Estudiamos ahora (en julio y agosto 2016) la distinción entre esencia y acto de ser. Se trata este tema en la etiqueta 1.7.0 de este blog.

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Polo es el filósofo de la "distinción".

No tener en cuenta la distinción radical entre acto de ser y esencia aboca indefectiblemente en el monismo y, por tanto, en la imposibilidad del conocimiento de Dios.

De ahí el mérito de Tomás de Aquino al descubrir la distinción real entre acto de ser y esencia, y asentar así la necesidad de la creación.

Polo profundiza en esa distinción.

Distingue, como Tomás, esencia y acto de ser, pero la peculiaridad de su enfoque estriba en presentar la esencia como un ejercicio activo dirigido "hacia" la posteridad o hacia el futuro.

Quizá la mejor luz que ofrece Polo sobre la distinción esse-essentia, consiste en su propuesta de una cierta antecedencia de la esencia.

No es que niegue la prioridad del ser sobre la esencia, sino que la entiende con más realismo.
Ya que esa prioridad no es de carácter eficiente, sino final, finalidad pura.

La esencia del universo frena el despliegue del ser del universo físico, permitiendo que el mundo sea habitable, ésa es la finalidad del acto de ser del universo: que podamos "vivir", es decir, que podamos edificar nuestro don, cosa posible gracias a la lentitud introducida por la actividad de la esencia. En efecto, al tener que desplegarse tetracausalmente, la persona humana puede intervenir esencializando su mundo.

Por otro lado,  la esencia humana manifiesta libremente, (de ahí su antecedencia) el destino. El acto de ser personal rige en cuanto que pide a la esencia humana que disponga cada vez más libremente. La finalidad trascendental no es otra cosa que la libertad de los hijos de Dios.


Grandioso.


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