¿Cómo son elevados los cuatro trascendentales personales descubiertos por Polo?

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1. El co-ser es el subir incesante hacia Dios (de ahí la dignidad de cada persona humana). Gracias a su elevación el acto de ser personal (co-ser) es “actuoso”, “además”, se añade, encontrando cada vez más compañía.
 
2. La libertad es el juego. El trascendental “libertad personal” es elevado jugando. Cuanto más alta está la persona, mejor juega. La libertad trascendental es el juego del amor, que engendra, en la belleza, nuevos juegos.
 
3. El entender personal crece al crecer transparentemente sus contenidos, al abrirse el panorama en la medida en que toma altura, elevado por Dios.
 
4. El amar personal es elevado en la medida en que Dios acepta su don, al destinarse libremente a Dios.


¿Esperan los cuatros trascendentales personales la aceptación de Dios?

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La dimensión del crecimiento, a nivel esencial  (es decir, la disposición esencial del hombre, nuestra vida donada) se distingue de la dimensión del crecimiento, a nivel del acto de ser personal (la iniciativa divina que cuenta con nuestro don).
 
Para entenderlo, fijémonos en el cuarto trascendental, el amar personal. (Lo mismo ocurre en los otros tres trascendentales personales, pero en el amar se ve más clara la necesidad del don esencial).
Porque el cuarto trascendental, el más alto, es una tríada amorosa: aceptar-dar-don. (Dios que acepta, la persona que da y el don de su vida).
 
Damos nuestra vida esencial, que debe ser aceptada por Dios (eso es el Juicio). Si Dios la acepta, el don deviene trascendental (o si prefieren ustedes : Don-don).
 
Los cuatro trascendentales, para ser cabales, esperan la aceptación de Dios.


¿Cuál es la cima del entendimiento humano natural?

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La cima del entendimiento humano natural es la búsqueda intelectual de la Réplica.
 
Recuerden que distinguimos entre fe intelectual (etiqueta 5.13.3) y fe sobrenatural (etiqueta 12.8.1).
 
El entender personal en tanto que trascendental, se abre al Transcendente por la fe intelectual.
Su cima está en la búsqueda de su Réplica en Dios, que siempre será además.
 
De ahí que siempre será búsqueda. La persona humana nunca dejará de crecer.

 

Ideas inspiradas en la tesis de AdamSolomiewicz que les invito a leer : https://dadun.unav.edu/bitstream/10171/59347/1/02_solomiewicz_29_web.pdf

Concretamente en sus Conclusiones: p.72


¿Cómo se constituye el Don-don?

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Los cuatro trascendentales del ser personal humano son cuatro sentidos del ser personal:
1. Sentido co-existencial (co-ser).
2. Sentido unitivo (libertad).
3. Sentido metódico (entender).
4. Sentido temático (amar).
 
Los cuatro sentidos vienen de Dios (nacer) y van hacia Dios (destinar.se).
 
Es la dualidad radical nacer-destinándo.se
 
Pero claro, la persona debe constituir su don, el “.se”  del destinar.se.
 
Por eso cada trascendental personal se extiende como esencia.
 
El co-ser manifestando el don al co-existir.
La libertad disponiendo libremente del don.
El entender iluminando el don.
El amar otorgando el don.
 
Y cada trascendental personal devuelve a Dios su Don enriquecido por el nuevo don constituido, esperando que Dios lo acepte como Don-don (lo que Adam llama “sobrenatural”).
 
 Pueden ustedes estudiar la propuesta de Adam Solomiewicz en este enlace
https://dadun.unav.edu/bitstream/10171/59347/1/02_solomiewicz_29_web.pdf


¿Qué dos sentidos conforman la dualidad radical de la persona humana?


Los sentidos “nativo” y “destinativo” impregnan todos los niveles de la persona humana. 

Esto muestra que estos dos sentidos conforman la dualidad radical. Venimos de Dios y vamos a Dios.

Pueden ustedes acceder a la propuesta de Adam en este enlace :
https://dadun.unav.edu/bitstream/10171/59347/1/02_solomiewicz_29_web.pdf

¿Cuál es la dualidad radical de la persona humana?

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Adam Solomiewicz defendió en 2019 su tesis doctoral "La dualidad radical de la persona humana"
Un intento de proseguir la antropología trascendental de Leonardo Polo.

Allí nos dice que la dualidad radical de la persona humana es nacer - destinarse.

Me permito pensarla como nacer-destinándo.se.

‘El miembro nativo de la dualidad radical humana, dice Adam, es el nacer trascendental y el miembro destinativo de dicha dualidad es el destinarse trascendental’.

‘Nacer trascendental’ significa la relación humana nativa en Dios –su Origen personal– que se extiende a las dimensiones humanas inferiores personalizándolas o empapándolas con el valor trascendental.

‘Destinarse trascendental’ es sobrepasar lo nativo: es autotrascenderse como apertura a Dios, su Destinatario personal.
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La voluntad circular

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Estoy de acuerdo en que la voluntad es curva.
Pues con su intención de alteridad no busca solamente dar a otro sino que se vuelve hacia Dios para dar más.
 
Entonces, considerando las dos dualidades circulares propuestas por Adam, me inclino a pensar que su curvatura es circular.
Gracias a las relaciones interpersonales se constituye el don.
 
Y el amar enriquecido puede otorgarse hacia arriba a Dios, esperando aceptación.
Y Dios siempre acepta.
 
Cada año que comienza es mejor que el anterior.
Crecemos en Amor.
Gracias también a la voluntad.
Circular.


¿A qué podemos llamar « obediencia trascendental » ?

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Me atrevo a decir que existe una ley divina que podemos llar obediencia trascendental.
Consiste en que el Don del Aceptar divino se convierte en Dar.
 
El co-ser personal humano también.
 
Cuando acepta el Don que es, se convierte en dar.
Busca su don esencial, para darlo.
 
Y el para “darlo a Dios” es la obediencia transcendental que llamamos humildad.
 
El problema vendrá de la libertad en su extensión esencial.
Libremente buscamos el don que debería ser para Dios.
Digo “debería” porque transcendentalmente, al ser libres, las personas somos capaces de desobedecer.
Esta maldita capacidad es lo que llamamos caída trascendental. Es nuestra comunión original con el demonio.
 
María fue preservada de esta caída por su comunión con la Verdad.
Por eso es humilde.
Su aceptar el Don se hace Carne.


¿Cómo se completa la tríada amorosa del amar personal humano?

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En el amar personal, la tríada amorosa de la persona humana (aceptar, dar y don) es también, de entrada, incompleta, pues el acto de ser humano (la persona humana en cuanto “amar personal”) no posee íntimamente su don: su aceptar y su dar carecen del don aceptable por Dios.
La persona es Don de Dios.
Su co-ser es Don de Dios.
Pero carece del don esencial que debe ofrecer a Dios.
 
Como en todo lo humano, las cosas no son sencillas, la persona humana es siempre dual.
El Don que es debe completarse con el Don-don(esencial).
 
Viene bien aquí recordar la propuesta de Solomiewicz sobre la doble estructura del amar personal humano.
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Llamaremos crecimiento de la dimensión esencial de la persona humana a la adquisición y donación temporal del don (al abrir los ojos en el ascensor acristalado). Ese don es nuestra vida en este mundo que debemos ofrecer a Dios.
 
Y crecimiento del acto de ser personal a la subida del ascensor, sólo desde Dios.
Insistimos, “sólo” no significa soledad, sino pureza: dos actos hacia la Unidad.
Nuestro aceptar trascendental es un acto que se une al Dar de Dios, al aceptar trascendentalmente nuestro acto de ser (que es el Don de Dios).
 
Pero atención, nuestro aceptar trascendental exige que esencialmente ofrezcamos nuestra vida esencial a Dios y que ésta sea aceptada por Dios. Don-don.
 
Dos actos divino-humanos. Se unen el cielo y la tierra. Subimos hacia Dios, desde Dios.
 
El crecimiento personal es, pues, un elevarse hacia la Unidad de Dios Trino.
 
El don es doble. La persona humana aporta también, libremente, su vida esencial.
 
El don que completa la tríada amorosa es, “manifestativamente”, la esencia humana, que crece libremente en esta vida  a medida que esencializamos nuestro mundo y las relaciones con los demás. En esta vida aprendemos a amar, otorgando dones.
 
Hemos dicho “manifestativamente”, porque en la vida eterna, cuando Dios acepta nuestro don esencial, deviene trascendental, y el don de la persona humana forma ya parte, “trascendentalmente” de su Réplica de Dios.
 
Es así como se completa la tríada amorosa del amar personal humano.
 
Gracias al mito del ascensor acristalado podemos entender el crecimiento de la persona humana. Se trata de una Página del Blog a la que se accede desde este enlace : https://preguntaspolianas.blogspot.com/p/el-mito-del-ascensor-acristalado.html


¿Qué es la filosofía del don personal?

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La filosofía del "don personal" no estudia solamente el crecimiento esencial. (La vida esencial como don). Es más amplia y radical pues tiene en cuenta, principalmente, la iniciativa divina de glorificar a la persona, si ella quiere, si ella acepta.
 
Es la filosofía del Amor donal o de la persona como don.
 
Es su misión desarrollar el método poliano hasta alcanzar la elevación última del hombre, su glorificación o encuentro definitivo en Dios.
 
Es una filosofía que goza con la descripción de los "juegos" teándricos, tal como Ricardo Yepes intuyó en su descripción del Cielo y Vargas expone (por ejemplo, en su libro “Ser y don”).
 
Esto no quita el que contenga implicaciones sabrosas para nuestro currelar cotidiano (esencial), pues la libertad trascendental se asoma en nuestras vidas a través de la contemplación.
 
Adam Solomiewicz ha hecho propuestas innovantes en la comprensión del don.
 
A mí me gusta hablar de la filosofía del Don-don.
 
Gracias al mito del ascensor acristalado podemos entender el crecimiento de la persona humana. Se trata de una Página del Blog a la que se accede desde este enlace : https://preguntaspolianas.blogspot.com/p/el-mito-del-ascensor-acristalado.html


¿Puede la persona humana detener el crecimiento “sólo desde Dios?

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El hombre puede detener el crecimiento, en su tiempo manifestativo, si se opone voluntariamente al juego.
 
Mientras que no se oponga, crece, es elevado, aunque no se dé cuenta (un día lo sabrá), porque es un crecimiento "sólo desde Dios". Sólo en Dios. Ejemplo: el crecimiento del embrión humano en el seno de su madre.
Incluso si se opone (pecado), Dios sigue elevándolo, y cuando deje de oponerse, y se convierta, descubrirá que mientras que perdía el tiempo en obscenidades, Dios lo quería más, esperándole. Las páginas tristes de nuestra vida no hacen más que crecer el Amor de Dios por nosotros.
 
Otra cosa sería, cual demonio, oponerse eternamente. Su elevación quedaría inédita para siempre.
 
Gracias al mito del ascensor acristalado podemos entender el crecimiento de la persona humana. Se trata de una Página del Blog a la que se accede desde este enlace : https://preguntaspolianas.blogspot.com/p/el-mito-del-ascensor-acristalado.html


¿Qué es la santificación?

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Podemos hablar de otra dimensión de la elevación divina (creación, llamada, insistencia…, santificación).
 
Para entenderla nos servirá volver al mito del ascensor acristalado: podemos imaginar, en el interior del ascensor, una pantalla en color, donde se pueden ver, por anticipado,  los misteriosos juegos eternos.
 
Esa pantalla (cual un VAR) nos hace gozar así de una elevación sobrenatural que los teólogos suelen llamar "gracia santificante", anticipación de la vida eterna. (Tras la caída, la llamamos “nueva creación”).
 
Gracias a esa visión sobrenatural en la pantalla, entendemos cada vez mejor, el panorama observado en el camino de la vida (durante la elevación del ascensor).
 
Gracias al mito del ascensor acristalado podemos entender el crecimiento de la persona humana. Se trata de una Página del Blog a la que se accede desde este enlace : https://preguntaspolianas.blogspot.com/p/el-mito-del-ascensor-acristalado.html


¿Qué es la glorificación?

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La glorificación es el encuentro definitivo con Dios, en el que conoceremos cómo Dios nos conoce: como hijos que serán siempre "además", jugando y cantando eternamente.

 

Gracias al mito del ascensor acristalado podemos entender el crecimiento de la persona humana. Se trata de una Página del Blog a la que se accede desde este enlace : https://preguntaspolianas.blogspot.com/p/el-mito-del-ascensor-acristalado.html


¿Qué es la caída trascendental?

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"Trascendentalmente" hubo una caída (que se corresponde con lo que la teología llama pecado original). No es otra cosa que la comunión con el maligno, con el don "nadie". Es la caída trascendental.

 

Gracias al mito del ascensor acristalado podemos entender el crecimiento de la persona humana. Se trata de una Página del Blog a la que se accede desde este enlace : https://preguntaspolianas.blogspot.com/p/el-mito-del-ascensor-acristalado.html


¿Qué es la índole triádica de una actividad amorosa?



Cuando tenemos una jerarquía de actos donantes y aceptantes, esos actos no están enlazados como una cadena de dualidades, sino, más bien, triangulando. 

Es cadena a tres. 

 El don aceptado en una estructura donal superior es dar en la estructura donal de nivel inferior. 

Así se explica que el aceptar personal humano de la estructura donal primera (al aceptar el Don o donatio essendi, que Dios Da), ese Don se convierta en dar personal humano en la estructura donal segunda. 

La tríada amorosa es así Dios, aceptar, dar. 

Y lo que la persona humana da es su vida, su don esencial. 


 Pueden ustedes estudiar la propuesta de Adam Solomiewicz en este enlace: https://dadun.unav.edu/bitstream/10171/59347/1/02_solomiewicz_29_web.pdf

¿Qué es el ver y el mirar en el crecimiento personal?

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Al decir “ver”, pensamos en el miembro inferior de la sindéresis poliana: ver-yo.
Pero aquí se trata del “ver” sin yo.
Ese “ver” sin yo, es la dimensión personal del crecimiento.
Porque el crecimiento de la persona humana tiene dos dimensiones: el “ver” y el “mirar” (el mirar es el yo).
 
Gracias a la elevación constante e irrestricta, que eso es el crecimiento personal, podemos ver el mundo y la humanidad cada vez mejor, desde más altura, y ese poder “ver” es la dimensión sólo desde Dios, del crecimiento de la persona humana.
Pero, atención, “veremos”, si miramos. Y “veremos” según el modo como libremente miremos.
 
Porque también podemos cerrar los ojos, o desviar la mirada, o caer en las alucinaciones, o, desgraciadamente, malograr el ascensor.
El crecimiento personal debe ser servido por el crecimiento esencial. Los ojos deben abrirse y estar sanos.
Si el yo no dispone, si no otorga desde sus adentros, no habrá don de la persona, no habrá amor donal y la persona quedará inédita (aunque trascendentalmente siga creciendo).
De ahí que podamos decir que si no queremos, no crecemos.
 (El "querer" es manifestación, a nivel esencial, del otorgamiento trascendental, servido por el esencial).
Aunque Dios nos dé incesantemente el Don, elevándonos trascendentalmente (llamándonos, pues somos libres), no crecemos, faltos de "mi" respuesta (del don de mi vida que yo debo otorgar).
El Don queda frustrado, hasta que rectifiquemos.
 
Gracias al mito del ascensor acristalado podemos entender el crecimiento de la persona humana. Se trata de una Página del Blog a la que se accede desde este enlace : https://preguntaspolianas.blogspot.com/p/el-mito-del-ascensor-acristalado.html


¿Por qué el ser personal humano es capaz de dar-se?

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La antropología del don podría resumirse con la expresión de Vargas: “El ser personal humano es capaz de dar-se porque es don que puede aceptar-se”.
 
Dicha expresión debe completarse, pues así, sin más, se está diciendo que el aceptar trascendental humano se convierte con el dar trascendental humano al referirse a un mismo don (el –se del aceptarse-se y el –se del dar-se).
Este don sería también trascendental.
Este don sería la donatio essendi.
Este don sería don de Dios y la persona lo acepta y lo da trascendentalmente.
 
Pero entonces ¿cuál sería el papel de la libertad si es Dios quien nos da todo lo que somos?
Pienso que Dios nos ha creado libres para que constituyamos libremente nuestro don.
 
Luego en el dar-se se da el don esencial.
Y en el aceptar-se se acepta el don trascendental.
 
Claro está que podernos darnos porque podemos aceptarnos, pues lo que aceptamos es nuestra capacidad de dar.
 
Dios nos da el ser. Y nos da un ser, capaz de dar.
Y nuestro don no está ya dado, debemos constituirlo.
Por eso decimos que el don personal humano es “esencial”.
 
Insisto, el ser personal humano es capaz de dar-se, porque Dios le ha dado la capacidad de dar. Pero lo que da no es su ser, sino el don que la persona constituye, el don esencial de su vida.
 
Por lo tanto: la antropología del don podría resumirse con la expresión de Vargas completándola: “El ser personal humano es capaz de dar-se (de dar su don esencial)  porque es don recibido de Dios que puede aceptar-se”.
Se acepta, dándose.
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Me explicaré de otra manera:
El ser personal es Don de Dios, que la persona humana debe aceptar.
Y gracias a la transparencia del amar personal (aceptar = dar), el Don recibido de Dios deviene Don-don.
Pero el -don es su esencia.
 

Don de Dios es el ser personal

-don de la persona es su vida, el crecimiento de su esencia.
 
Esto se entiende si tenemos en cuenta que el ser personal humano (Don de Dios), es capaz de dar-se (el –se que se da es la vida. La persona humana da su vida, lo que da es su esencia, su don).
 
Dios da el Don teniendo en cuenta el don.
Es un Don-don.
Hay cierta antecedencia del don, de la esencia, que indica la presencia de la libertad.
 
El don esencial deviene divino al ser aceptado por Dios.
Y entonces tenemos un Don-don.
 
Alargo, pues, la frase de Vargas, diciendo:
“El ser personal humano es capaz de dar-se porque es Don de Dios-y don humano,  que puede aceptar-se y dar-se”.
 

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Quizá las cosas se aclaran recordando los tres niveles del legítimo amor a sí mismo propuestos por Adam Solomiewiz:
 
a) El aceptar transcendental humano: amo a Dios y a quien soy en Dios. Es un aceptar la donatio essendi, el Don de Dios que soy. Entonces soy capaz de dar-me en el sentido de que acepto mi vocación.
 
b) El aceptar que soy hijo de Dios. Es el amor derivado del hábito de sabiduría. El amor sapiencial. Amo mi filiación. Soy capaz de dar-me en el sentido de que acepto ser hijo.
 
c) El aceptar mi yo. Es el amor derivado de la sindéresis. Amo mi yo, Doy mi vida, mi esencia. Soy capaz de dar-me en el sentido de que doy mi esencia, mi yo, mi vida.

 

 

 

 

Gracias al mito del ascensor acristalado podemos entender el crecimiento de la persona humana. Se trata de una Página del Blog a la que se accede desde este enlace : https://preguntaspolianas.blogspot.com/p/el-mito-del-ascensor-acristalado.html


¿Cuál es el verdadero sentido de la libertad?

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La obediencia.
Añadirse libremente.
Ser además.
 
La palabra clave de la antropología no es la "libertad", sino además.
 
Benedicto XVI la denomina obediencia.


¿Qué es la potencia obediencial en el ascensor acristalado?

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La potencia obediencial de nuestro ser es el estar abiertos a aceptar más donación (potencia obediencial activa), que no es otra cosa que el estar vivo en el ascensor.
Es el Don de Dios que tiene en cuenta la respuesta humana y esa respuesta, libre, se manifiesta como "disposición", esencialización. Es el Don-don.
 
No “estar dispuesto”, sino “disponer”.
Si el yo no otorga, no habrá entrega. Habrá Don de Dios, pero no habrá Don donado por la persona, sino frustrado.
 
La pura actividad libre y donal que atribuimos al crecimiento "personal" puede ser así asimilada a la respuesta a la vocación, la respuesta al destino, dicho de otro modo, el destinarse.
 
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¿Cómo destinarse a nuestro destino?

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¿Cómo destinarse a nuestro destino? No rechazándolo. Y otorgando nuestro don.
 
Obedeciendo. Acogiéndolo. Y dándolo.
 
No ciegamente. Obediencia inteligente, activa.
 
Ese no rechazo y esa obediencia se manifiesta como respuesta del yo (ápice de la esencia humana). Es el "yo" el signo eficaz de la constitución del don, (Don-don), desde su adentro, disponiendo al querer, (supuesta, claro está, la Aceptación divina que conoceremos en nuestro Juicio particular).
Gracias al otorgamiento manifestado en el adorar-yo, se completa  el don que faltaba a la tríada amorosa, del que carecía el Amar personal que somos.
 
No olvidemos que, tal como Adam Solomiewicz propuso, el amar personal humano tiene dos estructuras donales.
La estructura primaria es el Dar divino y aceptar humano.
La estructura donal segunda es el dar humano y Aceptar divino.
Estas dos estructuras se convierten gracias a sus dones.
El Don divino (destino al fin y al cabo), no se constituye sin el don esencial humano.
 
Nos destinamos, (don), a nuestro destino (Don).
 
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¿Qué componentes tiene la libertad como donación?

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La "libertad como donación" de la que habló Ángel Luis González, es una libertad a tres: Dios que llama, la persona que responde, y su yo que constituye el don.
La persona humana manifiesta, con su yo, su querer libre.
 
El crecimiento del co-ser (el crecimiento del acto de ser personal) es un obedecer inteligente, porque quiere, al Don de Dios, a su destino.
 
Es crecimiento, a la vez, de libertad, entender y amar.
Siempre mediados por nuestra esencia (nuestro yo libre).
 
Estamos orientados donalmente, (tenemos una vocación, un destino) pero libremente nos debemos dirigir "hacia" el Don que Dios nos da.
 
Hay algo “de” la persona que se añade al Don de Dios, configurando su Destino.
El Destino está en nuestras manos.
Es un Don-don
 
Adam Solomiewizc  en la nota 27 del resumen de su tesis, habla de una estructura donal tercera en la que al Don primero se le añade lo sobrenatural.
A mi entender, ese añadido, es la anticipación de la gloria que vivimos con nuestra visión sobrenatural.
Don divino – Don humano.
El Don-don deviene Don-Don.
 
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Sin embargo, tenemos la posibilidad de negarnos (si no otorgamos), y ese trascendental "no otorgar" se manifiesta como una disposición (la disposición es uno de los cuatro modos de la esencia humana. Esos cuatro modos son: manifestar, disponer, iluminar y aportar).
 
Seremos juzgados por nuestro Destino.
Si no estamos dispuestos a entrar en nuestra morada…, pues no entraremos.
 
 
 
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