¿Vale la pena educar la afectividad?

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Reservamos la palabra "afectividad" para designar a los sentimientos sensibles.

Formas desordenadas de comportamiento sentimental son, por ejemplo, el resentimiento, las manías, las obsesiones, el agotamiento, los caprichos.

La educación de la afectividad no es estoicismo, sino saber encauzarla hacia lo superior a ella.

Aprender que no basta con que el cuerpo se sienta bien.
El alma debe también ser feliz.
Y gozar, mar adentro, de la libertad de los hijos de Dios.

Una afectividad moderada por la razón y regida por la voluntad hace la vida más amable. Añade cariño a la ternura. Amor grande de Dios a lo minúsculo.


Se habla de esto en Juan Fernando Sellés. Antropología para inconformes p.278.2 y nota 61

Si quieren ustedes leer una buena conferencia de Polo sobre los sentimientos vayan a la de Piura.
Basta pinchar aquí.

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