¿Cuáles son los hábitos innatos al intelecto personal?

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La sabiduría (que estudiaremos en la etiqueta 2.14).

El hábito de los primeros principios (que estudiaremos en la etiqueta 3.2).

La sindéresis (que estudiaremos en la etiqueta 6.2).


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¿Cómo describen los clásicos los hábitos "innatos"?

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Tradicionalmente se dice que la inteligencia es, de entrada, en el hombre tamquam tabula rasa.

Debe existir, pues, una instancia superior a la inteligencia que la activa y le añade lo que necesita para razonar correctamente.

Una pieza clave para explicar el funcionamiento de nuestra mente es el intelecto agente, luz que ilumina (y que Polo identifica con la persona, concretamente con su trascendental llamado "intelecto personal").

Pero la filosofía tradicional admite también la existencia de unos hábitos innatos, superiores a los adquiridos, que no requieren una operación previa.
Dependen del intelecto agente y son tres :

el hábito de los primeros principios,
el hábito de sabiduría y
el hábito de sindéresis.

Glosa a Antropología trascendental. I. La persona humana. p.153.5

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¿Cuál es la sede de los hábitos innatos?

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La sede de los hábitos cognoscitivos innatos (el hábito de sindéresis, el hábito de los primeros principios y el hábito de sabiduría) no es la inteligencia, es decir, no es la potencia intelectual o intellectus ut potentia, sino el intelecto personal o intellectus ut actus.

Polo los denomina intellectus ut habitus.

Son hábitos nativos, nacen con la persona.

De esto se habla en Juan A. García. La metalógica de la libertad… Studia Poliana nº 10, 2008, p. 7.1

Para saber más:
Etiqueta 2.0 Teoría del conocimiento

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¿Cómo juega la libertad en la génesis de los hábitos innatos?

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Hablamos aquí de la libertad personal, es decir, de la actividad radical de la persona humana, creada como novedad estricta.

Esta "novedad" no es, en rigor, ex nihilo, de la nada, pues depende del Origen. La persona es respectiva de Dios, réplica en Dios, y de Dios, y para Dios.

De ahí que la actividad última o primera de la persona es una búsqueda de Aquél que puede aceptarla, y que la reconocerá.

Ese "saber nuclear" es lo que llamamos sabiduría, hábito innato, solidario del inteligir personal.

Pero aunque la sabiduría alcance a saber de sí, a entender que soy "además", por otra parte, la sabiduría busca también, animada por la libertad radical que la anima, temas inferiores, que le servirán en su proyecto.
Proceden así de ella los hábitos nativos (hábito innato de los primeros principios y hábito innato de sindéresis).


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¿Cómo juega la libertad trascendental?

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1) gracias a la sindéresis dispone, actuando, con docilidad (hace regalos).

2) gracias al hábito de los primeros principios, se retira, dejando estar (ama la creación, es ecologista).

3) gracias al hábito de sabiduría ratifica su altura, alcanzándose a sí misma (es agradecida).

4) gracias a la gracia y los hábitos llamados sobrenaturales, cede su primado para buscar transcendentemente, su sentido último (quiere siempre más).

Glosa a Juan A. García González : Existencia personal y libertad. Anuario filosófico nº 95. 2009, p. 344.2

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¿Por qué podemos decir que los tomistas disminuyen el alcance de los hábitos innatos?

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Porque los entienden sólo como "habilidades" que permiten conocer mejor los objetos. Serían facilitadores de la buena comprehensión de las especies expresas.

Los tomistas tienen preferencia por el conocimiento objetivo.

Así, gracias a la facilidad que da el hábito de sabiduría, sostienen que conocemos mejor a Dios, pues estamos acostumbrados a considerar las cosas según sus causas más altas.

Según la propuesta de Polo, la temática del hábito de los primeros principios y del hábito de sabiduría no es en modo alguno objetiva (no se limita al conocimiento del objeto, sino que va más allá del objeto, conoce lo superior al objeto. Por ejemplo, al ver una piedra no sólo conocemos el objeto, la piedra, sino que, por el hábito de los primeros principio reales podemos advertir la persistencia del ser, que hace que la piedra sea).

A nivel esencial sí es objetiva la iluminación intencional.
Y los hábitos adquiridos iluminan las operaciones.

Pero la sindéresis, que es el ápice de la esencia, es una iluminación superior a la de los hábitos adquiridos y a la iluminación intencional. Es un ver-yo y un querer-yo en dependencia estrecha de la persona.
Los tomistas, siendo correctos, se quedan cortos.

Glosa a Antropología trascendental. I. La persona humana. p.154 nota 5

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¿Cómo describir lo que Polo llama "la réplica"?

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Una de las genialidades de Polo es su noción de "réplica".

Le servirá para explicar cómo el hombre, que está en busca de su identidad (¿quién soy?) sólo la encontrará, precisamente, en su "réplica", al destinarse a su destino.

Intentemos una primera aproximación a la noción de "réplica". Me voy a alargar pues no es un tema fácil. Aqui abordaremos sólo la "réplica" del universo, en otro momento investigaremos sobre la "réplica" de la persona humana.

Partiremos de un dato de experiencia : el universo existe.

Pues bien, cuando el hombre conoce el universo, posee, en su mente, una "réplica" del universo.

Aristóteles lo dice : el hombre es, en cierto sentido, todas las cosas.

Prestemos atención, pues vamos a dar un salto mortal : la "réplica" que poseo del universo no es "simétrica" al universo.

¿Por qué? Porque el ser del universo es el ser sencillo, el ser como "fundamento", es lo que es.

Monolítico como Parménides. (Parménides es el gran enemigo, por decirlo así, de Polo). Este ser es sencillamente lo que es, desplegándose según el movimiento, según el orden que existe en el universo.

Mientras que su "réplica" en mi mente no es simétrica a ese ser, pues no es sencilla, sino dual (pues conozco lo que conozco, yo conozco el universo).

El hombre "esencializa" el universo : lo hace entrar en su propia esencia, al conocerlo. (ver etiqueta 06.01.00 Preguntas sobre la esencia humana).

Al universo esencializado por la mente, Polo lo llama "mundo".

Notemos la dualidad : no se trata de que el mundo exista sólo en la mente, en cuanto conocido, sino que el hombre dispone del universo gracias a su mente.

El mundo no es una réplica simétrica del universo, pues en ese caso, el mundo sería también un ser sencillo, fundamento. Y acabamos de decir otra cosa, concretamente, que el ser del universo está conectado al hombre. El hombre se dualiza con el universo transformándolo en mundo.

Fuera del hombre, el universo es un ser sencillo, lo que en metafísica clásica se llama "fundamento". Gracias al hombre, sin embargo, el mundo es dual. Un universo al que se le ha añadido la persona humana.

El hombre no crea el universo con su mente, lo perfecciona, según la dualidad del ser del hombre, transformándolo en mundo.

Gracias a su mente, el hombre está en el universo no como un murciélago más, sino haciéndolo "mundo". Todo cambia en el universo cuando aparece el hombre, pues se le ha añadido una energía nueva, creadora de novedades.

Tal perfección, que Polo llama, insisto, "mundo", es del orden de la esencia del hombre. El hombre "dispone" del mundo.

Aquí conectamos con la cultura. Que es prolongación de la naturaleza (pero no de la naturaleza del universo, que es siempre sencilla, sino de la naturaleza que el hombre ha recibido de sus padres, naturaleza que deviene así, al crecer en el hombre, esencia del hombre, "vida" del hombre y de la mujer, don que se puede ofrecer).


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¿Qué es la metalógica de la libertad?

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Polo formula la metalógica de la libertad al tratar de la cuarta dimensión del abandono del límite mental, en Antropología trascendental II, p. 238.

Es uno de los puntos álgidos de su filosofía.
Sabemos que el método filosófico propuesto por Polo es el abandono del límite mental, y que este abandono tiene cuatro dimensiones.

Pues bien, la 3ª dimensión, por la que se "alcanza" el ser personal, es la más alta. Pero desde ella se vuelve a las otras dimensiones con mayor luz.

Se vuelve a "acceder" al yo (4ª),

a "advertir" el ser del universo (1ª),
a "encontrar" su tetracausalidad (2ª)
desde una nueva óptica, oteando desde arriba y sin dejar de ser además, es decir, sin dejar de buscar hacia arriba.

Este subir y bajar es la metalógica de la libertad.


De esto se habla en Juan A. García. La metalógica de la libertad… Studia Poliana nº 10, 2008, p. 10

Para saber más:

Etiqueta 6.8 metalógica de la libertad
Etiqueta 2.1.1 el método del abandono
Etiqueta 2.1.1.1 abandono. 1ª dimensión
Etiqueta 2.1.1.2 abandono. 2ª dimensión
Etiqueta 2.1.1.3 abandono. 3ª dimensión
Etiqueta 2.1.1.4 abandono. 4ª dimensión

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¿Puede crecer la libertad?

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Los griegos saben que somos más libres en la medida en que dominamos los medios que nos conducirán a la felicidad.

Si soy capaz de levantarme puntualmente soy más libre, y feliz. La virtud nos hace más libres.

El fin es la felicidad.

Polo propone, sin embargo, una noción ulterior a la felicidad. La llama "el destinar".

Desde la intimidad de la persona (recordemos que intimidad es el ser personal en tanto que creado para acompañar), desde la intimidad personal, insisto, entendemos que la felicidad griega, la posesión del fin, no basta.

Si no encontramos nuestra réplica, quedamos frustrados.

Vistas así las cosas, nuestra libertad se dilata con la tarea de mi vida: cuando sé agradarLe.

La ampliación de la libertad es el destinarse al Amor.

Glosa a Leonardo Polo. Tener y Dar. En "Sobre la existencia cristiana" p. 133.2

Para saber más sobre :
Etiqueta 1.8 la vida
Etiqueta 5.11 intimidad

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¿Qué descripción hace Polo de la libertad esencial?

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En Antropología trascendental II, 86, dice que la libertad esencial es la vinculación atemática de actos potencialmente distintos, sin gasto de tiempo y supracausal.

Fíjense bien : vinculación.

Es una vida siempre insatisfecha.


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¿Cuál es el orden de los trascendentales personales?

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El gran autor poliano y colombiano, Jorge Mario Posada, en su intervención en el blog de los polianos (el de Juan García), nos explicaba que hay cuatro trascendentales exclusivos del ser personal : libertad, co-existir o intimidad, inteligir y amar personales.

Los trascendentales clásicos tienen un orden que si no se respeta trastueca la filosofía, a saber: ser, verdad, bien, y belleza.

Pues bien, Jorge Mario propone como orden de los trascendentales antropológicos el siguiente : libertad e intimidad, inteligir y amar.

Aún dice más : el co-existir denotaría el acto de ser humano personal de tal manera que vale para los cuatro trascendentales antropológicos, si bien se corresponde más que nada a la intimidad.

Y "el además" también vale para los cuatro, aunque conviene más a la libertad.

Sin embargo, en mi intervención en el blog de Juan García, me permití disentir de ese orden, coincidiendo con el que había propuesto Enrique Golmayo. A mi entender, el orden es el siguiente:
1. Co-existir personal
2. Libertad trascendental
3. Inteligir personal
4. Amar personal.

Y tal como pidió Enrique Golmayo, se puede establecer una correspondencia, no simétrica, con los trascendentales clásicos.

1. El ser se corresponde con el co-existir personal y la libertad.
2. La verdad se corresponde con el inteligir personal.
3. El bien se corresponde con el amar personal.

Entonces, ¿qué es la intimidad?
Pienso que la intimidad poliana es el conjunto de dualidades íntimas del ser personal.
Es cierto que Polo llama también "intimidad" a uno de los trascendentales personales, concretamente a la co-exitencia personal, pero otras veces refiere la intimidad al ser personal sin más, es decir, a ese carácter de apertura propio de la persona (apertura interior y hacia dentro).

La persona está abierta por dentro, es capaz de acogida.
Estudiaremos la intimidad en la etiqueta 5.11

En un punto estoy de acuerdo con Jorge Mario: "el además" conviene a los cuatro trascendentales personales, aunque convenga más a la libertad, que es un acto siempre insatisfecho.

Y llamaremos "carácter de además" de una parte a la la dimensión "metódica" del abandono del límite, que desvela el ser siempre más y de otra parte el alcanzar que somos "adverbio", que somos hijos, que somos siempre más.

Estudiaremos el carácter de además en la etiqueta 5.4

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¿Es lo mismo el conocimiento "esencial" que el conocimiento "personal"?

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No es lo mismo conocimiento esencial que conocimiento personal.

Aquí se trata de mostrar las diferencias.

El conocimiento esencial lo estudiamos en varias etiquetas :
6.2.1 ver-yo
6.2.1.1 la inteligencia
6.4 símbolos
6.5 Claridades
6.6 Noticias afectivas

Juan García, al hacer un balance del conocimiento esencial, englobado por el ver-yo, pone en lo más alto, junto con los símbolos, la experiencia intelectual (las claridades) y la experiencia moral (las noticias afectivas)

El conocimiento personal lo estudiamos también en varias etiquetas
5.5.2 Intelecto personal
5.5.2 los hábitos innatos
2.14 Sabiduría
3.2 hábito de los primeros principios
6.2 sindéresis

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¿Qué dualidad nos da la clave para comprender el modo de operar de la inteligencia?

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El binomio intellectus / ratio (noús y logos) nos da la clave para comprender el modo de operar de la inteligencia.

Hablemos primero del intellectus o noús:
Intelecto (nous en griego) en la filosofía aristotélica es la capacidad de captar directamente contenidos inteligibles. La comprensión de lo inmediato.

Polo distingue entre :
Intellectus ut potentia, intelecto como potencia: que es lo que se entiende como facultad de la inteligencia, y que es de nivel esencial.

Intellectus ut habitus, intelecto como hábito : Son los hábitos innatos al intelecto agente : sindéresis, hábito de los primeros principios y sabiduría. Son de nivel trascendental.
(a la sindéresis se la llama intelecto práctico. Es el intelecto práctico o razón "natural" por el que el hombre sabe que debe hacer el bien y evitar el mal.

Intellectus ut actus, intelecto como acto : Es el radical personal "Entender". Es uno de los cuatro radicales trascendentales descubiertos por Polo.


Y ahora hablemos del logos:
Razón (logos en griego) es el camino de lo inmediato a lo mediato.
La razón posee una notable versatilidad, a veces es deductiva, otras veces no, porque los niveles cognoscitivos se entrelazan pues la razón tiene una gran versatilidad.
Hay muchas modalidades racionales.
Crecemos y los niveles cognitivos se entrelazan.
La razón es de nivel esencial


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¿Cómo es posible que el intelecto personal pase de un tema a otro?

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El intelecto personal pasa de un tema a otro porque el acto vital que es la persona, es decir, su libertad trascendental, es un método siempre insatisfecho.

Recordemos que "método" significa cualquier actividad intelectual.

Allá dentro nunca estamos quietos, parecemos el fuego luminoso de un volcán.
Esta "actividad" que es el ser personal se refleja en la Antropología trascendental poliana, pues encontramos frecuentemente comparaciones e interrelaciones entre las distintas dimensiones del método del abandono del límite mental, propuesto por Polo y que también se asemeja al fuego.

De esto se habla en Juan A. García. La metalógica de la libertad… Studia Poliana nº 10, 2008, p. 10.2

Para saber más:

Etiqueta 6.8 metalógica de la libertad
Etiqueta 2.1.1 el método del abandono
Etiqueta 5.5.4 libertad personal
Etiqueta 2.11.0. Método-Tema

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¿Qué es un principio?

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Ordinariamente se utiliza la palabra principio para designar el primero de una serie (como el principio de una línea).

Llamamos principio, en general, a aquello de lo que algo procede, de cualquier modo, es decir, aunque no haya un influjo positivo sobre los otros elementos de la serie, como el 1 es principio del 2, del 3, del 4...

Desde Aristóteles, la noción de principio se enriquece, y se entiende por principio la fuente de donde deriva o procede algo real.

Es decir, ahora hablamos de Principio de actividad que hace ser.

Por eso, en Metafísica, llamamos principios a los elementos que constituyen al ser.
Y se estudian la essentia y el esse como co-principios del ser.

¿Son las causas principios?
Las causas son principios, pero no primeros principios.
A las cuatro causas, material, formal, eficiente, final, aunque también de ellas depende la esencia de las cosas, es mejor llamarlas, como hace Piá, principios segundos.

Las Ciencias buscan explicar la realidad por sus causas, por sus principios segundos.
La Metafísica estudia los primeros principios que fundamentan todas las Ciencias.

De ahí que, clásicamente, se llame Filosofía Primera a la Filosofía que busca lo más radical, el primer principio, que se suponía único. Nosotros sabemos que los primeros principios son plurales.

La física y la biología son pues filosofías segundas pues no tratan del fundamento, no buscan el primer principio, sino que buscan comprender lo real de acuerdo con principios segundos y causas, que son menos radicales que el primer principio.


Polo dirá que la Antropología también es Filosofía Primera, aunque la persona humana no es principio, no es ser primero, sino segundo.
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¿Cuáles son los primeros principios reales?

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Los primeros principios reales son :

el principio de Identidad (la identidad sólo puede ser originaria : Dios) ;

el principio de no-contradicción o persistencia (el acto de ser del universo creado por Dios, distinto del Universo como esencia)

el principio de causalidad. Dios desvela el ser del Universo de acuerdo con un orden, de acuerdo con la tetracausalidad del Universo.


Por eso Juan A. García, en su comentario a esta entrada, dice que el principio de causalidad es la persistencia, pero en cuanto creada por Dios vinculada con la esencia del Universo.
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¿Es Dios Principio?

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A Dios, en cuanto que crea el Universo, se le puede llamar Principio. Es el Principio real de Identidad.
Es uno de los primeros principios reales.

Pero en cuanto Persona, no es Principio, es mejor llamarlo Primero u Origen.

La persona humana es segunda.

Principio connota ser el primero de una serie.

Pero Dios no está obligado a ser principio de ninguna serie.

Sin embargo, en cuanto que crea libremente el Universo, se le puede llamar Principio.


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¿Qué quiere decir que el ver-yo "suscita" en cascada?

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Sabemos que el conocer es una luz, sin metáfora: no es que sea "como" la luz, sino que la luz física es "como" el conocer.

La luz, que es el conocer, ilumina, al pensar, los objetos. Los destaca, los separa.
Es una separación mínima, pues lo pensado es "lo mismo" que el pensar, pero suficiente para hacer nacer inmanentemente la semejanza de lo conocido.

Esas luces que son los actos operativos de la inteligencia, Polo las llama luces "iluminantes".

Existen, sin embargo, otras luces superiores, otros conocimientos que no son iluminantes. Que no se quedan, por decirlo así, en las apariencias brillosas, sino que captan relaciones, significados, que no tienen las cosas por sí mismas.

El ver-yo es una de esas luces que, en su caso, "suscitan" conocimientos a los que sólo se accede desde la altura personal del "ver-yo" (miembro inferior del hábito personal de sindéresis. El águila que mira y vigila, el faro, la torre de control).

Pues bien, el ver-yo "suscita" en cascada.

Hacia abajo, dándose cada vez más cuenta de lo que las cosas son en realidad.
Y hacia arriba, sintetizando nuevos horizontes.

Hacia abajo: las hormigas trabajan en sus galerías al servicio de su reina.
Hacia arriba: vivir es servir.

Permítanme ponerles un ejemplo informático. No sé si ustedes utilizan el modo "plan". En Window se puede trabajar en modo "normal", o en modo "página", o en modo "web", o en modo "lectura" y también en modo "plan".
Pues bien, en el modo "plan" el texto aparece organizado en títulos según diversos niveles.
Se puede visualizar todo el texto, o reducirlo según títulos y subtítulos en niveles 1, 2, 3, 4… descendiento hasta que aparece el cuerpo total del texto.
Si ustedes se quedan, por ejemplo, en el nivel 2, aparecen sólo los títulos del nivel 2, que encierran implicitamente todos los subtítulos y textos inferiores.

Este ejemplo me sirve para imaginar y pensar cómo el ver-yo suscita en cascada.
Descendente, para mostrar el texto completo que la inteligencia ilumina.
Ascendente, suscitando nuevos títulos que permiten una comprensión nueva, más unitaria, más profunda, de la realidad.

El ver-yo, engloba y explica el límite mensal, la presencia de lo pensado.


De esto se habla en Juan A. García. La metalógica de la libertad… Studia Poliana nº 10, 2008, p. 9.2 y en Polo, Antropología trascendental II, p. 20.

Para saber más:
Etiqueta 6.8 metalógica de la libertad
Etiqueta 1.5 distinción

¿Por qué describe Polo la 4ª dimensión como un "quedar creciente en el límite mental"?

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La esencia humana es el "crecimiento" de la vida de cada hombre, de cada mujer.

¿Cómo crece el ver-yo?

Subiendo y bajando, activado por la libertad.

El ver-yo suscita en cascada nuevos actos que enriquecen a la persona: hacia abajo, manifestando las iluminaciones de la realidad;

hacia arriba, entendiendo la congruencia del mundo.

Gracias a los hábitos adquiridos, englobados por el ver-yo, se manifiestan las operaciones (que son iluminaciones) y es posible la pugna en que estriba la segunda dimensión del abandono, por la que vamos encontrando las cuatro causas del universo, la tetracausalidad, ¡ya sabemos lo que es el universo como esencia!

Y al demorarse en el límite mental (4ª dimensión), podemos acceder a la esencia humana, es decir, a entender ese "crecimiento" personal que aportamos, cada uno, libremente.

Soy responsable de novedades.

El ver-yo, además, engloba y explica el límite mental, que es la presencia. Sin perderlo, permaneciendo en el límite, el intelecto va más allá, trocándose en búsqueda del destinatario del nuevo don: del don de la vida creciente.

Acabamos de describir un capítulo de la metalógica de la libertad: el ascenso y descenso entre la 2ª y la 4ª dimensión del método del abandono.

De esto se habla en Juan A. García. La metalógica de la libertad… Studia Poliana nº 10, 2008, p. 9, 1-2

Para saber más:

Etiqueta 6.8 metalógica de la libertad
Etiqueta 2.1.1 el método del abandono
Etiqueta 6.2.1 ver-yo
Etiqueta 2.1.1.4 abandono. 4ª dimensión

¿A qué hábitos llamamos "personales"?

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A los que son propios de la persona en cuanto persona.
Es decir, no en cuanto que son "adquiridos" al ejercerse la potencia intelectual o al ejercerse la voluntad (virtudes), sino que nacen de la persona en cuanto tal.

Por eso también los podemos llamar "entitativos", por contradistinción a los "adquiridos", que son "operativos".

También los podemos llamar "innatos".
Polo lo hace así para recalcar que su sede no es la potencia, sino el intelecto personal (cuando se trata de hábitos "cognoscitivos" superiores, su sede es el intellectus ut actus).

También los llama "nativos", porque nacen de la persona (en cuanto que es persona y no en cuanto que se manifiesta ejerciendo operaciones, que la visten con hábitos adquiridos).

Juan A. García dice que su denominación más propia es hábitos "personales".
La persona es creada vestida.

Es un quién y no una cosa.

De esto se habla en Juan A. García. La metalógica de la libertad… Studia Poliana nº 10, 2008, p. 7.1

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¿Es correcto hablar de hábitos "entitativos"?

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La tradición habla de la salud, la belleza o la gracia como hábitos entitativos.
No es incorrecto.

Pero decir "entitativo" es decir demasiado poco.
Pues como el ente se dice de muchas maneras, corremos el riesgo de quedarnos en generalidades.
La salud puede ser de alma y de cuerpo. Y es sano el gusano, la jirafa, la palmera y el niño.

Sin embargo, la idea de hábitos entitativos sugiere que al ser la persona una actividad inagotable y desbordarse su acción, se cualifica hacia dentro, se mejora íntimamente.

De ahí que quepa llamar "entitativos" a los hábitos superiores o hábitos "personales".

Clásicamente se define la gracia santificante, por ejemplo, como un hábito entitativo.

La persona crece no sólo con virtudes, sino también con disposiciones, hábitos, propios de su acto de ser persona (el esse de cada persona distinto realmente de su esencia).

Estas disposiciones son modos como la persona humana se comunica con otras realidades distintas : Dios, los demás, el mundo y su propia actividad.

Son los vestidos de cada quién.

Glosa a Juan A. García González : Existencia personal y libertad. Anuario filosófico nº 95. 2009, p. 334.3

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¿Tienen algo que ver los hábitos superiores con la libertad trascendental?

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Del mismo modo que los hábitos inferiores permiten la libertad pragmática (hablo de los hábitos categoriales)
y del mismo modo que los hábitos adquiridos por las potencias espirituales permiten la libertad moral,
del mismo modo, digo, los hábitos superiores permiten el ejercicio de la libertad trascendental (que es una perfección pura del ser personal, es decir, un trascendental antropológico, no metafísico).

Permiten la metalógica de la libertad. (etiqueta 6.8)

La libertad trascendental, nuestro co-ser inagotable, al desdoblarse gracias a los hábitos superiores, coexiste con el mundo, con Dios y con los demás ; y dispondrá libremente dónde y cómo vivir.

Contigo pan y cebolla.

Glosa a Juan A. García González : Existencia personal y libertad. Anuario filosófico nº 95. 2009, p. 340

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¿Cómo juega la libertad trascendental?

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1) gracias a la sindéresis "dispone", actuando, con docilidad (hace regalos).

2) gracias al hábito de los primeros principios, "se retira", dejando estar (ama la creación, es ecologista).

3) gracias al hábito de sabiduría "ratifica" su altura, alcanzándose a sí misma (es agradecida).

4) gracias a la gracia y los hábitos llamados sobrenaturales, "cede" su primado para buscar transcendentemente, su sentido último (quiere siempre más).

Glosa a Juan A. García González : Existencia personal y libertad. Anuario filosófico nº 95. 2009, p. 344.2

Para saber más : ver la metalógica de la libertad Etiqueta 6.2

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¿Es la metalógica de la libertad el punto álgido de la filosofía poliana?

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Así lo sugiere Juan A. García.
En efecto, la antropología que propone Polo es una investigación acerca del misterio humano (ver Antropología trascendental II, p. 238.3).

¿Quén es el hombre? Un espíritu en el el tiempo. Un acto viviente.

Polo es el filósofo de la distinción y el filósofo de la libertad trascendental.

El misterio humano es asequible a la libertad, a ese don creado en el que carece de sentido el aislamiento, la soledad.

El hombre es hijo.

¿Cómo accede la libertad trascendental, el acto viviente, a su misterio? Aceptando generosamente la iniciativa divina. Jugando. Conociendo libremente, habitualmente, la máxima amplitud del Amor.

La libertad anima y corelaciona la altura, la profundidad, la anchura y la longitud. Vuelve, accede, advierte, encuentra, otea, busca.

Ese subir y bajar, juego de niños, es la metalógica de la libertad.

De esto se habla en Juan A. García. La metalógica de la libertad… Studia Poliana nº 10, 2008, p 8, 3.
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¿Cuáles son las etapas trascendentales o elevaciones de la persona humana?

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Son cuatro : creación, llamada, elevación y glorificación.

creación : la estudiaremos en la etiqueta : 5.11.1, la creación de la persona humana

llamada : estudiaremos la "llamada incial" en la etiqueta 5.13.1 (también estudiaremos las cuatro "aperturas transcendentales" que son el fruto de la llamada inicial en la etiqueta 5.13.2).

elevación : la estudiaremos en la etiqueta : 5.14, la elevación o mantenimiento de la llamada.

glorificación : la estudiaremos en la etiqueta : 5.15, el encuentro con Dios


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¿Somos conscientes de las etapas trascendentales de nuestro ser?

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La conciencia pertenece al yo, a la torre de control de nuestro ser, que capta, intermitentemente, lo que nos pasa.

Los planes de Dios para cada uno de nosotros, su obra en nosotros es un misterio ignoto. A él llegaremos en el encuentro futuro con Dios.

En esta vida, raramente notamos lo que nos adviene hacia dentro.

Los autores espirituales, (cómo no citar a Josémaria Escriva) insisten en la noción de vida "interior". Esa vida interior es el aflorar de lo que llevamos dentro.

Eso no quiere decir que el "yo" no sea responsable de lo que ocurre por allá. Pues como veremos al estudiar el "mantenimiento de la llamada" (Etiqueta 5.14 sobre la elevación), cada paso trascendental de nuestra libertad radical, es avalado por el yo, directa o indirectamente.

La iniciativa es siempre divina, pero la realización de las distintas elevaciones, depende también de nuestra respuesta personal, libre.


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¿Qué es la gracia?

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Abordamos aquí el tema de la gracia desde el punto de vista filosófico, aunque tiene claras implicaciones teológicas. Una vez más la filosofía se complace en servir a la teología.

Podemos distinguir :

1) la llamada inicial o gracia primera; etiqueta 5.15.0

2) el mantenimiento de la llamada o gracia personal; etiqueta 5.16.0

3) el encuentro con Dios o glorificación; etiqueta 5.16.0

4) ¿y dónde colocar la gracia santificante de la teología?
La gracia santificante de la teología es un "adelanto" del encuentro con Dios, otorgado por los méritos de Jesucristo.
Se debe al acto redentor trascendente de Dios.
Esta elevación sobrenatural se repercute en la esencia humana, de modo  que inteligencia y voluntad, si el yo quiere, son favorecidas por las luces de Dios y los impulsos del Espíritu.

Pongo aquí la referencia a las etiquetas en las que estudiaremos, cuando pueda ser, estos temas :
1) la llamada inicial o gracia primera: etiqueta 5.15.0;
2) el mantenimiento de la llamada o gracia personal: etiqueta 5.16.0;
3) el encuentro con Dios: etiqueta 5.17.0;
4) la gracia santificante: etiqueta 5.16.2.
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¿Qué es un misterio?

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Un misterio es una iniciativa divina.

Rom 11, 38 : sus decisiones son insondables y sus caminos impenetrables.

De Juan Fernando Sellés he aprendido que más que realidad indescifrable, misterio significa realidad inagotable.

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¿Qué es el amor?

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El amor es comunión de personas.

Dependemos libremente unos de otros. No somos nómadas aisladas.

Dependemos según el conocimiento y el amor (es decir, libremente).

En la medida que nos servimos unos a otros formamos una comunión.

El Amor cabal es la Comunión de las Personas en el seno del Trinidad.


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¿Cómo me gusta caracterizar la noción de naturaleza?

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Clásicamente se define la naturaleza como la esencia de un ser, en cuanto que es principio de operaciones.

Así se hablaría de naturaleza divina, naturaleza humana, naturaleza de un animal, según las operaciones que pueden realizar Dios, el hombre o el animal.

Sin embargo, me gusta caracterizar la naturaleza como la índole del ser que nace.

Lo que somos, de entrada, eso es nuestra naturaleza: salvo Dios, que es Identidad, somos seres inidénticos con una tensión que nos conduce hacia nuestra identidad.

Esa tensión marca la definición de naturaleza.


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¿Es analógica la noción de naturaleza?

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Sí.

No es lo mismo la naturaleza de Dios, que es simple,

la naturaleza del hombre, que es dual,
y la naturaleza física, que es sencilla.

Propiamente "naturaleza" no se debe decir de Dios, porque naturaleza es la índole del ser que nace, de la criatura.

"Naturaleza" tiene algo que ver con la "necesidad". Es como una tendencia necesaria hacia la identidad de cada ser.
Dios es Idéntico. En Dios no hay tendencia.

Las criaturas son inidénticas. Tienden necesariamente hacia su identidad.

Es cierto que la naturaleza de Dios es su Misterio, su eternidad, que es necesaria. Pero al mismo tiempo Dios es Libre, con la libertad de Dios, nada se opone a su Identidad, a su Amor que es Dar trascendental, actividad presente en todas las actividades. Simplicidad absoluta.

La naturaleza física es una tensión necesaria, muy sencilla y "natural" del ser que llamamos primero. Reglada por el orden que Dios a puesto al universo.

En el hombre encontramos también una "necesidad", que es dual.
De un lado es la tensión que nace de una llamada libre a su identidad amorosa, que le hace buscar quién le hará feliz, su réplica divina.
De otro lado, en tanto que intracósmico, su cuerpo tiene la tensión natural propia del instinto animal.

La dualidad humana, la naturaleza humana, es libre y al mismo tiempo necesaria. Imagen de Dios.

Ver etiqueta 1.12.1 Naturaleza y libertad.


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¿Son equivalentes la sustancia, la naturaleza y la esencia, según Polo?

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No.
A veces se toman indistintamente y son muchos los textos, sobre todo aristotélicos o aristotélico-tomistas, en que no se aprecian muchas diferencias entre ellas.

¿En qué se distinguen según Polo?

Hay sustancias que no son naturalezas.
Son sustancias elementales (Polo las llama también sustancias naturadas). Son lo puramente elemental, lo que hoy son los quarks, los bariones, etc. Son meras sustancias. Puros efectos, pero no causas; puros efectos, o sea, que a su vez no causan. Las sustancias naturadas son sustancias carentes de naturaleza, brutas sustancias.

Hay otras sustancias superiores, justamente porque son también principo de operaciones.
Por ejemplo, las sustancias vivas, los vivientes del universo; o sea, un animal como sustancia, o una planta. Las sustancias superiores no se limitan a ser sustancias, sino que además son causas de. Llamamos naturaleza a esas sustancias: a la sustancia en tanto que principio de operaciones.

Si las sustancias elementales se caracterizan por su hilemorfismo (causa material + causa formal), las sustancias superiores se caracterizan por su tricausalidad (causa material + causa formal + causa eficiente intrínseca).

¿Y qué es el esencia? Para responder a esta pregunta debemos avanzar otra distinción: la que existe entre la esencia humana y la esencia física, o, como vamos a ver, el universo como esencia.

La esencia del universo no es otra cosa que la unidad ordenante que aparece con la causa final. El universo como esencia es justamente la totalidad causal. Polo la suele llamar tetracausalidad (material + formal + eficiente + final).

El universo es entendido así como una tetracausalidad.

La esencia del universo o el universo como esencia es la tetracausalidad, la unidad de orden y su cumplimiento necesario.

La unidad de orden en cuanto que unidad ordenante. Es la unidad como telos, como fin.

Si se entiende bien este orden intracósmico distinguiremos con facilidad por un lado, la esencia humana, y por otro lado el universo como esencia, ya que la persona humana es extracósmica.

Y también distinguiremos la esencia del universo del acto de ser del universo.

El acto de ser del universo es el primer principio, o ser primero. Es el ser trascendental que se distingue realmente de las causas predicamentales.

La esencia de la persona humana. Notas sacadas de la conferencia dictada el 25-XI-1994 en el salón de grados Mª Zambrano de la facultad de filosofía y letras de la Universidad de Málaga. (Miscelánea poliana nº 4, p.36.2, 37.2 y 38.4). Citamos las páginas según la recopilación titulada "Antropología y trascendencia" publicada por I. Falgueras y Juan A. García

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¿Cómo podemos definir la naturaleza?

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Me permito avanzar una definición de naturaleza que me parece útil: naturaleza es el ser vivo en su estado inicial.

Pienso que esta definición sirve tanto para la noción "propia" de naturaleza como para la noción "extensiva".

Es decir, de una parte sirve para los seres vivos físicos, que son tricausalidades integradas por las causas material, formal y eficiente. Ésta es la noción "propia" de naturaleza, según Polo.

Y también sirve para designar la índole que caracteriza a cada ser vivo, lo que es capaz de hacer, aunque no sea un ser vivo físico : naturaleza de Dios, de los ángeles o naturaleza espiritual humana. Ésta es la noción "extensiva".

Me he inspirado en la definición que nos da Sellés, cuando dice que naturaleza es la dotación creatural del ser vivo.
Es lo que un ser vivo recibe de entrada.

Hay tres tipos de naturalezas según el tipo de vida :
naturalezas vegetativas
naturalezas sensitivas o animales
naturalezas humanas.

La naturaleza de un ser vivo es, por tanto, el principio de sus operaciones, su punto de partida.
Gracias a la naturaleza que recibe, el ser vivo se mueve con los movimientos propios de cada vida (cada vida, cada alma, tiene unas operaciones propias).
La naturaleza propiamente dicha es tricausal, es decir, consiste en una bicausalidad, (materia + forma) más una causa eficiente de operaciones propias.


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¿Cuántos tipos de naturalezas hay?

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Hay tres tipos de naturalezas según el tipo de vida :

naturalezas vegetativas
naturalezas sensitivas o animales
naturalezas humanas.

La naturaleza es lo que un ser vivo es, de entrada, cuando aparece en el mundo.


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¿Qué precisiones son oportunas al abordar el tema de las naturalezas?

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Tenemos que ir con cuidado en el empleo de los términos, pues hay que hacer las distinciones oportunas, para no caer en formulaciones vagas que simplemente se escriben, pero no se entienden desde dentro.

Las naturalezas son tricausalidades : causa material + causa formal + causa eficiente.

Las naturalezas del universo devienen esencia del universo gracias a la causa final, que es el orden : así se despliega la unidad de orden.

Otra precisión importante : las sustancias elementales son las bicausalidades (materia + forma). Sin embargo cuando hablamos de "sustancia" del hombre nos estamos refiriendo al individuo como origen y principio de sus acciones.

La naturaleza del hombre también es tricausal. Lo que la distingue es el alma humana, que no es como la causa eficiente que mueve intrínsecamente a los animales y plantas.

El alma del hombre es causa eficiente + vida añadida (lo que se añade son los hábitos, las disposiciones libres de la persona).

De ahí que la esencia humana no sea como las esencias del universo, pues la esencia humana indica precisamente la "emergencia" de la naturaleza en hábitos (disposiciones libres, que no costumbres).

En el hombre los hábitos no están en el orden de la causalidad, pues son perfeccionamientos no debidos a la causa final sino a la persona que dispone, haciendo que la naturaleza se autoesencialice.

Polo propone considerar la esencia humana como autoperfección habitual.

Es la persona la que dispone, no la causa final.

Este planteamiento novedoso permite superar la visión de la libertad como mera espontaneidad natural y, al situarla en la persona, muestra mejor su semejanza con Dios.


Ver Cuaderno La esencia humana p. 75.2
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¿Son la naturaleza divina y la naturaleza humana del mismo orden?

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No.

La naturaleza divina y la naturaleza humana no son naturalezas en el mismo sentido.

La naturaleza humana es susceptible de hábitos (disposiciones libres de la persona). La naturaleza humana puede crecer.

La naturaleza divina no crece. No es susceptible de hábitos.


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¿Qué es la naturaleza humana?

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La naturaleza humana es la vida humana en su estado inicial.

Dicho de otra manera : la naturaleza humana es el carácter inicial de la dualidad de la vida humana.

No olvidemos que la vida humana es la dualidad de

la vida recibida de nuestros padres
y la vida añadida (vida espiritual)
por la persona.

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¿Es lo mismo decir esencia humana que naturaleza humana?

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No.

Expliquemos cómo se distingue la naturaleza o sustancia natural propia de cada persona humana, de la capacidad de automejoramiento, que es lo que llamamos propiamente esencia humana.

Cabe decir, en primer lugar, que el hombre es una sustancia natural capaz de autoperfección.

Un perro no se autoperfecciona, su naturaleza se despliega según el orden del universo. Es intracósmico.

La persona humana sí que se autoperfecciona.
Más que autoperfección podemos hablar de automejoramiento. En efecto, perfección tiene la connotación de algo "acabado", de despliegue "completo" de lo que una naturaleza es capaz de dar.

Pero el crecimiento humano es irrestricto, siempre se puede mejorar.

Esa capacidad de automejoramiento, esa potencialidad peculiar del hombre es lo que Polo llama esencia humana.
Es esencia libre cuyo ápice es el yo. Es el yo el que manda, la torre de control.

Y el yo activa la naturaleza humana, el dinamismo de la voluntad. Nótese cómo llamamos naturaleza a lo recibido de entrada (ver etiqueta 4.2).


La persona humana recibe una naturaleza que debe activar desde su yo.

La esencia de la persona humana. Notas sacadas de la conferencia dictada el 25-XI-1994 en el salón de grados Mª Zambrano de la facultad de filosofía y letras de la Universidad de Málaga. (Miscelánea poliana nº 4, p.40.2). Citamos las páginas según la recopilación titulada "Antropología y trascendencia" publicada por I. Falgueras y Juan A. García

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¿Cómo se distingue lo humano de lo intracósmico?

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Las naturalezas intracósmicas (plantas y animales) están sujetas al orden del universo. Se despliegan según ese orden.

Las naturalezas estrictamente intracósmicas (plantas y animales) están sujetas al orden del universo físico. Se despliegan según ese orden.

La naturaleza humana, sin embargo, es solamente hasta cierto punto intracósmica (ciertamente somos también materia y la causa material nos retrasa), pero al estar esencializada (pues es manifestación de una persona humana) la naturaleza humana es, de entrada, extracósmica, pues aunque el orden del universo físico le afecta (nos produce jaquecas y reumatismos) está regida por las disposiciones de la persona.

La naturaleza humana está tipificada desde su inicio, tiene unos rasgos únicos, personales. Es el cuerpo de una persona concreta, y no sólo un cuerpo con rasgos genéticos de la especie.

También naturalmente, es decir, de entrada, antes de que se manifieste la vida espiritual, lo humano es distinto de lo intracósmico, porque la naturaleza humana es típica.

La naturaleza del elefante no es típica, pues no es un don otorgado a una persona, sino, sencillamente, un número de su especie.

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¿Puede mejorarse la naturaleza humana?

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El hombre puede crecer por sí mismo, libremente, porque es radicalmente libre. Por eso descubre alternativas, modos de vida mejores, que no los descubriría si estuviera "determinado" por su naturaleza a vivir de un modo concreto (como las tortugas).

El arte o la ciencia de ese crecimiento libre es la ética.

Me parece importante no olvidar que la persona está por encima de la naturaleza. No es que tengamos que ser mejores porque nos lo pide nuestra naturaleza. Tenemos que ser mejores porque somos personas, y nos lo piden las demás personas.

Ser persona es vivir-con otros, ser personas.

Los animales no deben ser "mejores", sino que siguen meticulosamente lo que está determinado por su naturaleza.

La "naturaleza" es lo que la creatura recibe de entrada, al ser creada. La naturaleza humana que la persona humana recibe, está abierta, es libre, por eso la persona puede autoperfeccionarse, mejorar su naturaleza, hacerla crecer,
esencializarla.


El hombre perfecciona su naturaleza, se autoperfecciona, adquiriendo los hábitos que mejoran su inteligencia y su voluntad.


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¿Pueden surgir novedades en el universo físico?

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El universo físico no se auroperfecciona.

Sin embargo, es posible que surjan cosas nuevas, susceptibles de más orden y belleza.

La evolución es un caso de más o menos ordenación.

Pero atención, el mayor orden del universo, no se puede confundir con la autoperfección que se da a sí misma la persona adquiriendo hábitos buenos, que no son del orden del universo, sino que emergen como disposiciones libres de la persona.

La naturaleza del universo no es autoperfección, pues todo está ordenado por la causa final, por el orden que rige el universo.

No se añade, pues, ninguna perfección, es sencillamente el orden del universo que rige y que hace que existan en su interior las distintas naturalezas vegetativas, animales y humanas.

Las naturalezas intracósmicas nacen según el orden del universo.


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El cuerpo humano, ¿es intracósmico o extracósmico?

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No somos entes o esencias intracósmicas: estrictamente no lo somos.

Parece que entonces problematizamos el sentido físico del cuerpo humano, como si nuestro cuerpo fuera sólo una idea, o un sueño, ajeno a la persona que somos.

Por eso debemos aclarar inmediatamente que el cuerpo humano no es estrictamente “independiente” del cosmos.

Para entender cómo el cuerpo humano es a la vez intracósmico y extracósmico debemos comprender bien la noción de naturaleza en sentido poliano.

Las naturalezas en sentido poliano son físicas, son tricausalidades, sí son propiamente intracósmicas, pero la naturaleza humana, siendo también física (pues recibimos un cuerpo físico de nuestros padres, capaz de imaginación, como los perros también imaginan), siendo también física, digo, la naturaleza humana, es personalmente esencializable (por eso es humana, si no, sería animal).

La persona puede esencializar, hacer suya, la naturaleza física que es su cuerpo.
Es un cuerpo humano porque es potencialmente esencializable.

Cada persona humana (que es extracósmica) puede hacer suya la naturaleza física humana en la que subsiste, la suya concreta, esencializándola, sacándola del universo e insertándola en su "mundo" humano.

Entendámonos. El cuerpo humano, el embrión humano o el cigoto humano, no empiezan a ser personas cuando aparece la inteligencia, sino que pertenecen, desde la concepción, a una persona humana concreta, y por eso son potencialmente esencializables. Son vida humana de una persona concreta, desde el momento de la concepción.

En definitiva, y para responder a la pregunta, el cuerpo humano es intracósmico en cuanto que es un ente físico y es extracósmico en cuanto que es el cuerpo esencializado de una persona humana libre.

La esencia de la persona humana. Notas sacadas de la conferencia dictada el 25-XI-1994 en el salón de grados Mª Zambrano de la facultad de filosofía y letras de la Universidad de Málaga. (Miscelánea poliana nº 4, p.36). Citamos las páginas según la recopilación titulada "Antropología y trascendencia" publicada por I. Falgueras y Juan A. García.

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¿Qué distinción hay entre los sentimientos humanos sensibles y los sentimientos animales?

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La gama de los sentimientos sensibles humanos es mucho más amplia.

El silbido del pastor alerta, conforta y place a sus ovejas.
Los humanos, además, podemos captar su melodía, su protección y, quizá, sentir hasta un sabor de hogar.

Los sentimientos humanos (también los sensibles) pueden reflejar en abanico multicolor toda la realidad y no sólo la correspondiente al instinto de una especie.

No hay dos personas iguales. Los gemelos, e incluso los eventuales clones, cada uno matizará sus sentimientos, pues participan en el juego libre de la persona.


Se habla de esto en Juan Fernando Sellés. Antropología para inconformes p.278.3

Si quieren ustedes leer una buena conferencia de Polo sobre los sentimientos vayan a la de Piura.
Basta pinchar aquí.

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¿Vale la pena educar la afectividad?

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Reservamos la palabra "afectividad" para designar a los sentimientos sensibles.

Formas desordenadas de comportamiento sentimental son, por ejemplo, el resentimiento, las manías, las obsesiones, el agotamiento, los caprichos.

La educación de la afectividad no es estoicismo, sino saber encauzarla hacia lo superior a ella.

Aprender que no basta con que el cuerpo se sienta bien.
El alma debe también ser feliz.
Y gozar, mar adentro, de la libertad de los hijos de Dios.

Una afectividad moderada por la razón y regida por la voluntad hace la vida más amable. Añade cariño a la ternura. Amor grande de Dios a lo minúsculo.


Se habla de esto en Juan Fernando Sellés. Antropología para inconformes p.278.2 y nota 61

Si quieren ustedes leer una buena conferencia de Polo sobre los sentimientos vayan a la de Piura.
Basta pinchar aquí.

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¿Son estables los sentimientos sensibles?

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El sentimiento sensible es superficial y pasajero.
Además, es muy voluble porque tenemos muchas facultades y no todas "sienten" del mismo modo, al mismo tiempo.

Podemos sentir agrado al "ver" la nieve y desagrado al "sentir" frío en las manos.

Los estados de ánimo sensibles cambian fácilmente. Basta una gotita hormonal.

No conviene darles demasiada importancia, por eso, porque pasan.

La verdad de nuestra vida no está ahí. Se alcanza intelectualmente, con el amor verdadero, que va a lo profundo.

De ahí que no se deba cifrar la clave de lo humano en el "estar bien", sino en el buen dar.

No la buena vida, sino la vida buena.


Se habla de esto en Juan Fernando Sellés. Antropología para inconformes p.275.

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¿Es la salud el bien más alto de un animal?

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No.

Cuando el cuerpo está sano se "siente" la salud de todas las facultades. Y a su vez, la salud redunda en cada facultad sensible.

Los actos de la facultad se captan entonces con la alegría propia del animal sano.

Pero los actos de las facultades sensibles están ordenados por la naturaleza para que, gracias también a los sentimientos, se desplieguen las tendencias, de modo instintivo.

El fin de los animales no es conocer, y tampoco es el placer que suele acompañarle, sino que conocen para tender y tienden para conducirse biológicamente, según su especie.

El animal subordina inconscientemente su conocer a su apetito (a su tendencia) y ésta a sus movimientos.

El animal vive dentro del orden cósmico. Su bien más alto no es la salud, sino jugar su rol en el teatro del mundo.

Están al servicio de su especie.

El placer es sólo un antecedente de su conducta, un "placebo" que amansa cualquier fiera. Los leones serán siempre leones, y los okapis, okapis.


Se habla de esto en Juan Fernando Sellés. Antropología para inconformes p.276.2

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¿Cuáles son los sentimientos superiores de los animales?

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Aquéllos que permiten la supervivencia de su especie: el comer y la reproducción.

El hombre, sin embargo, al ser sobre todo extracósmico, conduce su vida. 

Los sentimientos superiores del hombre son los "personales".

Si consideramos puramente el nivel sensible del hombre, sus sentimientos más altos, son los que tienen que ver con su futuro libre: 

-proyectar con la cogitativa planes de amor; 
-jugar con ejercicios geométricos en la imaginación; -recordar las sorpresas de la vida.
(cogitativa, imaginación y memoria).

Se habla de esto en Juan Fernando Sellés. Antropología para inconformes p.279.2

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¿Es más afectiva la mujer que el varón?

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Lo suele ser.

Los pensadores medievales decían que tienen más "humores".

Tienen más facilidad para llorar, reír, soñar, y para cambiar rápidamente. Suspirar.

Es como si tuvieran el alma muy pegada al cuerpo.

De ahí que puedan dar color, aunque no todas, a lo concreto, con agudeza, matizando.

Se habla de esto en Juan Fernando Sellés. Antropología para inconformes p.279.3

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¿Qué es el sentimentalismo?

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Llamamos "comportamiento" al modo humano de manifestarse, que es abierto, que no está determinado, pues cada quién lo encauza como quiere.

Al contrario, la conducta del animal es cerrada, pues obedece a una instintividad persistente.

Pues bien, el sentimentalismo es un comportamiento que se deja guiar por los sentimientos.

No es "sentimental" el que tiene sentimientos, ya que la mujer y el hombre maduros tienen muchos sentimientos, que dan color y enriquecen sus vidas, intensificando sus tendencias naturales y matizando sus decisiones libres, responsables, sabrosas.

Lo malo es otorgar a los sentimientos la dirección de la conducta. Que sean ellos los que desencadenen nuestras respuestas, es decir, comportarse instintivamente.

Es también sentimentalismo el utilizarlos como criterio para la acción, en lugar de considerar inteligentemente qué es lo más apropiado para el amor, en cada caso.

El mero "sentimentalismo" es cuando el fin de la vida son los sentimientos: quiero pasármelo bomba. Disfrutar de la vida a cualquier precio.

Sin embargo, los sentimientos más positivos y profundos son lo que acompañan a la sabiduría: gozo y paz.


Se habla de esto en Juan Fernando Sellés. Antropología para inconformes p.275, nota 59.

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¿Qué es ser consecuencialista?

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Ser consecuencialista es esperar el resultado de los actos para juzgar si una acción es buena o mala.

El sentimental es consecuencialista, pues busca, como fin, el agrado, el placer, el "estar bien".

Se habla de esto en Juan Fernando Sellés. Antropología para inconformes p.276.2.

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¿Aísla el sentimentalismo de la realidad?

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Sí. Porque los sentimientos nos dan noticia de cómo nos encontramos y no de cómo es la realidad.

Los sentimientos ayudan, coloreando nuestro conocimiento de la realidad, pero a veces pueden distorsionar la imagen, como cuando ponemos demasiado color a una foto.
Exceso de verde, exceso de azul.

El sabio los ajusta.


Se habla de esto en Juan Fernando Sellés. Antropología para inconformes p.277

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¿A qué llamamos esencia?

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A la actividad esencial de un ser.

A la "tarea" de cada ser.

La tarea, en sentido metafórico, del tulipán, es ser tulipán.

La tarea, en sentido metafórico, del Universo, es el despliegue de la tetracausalidad.

La tarea de la persona humana es su vida.

Dios es Ser.

La tarea de las Tres Personas divinas es su Esencia.
Su actividad esencial es su Unidad.

Comunión eterna de Personas.

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¿Es la esencia acto, o es potencia?

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Polo es un gran maestro.
Sabe poner en relieve los grandes descubrimientos de la Filosofía, destacando sus novedades.

Un ejemplo es cómo, poco a poco, hizo estudiar a sus discípulos (Ricardo Yepes, Jesús de Garay, por ejemplo) los diversos sentidos del acto y de la potencia en Aristóteles.

Así consiguió mostrar que la esencia es acto y también es potencia, pero con sentidos mucho más precisos de los que estamos acostumbrados.

La esencia es, desde los griegos, acto.
En Aristóteles la ousía, que sería el equivalente de esencia, es un sentido del acto. Es entelechéia, forma.

De ahí que digamos: esta flor "es" un tulipán.

El meollo o esencia de esta flor es ser tulipán.
Acto estable, acabado.

(A ese sujeto, en cuanto que principio de operaciones, se le puede llamar naturaleza).

Pero la esencia es, desde otro punto de vista, potencia.
Tomás de Aquino, al descubrir la distinción real entre esencia y acto de ser ("acto de ser" es otro sentido del acto que Aristóteles no conoció) hace una investigación más atenta sobre la noción, tan utilizada por Aristóteles, de potencia.

Y encuentra un sentido de la potencia que Aristóteles ignoró: la esencia como potencia.

La noción aristotélica de potencia era la dynamis. Y es válido ver el universo en movimiento. Ver potencias que se van actualizando armoniosamente. Potencias de las diversas naturalezas, que se actualizan según el orden de la tetracausalidad.

Pero el nuevo sentido de potencia, la esencia que sin el ser no es nada, tiene mucha más importancia, pues apunta a lo radical. No es una potencia como las potencias aristotélicas.

El tulipán ha podido provenir de cruces genéticos, y puede desplegarse según sus cromosomas, dependiendo de su "alma"..., pero lo más alto, lo radical y primero, es que el tulipán, es.

Depende del acto de ser.

La esencia, la sustancia del tulipán, depende radicalmente del acto de ser.

La esencia es pues acto, en tanto que sustancia (Aristóteles)

y la esencia es potencia no sólo porque tiene potencialidades que se activan, sino porque, radicalmente, es potencia respecto al acto de ser (Tomás de Aquino).
Depende del acto de ser.

Seré feliz (es esencial), si Dios quiere.



Inspirado al leer la esencia de la persona humana. p.33.3 Se trata de unas notas sacadas de la conferencia dictada por Polo el 25-XI-1994 en el salón de grados Mª Zambrano de la facultad de filosofía y letras de la Universidad de Málaga. (Miscelánea poliana nº 4). Citamos las páginas según la recopilación titulada "Antropología y trascendencia" publicada por I. Falgueras y Juan A. García

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¿Puede el animal crecer siempre?

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No.
El crecimiento del animal es orgánico.

Orgánico quiere decir que el organismo se constituye según un proceso de diferenciación.
La embriogénesis es una forma de crecer, pero no es un crecimiento irrestricto.

El crecimiento orgánico, antes o después de detiene.

Por eso, el animal llega un momento en que ya no crece;
el hombre, al contrario puede crecer siempre.

La esencia de la persona humana. Notas sacadas de la conferencia dictada el 25-XI-1994 en el salón de grados Mª Zambrano de la facultad de filosofía y letras de la Universidad de Málaga. (Miscelánea poliana nº 4, p.42.3). Citamos las páginas según la recopilación titulada "Antropología y trascendencia" publicada por I. Falgueras y Juan A. García

Para saber más:
Etiqueta 8.2 Crecimiento (aún en construcción)

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¿Qué es el alma para Aristóteles?

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Para Aristóteles el alma es la entelechéia de un cuerpo organizado.

Aquí entelechéia es el acto primero, la forma que mantiene la unidad de ese cuerpo.

Principio de unidad que mantiene unidos a sus elementos y dirige el crecimiento, la diferenciación de sus partes, sin perder la unidad.

Un ser está vivo mientras tenga alma.

Una bacteria, un cocotero, un okapi, vivos, tienen alma.
¿Tiene alma un virus? Los científicos nos lo dirán. Ellos investigan si ahí hay un cuerpo organizado. Quizá sea una vida precaria, pero si hay vida, hay alma.

La esencia de la persona humana. Notas sacadas de la conferencia dictada el 25-XI-1994 en el salón de grados Mª Zambrano de la facultad de filosofía y letras de la Universidad de Málaga. (Miscelánea poliana nº 4, p.43). Citamos las páginas según la recopilación titulada "Antropología y trascendencia" publicada por I. Falgueras y Juan A. García

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¿Qué es el pecado original?

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Un estado de privación.
Una carencia con la que todos nacemos.

Polo defiende la existencia de una revelación primitiva por la que los hombres fueron conscientes de esa carencia.

El hombre se dio cuenta de que no conocía y amaba a Dios como debiera.

¿Por qué? Porque nos hemos alejado, desde el origen, de Dios.


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¿Por qué Dios es plenamente Padre?

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Porque Dios da sin reservas.
Dios Padre es dar sin reservas.

No hay nada en Dios que no sea dar.
Es dar supremo, plenamente dar.

Y, respectivamente, Dios Hijo es plenamente Hijo.

No hay nada en Dios Hijo que no sea filiación.
Su dar supremo es el aceptar plenamente el dar.

Dios Espíritu Santo es plenamente don.

Es el dar siempre más en Dios.
Un gozo de don.

¿Y nuestra plenitud?

La entrega.

Ideas inspiradas en el artículo "Aclaraciones sobre y desde el dar, de Falgueras, en Miscelánea poliana nº 9. p.64.2. Citamos las páginas según la recopilación titulada "Antropología y trascendencia" publicada por I. Falgueras y Juan A. García

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¿Queda el hombre fijado en lo que hace?

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No.
La libertad, al decidir, renace como dominio sobre la decisión.

Me puedo arrepentir.

La decisión es rectificable, porque la decisión puede ser mejor.

Yo puedo mejorar mis decisiones.

Tomado de Polo. Ética p. 67

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¿Qué es la voluntad?

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La voluntad, de entrada, es pura potencia pasiva.

Éste es uno de los grandes aciertos de Polo que le permite purificar la libertad, que era esclava del querer, desde antes de Lutero.

La modernidad identifica voluntad y libertad y ésta con la espontaneidad. Es presentada como fuerza, como energía. Pero entonces la voluntad se cosifica ya que se la entiende como si fuera una causa eficiente más en el universo, determinada, como el volcán echa su fuego, sin poder engendrar palomas.

La voluntad no es así.

La voluntad es ciertamente capacidad, potencia. ¿De qué? De bien.

La intención de la voluntad es intención de otro (recordemos que la intención de la inteligencia era intención de semejanza).

¿Qué es lo otro? Lo otro es el bien. El bien es lo otro que el ser en orden a la realización del ser.

La voluntad es capacidad de hacer el bien. No este bien o el otro, pues entonces no sería potencia pasiva "pura", ya que estaría determinada por algo, como el apetito de comer está ya determiando por la comida.

La persona posee esa capacidad de querer el bien absoluto. Y es la persona la que activa, libremente, responsablemente, su voluntad al imperarla: quiere esto o quiere lo otro.

Por eso decimos que es potencia "pasiva" pura, pues "depende" de la persona.

La persona posee un hábito innato, la sindéresis, con dos miembros: querer-yo y ver-yo.
La razón práctica (ver-yo) presenta el bien posible y el querer-yo ejecuta, si la persona quiere.



Para saber más:
Etiqueta 6.2 el yo y la sindéresis


Etiqueta 5.2.2 Preguntas sobre el bien.

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¿Está determinada la voluntad?

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La voluntad es relación trascendental con el bien.

El bien del hombre es infinito, pues la inteligencia humana puede crecer irrestrictamente.

El hombre puede, pues, buscar más, o detenerse en la elección. Es libre.

La libertad, al decidir, renace como dominio sobre la decisión.

Me puedo arrepentir.

La decisión es rectificable, porque la decisión puede ser mejor. Yo puedo mejorar mis decisiones.

Y la voluntad, como todo lo humano, es dual. Por eso se dice que la voluntad es curva, no va directamente a su fin, sino que tiene en cuenta, curvándose, otros factores, depende del yo, depende de la persona, es querer-yo.

Como potencia siempre puede querer más.

Como acto, elige según la razón. Razón abierta por las luces superiores

Es evidente que una tal dimensión va más allá que la combinación de átomos.


Véase a continuación el comentario de Francisco Molina. Es sabroso.


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El voluntarismo

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El voluntarismo es un intento de reducir el ser a voluntad.

Un intento de autorrealización.

Pero entonces la voluntad se desvirtúa pues se incapacita su intención de "otro". Se queda en el "auto".

Recordemos que el ser de la creatura depende del Creador y que la dependencia de la creatura "humana" es singular porque su ser es libre, es un ser creado desde una llamada, que espera respuesta. Por eso es libre.

La persona humana responde si quiere, queriendo. Es un querer curvo, que depende libremente de Otro, al modo de llamada.

Porque quiero responder, quiero esto o lo otro. No estoy obligado a querer, no estoy obligado a inventarme o realizarme, basta aceptar.

Si la voluntad se empecina en su yo, sin tener en cuenta lo que quiere al querer, se desvirtúa.

Entonces el hombre se hunde en la preocupación de llegar a ser, solamente queriendo. Se pasa la vida angustiado, pensando en lo que debe "hacer". Ha olvidado que es creatura, que su ser es una llamada amorosa, a la que responder gozosa y libremente, confiado en su Creador.

La voluntad solitaria pierde su libertad, pues "necesariamente" debe fabricar su ser. Es otra versión de la necesidad. No la necesidad del ser del universo, que sencillamente persiste, sino la necesidad del yo huérfano.

Ha cambiado su ser hijo por el querer caprichoso, privándose de su asiento en la casa paterna. El ateísmo es un triste trueque, sin esperanza, sin futuro.

Inspirado en L. Polo, Las organizaciones primarias y las empresas, Segunda sección: La libertad humana y la organización de sus ámbitos (Cuadernos de Empresa y Humanismo, nº 100, Pamplona, 2007 p. 120). Recogido por Ángel L. González en su artículo Ser personal y libertad. Anuario filosófico nº 97, nota 56, p.89.

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Hábleme de la voluntad

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La voluntad es pura potencia pasiva, intención de otro, capacidad de bien cuya actividad no puede desvincularse de la razón.

Es relación trascendental con el bien.

Si la persona no conoce lo otro, el bien, no puede quererlo.

No es la voluntad la que posee la libertad, es más bien al revés: la libertad es personal, pertenece a la persona en su ser, y se trasvasa, se encauza según la voluntad (Polo. El yo, p.148).
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¿Hay adelanto o retraso en Dios?

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El dar sin reservas, que es Dios,
no admite ni adelanto ni retraso.

Tan donante es la iniciativa suprema (Dios Padre),
como la aceptación suprema (Dios Hijo),
como el don supremo (Dios Espíritu Santo).

El dar divino es la plena comunión o comunicación suprema de

iniciativa, aceptación y don.

No cabe aburrimiento ante la armonía última y primera.
Es como realizar una película, entenderla y gozarla.

Sin resquicios ni cabos sueltos.
El Señor de los anillos, transparente.


Ideas inspiradas en el artículo "Aclaraciones sobre y desde el dar, de Falgueras, en Miscelánea poliana nº 9. p.64.2. Citamos las páginas según la recopilación titulada "Antropología y trascendencia" publicada por I. Falgueras y Juan A. García

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¿Qué es el olvido de sí?

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Pienso que el olvido de sí puede referirse a dos disposiciones de la persona humana altamente fructuosas.

A) olvido de quién seré:
nos olvidamos de nosotros mismos cuando omitimos la búsqueda de nuestra réplica, de nuestra identidad o Amor, para ponernos a trabajar.
La persona, al ejercer su hábito de los primeros principios, al desdoblarse hacia fuera, cesa generosamente de ser protagonista para contemplar la creación.
Y no solo la deja ser, sino que, ejerciendo la sindéresis, comprometiendo su yo e introduciendo el límite mental, trabaja como un mulo.

B) olvido de mi yo:
sí, estoy hablando ahora del descanso deportivo o del reposo dominical. Me olvido de mi trabajo, de mis intereses y afanes, para descifrar y contemplar el sentido de mi vida: quién seré.
Los cristianos llamamos a este olvido, oración.

Trabajo y oración.
Dos modos de olvidarnos de nosotros mismos.

Glosa a Juan A. García González : Existencia personal y libertad. Anuario filosófico nº 95. 2009, p. 345.3

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¿Cómo describir la libertad de Dios?

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Pues no lo sé.

Me gusta especialmente la descripción que hace Polo de la libertad trascendental humana cuando dice que es

"un discontinuo de comienzos" (ver etiqueta 5.5.4).

Me parece que muestra muy bien nuestra limitación y al mismo tiempo nuestra autoría, moviéndonos por donde queramos (en el ámbito de la máxima amplitud que es Dios).

Quizá podemos decir que la libertad de Dios es una Comunión de comienzos. No sé.

Pero he encontrado una sabrosa indicación en un texto de Falgueras en el que dice que la libertad divina es sin precedentes.

La libertad y el dar humanos son condicionales, es una añadirse, nuevo, pero sin ser pura novedad, pues acompaña.
El dar divino innova puramente.

No está condicionado.
Hace surgir de la nada.

La creación no es una "posibilidad" en Dios, que escoge entre otras. Dios no pierde posibilidades. En Dios todo es sí, todo es positivo.

La libertad en Dios es incondicional.

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¿Por qué decimos que la voluntad es curva?

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Tanto el pensamiento clásico como el moderno hablan de la curvatura de la voluntad.

La voluntad es calificada de curva porque queremos el querer.
Es decir, porque no es como el instinto animal, que quiere necesariamente.
El hombre puede querer no querer y querer querer.

La voluntad no va directamente a su objeto.
La inteligencia sí, conoce lo que conoce y ya está, porque la inteligencia no constituye sus actos sino que los ilumina.
Sin embargo, la voluntad sí constituye sus actos, teniendo en cuenta al otro y a los otros.
Es extremadamente prudente.

Otros llaman a esa curvatura "reflexión" de la voluntad" porque la voluntad vuelve sobre sí misma, queriendo o no queriendo su querer.

Prefiero decir que la voluntad obedece a otras instancias, que no procede de un solo motor, y que por eso es curva, como una carretera, que se tuerce y varía según la geografía.
O como un río. Como el río Congo.

Es decir, si quiero algo es porque hay una fuente (en realidad son varias) del querer.
Hay un Dar que afluye en la persona y le impele a querer.
Hay un Origen. Y el mismo Origen es Plural.

Polo dice que la voluntad necesita del respaldo de una persona que constituye los actos de la voluntad.
Los coadyuvantes en esa constitución son la sindéresis (coadyuvante de la voluntas ut natura) y la razón práctica (coadyuvante de la voluntas ut ratio).
Pero aún así, la persona no es un respaldo solitario. Porque la persona co-existe.

Ser curva no es, por lo tanto, un eterno retorno de mi empecinamiento, (o, con expresión de Posada, de mi empoderamiento), sino ser delicada, tener en cuenta a los demás, importarme el otro.
Contar con Dios.


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¿Es el "ser" solo tiempo?

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Para Nietzsche el ser es tiempo.
Con ello quiere decir que el ser no aparece de un golpe sino que depende de la voluntad.

Para Nietzsche el ser es solo voluntad.

Voluntad de poder.
Sin intención de alteridad.
No hay nada fuera del yo.
No hay otro.

El ser es un eterno retorno, que insiste en el querer, con un único deseo, poder más.

Si fuéramos seres solitarios, el ser sería solo tiempo.
Pero como no lo somos, no somos solo tiempo.
Somos "en" el tiempo.

Dios es "en" la eternidad.

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Una ayudita de Nietzsche para entender lo que es la contemplación.

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Nietzsche en "Humano, demasiado humano" dice :

"Ya se ha puesto el sol, pero alumbra y abrasa todavía el cielo de nuestra vida, aunque no lo veamos más".

Cita recogida por Angel Luis González en su Prólogo al libro de Polo, Nietzsche como pensador de dualidades, p.31.3

Pienso yo que la contemplación es un ver sin darnos cuenta de dónde viene la luz.

Para trabajar estamos obligados a introducir el límite mental, a olvidarnos de quiénes somos (olvido de sí, al fin y al cabo) para concentrarnos en nuestro trabajo, para actuar.

Ser contemplativo en esa tesitura no puede ser "extasiarse", pero sí puede ser abrasarse, como dice nuestro amigo el superhombre.

El sol interior alumbra nuestra vida.


Etiqueta del método del abandono: 2.1.0


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¿Se suman las Personas divinas entre sí?

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No.
La Trinidad no es un conjunto de tres, sino la identidad de tres.

Identidad, trascendentalmente considerada, no significa igual, sino dar trascendental o dar sin reservas ni pérdidas.

Cuando hablamos de las tres Personas ha de entenderse que nos referimos a una Persona,

a otra Persona,
y a otra Persona.
Tres estrictas novedades que no son iguales, sino irrepetiblemente idénticas.

Tampoco forman un conjunto, no son tres partes de un todo.

El total de una suma es inerte, lo paralizamos al adicionar mentalmente. La totalización carece de vida y de comunicación.
Lo vivo, sin embargo, sobra.
Un cuerpo vivo no es un conjunto de células.

Mucho más la vida divina no es un conjunto.

La sobreabundancia que acompaña al dar supremo no es el resultado de una suma sino el dar que no cesa.

Aunque nos añadamos a Dios, somos nadie.
Somos rayos de su gloria.
Nuestro añadir también es dado.


Ideas inspiradas en el artículo "Aclaraciones sobre y desde el dar, de Falgueras, en Miscelánea poliana nº 9. p.64.3. Citamos las páginas según la recopilación titulada "Antropología y trascendencia" publicada por I. Falgueras y Juan A. García

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¿Forma parte el "yo" del ser personal?

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El "yo" no es el acto de ser humano.

Forma parte de la esencia humana.
Es su ápice.

Dicho de otra manera, es el puente entre el "acto de ser" y las manifestaciones humanas (esencia).

Tras dos intervenciones de Juan A. García González, podemos decir: la persona está vinculada con su yo.

El yo es un hábito innato de la persona. Del intelecto personal.

El yo es imprescindible para completar la estructura donal de la persona humana.

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¿Cómo se encauza la libertad personal?

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Mediante el yo.

La libertad está en el ámbito personal y se encauza mediante el yo.
La libertad está en mi intimidad.


El yo presta actualidad al acto, pero no le da el ser.
El ser es de la persona que se manifiesta mediante el yo, en el tiempo.

Poner la persona más dentro que el yo, conserva la libertad, da dominio sobre los actos, pues me puedo arrepentir, cambiar mi decisión.
Puedo ser fiel, si quiero.


Véase lo que dice Angel Luis González en su Prólogo al libro de Polo, Nietzsche como pensador de dualidades, p.29.3. Son ideas de Polo en Etica, p. 68.

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¿Es el Espíritu Santo posterior al Padre y al Hijo?

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No.
El Espíritu Santo es el exceso mismo de la mutua donación eterna entre Padre e Hijo.

Procede del dar sin reservas cuando el dar es supremo.

El dar trascendental supremo no pierde al dar, de ahí que su exceso,
el dar siempre más,
no es posterior al dar.
No es el desparramarse de una cacerola de leche hirviendo.
Es exceso tanto el Origen como el Mantenerse de la índole suprema del dar.

Ese sobrar es don puro, sin reservas, que da, o sea, es Persona.

Cuando nosotros damos un regalo, manifestamos nuestro dar, pero no damos el dar.

Sólo el Espíritu Santo, al divinizarnos convierte nuestro don en dar sin resquicios.


Ideas inspiradas en el artículo "Aclaraciones sobre y desde el dar, de Falgueras, en Miscelánea poliana nº 9. p.65.2. Citamos las páginas según la recopilación titulada "Antropología y trascendencia" publicada por I. Falgueras y Juan A. García.

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¿Por qué las Personas divinas son distintas?

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Porque cada una dona a su manera.

Pero, atención, las Personas no son “modos” del dar.

Las modalizaciones son alternativas, y el dar divino es pleno, sin reservarse nada, sin variaciones ni variedades. Eterno.

El Padre es la iniciativa del dar sin reservas.
El Hijo la aceptación del dar sin reservas.
El Espíritu Santo el don sin reservas.

Como cada una da “sin reservas” son un solo dar en plenitud.

El Padre está en el Hijo, y el Hijo está en el Padre, porque nada se reservan.

El Espíritu está en el Padre y en el Hijo al ser

el exceso y la sobra de la entrega sin reserva entre ellos. El dar siempre supremamente más.

Ese Don, entrega sin reservas de Dios, es Don que da,

y lo que da es su no reservarse, es decir, la santidad.
Es Espíritu santificador.

Ser santo es ser nadie.

Un dar puro.

Ideas inspiradas en el artículo "Aclaraciones sobre y desde el dar, de Falgueras, en Miscelánea poliana nº 9. p.66.2. Citamos las páginas según la recopilación titulada "Antropología y trascendencia" publicada por I. Falgueras y Juan A. García.

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¿Cuándo es el dar "puro"?

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Cuando es sin reservas, o sea,
si en él todo es dar.

Si no deja nada sin dar.

Ideas inspiradas en el artículo "Aclaraciones sobre y desde el dar, de Falgueras, en Miscelánea poliana nº 9. p.66.3. Citamos las páginas según la recopilación titulada "Antropología y trascendencia" publicada por I. Falgueras y Juan A. García.

Para saber más:
Etiqueta 1.0.2 el dar trascendental


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