo "humanamente" organizado (46 cromosomas), Dios interviene, de nuevo, creando el espíritu que posee tal cuerpo.

Los padres realmente procrean.

Y tras ese momento inicial, es tarea de cada persona esencializar, hacer crecer el instrumento que posee, su cuerpo.

Los cuatro trascendentales personales intervienen:
Según la libertad, la persona dispone con su cuerpo.
Según el co-ser, la persona se manifiesta con su cuerpo.
Según el inteligir personal, la persona ilumina con su cuerpo.
Según el dar personal, la persona otorga con su cuerpo.
Disponer, manifestar, iluminar y otorgar son nombres de la esencia humana.

Respondo pues a la pregunta diciendo que el cuerpo es la manifestación del ser segundo, del además que somos.

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¿Es el cuerpo inmortal?

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Podemos  decir metafóricamente que el universo físico morirá cuando desaparezca la vida en él. Aunque no se podría descartar que aparezca de nuevo la vida, si se dan las condiciones, según el orden del Creador.

Quien realmente muere es el hombre o la mujer cuando pierde su cuerpo.
La muerte es un "paso", en el que el alma no puede llevarse el cuerpo consigo al no ser su unión suficientemente estrecha o fuerte.

Y aunque el alma (espíritu que hay detrás o dentro), sea inmortal, queda desvalida al no poder manifestarse, disponer, iluminar y otorgar (salvo que Dios se comunique a ella de otro modo, tal como espera y cree la fe cristiana). De ahí que la muerte sea una situación tremenda para el hombre o la mujer que se mueren.

El cristianismo ilumina, sin embargo, el sentido donal de la muerte: acto de amor supremo que merece, en Jesucristo, recuperar el cuerpo, ahora glorioso.

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¿Qué distinciones ayudan a entender la "animación" del cuerpo humano?

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Conviene señalar dos distinciones :

a) la distinción entre viviente y vida;
b) la distinción entre vida recibida de los padres y vida añadida por cada persona.

Veamos la primera distinción:
El viviente es el acto de ser personal humano, que Dios crea directamente, libre, inteligente y amoroso.
La vida es el esencia de cada hombre.
La vida depende del viviente, es manifestación del viviente, porque el acto de ser no se agota en el vivir (es además).

El acto de ser es creado personalmente por Dios y activa la naturaleza humana, esencializándola.

No se trata de que el acto de ser actúe sobre una naturaleza humana preexistente. Una naturaleza física deviene humana cuando Dios crea la persona, no hay naturaleza humana sin persona humana.

Por eso es oportuno ver ahora la segunda distinción:
La vida recibida de los padres es una naturaleza física (materia+ forma sutancial+causa eficiente intrínseca). Es una célula viva, la primera, que deviene "humana", cuando es apta para ser "animada". Es ése el momento de la creación de una nueva persona.

La vida añadida es lo que aporta el nuevo acto de ser creado que convierte en esencia humana lo que era una sencilla naturaleza física.
A partir de ahí, la persona, el acto de ser personal, la libertad, se va abriendo paso, esencializando cada vez más, haciendo crecer lo que será el don de la persona o su manifestación libre.

Las facultades se van "hiperformalizando", es decir, mejorando.
Por ejemplo, la imaginación, de entrada, naturalmente, es como la imaginación de un perro.
Las facultades animales son principios, pero principios que tienen un límite de crecimiento, pues su base es orgánica. Son principios en cierto modo fijos.
Polo habla de "hiperformalización", señalando así que las facultades de la naturaleza humana no sólo son un desarrollo de las condiciones iniciales, sino que superan esas condiciones.
Nuestra imaginación cerebral puede ser manifestación de una sinfonía musical, con novedades insospechadas. Es así como la naturaleza deviene virtuosa, al ser el instrumento del "disponer" (la esencia humana es el disponer) del viviente.

El hombre supera su naturaleza inicial, va más allá de ella, la esencializa, conviertiéndola en respuesta amorosa a su Creador amoroso.
Y como siempre sobra, su crecimiento es irrestricto.

De esto habla Antonio Alonso en su tesis doctoral en la PUSC 2010, "Libertad y hermenéutica cristiana en la filosofía de Leonardo Polo", p.165 y nota 274.

Hablamos de lo que es "esencializar" en la Etiqueta 9.1.1

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¿En qué contexto aborda Polo el tema de la expresividad del cuerpo?

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Al hablar de la muerte del hombre.

La vida biológica termina.
La vida humana es la dualidad de la vida recibida de los padres (vida biológica) con la vida añadida por la persona (vida espiritual).

Mientras hay vida biológica la persona puede expresarse simbólicamente a través de su cuerpo y puede desplegar su naturaleza culturalmente.

Desde la mortalidad inherente existencialmente al hombre se entiende esta característica antropológica : la expresión corporal simbólica, y también se entienden otras caracteríscas de la persona humana, por ejemplo, al ser el tiempo biológico limitado, la persona hace proyectos.

Y Polo descubre que la unión entre alma y cuerpo no es lo bastante compacta o estrecha para hacer del cuerpo una cabal expresión de su persona.

El hombre no consigue expresarse enteramente en el tiempo como debiera. Su vida biológica se acaba y no puede llevarse en el viaje (que eso es la muerte) el pleno sentido de su vida biológica.

Glosa a Urbano Ferrer. Consideraciones sobre la relación mente-cerebro. Studia Poliana 11,  p.56.2
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