¿Es el hombre solamente el ser que "tiene"?



Aristóteles no caracteriza solamente al hombre como el ser que "tiene". El hombre también desea.
Es un ser oréctico, tiene sed de saber.

Pero el deseo es inferior al tener, al ser una carencia.

La voluntad en Aristóteles es signo de deficiencia.
En Dios, Acto puro, no puede haber deseo.
Es motor inmóvil. Perfecto.

El dinamismo de la antropología aristotélica es un dinamismo tendencial. Marca la imperfección del hombre.

Aristóteles comienza la Metafísica con la célebre frase: "todos los hombres desean por naturaleza saber".

Sin embargo, Aristóteles ignora que el Acto puro es más que tener. Dios es también Dar.

Para corregir la Antropología de Aristóteles debemos incluir en el hombre su dimensión donante.
El hombre es capaz de tener, sí, y por eso puede dar y aceptar lo que Dios le da.
El hijo, al aceptar, también da.







De esto habla Polo en su artículo "Tres dimensiones de la Antropología", aparecido en Studia Poliana, 13, (2011), p. 24.2.


Para saber más.
Sobre el tener:………………..………..Etiqueta 1.9.1
Sobre la naturaleza humana:……Etiqueta 6.1.0
Sobre el hombre:……….…………….Etiqueta 1.10.0
Sobre el deseo:…………………….……Etiqueta 1.9.3
Sobre las aporías de Aristóteles:..Etiqueta 20.4.5


Vídeo de la tertulia poliana con Adam Solomiewicz 11 octobre 2019

Pueden ustedes ver aquí una exposición de Adan Solomiewicz sobre el amar donal.

Hace proposiciones muy sugestivas:


¿Se puede decir que el acto de ser personal posee la esencia o "tiene" la esencia?


No.
La esencia humana no se "posee" sino que es el manifestarse o el disponer de la persona humana.

Sigo en mi respuesta las apreciaciones de Juan Fernando Sellés en su libro sobre la persona humana, publicado en la universidad de la Sabana en 1998.

La más alta averiguación filosófica medieval es la distinción real entre esencia y acto de ser en la realidad creada.

Por esencia entienden el modo de ser de cada realidad, su forma de ser o su composición real.

Por acto de ser entienden el fundamento de toda realidad, aquel principio que hace ser a las realidades.

Las diversas realidades no se reducen al ser, sino que son tal o cual realidad, de tal o cual índole (la índole es la esencia).

En Dios Ser y Esencia se identifican.

En antropología, no obstante, hay que esclarecer mejor esta distinción.

¿Qué es en el hombre del ámbito de su esencia ?

¿Qué es en el hombre del ámbito de su ser ?

G. Marcel capta ahí una dualidad y la formula con sus nociones de « tener » y « ser ».
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La propuesta poliana en antropología, muy bien enseñada por Sellés es, sin embargo, tripartita pues distingue tres ámbitos.

1. El ámbito del tener « recibido » es la naturaleza humana (el cuerpo, las facultades, las tendencias, etc).

2. El ámbito del tener « adquirido » es la esencia humana (que es el perfeccionamiento de la naturaleza humana ; es el crecimiento de la naturaleza que la persona consigue libremente).

La esencia del hombre es incrementable indefinidamente. Aquí están las nociones de  hábito y de virtud.

3. El ámbito del ser « recibido » es la persona.
Ser que no está clausurado, pues puede ser más. (Puede dar, es dar, aceptando).

No es la persona pues  la que "tiene".

Es el “yo” (ápice de la esencia humana) quien tiene según su naturaleza (y en tres niveles).
Ya Aristóteles caracterizó al hombre como el ser que “tiene”.

Es la naturaleza humana la que posibilita el tener y en la medida en que es perfeccionada :
a) según el cuerpo : es el tener práctico ;
b) según la razón ;
c) según los hábitos.

La aportación de la persona, el nuevo don libremente instaurado, es su esencia.

El acto de ser, la persona, dispone, manifiesta, ilumina, aporta, con la esencia, pero no dispone de la esencia.
La esencia es precisamente el disponer indisponible.

¿Cuál es el tener más alto según Aristóteles?


La virtud.

Aristóteles la llama, a veces,  héxis, en lugar de la palabra usual entre los griegos areté, y lo hace para resaltar el "tener".

Héxis viene de ékhein, tener, y significa propiamente el tener corpóreo.

Decir que el hombre es un ser racional es poco. El hombre es un ser capaz de "tener" racional.

El hombre es homo faber (tener técnico).
El hombre es homo sapiens (tener racional).

Y por encima de esto, el hombre tiene la capacidad de "tener" los "teneres" inferiores.
Ése es el tener más alto para Aristóteles, y lo llama "virtud".

Tener, en tanto que virtud, es conocer las finalidad de nuestras potencias.

Así, la voluntad crece adquiriendo virtudes, que le permiten dominar las pasiones.

Pero Aristóteles mira sobre todo a las virtudes superiores, que para él son los hábitos intelectuales.

El hábito de sabiduría, o el hábito de los primeros principios, redundan en los niveles inferiores del tener. Sabremos para qué sirven las manos (el tener técnico) y para qué sirven las palabras (el tener racional).

Cuando tiene la virtud, el hombre puede mejorar el ejercicio racional y el ejercicio práctico.
Cuando sé calcular, gracias a un hábito matemático, resolveré mejor los problemas de álgebra.
Si poseo la virtud de la puntualidad, llegaré, si quiero, a tiempo, agradando a los demás.

La virtud nos perfecciona. Es una hiperformalización de nuestra naturaleza. Un crecimiento.
El hombre es un ser capaz de mejorarse, capaz de tener virtudes.
El hombre es un ser capaz de crecimiento irrestricto, capaz de virtud.


De esto habla Polo en su artículo "Tres dimensiones de la Antropología", aperecido en Studia Poliana, 13, (2011), p. 22.4.

Para saber más.
Sobre la naturaleza humana:……Etiqueta 6.1.0
Sobre el hombre:…………………..….Etiqueta 1.10
Sobre el tener:…………………..……..Etiqueta 1.9.1
Sobre la virtud:……………………..….Etiqueta 6.2.5
Sobre el hábito:…………………….……Etiqueta 1.9.2
Sobre el hábito en Aristóteles:…..Etiqueta 20.4.2

¿Cuáles son los distintos modos de "tener" descubiertos por Aristóteles?

Pongamos tres ejemplos :

1. El cuerpo tiene vestido o la mano tiene anillo.
Este modo de poseer es el hábito categorial.

2. Cuando pienso algo, por ejemplo, cuando pienso en un sendero solitario.
La operación de pensar posee el objeto conocido.

3. El tercer modo de poseer es el hábito.
Me gusta volver al sendero solitario.
La inteligencia y la voluntad adquieren hábitos que son otro modo de poseer.

El hábito es una disposición que la persona ha adquirido.
.

La dualidad radical de la persona humana

La dualidad radical de la persona humana no es otra cosa que nacer - destinarse.

Me permito pensarla como nacer-destinándo.se.
Pero eso es solo un "pensamiento".

En la foto Adam Solomiewicz con su director Juan Fernando Sellés.

¿Cómo explica Polo la interpretación que hace Aristóteles de la antropología?

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Aristóteles hace una interpretación llamémosla "constitucional".

Aristóteles define al hombre (hablar de la naturaleza del hombre es lo mismo que definirlo) como el "animal racional".
Es una visión simplificada de su pensamiento.

El concepto clave de la antropología aristotélica es el verbo griego "ekhein", que se traduce por "tener". Un verbo con mucha mayor densidad de sentido que nuestro "tener".

El hombre es el ser que "tiene"
Que al menos, de entrada, posee la capacidad de tener.

Es el viviente que "tiene" razón.

Ahora bien, el hombre no solamente tiene razón.
Podemos distinguir:
1. El tener corpóreo : el poseer y el habitar (hábito categorial).
2. El tener racional : pensar.
3. El tener según virtud : el hábito.

El hombre puede tener con mayor o menor intensidad.


De esto habla Polo en su artículo "Tres dimensiones de la Antropología", aperecido en Studia Poliana, 13, (2011), p. 16.

Para saber más.
Sobre la naturaleza humana:……Etiqueta 6.1.0
Sobre el hombre:………………....….Etiqueta 1.10
Sobre el tener:…………………..…....Etiqueta 1.9.1
Sobre la intensidad:……………...….Etiqueta 5.4.4
Sobre el hábito categorial:………..Etiqueta 1.9.2
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¿Son los hábitos el tener más alto para la persona humana?

La persona humana es trascendentalmente libertad.

(Un ser abierto dualmente en el ámbito de la máxima amplitud).

En este sentido, la libertad es un "dominio de principios", que es un tener más alto pues los principios no se pueden perder.

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¿Quién va por delante, el tener o el dar?


Ni el uno ni el otro.

El planteamiento clásico da la preeminencia a la razón (que es un "tener"). La libertad se manifiesta aquí en la capacidad de decidir entre los medios que la razón práctica propone para alcanzar el fin (el fin es otro "tener" más alto, que nos viene dado).

El planteamiento moderno da la preeminencia a la voluntad, identificándola con la libertad espontánea de hacer lo que me da la gana. Un dar no se sabe por qué.

Polo ajusta el problema. La libertad trascendental, que se convierte con cada persona, es la inclusión atópica en el ámbito de la máxima amplitud, que es Dios.
La preeminencia la tiene el Creador. Que nos da el “tener” y nos llama simultáneamente a “dar”, según nuestro querer.

La Verdad no es así una "forma" impuesta desde fuera (su amplitud es máxima e irrestricta).
Esta Verdad que inspira con su encuentro es el enamoramiento. Y nuestra libertad personal (trascendental) es nuestro canto enamorado a la Verdad.

Cada uno, según sus circunstancias, buscará (libertad esencial) los medios más adecuados para el poema o cántico que es su vida.







Para saber más leer: Polo, "La verdad como inspiración", en La persona humana y su crecimiento, pp. 197-206


¿Cómo caracteriza Aristóteles el medio y el fin, según el tener?


Medio es el tener práctico, el tener según el cuerpo, la técnica.

Fin es el tener inmanente, la teoría, que culmina en el intelecto.

La virtud superior es la sabiduría.

De esto habla Polo en su artículo "Tres dimensiones de la Antropología", aparecido en Studia Poliana, 13, (2011), p. 24.2.


Para saber más.
Sobre la naturaleza humana:……Etiqueta 6.1.0
Sobre el hombre:………………….Etiqueta 1.10
Sobre el tener:……………………..Etiqueta 1.9.1
Sobre la virtud:…………………….Etiqueta 6.2.5
Sobre el hábito:……………………Etiqueta 1.9.2
Sobre el hábito en Aristóteles:…..Etiqueta 20.4.2

Persona humana, persona corpórea


El ser humano es una persona “corpórea”, es decir, una persona que habita el universo, que vive en el mundo, que está en la historia.

En tanto que persona puede saber de sí.

En tanto que corpórea, sale de su intimidad, manifestándose gracias a su actividad, que se despliega en el mundo y en la historia, habitando el cosmos y expresándose en el tiempo.

La persona humana es un espíritu en el tiempo.

Ideas sacadas del “compendio” de Antropología “el hombre como persona” de Juan A. García González.

¿Cuál es la definición clásica de la persona humana?


Vean qué bien lo explica Juan A. García:
“La definición clásica de la persona humana tiene su raíz en Aristóteles, quien (aun desconociendo el ser personal) entendió al hombre como el animal con logos, el animal racional.

Sobre esa base, Boecio definió a la persona como la sustancia individual de naturaleza racional.

Es una definición nuclearmente correcta; pero que mira al ser humano desde fuera, como a las demás sustancias y al resto de los animales; para entonces apreciar lo diferencial, lo específico del hombre, o del ser personal: que tiene logos, que habla y vive en sociedad; en definitiva, su naturaleza racional.

Lo propio del pensamiento moderno, en cambio, es mirar la subjetividad humana desde dentro: en primera persona, como un yo.”

Juan A. García entonces propone que la persona es el existente que sabe de su propia existencia.

Aspira así  a modernizar la definición de persona; pero sin oponerse del todo a la definición clásica: porque, muy posiblemente, para que la persona humana sepa de su propia existencia requiere ser una sustancia individual de naturaleza racional.

Sin embargo, la óptica de la primera persona es distinta, y eventualmente más fecunda: pues la interioridad y la intimidad de la persona humana acaso sólo se descubren, y desde luego se entienden mejor, con esa óptica “de la primera persona”.

Retengan ustedes esta expresión “de la primera persona”, pues se usa frecuentemente en antropología y a veces, por lo menos a mí me pasa, olvidamos su significación.

Ideas sacadas casi al pie de la letra del “compendio” de Antropología “el hombre como persona” de Juan A. García González.

¿La persona humana "es" relación o "está" en relación?


La persona humana "está" en relación con Dios, con las demás personas, con el mundo, en cuanto que esencialmente se manifiesta.

Y la persona humana "es" relación en cuanto que es hija, trascendentalmente, de Dios.

"Ser" relación es ser relación "subsistente". Se trata de una relación trascendental o existencial.

Al decir "estar" en relación, nos referimos a las relaciones categoriales.

Trascendentalmene, sin embargo, La sindéresis, el hábito de  los primeros principios y el de sabiduría (que son hábitos superiores) abren la persona, respectivamente,  a relacionarse radicalmente (y no sólo categorialmente) con su obrar, con el universo y con su intimidad, también divina.

Se trata de relaciones existenciales, no categoriales, que tornan a la persona en coexistente. Co-ser.

La persona humana, gracias a esos hábitos superiores es coexistente, co-ser, trascendentalmente.

Ahora debemos añadir que esas relaciones no subsistirían sin la dependencia de Dios.

De ahí que digamos que la persona humana es relación subsistente en el orden del Origen.

Si no fuéramos hacia Dios, perderíamos el carácter de además, como el demonio. (Ver el libro sobre el pecado del profesor Sellés).

La persona huérfana de Dios está como borracha. La vida deviene esencia o manifestación interminable de la soledad.

Ser además, es más que mera relación. 
Coexistir, como dice el profesor Juan A. García, es más que relacionarse. Es relación subsistente en el orden del Origen.

Tesis doctoral


Jueves, 10 de octubre de 2019

Universidad de Navarra

Hora: 11,30. Lugar: Aula 1

Lectura de la Tesis Doctoral de D. Adam SOLOMIEWICZ

La dualidad radical de la persona humana"
Un intento de proseguir la antropología trascendental de Leonardo Polo. ”


Agradecemos a Juan Fernando Sellés todo lo que hay que agradecer.

La persona humana, ¿es relación subsistente?


La persona humana es relación subsistente en el orden del Origen.

Se trata de una dependencia del Origen, en el modo de relación insistente e intensiva, hacia el Origen (insistencia subsistente en el orden del Origen). Réplica del Origen.

La persona es la relación subsistente en el orden del Origen, llamada a entrar en el orden del Amor.

La persona humana es relación subsistente sólo si se tiene en cuenta el Origen, si se tiene en cuenta su dependencia insistente a la Iniciativa divina.

¿Es la persona humana una intimidad cerrada?


El ser de la persona humana es una intimidad abierta al futuro.

No es solamente “inmanencia” y no es solo intimidad, sino intimidad abierta.

Abierta al futuro.

Al estar abierta por dentro, la persona humana dispone de una cierta intimidad (sabe de sí), pero es una intimidad que no está acabada.

La persona humana no se conoce completamente, está abierta al futuro.

Aspira a alcanzarse y seguir creciendo.

Es capaz de Dios.

Ideas sacadas del “compendio” de Antropología “el hombre como persona” de Juan A. García González.

¿Es la persona humana co-ser?


Sí. La persona humana es co-ser.

La persona humana es la realidad abierta en intimidad y también hacia fuera.

Abierta por fuera y por dentro.
Co-ser designa a la persona.

Co-ser no en sentido sociológico (como cuando Heidegger dice que el ser humano es mit-sein), sino como ser que no se limita a ser, sino que se añade refrendando el ser (ratificando, aprobando, confirmando, ser acompañando).

Ser además.





De esto se habla en L. Polo. Antropología trascendental. Tomo I. La persona humana. p. 32.2


¿Qué designa el co- del co-ser?


La persona humana no es un mero existente.
La persona humana sabe de sí.
Y este saber de sí está designado por el prefijo “co-“.
El “co-“ de la co-existencia no es otra cosa que el saber de sí mismo que acompaña al existir de cada persona humana.
El “co-“ quiere decir que la persona humana es intimidad.

Ideas sacadas del “compendio” de Antropología “el hombre como persona” de Juan A. García González.

¿Por qué decimos que, de entrada, la persona humana es una intimidad solitaria?


Atención, cuando decimos “de entrada” nos estamos refiriendo a la persona humana tal como nace en el tiempo.

Somos espíritus en el tiempo.

En Dios la persona es siempre hija, nunca está sola.

Pero ahora nos referimos a la intimidad solitaria de la persona que “aún” no se conoce enteramente.
De entrada, la persona humana es un co-ser libre, abierto por dentro.

Su existencia no es tan intensamente activa como para engendrar en su intimidad una réplica real de sí.
De ahí que digamos que no tiene réplica en su interior.

De entrada no conozco a quien me acompaña, aunque me sé acompañado.

Somos una intimidad solitaria.

¿Es inidéntica la persona humana?



Siempre seremos inidénticos.
La creación del hombre es una llamada.
Somos responsables de la respuesta. Nada está escrito.

Polo es realmente el filósofo de la distinción.
Más alta que la distinción acto de ser - esencia está la distinción entre ser creado e Increado.

Y la más alta distinción es la Distinción entre las Personas divinas.

El ser está abierto por dentro.

El ser personal humano está abierto porque es dual, según sus distintos radicales.
Y su radical más alto, el amar personal, ha sido llamado a responder, ofreciendo su don, su esencia.

¿Cómo ofrecemos la esencia del universo?
En tanto que creada, la esencia del universo se distingue del ser del universo según la persistencia. Sencillamente persiste. Pero la persona humana puede, trabajando, esencializársela, convirtiéndola en su mundo, como don.

Sin embargo, el don cabal no es el mundo, sino la esencia de la persona humana, que no es otra cosa que nuestra vida, compenetrada con nuestro mundo.
"Don" porque la esencia de la persona humana no es un despliegue de lo ya creado, sino que se presenta o manifiesta según la libertad personal, según la coexistencia, íntimamente, libremente.

Cuando la esencia "persiste" es sencillamente análisis. Esencia del universo.

Cuando la esencia "co-existe", es respuesta. Esencia de la persona humana.

No hay posibilidad de aburrimiento.
Verdaderamente es ventajoso ser Hijo. 

Somos futuro indesfuturizable.
Nuestro gozo es la insistencia en el océano de la máxima amplitud.


¿Cómo encara la filosofía el tema de los principios?

La filosofía es el conocimiento de principios por principios.

Los primeros principios reales son : 
- el principio de Identidad (Dios); 
- el principio de no-contradicción (la creatura);
- el principio de causalidad trascendental.

¿Son axiomáticos los primeros principios de la realidad?


Los primeros principios de la realidad son actos reales independientes del ser humano.

El ser humano es habitante del universo. El universo es primero.

Y los primeros principios son también axiomas lógicos de la inteligencia. No son postulados hipotéticos, son evidentes.

Los primeros principios de la realidad muestran el primado de la realidad para el ser humano, que más bien es un ser segundo.

Los primeros principios de la realidad ciñen y ajustan el ser humano al cosmos y a su creador. Son realidades exteriores a la persona humana.

La negación de los primeros principios (cosa imposible en último término) indica un creerse persona separada, independiente, absoluta (pecado de ciencia, pecado original).

No es así. El ser humano se abre de suyo hacia fuera y vive en el mundo, situado en la historia.

Ideas sacadas del “compendio” de Antropología “el hombre como persona” de Juan A. García González.


¿Cómo me respondió Juan A. García González cuando le pregunté qué es lo axiomático?

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Lo axiomático frente a lo hipotético lo formuló ya Platón, que anunció unos principios anhipotéticos en su dialéctica.

Los axiomas son necesarios y evidentes: no admiten contrario.
Los postulados, en cambio, pueden ser así o no: su contrario es pensable.

Por ejemplo que A, no es, no A (el principio de contradicción) es necesario y evidente; o que "el todo es mayor que la parte".

En cambio, la ciencia se construye, en buena parte, sobre postulados.
Como el V de la geometría de Euclides: por un punto pasa una paralela a una recta. Y de postularlo así surge la geometría imaginativa. Pero si postulamos otra cosa: ninguna paralela, infinitas paralelas, salen otras geometrías, más matemáticas que imaginativas.

La política (en el saber práctico) se asienta sobre postulados: las constituciones de los pueblos, que se determinan a una forma de convivir (una república, con unas instituciones, y tales leyes, etc.) como podrían haberse determinado a convivir de otra forma (en una monarquía, con otras instituciones y otras leyes).

Polo ha axiomatizado la teoría del conocimiento; toda, menos la noción de facultad.
Los órganos del conocimiento sensible no son necesariamente los que son, y no se sabe porqué son esos. Pero es "necesario" (axiomático) que el conocimiento intelectual sea acto, jerárquico, infinito...

Y Polo ha axiomatizado la metafísica: los primeros principios.
Son lo necesario, dada la creación; y lo evidente al intelecto, por encima de la razón.

En cambio la física de causas no es axiomática; porque lo único necesario es el fin. Pero las formas se distinguen del fin enmarcando las posibilidades naturales.

La antropología, en mi opinión, no debe axiomatizarse; porque la libertad es superior a la necesidad.

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¿Son axiomáticos los primeros principios de la realidad?


Los primeros principios de la realidad son actos reales, independientes del ser humano.

El ser humano es habitante del universo. El universo es primero.

Y los primeros principios son también axiomas lógicos de la inteligencia. No son postulados hipotéticos, son evidentes.

Los primeros principios de la realidad muestran el primado de la realidad para el ser humano, que más bien es un ser segundo.

Los primeros principios de la realidad ciñen y ajustan el ser humano al cosmos y a su creador. Son realidades exteriores a la persona humana.

La negación de los primeros principios (cosa imposible en último término) indica un creerse persona separada, independiente, absoluta (pecado de ciencia, pecado original).

No es así. El ser humano se abre de suyo hacia fuera y vive en el mundo, situado en la historia.

Ideas sacadas del “compendio” de Antropología “el hombre como persona” de Juan A. García González.


¿Cuáles son los primeros principios reales?


Hablamos aquí de primeros principios "reales", no de primeros principios lógicos o mentales.

Estos primeros principios reales son:

- el primer principio de Identidad (Dios),

- el primer principio de causalidad trascendental y

- el primer principio de no contradicción.

El primer principio de no contradicción es el acto de ser del universo que Polo llama persistencia y lo describe como "comienzo que ni cesa ni es seguido".
La no contradicción explica la realidad de la secuencia de antes a después.

El primer principio de identidad es el acto de ser divino, que Polo llama Origen.

La vigencia entre estos dos primeros principios es el tercer primer principio, al que Polo llama principio de causalidad trascendental.

Juan A. García me comentó que el principio de causalidad trascendental se debe adscribir a la persistencia.
En efecto, la persistencia es principio de no contradicción en cuanto que la persistencia es distinta de la esencia.
No hay contradicción entre el ser del universo y las causas predicamentales.

Pero la esencia está vinculada a la persistencia (la esencia es admitida por el acto de ser del universo) y entonces hablamos de principio de causalidad trascendental.


Véase lo que dice Polo en Antropología trascendental I, p. 115.3
El hábito de los primeros principios o 1ª dimensión del abandono del límite mental se estudiará en la etiqueta 3.2.0
Comentario de Juan García en la entrada "¿Cuáles son los primeros principios reales?":

Yo creo que Dios es la identidad, que la identidad sólo puede ser originaria, que es un primer principio, y también que es personal, de dos personas.

También que el principio de no contradicción es la persistencia: la realidad de la secuencia de antes a después, o el después de la analítica esencial de causas predicamentales.

Hasta aquí conforme.

Pero el principio de causalidad yo no lo remito a la participación, sino que lo adscribo a la persistencia: en cuanto que distinta de la esencia es principio de no contradicción, en cuanto que vinculada con ella (es la admisión de la esencia) es principio de causalidad trascendental. De acuerdo con ella, esse causat veritatem.

Dios, en cambio, es incausado.

¿Qué es naturaleza y qué es libertad?

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La distinción entre naturaleza y libertad es primaria.
El ser se dice, de entrada, de muchas maneras. Entre otros tiene un sentido genético (naturaleza) y un sentido puramente activo (libertad).

Una de las primeras aporías de la filosofía es cómo conjugar lo Uno y lo Múltiple.

El problema es mal resuelto si optamos por el monismo (Parménides) o si separamos en exceso (dualismo cartesiano).

En la actualidad muchos niegan la libertad pensando el mundo y los humanos como combinatoria de átomos (es la versión materialista de lo Múltiple, como si todo fuera una combinatoria de naturalezas físicas). Como si fuéramos una red material.

Otros, en su interior, se imaginan de tal modo libres, que deciden vivir según su espontaneidad (es una versión idealista de lo Uno, como si todo fuera libertad espontánea de mi yo). No cuentan con lo otro.

Nosotros sostenemos que no hay contradicción o contraposición entre naturaleza y libertad.

Es cierto que el filósofo busca el primer principio (arjé) que explique la realidad entera.
Desde Parménides se sabe que ese principio es el ser.

Pero ¿es el ser uno, monolítico? ¿Es acaso el  ser un "todo" de teselas?

La unidad, en antropología, es siempre prematura.
Somos creados, elevados "hacia" la unidad.
Lo que en Dios es Uno (principio y fin, alfa y omega, sentido genético y sentido desbordante del ser) en la criatura es múltiple.

El ser del universo físico contiene naturalezas, principios de operaciones que tienden a cumplir el Orden del ser sencillo. Su "desbordamiento" o actividad es solamente movimiento físico.

Juan A. García llama sentido genético del ser a esa capacidad que tiene, de entrada, el ser primero o universo creado, naturaleza pura.

La persona creada, sin embargo, es dotada de una actividad superior, pura actividad, desbordamiento, que llamamos libertad. Polo la llama ser segundo.

La persona no es la actividad "sencilla" de lo ya determinado en la naturaleza por las condiciones iniciales del universo. La persona se destaca siempre de sus obras y no se reduce a ellas.

La persona es un ser que desborda su actuar. Su actividad es un renacer añadido libremente, que no se aquieta nunca. Podemos equipararla a la libertad trascendental.

La distinción entre naturaleza y libertad es pues primaria.
El ser se dice, de entrada, de muchas maneras. Entre otros tiene un sentido genético (naturaleza) y un sentido puramente activo (libertad).




Para saber más:
Etiqueta 3.1.0 sobre el ser del universo
Etiqueta 1.1.2 sobre la libertad
Etiqueta 5.5.4 sobre la libertad personal
Etiqueta 1.14.0 sobre la unidad

 .

¿Qué es lo primero, la naturaleza o la persona?


Tenemos la impresión de que naturaleza y libertad se contradistinguen. Veamos porqué:

La naturaleza es “principio” de operaciones.
La persona (en tanto que libre) es “dueña” de sus actos.

Entonces podríamos pensar: o la naturaleza es lo primero o la persona es lo primero.

La filosofía clásica salvó la articulación entre naturaleza y persona, proponiendo que cabe una naturaleza libre.
En efecto, el ser humano, la naturaleza humana, adquiriendo hábitos, puede actuar cuando quiere. Es progresivamente, creciendo, más libre.
Con hábitos, la naturaleza ya no es el principio radical de las acciones.
Cuando la naturaleza, al crecer con la adquisición de hábitos, es dueña de sus actos, entonces, el principio radical sería la persona que, al ser libre, puede disponer de su naturaleza, gracias a sus hábitos.

Sin embargo, alguno podría pensar (y así pensó la filosofía moderna), que la naturaleza condiciona nuestra libertad. Solamente las personas que dominan sus pasiones podrían ser libres.
No podemos ser todo lo libre que querríamos pues mi cuerpo me limita.

El pensamiento moderno vive trágicamente la esclavitud de la libertad.
Y consecuentemente, busca liberar la libertad.
Busca asentar un sujeto absolutamente autónomo, que sea principio de su propia realización, en lugar de que el principio sea su naturaleza.

Y lo que halla es otro “principio”.

La filosofía clásica dice que la naturaleza es “principio” de operaciones (principio que es más libre en la medida en que adquiere virtudes).

La filosofía moderna dirá que la persona es “principio” libre.
Aquí está la simetría de la que habla Polo.

La aspiración de la filosofía moderna es legítima. Pero el resultado es confundir a la persona con Dios, o con la Naturaleza.
Se ha trasladado la noción de “principio” desde la exterioridad de la naturaleza a la interioridad de la libertad.

Polo supera la aporía: la persona humana no es “primera” sino “segunda”.
Y ser segundo es más que ser primero. Es ser “además”.


Ideas sacadas del “compendio” de Antropología “el hombre como persona” de Juan A. García González.

¿Son filosofías primeras la metafísica y la antropología trascendental poliana?


Intentemos explicar estos dos asertos:
1. La metafísica estudia el ser como principio.
2. La antropología estudia el ser como libertad.

Dicho de otro modo:
1. El ser como principio es la naturaleza.
2. El ser como libertad es la persona.

La estrella de la filosofía clásica es el ente. El ser que existe y que se dice análogamente de diferentes formas (desde Dios a la ameba).
La filosofía clásica sabe articular naturaleza y libertad pues cabe la posibilidad de una “naturaleza libre”.
El ser humano puede actuar cuando le parece, cuando adquiere hábitos.
El hombre es así el animal racional.
El principio radical de sus acciones ya no es la naturaleza, sino la persona que dispone de su naturaleza mediante los hábitos.

La filosofía clásica es correcta y expone con claridad la dignidad de la persona humana.

Sin embargo, la solución no es suficiente.

La filosofía moderna tiene razón cuando no se satisface con una libertad condicionada por la naturaleza recibida.

La persona humana no vive solamente de su naturaleza, que la condicionaría y limitaría.
La persona humana “vive” en su comunión con Dios.
Comunión que crece al dar libremente lo pequeño y lo grande, lo poco y lo mucho.
Vivir no es solamente ser más. Vivir más es dar libremente más.

Metafísica y antropología poliana son filosofías primeras. Ambas estudian el ser. Lo que pasa es que la metafísica estudia el ser como principio y la antropología trascendental estudia el ser como libertad (donal).



Ideas sacadas del “compendio” de Antropología “el hombre como persona” de Juan A. García González.