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¿Qué sentido tiene la libertad trascendental?

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Coexistir con Dios.

Más precisamente, coexistir en Dios.

Los hábitos superiores son jerárquicos: sindéresis, hábito de los primeros principios, sabiduría y más arriba las aperturas transcendentales, entre ellas la llamada inicial que podemos llamar gracia, y que es distinta de la gracia santificante de los teólogos.

La gracia, que podemos llamar "personificante" es la llamada inicial de Dios a existir en Él. Es Dios quien abre al hombre a Dios desde Dios.

Más allá de la apertura íntima (interior y hacia dentro), la persona escucha la llamada en cada uno de los trascendentales.

Fruto de esta llamada son las aperturas transcendentales (sí, trans-, que es más que tras-):
gracia en el co-ser,
esperanza en la libertad,
fe en el entender
y caridad en el amar.
(a no confundir con las virtudes teologales).

Bajemos ahora a la realidad cotidiana: notemos cómo "repercuten" en nuestra vida esas ventanas abiertas en Dios.
Y viviremos una vida divina.

Pues bien, el acto vital que anima la búsqueda en todos los niveles, es la libertad trascendental.





Glosa a Juan A. García González : Existencia personal y libertad. Anuario filosófico nº 95. 2009, p. 344.4

Para saber más:
Etiqueta 5.13.2  aperturas transcendentales

Etiqueta 1.9.2  hábitos superiores
.

¿Existen hábitos infusos además de los que habla la teología?

.
La teología habla de hábitos "sobrenaturales" infusos (por ejemplo, la gracia santificante como hábito "sobrenatural" entitativo, y las virtudes "sobrenaturales" de la fe, la esperanza y la caridad).

Desde la perspectiva de una antropología trascendental se descubren también otros hábitos infusos que no son sobrenaturales.

Me explico, porque se necesita una cierta familiaridad con lo trascendental antropológico para situarse.

En la etiqueta 5.13.1 hemos llamado apertura transcendental (noten que decimos trans y no tras), a una apertura más íntima que la apertura íntima, pues abre el ser humano más allá de su propia intimidad.

Esta apertura no es sobrenatural. Todos los hombres la tenemos y es el fruto de la llamada inicial de Dios, propio a toda persona humana, también cuando no ha recibido los efectos de la salvación.

La llamada inicial de Dios, que no es "sobrenatural", la estudiaremos en la etiqueta 5.15.0 y es una de las etapas trascendentales del ser personal (la etiqueta 5.7.0 estudia esas etapas).

Pues bien, teniendo en cuenta la caída y el querer de Dios de que todos los hombres se salven, podemos entender que hay una nueva etapa trascendental que es la nueva creación o redención. Una nueva elevación que nos salvará, "si queremos".
(La estudiamos en la etiqueta 5.16.2).
Es la etapa "sobrenatural" de la que habla la teología.

Ese "si queremos" es nuestra respuesta a la gracia sobrenatural, es decir la manifestación esencial de cómo acogemos la salvación.

La elevación salvadora de Dios redunda esencialmente en nuestra vida, elevando nuestras potencias, la inteligencia y voluntad, elevando toda nuestra vida con lo que los teólogos llaman gracia santificante y virtudes "sobrenaturales" infusas.

Son infusas a la esencia humana como redundancia de la elevación "sobrenatural" de las aperturas transcendentes de los radicales personales.
Elevación que es propiciada por  el encuentro de la persona humana con Aquél de quien es réplica y que es su Salvador.

De ahí que digamos que la gracia santificante es una anticipación.
Es una anticipación del encuentro.
(El encuentro definitivo con Dios lo estudiamos en la etiqueta 5.18.0).

Las virtudes "sobrenaturales" de la teología son pues elevaciones de las aperturas transcendentales, debidas a la anticipación del encuentro con Dios,  que redundan en la esencia humana.
Son pues virtudes infusas "sobrenaturales".

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Pero como hemos dicho, existen también otros hábitos infusos que no son sobrenaturales.

La existencia de los hábitos infusos naturales y sobrenaturales muestra que las personas humanas tenemos una potencia "obediencial" superior a las criaturas del universo físico.

Polo prefiere hablar de "segunda" creación y "nueva creación".



En las etiquetas que comienzan por 5.13 estudiamos en detalle las aperturas "transcendentales", que son hábitos infusos no "sobrenaturales".

Estudiamos la segunda creación en la etiqueta 5.15.0
Y la nueva creación en la etiqueta 5.16.2


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¿Existen hábitos infusos además de los que habla la teología?

.
La teología habla de hábitos "sobrenaturales" infusos (por ejemplo, la gracia santificante como hábito "sobrenatural" entitativo, y las virtudes "sobrenaturales" de la fe, la esperanza y la caridad).

Desde la perspectiva de una antropología trascendental se descubren también otros hábitos infusos que no son sobrenaturales.

Me explico, porque se necesita una cierta familiaridad con lo trascendental antropológico para situarse.

En la etiqueta 5.13.1 hemos llamado apertura transcendental (noten que decimos trans y no tras), a una apertura más íntima que la apertura íntima, pues abre el ser humano más allá de su propia intimidad.

Esta apertura no es sobrenatural. Todos los hombres la tenemos y es el fruto de la llamada inicial de Dios, propia a toda persona humana, también cuando no ha recibido los efectos de la salvación.

La llamada inicial de Dios, que no es "sobrenatural", la estudiaremos en la etiqueta 5.15.0 y es una de las etapas trascendentales del ser personal o de la persona como ser (la etiqueta 5.7.0 estudia esas etapas).

Pues bien, teniendo en cuenta la caída y el querer de Dios de que todos los hombres se salven, podemos entender que hay una nueva etapa trascendental que es una nueva creación que los cristianos llamamos redención. Una nueva elevación que nos salvará, "si queremos".
(La estudiamos en la etiqueta 5.16.2).
Es la etapa "sobrenatural" de la que habla la teología.

Ese "si queremos" es nuestra respuesta a la gracia sobrenatural, es decir la manifestación esencial de cómo acogemos la salvación.

La elevación salvadora de Dios redunda esencialmente en nuestra vida, elevando nuestras potencias, la inteligencia y voluntad, elevando toda nuestra vida con lo que los teólogos llaman gracia santificante y virtudes "sobrenaturales" infusas.

Son infusas a la esencia humana como redundancia de la elevación "sobrenatural" de las aperturas transcendentes de los radicales personales.
Elevación que es propiciada por  el encuentro de la persona humana con Aquél de quien es réplica y que es su Salvador.

De ahí que digamos que la gracia santificante es una anticipación.
Es una anticipación del encuentro.
(El encuentro definitivo con Dios lo estudiamos en la etiqueta 5.18.0).

Las virtudes "sobrenaturales" de la teología son pues elevaciones de las aperturas transcendentales, debidas a la anticipación del encuentro con Dios,  que redundan en la esencia humana.
Son pues virtudes infusas "sobrenaturales".

Pero como hemos dicho, existen también otros hábitos infusos que no son sobrenaturales.

La existencia de los hábitos infusos naturales y sobrenaturales muestra que las personas humanas tenemos una potencia "obediencial" superior a las criaturas del universo físico. Polo prefiere hablar de "segunda" creación y "nueva creación".



En las etiquetas que comienzan por 5.13 estudiamos en detalle las aperturas "transcendentales", que son hábitos infusos no "sobrenaturales".

Estudiamos la segunda creación en la etiqueta 5.15.0
Y la nueva creación en la etiqueta 5.16.2


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¿Existen hábitos infusos además de los que habla la teología?

.
La teología habla de hábitos "sobrenaturales" infusos (por ejemplo, la gracia santificante como hábito "sobrenatural" entitativo, y las virtudes "sobrenaturales" de la fe, la esperanza y la caridad).

Desde la perspectiva de una antropología trascendental se descubren también otros hábitos infusos que no son sobrenaturales.

Me explico, porque se necesita una cierta familiaridad con lo trascendental antropológico para situarse.

En la etiqueta 5.13.1 hemos llamado apertura transcendental (noten que decimos trans y no tras), a una apertura más íntima que la apertura íntima, pues abre el ser humano más allá de su propia intimidad.

Esta apertura no es sobrenatural. Todos los hombres la tenemos de entrada, aunque esté obturada en su origen por el error peculiar de la libertad que es el pecado; es una apertura que es el fruto de la llamada inicial de Dios, propio a toda persona humana, también cuando no ha recibido los efectos de la salvación (que la desobtura).

La llamada inicial de Dios, que no es "sobrenatural", la estudiaremos en la etiqueta 5.15.0 y es una de las etapas trascendentales del ser personal (la etiqueta 5.7.0 estudia esas etapas).

Pues bien, teniendo en cuenta la caída y el querer de Dios de que todos los hombres se salven, podemos entender que hay una nueva etapa trascendental que es la nueva creación o redención. Una nueva elevación que nos salvará, "si queremos".
(La estudiamos en la etiqueta 5.16.2).
Es la etapa "sobrenatural" de la que habla la teología.

Ese "si queremos" es nuestra respuesta a la gracia sobrenatural, es decir la manifestación esencial de cómo acogemos la salvación.

La elevación salvadora de Dios redunda esencialmente en nuestra vida, elevando nuestras potencias, la inteligencia y voluntad, elevando toda nuestra vida con lo que los teólogos llaman gracia santificante y virtudes "sobrenaturales" infusas.

Son infusas a la esencia humana como redundancia de la elevación "sobrenatural" de las aperturas transcendentes de los radicales personales.
Elevación que es propiciada por  el encuentro de la persona humana con Aquél de quien es réplica y que es su Salvador.

De ahí que digamos que la gracia santificante es una anticipación.
Es una anticipación del encuentro.
(El encuentro definitivo con Dios lo estudiamos en la etiqueta 5.18.0).

Las virtudes "sobrenaturales" de la teología son pues elevaciones de las aperturas transcendentales, debidas a la anticipación del encuentro con Dios,  que redundan en la esencia humana.
Son pues virtudes infusas "sobrenaturales".

Pero como hemos dicho, existen también otros hábitos infusos (innatos) que no son los llamados por los teólogos "sobrenaturales".


En las etiquetas que comienzan por 5.13 estudiamos en detalle las aperturas "transcendentales", que son hábitos infusos no "sobrenaturales".
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¿A qué llamamos hábitos superiores?

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Primero: a los hábitos propios o "innatos"  al inteligir humano del acto de ser personal: la sindéresis (6.2), el hábito de los primeros principios (3.2) y la sabiduría (2.14). Son hábitos propios a toda persona humana.

Segundo: también son hábitos superiores los hábitos infusos "sobrenaturales", que son elevaciones de las aperturas transcendentales, como anticipación del encuentro definitivo con Dios, que redundan en la esencia: gracia santificante, fe esperanza y caridad teologales. (5.16.2 para la gracia santificante y 12.17.0 para el resto)

Tercero: pienso yo, según la sugerencia de Piá, que también son hábitos superiores las aperturas transcendentales  (hábitos infusos "naturales") : gracia inicial, fe inicial, esperanza inicial y caridad inicial. (Las estudiaremos en las etiquetas 5.13.1 y 5.13.2)

No se deben confundir los hábitos innatos con los hábitos infusos. Ambos son hábitos superiores, pero unos son intelectuales, que nacen del intelecto y otros son infusos (fruto de las llamadas de Dios a las personas "libres", llamadas que pueden ser naturales o sobrenaturales)



A esto se refiere también Juan A. García González en "Existencia personal y libertad". Anuario filosófico nº 95. 2009, p. 334.3
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¿Cómo juega la libertad trascendental?

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1) gracias a la sindéresis dispone, actuando, con docilidad (hace regalos).

2) gracias al hábito de los primeros principios, se retira, dejando estar (ama la creación, es ecologista).

3) gracias al hábito de sabiduría ratifica su altura, alcanzándose a sí misma (es agradecida).

4) gracias a las aperturas transcendentales y a los hábitos llamados sobrenaturales, cede su primado para buscar transcendentemente, su sentido último (quiere siempre más).







Glosa a Juan A. García González: Existencia personal y libertad. Anuario filosófico nº 95. 2009, p. 344.2

Para saber más:
Etiqueta 5.13.2  aperturas transcendentales
Etiqueta 1.9.2  hábitos superiores

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¿Es la fe una de las dimensiones de la apertura transcendente?

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Sí. La fe intelectual o filosófica (también llamada “personal”) es una de las dimensiones de la apertura transcendente.
 
Las dimensiones de la apertura transcendente, o aperturas iniciales de la persona humana, son cuatro, correspondiéndose con cada radical personal:
 
la gracia personal inicial, humildad o abajamiento primero;
la esperanza, amanecer o alianza primera;
la fe, alumbramiento o luz primera;
la caridad o arrullo del amor primero.
 
 
El primer abajamiento o humildad transcendental, equivale a la verdad del co-existir personal.
 
El amanecer de la persona, o esperanza transcendental, equivale al destinarse de la libertad
 
El alumbramiento o fe personal, equivale a la búsqueda intelectual del destino personal.
 
El primer arrullo o caridad transcendental, equivale a la búsqueda amorosa del encuentro con Dios.
 
Aunque utilicemos el mismo nombre, no deben confundirse la humildad, la esperanza, la fe y la caridad de las que aquí hablamos, con las virtudes a nivel esencial o con las virtudes sobrenaturales de las que habla la teología.
Y tampoco se ha de confundir la gracia personal inicial (el primer abajamiento o humildad transcendental) con la gracia santificante de la teología.
 
Para mejor entendernos hablaremos de virtudes teologales (fe, esperanza, caridad, gracia santificante) y aperturas "iniciales" (gracia o llamada inicial, fe, esperanza y caridad iniciales).
 
También llamadas aperturas transcendentales fruto de la llamada inicial, al ser creados.


Estudiamos la fe sobrenatural en la etiqueta 12.8.1

Las virtudes infusas teologales las estudiaremos en la etiqueta 12.8.0 y también en la etiqueta 5.16.2, en tanto que "nueva" creación.


¿Podemos hablar de tres dimensiones de la coexistencia?

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Podemos llamar "dimensiones" de la coexistencia a las tres maneras de abrirse de la persona:
con el Absoluto;
con el universo material.
Con las esencias del universo y de cada quién;
 
Los tres tipos de coexistencia no rompen la unidad de la coexistencia. Nunca se separan, aunque sí se imbrican.
 
La vinculación entre estas tres dimensiones de la coexistencia es correlativa: el perfeccionamiento del universo se endereza al perfeccionamiento del co-ser en sociedad.
 
Ahora bien, el sentido último de las aperturas sólo se desvela en la co-existencia transcendental más allá del más allá de nuestra intimidad: en el encuentro con Dios.
 
De esto hablan  Alfredo Rodríguez Sedano y Juan Carlos Aguilera en su artículo " La intersubjetividad a la luz de la apertura íntima personal", aparecido en Studia Poliana, 13, (2011), p. 40.4.
 
Para saber más sobre:
las aperturas transcendentales……..etiqueta 5.13.1
el encuentro con Dios………………....…etiqueta 5.17 (en construcción)


¿Dónde radican las virtudes infusas?

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Las virtudes infusas son aperturas transcendentales del ser personal.
Radican en el co-ser personal.

Las "no sobrenaturales" son el fruto de la llamada inicial de Dios o gracia primera. (Etiqueta 5.15.0).

Las virtudes infusas "sobrenaturales" siguen al bautismo, es decir, al inicio de la "nueva creación" (estudiamos la nueva creación en la etiqueta 5.16.2).

Son regalos gratuitos incrementados por los dones del Espíritu Santo.

Las virtudes infusas, al abrirnos a la transcendencia, redundan en la esencia humana, elevando la inteligencia, la voluntad y demás potencias del hombre de acuerdo con su "proceder" de la persona.

Radican, pues, en la persona. En la persona en tanto que ser (ser personal o acto de ser personal, que es co-ser, aperturas).


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¿Dónde estudiaremos las virtudes teologales?

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Las virtudes teologales, junto con las demás virtudes sobrenaturales, son el fruto de la Nueva Creación.
Hablaremos de la Nueva Creación en la etiqueta 5.16.2 y se trata de un tema teológico con frutos sabrosos en la filosofía cristiana.

Desde la perspectiva de una antropología trascendental se pueden entender las virtudes teologales:  la fe, la esperanza y la caridad como elevaciones de las aperturas transcendentales que redundan en la esencia de cada hombre.

Me explico porque se necesita una cierta familiaridad con lo trascendental antropológico para situarse.

En la etiqueta 5.13.1 hemos llamado apertura transcendental (noten que decimos trans y no tras), a una apertura más íntima que la apertura íntima, pues abre el ser humano más allá de su propia intimidad.

Es el fruto de la llamada inicial de Dios. La llamada inicial de Dios la estudiaremos en la etiqueta 5.15.0 y es una de las etapas trascendentales del ser personal (la etiqueta 5.7.0 estudia esas etapas).

Pues bien. Teniendo en cuenta la caída y el querer de Dios que todos los hombres se salven, podemos entender que hay una nueva etapa trascendental que es la nueva creación o redención. Una nueva elevación que nos salvará, si queremos. La estudiamos, como he dicho antes, en la etiqueta 5.16.2
(Tengan ustedes en cuenta que cuando decimos "salvación" nos referimos a la caída y a la necesidad de un mediador).

Ese "si queremos" está a nivel de nuestra esencia humana, de nuestra vida. La fuente es el ser personal que se "manifiesta", que "otorga" y "dispone", queriendo abrirse a la elevación que Dios le otorga.

La elevación salvadora de Dios redunda en nuestra esencia, en nuestra vida, elevando nuestras potencias, la inteligencia y la voluntad, elevando toda nuestra vida con lo que los teólogos llaman gracia santificante y virtudes infusas.

Son infusas a la esencia humana como redundancia de la elevación de las aperturas transcendentes de los radicales personales. Elevación que es propiciada por  el encuentro de la persona humana con Aquel de quien es réplica y que es su Salvador.

De ahí que digamos que la gracia santificante es una "anticipación".
Alguien me objetó que los que se condenan no podrían entonces vivir un tiempo en gracia de Dios, tras su bautismo, pues al no ir al Cielo, no podrían tener esa "anticipación".

Respondo que Judas tenía ante él, al Cielo mismo, la Gracia personificada en Jesucristo.
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¿Qué sentido tiene la libertad trascendental?

.
Coexistir con Dios.

Más precisamente, coexistir en Dios.

Los hábitos superiores son jerárquicos: sindéresis, hábito de los primeros principios, sabiduría y el más alto, la gracia.

La gracia es la llamada inicial de Dios a existir en Él. Es Dios quien abre al hombre a Dios desde Dios.
Más allá de la apertura íntima (interior y hacia dentro), la persona escucha la llamada en cada uno de los trascendentales. Su fruto son las aperturas transcendentales (sí, trans-, que es más que tras-):

gracia en el co-ser,
esperanza en la libertad,
fe en el entender y
caridad en el amar.

Bajemos ahora a la realidad cotidiana: notemos cómo "repercuten" en nuestra vida esas ventanas abiertas en Dios.
Y viviremos una vida divina.

Glosa a Juan A. García González : Existencia personal y libertad. Anuario filosófico nº 95. 2009, p. 344.4

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¿Qué criterio nos permite comprender la conversión de los trascendentales personales?

.
El criterio de dualidad.

En efecto, el co-ser personal humano es segundo, se secundariza dualizándose.

Así la conversión de los trascendentales antropológicos es más neta que  en los trascendentales metafísicos.

Mis radicales íntimos son entrelazados, co-sidos.
Soy co-ser.










De esto se habla en L. Polo. Antropología trascendental. Tomo I. La persona humana. p. 203.2 y 204, nota 4.


Para saber más sobre :
la apertura inherente:…………... Etiqueta 5.9.0
la apertura hacia fuera:……….… Etiqueta 5.10.0
la apertura íntima:…………….…...Etiqueta 5.11.0
la apertura interior:…………….…..Etiqueta 5.11.3
la apertura hacia dentro:….…….Etiqueta 5.11.4
la apertura hacia el prójimo:…..Etiqueta 5.12.0
la apertura transcendente:……..Etiqueta 5.13.0
aperturas transcendentales:…. Etiqueta 5.13.1
la ampliación trascendental:….Etiqueta 5.3.0
co-ser personal:………………………Etiqueta 5.5.1

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¿Dónde radican las virtudes infusas?

.
Las virtudes infusas son aperturas transcendentales del ser personal.
Radican en el co-ser personal.

Las "no sobrenaturales" son el fruto de la llamada inicial de Dios o gracia primera. (Etiqueta 5.15.0).

Las virtudes infusas "sobrenaturales" siguen al bautismo, es decir, al inicio de la "nueva creación" (estudiamos la nueva creación en la etiqueta 5.16.2).

Son regalos gratuitos incrementados por los dones del Espíritu Santo.

Las virtudes infusas, al abrirnos a la transcendencia, redundan en la esencia humana, elevando la inteligencia, la voluntad y demás potencias del hombre de acuerdo con su "proceder" de la persona.

Radican, pues, en la persona.

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¿Qué criterio nos permite comprender la "conversión" de los trascendentales personales?

.

El criterio de dualidad.

En efecto, el co-ser personal humano es segundo, se secundariza dualizándose.

Así la conversión de los trascendentales antropológicos es más neta que  en los trascendentales metafísicos.

Mis radicales íntimos son entrelazados, co-sidos.
Soy co-ser.

De esto se habla en L. Polo. Antropología trascendental. Tomo I. La persona humana. p. 203.2 y 204, nota 4.


Para saber más sobre :
la apertura inherente:…………... Etiqueta 5.9.0
la apertura hacia fuera:……….… Etiqueta 5.10.0
la apertura íntima:…………….…...Etiqueta 5.11.0
la aperutra interior:…………….…..Etiqueta 5.11.3
la apertura hacia dentro:….…….Etiqueta 5.11.4
la apertura hacia el prójimo:…..Etiqueta 5.12.0
la apertura transcentente:……..Etiqueta 5.13.0
aperturas transcendentales:…. Etiqueta 5.13.1
la ampliación trascendental:….Etiqueta 5.3.0
co-ser personal:………………………Etiqueta 5.5.1

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¿Tiene grados la vida?

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Sí.

 Los grados de la vida, esquemáticamente, son tres:

vida vegetativa (que estudiaremos en la etiqueta 4.5)

vida animal (que estudiaremos en la etiqueta 4.6)

vida humana (que estudiaremos en la etiqueta 6.1.0)

 

La vida humana no es un "grado" superior de vida biológica, ya que es la manifestación de una persona humana, y por tanto, libre.

La vida en el universo físico no es libre.

 

La vida humana, creación segunda de Dios, es la respuesta a la llamada inicial a vivir en el ámbito de la máxima amplitud (por eso es libre).

 

La fe sobrenatural nos revela la "vida eterna".

Este tema no es, sin embargo, exclusivo de la teología sobrenatural. Antropológicamente, según el plan de Dios, podríamos abrirnos a esa vida gracias a las aperturas transcendentales.

 

Sin embargo, como el pecado es el error peculiar de la libertad, solos no podemos introducirnos en la felicidad, solamente una nueva intervención divina puede salvarnos de la muerte segunda.

Esta nueva intervención, gracia sobrenatural, nos introduce en la vida eterna, cuando Dios acepta el don de nuestro trascendental personal "amar" (en la etiqueta 5.5.3 estudiaremos el trascendental personal "amar").

 

En Dios la vida eterna pienso que hay que referirla al Espíritu Santo: el Don que en cuanto vínculo amoroso se llama Amor (vínculo de la Comunión). Aunque Vida es un atributo divino operativo, inmanente, aquí la considero, es una propuesta, no es un atributo divino, sino como Tercera Persona.

  

En Studia Poliana nº 7 hay un artículo de Gabriel Martí, que habla de la sempiternidad de Dios.

 

En su último libro de Epistemología, don Leonardo dirá:

Una segunda interpretación de la vida post mortem es pensarla como una duración sin fin. Es claro que de esta manera sería intolerable, aunque en ella se multiplicaran los motivos de felicidad propios del mundo terreno, como se pretende en el islamismo. La expresión “vida eterna” intenta evitar ese motivo de desesperación. Así pues, la eternidad no es una duración interminable, un continuo sucederse de los días, sino el sumergirse en el océano del amor infinito  ya no hay antes y después. Quizá en la idea de la muerte eterna de los condenados se nota que la falta del amor infinito hace insufrible la eternidad.

 

En Studia Poliana nº 7 hay un artículo de Gabriel Martí, que habla de la sempiternidad de Dios.

 

Entre los atributos operativos divinos podemos distinguir : Inmanentes (Entender, Querer, Vida) y Transitivos (Potencia activa divina).

 

De Ana Marta González aprendí que Dios es la máxima vida. Dios es el Ser, la Identidad, Acto puro, Origen activo. Dios es la máxima vida, la Identidad activa, la Unidad de riqueza infinitamente armoniosa, simplicísima.

 

Para una información más completa sobre lo que es la vida : ir a la página “la vida”, he aquí el enlace :  http://preguntaspolianas.blogspot.com/p/la-vida.html

 


¿Qué es la humildad?

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La humildad es una de las 4 aperturas transcendentales de la persona humana.
Su paradigma es María.
 
El co-ser humano (primer trascendental personal o co-existencia), al ser creado, se abre hacia Dios, desde la llamada inicial.
La persona, en tanto que humilde, no se distrae de Dios.
 
La humildad transcendental es coronada por el don del Espíritu Santo llamado “Temor”.


Pueden ustedes acceder a los enlaces pertinentes, entrando aquí en el glosario poliano.

¿Cuáles son los frutos de la apertura íntima o trascendental?

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Recordemos que la apertura íntima es el desdoblarse del intelecto personal que, gracias al hábito de sabiduría alcanza a conocerse.

Gracias al hábito de sabiduría, la persona alcanza a conocerse de cuatro modos, según cada trascendental personal.
Se conoce como además (co-ser), se sabe libre para destinarse (libertad trascendental), descubre su propia transparencia (intelecto personal) y acepta su propio ser donal (amar personal).

Entonces se abre hacia dentro, hacia la transcendencia, escuchando la voz de Dios, esperando conocerse como Dios la conoce.

Los frutos son las aperturas transcendentales que estudiaremos en la etiqueta 5.13.0

Glosa a Juan A. García González : Existencia personal y libertad. Anuario filosófico nº 95. 2009, p. 349.5

Para saber más : Etiqueta 5.11.0 Apertura íntima

¿Por qué llamamos "apertura" a la dualidad"?

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Llamamos apertura a la dualidad porque la persona se "abre" precisamente al ser dual. Se abre al desdoblarse con sus hábitos.
Es dual gracias a sus hábitos. Sus hábitos "la abren".


El universo no "se abre".
Llamamos ser "primero" al ser del universo.
Pues bien, el ser primero, que es la persistencia del universo, es sencillo, no está abierto y no se abre, no coexiste, no se desdobla.

El ser segundo (la persona humana) sí se desdobla, es dual. Y es esa dualidad la que le hace abrirse "hacia fuera" y "hacia dentro", coexistiendo con los demás y en Dios.

Son los hábitos superiores los que hacen nacer esa dualidad, los que "abren" a la persona, digámoslo esquemáticamente, hacia fuera (hábito de los primeros principios) y hacia dentro (sabiduría y gracia).
El "yo", además, está abierto inherentemente (hábito de sindéresis).

Dualidad es apertura.

No es bueno que el hombre esté solo.













Para saber más sobre:
ser primero y ser segundo:…… Etiqueta 1.1.1
la apertura inherente:………….. Etiqueta 5.9.0
la apertura hacia fuera:………… Etiqueta 5.10.0
la apertura íntima:…………….…..Etiqueta 5.11.0
la apertura hacia el prójimo:.. Etiqueta 5.12.0
la apertura transcentente:……..Etiqueta 5.13.0
aperturas transcendentales:…. Etiqueta 5.13.1



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¿Cómo corrige Polo la cuestión de la convertibilidad de los trascendentales?

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Al descubrir los trascendentales personales, Polo puede proponer que el ser personal, co-ser, por continuidad, se abre libremente (gracias al trascendental personal llamado "libertad trascendental" hacia dentro, buscando conocer (trascendental "inteligir personal") su réplica  y la aceptación (trascendental "amar") de su don.

Es así como se convierten los trascendentales personales : porque están abiertos los unos a los otros.

Veamos ahora cómo se convierten los trascendentales personales con los metafísicos clásicos (ser, verdad, bien y belleza).

El ser personal, gracias a su generosidad deja ser a los primeros principios, es decir, a Dios, a la causalidad trascendental y al ser extramental. Este "dejar ser" es un abrirse gracias al hábito innato al inteligir personal, llamado hábito de los primeros principios.

Fíjense que acabamos de presenciar la conversión del "co-ser" con el "ser".

Y gracias a la sindéresis (hábito también innato al inteligir personal) el co-ser conoce la verdad y otorga el bien.

Si no se tiene en cuenta la trascendentalidad del inteligir y el amar personales (ignorados por la filosofía clásica y moderna) es imposible considerar la verdad y el bien como convertibles con el ser.
¿Cómo puede estar la verdad en el ente no cognoscente? La verdad está en el intelecto y es ahí donde se desvela el ser.
Sólo si el ser se abre a la verdad puede convertirse con la verdad. Sostener que el ser es verdadero "en sí", no es una conversión, sino una confusión.

Me atrevo a decir que es la docilidad de los trascendentales metafísicos, la que permite que el co-ser juegue con ellos, convirtiéndolos entre sí.

Juan A. García me aclaró que en metafísica no es tan importante, como en antropología, la conversión de los trascendentales. En metafísica lo importante es darnos cuenta del "orden" de los trascendentales.

Sin embargo, gracias a la persona humana también se convierten. Veámoslo :
Primero gracias a la humildad (por la que el co-ser se abre al ser).
Y luego con la esperanza (por la que la libertad se abre al juego).
Y con la fe (por la que el inteligir personal se abre a la verdad).
Y con la caridad (por la que el dar personal se abre al bien).

Ese juego es tan bello que convoca : es la belleza.

No olviden que utilizo las nociones de humildad, esperanza, fe y caridad no como virtudes sino como puertas del co-ser.



En Antropología trascendental. Tomo I. La persona humana. p. 77, 4 a 79, Polo escribe sobre este asunto.

Para saber más sobre las aperturas transcendentales (fe, esperanza y caridad trascendentales) ver etiqueta 5.13.1
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¿De qué modo podemos hablar de relaciones trascendentales?

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Tres son las dimensiones del hábito: la tenencia, la disposición y la relación.

 

La tenencia es clara en los hábitos categoriales: me pongo un sombrero.

 

La disposición es clara en los hábitos adquiridos por las potencias espirituales: sé nadar o ser oportuno.

 

La relación se muestra especialmente en los hábitos superiores.

 

En efecto, la sindéresis, el hábito de los primeros principios y el de sabiduría (que son hábitos superiores) abren la persona, respectivamente,  a relacionarse con su obrar, con el universo y con su intimidad, también divina.

 

Se trata de relaciones existenciales, no categoriales, que tornan a la persona en coexistente.

 

No son relaciones subsistentes (eso se queda para las personas divinas), pero tampoco son relaciones accidentales, ya que están en el orden del ser. Las llamaré (aunque algunos no lo aprecien) relaciones trascendentales.

 

A todos los niveles el hábito aparece como continuación del ser: sombrero, simpatía, filiación divina.

 

Y eso es así porque su ser es inacabable, siempre además.

 

Sin embargo, la persona humana es también relación subsistente, si se tiene en cuenta el Origen.

La persona humana por su filiación divina es relación subsistente en el orden del Origen.

 

La apertura del hombre hacia Dios se realiza así en cuatro relaciones que se convierten entre sí: la gracia, la esperanza, la fe y la caridad (que también son hábitos superiores) son distintos modos de abrirse la persona a su Creador.

 

No olvidemos que cuando aquí hablamos de gracia, esperanza, fe y caridad, no nos referimos a las virtudes teologales, sino a las aperturas transcendentales.