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¿Es la fe una de las dimensiones de la apertura transcendente?

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Sí. La fe intelectual o filosófica (también llamada “personal”) es una de las dimensiones de la apertura transcendente.
 
Las dimensiones de la apertura transcendente, o aperturas iniciales de la persona humana, son cuatro, correspondiéndose con cada radical personal:
 
la gracia personal inicial, humildad o abajamiento primero;
la esperanza, amanecer o alianza primera;
la fe, alumbramiento o luz primera;
la caridad o arrullo del amor primero.
 
 
El primer abajamiento o humildad transcendental, equivale a la verdad del co-existir personal.
 
El amanecer de la persona, o esperanza transcendental, equivale al destinarse de la libertad
 
El alumbramiento o fe personal, equivale a la búsqueda intelectual del destino personal.
 
El primer arrullo o caridad transcendental, equivale a la búsqueda amorosa del encuentro con Dios.
 
Aunque utilicemos el mismo nombre, no deben confundirse la humildad, la esperanza, la fe y la caridad de las que aquí hablamos, con las virtudes a nivel esencial o con las virtudes sobrenaturales de las que habla la teología.
Y tampoco se ha de confundir la gracia personal inicial (el primer abajamiento o humildad transcendental) con la gracia santificante de la teología.
 
Para mejor entendernos hablaremos de virtudes teologales (fe, esperanza, caridad, gracia santificante) y aperturas "iniciales" (gracia o llamada inicial, fe, esperanza y caridad iniciales).
 
También llamadas aperturas transcendentales fruto de la llamada inicial, al ser creados.


Estudiamos la fe sobrenatural en la etiqueta 12.8.1

Las virtudes infusas teologales las estudiaremos en la etiqueta 12.8.0 y también en la etiqueta 5.16.2, en tanto que "nueva" creación.


¿Qué es la humildad?

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La humildad es una de las 4 aperturas transcendentales de la persona humana.
Su paradigma es María.
 
El co-ser humano (primer trascendental personal o co-existencia), al ser creado, se abre hacia Dios, desde la llamada inicial.
La persona, en tanto que humilde, no se distrae de Dios.
 
La humildad transcendental es coronada por el don del Espíritu Santo llamado “Temor”.


Pueden ustedes acceder a los enlaces pertinentes, entrando aquí en el glosario poliano.

¿Qué apertura transcendental recibe el nombre de humildad?

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Pienso que, en el orden trascendental,  la humildad equivale a la apertura transcendental del radical "además" (es decir, del co-ser personal).

Es "la gracia inicial" de la persona humana.

Dios abre íntimamente "hacia" Él, a cada persona, al crearla.

Estudiamos la llamada inicial de Dios, o gracia originaria, en la etiqueta 5.15.0. 

La hemos llamado también segunda creación. 

Su fruto en el radical "además" es precisamente la "humildad" transcendental.

Me gusta llamarla "abajamiento"




En la etiqueta 5.13.1 estudiamos las aperturas transcendentales en general.
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¿Cómo se realiza la llamada inicial de Dios a la humildad?

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El fruto de la elevación trascendental que denominamos “llamada” de Dios, no es otra cosa que las aperturas transcendentales de la persona humana (humildad, esperanza, fe y caridad trascendentales).

Siguiendo la intuición de Adam Solomiewicz, cada trascendental personal es abierto por Dios teniendo en cuenta la dualidad radical nacer-destinándo.se.

Por ejemplo, el amar personal comprende un doble don: Dios da el don del "ser personal" que la persona acepta trascendentalmente y el don de la esencia humana que la persona da esencialmente a Dios.

Pues bien, la llamada de Dios también abre el primer trascendental personal “co-ser”.
Esta apertura es la humildad trascendental, que siguiendo la intuición de Adam es también doble: es un nacer humilde y un destinar.se humilde.

Ya ante, Salvador Piá notó que la llamada inicial se realiza según los cuatro radicales íntimos. 

El radical personal que está a la base de los demás es el Co-ser. Pues bien desde el co-ser la llamada inicial, decía Piá, es un re-nacimiento, es actividad re-naciente. Gracia inicial u original
Es un estar siempre abiertos al futuro o nuestra vinculación a Dios. Es la docilidad de la humildad.
Por eso propongo llamar a esta gracia inicial  "humildad trascendental".

La apertura transcendente del ser humano corre enteramente a cargo de Dios según el nacer (pendiente del destinar.se acabado que es la aceptación de Dios).
Ése nacer trascendental es el modo en que Dios se introduce inicialmente en la persona humana: elevando la apertura trascendental de los radicales personales con la apertura transcendente.
Por ese motivo, a la llamada inicial del además se la denomina gracia inicial  de la persona humana, porque es Dios quien en atención a Dios le da la gracia inicial a la persona humana, es decir, la llama.

Desde esa observación, la condición creatural del además  se dilucida como adverbio.

La persona humana es imagen de Dios como adverbio; por tanto ser imagen humana no significa ser verbo, ni tampoco ser pronombre. Y, justo por eso, como imagen o adverbio es como se muestra la índole creada de la actividad personal humana. A su vez, desde el carácter adverbial del además queda mostrado que Dios es persona como Verbo.


De esto habla salvador Piá en “El hombre como ser dual” p. 384-424
Y explicamos la llamada inicial en la etiqueta 5.15.0

¿Qué debemos pedirle a la dualidad radical para que sea radical?

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La dualidad radical de la persona humana debe ser una dualidad que esté presente en la raíz de cada dimensión de la persona humana.

La doble dualidad de los trascendentales personales propuesta por Polo como dualidad radical de la persona humana no es la raíz, sino que “es” la persona humana.
Esta doble dualidad es trascendental, pero la raíz es aquello de la persona que posibilita la dualidad con Dios (transcendental, de ahí que hablemos de aperturas transcendentes).

La “raíz” es precisamente donde se da el contacto con el Origen.
 
Cada trascendental personal constituye con los otros el co-ser libre, transparente y amoroso.
Sin embargo, en la raíz de cada trascendental personal encontramos dos miembros que permiten la transcendentalidad. Estos dos miembros, que Adam llama miembro primario y miembro segundo, son el nacer-destinándo.se.
 
Así se explica cómo las aperturas transcendentes (humildad, esperanza, fe y caridad transcendentales) son posibles porque en la raíz de cada trascendental hay dos miembros que son la raíz (radical) que chupa su actuosidad de Dios.

La humildad transcendental es un nacer-destinándo.se del co-ser.

La esperanza transcendental es un nacer-destinándo.se de la libertad.

La fe transcendental es un nacer-destinándo.se del entender.

La caridad transcendental es un nacer-destinándo.se del dar.
 
La dualidad radical de la persona humana es el nacer-destinándo.se.

¿Podemos hablar de tres dimensiones de la coexistencia?

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Podemos llamar "dimensiones" de la coexistencia a las tres maneras de abrirse de la persona:
con el Absoluto;
con el universo material.
Con las esencias del universo y de cada quién;
 
Los tres tipos de coexistencia no rompen la unidad de la coexistencia. Nunca se separan, aunque sí se imbrican.
 
La vinculación entre estas tres dimensiones de la coexistencia es correlativa: el perfeccionamiento del universo se endereza al perfeccionamiento del co-ser en sociedad.
 
Ahora bien, el sentido último de las aperturas sólo se desvela en la co-existencia transcendental más allá del más allá de nuestra intimidad: en el encuentro con Dios.
 
De esto hablan  Alfredo Rodríguez Sedano y Juan Carlos Aguilera en su artículo " La intersubjetividad a la luz de la apertura íntima personal", aparecido en Studia Poliana, 13, (2011), p. 40.4.
 
Para saber más sobre:
las aperturas transcendentales……..etiqueta 5.13.1
el encuentro con Dios………………....…etiqueta 5.17 (en construcción)


¿De qué modo podemos hablar de relaciones trascendentales?

 .


Tres son las dimensiones del hábito: la tenencia, la disposición y la relación.

 

La tenencia es clara en los hábitos categoriales: me pongo un sombrero.

 

La disposición es clara en los hábitos adquiridos por las potencias espirituales: sé nadar o ser oportuno.

 

La relación se muestra especialmente en los hábitos superiores.

 

En efecto, la sindéresis, el hábito de los primeros principios y el de sabiduría (que son hábitos superiores) abren la persona, respectivamente,  a relacionarse con su obrar, con el universo y con su intimidad, también divina.

 

Se trata de relaciones existenciales, no categoriales, que tornan a la persona en coexistente.

 

No son relaciones subsistentes (eso se queda para las personas divinas), pero tampoco son relaciones accidentales, ya que están en el orden del ser. Las llamaré (aunque algunos no lo aprecien) relaciones trascendentales.

 

A todos los niveles el hábito aparece como continuación del ser: sombrero, simpatía, filiación divina.

 

Y eso es así porque su ser es inacabable, siempre además.

 

Sin embargo, la persona humana es también relación subsistente, si se tiene en cuenta el Origen.

La persona humana por su filiación divina es relación subsistente en el orden del Origen.

 

La apertura del hombre hacia Dios se realiza así en cuatro relaciones que se convierten entre sí: la gracia, la esperanza, la fe y la caridad (que también son hábitos superiores) son distintos modos de abrirse la persona a su Creador.

 

No olvidemos que cuando aquí hablamos de gracia, esperanza, fe y caridad, no nos referimos a las virtudes teologales, sino a las aperturas transcendentales.


¿Tiene grados la vida?

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Sí.

 Los grados de la vida, esquemáticamente, son tres:

vida vegetativa (que estudiaremos en la etiqueta 4.5)

vida animal (que estudiaremos en la etiqueta 4.6)

vida humana (que estudiaremos en la etiqueta 6.1.0)

 

La vida humana no es un "grado" superior de vida biológica, ya que es la manifestación de una persona humana, y por tanto, libre.

La vida en el universo físico no es libre.

 

La vida humana, creación segunda de Dios, es la respuesta a la llamada inicial a vivir en el ámbito de la máxima amplitud (por eso es libre).

 

La fe sobrenatural nos revela la "vida eterna".

Este tema no es, sin embargo, exclusivo de la teología sobrenatural. Antropológicamente, según el plan de Dios, podríamos abrirnos a esa vida gracias a las aperturas transcendentales.

 

Sin embargo, como el pecado es el error peculiar de la libertad, solos no podemos introducirnos en la felicidad, solamente una nueva intervención divina puede salvarnos de la muerte segunda.

Esta nueva intervención, gracia sobrenatural, nos introduce en la vida eterna, cuando Dios acepta el don de nuestro trascendental personal "amar" (en la etiqueta 5.5.3 estudiaremos el trascendental personal "amar").

 

En Dios la vida eterna pienso que hay que referirla al Espíritu Santo: el Don que en cuanto vínculo amoroso se llama Amor (vínculo de la Comunión). Aunque Vida es un atributo divino operativo, inmanente, aquí la considero, es una propuesta, no es un atributo divino, sino como Tercera Persona.

  

En Studia Poliana nº 7 hay un artículo de Gabriel Martí, que habla de la sempiternidad de Dios.

 

En su último libro de Epistemología, don Leonardo dirá:

Una segunda interpretación de la vida post mortem es pensarla como una duración sin fin. Es claro que de esta manera sería intolerable, aunque en ella se multiplicaran los motivos de felicidad propios del mundo terreno, como se pretende en el islamismo. La expresión “vida eterna” intenta evitar ese motivo de desesperación. Así pues, la eternidad no es una duración interminable, un continuo sucederse de los días, sino el sumergirse en el océano del amor infinito  ya no hay antes y después. Quizá en la idea de la muerte eterna de los condenados se nota que la falta del amor infinito hace insufrible la eternidad.

 

En Studia Poliana nº 7 hay un artículo de Gabriel Martí, que habla de la sempiternidad de Dios.

 

Entre los atributos operativos divinos podemos distinguir : Inmanentes (Entender, Querer, Vida) y Transitivos (Potencia activa divina).

 

De Ana Marta González aprendí que Dios es la máxima vida. Dios es el Ser, la Identidad, Acto puro, Origen activo. Dios es la máxima vida, la Identidad activa, la Unidad de riqueza infinitamente armoniosa, simplicísima.

 

Para una información más completa sobre lo que es la vida : ir a la página “la vida”, he aquí el enlace :  http://preguntaspolianas.blogspot.com/p/la-vida.html

 


¿Qué conviene recordar antes de iniciar el estudio de las elevaciones trascendentales de la persona humana?

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Me parece interesante hacer un recorrido rápido por las etiquetas en las que estudiamos las elevaciones trascendentales de la persona humana, unas "elevaciones", que como ustedes saben, no son del nivel de la esencia humana sino del acto de ser personal.

No pertenecen a nuestra vida manifestativa. Si se desvelan es porque notamos cómo nuestra vida (en tanto que perfección nuestra o esencia personal) crece desde más adentro de nuestra intimidad. Es decir, al ser elevados como un ascensor, vemos más, crecemos, porque el acto de ser personal es "elevado".


la creación : se trata de la iniciativa divina o elección de cada persona. Dios decide crear la dualidad radical de cada persona teniendo en cuenta su lugar en el universo. El mundo es creado en función de las personas y no al revés.
Se puede también llamar creación inicial.
 Dios eleva la materia de nuestros padres, al crear nuestra alma espiritual. Es una llamada silenciosa.
Cualquier persona humana es, trascendentalmente, intimidad, apertura interior y hacia dentro. Pero lo es desde su lugar en el universo.
La estudiaremos en la etiqueta: 5.14.0.

la llamada inicial  : la estudiaremos en la etiqueta : 5.15.0.
Es una elevación tan "natural" como la primera. Las aperturas transcendentales son el fruto de esta llamada.

la insistencia o mantenimiento de la llamada : la estudiaremos en la etiqueta : 5.16.0 y se asimila a la gracia "personal" y a las gracias actuales de la teología.
Sin embargo, si tenemos en cuenta la caída del pecado original, el mantenimiento de la llamada exige una nueva creación o redención. Es aquí donde aplicamos la noción de gracia sobrenatural.

la glorificación : la estudiaremos en la etiqueta: 5.18.0, es  el encuentro definitivo con Dios.

Pero además de estas cuatro elevaciones no podemos olvidar que "trascendentalmente" ha habido una caída (que se corresponde con lo que la teología llama pecado original). No es otra cosa que la comunión con el maligno, con el don nadie. La estudiamos en la etiqueta 5.16.1, se trata de la caída trascendental.

Y hay también una redención trascendental. Es lo que llamamos nueva creación o redención (la gracia santificante). La estudiaremos en la etiqueta 5.16.2.
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¿Es la creación una elevación?

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Ciertamente en el caso de la persona humana, pues la iniciativa divina consiste, en su caso, en otorgarle el don de la filiación divina. Somos hijos y no solo criaturas.

Conviene recordar cómo hemos caracterizado el plan de Dios para dar la felicidad al hombre según cinco elevaciones de la persona humana, a nivel trascendental :

la creación : la estudiamos aquí en la etiqueta : 5.14.0, se trata de la iniciativa divina o elección de cada persona antes de la creación del mundo. Es el Misterio de Dios que nos ha amado primero eligiendo providencialmente la materia física que será elevada a persona ;

la llamada inicial : la estudiamos en la etiqueta : 5.15.0. (Se corresponde con las gracias inicial y primera). Dios nos abre, llamándonos,  a su Intimidad. Su fruto son las aperturas transcendentales;

la insistencia o mantenimiento de la llamada : la estudiamos en la etiqueta : 5.16.0 y se asimila a la gracia personal y a las gracias actuales de la teología.

La santificación : la estudiamos en la etiqueta 5.16.2 gracia santificante.

la glorificación : la estudiaremos en la etiqueta : 5.17.0. Es  el encuentro definitivo con Dios, también llamado "salvación".
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¿Qué conviene recordar antes de iniciar el estudio de las elevaciones trascendentales de la persona humana?

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Me parece interesante hacer un recorrido rápido por las etiquetas en las que estudiamos las elevaciones trascendentales de la persona humana, unas "elevaciones", que como ustedes saben, no son del nivel de la esencia humana sino del acto de ser personal.

No pertenecen a nuestra vida manifestativa. Si se desvelan es porque notamos cómo nuestra vida (en tanto que perfección nuestra o esencia personal) crece desde más adentro de nuestra intimidad. Es decir, al ser elevados como un ascensor, vemos más, crecemos, porque el acto de ser personal es "elevado".


la creación : se trata de la iniciativa divina o elección de cada persona. Dios decide crear la dualidad radical de cada persona teniendo en cuenta su lugar en el universo. El mundo es creado en función de las personas y no al revés.
Se puede también llamar creación inicial.
 Dios eleva la materia de nuestros padres, al crear nuestra alma espiritual. Es una llamada silenciosa.
Cualquier persona humana es, trascendentalmente, intimidad, apertura interior y hacia dentro. Pero lo es desde su lugar en el universo.
La estudiaremos en la etiqueta : 5.14.0.

la llamada inicial  : la estudiaremos en la etiqueta : 5.15.0.
Es una elevación tan "natural" como la primera. Las aperturas transcendentales son el fruto de esta llamada.

la insistencia o mantenimiento de la llamada : la estudiaremos en la etiqueta : 5.16.0 y se asimila a la gracia "personal" y a las gracias actuales de la teología.
Sin embargo, si tenemos en cuenta la caída del pecado original, el mantenimiento de la llamada exige una nueva creación o redención. Es aquí donde aplicamos la noción de gracia sobrenatural.

la glorificación : la estudiaremos en la etiqueta : 5.18.0, es  el encuentro definitivo con Dios.

Pero además de estas cuatro elevaciones no podemos olvidar que "trascendentalmente" ha habido una caída (que se corresponde con lo que la teología llama pecado original). No es otra cosa que la comunión con el maligno, con el don nadie. La estudiamos en la etiqueta 5.16.1, se trata de la caída trascendental.

Y hay también una redención trascendental. Es lo que llamamos nueva creación o redención (la gracia santificante). La estudiaremos en la etiqueta 5.16.2.
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¿A qué llamamos apertura "interior"?

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Llamamos apertura "interior" a la comunicación entre el co-ser personal y la libertad.
Es la dualidad formada por los trascendentales personales "co-ser" y "libertad".

La apertura "íntima" o intimidad de la persona humana, también llamada apertura trascendental tiene dos miembros : la apertura "interior" y la apertura "hacia dentro".

La persona humana es "además". Al estar abierta en su interior prosigue hacia dentro, queriendo siempre más.

Llamamos apertura "hacia dentro" a la comunicación entre el conocer personal y el amar personal
Es la dualidad formada por los trascendentales personales "inteligir personal" y "amar personal".

Para saber más sobre :
la apertura inherente:…………... Etiqueta 5.9.0
la apertura hacia fuera:……….… Etiqueta 5.10.0
la apertura íntima:…………….…...Etiqueta 5.11.0
la aperutra interior:…………….…..Etiqueta 5.11.3
la apertura hacia dentro:….…….Etiqueta 5.11.4
la apertura hacia el prójimo:…..Etiqueta 5.12.0
la apertura transcentente:……..Etiqueta 5.13.0
aperturas transcendentales:…. Etiqueta 5.13.1

¿Cuáles son los frutos de la apertura íntima o trascendental?

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Recordemos que la apertura íntima es el desdoblarse del intelecto personal que, gracias al hábito de sabiduría alcanza a conocerse.

Gracias al hábito de sabiduría, la persona alcanza a conocerse de cuatro modos, según cada trascendental personal.
Se conoce como además (co-ser), se sabe libre para destinarse (libertad trascendental), descubre su propia transparencia (intelecto personal) y acepta su propio ser donal (amar personal).

Entonces se abre hacia dentro, hacia la transcendencia, escuchando la voz de Dios, esperando conocerse como Dios la conoce.

Los frutos son las aperturas transcendentales que estudiaremos en la etiqueta 5.13.0

Glosa a Juan A. García González : Existencia personal y libertad. Anuario filosófico nº 95. 2009, p. 349.5

Para saber más : Etiqueta 5.11.0 Apertura íntima

¿Existen hábitos infusos además de los que habla la teología?

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La teología habla de hábitos "sobrenaturales" infusos (por ejemplo, la gracia santificante como hábito "sobrenatural" entitativo, y las virtudes "sobrenaturales" de la fe, la esperanza y la caridad).

Desde la perspectiva de una antropología trascendental se descubren también otros hábitos infusos que no son sobrenaturales.

Me explico, porque se necesita una cierta familiaridad con lo trascendental antropológico para situarse.

En la etiqueta 5.13.1 hemos llamado apertura transcendental (noten que decimos trans y no tras), a una apertura más íntima que la apertura íntima, pues abre el ser humano más allá de su propia intimidad.

Esta apertura no es sobrenatural. Todos los hombres la tenemos y es el fruto de la llamada inicial de Dios, propio a toda persona humana, también cuando no ha recibido los efectos de la salvación.

La llamada inicial de Dios, que no es "sobrenatural", la estudiaremos en la etiqueta 5.15.0 y es una de las etapas trascendentales del ser personal (la etiqueta 5.7.0 estudia esas etapas).

Pues bien, teniendo en cuenta la caída y el querer de Dios de que todos los hombres se salven, podemos entender que hay una nueva etapa trascendental que es la nueva creación o redención. Una nueva elevación que nos salvará, "si queremos".
(La estudiamos en la etiqueta 5.16.2).
Es la etapa "sobrenatural" de la que habla la teología.

Ese "si queremos" es nuestra respuesta a la gracia sobrenatural, es decir la manifestación esencial de cómo acogemos la salvación.

La elevación salvadora de Dios redunda esencialmente en nuestra vida, elevando nuestras potencias, la inteligencia y voluntad, elevando toda nuestra vida con lo que los teólogos llaman gracia santificante y virtudes "sobrenaturales" infusas.

Son infusas a la esencia humana como redundancia de la elevación "sobrenatural" de las aperturas transcendentes de los radicales personales.
Elevación que es propiciada por  el encuentro de la persona humana con Aquél de quien es réplica y que es su Salvador.

De ahí que digamos que la gracia santificante es una anticipación.
Es una anticipación del encuentro.
(El encuentro definitivo con Dios lo estudiamos en la etiqueta 5.18.0).

Las virtudes "sobrenaturales" de la teología son pues elevaciones de las aperturas transcendentales, debidas a la anticipación del encuentro con Dios,  que redundan en la esencia humana.
Son pues virtudes infusas "sobrenaturales".

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Pero como hemos dicho, existen también otros hábitos infusos que no son sobrenaturales.

La existencia de los hábitos infusos naturales y sobrenaturales muestra que las personas humanas tenemos una potencia "obediencial" superior a las criaturas del universo físico.

Polo prefiere hablar de "segunda" creación y "nueva creación".



En las etiquetas que comienzan por 5.13 estudiamos en detalle las aperturas "transcendentales", que son hábitos infusos no "sobrenaturales".

Estudiamos la segunda creación en la etiqueta 5.15.0
Y la nueva creación en la etiqueta 5.16.2


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¿De qué modo podemos hablar de relaciones trascendentales?

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Tres son las dimensiones del hábito: la tenencia, la disposición y la relación.

La tenencia es clara en los hábitos categoriales: me pongo un sombrero.

La disposición es clara en los hábitos adquiridos por las potencias espirituales: sé nadar o ser oportuno.

La relación se muestra especialmente en los hábitos superiores.

En efecto, la sindéresis, el hábito de los primeros principios y el de sabiduría (que son hábitos superiores) abren la persona, respectivamente,  a relacionarse con su obrar, con el universo y con su intimidad, también divina.

Se trata de relaciones existenciales, no categoriales, que tornan a la persona en coexistente.

No son relaciones subsistentes (eso se queda para las personas divinas), pero tampoco son relaciones accidentales, ya que están en el orden del ser. Las llamaré (aunque algunos no lo aprecien) relaciones trascendentales.

A todos los niveles el hábito aparece como continuación del ser: sombrero, simpatía, filiación divina.

Y eso es así porque su ser es inacabable, siempre además.

Sin embargo, la persona humana es también relación subsistente, si se tiene en cuenta el Origen.
La persona humana por su filiación divina es relación subsistente en el orden del Origen.

La apertura del hombre hacia Dios se realiza así en cuatro relaciones que se convierten entre sí: la gracia, la esperanza, la fe y la caridad (que también son hábitos superiores) son distintos modos de abrirse la persona a su Creador.


No olvidemos que cuando aquí hablamos de gracia, esperanza, fe y caridad, no nos referimos a las virtudes teologales, sino a las aperturas transcendentales.
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¿Existen hábitos infusos además de los que habla la teología?

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La teología habla de hábitos "sobrenaturales" infusos (por ejemplo, la gracia santificante como hábito "sobrenatural" entitativo, y las virtudes "sobrenaturales" de la fe, la esperanza y la caridad).

Desde la perspectiva de una antropología trascendental se descubren también otros hábitos infusos que no son sobrenaturales.

Me explico, porque se necesita una cierta familiaridad con lo trascendental antropológico para situarse.

En la etiqueta 5.13.1 hemos llamado apertura transcendental (noten que decimos trans y no tras), a una apertura más íntima que la apertura íntima, pues abre el ser humano más allá de su propia intimidad.

Esta apertura no es sobrenatural. Todos los hombres la tenemos de entrada, aunque esté obturada en su origen por el error peculiar de la libertad que es el pecado; es una apertura que es el fruto de la llamada inicial de Dios, propio a toda persona humana, también cuando no ha recibido los efectos de la salvación (que la desobtura).

La llamada inicial de Dios, que no es "sobrenatural", la estudiaremos en la etiqueta 5.15.0 y es una de las etapas trascendentales del ser personal (la etiqueta 5.7.0 estudia esas etapas).

Pues bien, teniendo en cuenta la caída y el querer de Dios de que todos los hombres se salven, podemos entender que hay una nueva etapa trascendental que es la nueva creación o redención. Una nueva elevación que nos salvará, "si queremos".
(La estudiamos en la etiqueta 5.16.2).
Es la etapa "sobrenatural" de la que habla la teología.

Ese "si queremos" es nuestra respuesta a la gracia sobrenatural, es decir la manifestación esencial de cómo acogemos la salvación.

La elevación salvadora de Dios redunda esencialmente en nuestra vida, elevando nuestras potencias, la inteligencia y voluntad, elevando toda nuestra vida con lo que los teólogos llaman gracia santificante y virtudes "sobrenaturales" infusas.

Son infusas a la esencia humana como redundancia de la elevación "sobrenatural" de las aperturas transcendentes de los radicales personales.
Elevación que es propiciada por  el encuentro de la persona humana con Aquél de quien es réplica y que es su Salvador.

De ahí que digamos que la gracia santificante es una anticipación.
Es una anticipación del encuentro.
(El encuentro definitivo con Dios lo estudiamos en la etiqueta 5.18.0).

Las virtudes "sobrenaturales" de la teología son pues elevaciones de las aperturas transcendentales, debidas a la anticipación del encuentro con Dios,  que redundan en la esencia humana.
Son pues virtudes infusas "sobrenaturales".

Pero como hemos dicho, existen también otros hábitos infusos (innatos) que no son los llamados por los teólogos "sobrenaturales".


En las etiquetas que comienzan por 5.13 estudiamos en detalle las aperturas "transcendentales", que son hábitos infusos no "sobrenaturales".
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¿Cómo ingresa la libertad en la naturaleza?

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Mediante los hábitos operativos.

La libertad propia a la persona, propia porque la persona es el ser suficientemente distinto para ser libre, asimila y utiliza el ser sencillo que es la naturaleza, revistiéndosela a modo de hábitos.

La libertad, acto vital de cada persona, nunca está desnuda, nace vestida de hábitos "personales" (también es correcto llamarlos entitativos).

Para el juego de niños que es el amor, se viste con hábitos operativos.

Cuanto más hábitos, más libertad.
Por eso Polo puede decir que su metodología filosófica (cuyo beneficio final es un novedoso desarrollo del conocimiento habitual) es una obra expansiva de la libertad.








Para saber más:
Etiqueta 1.9.2      hábitos superiores
Etiqueta 5.5.2      hábitos innatos
Etiqueta 5.13.1    aperturas transcendentales
Etiqueta 1.0.4      persona.

De esto se habla en Juan A. García. La metalógica de la libertad… Studia Poliana nº 10, 2008, p. 8. 2y3.

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¿Por qué llamamos "apertura" a la dualidad"?

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Llamamos apertura a la dualidad porque la persona se "abre" precisamente al ser dual. Se abre al desdoblarse con sus hábitos.
Es dual gracias a sus hábitos. Sus hábitos "la abren".


El universo no "se abre".
Llamamos ser "primero" al ser del universo.
Pues bien, el ser primero, que es la persistencia del universo, es sencillo, no está abierto y no se abre, no coexiste, no se desdobla.

El ser segundo (la persona humana) sí se desdobla, es dual. Y es esa dualidad la que le hace abrirse "hacia fuera" y "hacia dentro", coexistiendo con los demás y en Dios.

Son los hábitos superiores los que hacen nacer esa dualidad, los que "abren" a la persona, digámoslo esquemáticamente, hacia fuera (hábito de los primeros principios) y hacia dentro (sabiduría y gracia).
El "yo", además, está abierto inherentemente (hábito de sindéresis).

Dualidad es apertura.

No es bueno que el hombre esté solo.













Para saber más sobre:
ser primero y ser segundo:…… Etiqueta 1.1.1
la apertura inherente:………….. Etiqueta 5.9.0
la apertura hacia fuera:………… Etiqueta 5.10.0
la apertura íntima:…………….…..Etiqueta 5.11.0
la apertura hacia el prójimo:.. Etiqueta 5.12.0
la apertura transcentente:……..Etiqueta 5.13.0
aperturas transcendentales:…. Etiqueta 5.13.1



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