Potencia

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El ser se dice de muchas maneras.
Una manera de decir el ser es decir: "acto".
Otra manera de decir el ser es decir: "potencia". De este modo indicamos que el acto no es acto puro, que al depender del Ser, siempre puede ser más, según la dependencia.
Los actos de todas las criaturas son acto-potenciales, no son puros, teniendo perfección siempre pueden ser más perfectos.

<Piá dirá que la causalidad trascendental muestra que un acto de ser creado no puede existir sin esencia, porque al “depender” del Origen, no es todo lo que puede ser, todo acto de ser creado se distingue realmente de su esencia. Este es el gran descubrimiento de Tomás de Aquino>


Polo es un gran maestro.
Sabe poner en relieve los grandes descubrimientos de la Filosofía, destacando sus novedades.

Un ejemplo es cómo, poco a poco, hizo estudiar a sus discípulos (Ricardo Yepes, Jesús de Garay…) los diversos sentidos del acto y de la potencia en Aristóteles.

Así consiguió mostrar que la esencia es "acto" y también es "potencia", pero con sentidos mucho más precisos de los que estamos acostumbrados.

La esencia es, desde los griegos, "acto", perfección.
En Aristóteles la ousía, que sería el equivalente de esencia, es un sentido del acto. Es entelechéia, forma.

De ahí que digamos: esta flor "es" un tulipán. El meollo o esencia de esta flor es ser tulipán. Acto estable, acabado.

(A ese sujeto, en cuanto que principio de operaciones, se le puede llamar naturaleza).

Noten ustedes que sin darnos cuenta hemos introducido en nuestro discurso una "suposición". Suponemos que la esencia es subsistente. La esencia pensada sí es perfecta, pero en la realidad no existen las esencias pensadas. Las criaturas son actos, sí, pero actos no acabados.

Aristóteles quedó prendido de la perfección de sus entelechéias  sin sacar todo el partido de su descubrimiento de juventud.

Polo llamó la atención sobre ese descubrimiento de Aristóteles (el par potencia-acto) que hizo al observar la distinción entre la mente dormida y la mente despierta. En cuanto dormida, la potencia indica imperfección, en cuanto despierta, el acto indica perfección.

Este sentido del acto, energéia, que no está detenido, que está despierto y abierto a ser más, quedó arrinconado por el prestigio de la "sustancia", de lo acabado, de la forma.

En tanto que los entes pueden "despertarse", perfeccionarse, son potencias "activas". La semilla puede devenir árbol.

Hay, sin embargo, ciertas potencias que son "pasivas", dependen de otras y pueden "recibir" perfecciones que no están contenidas en ellas a priori. Es más ventajoso para la inteligencia ser potencia pasiva, pues así puede conocer lo que por sí sola no podía conocer.

Y es así como las potencias pasivas adquirirán hábitos que no poseían de entrada.

En definitiva, la "potencia", siendo imperfección, es una cierta presencia del futuro en el ser.

Aunque un león sea magníficamente perfecto, nosotros, hijos de Dios, imperfectos, somos más ricos que el león. Nuestra imperfección es potencia obediencial abierta a la máxima amplitud. Aquí no hay leones que valgan.

Lo que no podremos nunca decir es que cigarro esté en potencia de ser ceniza, aunque haya la posibilidad de convertirse en ceniza. No debemos confundir potencia con posibilidad.


Tomás de Aquino, al descubrir la distinción real entre esencia y acto de ser ("acto de ser" es otro sentido del acto que Aristóteles no conoció) hace una investigación más atenta sobre la noción de potencia, clave de la filosofía aristotélica.

Y encuentra un sentido de la potencia que Aristóteles ignoró: la esencia como "potencia" del acto de ser.

La noción aristotélica de potencia era la dynamis. Y es válido ver el universo en movimiento. Potencias activas y pasivas que se van actualizando armoniosamente. Potencias de las diversas naturalezas, que se actualizan según el orden de la tetracausalidad. El universo de Aristóteles es así, en movimiento. Es lo que es: Acto puro y potencias que se actualizan, imperfecciones que se perfeccionan.

Pero el nuevo sentido de potencia, la esencia que sin el ser no es nada, introduce la novedad, vislumbrando una riqueza nueva de lo radical. No es una potencia como las potencias aristotélicas. Es una potencia que siempre dependerá de un Ser dador del ser.

No es que la esencia esté en potencia del acto de ser (eso es "posibilidad"), sino que la esencia como potencia es "potencia" gracias al acto de ser. No es que sea imperfección gracias al acto de ser, sino que el ser puede abrir horizontes no contenidos en las semillas (si el Creador se los da, directamente o a través de otros seres).

El universo ya no es "lo que es" sino que también es lo que será con novedades. (Los sentidos que los hombres queramos aportar). Hemos descubierto el amor, que es dar, en el Ser.

El tulipán ha podido provenir de cruces genéticos, y puede desplegarse según sus cromosomas, dependiendo de su "alma", pero lo más alto, lo radical y primero, es que el tulipán "es" dependiendo de su acto de ser, creado por Dios. Depende radicalmente del don de Dios.

La esencia, la sustancia del tulipán, depende radicalmente del acto de ser creado. Ya no es solamente lo que es porque las cosas son así, sino porque Dios quiere que sea así. Radicalmente hay una decisión libre del Ser supremo.

La esencia es pues acto, en tanto que sustancia (Aristóteles) y la esencia es potencia no sólo porque tiene potencialidades que se activan (eso lo dice también Aristóteles), sino porque, radicalmente, es potencia respecto del acto de ser (Tomás de Aquino). Depende del acto de ser, dependiendo del Ser.

Hay algo en la potencia que ya es, porque será, pues "depende" de Dios, ya sea desplegándose (esencia del universo físico como orden dado por Dios), ya sea aportando (libre esencia humana que acepta su destino).

Es un sentido de la potencia como "bien" del acto de ser, como lo otro que el ser, en orden a la realización del ser. Es "otro" don. Somos y seremos. 

Seré feliz (es esencial), si Dios quiere, y si yo quiero.

"Lo otro que el ser", u otra manera de decir ser, es decir: "potencia", que en la medida que es, la llamamos bien.

El bien es lo otro que el ser en orden a la realización del ser.

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¿Existe una apertura más íntima que la intimidad?

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Sí.
Existe una apertura más íntima que que mi intimidad.
La Intimidad (considerada como el conjunto de las dualidades de los cuatro radicales personales), se dualiza gracias a una apertura todavía más íntima.
Piá la denomina apertura trascendente por abrir el ser humano más allá de su propia intimidad.

La apertura trascendente es más íntima a la persona que su propia intimidad. Es una apertura que trasciende la intimidad humana profundizando en ella.

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¿Una Persona divina es Relación?

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Sí.
Una Persona divina es Relación subsistente en el orden del Amor.

Pero no caigamos en el error de considerar las relaciones divinas, al decir "subsistentes", como individuos. Lo que subsiste es la persona en tanto que co-ser.
La naturaleza divina, o la índole divina, el dar puro, es trina por dentro. Identidad trinitaria o comunión de Personas. De ahí la triple Novedad, les tres personas subsisten en el Amor.

Dios es, de entrada, Origen del dar, el dar como Don y Aceptación originaria.


El profesor Sellés dice, hablando de la Trinidad, que no está bien hablar de relaciones en la Trinidad, y menos de relaciones de oposición, porque relación supone que hay subsistentes separados que se relacionan.
Pienso que sí se puede hablar de relaciones si se las considera en el orden del Amor, en comunión de personas. Lo que subsiste es la Trinidad y no cada Persona aislada, cosa imposible.

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¿Es el Universo físico relación subsistente?

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No.
El Universo material no es relación subsistente.

El Universo es "persistencia" subsistente en el orden del Origen. Depende del Origen en el modo sencillo de la persistencia.


El Universo entrará en el orden del Amor en la medida en que las personas queramos.
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¿De qué modo podemos hablar de relaciones trascendentales?

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Tres son las dimensiones del hábito: la tenencia, la disposición y la relación.

La tenencia es clara en los hábitos categoriales: me pongo un sombrero.

La disposición es clara en los hábitos adquiridos por las potencias espirituales: sé nadar o ser oportuno.

La relación se muestra especialmente en los hábitos superiores.

En efecto, la sindéresis, el hábito de los primeros principios y el de sabiduría (que son hábitos superiores) abren la persona, respectivamente,  a relacionarse con su obrar, con el universo y con su intimidad, también divina.

Se trata de relaciones existenciales, no categoriales, que tornan a la persona en coexistente.

No son relaciones subsistentes (eso se queda para las personas divinas), pero tampoco son relaciones accidentales, ya que están en el orden del ser. Las llamaré (aunque algunos no lo aprecien) relaciones trascendentales.

A todos los niveles el hábito aparece como continuación del ser: sombrero, simpatía, filiación divina.

Y eso es así porque su ser es inacabable, siempre además.

Sin embargo, la persona humana es también relación subsistente, si se tiene en cuenta el Origen.
La persona humana por su filiación divina es relación subsistente en el orden del Origen.

La apertura del hombre hacia Dios se realiza así en cuatro relaciones que se convierten entre sí: la gracia, la esperanza, la fe y la caridad (que también son hábitos superiores) son distintos modos de abrirse la persona a su Creador.


No olvidemos que cuando aquí hablamos de gracia, esperanza, fe y caridad, no nos referimos a las virtudes teologales, sino a las aperturas transcendentales.
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¿Por qué dice Polo que el hombre se distingue más de Dios que de la nada?

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Distinguirse más de Dios que de la nada significa que, sin depender de Dios, somos nada.
Estamos más cerca de la nada que de Dios.

La subsistencia es imposible sin Dios.


La dependencia nunca se acaba, si se acabara volveríamos a la nada.

¿Es real la relación de la creatura con Dios?

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Sí. La relación de la creatura con Dios es real.
Los "actos de ser" creados son reales.

Sin  embargo, en Dios, son relaciones de razón.

No se asusten.
Noten que nuestros objetos pensados son irreales. Y bien que jugamos con ellos.

Los actos de ser en Dios se parecen a las ideas en nuestra mente.

Añadiéndonos, no añadimos nada a Dios, pero bien que nos ama.






Para saber más sobre la creación ver etiqueta 1.6.0
Para saber más sobre la relación ver etiqueta 1.5.2

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¿Qué tipo de relación existe entre la inteligencia y la realidad?

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No es una relación simétrica: la inteligencia no conoce la realidad de modo semejante (como una fotografía) a como la realidad se realiza.

No es tampoco una relación trascendental, pues al conocer no conocemos exhaustivamente la realidad.

Es una relación intencional de semejanza. Al conocer poseemos intencionalmente la realidad.

La voluntad, sin embargo, es relación trascendental con el bien. Es intención de otro, tal como será. Es intención de alteridad.








De esto habla Lluis Pifarré en su libro "Entender a Leonardo Polo", p. 63.2
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¿Cómo explicar que la relación de la creatura con el creador es real en la criatura y de razón en Dios?

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Rondaba en mí el deseo de explicar un viejo problema: cómo las criaturas tienen una relación real con Dios, cuando en Dios, la relación es de razón, ya que no añadimos nada a Dios.

Un buen amigo, quizá el mejor, me envió hace poco una anécdota luminosa. Él es, entre otras cosas, novelista de narrativa peculiar.

Entonces razoné: nuestros personajes de ficción son eso, ficciones. ¿Y si fueran reales?

No parece aventurado pensar que somos pensamientos de Dios. Y que del mismo modo que, íntimamente, viven en el escritor sus personajes, de alguna manera somos hijos de Dios.

Los objetos de nuestro pensamiento son irreales, su ser es sólo intención de semejanza, se limitan a remitir a la realidad.


¿Y si en Dios, la relación irreal que somos, remitiera a nuestra realidad?
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¿Qué nos muestra de Dios el autotrascendimiento humano?

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Autotrascenderse es una forma de dar. La más alta.

No es un aniquilarse, ni tampoco simplemente cambiar a mejor.

Cuando hablamos de autotrascendimiento, queremos decir actividad más alta de dar: darse.

Lo trascendental en sentido estricto es el Dar supremo, Dios.

Pues bien, en congruencia con el autotrascendimiento humano, podemos entrever el carácter donal de la actividad divina, del ser de Dios.

Las relaciones personales intratrinitarias son relaciones donales.

La Sagrada Escritura expresa en términos de dar la relación entre el Padre y el Hijo (por ejemplo, Jn 5, 36); e igualmente el Padre da el Espíritu (Lc 11, 13) a petición de Cristo (Jn 14, 14), y lo da sin medida (Jn 3, 34).

Este "sin medida" significa "sin reservas".
Sólo Dios puede dar así.

Luego el autotrascendimiento humano nos muestra, si lo llevamos al extremo, cómo será el Dar supremo que es Dios.








Sacado del artículo "Aclaraciones sobre y desde el dar, de Falgueras, en Miscelánea poliana nº 9. p.61.2 . Citamos las páginas según la recopilación titulada "Antropología y trascendencia" publicada por I. Falgueras y Juan A. García.

Para saber más ver las etiquetas :
1.0.1  Dios
1.0.2  dar trascendental
1.5.2  relación (en construcción)
5.2.0     trascendentales

12.1.0  Trinidad(en construcción)
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¿Es el ser humano "relación", según BXVI?

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Así se expresó, por ejemplo, en la audiencia del 6 de febrero 2013:


El ser humano es relación: Yo soy yo mismo solo en el tú y a través del tú, en la relación de amor con el Tú de Dios y el tú de los otros. Pues bien, el pecado perturba o destruye la relación con Dios, su presencia destruye la relación con Dios, la relación fundamental, toma el lugar de Dios.
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Háblenos de la acción

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1) La acción como categoría física.
Cuando hablamos de "acción" en el lenguaje corriente nos referimos al "movimiento físico". Una película de acción es aquélla en la que hay mucho movimiento y muchos golpes.

Es lo que Aristóteles llama "accidente acción" o kínesis, o movimiento.
Propiamente no son actos, sino procesos.
Se trata de la categoría física "acción", (poiein en griego, actio en latín), o movimiento transitivo en el "agente". Acción típica de la acción transitiva de los seres inanimados (como la olla de leche hirviendo).
Un movimiento físico que produce otro movimiento físico (que se llamará accidente "pasión"). Es un movimiento "transitivo".

El movimiento físico se pone en marcha según el orden del universo físico. No tiene su principio en el agente que mueve, sino en las leyes del universo que rigen este movimiento.
Es el movimiento de los seres inertes, el propio de las reacciones químicas, de los movimientos de los astros, de las leyes de la gravedad…, la caída de las hojas, el quemar de un cigarro o la llegada del tren.

Noten, por favor, la diferencia de las acciones transitivas con los actos inmanentes.
Los actos de pensar no son procesuales, no son movimiento, no son transitivos.
Si se piensa, "ya" se tiene lo pensado. La luz es lo más veloz de lo físico. El acto de pensar la aventaja, porque es "ya".

Las acciones físicas producen siempre un efecto pues la realidad física cambia con el movimiento que la acción produce.
Los actos de pensar no modifican la realidad física, no cambian las cosas físicas. Son inmanentes.

La acción transitiva de la que hablamos aquí es el accidente físico del agente, el movimiento del agente en tanto que está produciendo un cambio físico en el paciente.

2) La acción como praxis. Actividad humana.
Si hemos comprendido bien lo que es la acción física, ahora podemos explicar otro sentido de la acción: la praxis.

Esta distinción tiene que ver con la doctrina de Aristóteles sobre las actividades de poiein y praxis, traducidas después como producción y acción.

La explicación se complica porque la "producción" no es aquí la poiein o categoría física "acción" (que depende solamente de las leyes del universo físico), sino el cambio físico "producido" por el hombre, por una acción propiamente humana.

Las acciones propiamente humanas, llamadas praxis por Aristóteles, son de tres tipos:
1) las operaciones inmanentes. Son operaciones simples: la teoría propiamente dicha o actividad teórica y las operaciones de los sentidos (cuando vemos, vemos, y ya está).

2) la actividad práctica (ética y política)

3) la actividad productiva. Esta actividad productiva es la propiamente acción humana.

A menudo, para simplificar hablamos de teoría y práctica.
La actividad teórica o praxis teléia es la praxis perfecta de Aristóteles. Es puramente inmanente.

Lo práctico son las praxis, acciones inmanentes, que van unidas a un movimiento transitivo y se llaman también poiesis (producción).
Pero también son prácticas las praxis éticas y morales, o actos de la voluntad (que son puramente inmanentes).

Poiesis son: hacer una casa, respirar, hacer la digestión. Aparece una perfección gracias al cambio inmanente de un ser vivo, que acompaña y está en el origen del movimiento transitivo.

3) Descripción de las acciones puramente inmanentes, sin movimiento.
En la acción puramente inmanente no hay cambio o movimiento en la realidad física.
Es la aparición de una perfección al realizarse un cambio inmanente de un ser vivo, sin movimiento transitivo.
Sólo hay cambio inmanente, sin movimiento. O movimiento "discontinuo". Por ejemplo: pensar, o querer, o ver.
La operación inmanente es un perfeccionamiento intrínseco. Una potencia que se actualiza (aunque para actualizarse necesita del acto ; por ejemplo, para pensar, se necesita, entre otras cosas, del acto del intelecto agente ; y para ver, se necesita, entre otras cosas, del sobrante formal del sentido de la vista).
Se consuma en sí misma, tiene el fin en sí misma, y no fuera de la operación. Cuando vemos, vemos.

Son las praxis perfectas y las praxis éticas de Aristóteles.

4) Recordemos finalmente que en Antropología cuando hablamos de "acción", nos referimos en directo a la poiesis, a la actividad humana productiva.
Sin embargo, debemos estar atentos, pues muchas veces generalizamos y llamamos "acción" a todo tipo de movimiento, físico, inmanente o productivo.

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No se inquieten ustedes si al final no saben qué responder cuando les dicen que distingan entre Persona y Acción.
En este caso, la Persona es el acto de ser personal y la Acción su naturaleza que debe crecer con un crecimiento natural y también gracias a la manifestación de la persona en ella (que la esencializa).


¿Qué es el yo?

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El yo es el ápice de la esencia humana.

Como bien precisa Juan A. García González, la palabra ápice, designa aquí justamente su dependencia de la persona.

Ese ápice es un hábito innato, el de sindéresis: hábito innato al ser personal.

El yo se distingue de la persona, porque depende de ella.
La distinción, más que separar vincula el yo y la persona.

Mi esencia es de mi persona a través de mi yo, del ápice de mi esencia.

Un ejemplo: la persona que soy se manifiesta por las elecciones de mi yo.

Si puedo aportar algo al mundo es pasando por mi yo.
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¿Qué es la sindéresis?

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La palabra sindéresis significa "atención vigilante".

(Clásicamente a la sindéresis se la llama intelecto práctico. Es el intelecto práctico o razón "natural" por el que el hombre sabe que debe hacer el bien y evitar el mal).

Polo rectifica el planteamiento tradicional proponiendo que la sindéresis es el hábito innato por el que la persona es agente de sus actos (voluntad agente, querer-yo) y dualizándose con el hábito de los primeros principios ilumina el  ver que es la inteligencia (y lo ilumina con el miembro inferior de la sindéresis, el ver-yo)

La sindéresis hace "verdadear" la inteligencia y la voluntad.

La persona humana, gracias al hábito de sindéresis, hábito innato del intelecto personal, expresa, de modo global, lo que ve y lo que quiere.

Por eso la sindéresis se describe como "inspiración global", porque inspirar no es otra cosa que "expresar" la verdad encontrada.

El ápice de la esencia humana es el "yo", precisamente este hábito innato con dos miembros o dos instancias cognoscitivas, ver-yo y querer-yo.

El ver-yo nace del intelecto personal y el querer-yo del amar donal.

La sindéresis es la apertura con que cuenta la persona para iluminar, dirigir, controlar, la naturaleza humana. Se atribuye al hábito de sindéresis el conocimiento de la propia esencia.

Pero ese conocimiento o ese ver o englobar,  se dice "conocer-yo" o "querer-yo" según vea lo "inteligido" o lo "querido".

Hay una diferencia entre lo inteligido y lo querido: lo querido debe ser constituido por el querer-yo.
El querer-yo no se limita a conocer la voluntad, sino que constituye lo voluntario (lo impulsa). Sin el respaldo del querer-yo la voluntad no quiere nada.
En esta faceta del yo (querer-yo) existe algo más que la luz iluminante, o si se quiere, que el querer-yo depende menos del intelecto personal y más del amar donal, por eso es más otorgante que iluminante.

El yo se cifra en ver; es ver: ver-yo (el ver-yo es iluminante) y querer-yo (constituyendo lo querido; el querer-yo es iluminante y constituyente).
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¿Es real el "entender"?

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Llamamos "realidad" a lo que es. Actividad.

Pero el ser se dice de muchas maneras.

El "entender" es real.
Pero siendo real el "entender", no es sencillamente el ser, porque la realidad del "entender" es "hacerse otro".

Si el ser es acto, el entender es acto de acto.

Si el ser "realea" como acto, el entender "realea" como acto de acto.

Entender es acto noticioso, trasparecer activo: un desdoblamiento del acto tal que, sin dejar de ser acto, acoge cabe sí, como acto novedoso, lo otro.

Entender es pues otro sentido de la realidad, más rico, propio de seres superiores, capaces de crecer con ganancia noticial.







De esto habla Ignacio Falgueras en Studia Poliana n. 2.  2000, p. 197 
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¿En qué etiquetas estudiamos la libertad?

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En esta etiqueta 1.1.2 intentaremos dar una primera aproximación al tema de la libertad.

La libertad humana no tiene un único sentido. No es sólo predicamental (una dimensión esencial de la persona), calificadora de la voluntad, sino que, antes, se inserta en el ser o acto de ser de la persona, convirtiéndose con ella. Esta libertad profunda y radical es a la que llamamos libertad trascendental, o también denominada libertad personal (la persona en tanto que libertad).

Se puede comparar con una montaña distinguiendo la libertad personal de la libertad esencial.
La cima sería la libertad personal y las laderas la libertad en el orden de la esencia.

Veamos primero la libertad esencial (etiqueta 6.1.5): se puede abordar de distintos puntos de vista y así tenemos :
la libertad psicológica (sentirme libre),
la libertad moral (adquisición de virtudes),
libertad pragmática (para escoger),
la libertad social (que me dejen vivir).

Otro punto de vista es el que se atiene a los tres planteamientos que ha hecho Polo de "lo radical" y que le permiten caracterizar de un lado dos tipos de libertad esencial (la pragmática y la moral) y del otro la libertad trascendental o radical.
Veamos su relación con los tres planteamientos polianos de "lo radical":
la libertad pragmática (que se corresponde con el radical moderno que es la espontaneidad),
la libertad moral (que se corresponde con el radical clásico que es la actualidad), gracias a esta libertad somos cada vez más dueños de nosotros mismos, somos más libres; y
la libertad radical (que se corresponde con el radical cristiano que es la persona) y no es otra cosa que la libertad personal.

La libertad radical es en definitiva la libertad trascendental, uno de los cuatro trascendentales de la persona humana y que podemos llamar libertad personal (etiqueta 5.5.4). La persona humana "es" libertad.

La libertad trascendental es dual, como todo en la persona humana. Tiene dos miembros denominados por Polo "libertad nativa" y "libertad de destinación".









Para saber más:
Etiqueta 1.1.2   libertad
Etiqueta 1.1.2   naturaleza y libertad
Etiqueta 5.5.4   libertad personal o trascendental
Etiqueta 5.5.4   libertad nativa
Etiqueta 5.5.4   libertad de destinación.
Etiqueta 6.1.5   libertad esencial o de disposición
Etiqueta 6.8.0   metalógica de la libertad


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¿A qué llama Falgueras trascendentales condicionales?

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Falgueras distingue dos tipos de trascendentales: los trascendentales condicionales (metafísicos y de la persona humana) y trascendentales incondicionales (que me gusta llamar supremos).

Los trascendentales condicionales se llaman así porque dependen de los trascendentales supremos. Son relativos a los supremos.

Los supremos se llaman incondicionales porque no dependen de los condicionales, no requieren nada.

Los trascendentales condicionales son alcanzados por el trascender humano cuando se eleva, activa y relativamente, sobre las realidades inferiores.

Los trascendentales incondicionales, en cambio, son aquellos que, pudiendo ser alcanzados cuando el hombre trasciende su propio trascender y el trascender de lo extramental, están al margen de toda heterorreferencia, por lo que para ellos la propia denominación de trascendental es extrínseca.

Así queda claro que no todo trascendente es relativo, pues, en efecto, los trascendentales supremos son absolutos. Deben ser entendidos como irrelatividad a los trascendentales condicionales y a cualesquiera otras realidades que no sean las suyas. Dios es Identidad y Trinidad de Personas.






Ideas y textos sacados del Cuaderno de Anuario Filosófico n. 36. Ignacio Falgueras, Esbozo de una filosofía trascendental, p. 23.3

Para saber más:
Etiqueta 5.2.0  los trascendentales
Etiqueta 1.0.2 dar trascendental

Etiqueta 1.0.3 trascendentales supremos
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¿En qué conocimiento nos jugamos el tipo?

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En el conocimiento de Dios.

Dios es el Ser respecto del cual nosotros los hombres (aparte de otras muchas cosas) nos jugamos el tipo.

Sin embargo, nuestra capacidad de Dios ha sido puesta en duda.
Lástima.

Los grandes filósofos osan pensar a Dios.
Y lo hacen de manera pensante: buscan ver hasta qué punto podemos pensar a Dios.
¡Que podemos!

Un pensamiento muerto, un pensamiento asténico, cristalizado, automatizado, difícilmente conoce a Dios. Y, si lo conoce, lo conoce mal.
"Dios no es de muertos, sino de vivos" (Mt 22, 32).

Pensar a Dios es pensar por todo lo grande, y esto conlleva una experiencia profunda, espléndida, de nuestro pensar. Si el pensar queda reducido a un apéndice sucedáneo, puramente pragmático, a una especie de instrumento desvitalizado, se compromete el acceso a Dios.





Encontré la cita de Polo en Miscelánea Poliana nº 45 Rafael Vives Fos. La realidad de Dios según Leonardo Polo. La he modificado a mi manera.
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¿Es importante seguir cada día las preguntas que van saliendo en el blog?

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En absoluto.

Preguntas polianas estará siempre en construcción : siempre se puede ir de etiqueta en etiqueta para familiarizarse con la temática de don Leonardo.


La filosofía, dice, está hecha de meollos (ideas, esencias) y síntesis.

La síntesis la realizamos cada uno, por dentro. Insistiendo.

Y al subirse sobre los hombros de un gigante, veremos más lejos.
Aunque seamos enanos.

Atentamente,

Joseph Kabamba


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¿Qué me aconseja para recorrer este blog?

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Ir de etiqueta en etiqueta.
Hacerse la pregunta.
Ver si coincidimos en la respuesta.
Proponer con un comentario la forma de mejorarla.
Insistir.

Cuando en el texto aparece entre paréntesis una cifra, por ejemplo (1.1.2), se refiere a la etiqueta en la que se desarrolla ese tema.

4 agosto 2022 : las etiquetas son ya muy numerosas y algunos de los seguidores del blog me han pedido que las ponga en orden alfabético.

12 octubre 2022 : hoy he tenido la gran alegría de descubrir cómo mi amigo suizo Louis Cardona ha lanzado su glosario o vocabulario poliano tomando como base las preguntas de este blog.

Seguimos creciendo, amigos polianos!


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¿Cómo se pone en marcha la voluntad?

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La voluntad se pone en marcha gracias a un hábito innato de la persona (del inteligir personal) llamado sindéresis.

La sindéresis es el conocimiento del primer imperativo moral, radical.
Sabemos naturalmente que debemos "querer", que lo nuestro es "querer".

El primer imperativo moral no es el "haz el bien y evita el mal" sino el "quiere!", el querer natural oriundo del intelecto, la voluntas ut natura.

El imperativo pide a la voluntad que quiera; pero si el yo no accede, si el yo no se presta, el velle no tiene lugar.

La inteligencia puede presentar bienes a la voluntad, incitándola a querer; pero la voluntad no puede querer sin el yo, sin el "yo quiero", sin que la persona, gracias a la sindéresis (hábito innato del intelecto personal), con la intervención del yo constituya el acto "queriendo".

El yo tiene que ponerse en marcha, debe acudir para cumplir el requerimiento del bien.

La voluntad no se pone en marcha, no hay acto voluntario, si la persona no comparece, comprometiéndose, revelándose.

El factor intelectual funciona, en el caso del amor, como un imperativo y no como un disparador.




Ideas inspiradas en las preguntas nº 19 y 20 de "ANALÍTICA DEL AMOR". Entrevista de Juan Cruz Cruz con Leonardo Polo, que pueden ustedes encontrar en el nº 33 de la revista Miscelánea poliana.

Para saber más vayan a las etiquetas de este blog:
18.1.1 analítica del amor;
6.2.2 voluntad;
6.2.0 yo y sindéresis;
1.0.4 persona;

Pinchen aquí para acceder a la entrevista completa: http://www.leonardopolo.net/revista/revista.html


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¿Mantiene Aristóteles la atención, al formular la noción de ente?

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No.
La noción de "ente" es un vislumbre del "ser", inmediatamente solapado por una objetivación.
En efecto, el "ser" es actividad y el objeto se detiene en "lo mismo", se conoce lo que se conoce y nada más.

La concentración de la atención en el "es" es sustituida por "lo que", es decir, por un objeto.
Según esto, la noción aristotélica de ente es algo así como un mixto de advertencia de la realidad extramental, corroborada de una manera impropia con una objetivación.

De esto habla Polo en Antropología trascendental I, p. 125
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¿Es el yo una torre de control?

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Me gusta la imagen del aeropuerto y su torre de control.

El aeropuerto sería la persona y la torre de control su yo.

El yo es un hábito personal que Polo llama sindéresis.

En la torre de control se engloba todo el dinamismo del aeropuerto.







Glosa a Juan A. García González : Existencia personal y libertad. Anuario filosófico nº 95. 2009, p. 347.3
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¿Es lo mismo decir "yo" que decir "persona"?

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No.
"Yo" no es sinónimo de persona.

"Persona" designa el "acto de ser personal", mientras que "yo" designa solamente el ápice de la esencia humana.

Polo identifica  el yo  con la sindéresis.

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¿En dónde expone Polo detalladamente lo que es la sindéresis?

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En el tomo II de su Antropología trascendental, Polo estudia la esencia de la persona humana.

El ápice de la esencia humana es, como ustedes saben, el hábito innato de sindéresis (sindéresis significa "atención vigilante" : yo miro, yo vigilo).

En la primera parte de ese tomo II, expone el ver-yo, que es el miembro inferior de la sindéresis.

En la segunda parte expone el querer-yo, que es el miembro superior de la sindéresis.


(Nótese que la sindéresis, como cualquier dimensión humana, es dual).
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¿El yo, se adscribe más al querer o al entender?

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El yo se adscribe más al querer que al entender, porque el querer debe ser constituido por la persona, mientras que el entender sólo es suscitado.





De esto se habla entre otros lugares en  Juan A. García. La metalógica de la libertad… Studia Poliana nº 10, 2008, p. 18.8.

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