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¿Qué conviene recordar antes de iniciar el estudio de la caída trascendental?

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Conviene recordar las cuatro elevaciones de la persona humana a nivel trascendental, es decir, no a nivel esencial, o de la vida nuestra de todos los días :

la 1ª creación : la estudiaremos en la etiqueta : 5.14.0, se trata de la iniciativa divina o elección de cada persona antes de la creación del mundo.

la llamada inicial o 2ª creación : la estudiaremos en la etiqueta : 5.15.0.

la elevación o mantenimiento de la llamada : la estudiaremos en la etiqueta : 5.16.0 y se asimila a la gracia personal y a las gracias actuales de la teología.

la glorificación : la estudiaremos en la etiqueta : 5.17.0, es  el encuentro definitivo con Dios.

Pero además de esta cuatro elevaciones no podemos olvidar que "trascendentalmente" hubo una caída (que se corresponde con lo que la teología llama pecado original). No es otra cosa que la comunión con el maligno, con el don nadie. Estudiamos en esta etiqueta 5.16.1 esa caída trascendental.

Y hay también una redención trascendental. Es lo que llamamos nueva creación o redención. La estudiaremos en la etiqueta 5.16.2.



La explicación global de las etapas trascendentales la haremos en la etiqueta 5.7.0
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¿Tiene algo que ver la caída con el demonio?

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Don nadie es el señor que se aleja de Dios.

El adverbio que huye del Verbo.

Trascendentalmente, el demonio es la personificación de la caída, de la mentira.

Y la caída del ser personal es una de las etapas trascendentales que se pueden alcanzar gracias al autotrascendimiento.

Platón lo vió.
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¿Podemos entender filosóficamente "la caída" trascendental del hombre?

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Sí.

No es solamente un dato de la Revelación judía y cristiana. El pecado original, la caída, puede ser entendido desde la antropología trascendental.

No es, además, una originalidad poliana.

Platón, por ejemplo, habla de caída y redención.

Rousseau habla del instante dichoso que hizo de un animal estúpido y limitado, caído,  un ser inteligente.

También Kant hace una interpretación de la caída, considerándola como la condición de posibilidad de la libertad.
No hacer caso a la propia naturaleza, dice, es lo que hace posible la libertad, lo que abre la posibilidad de que el hombre se haga a sí mismo.
Dice por ejemplo en "En defensa de la Ilustración": el primer paso fuera del estado de naturaleza fue, por el lado moral, una caída… la historia de la naturaleza comienza, por tanto, con el bien, pues es la obra de Dios; la historia de la libertad con el mal, pues es la obra del hombre.

La caída es así emancipación, quedando la vida del hombre en sus propias manos y cerrando la vía antropológica hacia Dios.

Polo dirá que la postura de la Ilustración es un postulado ilusorio, que sólo se sostiene porque nunca se logrará disponer completamente de sí. Si consiguiéramos "realizarnos" completamente ¿para qué nos serviría, si no encontráramos quien recibiera nuestro don?

La caída es caída. Es ignorar que no tenemos réplica en nuestro interior, que sólo con el autotrascendimiento alcanzaremos a saber quiénes somos.

Si la dinámica racional o voluntaria se absolutiza, comparece la nada (Polo, La persona humana y su crecimiento, p. 192).

De esto habla Rafael Corazón en su artículo "Antropología trascendental y Antropología teológica", en el libro homenaje a Ignacio Falqueras, Autotrascendimiento (J.A. García y J.J. Padial) p. 311.2 y 317.3
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¿Qué es el pecado original?

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Un estado de privación. Una carencia con la que todos nacemos. La orfandad original.

La antropología trascendental puede alcanzar a entender ese "origen" que es una de las etapas "trascendentales" del ser personal humano.

Polo defiende la existencia de una revelación primitiva por la que los hombres fueron conscientes de esa carencia y que se correponde con esa caída trascendental.

El hombre se dio cuenta de que no conocía y amaba a Dios como debiera. ¿Por qué? Porque nos hemos alejado, desde el origen, "trascendentalmente", de Dios.

La antropología trascendental poliana, con su método del abandono del límite mental, abre la vía para entenderlo.
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