¿Somos libres gracias a los hábitos?

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Sí.
A todos los niveles, los hábitos (ver etiqueta 17.3.1) nos dotan de libertad.

Soy más libre gracias a internet (hábito categorial o hábito del cuerpo, de mis dedos que teclean).

Soy más libre gracias a mi serenidad (hábito del alma).

Soy radicalmente libre gracias a mis hábitos superiores que me permiten abrirme (relacionarme) íntimamente, trascendentalmente, con Dios y las criaturas, y ofrecerles, si quiero, mis dones.

Mis dedos, gracial al hábito categorial, me permiten navegar.

Mi voluntad se volvería loca, ansiosa, sin la serenidad.
(Las potencias espirituales no se dan sin los hábitos pues, por ejemplo, ¿de qué me serviría conocer, si no sé que conozco?, sería un conocimiento meramente sensible, como el de los animales, esclavos de sus instintos).

Y a nivel superior, gracias a mi intimidad, abierta gracias a los hábitos, soy punto de partida que acepta y da, si quiere, los dones que recibo.

Mi ser más profundo no es interioridad psicológica, moldeada por mis genes, mis padres o por el Estado.

Mis hábitos superiores me dejan libre, me incluyen en el ámbito de la máxima amplitud para ser además, en la medida en que quiero.

Soy libre gracias a mis hábitos
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Glosa a Juan A. García González : Existencia personal y libertad. Anuario filosófico nº 95. 2009, p. 337.2

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¿A quién le corresponde elevar la naturaleza?

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La persona es libertad.

La persona humana, nace y vive en una naturaleza que, de entrada, no es libre: somos lo que hemos recibido.

La persona, gracias a los hábitos que nacen de ella, eleva la naturaleza convirtiéndola en esencia de su ser personal (es decir, en manifestación, disposición, iluminación y aportación, que son cuatro maneras de denominar a la esencia según los cuatro radicales).

Concretamente, es la sindéresis la que va haciendo suya, libremente, la naturaleza recibida, elevándola.

Por ejemplo, el cuerpo, el vestido, mi pluma y mi sangre son entonces cauce de mi libertad. Si quiero.


Glosa a Juan A. García González : Existencia personal y libertad. Anuario filosófico nº 95. 2009, nota 26, p. 338

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¿Cuál es la dualidad radical del hombre?

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La distinción real entre ser y esencia es la dualidad clásica, que explica el carácter creado del hombre.
En efecto, no soy un ser arrojado a la existencia o una esencia que se pasea entre bosques y estrellas.

Soy lo que soy (esencia) porque mi ser no cesa. Y ese no cesar no viene de mí (de mi esencia) sino de Dios, que sigue dándome el ser.

Pues bien, para Polo existe una distinción aún más radical.
Es un añadido de la doctrina poliana a la filosofía creacionista.

El hombre se distingue de Dios, claro está, por ser compuesto de ser y esencia (Dios es identidad y el hombre no, sino que es compuesto), pero en el caso de la persona humana existe una dualidad más radical: la distinción entre el ser personal y sus hábitos superiores (personales o existenciales).

En Dios las tres Personas son relaciones subsistentes de su Ser en Identidad.
En el hombre las relaciones trascendentales (gracias a los hábitos superiores) "nacen" de su ser personal. Es un ser inidéntico. Su acto de ser (co-ser o ser-con hábitos) es creado.

Los hábitos superiores muestran el inagotable ser además de la persona humana, el desbordarse de su actividad existencial ; co-ser siempre más.


Abrirse eterno a Dios, a los demás y al mundo.

Glosa a Juan A. García González : Existencia personal y libertad. Anuario filosófico nº 95. 2009, p. 338
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¿Quién da entrada, en la naturaleza, a la libertad?

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Los hábitos.

En nuestro cuerpo la libertad (ver etiqueta 1.1.2) aparece cuando lo elevamos a ser instrumento de nuestro disponer.

Ejemplo: cuando el mendigo abre la mano para pedir limosna.
Es la libertad pragmática.
La mano es ahora hábito categorial.

En nuestra alma la libertad aparece cuando se van actualizando la inteligencia y la voluntad.

Ejemplo: me arrodillo porque quiero o te busco para conocerte mejor.
Es la libertad moral.
Mi voluntad ejerce ahora la virtud (hábito) de la humildad.

En la intimidad de la persona (en mi ser personal) la libertad no aparece, porque la persona es libertad trascendental.


Glosa a Juan A. García González : Existencia personal y libertad. Anuario filosófico nº 95. 2009, p. 338.4

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¿Quién permite la libertad pragmática del hombre?

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El hábito categorial.

Si el cuerpo del hombre estuviera acabado, con pieles o caparazones y zarpas o garras, entonces sería pura naturaleza.

En cambio, el hábito categorial (el anillo, el sombrero, mis dedos que teclean), los útiles e instrumentos, permiten que navegue, salude y me comprometa con mi alianza.

Es el hábito categorial el que permite la libertad pragmática (ver etiqueta 1.1.2) del hombre.


Glosa a Juan A. García González : Existencia personal y libertad. Anuario filosófico nº 95. 2009, p. 339

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¿Cuándo la inteligencia y la voluntad consiguen la libertad?

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El hombre es moralmente libre gracias a los hábitos adquiridos (hábitos de la inteligencia y virtudes de la voluntad).

Las potencias espirituales (inteligencia y voluntad) no obran exclusivamente en dependencia de su motor.

Si la inteligencia adquiere hábitos y sabe ya ejercerse, no precisa la presencia de lo inteligible para actuar. Obra cuando le parece a la persona que la domina gracias a los hábitos.

Y si la voluntad ha adquirido algunos amores o aficiones no necesita de la presencia del bien que la atraiga. La persona obra cuando quiere.

Las potencias espirituales pueden prescindir de sus estímulos pues en cierto modo los guardan gracias a los hábitos.

El hábito se puede comprender como cierta "memoria" que retiene lo que mueve a las potencias. Así, la persona dispone con ellas libremente.

Las personas obran por sí mismas, no sólo movidas por su naturaleza. Disponen mediante la naturaleza enriquecida con los hábitos.

Aunque no suene el timbre soy puntual. Si quiero.


Glosa a Juan A. García González : Existencia personal y libertad. Anuario filosófico nº 95. 2009, p. 339.2

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¿Es la libertad trascendental un hábito?

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No
La libertad trascendental es uno de los cuatro radicales personales (co-ser, libertad, entender y amar).


Es un trascendental (una perfección pura del ser), pero del ser "personal".

Es un trascendental antropológico (no metafísico).

Glosa a Juan A. García González : Existencia personal y libertad. Anuario filosófico nº 95. 2009, p. 340

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¿Tienen algo que ver los hábitos superiores con la libertad trascendental?

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Del mismo modo que los hábitos inferiores permiten la libertad pragmática (hablo de los hábitos categoriales) y del mismo modo que los hábitos adquiridos por las potencias espirituales permiten la libertad moral, del mismo modo, digo, los hábitos superiores permiten el ejercicio de la libertad trascendental (que es una perfección pura del ser personal, es decir, un trascendental antropológico, no metafísico).

La libertad trascendental, nuestro co-ser inagotable, al desdoblarse gracias a los hábitos superiores, coexiste con el mundo, con Dios y con los demás ; y dispondrá libremente dónde y cómo vivir.

Contigo pan y cebolla.


Glosa a Juan A. García González : Existencia personal y libertad. Anuario filosófico nº 95. 2009, p. 340

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¿Hay en la tradición algún soporte para la noción poliana de ser personal como "además"?

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Sí. La noción de hábito.

El ser segundo, el ser personal poliano, o segundo sentido del ser, es un ser sobrante, inacabable, que se desborda.

El hábito es un acto, y al mismo tiempo es del orden de lo potencial.

Podríamos decir que es el desbordarse del acto que incrementa su potencialidad.

Si me levanto temprano soy cada vez más capaz de levantarme temprano. Soy más dueño de mis actos, soy más libre.

La persona es así, se viste con hábitos prosiguiendo más activamente su ejercicio.

El ser natural añade. Es además.

Glosa a Juan A. García González : Existencia personal y libertad. Anuario filosófico nº 95. 2009, p. 331.2

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¿Cuáles son los tres tipos clásicos de hábitos?

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El hábito categorial (ejemplo : tener manos);

el hábito adquirido por las potencias espirituales (ejemplo: saber geometría;

el hábito entitativo (ejemplo: la salud).

Los dos primeros son aristotélicos y el tercero es un añadido de la filosofía medieval.

Aristóteles coloca el hábito categorial (el tener con el cuerpo) como uno de los nueve accidentes.

El hábito adquirido lo presenta como la primera especie del accidente cualidad.


Glosa a Juan A. García González : Existencia personal y libertad. Anuario filosófico nº 95. 2009, p. 331.4

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¿Por qué se dice que los hábitos inferiores son como una segunda naturaleza?

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Los hábitos inferiores son los categoriales (los del cuerpo humano, por ejemplo, la capacidad de maquillarse, vestirse o teclear en el portátil) y los adquiridos por las potencias espirituales (por ejemplo, ser poeta, tener buen gusto, ser poliano).

Estos hábitos modelan la naturaleza humana; por eso se dice que son como "una segunda naturaleza".

Notemos, sin embargo, que si podemos teclear o filosofar es porque la persona está detrás. No es que la persona se constituya como el conjunto de capacidades de una naturaleza. Esas capacidades no existirían si la persona no fuera anterior a ellas.

No es que la persona sea el individuo de naturaleza racional, sino que podemos tener una naturaleza racional porque somos, antes, personas.
Aunque la mona se vista de seda, mona se queda.

La segunda naturaleza proviene, pues, de la libertad personal.

Es entonces más fácil entender que un embrión humano no es humano porque tenga neuronas con capacidad de llegar a pensar, sino que esas neuronas pueden ser un día instrumento del pensar porque, de entrada, hay ya una persona humana.


Glosa a Juan A. García González : Existencia personal y libertad. Anuario filosófico nº 95. 2009, p. 332.2

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¿Por qué está el cuerpo humano inacabado?

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Para que cada persona, libremente, lo mejore.

La mano, por ejemplo, no es la garra ni la pezuña, acabadas para sus respectivas finalidades. Por eso, al estar abierta a múltiples usos, la persona puede utilizar guantes, martillos, y hasta sellar alianzas.

La corporalidad humana, gracias a los hábitos que llamamos categoriales (el tener con el cuerpo), amplía sus posibilidades.

El rostro no es la jeta del animal. Está abierto a la sonrisa y también al llanto, o a la burla. Sabe hacer guiños.

El cuerpo humano no está terminado, requiere el concurso de la inteligencia, de la persona, que hace desbordar su actividad, potenciándola al infinito (pues la inteligencia es susceptible de crecimiento infinito).

El cuerpo humano manifiesta así la inagotabilidad propia de la persona.


Glosa a Juan A. García González : Existencia personal y libertad. Anuario filosófico nº 95. 2009, p. 332.2

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¿Pueden crecer las potencias espirituales (la inteligencia y la voluntad)?

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Sí. La inteligencia y la voluntad pueden crecer gracias a los hábitos adquiridos (virtudes).

Las operaciones ejercidas por las potencias superiores desbordan su término, no se limitan a actualizarse (pensar o querer), sino que su acción revierte sobre la propia capacidad, repotenciándola.

Tras haber hecho palotes, ahora "sé" escribir.
A fuerza de silbar, parezco un jilguero.

Y me dispongo a realizar operaciones superiores: ahora podré ser escritor o músico.

Los hábitos adquiridos nos cualifican (Aristóteles los mete en la categoría cualidad).

También es cierto lo contrario: los actos malos nos envician.

La vida puede empeorarse. Pero al ser dueños de ella, también podemos rectificarla y mejorarla.
¡Ahora empiezo!


Glosa a Juan A. García González : Existencia personal y libertad. Anuario filosófico nº 95. 2009, p. 333.2

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¿Se puede considerar la esencia humana como autoperfección habitual?

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Antes de contestar me permito recordar la nota n.1 del Tomo II de la Antropología trascendental de Polo. Dice así: "En atención a la distinción real de ser y esencia, es mejor decir "esencia de la persona humana" que "esencia del hombre".
Para resaltar la distinción entre la esencia de la persona humana y la esencia extramental, empleo la expresión "esencia humana".

Lo digo porque en Anuario filosófico se habla en la entradilla de la página 333 "esencia del hombre". Es mejor decir "esencia humana".


Pues bien, la esencia humana sí puede considerarse como autoperfección "habitual".

La Universidad de Navarra publicó en 2006 un cuaderno de Polo titulado "La esencia humana"; el capítulo VII se titula "La esencia humana como autoperfección habitual".

(verlo aquí: http://www.iterhominis.com/03_Polo/02_Cadernos/EH/EH_07.htm)

Lo que allí se explica es que la esencia humana es propia de cada persona humana, depende de su libertad.

La esencia del universo o esencia extramental es común a todos los entes naturales.
Las cosas son lo que son y actúan siguiendo el orden ya establecido, según la tetracausalidad.
La naturaleza es el principio estable de operaciones, el conjunto de causas y principios que mueven el universo y conducen al despliegue de las condiciones iniciales. Ese despliegue es la esencia del universo.

Con el hombre aparece la novedad en el universo.
"Lo primero" no es sólo la naturaleza. Existen seres libres que pueden destinarse, desbordando el concepto de naturaleza.

Por eso hablamos de "autoperfección".
La naturaleza física puede condicionarme a crecer, pero soy yo, libremente, quien se hace jugador de basket. Es una perfección que me doy.

Y hablamos de "habitual" porque se trata de un "tener".
Al gorila se le puede poner un sombrero. Pero soy yo quien, libremente, se pone el sombrero. Lo "tengo" porque estoy añadiéndole un sentido a mi cuerpo (así estoy más "chic").

Los hábitos inferiores (categoriales, como llevar un anillo, o espirituales, como saber geografía) componen la "autoperfección habitual" (¡virtudes!) que llamamos esencia humana.

Es, con otras palabras, el crecimiento de mi vida.
Crecimiento inagotable porque depende del acto de ser persona.


Glosa a Juan A. García González : Existencia personal y libertad. Anuario filosófico nº 95. 2009, p. 333.3

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¿A qué llamamos hábitos superiores?

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A los hábitos propios del acto de ser persona: la sindéresis (6.2), el hábito de los primeros principios (3.2) y la sabiduría (2.14) son hábitos propios a toda persona humana.

También son hábitos superiores los que la tradición llama hábitos infusos: la gracia, la esperanza, la fe y la caridad.


Glosa a Juan A. García González : Existencia personal y libertad. Anuario filosófico nº 95. 2009, p. 334.3

¿Qué niveles tiene el crecimiento "habitual" de la persona humana?

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La persona crece, según sus hábitos a tres niveles.

A nivel categorial, en la medida en que, gracias a la posesión de instrumentos (coches, sombreros, ordenadores, teléfonos) se prolonga y se desborda.

A nivel esencial, en la medida en que, gracias a los hábitos de la inteligencia (ser poeta, músico o labrador) y a las virtudes de la voluntad (amabilidad, serenidad, optimismo) crece y se amplía.

A nivel íntimo y personal, en la medida en que, gracias a los hábitos superiores (sabiduría, esperanza, gracia) se abre más a Dios y a los demás.

Se multiplica.


Glosa a Juan A. García González : Existencia personal y libertad. Anuario filosófico nº 95. 2009, p. 334.5

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¿Cuáles son las dimensiones del hábito?

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Tres son las dimensiones del hábito: la tenencia, la disposición y la relación.

La tenencia es clara en los hábitos categoriales: me pongo un sombrero.

La disposición es clara en los hábitos adquiridos por las potencias espirituales: sé nadar o ser oportuno.

La relación se muestra especialmente en los hábitos superiores.

En efecto, la sindéresis, el hábito de los primeros principios y la sabiduría (que son hábitos superiores) abren la persona, respectivamente, a relacionarse con su obrar, con el universo y con su intimidad, también divina.

La gracia, la esperanza, la fe y la caridad (que también son hábitos superiores) son distintos modos de abrirse la persona a su creador.

Se trata de relaciones existenciales, no categoriales, que tornan a la persona en coexistente.

No son relaciones subsistentes (eso se queda para las personas divinas), pero tampoco son relaciones accidentales, ya que están en el orden del ser. Las llamaré (aunque algunos no lo aprecien) relaciones trascendentales.

A todos los niveles el hábito aparece como continuación del ser : sombrero, simpatía, filiación divina.

Y eso es así porque su ser es inacabable, siempre además.


Glosa a Juan A. García González : Existencia personal y libertad. Anuario filosófico nº 95. 2009, p. 335.4

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¿Expresan los hábitos una progresiva intensificación del carácter activo del ser?

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No estoy completamente de acuerdo, en este punto, con Juan A. García Gz.

Concretamente, en lo que se refiere a la noción de "intensidad".

A mí me parece que la intensidad es propia de la potencia.
Los actos no son más o menos intensos. Los actos son superiores o inferiores, jerárquicos.

Y los hábitos son actos.

Los hábitos más que intensificar, multiplican la actividad del ser, creando nuevas relaciones.

El ser personal es coexistente y multiplica sus relaciones.
No se trata, claro está, de relaciones accidentales. La persona se desdobla con sus hábitos, hacia fuera y hacia dentro. Es un ser-con hábitos.

No el mit-sein de Heidegger, que apunta a la sociabilidad. Sino el co-ser que rebrota, que sobra. No solo alteridad, sino dualidad interna, radical.

La persona no puede existir sin multiplicarse. Y esta multiplicación es posible por la dualidad (hábitos) y la alteridad.


Glosa a Juan A. García González : Existencia personal y libertad. Anuario filosófico nº 95. 2009, p. 336.3

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¿Amplía Polo la distinción aristotélica entre los dos sentidos primarios del acto?

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Los dos sentidos primarios del acto (1.2.1) son la entelécheia (la consideración estática de la actividad que "mantiene" el resultado) y la enérgeia (operación o praxis). No hablamos aquí del tercer sentido aristotélico de acto que es el movimiento.

La filosofía clásica da prioridad a la entelécheia, por lo que la forma substancial es llamada acto primero.
Los accidentes (y las operaciones, desde este punto de vista substancialista, son consideradas como accidentes) son llamados actos segundos.

El acto de ser no había sido descubierto todavía (se le atribuye a Tomás de Aquino). Siendo el acto de los actos, bien podemos aplicarle también el nombre de acto primero.

La propuesta de Polo es ampliar esa distinción de actos.

El acto de ser personal, dice, es distinto del acto de ser del universo.

Es correcto llamar al acto de ser del universo acto primero.

Pero siendo el acto de ser personal distinto, debemos encontrar otro sentido del acto (de ahí que la propuesta sea una ampliación), es el sentido de ser "segundo".

No como acto segundo al modo del accidente o de la operación, sino en el sentido de que el ser personal se añade libremente al ser primero.

Ahora entendemos que Polo diga que el ser personal es distinto de aquél que se ocupa la metafísica.

Clásicamente la metafísica se ocupa del estudio del ente en cuanto ente.

La persona es un tipo de ente.

El conocimiento se considera como un accidente de la sustancia que es cada hombre.

Polo, filósofo de la distinción, y siguiendo la observación aristotélica que dice que no es lo mismo el acto como entelécheia (substancia) que el acto como enérgeia (acto de conocer) propone distinguir el tema de la metafísica, que es el ser natural (ser primero), del tema de la antropología, que es el ser personal humano (ser segundo).

No son dos tipos del ente en general, porque el ser personal es radicalmente libre, no depende de la naturaleza.
Esta distinción no fue alcanzada por Aristóteles. De ahí la novedad de la propuesta poliana.

Glosa a Juan A. García González : Existencia personal y libertad. Anuario filosófico nº 95. 2009, p. 328.2

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¿Qué es ser primero y ser segundo para Polo?

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Según Polo el ser personal es distinto de aquél de que se ocupa la metafísica.

La metafísica estudiaría el ser como lo primero, como principio y como causa, es decir, el primer sentido del ser.

El segundo sentido del ser es el ser que se añade libremente, es el ser libre de la persona humana.

La filosofía primera, que trata de lo radical, comprende tanto la metafísica (el ser primero) como la antropología (el ser segundo).

Las filosofías segundas estudian todo lo que tiene que ver con el ser en el tiempo.

No nos debe desorientar la terminología utilizada clásicamente para expresar el orden predicamental (no radical) que distingue entre acto primero, entitativo (la forma substancial) y acto segundo, operativo (los accidentes).

Cuando hablamos aquí de ser primero y ser segundo nos movemos en el orden trascendental, en lo radical.

Resumiendo:

Del ser primero se ocupa la metafísica: la persistencia extramental que es comienzo incesante. Principio. Fundamento. Causalidad.

Del ser segundo se ocupa la antropología: la libertad personal que es futuro inacabable. Continuación. Libertad de destino y destinación.


Glosa a Juan A. García González : Existencia personal y libertad. Anuario filosófico nº 95. 2009, p. 328.3 y nota 43.

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¿Cómo distinguir el ser primero del ser segundo desde el punto de vista de la libertad?

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El ser primero, el ser del universo no es libre.
El ser segundo, la persona humana, es libertad (ATI, p.233, nt 53).

El ser primero es comienzo incesante.
El ser segundo (la libertad personal) es futuro inacabable.

El ser primero es principio.
El ser segundo, continuación.

El ser primero es fundamento.
Es ser segundo, destino.

El ser primero, causalidad.
El ser segundo es libertad, ejercer una actividad enteramente novedosa, no predeterminada in antecedida por ningún factor explicativo.
Futruro interminable.

Pero, dirán ustedes, yo tengo un antecedente: mis padres.
-¡Magnífico!, acaban de descubrir que la persona humana está "situada" en la historia.
Su misión consiste en descifrar el sentido de su vida: vida recibida de los padres y vida añadida (libremente) por cada quién.


Glosa a Juan A. García González : Existencia personal y libertad. Anuario filosófico nº 95. 2009, p. 345.5, nota 43

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¿Busca Polo ser original con su propuesta de ampliación de la metafísica?

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La propuesta poliana de ampliación de la metafísica clásica, distinguiendo ahora entre ser primero (el ser del universo) y ser segundo (el ser de la persona humana) tiene una base en la tradición.

Esa base es la distinción clásica entre naturaleza y persona.

La filosofía encuentra muy pronto el problema de cómo armonizar lo uno y lo múltiple.
Existe siempre el peligro de caer en el monismo (Parménides) o pasarse con el dualismo (Descartes).

La noción de persona, que tiene un origen teológico como señala Spaemann en su libro "Personas", resuelve ese problema.
En efecto, del mismo modo que en Dios hay una sola naturaleza divina y se mantiene la distinción entre las personas divinas, debemos nosotros mantener la distinción entre el ser del universo y las distintas personas humanas.

En efecto, por un lado cada persona humana es única en el mundo pues su fuente es la libertad personal. Cada persona es distinta de las otras porque es capaz de aportar novedades no previstas inicialmente.

Y al mismo tiempo, hay algo entre las personas que es común, que posibilita la comunión: el don que nos hacemos, la naturaleza, que es sencillamente lo que es, porque Dios lo ha hecho así o se deja transformar por nuestro obrar.

Los grandes filósofos saben armonizar naturaleza y libertad: la "sencillez" del ser y el "además" que aporta la libertad de cada uno.

Ésta es la propuesta de Polo : debemos distinguir entre el ser del universo y el ser personal.
Ambos son primarios, objeto de la Filosofía primera. Pero uno es sencillo (el ser del universo) y el otro dual (el ser personal humano).

La Metafísica estudia el ser primero y la Antropología el ser segundo. Siendo ambas Filosofías primeras.

Glosa a Juan A. García González : Existencia personal y libertad. Anuario filosófico nº 95. 2009, p. 328.4

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¿Hay algún modo de considerar como primaria la distinción entre naturaleza y persona?

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Sí.
Podemos equiparar la naturaleza al ser primero, es decir a la actividad sencilla de la que brotan los entes.

Y podemos equiparar la persona a la actividad que rebrota, que renace, que se añade al ser primero. Es la actividad como iniciativa libre.

El filósofo busca el primer principio (arjé) que explique la realidad entera.
Desde Parménides se sabe que ese prinicipio es el ser.

Pero ¿es el ser uno, monolítico?

Polo, filósofo de la distinción, distingue entre ser primero, el ser sencillo que da lugar a los entes y sus acciones, que hemos equiparado a la naturaleza (llamado por Juan A. García Gz sentido genético del ser), y ser segundo.

Ser segundo es la persona humana. La persona no es la actividad sencilla de lo ya determinado en la naturaleza por las condiciones iniciales del universo. La persona se destaca siempre de sus obras y no se reduce a ellas. La persona es un ser que desborda su actuar. Su actividad es un renacer añadido libremente, que no se aquieta nunca.

Añadiré, para los curiosos de saber más sobre el ser primero, que Polo distingue tres primeros principios reales : Dios, al que llama principio de identidad; la causalidad trascendental como principio; y el acto de ser del universo, al que llama principio de no-contradicción. La conjunción de esos tres principios es el fundamento, el ser sencillo del que brota el paraíso de la realidad que vivimos.

En el otro lado, del lado del rebrotar del vividor, Polo descubre cuatro raíces del ser segundo: son los cuatro radicales personales, que llama "además o co-ser";

libertad trascendental;
entender trascendental y
amar trascendental.

Estos cuatro radicales (el ser personal humano) no son fundamento, pues el fundamento es el ser primero. Son la iniciativa de cada persona.

Eso no quiere decir que sean espontaneidad pura. Cada radical se abre en dualidad con el Creador.
A la apertura del además me gusta llamarla humildad;
A la apertura de la libertad, esperanza;
A la del entender, fe;
Y a la del amar, caridad.


Glosa a Juan A. García González : Existencia personal y libertad. Anuario filosófico nº 95. 2009, p. 329.2

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¿Es fijo el ser?

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El ser primero o ser natural es fijo.

Es como un caleidoscopio* que podemos girar dando lugar a infinitas combinaciones.
A cada vuelta los cristalitos se fijan, nos deleitamos y volvemos a empezar.

El ser primero, en su sencillez, obedece. Ya está fijado lo que el universo puede dar de sí.

El ser segundo o ser personal es siempre creciente, inagotable. Es la persona que maneja el caleidoscopio a su antojo. Manifiesta su insaciabilibad girándolo a su gusto. Y al no estar sola, puede combinar su caleidoscopio con los caleidoscopios de los demás, proyectándolos, si quieren, para jugar amorosamente.

La persona, dice Polo, crece en tanto que coexiste. El ser segundo o ser persona humana es así, un acto siempre creciente, inagotable, que inventa mundos nuevos con los demás.


* El caleidoscopio es un aparato óptico consistente en un tubo con dos o tres espejos inclinados de tal manera que al mirar por un extremo ciertos objetos puestos en el otro (cristalitos de colores) se ven multiplicados y formando figuras simétricas.
Un misionero me regaló siendo niño un caleidoscopio. No me cansaba de girarlo, asombrado ante las imágenes siempre nuevas que aparecían.


Glosa a Juan A. García González : Existencia personal y libertad. Anuario filosófico nº 95. 2009, p. 330

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¿Sigue el obrar al ser personal?

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Se dice que el obrar sigue al ser (operari sequitur esse).

Esto es sencillamente cierto cuando se trata del ser natural o ser primero.

Las obras, las formas, aparecen en el caleidoscopio que es la naturaleza, constreñidas por las condiciones inciales del ser del universo.

Un peral lo más que puede dar son peras.

La sustancia es así sujeto y agente de las acciones que ejerce. No te acerques al perro que te puede morder.

La mujer y el hombre, las personas humanas somos también seres intraterrestres, sujetos y supuestos de nuestras acciones. En cuanto seres naturales que somos, respiramos, tosemos, ensuciamos y reímos según nuestro ser.

Pero lo que la filosofía poliana de la distinción destaca es, que además de ser natural, el hombre es un ser personal.

El ser personal humano es "además". No es sólo sujeto o sustancia, porque el hombre obra libremente; no obra tal y como es, sino que obra como le da la gana.

Por eso inventa novedades, descubre instrumentos y consigue volar, navegar en internet y hasta soñar despierto.

Las obras no siguen al ser personal. Son amorosamente inventadas por cada quien.


Glosa a Juan A. García González : Existencia personal y libertad. Anuario filosófico nº 95. 2009, p. 330.2

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¿Es la persona un ente natural?

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La persona no es solamente un ser natural. Es además.

La persona no se distingue de los supuestos naturales sólo por su elevada índole de operatividad, por su naturaleza racional.

La persona es alguien: un quién personal, la actividad interminable, que se añade perpetuamente. Es adverbio.

La distinción real de esencia y ser es comprendida por Polo, ampliándola. En efecto, la esencia del ente natural es el meollo creciente gracias a la actividad del ser que la hace ser (acto de ser primero o acto de ser del universo, actus essendi).

La esencia del ente personal es distinta, es "manifestación" de un quién (acto de ser personal) siempre creciente.

El ser del universo persiste. El ser personal insiste.

Glosa a Juan A. García González : Existencia personal y libertad. Anuario filosófico nº 95. 2009, p. 330.2
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¿Hay en la tradición algún soporte para la noción poliana de "ser personal"?

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Sí. La noción de hábito.

El ser segundo, el ser personal poliano, o segundo sentido del ser, es un ser sobrante, inacabable, que se desborda.

El hábito es un acto, y al mismo tiempo es del orden de lo potencial.

Podríamos decir que es el desbordarse del acto que incrementa su potencialidad.

Si me levanto temprano soy cada vez más capaz de levantarme temprano. Soy más dueño de mis actos, soy más libre.

La persona es así, se viste con hábitos prosiguiendo más activamente su ejercicio.

El ser personal añade. Es además.


Glosa a Juan A. García González : Existencia personal y libertad. Anuario filosófico nº 95. 2009, p. 331.2

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¿Es fijo el ser?

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El ser primero o ser natural es fijo.

Es como un caleidoscopio* que podemos girar dando lugar a infinitas combinaciones.
A cada vuelta los cristalitos se fijan, nos deleitamos y volvemos a empezar.

El ser primero, en su sencillez, obedece. Ya está fijado lo que el universo puede dar de sí.

El ser segundo o ser personal es siempre creciente, inagotable. Es la persona que maneja el caleidoscopio a su antojo. Manifiesta su insaciabilibad girándolo a su gusto. Y al no estar sola, puede combinar su caleidoscopio con los caleidoscopios de los demás, proyectándolos, si quieren, para jugar amorosamente.

La persona, dice Polo, crece en tanto que coexiste. El ser segundo o ser persona humana es así, un acto siempre creciente, inagotable, que inventa mundos nuevos con los demás.

* El caleidoscopio es un aparato óptico consistente en un tubo con dos o tres espejos inclinados de tal manera que al mirar por un extremo ciertos objetos puestos en el otro (cristalitos de colores) se ven multiplicados y formando figuras simétricas.
Un misionero me regaló siendo niño un caleidoscopio. No me cansaba de girarlo, asombrado ante las imágenes siempre nuevas que aparecían.

Ah ! Feliz Navidad...



Glosa a Juan A. García González : Existencia personal y libertad. Anuario filosófico nº 95. 2009, p. 330


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Sorpresa

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He recibido el nº 95 de Anuario Filosófico (2009-2) y me he reído muchísimo con el colapso tusígeno de Juan Arana.

Después es interesante lo que Juan Cruz Cruz cuenta sobre la vergüenza trascendental.

Pero la sorpresa ha sido encontrarme con el artículo de Juan A. García González "Existencia personal y libertad". Es sencillamente estupendo.

Espero poder contarlo algún día.


El artículo de Tomás Melendo titulado "la libertad: crecimiento y plenitud" es un buen exponente del punto de vista de una línea de autores (Cornelio Fabro, Carlos Cardona, Tomás Melendo) que consideran el acto de ser como un acto intensivo.
Describe, pues, la libertad en su dimensión moral, que aparece cuando la voluntad apunta al fin último, y va creciendo en intensidad.
No alcanza el autor a distinguir el acto de ser suficientemente de la esencia, por lo que considera el acto de ser como intensivo.
Así no descubre la libertad como trascendental personal.

En esa línea se llega a decir (p.360 1) : "Cuando se trascienden las condiciones empobrecedoras de la materia, nos topamos con el acto de ser personal".

Desde la perspectiva poliana la materia no empobrece nada, pues el ser personal la eleva a su altura.

Y dice también que solo Dios es absolutamente libre.
Es cierto desde su punto de vista, como bien aclara.
Pero ¿no podemos vislumbrar que los hijos de Dios somos divinizados siendo, en comunión, también absolutamente libres?


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¿Cuál es la aportación más importante de Aristóteles?

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La distinción potencia-acto.

La filosofía avanza resolviendo dificultades, saltando obstáculos, abriendo aporías.

No es filósofo el que no se considera a menudo tonto, al constatar que, una vez más, ha perdido las llaves : no sé entrar o salir al encuentro de la verdad.

Pues bien, Aristóteles, al aportar la distinción potencia-acto nos entrega un modo poderoso de resolver dificultades.

Por ejemplo : ¿es el universo infinito?
Potencialmente sí ; en acto, no.


Glosa a Polo en Introducción a la Filosofía, p.66.2

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¿Cómo encontró Aristóteles la distinción potencia-acto?

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La encontró al afrontar una dificultad platónica.

En efecto, Platón nos ha mostrado que las cosas tienen su verdad. La verdad de las cosas es su esencia, la idea de cada cosa (1.16) .

Mi mente es también verdadera.
La esencia o idea que es mi mente es, pues, otra verdad en sí.

La dificultad platónica es la siguiente: ¿cómo comunican la idea de una cosa con la idea de mi mente?
Platón resuelve el problema de modo insatisfactorio pues alude a otra idea que abarca tanto a la cosa como a la mente.
El conocimiento se realizaría en la unidad de las ideas.

Aristóteles, a una edad muy temprana, se da cuenta de que la mente no es sólo una cosa en sí, una idea en sí.

La mente puede "despertarse".

La mente, en potencia, puede devenir acto.
Conocer es acto.
La mente está en potencia de poseer la verdad de las cosas.

Chapeau !


Glosa a Polo en Introducción a la Filosofía, p.66.3

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¿Queda Parménides malparado tras el descubrimiento de la distinción potencia-acto?

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Completamente.

Parménides dice : lo mismo es ser y pensar.

Aristóteles escinde la filosofía monolítica. Hemos abandonado así la mismidad realidad-pensamiento de Parménides.

No es lo mismo el noús dormido que el noús despierto.

La mente dormida es noús como capacidad de conocer, como potencia (dynamis, capacidad, aptitud); se puede, pero todavía no se actúa.

Cuando conoce lo inteligible, el noús está en acto.

El ser se dice de muchas maneras.
No es lo mismo el ser en potencia que el ser en acto.

Es un aviso para los comodones.


Glosa a Polo en Introducción a la Filosofía, p.67.2

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¿Cuál es el meollo en el que surgió el par potencia-acto?

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Fue intentando explicar el conocimiento como Aristóteles descubrió la distinción entre mente dormida y mente despierta : potencia-acto.

Cuando esta pareja de nociones se aplica inconsideradamente a cualquier dificultad, no se entiende bien su significado.

Por ejemplo, se dice que unos trozos de madera son una mesa en potencia; alguien los lija, los acopla, etc., y la mesa ya está en acto.

Así no se entiende el sentido primario del par potencia-acto, que es la solución realista al problema del conocer.

Yo no estoy "en potencia" de ser ceniza, aunque un día me pueden quemar vivo.

Nótese el fácil deslizamiento (típico de la modernidad) en que podemos incurrir, confundiendo la potencia con la posibilidad.

No por mucho madrugar amanece más temprano. La realidad es testaruda.


Glosa a Polo en Introducción a la Filosofía, p.67.3

¿Es Aristóteles el padre de la biología filosófica?

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Sí.
Aristóteles descubrió la noción potencia-acto, al estudiar el conocimiento.

Y conocer es una forma de vivir.

La noción de potencia-acto se extiende ante todo a la biología (etiqueta 1.8.0).

La ciencia del ser vivo (la biología) comienza cuando entendemos que hay seres en potencia de vivir.

Ya son embriones, pero todavía no han actualizado sus capacidades.

La esencia de los seres vivos, en cuanto que es principio de operaciones, se llama naturaleza.

Cada ser vivo pertenece a una especie, según sus potencias y facultades.

Glosa a Polo en Introducción a la Filosofía, p.67.3

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¿Es peculiar el acto de conocer?

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Sí.
Porque no es un acto para conseguir algo.
No se trata de mover los ojos para ver.

El acto de conocer (energéia) posee "ya" lo conocido.
No es un medio para conseguir lo conocido.
Cuando conocemos "ya" conocemos.

Solamente se conoce en acto. Y ese acto "posee ya" lo que está conociendo.

La vida no está en el movimiento exterior hacia algo.
La vida es vida interior, inmanencia, riqueza por dentro.

Hasta el gusano incorpora a su gusaneidad el placer de rozarse.


Glosa a Polo en Introducción a la Filosofía, capítulo 6, p.75.3

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¿Es acto una patata?

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La patata en sí es, efectivamente acto. Pero un sentido del acto distinto del acto de conocer.

La patata en sí es, para Aristóteles, entelechéia, substancia.

Es otro sentido de la actualidad que deslumbrará a Aristóteles de tal manera que toda la filosofía realista se sentirá empujada hacia posturas substancialistas.

Pero eso es otra historia


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¿Cuál es el otro sentido del acto que halla Aristóteles, distinto del acto de conocer?

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El sentido aristotélico primario de acto es el acto de conocer (energéia).

Pero eso no quiere decir que una patata, o construir una casa, no sean actos.

Son actos también, pero otro sentido distinto del acto. Es el acto como "realidad en sí" el acto acabado, la realidad extramental.

El acto de conocer también es real, pero es un sentido de la realidad distinto del sentido de la realidad vinculado a lo extramental.

Aristóteles lo dice de muchas maneras: "el fuego pensado no quema" o "la idea de caballo no engendra un caballo".

La energéia, el acto de conocer, no es una causa eficiente, sino acto inmaterial, no efectivo: cuando pienso una cosa no la estoy produciendo.

¿Dónde está la idea de caballo?, ¿en el cielo?. No, porque entonces sería real extra mentem (entelécheia).

La idea de caballo está en mi mente cuando la pienso (energéia). La idea no es efectiva en cuanto que está en la mente.

En el conocimiento no hay "inseidad", pero no por ello hemos eliminado absolutamente el en sí. No decimos que no exista ninguna inseidad, sino que es exterior al conocimiento.

Construir una cosa es una acción real. La casa construida es también real. Pero con otro sentido de lo real distinto del conocer las casas, pues la casa es real al margen de conocerla.

Este sentido de lo real (entelécheia) es eficaz, es capaz de influjo. Es decir, una piedra pensada no hiere a nadie. En cambio, una piedra real puede romper la cabeza a alguien.

La acción de pensar es real. La piedra en sí es real. Son dos sentidos distintos de la realidad.

La piedra pensada, el objeto del pensamiento, es irreal. Se limita a remitir intencionalmente a la realidad de la piedra (entelécheia), cuando la pensamos con un acto de pensar (energéia) que es otro sentido distinto de la realidad.

Polo es el filósofo de la distinción. Aristóteles también lo fue (aunque menos).


Glosa a Polo en Introducción a la Filosofía, capítulo 6, p.77.2

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¿Qué peligro principal acecha a la filosofía a lo largo de la historia?

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El peligro de recaer en el monismo.
Es una peligrosa confusión subordinar el ser al uno.

El ente no es mónon, no es único; se dice de muchas maneras.

La distinción aristotélica entre los dos sentidos del acto muestra ya que la unidad no es superior al ente.

Pensemos, por ejemplo, en el materialismo imperante en la cultura occidental actual.

Multitud de personas piensan que el universo es un conjunto de átomos o de partículas, todas iguales, que se combinan no se sabe por qué.

La unidad (en el caso del ejemplo, el átomo) no es lo lo primero.

Lo primero es plural.

La unidad es Comunión en Dios. Comunión de Personas.

Nos acogerá, si le dejamos.


Glosa a Polo en Introducción a la Filosofía, capítulo 6, p.78.4

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¿Qué célebre sentencia aristotélica asegura al filósofo para no recaer en el monismo?

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Franz Brentano (1838-1917) filósofo alemán, llamó la atención sobre una sentencia aristotélica que se ha hecho célebre.

Dice así : tò ón légetai polachós ; el ente se dice de muchas maneras.

Polo, filósofo de la distinción, insiste en que el ente hay que entenderlo de modo plural.

El ente no es mónon, no es único; se dice de muchas maneras.


Glosa a Polo en Introducción a la Filosofía, capítulo 6, p.78.4

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¿Cuáles son las dos maneras primariamente distintas de decir el ente?

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Decir ente real y decir ente verdadero.

Aunque pienso que resulta más claro decir : ente natural y ente personal.

Así evitamos caer en el error de pensar que el ente verdadero no es real.

El ente verdadero es real, pero de una manera distinta al ente real.

El ente real (que también podemos llamar natural) es a lo que Aristóteles se refiere cuando llama al acto entelécheia (una substancia o un accidente).


El ente verdadero es lo que Aristóteles llama enérgeia.
¿Qué quiere decir enérgeia? : mente despierta. Es el noús despierto.

Tenemos aquí un sentido diferente de la expresión "ser real".

Es cierto que el noús en potencia, la mente dormida, no es sólo potencia, es también acto. Pero no es un acto como el acto de conocer. Es el otro sentido aristotélico del acto, la entelécheia. Lo que llamamos sustancia, ente real o ente natural.

Soy una sustancia y al mismo tiempo puedo conocer. Pero conocer no es un accidente de la sustancia. Es otra manera de ser. No es un accidente del cuerpo, de la sustancia (entonces sería entelécheia, ente natural).

Soy cuerpo y soy, además, espíritu. El espíritu no es un accidente del cuerpo.

Soy espíritu dormido, que se puede despertar. Y amar.


Glosa a Polo en Introducción a la Filosofía, capítulo 6, p.78.5

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¿Qué dos sentidos de la realidad y qué dos sentidos del acto hay que entender para comprender a Aristóteles?

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Hay dos sentidos de la realidad según Aristóteles: no es lo mismo una montaña que el acto de conocer la montaña.

Como diría Moore : conocer una elipse no es una elipse.

Aristóteles distingue dos sentidos del acto.

"Conocer en acto" no es lo mismo que ser "una cosa en acto".

Si el acto de conocer una mesa, fuera una mesa, fuera real como lo es una mesa, la mesa tendría que poder pensar. Se trata de dos tipos distintos de realidad.

Al acto de conocer, Aristóteles lo llama enérgeia (energía) y a la cosa en sí entelécheia (en castellano, entelequia).

La realidad, al margen de la mente, es la entelécheia, que es un sentido del acto y de la realidad, distinto del sentido del acto propio al conocer.

La enérgeia es el acto de la mente, del noús, en tanto que posee la verdad de la cosa.

La entelécheia es la verdad de la cosa, la realidad en sí; la realidad en tanto que verdadera en sí. La realidad como ousía.

La solución de Aristóteles abre enormes horizontes de pluralidad, aunque no es la definitiva.
Habra que descubrir otro sentido del acto: el acto de ser del universo.
Y más aún, encontrar el "acto de ser personal".

Ver la actitud de Aristóteles nos sirve para estar atentos. Para no concluir prematuramente nuestro viaje. Para ser humildes.

La verdad no es mi pensamiento.

Al menos somos dos.

Glosa a Polo en Introducción a la Filosofía, p.69.4

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¿Cómo podemos llamar, desde nuestra situación, a la "entelécheia" y a la "energéia" aristotélicas?

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Cabe llamar a la entelécheia, "acto constitucional" o "forma real", para dejar claro que se distingue de la idea pensada.

Y cabe llamar a la energéia, "acto ejercido".

Ejemplo de entelécheia : la patata.

Ejemplo de energéia: "saborear" la patata.


O si se quiere: "saborear" lo agridulce (es tan solo un guiño a Alemamá).

Glosa a Polo en Introducción a la Filosofía, capítulo 6, p.78.2

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¿Es unívoco el sentido de la potencia según Aristóteles?

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En Aristóteles encontramos, al menos, dos sentidos distintos de "potencia".

Se corresponden a dos sentidos de "acto".

No es lo mismo la potencia de enérgeia, (potencia de pensar o potencia de sentir o potencia de ver), que potencia de entelécheia (potencia de ser una cosa u otra, al margen de la consideración de la mente).

Una es la realidad del conocimiento (y este es el sentido más temprano que da Aristóteles a la potencia: el poder despertarse, el poder ver, el poder conocer) y otra es la realidad de la cosa, considerada, repito, al margen de la mente.

La montaña es en sí, separada de mi mente. Está en potencia de devenir volcán.

Las cosas en sí tienen muchas dimensiones y Aristóteles se extasía al estudiar la substancia, los accidentes, los movimientos. Está tan contento con su universo predicamental que no da la importancia debida a su descubrimiento de juventud: el acto como enérgeia. De ahí que su antropología se trunque.

Polo la prosigue.


Glosa a Polo en Introducción a la Filosofía, p.69

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¿Es el acto de conocer una realidad en sí?

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El acto de conocer, la mente en cuanto está en acto, no es "en sí", no es una substancia o un accidente aristotélico.

El acto de conocer (que es enérgeia en terminología de Aristóteles) es un sentido del acto distinto del sentido del acto de la realidad en sí.

La realidad en sí es lo que en griego se llama ousía (substancia); se puede hablar de substancia en acto, y esto significa entelécheia en el el lenguaje del Filósofo.

Si el conocimiento fuera substancia, sería un acto separado o incomunicado.

Por tanto, tiene que haber un sentido del acto que no sea substancia (y tampoco accidente).

De ninguna manera se puede admitir que el acto de conocer sea incomunicado.

No somos sólo células organizadas y vivas. Somos seres abiertos por dentro, y por fuera.
Capaces de comunicar.
Y no monolitos "en sí".


Glosa a Polo en Introducción a la Filosofía, p.70.3

¿Puede unir la aventura por la vida?

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Paola Binetti estuvo hace unos años en Kinshasa para participar en unas jornadas sobre el sentido del dolor.

Es diputada italiana del Partido Democrático de centro-izquierda, psiquiatra.

He leído que estuvo en Zaragoza en noviembre 2009 para el V congreso internacional provida.

No me agrada que se utilice la expresión "batalla" por la vida, cuando se trata de la aventura por la vida.
Aunque entiendo que es sólo una imagen para indicar el esfuerzo que exige esa aventura.

Pero lo interesante de sus declaraciones ha sido, de mi punto de vista, el señalar que debemos sustituir la visión del hombre como sujeto de derechos individuales, por la visión del hombre responsable socialmente.

Podríamos decir que eso es algo que vale tanto para la derecha como para la izquierda. Aunque yo lo sienta, siempre desde mi punto de vista, como más de izquierdas que de derechas.

Lo que nos hace humanos no es la autodeterminación, seguía dicendo la Binetti, sino la capacidad de dar y recibir.

Luego se extiende sobre la ética del cuidado y la importancia de olvidarse de sí mismo, de no centrarse en la realización de sí, egoísta y solitaria.

El siglo XX ha sido el siglo de los derechos individuales; el siglo XXI debe ser el de la solidaridad social.

Benedicto XVI lo dice en la Caritas in veritate: hay que repensar la categoría "relación".

La aventura por la vida merece alcanzar un consenso universal.


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¿Es malo provocar un aborto?

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El aborto es un atentado contra el hombre, porque es la interrupción del crecimiento humano.

Un embrión no pierde el tiempo. Se dedica sin interrupción a multiplicarse celularmente, diferenciándose: ¡magnífica existencia la del embrión!

Todo lo que vaya contra el crecimiento humano es, simplemente, malo.

Provocar un aborto es malo.


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¿Por qué Platón no acierta a explicar bien el conocimiento?

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Porque considera la mente como una realidad en sí.

Una realidad en sí no puede conocer otra realidad en sí.

Y no lo puede porque necesitaría un puente entre las dos realidades en sí.

Platón piensa ese puente con la idea de koinonía, o comunión entre las ideas. Es el Uno el que soluciona, para él, el problema de la comunicación entre las ideas en sí.

Es una solución mística que explotará Plotino.

La solución de Aristóteles es más sobria y correcta. El conocer aristotélico es un despertarse de la mente. El hombre es capaz de poseer inmaterialmente todas las cosas.

La realidad del conocer no está hecha de la misma pasta que la realidad del carbón.
No somos ni montaña, ni volcán, ni robots. Nuestro conocer no es humo de chimenea. Soy, también, chispa divina.


Glosa a Polo en Introducción a la Filosofía, p.70.3

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¿Es la substancia la realidad por antonomasia?

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Por una inveterada manía, que preside en gran parte una orientación filosófica correcta, que es el realismo, se suele tender a considerar que la realidad por antonomasia es la substancia; es lo que se llama realismo substancialista.

Ahora bien, si se entiende que la substancia es la realidad por antonomasia se concluye que la plenitud de la noción de acto corresponde a la entelécheia.

Ser real como una montaña es real, como un monolito.

Entonces, el conocimiento en acto, el acto de conocer, se considera secundario, como si fuera un accidente de la montaña, un volcán. Se le presta menor atención, como si fuera un asunto marginal a la filosofía primera.

El ser personal no es estrictamente substancia. El ser personal es otro sentido del ser. La persona, más que substancia es subsistente espiritual abierto.

No es lo mismo ser una montaña que “conocer” una montaña. “Conocer” es ser comunicando, incorporando otras realidades. Estamos abiertos por dentro y por fuera.

La imagen del volcán (que es sólo una imagen) nos sirve como eso, como imagen. Somos energía, enérgeia, pero no energía física sino “espiritual”. La persona puede dar más, puede darse, ser comunión.

Puedo poner todas mis “energías” al servicio de Dios. Y de los leprosos.


Glosa a Polo en Introducción a la Filosofía, p.71.2
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¿Qué es característico del ser accidental aristotélico?

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Accidente, symbebekós : lo que está junto a, lo que es “en otro”.
Por ejemplo, el amarillo es un accidente, una propiedad que no es en sí.

Es en una substancia que puede tener el accidente amarillo o el accidente azul.

Tenemos así la distinción substancia-accidente: las 10 categorías aristotélicas.

El realismo substancialista da tanta importancia a la substancia, al sentido del acto como entelécheia (las formas substanciales y las formas accidentales) que olvida que Aristóteles descubrió, ya en su juventud, otro sentido del ser, que es el propio de los seres vivos, energéia.

“Conocer”, por ejemplo, no se debe considerar como un accidente de la persona, pues lo que se conoce está incorporado íntimamente a su ser.

“Ver”, no es un accidente para el águila. El accidente sería quedarse tuerta o ciega. “Ver” es energéia para el águila. Es el despertarse de su capacidad de situarse en los aires.

La vista no subsiste en mí. Soy yo quien te ve, y quien te mira, con una acción inmanente, que no debe calificarse de accidental (el accidente es exterior a la vida).

Polo, filósofo de la distinción, ha recuperado la distinción entre los sentidos de la potencia y el acto propios de la física (substancia y accidentes) y los sentidos de la potencia y el acto propio de los seres vivos (facultades sensibles y potencias espirituales. Actos inmanentes).


Glosa a Polo en Introducción a la Filosofía, p.71.3

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¿Sirve la distinción substancia-accidente para entender la distinción entre la “enérgeia” aristotélica y la “entelécheia”?

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No.

Energéia es un sentido del acto que no es “en sí”, como la substancia.

Energéia es acto ejercido, inmanente, no acto “acabado”, separado.
Cuando vemos, estamos viendo.

Tampoco la energéia es accidente.

No es algo acabado que existe en un “en sí”. La energéia no está “acabada”, al vivir seguimos viviendo.

Substancia-accidente es un par que sirve para entender a los entes físicos no vivos.

Si se aplica este par al viviente, se dificulta comprender el acto inmanente que existe en la unidad de su vida.
Imbricado en su ser.
Respirar no es ser un volcán.

Si reservamos la noción de substancia y accidente a los seres no vivos, es decir, a la física, se entiende que ver, oír, entender, vivir, no son accidentes, sino actos del ser vivo, no actos en el sentido físico (entelécheia) sino actos inmanentes (energéia) integrados en la unidad de la vida.

No es lo mismo estar amarillo (porque estoy enfermo del hígado), que es un accidente del cuerpo (entelécheia), que pintarme de amarillo, que es un acto del que es dueño, la mujer o el hombre que han decidido amarillearse. Es un acto incorporado a su ser, íntimamente decidido.

Aunque físicamente el amarillo es accidente. Amarillearme es energéia, mientras que estar amarillo es entelécheia. Son dos actos distintos en la misma realidad física.

Glosa a Polo en Introducción a la Filosofía, p.71.4
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