Me pregunta Rafa Monterde cuándo nos topamos con el ser.

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Cher Rafa,

El ser se dice de muchas maneras:

Ser Idéntico, el Creador.

Seres inidénticos, las criaturas: ser personal humano y ser del universo físico.

"Caemos en la filosofía",  al admirar el cielo estrellado.
Gracias al firmamento podemos advertir el ser "sencillo" del universo físico.

Polo propone como método, el abandono del límite mental. Al excluirlo (1ª dimensión del abandono) advertimos el ser del universo.

Y al darnos cuenta de que no cambia, de que está fuera del tiempo, sabemos que hay algo en nosotros que también está fuera del tiempo. Somos capaces de verdad.
Al desaferrarnos del límite (3ª dimensión del método del abandono) alcanzamos nuestro ser personal. Que no es "sencillo", como el ser del universo físico, sino dual, abierto por dentro.

¿Nos topamos con la verdad?
No.
La verdad no está fuera de mí, sino en el acto de conocer. No hay verdad sin cognoscente.
No es el ser de la cosa el que suscita la verdad.
Es el ser de la persona (cognoscente) quien ilumina la realidad, poseyendo intencionalmente, aspectualmente, objetivamente, alguna dimensión de la realidad de la cosa.
La verdad de la cosa no está en la cosa, sino en el cognoscente. La verdad de la cosa está en mi intencionalidad.

Nunca nos "topamos" con el ser.
Siempre podemos pensar más. Siempre podemos conocer mejor la cosa.

Ahora bien, hacia dentro, alcanzamos  nuestro ser personal como pura transparencia.
¿Quiénes somos?
Nuestro ser personal aparece como un "encargo" (es el cuento de Caperucita).
El desvelamiento de nuestro ser personal es mi verdad personal. Nuestro destino. Se vive como enamoramiento. Como un destinarse tras el primer encuentro. Como un canto.

Esperando el encuentro definitivo.
Que es más que toparse, abrazarse.

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¿Es jerárquica la realidad?

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Sí. La realidad es jerárquica.

El ser, en su más alto nivel es el Acto puro, Dios. Identidad. Presencia sin hábitos. Eternidad. Dar actuoso.

Las personas (ángeles y hombres) somos de un nivel ontológico inferior. Aunque seamos capaces de Dios (en tanto que relaciones subsistentes en el orden del Origen), somos inidénticos.

El ser del universo físico, sin embargo, es un ser sencillo, inferior a las personas. De ahí que una planta o un animal sean de un nivel inferior.

Hay pues jerarquía ontológica. Dios, – persona creada –, ser del universo.








De esto habla Lluís Pifarré en su libro "Entender a Leonardo Polo", p. 73
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¿A qué llamamos "existencia"?

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"Existencia" es una noción que abarca tanto el acto de ser como la esencia. Es una síntesis mental.

No se debe confundir con el "acto de ser" o "esse".
Y tampoco con la esencia.

En el lenguaje ordinario hablamos de nuestra existencia refiriéndonos a nuestra vida. Nos referimos así a nuestra esencia real. Vivimos por nuestro acto de ser, según nuestra esencia libre.

Sin embargo, corremos el riesgo de olvidar que el acto de ser, que nos hace ser realmente, no es una dimensión de nuestra esencia libre. Caeríamos así en el existencialismo, que nos deja huérfanos o arrojados al mundo.


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naturaleza humana

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Corresponde propiamente el nombre de “naturaleza” a las distintas naturalezas del mundo físico, concretamente a los seres "vivientes".

Las naturalezas son sustancias físicas (causa material + causa formal) a las que se añade una causa eficiente intrínseca que les hace ser principio de operaciones. Son los seres vivos.

La filosofía clásica utiliza también el nombre de “naturaleza” para designar la esencia como principio de operaciones.
Lo que caracteriza a la “naturaleza” es precisamente el ser principio de operaciones.

La naturaleza humana es cuerpo humano + alma espiritual.

El hombre procede de un cuerpo físico o cuerpo del universo físico, pero sus operaciones,  aunque están condicionadas por el universo físico  dependen de un cuerpo "humano", es decir, un cuerpo informado por un alma espiritual (no hay cuerpo humano sin alma humana).

La naturaleza humana es pues también principio de operaciones, pero en sentido distinto a las naturalezas sencillamente físicas.

Dios nos ha creado libres en una naturaleza humana, que tiene dos dimensiones, el cuerpo humano y el alma espiritual

El cuerpo humano es la conjunción entre la vida recibida de nuestros padres, creada por Dios según el orden del universo físico, más  la vida que aporta cada persona, creada directamente por Dios.

La vida recibida de los padres es una naturaleza física "esencializada" en la persona que la recibe.
No olvidemos que una naturaleza física es materia + forma sustancial + causa eficiente intrínseca.
La primera célula viva deviene "humana", deviene vida recibida, cuando al ser apta para ser "animada", en el instante de la concepción, y no antes, es efectivamente unida a la persona humana. Es ése el momento de la creación de una nueva persona y de la vida "humana" (tanto recibida como añadida).

La vida añadida es lo que aporta el nuevo acto de ser: el ser "humano" y la esencialización. Lo que era una sencilla naturaleza física se convierte en persona humana, que aparece materialmente en el universo físico y comienza a crecer.


La vida recibida de nuestros padres es solo hasta cierto punto intracósmica, pues el hecho de proceder de dos personas humanas apunta ya a lo metacósmico, pero además, es vida "humana" (extracósmica) desde el momento de la concepción, en el que la persona es creada, cambiando instantáneamente la naturaleza de la primera célula, que será, desde entonces, manifestación de la nueva persona.

La naturaleza humana, en cuanto que recibida de nuestros padres, está abierta al universo físico, y en este sentido tiene una dimensión "retrasante" del futuro, pues está condicionada por el "antes" que es la materia.
Pero en cuanto que vida aportada por cada persona, sus operaciones no están predeterminadas. La libertad va invistiendo la esencia humana.

Hombres y mujeres tenemos la misma naturaleza humana aunque seamos individuos distintos.
La individualidad en el mundo físico es debida a la materialidad de nuestro cuerpo, pero en cuanto que el cuerpo humano está abierto por dentro coexistimos al modo "humano".
Más que individuos somos co-seres, coexistentemente libres.


Coexistimos retrasando el futuro.


Un apunte teológico: la Naturaleza Humana de Cristo es también un retraso del futuro, para unir a Dios la Creación entera.

Las naturalezas estrictamente intracósmicas (plantas y animales) están sujetas al orden del universo físico. Se despliegan según ese orden.

La naturaleza humana, sin embargo, es solamente hasta cierto punto intracósmica (ciertamente somos también materia y la causa material nos retrasa), pero al estar esencializada (pues es manifestación de una persona humana) la naturaleza humana es, de entrada, extracósmica, pues aunque el orden del universo físico le afecta (nos produce jaquecas y reumatismos) está regida por las disposiciones de la persona.

La naturaleza humana está tipificada desde su inicio, tiene unos rasgos únicos, personales. Es el cuerpo de una persona concreta, y no sólo un cuerpo con rasgos genéticos de la especie.

También naturalmente, es decir, de entrada, antes de que se manifieste la vida espiritual, lo humano es distinto de lo intracósmico, porque la naturaleza humana es típica, es la de cada quién.

La naturaleza del elefante no es típica, pues no es un don otorgado a una persona, sino, sencillamente, un número de su especie.


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¿Qué es la separación?

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Separación es la distinción de lo que existe.

Es claro que los seres creados se distinguen realmente unos de otros. Están separados entre sí y separados de Dios. Separación no significa independencia. A más separación, más dependencia. Los seres creados dependen de Dios.

El gran Misterio de Dios es que en su intimidad hay distinción sin separación.

A nosotros nos interesa profundizar en el conocimiento de la separación o distinción de las criaturas.

Los clásicos hablaban de una separación de las sustancias.

Y descubren también que el intelecto personal se separa con una separación que es distinta de la separación de la sustancia.

Así, el intelecto personal, (que es mejor llamarlo inteligir personal),  es "separado" de su tema.

Reservo el término "aislamiento" o "alejamiento" para designar la independencia, la separación culpable, el error peculiar de la libertad que no quiere depender de Dios, buscando su autorrealización. Lo que en moral se llama pecado. Querer vivir sin Dios.

El 30 de junio 2010 celebramos en Kinshasa los 50 años de independencia. Hay un dicho congolés que dice: "los belgas se fueron dejándonos en la más completa independencia".

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¿Es la "sustancia" lo más separado?

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Según Aristóteles lo real, el ente en sentido primario es lo separado, al no estar mezclado con otro. Así entendido, el ente es la sustancia, que es, antes que nada, lo separado.

La característica más neta de la sustancia no es ser en sí, sino no ser en otro. Sustancia significa realidad "separada".

Aristóteles dice también que el intelecto es "separado". De ahí, algunos han deducido que si está separado, el intelecto tiene que ser sustancia, como es el caso de la concepción del "intelecto agente" averroísta.
Si esta separación se entiende de igual modo que la separación sustancial, es una incorrecta interpretación de Aristóteles.

El conocer es lo más separado, pero no a la manera de la sustancia.

La realidad sustancial es otro sentido del acto, y es absolutamente exterior al conocimiento.
Para la ontología la noción de sustancia es muy importante, por eso se incurre fácilmente en la confusión de incluir el conocimiento en el orden sustancial, erigiéndose la categoría sustancia en criterio único.
La sustancia no es más que lo que es, su separación es una autolimitación, en cambio, la separación del conocimiento no es una autolimitación sino apertura.

El intelecto no está separado de la misma manera. El conocer es lo más separado, pero no a la manera de la sustancia.

El conocimiento no es una cosa, no es una caja, no es una jaula.

El meollo del conocimiento es la separación. Método y tema están separados, pero no al modo de la sustancia, sino al modo del conocer.
Método y tema "coinciden", pero no se tocan. La separación aquí es coincidencia inmaculada.

Conocer es posesión de lo conocido sin confusión óntica. La unidad entre acto de conocer y conocido es más íntima que la composición de materia-forma de la sustancia.

Falgueras dirá: conocer es hacerse otro – nótese la dualidad - ("realear" de modo distinto a como "realea" el ser sencillo).

Conocer es, sin dejar de ser quien somos, ser también otro. No es un accidente que se añade como el bronceado de la piel, que nos "cambia" accidentalmente.
Método y tema coinciden sin confundirse.







De esto habla Lluis Pifarré en su libro "Entender a Leonardo Polo", p. 52
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¿Está la sustancia separada?

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Aristóteles dice que el intelecto es lo que está totalmente separado.

Esto Tomás de Aquino lo glosa de una manera muy aguda, pues dice que el intelecto agente está tan separado como la sustancia pero más, o sea, de otra manera.

En efecto, la sustancia está separada para seguir siendo sustancia; en cambio, el intelecto agente está separado para poder entenderlo todo, y por eso se puede decir que el intellectus puede hacerse todas las cosas.

La noción de sustancia, como el resto de las categorías, hay que reservarla para el ámbito de la realidad física.

Sustancia es cualquier compuesto hilemórfico, es decir, cualquier compuesto de materia y forma.
La forma "separa" la sustancia de la indeterminación de la materia.

Ya se ve que es una "separación" ínfima, pues está regida por el orden del universo.

El intelecto está mucho más separado, separado de otra manera. Las categorías físicas no convienen al conocer, no convienen al ser "personal". Así se entiende, por ejemplo, que sea mejor no pensar el conocer como un "accidente", y en teología no pensar tampoco la gracia como "accidente".

Sí, la sustancia está separada, pero su separación es ínfima.
El intelecto está mucho más separado pues se hace otro.

La realidad del conocer es una realidad distinta que la realidad de la física, que no puede ser dos cosas a la vez.
El intelecto, sin embargo, es dual.

Conocer es hacerse otro. Siguiendo siendo lo que somos, también somos otro. No es un bronceado, no es un accidente, es dualidad.

Método y tema coinciden, estando separados.

Para saber más : Cuaderno de Polo sobre la esencia humana. p.106.2 
Y etiqueta 4.1.0 sustancia

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¿Cuál es el meollo del conocimiento?

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El meollo del conocimiento es la separación.

A veces imaginamos el avanzar del conocer como un conjunto de "conexiones".
El estudio de las "conexiones" pertenece a la lógica, pero ahí no está el intríngulis del conocimiento.

Nos cuesta entender lo que es el conocimiento porque no distinguimos convenientemente entre lo mental y la realidad extramental.

Así, cuando hablamos de "conexiones", las imaginamos al modo físico.
En la realidad mental no "concurren" las causas físicas tocándose.

Método y tema no se tocan. Están "separados".

De una parte porque lo mental y lo extramental no "realean" (Falgueras) del mismo modo, son realidades distintas. Pero, aunque fueran realidades mentales, al conocer, no se tocan, siguen separadas.
Para entender la "separación" propia del conocer, Polo acude a la noción de "coincidencia": iluminar e iluminado coinciden, pero no se tocan.

La pretensión de entender la adecuación entre la idea y la cosa como la unión o conexión entre dos "entes" es un enfoque defectuoso del tema.
No debemos imaginar "el sujeto" y "la cosa" como dos "entes" que se tocan. Eso es una coincidencia mal pensada.
Es imaginar el conocimiento como una fotocopia, un papel en el que se imprime una semejanza con lo fotocopiado. Hay algo en el papel que coincide con la cosa fotocopiada,  tocándola.
Pero el papel "no conoce" nada.

Otro ejemplo: pensar que el pensar es como un bronceado que se añade a la piel.
No. El pensamiento no es un accidente.

Conocer es ser también "otro", siguiendo siendo quienes somos.



Esta manera de imaginar o pensar la unión entre el conocer y lo conocido como dos entes que se tocan es incompatible con la realidad del conocimiento.

El meollo del conocimiento es la separación.


De esto habla Polo en Antropología trascendental II, p. 52.

Estudiamos la noción de método en la etiqueta 2.11.0




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¿Cómo forma el acto de conocer lo conocido?

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El acto de conocer forma el tema conocido "separando".

Nos puede servir el ejemplo de una fotografía.
Una fotografía envía a una realidad distinta sirviéndose de la cartulina.
La fotografía es intencional: veo la fotografía y me conduce, acompañando, al fotografiado.

La cartulina es el soporte físico de su intencionalidad.

Pues bien, la intencionalidad cognoscitiva es como una fotografía "separada" de la cartulina. El acto de conocer es la "separación", el acto que separa in mente el objeto conocido de su unión con la materia tal como se presenta en la imagen sensible. Lo pasa de estar unido a la materia a estar separado, intencionalidad pura.

La intencionalidad pura u "objeto" conocido, que nos lleva a la realidad, debe prescindir de lo físico o material.

No de lo físico o material de la realidad conocida, sino de lo físico mío, de lo físico de mi especie impresa, de las condiciones materiales de mi imaginación.
Conocer no es poseer fotografías en el cerebro (eso es más bien la imaginación) sino iluminar, hacer aparecer verdaderamente lo conocido, separar.

La intencionalidad es un camino transitado de acuerdo con el acto, de acuerdo con la "separación", con el dejar de lado mi materialidad.






De esto habla Lluis Pifarré en su libro "Entender a Leonardo Polo", p. 54



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¿Cuál es la separación máxima?

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La separación máxima es la separación y distinción entre las Personas divinas.

En efecto, cuanto mayor es el tema, mayor será el método. Entre método y tema siempre existe congruencia.

Si el tema es Dios, el método debe ser Dios.
Método y tema "coinciden".


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¿Cómo se llega a conocer la distinción real entre acto de ser y esencia?

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La distinción real entre acto de ser y esencia se llega a conocer abandonando el límite mental, según sus cuatro dimensiones.

La distinción real es la averiguación en que culmina la filosofía de Tomás de Aquino. Pero éste no acaba de explicar bien cómo se llega a conocer.

Para sentarla es menester abandonar la actualidad, porque si la esencia y el ser fueran "actuales", su distinción sería objetiva pero no real.
Tomás de Aquino llama al acto de ser, en ocasiones, forma formarum. Esta noción es claramente de índole platónica y, según la propuesta de Polo, insuficiente.

En cualquier caso, la distinción real no se mantiene si todo acto es "actual". La distinción sólo se puede conocer rigurosamente si se abandona la actualidad, el límite mental

Otras veces Tomás de Aquino habla de separatio. Polo sostiene que la separatio, en sentido estricto, es el abandono del límite mental.

Así se advierte el ser extramental (1ª dimensión);
se encuentra la esencia del universo (2ª dimensión);
se alcanza el ser personal (3ª dimensión);
y se accede a la esencia humana (4ª dimensión del abandono).

La distinción real de ser y esencia es distinta en antropología y en metafísica.
Abandonando la actualidad según las cuatro dimensiones, queda sentada en ambos campos.







De esto habla Polo en Antropología trascendental I, p. 121 nota 122 y 122


Para saber más sobre la distinción real ver la etiqueta 1.7.01.5.3
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¿Por qué el idealismo no aborda bien la teoría del conocimiento?

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El idealismo se contenta con sustituir la teoría clásica del conocimiento propuesta por los realistas (teoría correcta que sostiene la adecuación del pensamiento con la realidad extramental…), por la adecuación del pensamiento consigo mismo.
Basan la adecuación en la reflexión y además con el gran inconveniente de pensar la adecuación como conexión.

No tienen en cuenta que el meollo del conocimiento es la separación.

Piensan el conocer como un conjunto de "conexiones". El estudio de las "conexiones" pertenece efectivamente a la lógica, pero ahí no está el intríngulis del conocimiento.

Los idealistas no distinguen convenientemente lo mental y la realidad extramental.

Piensan la adecuación entre la idea y la cosa como la unión o conexión entre dos "entes" mentales que se tocan.

Lo mental y lo extramental no pueden tocarse, claro está,  pero es que el acto de conocer y el objeto conocido tampoco.





De esto habla Polo en Antropología trascendental II, p. 52.2.

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¿Es el universal unum in multis?

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Sí. Pero distinguiendo.

Ser uno en muchos no significa que A, B, C y D coincidan en "H". Eso es una generalización.

La idea universal es hacerse "H", poseer inmanentemente "H".


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¿Cómo las ideas universales nos muestran a Dios?

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Comprendan ustedes que los universales no están previstos "genéticamente".
Sonidos, gustos, colores, miedos, placeres, sí que están contenidos en los sentidos corporales. Pero "saber" que "ella es mamá", eso es una novedad en el universo físico.

Quizá ustedes pueden decirme que cada acto de los sentidos, por ejemplo, el sabor de una almendra tostada también es una novedad. Pero quisiera precisarles que hablo de novedad no en el sentido de la aparición de formas ya previstas en la naturaleza, sino la "estricta" novedad. 

¿Por qué las ideas universales son estricta novedad? ¿No podrían estar los conceptos contenidos potencialmente en la evolución del universo físico, tal como están los colores?

No, porque la novedad no es el concepto (los conceptos no "existen" en el aire) sino el "quién" que posee el concepto. Usted y yo somos la "novedad" capaz de "tener", de "saber" que "ella es mi madre".

El "quién" es extracósmico.
La teoría de la evolución podrá explicarnos, si lo consigue, cómo aparecen las condiciones que permiten a los "quiénes" manifestarse. Pero el "quién libre" no está contenido en las condiciones iniciales del universo físico.

¿De dónde viene? Muchos, entre otros los cristianos, llamamos al Origen Dios. Cada "quién" es libre de llamarle como quiera.


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¿Por qué la computadora no es inteligente?

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La computadora no es inteligente porque utiliza solamente argumentos condicionales: "si  A, B".

La inteligencia propiamente dicha no es únicamente la combinación de datos, cosa que puede hacerse con circuitos de cómputo.

La computadora no es inteligente porque le falta una dimensión decisiva: la conciencia.

Aunque seamos conscientes, no es fácil "pensar" la conciencia, pues la imaginamos como un espejo de nuestros pensamientos, a modo reflexivo.

Pensamos la conciencia como un volver sobre nosotros mismos y no nos damos cuenta de que el intríngulis de la conciencia no es el "volverse" o el moverse (cosa que puede hacer una computadora), sino el "poseer", el "tener" la idea inmanentemente por un quién.

Alguien se da cuenta, concomitantemente, de lo que piensa.

La lógica abstracta o la lógica de la inteligencia no es cuestión de geometría.

Es "posesión" inmanente de una forma, de una idea.

El ordenador, aunque proyecte la película "el árbol de la vida", no sabe nada de la vida.

La inteligencia se comprende ante todo, como el tener una idea. Es la aparición del universal.

Los universales, la "idea" de agua, no existe sino inmanentemente en el "quién" que la piensa. Sin embargo, tiene su fundamento en los torrentes, en los lavaderos, en las fuentes, en la lluvia, y en el salpicarse de las olas.

Los objetos universales se pueden combinar, si se quiere, con argumentos condicionales. Pero las computadoras no "tienen" universales. Les podemos proporcionar datos para que jueguen, aunque ellas no pueden divertirse.
Al fin y al cabo, máquinas son, computadoras.








De esto habla Polo en "Ética". Hacia una versión moderna de los temas clásicos. 2ª edición. Unión Editorial. p. 52.4


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¿Cómo crece la prudencia en el ser humano?

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La prudencia crece en el ser humano estableciendo conexiones permanentes entre ideas "universales".

Las conexiones neuronales en el cerebro de los animales determinan ciertos "razonamientos" condicionales (de tipo digital: si A, B) que dirigen su comportamiento.

Pero los animales no poseen ideas universales.

Primero porque no pueden "poseer", no son un quién exterior a su cerebro capaz de "tener".

Y también porque no pueden pensar "constantes" que se puedan comparar con otras.

Una idea universal es un objeto pensado, suficientemente estable para que al compararlo con otro pueda atribuirse a la conexión un carácter permanente.

Ejemplo: "esto" es agua. Las notas de la idea "agua" valen por sí autónomamente. No necesito pensar el fuego para saber que "esto es agua".
Un chimpancé puede llegar a apagar el fuego con el agua de un cubo. Pero nunca sabrá que "esto es agua".

Pues bien, la prudencia exige, sin duda, tener en cuenta los razonamientos condicionales, como los animales, pero añade la conexión de ideas, constituyendo una especie de sistema, una estructura compleja.

Aprendo, con la experiencia, a ser prudente.







De esto habla Polo en "Ética". Hacia una versión moderna de los temas clásicos. 2ª edición. Unión Editorial. p. 51.4.

¿Puede salirse el hombre del cosmos?

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Sí. El hombre puede salirse del cosmos porque a la capacidad de universalizar, de tener ideas, es inherente el poder interrumpir la acción práctica.

El animal no puede detener su comportamiento práctico. Su imaginación, su instinto, funcionan automáticamente. A lo más, se duerme (y sigue soñando).

El hombre, al poseer ideas, puede detenerse, pararse a pensar, desarrollar una actividad cognoscitiva pura.

El conocimiento sensible, en el animal, no es más que una fase de su comportamiento.

El animal no pude bajarse del tren, vive en su comportamiento.

Pensar es otra manera de vivir, distinta a la vida animal. Escaparse de lo físico.
Algunos animales sueñan. Ninguno piensa.
El sueño es una fase del comportamiento animal.

El hombre, al despertar, puede salirse del sueño, el animal sigue en su tren.

El hombre, cuando piensa, se separa de cualquier otra ocupación. Puede cesar la acción práctica y no hacer nada. Sólo pensar.

El hombre al suspender su conducta práctica, muestra otra manera de vivir, extracósmica, otra actividad vital no determinada por la física.

Cuando se piensa, no se hace nada. Pero ese no hacer nada no es el puro quedarse en blanco: es sustituir la acción práctica por otro acto, sustituir la acción por el conocimiento.







De esto habla Polo en "Ética". Hacia una versión moderna de los temas clásicos. 2ª edición. Unión Editorial. p. 53
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¿Por qué se dice a veces que "primum vivere, deinde philosophare", primero vivir y después filosofar?

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Porque "vivir" significa aquí la vida práctica.
Si no tenemos resueltos los problemas prácticos, no podemos dedicarnos a pensar, porque justamente pensar es detenerse a pensar, limitarse a pensar.

Desde el punto de vista biológico, la inteligencia se describe así: es la interrupción de la conducta práctica por otro tipo de actividad vital que nos pone enfrente lo universal.

El universal es la idea, el conocimiento de lo que las cosas son independientemente de su relación con nuestra vida.

El animal no puede interrumpir su comportamiento.
Al no llegar a universalizar vive inmerso en el tren que le conduce, sin saber a dónde va.

Pensar es otra manera de vivir, distinta a la vida animal.
Algunos animales sueñan. Ninguno piensa.
El sueño es una fase del comportamiento animal.
El hombre, al despertar, puede salirse del sueño. El animal sigue en su tren.

Despiertos podemos decirnos, antes de filosofar:
-veamos dónde puedo vivir mejor.




De esto habla Polo en "Ética". Hacia una versión moderna de los temas clásicos. 2ª edición. Unión Editorial. p. 53.2


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¿Es real el universal?

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Nada "general" es real.
No hay nada real que sea general.

El problema de los universales se resuelve clásicamente diciendo que son entes de razón con fundamento en la realidad.

La persona no es un universal. La idea de persona sí es general (universal), pero esa idea sólo existe en quien la piensa.

En la realidad existen personas, cada quién es una persona real.

También es real el universo físico.
Sin embargo, no es lo mismo la realidad, el ser de una persona (que es dual, abierta por dentro) que el ser del universo, que es sencillo y se despliega en infinidad de formas.
Un orangután es, sencillamente, una de esas concretizaciones del ser del universo.

La persona es extracósmica.

La idea de persona o la idea del universo es irreal, pero con fundamento en la realidad de las personas y de los seres físicos. Que pueden ser conocidos gracias a la realidad de nuestros actos de conocimiento (que son también reales). Lo irreal es el objeto.






De esto habla Polo en "Ética". Hacia una versión moderna de los temas clásicos. 2ª edición. Unión Editorial. p. 53.3

Para saber más sobre la realidad, ir a etiqueta 1.1.5

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¿Por qué los hombres intervenimos en el universo de modo más eficaz que los pájaros?

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Porque desde el mundo de las ideas se interviene en el plano práctico de una manera "nueva" y mucho más eficaz.

Pensar es detenerse a pensar y pensar es tomar contacto con un ámbito que no es el mundo real físico, sino inmutable: el mundo de las ideas. Somos, por decirlo así, extracósmicos.

Si me paro a pensar, por ejemplo, en el agua en general, en el universal "agua", si poseo esa noción, no sólo me acercaré, temeroso, a beber o bañarme, sino que puedo ser bombero o comenzar un negocio de agua natural.
Eso no lo puede hacer un mono, un animal dotado, a lo más, de imaginación.

El animal vive en el tren del universo físico, sin poder bajarse y sin poder programarlo. No piensa.






De esto habla Polo en "Ética". Hacia una versión moderna de los temas clásicos. 2ª edición. Unión Editorial. p. 53.4

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¿Por qué decimos que al pensar suspendemos la conducta práctica?

.Cuando estoy pensando en el fuego no estoy haciendo nada con el fuego, no estoy asando comida o fundiendo metales.
El fuego pensado no quema.

Habérselas con universales es detener la conducta práctica.
El fuego en que estoy pensando es intencional, pero no es real, decimos los filósofos.
Pensando en el fuego se deja en suspenso la relación con la realidad del fuego.
Gracias al pensamiento, a la actividad teórica, podré modificar la realidad. Un arquitecto, antes de hacer un edificio, piensa un plano.
Pensar un plano no es hacer un edificio, sino el modelo del edificio. Y de acuerdo con el modelo, luego puede tener lugar la actividad práctica de construirlo.
Pero la elaboración del modelo, del plano, no es una actividad práctica, sino una actividad teórica.
La diferencia entre las dos actividades es clara: se pueden conectar, pero de entrada son distintas.



De esto habla Polo en "Ética". Hacia una versión moderna de los temas clásicos. 2ª edición. Unión Editorial. p. 54.3
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¿A qué llamamos cuerpo?

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Llamamos cuerpo al modo como se organiza la materia de los seres vivos (naturalezas).
No la materia de las "sustancias" meramente físicas, sino de las "naturalezas", los vivientes del mundo físico. Es cuerpo orgánico propio de los "vivientes".
El cuerpo de los animales es intracósmico.

Comprendamos ahora que si hacemos una transfusión de sangre de un animal a otro, la sangre que pertenecía al cuerpo de un animal pasa a formar parte del cuerpo del segundo.

La causa material es "potencia pura", que por ser constitutiva de las criaturas físicas impide que éstas sean necesarias. Las criaturas físicas "pueden" cambiar. Dependiendo de su organización, de su forma, los seres vivos, crecen, desaparecen, se reproducen…

El cuerpo humano, sin embargo, no es un mero cuerpo animal.

Si lo estudiamos como intracósmico, biológicamente o tal como aparece ante nosotros, y si sabemos abandonar el límite mental según la 2ª dimensión poliana, lo entenderemos como un objeto más del universo físico. Es su consideración objetiva.

Peso si lo estudiamos subjetivamente (gracias a la 4ª dimensión del método del abandono) nos daremos cuenta de que nos expresamos gracias a nuestro cuerpo, vivimos a partir de nuestro cuerpo y sin el cuerpo no "hay" pensamiento objetivo.
Esta consideración nos lleva a comprender que el cuerpo es necesario para que la persona que soy se manifieste y que al mismo tiempo, mi yo modifica "mi" cuerpo haciéndolo más apto para vivir más y mejor.

Por eso decimos que el cuerpo humano no es un mero cuerpo animal. En tanto que pertenece  a una persona, el cuerpo humano está "reforzado" o "esencializado". Es físico solo hasta cierto punto, pues su función ya no es meramente biológica, sino condición de una vida superior, espiritual, humana.

De modo análogo a como los hematíes de un animal pueden ser transfusionados a otro animal, o la sangre en una probeta, que no pertenece a nadie, puede devenir "mi" sangre", la materia y la vida biológica que forman parte de "mi" cuerpo ya no son meramente vida física, sino condición de expresión de vida espiritual. Es "mi" cuerpo al estar esencializado, reforzado o perfeccionado por el ser personal que soy.

Nuestros padres procrean nuestros cuerpos "humanos" estableciendo las condiciones para que la vida biológica que transmiten pueda pertenecer a una persona creada directamente por Dios, que se manifestará precisamente en ese cuerpo que, desde la concepción es ya humano.

La naturaleza humana nunca es meramente física. Aunque yo no reconozca mi cuerpo, es un cuerpo que, al ser humano, es capaz de Dios, punto de apoyo de esa capacidad. También aunque no lo reconozcan mis padres. Con su ayuda y la ayuda de los demás iré "esencializándolo", apoyándome en él para hacer crecer mi vida, colaborando en la construcción de la historia. Gracias a él podré constituir y otorgar el don de mi vida.

Por eso decimos que el cuerpo es la frontera inferior de la persona humana. Punto cero de nuestra orientación en el espacio y en el tiempo histórico. Territorio ignoto que me abre a los demás y a Dios.

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¿Qué es lo otro?

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Lo otro, para Polo, es la distinción pura.

Estamos hablando de la realidad trascendental y no de las diferencias lógicas que son meramente pensadas. Realmente, lo otro es distinción.


Dios es el Otro Absoluto. Distinción pura de tres Personas.

A partir de ahí, utilizaremos la noción de "otro" para designar las distinciones reales.

Sin olvidar que la "distinción" marca también la "dependencia" entre los seres creados.

Diremos, que una planta es "diferente" de otra planta, en cuanto que "pensada". Un tulipán pensado depende muy poco de una rosa pensada.

Ser distinto, sin embargo, es depender. Más distinción, más dependencia.
Nuestra máxima distinción y dependencia es nuestra distinción de Dios.

Un ejemplo: la esencia es distinta del ser pues depende realmente del ser.

Las personas dependemos unas de otras.
Y dependemos absolutamente del Otro.

La noción de otro o noción de distinción la encontraremos siempre en el filosofar.

Especialmente significativa es la noción de "otro" como bien. Dependo del aire para respirar. El aire es un bien para mí. Es lo otro que necesito.
Otro equivale aquí, en su sencillez, a la noción de bien (Jorge Mario Posada).
Tú eres mi bien (no puedo vivir sin ti).

La noción de otro equivale a la noción de bien en orden a la realización del ser. El ser nunca está definitivamente consumado. Necesita del otro, de los otros, del Otro.

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