La persona humana, ¿es relación subsistente?

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La persona humana es relación subsistente en el orden del Origen.

Se trata de una dependencia del Origen en el modo de relación insistente e intensiva hacia el Origen (insistencia subsistente en el orden del Origen). Réplica del Origen.

La persona es la relación subsistente en el orden del Origen, llamada a entrar en el orden del Amor.

La persona humana es relación subsistente sólo si se tiene en cuenta el Origen, si se tiene en cuenta su dependencia insistente a la Iniciativa divina.

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¿Se puede conocer la nada?

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Es problemático que la nada sea pensable, pues siempre pensamos "algo".
A lo más se puede pensar la nada como no-ente, pero nada no significa no-ente.

Sin embargo, podemos aproximarnos a la nada si explicitamos las cuatro causas del universo físico.

En efecto, cabe entender la tetracausalidad como análisis del ser extramental (del ser del universo físico) y entonces nos aparece como el "antes" que explica el "persistir" que es el ser extramental.

Si la tetracausalidad o esencia del universo físico es el "antes", la persistencia será el "después" temporal, que sigue siendo sin cesar.

Fíjense bien que, de este modo, la esencia extramental no se distingue por sí misma de la nada.
Sola, se quedaría en el "antes", en la nada. Sería nada.

Si se distingue de la nada es gracias a que la persistencia la admite como análisis suyo.

Solamente en este "juego", no objetivo, de nuestro conocer atisbamos lo que es la nada: el antes si no existiera el después.


Podemos decir entonces que la nada es un ente de razón (con un fundamento en la realidad: la posibilidad de que las formas naturales desaparezcan). Raúl Caballero apunta en este sentido: la física cuántica interpreta la nada como fluctuación cuántica del vacío, con infinidad de partículas virtuales naciendo y muriendo en instantes infinitesimales

Si la nada es nada, si no hay realidad, tampoco habrá verdad (desvelamiento de la realidad), y es imposible conocer la nada.

Ahora bien, existe un sentido "lógico" de la verdad, (pues cabe una segunda intención) que nos permite aproximarnos al conocimiento de la nada.

Podemos pensar la nada como "no-ser", por referencia lógica al ser.

La intención del no-ser no es una intención en directo, sino que es una segunda intención.

La nada no existe en la realidad.
Existe en el pensamiento del pensante.
La idea de nada no se pasea por el aire.

Podemos pensarla lógicamente como no-ente.

¿En qué realidad apoyarse para pensarla si siempre pensamos algo y la nada es nada?

Polo nos propone una pista a partir del conocimiento del universo físico: explicitando las cuatro causas tal como hemos explicado más arriba.


De esto habla Lluís Pifarré en su libro "Entender a Leonardo Polo", p. 64

En Antropología trascendental I, p.130, Leonardo Polo tiene un epígrafe titulado "La distinción de la criatura con el Creador. La noción de nada".

Para saber más sobre :
la verdad…………………..….etiqueta 5.2.1
la intencionalidad…….…..etiqueta 2.2.0
el acto de conocer………..etiqueta 2.0.1


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¿Cuál es la mayor distinción?

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La que existe entre Dios y la criatura.

Esta distinción es mayor que la que existe entre la criatura y la nada.

De esto habla Polo en Antropología trascendental I, p. 136.3
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¿Qué significa "otro"?

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"Otro" tiene un significado antropológico de gran calado.

Otro, en el lenguaje usual tiene varias significaciones: "diferente", "distinto" y "uno más".

« otro que X » : (diferente) (es una distinción lógica, no real);

« otra realidad que » : (realmente distinto);

« cierta multiplicación de lo uno »: (uno más o uno-otro). Decir distinción uno-otro significa que el otro es "uno más" pero sin tener en cuenta la "dependencia" que existe entre los que son otros, distintos entre sí. (Se trata también de una distinción lógica)

Todos estos significados ofrecen como denominador común alguna referencia comparativa.

En Antropología trascendental I, p.130, Polo caracteriza la noción de "diferencia" haciendo ver que es meramente lógica y, por tanto, no es trascendental.

No utilizaremos, pues, el término "diferencia" para designar "lo otro real", sino lo pensado diferentemente.

La diferencia es el modo propio de discernir entre objetos pensados.
La diferencia pura es lo pensado.

En lo pensado no hay ser.
Hay menos ser en lo pensado que en el cerebro de una mosca.

El "acto" de pensar sí es real. Pero "lo pensado" es irreal. Es diferencia pura.

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Al contrario, lo "otro" es el término que utilizaremos para designar la "distinción real", implicando la dependencia.


La distinción es trascendental. (La distinción pura es la Trinidad).
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¿Cuáles son los sentidos predicamentales de la causalidad?

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Los sentidos predicamentales de la causalidad son cuatro: el material, el formal, el final y el eficiente.

Son las llamadas causas predicamentales.

En Aristóteles lo trascendental es lo que está más allá de lo predicamental, o de lo categorial.

Lo categorial es el universo físico. Su trascendental es el ser como primero, como primer principio. Y también los otros dos primeros principios: la causalidad "trascendental" y el principio de Identidad.

Las cuatro causas, la tetracausalidad, es el "análisis" del primer principio real o ser del universo físico.

Las cuatro causas son distintas del primer principio, dependen realmente del primer principio. Son principios segundos.

El primer principio es la persistencia del ser.

En la etiqueta 1.5.0 Preguntas sobre la distinción se explica que ser distinto es depender.






Notas sacadas de la conferencia dictada el 25-XI-1994 en el salón de grados Mª Zambrano de la facultad de filosofía y letras de la Universidad de Málaga. (Miscelánea poliana nº 4, p.38.4). Citamos las páginas según la recopilación titulada "Antropología y trascendencia" publicada por I. Falgueras y Juan A. García

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¿Es Dios el Origen?

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Dios Es Originariamente Actividad Idéntica.

Esta expresión es reiterativa, pues, en sentido estricto, Dios, Ser, Origen, Actividad e Identidad, son términos equivalentes; o sea, desde esa consideración metafísica, Dios significa Acto de Ser Originario e Idéntico.

El carácter originario señala que Dios es al margen de cualquier predicación.

Dios es, con respecto al universo, el primer principio real de Identidad.
Dios es.



Así habla Salvador Piá en “El hombre como ser dual” p. 72.4

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¿Cómo se matiza el conocimiento del ser?

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El conocimiento del ser alcanza una admirable matización con el hábito de los primeros principios.
El estudio del inteligir humano queda inacabado si no se tiene en cuenta el carácter habitual de la inteligencia humana.
Y entre los hábitos mentales destaca el hábito de los primeros principios. Con él se accede a la vigencia entre sí de los primeros principios reales, sin confundirlos: el de identidad originaria, el de no contradicción y el de causalidad trascendental.



Ideas sacadas del libro de Polo "Epistemología, creación y divinidad". Capítulo 2, 5. Doble significado de la infinitud intelectual

Para saber más ir a las etiquetas:
1.9.2 hábitos (1) en general;
1.4.0  Los principios;

3.2.0 Hábito de los primeros principios
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Posibilidad

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posibilidad como futurible. Futurible es lo que nunca será real, es decir, aquello para lo que el futuro es indiferente.

posibilidad como potencia pura, llamada materia, que por ser constitutiva de las criaturas físicas, impide que  éstas sean necesarias.

posibilidad de las criaturas espirituales, es la libertad trascendental, la no desfuturización del futuro. Los seres espirituales, para seguir siendo requieren el futuro, al igual que la zarza ardiente que vio Moisés en el monte Horeb.
La libertad creada es un acto de ser incoativo todavía más intenso que el acto de ser del universo físico. A la libertad trascendental no le falta el futuro, no sólo para no dejar de ser, sino para su intrínseco crecimiento.
A esta "posibilidad" cabe asimilar la potencia "obediencial" por la que somos capaces de Dios.

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¿Qué es la posibilidad como futurible?

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Futurible es lo que nunca será real, es decir, aquello para lo que el futuro es indiferente.





Hablamos del futuro en la etiqueta 1.12.5

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Potencia

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El ser se dice de muchas maneras.
Una manera de decir el ser es decir: "acto".
Otra manera de decir el ser es decir: "potencia". De este modo indicamos que el acto no es acto puro, que al depender del Ser, siempre puede ser más, según la dependencia.
Los actos de todas las criaturas son acto-potenciales, no son puros, teniendo perfección siempre pueden ser más perfectos.

<Piá dirá que la causalidad trascendental muestra que un acto de ser creado no puede existir sin esencia, porque al “depender” del Origen, no es todo lo que puede ser, todo acto de ser creado se distingue realmente de su esencia. Este es el gran descubrimiento de Tomás de Aquino>


Polo es un gran maestro.
Sabe poner en relieve los grandes descubrimientos de la Filosofía, destacando sus novedades.

Un ejemplo es cómo, poco a poco, hizo estudiar a sus discípulos (Ricardo Yepes, Jesús de Garay…) los diversos sentidos del acto y de la potencia en Aristóteles.

Así consiguió mostrar que la esencia es "acto" y también es "potencia", pero con sentidos mucho más precisos de los que estamos acostumbrados.

La esencia es, desde los griegos, "acto", perfección.
En Aristóteles la ousía, que sería el equivalente de esencia, es un sentido del acto. Es entelechéia, forma.

De ahí que digamos: esta flor "es" un tulipán. El meollo o esencia de esta flor es ser tulipán. Acto estable, acabado.

(A ese sujeto, en cuanto que principio de operaciones, se le puede llamar naturaleza).

Noten ustedes que sin darnos cuenta hemos introducido en nuestro discurso una "suposición". Suponemos que la esencia es subsistente. La esencia pensada sí es perfecta, pero en la realidad no existen las esencias pensadas. Las criaturas son actos, sí, pero actos no acabados.

Aristóteles quedó prendido de la perfección de sus entelechéias  sin sacar todo el partido de su descubrimiento de juventud.

Polo llamó la atención sobre ese descubrimiento de Aristóteles (el par potencia-acto) que hizo al observar la distinción entre la mente dormida y la mente despierta. En cuanto dormida, la potencia indica imperfección, en cuanto despierta, el acto indica perfección.

Este sentido del acto, energéia, que no está detenido, que está despierto y abierto a ser más, quedó arrinconado por el prestigio de la "sustancia", de lo acabado, de la forma.

En tanto que los entes pueden "despertarse", perfeccionarse, son potencias "activas". La semilla puede devenir árbol.

Hay, sin embargo, ciertas potencias que son "pasivas", dependen de otras y pueden "recibir" perfecciones que no están contenidas en ellas a priori. Es más ventajoso para la inteligencia ser potencia pasiva, pues así puede conocer lo que por sí sola no podía conocer.

Y es así como las potencias pasivas adquirirán hábitos que no poseían de entrada.

En definitiva, la "potencia", siendo imperfección, es una cierta presencia del futuro en el ser.

Aunque un león sea magníficamente perfecto, nosotros, hijos de Dios, imperfectos, somos más ricos que el león. Nuestra imperfección es potencia obediencial abierta a la máxima amplitud. Aquí no hay leones que valgan.

Lo que no podremos nunca decir es que cigarro esté en potencia de ser ceniza, aunque haya la posibilidad de convertirse en ceniza. No debemos confundir potencia con posibilidad.


Tomás de Aquino, al descubrir la distinción real entre esencia y acto de ser ("acto de ser" es otro sentido del acto que Aristóteles no conoció) hace una investigación más atenta sobre la noción de potencia, clave de la filosofía aristotélica.

Y encuentra un sentido de la potencia que Aristóteles ignoró: la esencia como "potencia" del acto de ser.

La noción aristotélica de potencia era la dynamis. Y es válido ver el universo en movimiento. Potencias activas y pasivas que se van actualizando armoniosamente. Potencias de las diversas naturalezas, que se actualizan según el orden de la tetracausalidad. El universo de Aristóteles es así, en movimiento. Es lo que es: Acto puro y potencias que se actualizan, imperfecciones que se perfeccionan.

Pero el nuevo sentido de potencia, la esencia que sin el ser no es nada, introduce la novedad, vislumbrando una riqueza nueva de lo radical. No es una potencia como las potencias aristotélicas. Es una potencia que siempre dependerá de un Ser dador del ser.

No es que la esencia esté en potencia del acto de ser (eso es "posibilidad"), sino que la esencia como potencia es "potencia" gracias al acto de ser. No es que sea imperfección gracias al acto de ser, sino que el ser puede abrir horizontes no contenidos en las semillas (si el Creador se los da, directamente o a través de otros seres).

El universo ya no es "lo que es" sino que también es lo que será con novedades. (Los sentidos que los hombres queramos aportar). Hemos descubierto el amor, que es dar, en el Ser.

El tulipán ha podido provenir de cruces genéticos, y puede desplegarse según sus cromosomas, dependiendo de su "alma", pero lo más alto, lo radical y primero, es que el tulipán "es" dependiendo de su acto de ser, creado por Dios. Depende radicalmente del don de Dios.

La esencia, la sustancia del tulipán, depende radicalmente del acto de ser creado. Ya no es solamente lo que es porque las cosas son así, sino porque Dios quiere que sea así. Radicalmente hay una decisión libre del Ser supremo.

La esencia es pues acto, en tanto que sustancia (Aristóteles) y la esencia es potencia no sólo porque tiene potencialidades que se activan (eso lo dice también Aristóteles), sino porque, radicalmente, es potencia respecto del acto de ser (Tomás de Aquino). Depende del acto de ser, dependiendo del Ser.

Hay algo en la potencia que ya es, porque será, pues "depende" de Dios, ya sea desplegándose (esencia del universo físico como orden dado por Dios), ya sea aportando (libre esencia humana que acepta su destino).

Es un sentido de la potencia como "bien" del acto de ser, como lo otro que el ser, en orden a la realización del ser. Es "otro" don. Somos y seremos. 

Seré feliz (es esencial), si Dios quiere, y si yo quiero.

"Lo otro que el ser", u otra manera de decir ser, es decir: "potencia", que en la medida que es, la llamamos bien.

El bien es lo otro que el ser en orden a la realización del ser.

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¿Qué es el amor?

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Amor es comunión fructífera y sabrosa entre personas.

Dicho de otra manera, el amor es la comunión de personas que se afirman mutuamente.
Comunión asentada por la afirmación que uno hace del otro, del ser del otro.

Cuando dos personas se aman, se afirman mutuamente, al aportarse su "querer que el otro sea más". Estamos revelando que queremos añadirle nuestro "querer que sea más". Nos estamos "declarando".

Todos los actos de la voluntad, en cuanto que se diferencian de las operaciones cognoscitivas, tienen un carácter de autorevelación. La persona se compromete queriendo.
(No así las operaciones cognoscitivas, cuya intención es de "semejanza").

Así, cuando digo, me gusta el chocolate, revelo que "a mí" me gusta el chocolate.

Y no porque me guste como le pueda gustar la leche al gato, sino porque "la persona que soy" está constituyendo el acto de mi voluntad.
Los actos de la voluntad necesitan ser constituidos por la persona, que se manifiesta "aportando", desde su querer-yo.

El yo está en nuestras acciones, incluso cuando sencillamente escribo, pero la manifestación del yo en el escribir es una manifestación muy pequeña, casi ínfima.

Hay amores más altos, hay una jerarquía del amor.

Se debe llamar propiamente "amor" al analogado principal de esa automanifestación: al amor dirigido a un ser que cumpla la condición de grandeza e inagotabilidad.
Y que corresponda a ese amor.

Amor es, pues, la comunión fructífera y sabrosa entre personas.




Ideas inspiradas en la pregunta nº 1 de "ANALÍTICA DEL AMOR". Entrevista de Juan Cruz Cruz con Leonardo Polo, que pueden ustedes encontrar en el nº 33 de la revista Miscelánea poliana.

Para saber más vayan a las etiquetas de este blog:
18.1.1 analítica del amor;
1.2.2 amor ;
6.9.6 enamoramiento.



¿Existe una apertura más íntima que la apertura íntima?

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Sí.
Existe una apertura más íntima que la apertura íntima. Más íntima que mi intimidad.
La apertura íntima (formada por las dualidades de los cuatro radicales personales), se dualiza con otra apertura todavía más íntima.
Piá la denomina apertura transcendente por abrir el ser humano más allá de su propia intimidad.

La apertura transcendente es más íntima a la persona que su propia intimidad. Es una apertura que transciende la intimidad humana profundizando en ella.

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¿A qué llamamos apertura transcendente?

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Llamamos apertura transcendente al fruto de la llamada inicial de Dios.
La llamada inicial de Dios se puede describir según los cuatro radicales personales:
gracia inicial (según la co-existencia).
esperanza (según la libertad)
fe (según el entender personal)
caridad (según el amor donal).

Me explico:
Dios, al crearnos libres, nos llama.
La llamada inicial recae sobre los cuatro radicales personales.

Y la persona se abre en su interior, al nacer, según las cuatro aperturas que llamamos transcendentales y que son el fruto sabroso de la llamada inicial.
No son la gracia santificante ni las virtudes teologales de la teología. Son aperturas transcendentales que todos tenemos y que, me parece, ayudarán a los teólogos en su comprensión del organismo sobrenatural.



Las virtudes infusas teologales las estudiaremos en la etiqueta 12.8.0 y también en la etiqueta 5.16.2, en tanto que "nueva" creación.

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¿A qué llamamos auto-transcendimiento?

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Pienso que hay que atribuir a Ignacio Falgueras la expresión auto-transcendimiento. Aunque él la llama autotrascendimiento.
Que no es otra cosa que ir más allá de su intimidad, para darse.
No crean ustedes que se trata de un ejercicio gimnástico solitario.
Falgueras, estudioso de Agustín de Hipona recoge el transcende et te ipsum, y acuña la expresión auto-trascendimiento.
El hombre, al carecer de réplica personal en su intimidad reclama ser auto-transcendido, ir más allá de su intimidad. Buscar a Aquél que puede recibir su don.
La justificación última del hombre sólo se encuentra más allá de él.
Por eso Falgueras dirá que la intimidad humana está orientada de suyo hacia el auto-transcendimiento. Hacia el darse.
Sin la apertura transcendente la persona humana quedaría para siempre encerrada en sí misma.
Lo peor que le puede pasar al hombre es el aislamiento completo.

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¿Qué implica el hecho de que la intimidad humana esté orientada de suyo hacia el auto-transcendimiento?

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La orientación hacia la transcendencia divina implica la elevación de los 4 radicales.
Dios es un tema que se busca.
La co-existencia orienta la transparencia intelectual y la estructura donal hacia la búsqueda.

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¿Cuántas dimensiones tiene la apertura transcendente?

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La apertura transcendente tiene cuatro dimensiones:
1. la gracia personal inicial originaria, humildad o abajamiento primero;
2. la esperanza, amanecer o alianza primera;
3. la fe, alumbramiento o luz primera;
4. la caridad o arrullo.

El primer abajamiento o humildad trascendental, equivale a la verdad del co-existir personal. La humildad es la verdad.
El amanecer de la persona equivale al destinarse de la libertad.
El alumbramiento equivale a la búsqueda intelectual del destino personal.
El primer arrullo equivale a la búsqueda amorosa del encuentro con Dios.
Aunque utilicemos el mismo nombre, no deben confundirse la humildad, la esperanza, la fe y la caridad de las que aquí hablamos (aperturas transcendentales),  con las virtudes a nivel esencial, y tampoco con las virtudes sobrenaturales de las que habla la teología.
Asimismo no se ha de confundir la originaria gracia personal inicial (el primer abajamiento) con la gracia santificante de la teología.
Para mejor entendernos hablaremos de virtudes teologales (fe esperanza, caridad, gracia santificante) y aperturas "iniciales" (humildad o gracia inicial, fe, esperanza y caridad iniciales).





Las virtudes infusas teologales las estudiaremos en la etiqueta 12.8.0 y también en la etiqueta 5.16.2, en tanto que "nueva" creación.
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¿Qué apertura transcendental recibe el nombre de humildad?

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Pienso que, en el orden trascendental,  la humildad equivale a la apertura transcendental del radical "además" (co-ser personal).
Es la gracia inicial de la persona humana.
Dios abre íntimamente "hacia" Él, a cada persona, al crearla.
Estudiamos la llamada inicial de Dios, o gracia originaria, en la etiqueta 5.15.0. La hemos llamado también segunda creación (es la creación de la persona, segunda respecto a la creación del universo material).
Su fruto en el radical "además", o co-ser, es precisamente la "humildad" transcendental.
Me gusta llamarla "abajamiento"




En la etiqueta 5.13.1 estudiamos las aperturas transcendentales en general.
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¿Cuáles son las aperturas trascendentales del ser personal humano, que no debemos confundir con las tra¬nscendentales?

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El ser de la persona humana se abre en una pluralidad de aperturas, que se denominan aperturas trascendentales o radicales.

Al estudiar estas aperturas notaremos la "complejidad personal humana" pues cada radical íntimo personal utiliza, a su manera, la misma puerta, la misma apertura, para dualizarse.

Por ejemplo, la apertura hacia fuera, para dualizarse con el universo y con las otras criaturas, es transitada por los cuatro radicales íntimos (el además, la libertad, el entender y el amar).

Las aperturas trascendentales son :

La apertura inherente de la persona a su esencia. La persona humana es creada capaz de darse al aceptar su esencia.

La apertura hacia fuera.

La apertura íntima trascendental.

La apertura transcendente o co-existencia-en Dios.


El destino humano o encuentro futuro y pleno con Dios.

¿La persona humana "es" relación o "está" en relación?

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La persona humana "está" en relación con Dios, con las demás personas, con el mundo, en cuanto que esencialmente se manifiesta.

Y la persona humana "es" relación en cuanto que es hija, trascendentalmente, de Dios.

"Ser" relación es ser relación "subsistente". Se trata de una relación trascendental o existencial.

Al decir "estar" en relación, nos referimos a las relaciones categoriales.

Trascendentalmene, sin embargo, la sindéresis, el hábito de  los primeros principios y el de sabiduría (que son hábitos superiores) abren la persona, respectivamente,  a relacionarse radicalmente (y no sólo categorialmente) con su obrar, con el universo y con su intimidad, también divina.

Se trata de relaciones existenciales, no categoriales, que tornan a la persona en coexistente.

La persona humana, gracias a esos hábitos superiores es coexistente, co-ser, trascendentalmente.

Ahora debemos añadir que esas relaciones no subsistirían sin la dependencia de Dios.

De ahí que digamos que la persona humana es relación subistente en el orden del Origen.

Si no fuéramos hacia Dios, perderíamos el carácter de además, como el demonio. (Ver el libro sobre el pecado del profesor Sellés).

La persona huérfana de Dios está como borracha. La vida deviene esencia o manifestación interminable de la soledad.


Ser además, es más que mera relación. Coexistir, como dice el profesor Juan A. García, es más que relacionarse. Es relación subsistente en el orden del Origen.
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¿Una Persona divina es Relación?

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Sí.
Una Persona divina es Relación subsistente en el orden del Amor.

Pero no caigamos en el error de considerar las relaciones divinas, al decir "subsistentes", como individuos. Lo que subsiste es la persona en tanto que co-ser.
La naturaleza divina, o la índole divina, el dar puro, es trina por dentro. Identidad trinitaria o comunión de Personas. De ahí la triple Novedad, les tres personas subsisten en el Amor.

Dios es, de entrada, Origen del dar, el dar como Don y Aceptación originaria.


El profesor Sellés dice, hablando de la Trinidad, que no está bien hablar de relaciones en la Trinidad, y menos de relaciones de oposición, porque relación supone que hay subsistentes separados que se relacionan.
Pienso que sí se puede hablar de relaciones si se las considera en el orden del Amor, en comunión de personas. Lo que subsiste es la Trinidad y no cada Persona aislada, cosa imposible.

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¿Es el Universo físico relación subsistente?

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No.
El Universo material no es relación subsistente.

El Universo es "persistencia" subsistente en el orden del Origen. Depende del Origen en el modo sencillo de la persistencia.


El Universo entrará en el orden del Amor en la medida en que las personas queramos.
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¿De qué modo podemos hablar de relaciones trascendentales?

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Tres son las dimensiones del hábito: la tenencia, la disposición y la relación.

La tenencia es clara en los hábitos categoriales: me pongo un sombrero.

La disposición es clara en los hábitos adquiridos por las potencias espirituales: sé nadar o ser oportuno.

La relación se muestra especialmente en los hábitos superiores.

En efecto, la sindéresis, el hábito de los primeros principios y el de sabiduría (que son hábitos superiores) abren la persona, respectivamente,  a relacionarse con su obrar, con el universo y con su intimidad, también divina.

Se trata de relaciones existenciales, no categoriales, que tornan a la persona en coexistente.

No son relaciones subsistentes (eso se queda para las personas divinas), pero tampoco son relaciones accidentales, ya que están en el orden del ser. Las llamaré (aunque algunos no lo aprecien) relaciones trascendentales.

A todos los niveles el hábito aparece como continuación del ser: sombrero, simpatía, filiación divina.

Y eso es así porque su ser es inacabable, siempre además.

Sin embargo, la persona humana es también relación subsistente, si se tiene en cuenta el Origen.
La persona humana por su filiación divina es relación subsistente en el orden del Origen.

La apertura del hombre hacia Dios se realiza así en cuatro relaciones que se convierten entre sí: la gracia, la esperanza, la fe y la caridad (que también son hábitos superiores) son distintos modos de abrirse la persona a su Creador.


No olvidemos que cuando aquí hablamos de gracia, esperanza, fe y caridad, no nos referimos a las virtudes teologales, sino a las aperturas transcendentales.
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¿Por qué dice Polo que el hombre se distingue más de Dios que de la nada?

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Distinguirse más de Dios que de la nada significa que, sin depender de Dios, somos nada.
Estamos más cerca de la nada que de Dios.

La subsistencia es imposible sin Dios.


La dependencia nunca se acaba, si se acabara volveríamos a la nada.

¿Es real la relación de la creatura con Dios?

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Sí. La relación de la creatura con Dios es real.
Los "actos de ser" creados son reales.

Sin  embargo, en Dios, son relaciones de razón.

No se asusten.
Noten que nuestros objetos pensados son irreales. Y bien que jugamos con ellos.

Los actos de ser en Dios se parecen a las ideas en nuestra mente.

Añadiéndonos, no añadimos nada a Dios, pero bien que nos ama.






Para saber más sobre la creación ver etiqueta 1.6.0
Para saber más sobre la relación ver etiqueta 1.5.2

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¿Qué tipo de relación existe entre la inteligencia y la realidad?

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No es una relación simétrica: la inteligencia no conoce la realidad de modo semejante (como una fotografía) a como la realidad se realiza.

No es tampoco una relación trascendental, pues al conocer no conocemos exhaustivamente la realidad.

Es una relación intencional de semejanza. Al conocer poseemos intencionalmente la realidad.

La voluntad, sin embargo, es relación trascendental con el bien. Es intención de otro, tal como será. Es intención de alteridad.








De esto habla Lluis Pifarré en su libro "Entender a Leonardo Polo", p. 63.2
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¿Cómo explicar que la relación de la creatura con el creador es real en la criatura y de razón en Dios?

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Rondaba en mí el deseo de explicar un viejo problema: cómo las criaturas tienen una relación real con Dios, cuando en Dios, la relación es de razón, ya que no añadimos nada a Dios.

Un buen amigo, quizá el mejor, me envió hace poco una anécdota luminosa. Él es, entre otras cosas, novelista de narrativa peculiar.

Entonces razoné: nuestros personajes de ficción son eso, ficciones. ¿Y si fueran reales?

No parece aventurado pensar que somos pensamientos de Dios. Y que del mismo modo que, íntimamente, viven en el escritor sus personajes, de alguna manera somos hijos de Dios.

Los objetos de nuestro pensamiento son irreales, su ser es sólo intención de semejanza, se limitan a remitir a la realidad.


¿Y si en Dios, la relación irreal que somos, remitiera a nuestra realidad?
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¿Qué nos muestra de Dios el autotrascendimiento humano?

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Autotrascenderse es una forma de dar. La más alta.

No es un aniquilarse, ni tampoco simplemente cambiar a mejor.

Cuando hablamos de autotrascendimiento, queremos decir actividad más alta de dar: darse.

Lo trascendental en sentido estricto es el Dar supremo, Dios.

Pues bien, en congruencia con el autotrascendimiento humano, podemos entrever el carácter donal de la actividad divina, del ser de Dios.

Las relaciones personales intratrinitarias son relaciones donales.

La Sagrada Escritura expresa en términos de dar la relación entre el Padre y el Hijo (por ejemplo, Jn 5, 36); e igualmente el Padre da el Espíritu (Lc 11, 13) a petición de Cristo (Jn 14, 14), y lo da sin medida (Jn 3, 34).

Este "sin medida" significa "sin reservas".
Sólo Dios puede dar así.

Luego el autotrascendimiento humano nos muestra, si lo llevamos al extremo, cómo será el Dar supremo que es Dios.








Sacado del artículo "Aclaraciones sobre y desde el dar, de Falgueras, en Miscelánea poliana nº 9. p.61.2 . Citamos las páginas según la recopilación titulada "Antropología y trascendencia" publicada por I. Falgueras y Juan A. García.

Para saber más ver las etiquetas :
1.0.1  Dios
1.0.2  dar trascendental
1.5.2  relación (en construcción)
5.2.0     trascendentales

12.1.0  Trinidad(en construcción)
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