¿Quién permite este sobrar siempre más que es la persona?

.
La libertad trascendental, que es la actividad propia del co-ser personal.

Jugamos libremente en el discontinuo de comienzo que somos. (Ésta es otra definición poliana de libertad: "discontinuo de comienzos". Ver etiqueta 5.5.4).

Podemos bucear hacia dentro, buscando identidad y luego transcendencia. Y podemos, si queremos, ponernos a trabajar, comunicando amorosamente con otras personas, decorando los mundos que creamos.


Glosa a Juan A. García González : Existencia personal y libertad. Anuario filosófico nº 95. 2009 p. 340.4

.

¿Cómo describir la libertad de Dios?

.
Pues no lo sé.

Me gusta especialmente la descripción que hace Polo de la libertad trascendental humana cuando dice que es "un discontinuo de comienzos" (ver etiqueta 5.5.4).

Me parece que muestra muy bien nuestra limitación y al mismo tiempo nuestra autoría, moviéndonos por donde queramos (en el ámbito de la máxima amplitud que es Dios).

Quizá podemos decir que la libertad de Dios es una Comunión de comienzos. No sé.


.

¿A qué llama Polo "generosidad" de la persona?

.
Al ejercicio del hábito de los primeros principios reales.

La persona es generosa porque se olvida de sí, de su yo que quiere actuar, y se abre hacia el exterior, hacia la creación, hacia fuera, contemplando el ser del universo, dejándole ser, aceptando que sea.

También advierte la causalidad trascendental y el principio de identidad (que es el Origen, Dios).

La persona advierte estos primeros principios abandonando el límite mental (1ª dimensión).

Ayer me llegué a los rápidos del río Congo, cuando huye de Kinshasa.
No fui yo solo el que abandonó el límite.


Glosa a Juan A. García González : Existencia personal y libertad. Anuario filosófico nº 95. 2009, nota 31, p. 346.3

.

¿Qué es la adoración?

.
La desaparición del yo.

Ver a este propósito, Polo, Antropología trascendental, tomo I, p. 210 : la persona y el yo.

Allí explica cómo adorar-yo es el trascendental antropológico más difícil de alcanzar.

Glosa a Juan A. García González : Existencia personal y libertad. Anuario filosófico nº 95. 2009, nota 31, p. 346.3

.

¿Por qué se dice que el hábito de los primeros principios es estrictamente entitativo?

.
Juan A. García Gz explica que el tema de la sindéresis es la esencia humana, y el tema de la sabiduría es el co-ser o existencia personal.

Intermedio entre ambos hábitos se encuentra el hábito de los primeros principios que advierte el ser del universo y su Creador. Nos sitúa en nuestro mundo.

Podemos decir que el dinamismo humano se conjuga entre esencia y existencia. La persona humana está situada en el universo, creada por Dios. Eso es lo que somos, de entrada. Eso es lo que conocemos por este hábito que es estrictamente entitativo.

Invito a buscar en la etiqueta 5.5.4 las fases de la libertad trascendental (ATII, p.238), la tercera fase es la generosidad, el no pasar del dar.


Glosa a Juan A. García González : Existencia personal y libertad. Anuario filosófico nº 95. 2009, p. 347

.

¿Tiene la generosidad una recompensa en esta vida?

.
Sí.
Y aunque sea provisional es bien sabrosa.

Gracias a la generosidad de dejar de buscar su réplica, (que es su felicidad), la persona se abre hacia fuera y al ejercer el hábito de los primeros principios reales, conoce a Dios Creador, y al mundo y a su cuerpo como dones del Creador.

¡Vaya regalo!


Glosa a Juan A. García Gz, Cuatro matizaciones, Miscelánea poliana, 12 (2007)

.

¿Es el yo una torre de control?

.
Me gusta la imagen del aeropuerto y su torre de control.

El aeropuerto sería la persona y la torre de control su yo.

El yo es un hábito personal que Polo llama sindéresis.

En la torre de control se engloba todo el dinamismo del aeropuerto.


Glosa a Juan A. García González : Existencia personal y libertad. Anuario filosófico nº 95. 2009, p. 347.3

.

¿Para qué sirve el yo?

.
El yo es un hábito personal, la sindéresis, que actúa como una torre de control.

Mediante la sindéresis la persona humana dispone de su naturaleza.

Los aviones del aeropuerto no pueden volar si no son dirigidos desde la torre de control.

De entrada, el aeropuerto tiene una naturaleza, nace situado con una dotación propia. Pero la persona hace suya esa naturaleza, disponiendo de ella desde el ápice de su yo.

Así la naturaleza deviene "esencia" de la persona.

No hay vida en el aeropuerto sin potencias, actos y hábitos. Y también sin experiencia intelectual y experiencia moral. Pues bien, el yo engloba, como punto cenital, toda esa actividad, el conjunto de las manifestaciones de la persona.

La personalidad del aeropuerto depende de su torre de control. El yo tipifica cada persona humana.


Glosa a Juan A. García González : Existencia personal y libertad. Anuario filosófico nº 95. 2009, p. 348.3

.

¿Se corresponde la sindéresis de Polo con la sindéresis clásica?

.
Polo extiende el sentido del pensamiento clásico sobre la sindéresis.

San Jerónimo habló de la sindéresis refiriéndose a la luz de la conciencia que descubre y aplica los primeros principios de la razón práctica.

Polo engloba en el yo, cual torre de control, no solo la iluminación de la conciencia (también la que clásicamente se atribuye al intelecto agente), sino incluso todas las disposiciones, aportaciones y manifestaciones de la persona.

La sindéresis, el yo, es el ápice de la esencia humana.

Francisco Molina utiliza en su blog la imagen de la cabeza de un águila que dice "yo vigilo". (para verla, pinchar aquí).

Glosa a Juan A. García González : Existencia personal y libertad. Anuario filosófico nº 95. 2009, p. 349.2

.

¿Cómo clarificar las aperturas hacia dentro?

.
La persona se abre hacia fuera y hacia dentro.

El abrirse es posible gracias al desdoblarse del ser personal (cosa que no puede hacer el ser del universo pues, al contrario del ser personal, es un ser sencillo).

Ese desdoblamiento del ser personal se inicia al dualizarse el ser gracias a los hábitos superiores, es decir, al dualizarse con la sindéresis, con el hábito de los primeros principios, con el hábito de sabiduría y con la gracia.

Según la sindéresis, la persona "se abre inherentemente", disponiendo dócilmente del universo, por su acción.
(decimos dócilmente porque la sindéresis es la voz del deber: lo tuyo es obrar, dice. Otros la llaman ley natural o voz de la conciencia)

Según el hábito de los primeros principios, la persona "se abre generosamente al exterior", a la creación y al Creador, reconociéndolos (no olvidemos que los primeros principios reales advertidos gracias a este hábito son tres: el ser del universo, la causalidad trascendental y el principio de Identidad u Origen).

Según el hábito de sabiduría, la persona "se abre íntimamente", conociéndose.
Sabe que es dual, que tiene intimidad. Esa intimidad tiene dos miembros: "la apertura interior" y "la apertura hacia dentro".
La apertura interior es la dualidad entre co-ser y libertad.
La apertura hacia dentro es la dualidad entre el intelecto personal y el amar personal.

Según la gracia, la persona "se abre en Dios", hacia Dios, gozando de su filiación.
Es la apertura transcendente.


Glosa a Juan A. García González : Existencia personal y libertad. Anuario filosófico nº 95. 2009, p. 349.4

.

¿Es autosuficiente la persona humana?

.
No.
La persona, aunque llegue a los 80, no tiene réplica en su interior.
(para la noción de réplica ir a etiqueta 5.4.2)

La persona no puede saber en su intimidad quién es. No puede saber qué espera el Creador de ella.

Por eso se aviene sin dificultad (dócilmente) a hacer algo, a buscar el don que le permitirá ser aceptada por Dios y conocerse como Dios se conoce.

(para la noción de docilidad ir a etiqueta 6.2)

Glosa a Juan A. García González : Existencia personal y libertad. Anuario filosófico nº 95. 2009, p. 349

.

¿Cuál es el sentido del obrar humano?

.
El sentido del obrar humano es constituir el don que su "amar personal", solo, es incapaz de aportar.

Recordemos que el "amar personal" es uno de los cuatro radicales de la persona humana, por lo tanto se convierte trascendentalmente con la persona.

Pues bien, la persona sabe de su Creador, pero no sabe lo que su Creador espera de ella.

Y lo que espera se refiere a otras personas.

Pongamos un ejemplo: Dios espera de ti que me ayudes (porque me quiere). Entonces tú, te pones a escribirme una carta.

¿Comprenden ustedes?

La carta es tu obra, tu don, que Dios aceptará porque le agrada que me ayudes.

El obrar humano tiene así un sentido donal. Ofrecemos dones a Dios con los regalos al prójimo. Sirviendo. Trabajando (porque los regalos no llueven del cielo)


Glosa a Juan A. García González : Existencia personal y libertad. Anuario filosófico nº 95. 2009, p. 349.2

.

¿Forma parte el "yo" del ser personal?

.
El "yo" no es el "acto de ser" humano.

Forma parte de la esencia humana.
Es su ápice.
Dicho de otra manera, es el puente entre el "acto de ser" y las manifestaciones humanas (esencia).

Esto no quiere decir que no pertenezca a la persona humana.
Tras dos intervenciones de Juan A. García González, he quitado el "no" con que comenzaba la respuesta para no inducir al error de pensar que el yo no pertenece al ser personal : la persona está vinculada con su yo.

El yo es un hábito innato de la persona. Del intelecto personal.

El yo es imprescindible para completar la estructura donal de la persona humana.

.

¿Qué es el yo real?

.
El yo real es el ápice de la esencia humana.

No es la realidad más alta del hombre (que es el acto de ser personal), sino un hábito innato al intelecto personal (ver etiqueta 5.5.2.1), llamado clásicamente "sindéresis".


.

¿Cómo activa la sindéresis (el yo) a la inteligencia y a la voluntad?

.
Conociéndolas. El yo (sindéresis) es un conocer.

La sindéresis se describe como ver-yo y querer-yo.

El yo real, sin ser el quién íntimo, la persona que soy, es el centro de donde manan mis manifestaciones, la mirada abierta a nuestra naturaleza y esencia humanas.

La mirada a la realidad extramental es el hábito de los primeros principios reales (etiqueta 1.4.0)

La mirada a la intimidad personal y a su trascendencia es el hábito de sabiduría (etiqueta 2.14).


.

¿Para qué sirve el yo?

.
El yo es un hábito personal, la sindéresis, que actúa como una torre de control.

Mediante la sindéresis la persona humana dispone de su naturaleza.

Los aviones del aeropuerto no pueden volar si no son dirigidos desde la torre de control

De entrada, el aeropuerto tiene una naturaleza, nace situado con una dotación propia. Pero la persona hace suya esa naturaleza, disponiendo de ella desde el ápice de su yo.

Así la naturaleza deviene "esencia" de la persona.

No hay vida en el aeropuerto sin potencias, actos y hábitos. Y también sin experiencia intelectual y experiencia moral. Pues bien, el yo engloba, como punto cenital, toda esa actividad, el conjunto de las manifestaciones de la persona.

La personalidad del aeropuerto depende de su torre de control. El yo tipifica cada persona humana.

Glosa a Juan A. García González : Existencia personal y libertad. Anuario filosófico nº 95. 2009, p. 348.3

.

¿Se corresponde la sindéresis de Polo con la sindéresis clásica?

.
Polo extiende el sentido del pensamiento clásico sobre la sindéresis.

San Jerónimo habló de la sindéresis refiriéndose a la luz de la conciencia que descubre y aplica los primeros principios de la razón práctica.

Polo engloba en el yo, cual torre de control, no solo la iluminación de la conciencia (también la que clásicamente se atribuye al intelecto agente), sino incluso todas las disposiciones, aportaciones y manifestaciones de la persona.

La sindéresis, el yo, es el ápice de la esencia humana.

Francisco Molina utiliza en su blog la imagen de la cabeza de un águila que dice "yo vigilo".

(Para verlo : pinchar aquí)

Glosa a Juan A. García González : Existencia personal y libertad. Anuario filosófico nº 95. 2009, p. 349.2

.

¿Cómo define Polo la libertad trascendental?

.
La libertad trascendental o libertad personal no es la libertad de elección (que es una libertad derivada de aquélla), ni es tampoco el libre albedrío clásico.

Con una sola fórmula no se la puede describir completamente.

Polo describe la libertad trascendental en el primer tomo de la Antropología trascendental (ATI) con las siguientes tres fórmulas :

1) La posesión del futuro que no lo desfuturiza (ATI, p.230).

2) La libertad es el sentido más estricto de la novedad (ATI, p.239).
Esta fórmula se completa con la siguiente: la historia es un discontinuo de novedades libres (ATI, p.240,3).
En efecto, le libertad es un novum, pero históricamente situado (ATI, p.241,2). Es decir, la novedades libres que son las personas están situadas en la historia (ATI, p.239,3).

3) La libertad es la inclusión atópica en el ámbito de la máxima amplitud (ATI, p.241).


.

nueva entrada en polianos

.
Cuando Juan A. García Gz introduce una nueva entrada en el blog de los polianos http://ieflp.blogspot.com, es siempre una buena noticia.

Esta vez, en la etiqueta de gnoseología, se pregunta sobre la "separación" del intelecto agente.

El asunto tiene su miga.

Es un reto.

Estos días estoy leyendo un libro simpatiquísimo de Carlos Goñi, "Platón y yo". Allí encuentro:

No podemos mirar el sol.
Lo vemos como la luna se refleja en un estanque.

¿Es la separación algo de esta vida?


.

¿Cuál es la actividad propia del ser personal humano?

.
La libertad.
Atención. Estamos hablando de actividad trascendental, no de la actividad física o intelectual. No se trata de pelar patatas o inventar sofismas. Se trata de actividad profunda, trascendental.

La actividad propia del ser personal, en su profundidad, es la libertad que llamamos personal, la libertad trascendental.

La libertad trascendental es uno de los cuatro trascendentales antropológicos descubiertos por Polo, que son :

co-ser;
libertad;
entender;
amar.

Un trascendental es una perfección pura (sin potencia) del ser. Los trascendentales personales son perfecciones puras de cada persona humana.

Glosa a Juan A. García González : Existencia personal y libertad. Anuario filosófico nº 95. 2009, p. 341

.

¿Cómo nace la libertad trascendental?

.
Hablamos aquí de la libertad "trascendental" (no de la libertad "de la esencia humana", que es la libertad pragmática y moral).

La libertad trascendental es una de las perfecciones puras de la persona humana

(Polo ha descubierto cuatro : co-ser; libertad trascendental; entender personal y amar donal).

La persona humana es dual en todas sus dimensiones.

La libertad trascendental también es dual.
Sus dos miembros se llaman:

"libertad nativa", el inferior y
"libertad de destinación" el superior.

La libertad nace y co-comienza con la persona.

Ese "nacer" es la libertad nativa.
¿Cómo describir la libertad nativa?

Atendiendo al desdoblarse del ser con los hábitos superiores.

El ser personal no es ser sencillo (el ser sencillo es el universo), no es ser sin más.
El ser personal es "además", co-existe en Dios, con los demás y con el universo.

Pues bien, la libertad nativa es el "co-" del "co-ser" o "co-existir".

Si el ser se desdobla es porque se dispone (tiene esa habilidad) gracias a los hábitos. Por decirlo de otra manera: se abre por dentro a la co-existencia.

La persona humana comienza siendo libre gracias a los hábitos superiores (que clásicamente se llaman innatos, pero que en realidad son non natos, porque nacen con la persona).
La sindéresis abre la persona a su obrar.
El hábito de los primeros principios reales abre la persona a la creación.
La sabiduría abra la persona íntimamente y hacia Dios.

La apertura hacia dentro, que abre la persona a la búsqueda de su identidad de hijo de Dios es lo que llamamos "libertad de destinación".

Lo personal es siempre libre, abierto, holgura en la máxima amplitud. ¡Qué bien se está!

La libertad son mis zapatos cómodos.


Glosa a Juan A. García González : Existencia personal y libertad. Anuario filosófico nº 95. 2009, p. 340.2

.

¿Por qué dice Polo que la libertad trascendental es el además del además?

.
Porque la persona humana, a la que llama "además" es libertad trascendental.

La libertad personal o trascendental es uno de los 4 radicales de la persona humana, que se convierten entre sí, aunque no del todo, pues se distinguen.

La actividad propia del co-ser personal (que es otro de los 4 radicales) es ser siempre más, inagotable.

Pero el carácter de además tiene dos sentidos: es por un lado más que la operación mental, sobra, y por otro lado se añade a otros seres, buscando su identidad.

Por tanto es el además del además.

También dice Polo que esa actividad libre es "además y además".


Glosa a Juan A. García González : Existencia personal y libertad. Anuario filosófico nº 95. 2009, nota 32, p. 341

.

Mi amigo Antonio Corredor siempre me sorprende. Un día imaginó un Proto-ser anterior a todo ser. Y me pidió mi opinión. Así le contesté:

.
Estimado don Antonio,
He leído con atención su propuesta sobre el Proto-ser.

Pienso que es atendible.

Me explico.
Imaginemos que en el universo no existe la inteligencia (es una suposición), ni el amor, y sólo existe el ser sencillo de lo físico.
Pues bien, ese ser, que usted llama Proto-ser, que no tiene ni principio ni fin, que es lo que es, idéntico a sí mismo, se corresponde con el Principio real de Identidad y origen de todo lo que existe. (Atención, hablo de principio real, no de principio lógico).

¿Por qué ese Principio se despliega como universo, según lo que llamamos Principio real de no-contradicción, o, brevemente "persistencia"?

Tiene que existir una causa trascendental por la que la Identidad despliega el universo.

Ya ve que le he presentado los tres primeros principios de la metafísica poliana: identidad, causa trascendental y no contradicción.

El Proto-ser que usted ha intuido puede muy bien ser el origen (Principio real de Identidad) de lo que Polo llama "ser primero", o persistencia, o principio real de no contradicción.


Atentamente
Joseph Kabamba
http://preguntaspolianas.blogspot.com 





Del hábito por el que conocemos los primeros principios hablamos en la etiqueta 3.2.0

Y en la etiqueta 1.4.0 hablamos de los principios.
.

¿Libertad o actividad?

.
Las averiguaciones de Polo sobre la libertad trascendental nos ofrecen una de esas conclusiones que nos confortan en la contemplación admirativa:

La actividad radical de la persona es libertad.

No se trata aquí de ser libres para escoger azul o amarillo (que son los colores de la R.D. del Congo), o que me dejen hacer lo que quiero.

No, no estamos hablando de la libertad en la esencia humana, sino de la libertad trascendental o libertad radical.

Se trata de que, sin ningún condicionamiento previo, la actividad personal prosigue.

La persona no tiene potencia antecedente.

Polo dice en el tomo I de su Antropología trascendental, p. 230, nt 50, que la libertad trascendental "puede describirse como capacidad directamente activa o no potencial".

Invito a no imaginar el ser personal como un mecano en el que los 4 radicales (co-ser, libertad, entender y amar personales) fueran como tubos de una estructura. No. El ser personal es fuente activa. Los radicales se convierten entre sí.

Pero lo que alcanzamos ahora es a darnos cuenta de que esa fuente activa es libre.

Si miramos al co-ser, veremos que la persona es un ser dual.
Si miramos el entender, veremos que la persona busca su identidad.
Si miramos el amar, veremos que la persona busca quién aceptará su don.

Y en cualquier caso, mirando a la libertad trascendental veremos que la persona recomienza (Piá diría co-comienza) sin cesar.


Ésa es su actividad, la libertad, el juego del amor.

Glosa a Juan A. García González : Existencia personal y libertad. Anuario filosófico nº 95. 2009, p. 341

.

¿Para qué recomenzar?

.
Para amar siempre más.

Hemos averiguado que la libertad, al no tener condicionamiento previo, es siempre recomenzar. (Piá habla de co-comenzar, pero eso es otra historia).

La libertad es una actividad que nace nueva. Por eso Polo llama libertad nativa al miembro inferior de la libertad trascendental (ver etiqueta 5.5.4).

Recomienza ordenándose a la coexistencia, buscando su réplica, buscando quién acepte su don.

Recomenzamos para ejercer la libertad. Si no, seríamos una planta.

Y así renacerá, al responder a la llamada inicial, de la gracia que la hace transcenderse. Dios no la fuerza, la llama.

Glosa a Juan A. García González : Existencia personal y libertad. Anuario filosófico nº 95. 2009, p. 341

.

¿Es flexible la libertad personal?

.
Juan A. García González utiliza el verbo "desplegar" para designar el juego interno que permite coexistir con quien queremos, cuando queremos y en la medida que queremos.

Juego posible porque el ser personal es dual (co-ser; abierto por dentro; con hábitos).

Yo prefiero hablar de "ejercicio" de la libertad.

Pero a fin de cuentas se trata de lo mismo:

Libremente nos juntamos con quien queremos.

Unas veces nos abrimos hacia fuera, otras veces hacia dentro, buscamos y hasta podemos ir más allá de los abismos, transcendiendo hacia Dios.

Es el juego del Amor.


Glosa a Juan A. García González : Existencia personal y libertad. Anuario filosófico nº 95. 2009, p. 341.2

.

¿Cuándo se ejerce la libertad trascendental?

.
Cuando queremos.

Tomás de Aquino en S.Th., I-II, q. 71, a. 4, c., distingue por un lado la posesión del hábito por el alma, que da libertad, pues permite actuar de un modo mejor cuando le parece (cum voluerit).

Por ejemplo, si tengo la virtud de la puntualidad llegaré a tiempo, si quiero.

Y por otro lado la costumbre instintiva del animal, que no da libertad pues la forma sustancial (que sigue al sentido genético del ser o ser primero, tal como explicamos en la etiqueta 17.3.2) actúa "necesariamente".

El alma humana es libre, pues posee hábitos y además tiene la persona dentro.

Libremente vivimos con Dios y con los demás, si queremos.

Y vivimos con pájaros, a los que podemos dejar volar, o meterlos en una jaula.

De ahí la expresión "a modo de virtud" que designa, por ejemplo, una calidad que se ejerce si se quiere.
Soy simpático, cuando quiero.

Glosa a Juan A. García González : Existencia personal y libertad. Anuario filosófico nº 95. 2009, p. 342.2

.

¿Tiene la noción poliana de libertad trascendental un antecedente hegeliano?

.
En Hegel encontramos la dualidad sujeto-objeto.

El objeto en el que culmina la idea absoluta, es necesario pues abarca la totalidad.

El sujeto es libre en cuanto que conoce esa totalidad.

Puede alienarse saliéndose de la lógica.
Pero su culminar es dios, la idea absoluta, la libertad total, metalógica.

Lo malo es que el ser de Hegel no puede dialogar con un ser superior. Está solo.

No es dialógico, sino dialéctico.

Por lo tanto, aunque encontremos retazos hegelianos en Polo, radicalmente son opuestos.


El dios de Hegel no sabe amar.

Glosa a Juan A. García González : Existencia personal y libertad. Anuario filosófico nº 95. 2009, p. 342.3

.

¿Cómo juega la libertad trascendental?

.
1) gracias a la sindéresis dispone, actuando, con docilidad (hace regalos).

2) gracias al hábito de los primeros principios, se retira, dejando estar (ama la creación, es ecologista).

3) gracias al hábito de sabiduría ratifica su altura, alcanzándose a sí misma (es agradecida).

4) gracias a la gracia y los hábitos que la acompañan, cede su primado para buscar transcendentemente, su sentido último (quiere siempre más).


Glosa a Juan A. García González : Existencia personal y libertad. Anuario filosófico nº 95. 2009, p. 344.2

.

¿Qué sentido tiene la libertad trascendental?

.
Coexistir con Dios.

Más precisamente, coexistir en Dios.

Los hábitos superiores son jerárquicos: sindéresis, hábito de los primeros principios, sabiduría y el más alto, la gracia.

La gracia es la llamada inicial de Dios a existir en Él. Es Dios quien abre al hombre a Dios desde Dios.
Más allá de la apertura íntima (interior y hacia dentro), la persona escucha la llamada en cada uno de los trascendentales. Su fruto son las aperturas transcendentales (sí, trans-, que es más que tras-):

gracia en el co-ser,
esperanza en la libertad,
fe en el entender y
caridad en el amar.

Bajemos ahora a la realidad cotidiana: notemos cómo "repercuten" en nuestra vida esas ventanas abiertas en Dios.
Y viviremos una vida divina.

Glosa a Juan A. García González : Existencia personal y libertad. Anuario filosófico nº 95. 2009, p. 344.4

.

¿Somos libres gracias a los hábitos?

.
Sí.
A todos los niveles, los hábitos (ver etiqueta 17.3.1) nos dotan de libertad.

Soy más libre gracias a internet (hábito categorial o hábito del cuerpo, de mis dedos que teclean).

Soy más libre gracias a mi serenidad (hábito del alma).

Soy radicalmente libre gracias a mis hábitos superiores que me permiten abrirme (relacionarme) íntimamente, trascendentalmente, con Dios y las criaturas, y ofrecerles, si quiero, mis dones.

Mis dedos, gracial al hábito categorial, me permiten navegar.

Mi voluntad se volvería loca, ansiosa, sin la serenidad.
(Las potencias espirituales no se dan sin los hábitos pues, por ejemplo, ¿de qué me serviría conocer, si no sé que conozco?, sería un conocimiento meramente sensible, como el de los animales, esclavos de sus instintos).

Y a nivel superior, gracias a mi intimidad, abierta gracias a los hábitos, soy punto de partida que acepta y da, si quiere, los dones que recibo.

Mi ser más profundo no es interioridad psicológica, moldeada por mis genes, mis padres o por el Estado.

Mis hábitos superiores me dejan libre, me incluyen en el ámbito de la máxima amplitud para ser además, en la medida en que quiero.

Soy libre gracias a mis hábitos
.

Glosa a Juan A. García González : Existencia personal y libertad. Anuario filosófico nº 95. 2009, p. 337.2

.

¿A quién le corresponde elevar la naturaleza?

.
La persona es libertad.

La persona humana, nace y vive en una naturaleza que, de entrada, no es libre: somos lo que hemos recibido.

La persona, gracias a los hábitos que nacen de ella, eleva la naturaleza convirtiéndola en esencia de su ser personal (es decir, en manifestación, disposición, iluminación y aportación, que son cuatro maneras de denominar a la esencia según los cuatro radicales).

Concretamente, es la sindéresis la que va haciendo suya, libremente, la naturaleza recibida, elevándola.

Por ejemplo, el cuerpo, el vestido, mi pluma y mi sangre son entonces cauce de mi libertad. Si quiero.


Glosa a Juan A. García González : Existencia personal y libertad. Anuario filosófico nº 95. 2009, nota 26, p. 338

.

¿Cuál es la dualidad radical del hombre?

.
La distinción real entre ser y esencia es la dualidad clásica, que explica el carácter creado del hombre.
En efecto, no soy un ser arrojado a la existencia o una esencia que se pasea entre bosques y estrellas.

Soy lo que soy (esencia) porque mi ser no cesa. Y ese no cesar no viene de mí (de mi esencia) sino de Dios, que sigue dándome el ser.

Pues bien, para Polo existe una distinción aún más radical.
Es un añadido de la doctrina poliana a la filosofía creacionista.

El hombre se distingue de Dios, claro está, por ser compuesto de ser y esencia (Dios es identidad y el hombre no, sino que es compuesto), pero en el caso de la persona humana existe una dualidad más radical: la distinción entre el ser personal y sus hábitos superiores (personales o existenciales).

En Dios las tres Personas son relaciones subsistentes de su Ser en Identidad.
En el hombre las relaciones trascendentales (gracias a los hábitos superiores) "nacen" de su ser personal. Es un ser inidéntico. Su acto de ser (co-ser o ser-con hábitos) es creado.

Los hábitos superiores muestran el inagotable ser además de la persona humana, el desbordarse de su actividad existencial ; co-ser siempre más.


Abrirse eterno a Dios, a los demás y al mundo.

Glosa a Juan A. García González : Existencia personal y libertad. Anuario filosófico nº 95. 2009, p. 338
.

¿Quién da entrada, en la naturaleza, a la libertad?

.
Los hábitos.

En nuestro cuerpo la libertad (ver etiqueta 1.1.2) aparece cuando lo elevamos a ser instrumento de nuestro disponer.

Ejemplo: cuando el mendigo abre la mano para pedir limosna.
Es la libertad pragmática.
La mano es ahora hábito categorial.

En nuestra alma la libertad aparece cuando se van actualizando la inteligencia y la voluntad.

Ejemplo: me arrodillo porque quiero o te busco para conocerte mejor.
Es la libertad moral.
Mi voluntad ejerce ahora la virtud (hábito) de la humildad.

En la intimidad de la persona (en mi ser personal) la libertad no aparece, porque la persona es libertad trascendental.


Glosa a Juan A. García González : Existencia personal y libertad. Anuario filosófico nº 95. 2009, p. 338.4

.

¿Quién permite la libertad pragmática del hombre?

.
El hábito categorial.

Si el cuerpo del hombre estuviera acabado, con pieles o caparazones y zarpas o garras, entonces sería pura naturaleza.

En cambio, el hábito categorial (el anillo, el sombrero, mis dedos que teclean), los útiles e instrumentos, permiten que navegue, salude y me comprometa con mi alianza.

Es el hábito categorial el que permite la libertad pragmática (ver etiqueta 1.1.2) del hombre.


Glosa a Juan A. García González : Existencia personal y libertad. Anuario filosófico nº 95. 2009, p. 339

.

¿Cuándo la inteligencia y la voluntad consiguen la libertad?

.
El hombre es moralmente libre gracias a los hábitos adquiridos (hábitos de la inteligencia y virtudes de la voluntad).

Las potencias espirituales (inteligencia y voluntad) no obran exclusivamente en dependencia de su motor.

Si la inteligencia adquiere hábitos y sabe ya ejercerse, no precisa la presencia de lo inteligible para actuar. Obra cuando le parece a la persona que la domina gracias a los hábitos.

Y si la voluntad ha adquirido algunos amores o aficiones no necesita de la presencia del bien que la atraiga. La persona obra cuando quiere.

Las potencias espirituales pueden prescindir de sus estímulos pues en cierto modo los guardan gracias a los hábitos.

El hábito se puede comprender como cierta "memoria" que retiene lo que mueve a las potencias. Así, la persona dispone con ellas libremente.

Las personas obran por sí mismas, no sólo movidas por su naturaleza. Disponen mediante la naturaleza enriquecida con los hábitos.

Aunque no suene el timbre soy puntual. Si quiero.


Glosa a Juan A. García González : Existencia personal y libertad. Anuario filosófico nº 95. 2009, p. 339.2

.

¿Es la libertad trascendental un hábito?

.
No
La libertad trascendental es uno de los cuatro radicales personales (co-ser, libertad, entender y amar).


Es un trascendental (una perfección pura del ser), pero del ser "personal".

Es un trascendental antropológico (no metafísico).

Glosa a Juan A. García González : Existencia personal y libertad. Anuario filosófico nº 95. 2009, p. 340

.

¿Tienen algo que ver los hábitos superiores con la libertad trascendental?

.
Del mismo modo que los hábitos inferiores permiten la libertad pragmática (hablo de los hábitos categoriales) y del mismo modo que los hábitos adquiridos por las potencias espirituales permiten la libertad moral, del mismo modo, digo, los hábitos superiores permiten el ejercicio de la libertad trascendental (que es una perfección pura del ser personal, es decir, un trascendental antropológico, no metafísico).

La libertad trascendental, nuestro co-ser inagotable, al desdoblarse gracias a los hábitos superiores, coexiste con el mundo, con Dios y con los demás ; y dispondrá libremente dónde y cómo vivir.

Contigo pan y cebolla.


Glosa a Juan A. García González : Existencia personal y libertad. Anuario filosófico nº 95. 2009, p. 340

.

¿Hay en la tradición algún soporte para la noción poliana de ser personal como "además"?

.

Sí. La noción de hábito.

El ser segundo, el ser personal poliano, o segundo sentido del ser, es un ser sobrante, inacabable, que se desborda.

El hábito es un acto, y al mismo tiempo es del orden de lo potencial.

Podríamos decir que es el desbordarse del acto que incrementa su potencialidad.

Si me levanto temprano soy cada vez más capaz de levantarme temprano. Soy más dueño de mis actos, soy más libre.

La persona es así, se viste con hábitos prosiguiendo más activamente su ejercicio.

El ser natural añade. Es además.

Glosa a Juan A. García González : Existencia personal y libertad. Anuario filosófico nº 95. 2009, p. 331.2

.

¿Cuáles son los tres tipos clásicos de hábitos?

.
El hábito categorial (ejemplo : tener manos);

el hábito adquirido por las potencias espirituales (ejemplo: saber geometría;

el hábito entitativo (ejemplo: la salud).

Los dos primeros son aristotélicos y el tercero es un añadido de la filosofía medieval.

Aristóteles coloca el hábito categorial (el tener con el cuerpo) como uno de los nueve accidentes.

El hábito adquirido lo presenta como la primera especie del accidente cualidad.


Glosa a Juan A. García González : Existencia personal y libertad. Anuario filosófico nº 95. 2009, p. 331.4

.

¿Por qué se dice que los hábitos inferiores son como una segunda naturaleza?

.
Los hábitos inferiores son los categoriales (los del cuerpo humano, por ejemplo, la capacidad de maquillarse, vestirse o teclear en el portátil) y los adquiridos por las potencias espirituales (por ejemplo, ser poeta, tener buen gusto, ser poliano).

Estos hábitos modelan la naturaleza humana; por eso se dice que son como "una segunda naturaleza".

Notemos, sin embargo, que si podemos teclear o filosofar es porque la persona está detrás. No es que la persona se constituya como el conjunto de capacidades de una naturaleza. Esas capacidades no existirían si la persona no fuera anterior a ellas.

No es que la persona sea el individuo de naturaleza racional, sino que podemos tener una naturaleza racional porque somos, antes, personas.
Aunque la mona se vista de seda, mona se queda.

La segunda naturaleza proviene, pues, de la libertad personal.

Es entonces más fácil entender que un embrión humano no es humano porque tenga neuronas con capacidad de llegar a pensar, sino que esas neuronas pueden ser un día instrumento del pensar porque, de entrada, hay ya una persona humana.


Glosa a Juan A. García González : Existencia personal y libertad. Anuario filosófico nº 95. 2009, p. 332.2

.

¿Por qué está el cuerpo humano inacabado?

.
Para que cada persona, libremente, lo mejore.

La mano, por ejemplo, no es la garra ni la pezuña, acabadas para sus respectivas finalidades. Por eso, al estar abierta a múltiples usos, la persona puede utilizar guantes, martillos, y hasta sellar alianzas.

La corporalidad humana, gracias a los hábitos que llamamos categoriales (el tener con el cuerpo), amplía sus posibilidades.

El rostro no es la jeta del animal. Está abierto a la sonrisa y también al llanto, o a la burla. Sabe hacer guiños.

El cuerpo humano no está terminado, requiere el concurso de la inteligencia, de la persona, que hace desbordar su actividad, potenciándola al infinito (pues la inteligencia es susceptible de crecimiento infinito).

El cuerpo humano manifiesta así la inagotabilidad propia de la persona.


Glosa a Juan A. García González : Existencia personal y libertad. Anuario filosófico nº 95. 2009, p. 332.2

.

¿Pueden crecer las potencias espirituales (la inteligencia y la voluntad)?

.
Sí. La inteligencia y la voluntad pueden crecer gracias a los hábitos adquiridos (virtudes).

Las operaciones ejercidas por las potencias superiores desbordan su término, no se limitan a actualizarse (pensar o querer), sino que su acción revierte sobre la propia capacidad, repotenciándola.

Tras haber hecho palotes, ahora "sé" escribir.
A fuerza de silbar, parezco un jilguero.

Y me dispongo a realizar operaciones superiores: ahora podré ser escritor o músico.

Los hábitos adquiridos nos cualifican (Aristóteles los mete en la categoría cualidad).

También es cierto lo contrario: los actos malos nos envician.

La vida puede empeorarse. Pero al ser dueños de ella, también podemos rectificarla y mejorarla.
¡Ahora empiezo!


Glosa a Juan A. García González : Existencia personal y libertad. Anuario filosófico nº 95. 2009, p. 333.2

.

¿Se puede considerar la esencia humana como autoperfección habitual?

.
Antes de contestar me permito recordar la nota n.1 del Tomo II de la Antropología trascendental de Polo. Dice así: "En atención a la distinción real de ser y esencia, es mejor decir "esencia de la persona humana" que "esencia del hombre".
Para resaltar la distinción entre la esencia de la persona humana y la esencia extramental, empleo la expresión "esencia humana".

Lo digo porque en Anuario filosófico se habla en la entradilla de la página 333 "esencia del hombre". Es mejor decir "esencia humana".


Pues bien, la esencia humana sí puede considerarse como autoperfección "habitual".

La Universidad de Navarra publicó en 2006 un cuaderno de Polo titulado "La esencia humana"; el capítulo VII se titula "La esencia humana como autoperfección habitual".

(verlo aquí: http://www.iterhominis.com/03_Polo/02_Cadernos/EH/EH_07.htm)

Lo que allí se explica es que la esencia humana es propia de cada persona humana, depende de su libertad.

La esencia del universo o esencia extramental es común a todos los entes naturales.
Las cosas son lo que son y actúan siguiendo el orden ya establecido, según la tetracausalidad.
La naturaleza es el principio estable de operaciones, el conjunto de causas y principios que mueven el universo y conducen al despliegue de las condiciones iniciales. Ese despliegue es la esencia del universo.

Con el hombre aparece la novedad en el universo.
"Lo primero" no es sólo la naturaleza. Existen seres libres que pueden destinarse, desbordando el concepto de naturaleza.

Por eso hablamos de "autoperfección".
La naturaleza física puede condicionarme a crecer, pero soy yo, libremente, quien se hace jugador de basket. Es una perfección que me doy.

Y hablamos de "habitual" porque se trata de un "tener".
Al gorila se le puede poner un sombrero. Pero soy yo quien, libremente, se pone el sombrero. Lo "tengo" porque estoy añadiéndole un sentido a mi cuerpo (así estoy más "chic").

Los hábitos inferiores (categoriales, como llevar un anillo, o espirituales, como saber geografía) componen la "autoperfección habitual" (¡virtudes!) que llamamos esencia humana.

Es, con otras palabras, el crecimiento de mi vida.
Crecimiento inagotable porque depende del acto de ser persona.


Glosa a Juan A. García González : Existencia personal y libertad. Anuario filosófico nº 95. 2009, p. 333.3

.

¿A qué llamamos hábitos superiores?

.

A los hábitos propios del acto de ser persona: la sindéresis (6.2), el hábito de los primeros principios (3.2) y la sabiduría (2.14) son hábitos propios a toda persona humana.

También son hábitos superiores los que la tradición llama hábitos infusos: la gracia, la esperanza, la fe y la caridad.


Glosa a Juan A. García González : Existencia personal y libertad. Anuario filosófico nº 95. 2009, p. 334.3

¿Qué niveles tiene el crecimiento "habitual" de la persona humana?

.
La persona crece, según sus hábitos a tres niveles.

A nivel categorial, en la medida en que, gracias a la posesión de instrumentos (coches, sombreros, ordenadores, teléfonos) se prolonga y se desborda.

A nivel esencial, en la medida en que, gracias a los hábitos de la inteligencia (ser poeta, músico o labrador) y a las virtudes de la voluntad (amabilidad, serenidad, optimismo) crece y se amplía.

A nivel íntimo y personal, en la medida en que, gracias a los hábitos superiores (sabiduría, esperanza, gracia) se abre más a Dios y a los demás.

Se multiplica.


Glosa a Juan A. García González : Existencia personal y libertad. Anuario filosófico nº 95. 2009, p. 334.5

.

¿Cuáles son las dimensiones del hábito?

.
Tres son las dimensiones del hábito: la tenencia, la disposición y la relación.

La tenencia es clara en los hábitos categoriales: me pongo un sombrero.

La disposición es clara en los hábitos adquiridos por las potencias espirituales: sé nadar o ser oportuno.

La relación se muestra especialmente en los hábitos superiores.

En efecto, la sindéresis, el hábito de los primeros principios y la sabiduría (que son hábitos superiores) abren la persona, respectivamente, a relacionarse con su obrar, con el universo y con su intimidad, también divina.

La gracia, la esperanza, la fe y la caridad (que también son hábitos superiores) son distintos modos de abrirse la persona a su creador.

Se trata de relaciones existenciales, no categoriales, que tornan a la persona en coexistente.

No son relaciones subsistentes (eso se queda para las personas divinas), pero tampoco son relaciones accidentales, ya que están en el orden del ser. Las llamaré (aunque algunos no lo aprecien) relaciones trascendentales.

A todos los niveles el hábito aparece como continuación del ser : sombrero, simpatía, filiación divina.

Y eso es así porque su ser es inacabable, siempre además.


Glosa a Juan A. García González : Existencia personal y libertad. Anuario filosófico nº 95. 2009, p. 335.4

.

¿Expresan los hábitos una progresiva intensificación del carácter activo del ser?

.
No estoy completamente de acuerdo, en este punto, con Juan A. García Gz.

Concretamente, en lo que se refiere a la noción de "intensidad".

A mí me parece que la intensidad es propia de la potencia.
Los actos no son más o menos intensos. Los actos son superiores o inferiores, jerárquicos.

Y los hábitos son actos.

Los hábitos más que intensificar, multiplican la actividad del ser, creando nuevas relaciones.

El ser personal es coexistente y multiplica sus relaciones.
No se trata, claro está, de relaciones accidentales. La persona se desdobla con sus hábitos, hacia fuera y hacia dentro. Es un ser-con hábitos.

No el mit-sein de Heidegger, que apunta a la sociabilidad. Sino el co-ser que rebrota, que sobra. No solo alteridad, sino dualidad interna, radical.

La persona no puede existir sin multiplicarse. Y esta multiplicación es posible por la dualidad (hábitos) y la alteridad.


Glosa a Juan A. García González : Existencia personal y libertad. Anuario filosófico nº 95. 2009, p. 336.3

.

¿Amplía Polo la distinción aristotélica entre los dos sentidos primarios del acto?

.
Los dos sentidos primarios del acto (1.2.1) son la entelécheia (la consideración estática de la actividad que "mantiene" el resultado) y la enérgeia (operación o praxis). No hablamos aquí del tercer sentido aristotélico de acto que es el movimiento.

La filosofía clásica da prioridad a la entelécheia, por lo que la forma substancial es llamada acto primero.
Los accidentes (y las operaciones, desde este punto de vista substancialista, son consideradas como accidentes) son llamados actos segundos.

El acto de ser no había sido descubierto todavía (se le atribuye a Tomás de Aquino). Siendo el acto de los actos, bien podemos aplicarle también el nombre de acto primero.

La propuesta de Polo es ampliar esa distinción de actos.

El acto de ser personal, dice, es distinto del acto de ser del universo.

Es correcto llamar al acto de ser del universo acto primero.

Pero siendo el acto de ser personal distinto, debemos encontrar otro sentido del acto (de ahí que la propuesta sea una ampliación), es el sentido de ser "segundo".

No como acto segundo al modo del accidente o de la operación, sino en el sentido de que el ser personal se añade libremente al ser primero.

Ahora entendemos que Polo diga que el ser personal es distinto de aquél que se ocupa la metafísica.

Clásicamente la metafísica se ocupa del estudio del ente en cuanto ente.

La persona es un tipo de ente.

El conocimiento se considera como un accidente de la sustancia que es cada hombre.

Polo, filósofo de la distinción, y siguiendo la observación aristotélica que dice que no es lo mismo el acto como entelécheia (substancia) que el acto como enérgeia (acto de conocer) propone distinguir el tema de la metafísica, que es el ser natural (ser primero), del tema de la antropología, que es el ser personal humano (ser segundo).

No son dos tipos del ente en general, porque el ser personal es radicalmente libre, no depende de la naturaleza.
Esta distinción no fue alcanzada por Aristóteles. De ahí la novedad de la propuesta poliana.

Glosa a Juan A. García González : Existencia personal y libertad. Anuario filosófico nº 95. 2009, p. 328.2

.