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¿La unidad es siempre prematura?

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Tras leer su intervención en la Presentación de las Obras completas de don Leonardo, “Todo éxito es prematuro”, no sé por qué, me acordé de que yo utilizo la expresión “la unidad es siempre prematura”, atribuyéndola a Polo.

Le pregunté a don Ignacio Falgueras, y me ha contestado así :

Querido amigo: No recuerdo haber oído la afirmación "La unidad es siempre prematura" a D. Leonardo, pero como Vd. puede fácilmente comprender, yo no
soy testigo de todo cuanto él dijo.

De todas maneras, suponiendo que lo hubiera dicho, convendría saber a qué unidad se referiría, puesto que la única unidad real que él admitía era la unidad de identidad o simplicidad divina.

Y respecto de ella no tendría sentido alguno esa sentencia.

Todo lo demás, en cambio, no es unidad real.
Por ejemplo, lo primero "uno" que conocemos es el objeto, pero ésa es una unidad de dos, puesto que –en verdad- es la unidad de la operación y del objeto (conmensuración), sólo que el objeto oculta la operación detrás de su destacada inmediación.

¿A qué unidad, entonces, podría referirse? ¿A la unidad numérica? ¿A la unidad de vida? ¿A la unidad de la Iglesia? ¿A la unidad de las Iglesias? ¿A la unidad de acción?

Parece que esa afirmación podría tener algún sentido en relación con la vida práctica, que es el ámbito en el que cabe la maduración, porque en el pensamiento la unidad (dual) parece garantizada por la posesión del fin que caracteriza a sus actos.

A la vista de todo lo anterior, ¿no hubiera sido más correcta la afirmación "toda unión es prematura"?

Eso es lo que podría decirle yo en el supuesto de que D. Leonardo hubiera dicho algo semejante, cosa que no me consta.

Le agradecemos su respuesta.



Presentación de Ignacio Falgueras





. Lo más rápido es que vayan ustedes a la web personal : http://webpersonal.uma.es/~JIFALGUERAS/ 

Allí encontrarán un BREVE CURRICULUM VITAE: Nacido en Málaga (España) en 1940. 
1959-64: estudios de Teología (con especial atención al pensamiento de s. Agustín, bajo la dirección del P. Agostino Trapé) en el Institutum Patristicum Augustinianum de Roma, obteniendo el grado de Bachiller en Teología por la Pontificia Universidad Lateranense (1963), y el de licenciado en Teología, Magna cum laude, por la Universidad Pontificia de Salamanca (1964). 
1966-1969: estudios de filosofía en las Universidades de Granada y Navarra, obteniendo el grado de licenciado (1971) junto con el premio fin de carrera de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Navarra. 

1969-1978: actividad docente, primero como profesor ayudante (69-71), después como profesor contratado (71-74), y -tras defender la tesis doctoral con la calificación de sobresaliente cum laude en 1974- profesor adjunto en la Universidad de Navarra. 

1977: ingreso por concurso-oposición en el Cuerpo Nacional de Profesores Adjuntos de Universidad, tomando posesión (1978) de la plaza de Historia de la Filosofía de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Málaga. 
En 1979: obtención de la plaza de Profesor Agregado de Historia de la Filosofía de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Málaga mediante concurso-oposición nacional. 

En 1979: obtención de una beca de la Fundación Alexander von Humboldt para investigar sobre la doctrina de las potencias en Schelling en la Ludwig Maximilian Universität de München, donde trabajó con el Prof. Dr. Hermann Krings durante los años 1980 y 1981; y durante el verano de 1984 en la Universidad de Münster. 

En 1982: nombramiento, por concurso de méritos nacional, de Catedrático de Historia de la Filosofía Moderna y Contemporánea de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Málaga. 

Entre 1978 y 1983 director del Departamento de Filosofía en la misma Facultad y Universidad. Fue fundador de la Sociedad Andaluza de Filosofía y de la Revista Thémata. 

Es profesor visitante de la Universidad Católica de Valparaíso (Chile). En la actualidad dirige el Grupo de Investigación sobre el Idealismo Alemán, que él mismo fundó en la Universidad de Málaga (1984), y fue consolidado oficialmente (1989) en el Plan Andaluz de Investigación (HUM 172). Ha organizado y participado en numerosos congresos nacionales e internacionales. 

 PUBLICACIONES: Aparte de los apuntes de clase de Introducción a la Filosofía, Historia de la Filosofía Moderna y Teología racional, así como de gran número de libros en colaboración y de artículos, sus principales publicaciones son: 

La "res cogitans" en Espinosa, Eunsa, Pamplona, 1976; 
Los comienzos filosóficos de Schelling (Ed.), Universidad de Málaga, Málaga, 1988; 

Esbozo de una filosofía trascendental (I), Cuadernos de Anuario Filosófico, Universidad de Navarra, Pamplona, 1996; 

Crisis y renovación de la metafísica, Universidad de Málaga, Málaga, 1997; 

Hombre y destino, Eunsa, Pamplona, 1998; 

Perplejidad y filosofía trascendental en Kant, Cuadernos de Anuario Filosófico, Universidad de Navarra, Pamplona, 1999; 

El abandono final. Una meditación teológica sobre la muerte cristiana, Universidad de Málaga, Málaga, 1999. 


 PROPUESTA FILOSÓFICA: No es mi filosofía tanto una propuesta doctrinal, cuanto la propuesta de una tarea: la del autotrascendimiento. 

Autotrascenderse es ejercer la actividad trascendedora de nuestra inteligencia incluso por encima de nuestro propio inteligir. Esta propuesta se inscribe dentro del método del abandono del límite mental propuesto por mi maestro Leonardo Polo, pero formulándolo dentro de la tradición filosófica agustiniana y prolongando dicho abandono hasta un trascendimiento del propio entender humano tal que nos abra el orden de los trascendentales. El núcleo de mi aportación es el descubrimiento del dar como actividad trascendental que al comunicarse ni se pierde ni hace perder nada. 
 Según esto, autotrascenderse no es perderse ni quedarse atrás, sino darse trascendentalmente, dejando traslucir el propio ser y entender desde más allá de ellos. El rendimiento propio del autotrascendimiento como dar(se) es la interna conveniencia de sus hallazgos entre sí y con la realidad, es decir: la congruencia, que es el signo y requisito más alto de la verdad, muy por encima de la mera no contradicción, o mera pensabilidad. 
 Precisamente por razón de congruencia hablo de propuesta y no de doctrina filosófica, porque el autotrascendimiento y el dar son ejercicios de la libertad. 

En primer lugar, no se trata tanto de convencer o demostrar, cuanto de buscar la verdad y proponer los resultados hallados a la libertad de los que buscan filosófica o puramente la verdad. 

Además, la propuesta es una forma de donación que no rechaza otras propuestas, por lo que permite adscribirse a una tradición, más aún, entiende la filosofía como una tradición dentro de la cual se enrola para hacer congruente los legados precedentes y para servir a futuros desarrollos mejores que los propios. No implica eso que considere mis averiguaciones como falsas o perecederas, sino como mejora de otras precedentes y como ilimitadamente mejorables por futuros filósofos. Según los datos precedentes, mi propuesta filosófica puede ser descrita como una filosofía trascendental, en atención a su método, como una filosofía del dar, en atención a su descubrimiento, o como una filosofía de la congruencia, en atención a los resultados de su método. .

¿Qué es la Muerte de Cristo?

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La Muerte de Cristo es su "aceptación" de la experiencia del abandono de Dios, confiando en su Misericordia, con la intención de aportar la felicidad eterna a la humanidad.

La Muerte de Cristo es la dimensión radical del acto Supremo del Amor de Dios hacia los hombres.

El sufrimiento de esta Muerte es aceptado por Cristo y esencialmente consiste en experimentar el abandono del Padre.


Entendámoslo bien, Dios Padre no abandona   al Verbo, no abandona a su Hijo.

Y tampoco abandona al alma de Cristo.

Además, el cuerpo, separado del alma, no puede sufrir, pues un cuerpo separado está muerto, es un cadáver, ni siente, ni goza, ni sufre.

Sin embargo, el alma separada sí que no puede seguir gozando de la felicidad "que viene del cuerpo".
La felicidad que el cuerpo de Cristo sentía, en su alma, era, desde la Encarnación, la felicidad de la visión beatífica que hace al cuerpo glorioso, luminoso, reflejo del Espíritu Santo.

Y es esa felicidad proveniente de la gloria de su cuerpo la que se pierde en la Muerte.

El Hijo da ese dolor, ofrece ese dolor a los hombres para que nos arrepintamos de nuestros pecados, al darnos cuenta de lo que el pecado provoca: la separación de Dios, único y verdadero mal.

La Muerte de Cristo es, pues, su sufrimiento, por el abandono de Dios Padre.

Notemos que Cristo se gozaba también en la felicidad de su Cuerpo místico, la Iglesia. Por eso, en su Muerte, Cristo se queja también del sufrimiento que le producen los miembros de la Iglesia cuando se separan de Dios por el pecado y arriesgan el abandono definitivo de Dios.




Ideas y frases sacadas de Ignacio Falgueras Salinas en "El abandono final. Una meditación teológica sobre la muerte cristiana. Universidad de Málaga. Estudios y Ensayos, nº 32, p.55


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La Autotrascendencia como propuesta filosófica de don Ignacio Falgueras

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El autotrascendimiento es una propuesta filosófica de don Ignacio Falgueras.

Una propuesta que se inscribe dentro del método poliano del abandono del límite mental.

 

Es posible abandonar el límite mental y alcanzar los trascendentales, entre ellos el Inteligir personal. Podemos descubrir que somos "transparentes", luz transparente.

 

Pues bien, también es posible trascender nuestro Inteligir y alcanzar progresivamente la Luz Originaria (y el orden y la jerarquía de lo trascendente). Noten ustedes los atisbos de la Trinidad de la propuesta.

 

¿Cómo se trasciende el Inteligir personal?

Falgueras descubre que esa actividad autotrascendedora no es otra cosa que el "darse", sin perderse ni perder nada. La entrega a Dios. Autodestinarse.

 

Autotrascenderse, dice, es ejercer la actividad trascendedora de nuestra inteligencia incluso por encima de nuestro propio inteligir.

 

Ejercemos esa actividad según el modo más alto de nuestro Dar.

 

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Pienso, sin embargo, que el dar más alto en la persona humana es un aceptar.

Admito la autotrascendencia, pero la veo como un autotranscenderse, al aceptar el Don de Dios

Al mismo tiempo, la manifestación de ese aceptar es el don de la vida humana, que la persona da, en su más alto dar, que coincide con el Dar de Fagueras, a mi entender.

En definitiva, un Don-don, que se abre al encuentro definitivo con Dios.


¿No merece Ignacio Falgueras el nº 1 entre los polianos?

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En la galaxia poliana, los puestos nos preocupan poco.

Algún orden hay que poner para entendernos y facilitar la congruencia.

Si he dado el número 1 a Ricardo Yepes es porque ya está en el Cielo y por la amistad que me unió a él, además de sus méritos indiscutibles.

Pero tienen ustedes razón en pedir para don Ignacio el número 1.
A él, supongo, le da lo mismo.


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¿Qué caracteriza a las personas?

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El dar.
Sólo dan las personas y sólo aceptan las personas.

Ideas inspiradas en el artículo "Aclaraciones sobre y desde el dar, de Falgueras, en Miscelánea poliana nº 9. p.81.4. Citamos las páginas según la recopilación titulada "Antropología y trascendencia" publicada por I. Falgueras y Juan A. García.

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