¿Qué es el yo ideal?

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El yo ideal es la idea que alguien se forma de sí mismo o de lo que proyecta ser.


Buena parte de la filosofía moderna ha girado en torno a la "idea" del yo, considerado como sujeto.
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¿Es el cuerpo humano racional?

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La materia es racional solamente en cuanto que expresión y/o manifestación de la persona.
 
La naturaleza sin alma humana es meramente física.

¿Es el rostro manifestación de la persona?

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La manifestación de la persona es su esencia.
La esencia es la vida, el alma de la persona.
 
El alma tiene dos funciones, ser manifestación de la persona y ser forma del cuerpo.
 
El rostro expresa naturalmente que pertenece a una persona, pero para manifestarla, ella tiene que querer libremente.


¿Es lo mismo nacer que brotar?

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Nacer de Dios no es lo mismo que brotar de Dios.

La persona nace, el árbol brota.
 
Las naturalezas meramente físicas brotan.
Son sustancias que se despliegan desde su radicalidad. Pero su raíz se agota. No dan para más.
 
Es una relación subsistente gracias a su Origen.
 
Estoy naciendo de Dios, valgo para Dios.
 
Las Personas divinas son relaciones subsistentes.
La persona humana no es una relación subsitente.
Lo es solamente en cuanto ordenada a su Réplica (la Réplica es el Hijo, la relación subsistente del Hijo de Dios).
Sin embargo, la persona no se agota, sino que rebrota (recomienza), subsiste, porque nace de Dios.

¿Cuáles son las funciones del alma humana?

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Dos funciones: ser forma del cuerpo y ser manifestación de la persona.
 
El alma, en tanto que forma del cuerpo es “expresión” de la persona. Por eso, al ver un cuerpo humano sabemos que pertenece a una persona.
Es una expresión involuntaria. Es expresión natural.
 
El alma, en tanto que “manifestación” de la persona porque, voluntaria y libremente, la persona se abre a los demás y actúa en el universo.



Esto lo he aprendido de Juan A. García González.

¿Es la esencia humana una autoperfección?

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En un cierto sentido sí.
 
La esencia humana es la manifestación de la persona: todos somos personas, pero cada uno tenemos nuestra verdad, nuestra "esencia", nuestro "meollo" personal: mi vida.
 
Sin embargo, como somos libres, debemos decir más aún. En efecto, no se trata de una manifestación "necesaria", como un despliegue de lo que somos, no, la esencia humana es el autoperfeccionamiento que cada persona se otorga gracias a su libertad.
 
La esencia humana (la vida de cada hombre) es también la manifestación libre de la persona humana (su disponer).
 
El hombre tiene esencia en sentido propio, el animal no. El animal está al servicio de la esencia del universo.
 
El hombre tiene naturaleza (materia + forma + vida), como el animal, es un ser vivo, pero lo que caracteriza a la esencia humana es que el hombre puede autoperfeccionarse, perfeccionando esa naturaleza.
 
La esencia humana es el perfeccionamiento de la naturaleza humana ejercida (consciente o inconscientemente) por la persona humana.
Es una hiperformalización.
 
En cuanto que su naturaleza, en cuanto que sus condiciones iniciales son las mismas que los demás hombres, el hombre pertenece a la especie humana.
Esa naturaleza, además de estar finalizada por la especie (como los otros vivientes intracósmicos) es susceptible de una perfección de la que los otros vivientes intracósmicos no pueden dotarse. Es la perfección ejercida por la persona humana, que perfecciona la naturaleza.
 
Llamamos esencia humana a esa autoperfección (que se consigue perfeccionando el universo físico o gracias a la amistad con otras personas).


Rápidamente ¿en qué se distinguen persona y naturaleza humanas?


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La persona es quién soy.
La naturaleza humana es lo que soy de entrada.
La esencia humana es lo que voy siendo.
 
Entre naturaleza y persona está el “yo”, que es el ápice de la esencia.
El “yo” tiene un desafío: que lo que soy, manifieste quién soy.
La manifestación es la esencia de la persona humana.


¿De quién procede el don de la libertad trascendental?


Dios es el hontanar de la libertad. 

 La libertad trascendental brota de la voluntad divina como don premoviente, en el modo de la filiación divina. 

Hontanar significa manantial, venero, fuente (fontaine, source, bassin du fleuve Congo). 

Como la cuenca de una madre. El hontanar es el lugar donde las aguas vivas son abundantes. 

 Leamos Antropología trascendental II, 228: "Dios es el hontanar de esa estructura que se inicia al crear un don que, aceptado, lanza el dar a buscar la aceptación divina". 

 Éste es el alborar de nuestra historia: la primera fase de la libertad trascendental. 


De esto se habla entre otros lugares en Juan A. García. La metalógica de la libertad… Studia Poliana nº 10, 2008, p. 19.5 

 Para saber más: Sobre la metalógica : ....................Etiqueta 6.8 
Sobre la libertad trascendental : .....Etiqueta 5.5.4 
Sobre la libertad sin más : .............Etiqueta 1.1.2 
Sobre el don: ................................Etiqueta 6.9.1 
Sobre el dar: .................................Etiqueta 6.9.3 
Sobre el dar trascendental: .............Etiqueta 1.0.2 .

¿Está tipificada la naturaleza humana?

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La naturaleza humana está tipificada desde su inicio, tiene unos rasgos únicos, personales. Es el cuerpo de una persona concreta, y no sólo un cuerpo con rasgos genéticos de la especie.
 
También naturalmente, es decir, de entrada, antes de que se manifieste la vida espiritual, lo humano es distinto de lo intracósmico, porque la naturaleza humana es típica, es la de cada quién.
 
La naturaleza del elefante no es típica, pues no es un don otorgado a una persona, sino, sencillamente, un número de su especie.

¿Retrasa el futuro la naturaleza humana?

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La naturaleza humana, en cuanto que recibida de nuestros padres, está inserta en el universo físico, y en este sentido tiene una dimensión "retrasante" del futuro, pues está condicionada por el "antes" que es la materia.
Pero en cuanto que vida aportada por cada persona, sus operaciones no están predeterminadas. La libertad va invistiendo la esencia humana. (Como se ve, la esencia humana es la vida humana).
 
Tenemos todos la misma naturaleza humana (las mismas condiciones iniciales: cuerpo + alma) aunque seamos individuos distintos.
La individualidad en el mundo físico es debida a la materialidad de nuestro cuerpo, pero en cuanto que el cuerpo humano está también abierto por dentro coexistimos al modo "humano".
Más que individuos somos co-seres, coexistentemente libres.
Más que nuestra carne o nuestros huesos, lo que nos individúa es nuestra "personalidad". Personalidad que no nos aleja a unos de otros, al contrario, vivimos en más o menos comunión.
 
Coexistimos retrasando el futuro.
Retraso debido a nuestra "naturaleza" humana, con su carne y con sus huesos.
 
Un apunte teológico: la Naturaleza Humana de Cristo es también un retraso del futuro, para unir a Dios la Creación entera.
 
Las naturalezas estrictamente intracósmicas (plantas y animales) están sujetas al orden del universo físico. Se despliegan según ese orden.
 
La naturaleza humana, sin embargo, es solamente hasta cierto punto intracósmica (ciertamente somos también materia y la causa material nos retrasa), pero al estar esencializada (pues es manifestación de una persona humana) la naturaleza humana es, de entrada, extracósmica, pues aunque el orden del universo físico le afecta (nos produce jaquecas y reumatismos) está regida por las disposiciones de la persona.


¿Es la naturaleza humana principio de operaciones?

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El hombre posee un cuerpo físico o cuerpo del universo físico, pero sus operaciones,  aunque están condicionadas por el universo físico  dependen de un cuerpo "humano", es decir, un cuerpo informado por un alma espiritual (no hay cuerpo humano sin alma humana).
 
La naturaleza humana es también principio de operaciones, pero en sentido distinto a las naturalezas sencillamente físicas.
 
Dios nos ha creado libres en una naturaleza humana, que tiene dos dimensiones, el cuerpo humano y el alma espiritual
 
El cuerpo humano es la conjunción entre la vida recibida de nuestros padres, creada por Dios según el orden del universo físico, más  la vida que aporta cada persona, creada directamente por Dios.


¿Cómo vencer la soledad? Rafael Corazón divulga el pensamiento de Leonardo Polo.

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Leonardo Polo, un filósofo a la altura de nuestro tiempo.
        
El 9 de febrero 2013 falleció en Pamplona Leonardo Polo, catedrático de filosofía desde 1966. Ha sido maestro de numerosos discípulos, no sólo en España sino en todo el mundo, aunque su labor docente la desarrolló sobre todo en la Universidad de Navarra y en América (México, Colombia, Perú y Chile, especialmente). Su pensamiento –difícil y profundo- está ahora difundiéndose en sectores a los que no llegó con su magisterio.

        Polo ha sido un filósofo original a su pesar; no le interesaba la originalidad sino la verdad y, seguramente, le hubiera gustado ser recordado como un continuador de la tradición aristotélico-tomista; además supo reconducir el pensamiento moderno para que pudiera conectar también con la tradición, es decir, para que dejara de ser un continuo comenzar de cero y, en definitiva, para que no acabara en el relativismo y el escepticismo.

        Como no examinaba a los filósofos modernos y contemporáneos con parámetros tomados de la tradición sino con los suyos propios, algunos lo tuvieron por hegeliano, otros por personalista y no pocos por seguidor de Heidegger. Pero él afirmó siempre que su inspiración era clásica -aunque esto le costó la incomprensión de los que deberían haber comprendido más fácilmente sus ideas-, corrigiéndola y desarrollándola.

El abandono del límite mental

        Siguiendo a Aristóteles, Polo pensaba que la filosofía se desarrolla “sobre todo resolviendo las dificultades que salen al paso” (las aporías de que hablara Aristóteles).

Pues bien, Polo descubrió su “verdad” precisamente al resolver la grave aporía que tenía detenida a la filosofía a mediados del siglo XX (aunque el problema había surgido siglos antes y había supuesto la ruptura entre lo clásico y lo moderno).

Brevemente puede resumirse así: la modernidad se centra en el tema del sujeto, de la conciencia y la autoconciencia, tema poco tratado en la filosofía anterior, intentando llegar a la autonomía plena; por su parte, en el pensamiento clásico, “el realismo substancialista no encuentra otro lugar ontológico para el acto de conocer que el estatuto de accidente”; pero de este modo no se consigue –o se logra a duras penas- captar lo específico del hombre: su apertura no accidental sino primordial a la trascendencia.

        Pues bien, el gran hallazgo de Polo es lo que llamó “el abandono del límite mental”: advertir que el objeto pensado (ya sea una idea, un juicio, etc.) no es un accidente, y que su “positividad” se reduce a ser “límite del pensar”. ¿Qué quiere decir esto y qué consecuencias se siguen? Aquí está la gran aportación de Polo a la historia de la filosofía.

        Parménides identificó ser y pensar; Platón consideró que las Ideas eran lo “realmente real” por ser inmutables, eternas, únicas, etc.; Aristóteles distinguió entre el ser como verdadero y el ser real. Pero el ser como verdadero –que sólo existe en la mente- nos da a conocer la realidad sólo en cuanto pensada, no en cuanto real, porque el objeto pensado es intencional, es decir, remite directamente a la realidad, y porque la estructura del juicio –sujeto, verbo, predicado- no es la de lo real. Conocemos de un modo parcial y además componiendo y dividiendo –afirmando y negando- cosas que en la realidad no están ni compuestas ni divididas.

        Pretender que este problema se soluciona haciendo del objeto pensado un producto del pensamiento, o tratando de identificar sujeto y objeto, o intentando tender un “puente” entre pensamiento y realidad, como propone el pensamiento moderno, no sólo no resuelve nada sino que impide encontrar una solución.

        ¿Qué descubrió Polo, qué advirtió para resolver la aporía, para encontrar la puerta de salida hacia la realidad? En breves palabra puede resumirse así: la irrealidad del objeto significa al mismo tiempo el límite del pensamiento, porque ni el pensar es el ser, ni el ser es el pensar. “Por eso se dice que la operación intelectual es un modo de conocer limitado o conmensurado con el objeto”. Conocer A es nada más que conocer A, haberla conocido. O sea, “la posesión de objeto comporta que la operación ha tenido éxito: ya se ha conocido; dicho éxito es justamente el límite”. Es cierto que podemos seguir investigando sobre A, pero para ello hemos de ejercer otra operación porque cada operación se limita por su objeto.

Nuevas vías al pensamiento

        Detectar el límite mental abre nuevas vías al pensamiento, ya que “el carácter de límite de la objetualidad no puede ser detectado intencionalmente… Por consiguiente  es obvio que se ejerce un conocimiento superior al intencional”. La pregunta inmediata es la siguiente: ¿qué conocimiento superior es éste que no consiste en una operación, que no requiere idea u objeto pensado?

        La respuesta se encuentra también en el pensamiento clásico y medieval: los hábitos intelectuales, pero entendidos no según el modelo de los hábitos de la voluntad (virtudes y vicios), sino como actos de conocimientos superiores, que no conocen mediante objetos pensados o ideas sino que alcanzan directamente la realidad.

Clásicamente se distinguían los siguientes hábitos intelectuales: el de sabiduría, el de los primeros principios, la sindéresis y el hábito de la ciencia (que en realidad es múltiple: tantos como ciencias). Con el conocimiento habitual no se objetiva sino que se “advierte” el ser extramental y se “alcanza” el ser personal, y ello porque la realidad es transobjetiva y el ser personal es transoperativo.

        De este modo metafísica y antropología se distinguen a nivel trascendental: tan filosofía primera como la metafísica es la antropología (en el fondo éste había sido el intento del pensamiento moderno, aunque, al plantearlo mal, había fracasado, dando lugar a antropologías que más que elevar al hombre sobre la naturaleza, lo aislaban, lo encerraban en sí mismo y abocaban al relativismo, el escepticismo, el inmoralismo y, en definitiva, el nihilismo).

        En la antropología de Polo la persona humana se “alcanza” como co-existente; no como una substancia que se relaciona con otras, sino como intimidad abierta, al mundo, a las demás personas y  Dios.

        De este modo, los proyectos de la filosofía moderna respecto del hombre, tales como la autorrealización, la autonomía absoluta o la emancipación de toda tutela (autoimpuesta o no), caen por su base, ya que, además de ser de muy corto alcance, no conducen más que a la soledad, que es el mayor mal que puede sucederle a la persona.
       
Polo, pues, se inserta pues en la tradición, en la filosofía perenne. Pero, al mismo tiempo, lo hace gracias a un hallazgo completamente original.

Rafael Corazón González
Doctor en Filosofía

Bibliografía básica sobre el pensamiento de Leonardo Polo.

Esquer Gallardo, Héctor: El límite del pensamiento. La propuesta metódica de Leonardo Polo. Publicaciones de la facultad de filosofía y letras de la universidad de Navarra, colección filosófica nº 161. Pamplona: Eunsa 2000; 233 pp.

Pifarré, Lluis: Entender a Leonardo Polo. Teoría del conocimiento. Barcelona: PPU 2011; 241 pp.

González Ginocchio, David: El acto de conocer. Antecedentes aristotélicos de Leonardo Polo. Cuadernos del Anuario filosófico, serie universitaria, nº 183. Pamplona: Universidad de Navarra, 2005; 128 pp.

García González, Juan A.: Principio sin continuación. Escritos sobre la metafísica de Leonardo Polo. Colección Estudios y ensayos, nº 25. Málaga: Universidad de Málaga, 1998; 228 pp.


¿Qué diferencia una “naturaleza” de la “naturaleza humana”?

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La naturaleza humana es cuerpo humano + alma espiritual. Lo que la distingue de las naturalezas físicas es que lo que la hace ser principio de operaciones no es una sencilla causa eficiente intrínseca (como lo es el alma de los animales), sino un alma "espiritual", otorgada por una persona.
 
La naturaleza humana está "viva" desde el momento de la fecundación, que la constituye en las "condiciones iniciales" de una persona concreta, creada en ese mismo momento.
 
La naturaleza humana
es precisamente el carácter inicial de la dualidad de la vida humana.


¿Son los actos cognoscitivos desvelantes de la realidad?

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La verdad es, en efecto, desvelamiento del ser.

El acto cognoscitivo es una actividad "asimilativa".
No es el yo o el acto de pensar quien constituye la mesa conocida. La mesa ya está hecha. Al conocer asimilamos la mesa.

No es que el conocimiento sea pasivo, sino que es asimilativo.

Con la intención asimilativa no nos desvelamos, sino que desvelamos la realidad.

Esto no quita que la verdad nos inspire, y entonces expresamos la verdad con nuestro canto, al aceptarla y amarla. Entonces sí que nos autodesvelamos, pero es porque interviene el amar personal.




Ideas inspiradas en la pregunta nº 5 de "ANALÍTICA DEL AMOR". Entrevista de Juan Cruz Cruz con Leonardo Polo, que pueden ustedes encontrar en el nº 33 de la revista Miscelánea poliana.

Pinchen aquí para acceder a la entrevista completa: http://www.leonardopolo.net/revista/revista.html


Para saber más vayan a las etiquetas de este blog:
18.1.1 analítica del amor;
1.2.2 amor ;

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¿Es dual la fe intelectual?

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La fe intelectual es dual como todo lo humano.

El miembro superior es el hábito de acatar a Dios (imposible si Dios no se nos comunica naturalmente. Esa comunicación natural es don de Dios).

El miembro inferior es el acto donal humano de aceptación de la sabiduría divina revelada naturalmente.



Ideas sacadas del libro de Polo "Epistemología, creación y divinidad". Capítulo 2, 2. Itinerario de la razón hacia la fe

Para saber más ir a las etiquetas:
5.13.3 fe
12.8.1 fe sobrenatural

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¿Qué es el carácter dual de la coexistencia?

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Es, a mi parecer, el siguiente:
 
-coexistencia carente de réplica.
-coexistencia en busca de réplica.
 
 
La persona, en tanto que coexistente, sabe de sí, se acompaña.
 
Sin embargo, su acompañamiento es precario, pues no encuentra su origen ni fuera ni dentro de sí.
 
Por eso, inmediatamente es activa, busca, libremente hacia adentro.
 
Ahí tenemos el carácter dual de la coexistencia tal como el profesor Juan A. García Gz lo presenta.
 
Hacia afuera no encuentra réplica y hacia adentro busca réplica, sirviendo a la libertad.
 
Dual:
-coexistencia carente de réplica.
-coexistencia en busca de réplica.


¿Cuáles son los actos de la razón "práctica"?

. Los actos de la razón práctica son : 


El concepto práctico : concibe los bienes, las realidades buenas. 

El consejo o deliberación : se delibera sobre lo que se puede hacer, acciones éticas y acciones técnicas. 

El juicio práctico : mide cómo pueden ser las cosas con relación al bien. 

El precepto o el imperio : (no se debe mandar sobre la persona). .

¿Por qué dice Polo que en los pueblos primitivos hay una religiosidad muy pura?

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En los pueblos primitivos se puede encontrar una religiosidad muy pura porque aún no se ha deformado el sentido primitivo de Dios.

La naturaleza humana en estado puro dota a la persona humana de la capacidad de saberse hijo de Dios en esta vida y también de conocer el error peculiar de la libertad que es el pecado.

Y gracias a la apertura trascendental, intrínseca a esa libertad, late la esperanza de redención.

En las preculturas se encuentran signos que transparentan este conocimiento primero y su religiosidad no se ha deformado todavía.

El fenómeno religioso se despliega con un ritual de creencias, de comportamientos sin hacer aún teorías sobre Dios.

Las creencias básicas captan a Dios como padre y Dios como protector, que se marchó a causa de un acontecimiento inmemorial. Ocurrió algo que supuso la pérdida de la amistad del hombre con Dios.

La religiosidad primitiva es sencilla y se centra en nociones no teológicas. Comporta una visión de Dios adecuada, aunque no es filosófica ni está desarrollada.

Los ritos mágicos no versan sobre Dios. Partiendo de la conciencia de la dignidad humana, aparece la magia, como expresión del poder humano, que se va complicando y degenerando frente a las fuerzas mundanas.

Las preculturas son formas de vida detenida, los demás pueblos evolucionan y se van oscureciendo las creencias básicas.


De esto habla Polo en el último capítulo de "Quién es el hombre" p. 226.3 - 230

Para saber más:
sobre la revelación primera : etiqueta 9.0.1

sobre la religiosidad: etiqueta 9.2.2
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¿Antecede Dios a la creación?

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Dios antecede ciertamente a la creación.

Francisco Molina, el 18 de marzo de 2013, en su blog sobre la sindéresis (pueden ustedes encontrar el enlace a la izquierda en la serie de mis blogs amigos), hace una reflexión muy interesante sobre los ateos y los científicos.

Suelen algunos científicos ateos situar la inteligencia como un paso más de la evolución de la materia.

Sin embargo, coherentemente, la inteligencia está en el inicio del movimiento en el que consiste el universo.
El universo es creado por Alguien que "sabe" lo que hace, con orden y sentido.
De ahí que en un momento dado de la evolución, aparezca la inteligencia "creada".

Carl Sagan escribió:

“Es corriente en muchas culturas responder que Dios creó el universo de la nada. Pero esto no hace más que aplazar la cuestión... la pregunta siguiente que debemos formular es evidentemente de dónde viene Dios. Y si decidimos que esta respuesta no tiene contestación, ¿por qué no nos ahorramos un paso y decidimos que el origen del universo tampoco tiene respuesta?

O si decidimos que Dios siempre ha existido, ¿por qué no nos ahorramos un paso y concluimos diciendo que el universo ha existido siempre?”

El universo ha podido existir desde siempre (Tomás de Aquino) pues Dios lo ha podido crear desde siempre. (Tomás de Aquino dice también que sabemos por fe revelada que el mundo comenzó con el tiempo)
Ése no es el problema.

La cuestión es que para que pueda existir desde siempre se necesita una Voluntad inteligente que le dé el ser.

Todo el mundo ve que hay un "salto" de la materia a la inteligencia.
¿Cómo es posible que la materia empiece a tener conciencia de sí misma y empiece a pensar?

Afirmar que Dios no existe no es una afirmación científica porque es indemostrable.
Postular su existencia o su inexistencia es indemostrable si nos atenemos a los métodos de una investigación científica.
Afirmarlo o negarlo "científicamente" es una aserción azarosa o caprichosa. Si se afirma en serio estamos ante un simple crédulo.

Cosa distinta es cuando un filósofo demuestra o muestra (como Polo) la existencia de Dios alcanzada no "científicamente" sino "pensando" o "inteligiendo".

Aristóteles buscó (y encontró) el Acto anterior que inicia todo movimiento, el puro Acto inicial. Acto que debía ser intelectual, un continuo entenderse a sí mismo. La materia no es acto puro, su actividad exige acto y potencia. A Dios no se le descubre en una disección de la materia o en un viaje por el cosmos.

Para Sagan es lo mismo afirmar que el universo existe desde siempre o que se diga que Dios, su autor, está ahí desde siempre.
Él se ahorra el paso creador y afirma que el universo existe porque sí. Le parece que es igual e incluso que esta última respuesta ahorra palabras. Pero no da igual, porque entonces nada tiene sentido. Seremos muy científicos pero al evitar la filosofía no llegamos al final de la investigación racional. 

Incluso si el universo existiera desde siempre, al inicio, debe haber una Inteligencia creadora.

Los científicos pueden describir, según sus cálculos, cómo es el universo, si su inicio fue así o si no se sabe cuál es, y si su evolución ha sido de esta manera o de la otra.
En este caso, pueden decirnos si el universo puede ser representado por una línea indefinida, o por una circunferencia en la que el proceso se repite, o por una línea que  comienza y no tiene fin, o que sí lo tiene.
En fin, pueden diseñarlo como mejor vean.

Pero está claro que una cosa es entender su diseño y otra descubrir a su diseñador, saber del dibujo y/o saber del dibujante. La primera parte pertenece a la investigación científica, pero la segunda no. A la ciencia se le escapa. 



De esto habla  Francisco Molina, el 18 de marzo de 2013 en su blog sobre la sindéresis (pueden ustedes encontrar el enlace a la izquierda en la serie de mis blogs amigos).
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¿Qué significa persona "creada"?

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Intentemos comprender la siguiente frase de Polo en Studia poliana, 1 (1999) p. 23 : "la persona creada significa que su intimidad no es ninguna "otra" persona.
 
Intimidad quiere decir apertura íntima de la persona (ver etiqueta 5.11).
 
Pues bien, yendo hacia adentro, la persona busca "otra" persona que le desvele su identidad.
 
Esa "otra" persona no existe en su interior, porque la persona humana es "creada".
 
Si Dios dejara de pensarla, la creatura desaparecería.
 
Me dirán ustedes que también el ser del universo desaparecería si Dios dejara de pensarlo. Es cierto. Pero en el caso de la persona la dependencia del Creador es mucho mayor, porque como la persona es novedad permanente, es decir, libertad, nunca se puede decir que está acabada.
 
La esencia del universo se cumple sencillamente, una vez establecida por Dios, la unidad de orden que es la tetracausalidad.
 
Pero la persona humana siempre crece. En mi interior no tengo la clave de mi ser. No basta que me decida, como Heidegger, a ser auténtico, pues ignoro mi autenticidad, a no ser que me abra a la transcendencia.
 
Las personas divinas existen las unas en las otras, sin confusión, en unidad eterna. La persona humana es ciertamente creada porque no tiene el "otro" del que vive en su interior. Si vive es porque el "Otro" le da la vida. Es el Otro el que me hará ser, si quiero.

 

Glosa a Juan A. García González : Existencia personal y libertad. Anuario filosófico nº 95. 2009, p. 351, nota 53.


¿Es respectiva la coexistencia?

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Sí.
 
La coexistencia, como los otros trascendentales o rasgos íntimos de la persona, se caracteriza por ser "además".
Sin embargo, no es además-de.
No debemos decir Dios y  la criatura.
 
La persona humana es además en Dios.
Es creada para poder crecer irrestrictamente, si quiere, en Dios.
 
El universo es creado sencillo, su crecimiento en Dios no es irrestricto, y no es libre, se despliega según la tetracausalidad.
 
La coexistencia personal designa la inagotabilidad de la persona, en tanto que creada "libre", capaz de aceptar, de dar, respecto a su Origen.
Es una existencia referida a Dios.
Esa referencia es precisamente su Réplica.
Es co-ser.
 
 
Para saber más:
Sobre  el rasgo de la dualidad:………Etiqueta 5.4.1
Sobre la coexistencia:………..……….Etiqueta 5.5.1
Sobre el carácter de además:………...Etiqueta 5.4.0
Sobre la relación:……………………….Etiqueta 1.5.2


¿Cómo caracterizar el co-ser personal?

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La co-existencia personal, también llamada co-ser, es inagotable búsqueda dialógica.
 
- Es búsqueda de réplica en el Origen.
Cuando apuntamos al "ser" de la persona humana, no cabe hablar de "identidad" (sólo Dios es Idéntico), sino de dependencia libre hacia el futuro. Siempre buscaremos;
 
-es dialógica. Hablamos calladamente con Dios, por dentro y, desde ese co-ser, nos abrimos, comunicamos y relacionamos con los demás, estableciendo una red de comunicación;
 
-es inagotable. Somos "además" que no está atado a la necesidad.
Esta libertad radical se expande hacia afuera y hacia adentro. Sube y baja según la metalógica de la libertad.
 
 
De esto hablan  Alfredo Rodríguez Sedano y Juan Carlos Aguilera en su artículo " La intersubjetividad a la luz de la apertura íntima personal", aparecido en Studia Poliana, 13, (2011), p. 41.
 
Para saber más sobre:
el carácter de "además"……………..……..etiqueta 5.4.0
el ser de la persona humana…………..…etiqueta 5.0.0
el dar trascendental………………….……….etiqueta 1.0.2
la búsqueda…………………………………..…..etiqueta 6.9.4
la réplica………………………………………….…etiqueta 5.4.2
la identidad……………………………..…………etiqueta 1.4.3
el co-ser dialógico………………………………etiqueta 5.5.1
el crecimiento……………………………….……etiqueta 8.2.0


¿Es el co-ser sabiduría?

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El co-ser exige la sabiduría, pues la sabiduría es, de entrada, saber de sí.
El hábito de sabiduría es el sentido metódico del carácter de además, cuyo valor temático son todos los trascendentales personales
 
Acompaña. Pero no es otra persona.
 
En Dios, la Sabiduría sí es otra Persona, el Hijo de Dios, que acompaña eternamente a su Padre.
 
Sin embargo, el saber de sí que hace de la persona humana un coexistente, solamente abre el ámbito de su intimidad: gracias al hábito innato de sabiduría el coexistente personal dispone de apertura interior, se abre por dentro.
Es una apertura precaria, que se abrirá hacia adentro, buscando su réplica.
 
Ideas sacadas del “compendio” de Antropología “el hombre como persona” de Juan A. García González.