Título
de la comunicación: San Josemaría y la “vida eterna” en Leonardo Polo.
Contemplación de Dios desde una “cierta antecedencia”. Pueden ustedes
encontrarla en el blog https://preguntaspolianas.blogspot.com/.
Leonardo Polo escribió en 1985 un largo
artículo titulado "El concepto de vida en Mons. Escrivá de Balaguer".
“Escribo estas páginas, dice don Leonardo, en el décimo
aniversario de su muerte (1985) como homenaje a su figura, con la seguridad de
que su deseo de contemplar el rostro de Dios se ha cumplido”.
Puedo resumir con tres palabras cómo muestra Polo lo que
es la “vida eterna” en el último capítulo de su artículo, dialogando con san
Josemaría: Concentración. Gravitación, Contemplación.
Concentración. La vida se
concentra en cada una de sus dimensiones.
Aristóteles tiene razón cuando dice que la vida
es el ser de los vivientes.
Y Polo comenta: Cuando se trata de la vida no se debe
perder de vista que la vida para el viviente es “ser” y que, por tanto, no
pertenece al orden lógico: no hay vida abstracta.
La vida es universal en tanto que se concentra entera
en cada una de sus dimensiones.
Mi ser se concentra entero en cada una de mis
dimensiones.
El concepto lógico de la vida humana es universal,
pero la universalidad del concepto real de vida humana no consiste en
que se encuentre en todos los humanos, sino que cada vida humana, se concentra
entera en todas y cada una de sus dimensiones, aunándolas, además, desde
dentro.
Así la persona que soy, mi vida, se concentra entera
en cada una de mis células o en cada uno de mis dientes, en cada una de las
dimensiones de mi ser.
La persona que soy vive concentrada en cada uno de
mis glóbulos y rebosa desde ellos, como un trascender interno, reforzando la
unidad de las distintas dimensiones de mi vida.
Si pierdo un diente, mi vida, mi persona, no está ya en
ese diente. Ese diente ya no es mío al perder su unidad con mi vida, con mi ser.
Para entender esta concentración de la vida puede
servirnos la imagen del café instantáneo granulado.
Todo el café se encuentra, en cierto modo, concentrado en
cada grano.
El café se manifestará, digámoslo así, cuando se den las
condiciones adecuadas (el agua caliente y la interacción de los distintos
granos).
Saborearemos, en uno de los momentos de nuestra vida, la intensidad
del café en la medida de su intensidad instantánea.
Gravitación.
La vida “real”, no abstracta, gravita sobre cada una de
sus dimensiones, vivificándolas.
Las dimensiones de la vida son los momentos de su
ejercicio, que tienen una cierta antecedencia o anterioridad a su crecimiento unitario.
¿Por qué hablamos
de “una cierta antecedencia”?
El profesor Juan
A. García comentó en un artículo que la esencia de la persona humana procede de
la vuelta del carácter de además a su punto de partida que es el límite mental.
Y que lo que es
curioso, dice, es que, aunque la esencia de la persona humana procede de esa
vuelta, la esencia tiene “una cierta antecedencia”.
Podemos
decir que el carácter de además se dota de su propio punto de partida.
Con otras palabras,
el carácter de además y su vuelta son, digámoslo así, simultáneos.
Polo a veces
expresa dicha vuelta como el sentido transversal del carácter de
además.
Cuando decimos que
la vida gravita sobre cada “momento” estamos diciendo que sucede una atracción
mutua. La tierra gravita alrededor del sol, la luna gravita alrededor de la
tierra. Se trata de una atracción mutua.
La ley de la
gravitación universal estipula que dos masas se atraen “mutuamente”. Una
de las masas (la tierra) parece inmóvil únicamente porque su masa gigantesca
opone una resistencia infinita a la atracción de nuestra pequeñísima masa. La
Tierra atrae hacia su centro con una fuerza igual a nuestro peso. Nosotros
atraemos a la Tierra con la misma fuerza. La atracción es mutua.
Aplicando esta ley
de gravitación a los momentos de nuestra vida, podemos afirmar que estamos
vivos porque la vida (el ser que somos) gravita sobre cada uno de nuestros
“momentos”. Ahí radica la “unidad de la vida”. Todos los “momentos” se unen en
virtud de la atracción mutua, gracias a la vida, a su trascender interno, dual
y además.
Polo explica que el vivir no se agota en su inmediata
actualidad, sino que, como venimos diciendo, la vida gravita sobre los momentos
de su ejercicio, prestándole el peso de su unidad, esto es, dándose a ella de
acuerdo con ella. Este “acuerdo con ella” es una cierta
antecedencia.
Contemplación.
Leonardo Polo ha aprendido de san Josemaría que la vida
eterna es contemplación de Dios.
Apliquemos ahora la noción de “gravitación” al modo como
Dios nos conoce. Porque la Vida divina gravita también, sobre la persona que
soy. Cada trascendental personal es atraído por Dios abriéndose con la humildad
(el co-ser), la esperanza (la libertad), la fe (el inteligir personal) y la
caridad (el amar personal).
Mi vida eterna será acogida en
la máxima amplitud de Dios.
No comprensivamente, sino contemplativamente. Mi crecimiento eterno será siempre “además” del Misterio de Dios.
Contemplación.
No comprensivamente, porque aunque veamos a Dios cara a
cara nunca llegaremos a comprender el Misterio. Seremos acogidos
contemplativamente, en adoración contemplativa.
Y me permito añadir: contemplación de Dios, desde “una
cierta antecedencia”.
Entonces, el carácter donal de la persona se expresará en
un canto de alabanza y gratitud perennes.
De este modo, el
encontronazo definitivo con Dios, la vida eterna, de cada persona humana, deja
de ser una inmortalidad estática para convertirse en un cántico acogido en la
máxima amplitud de Dios.
Y ese canto es,
precisamente una cierta antecedencia del hijo que somos en el Dios Hijo.
La vida eterna es
conocer a Dios como Dios nos conoce. Pero Dios Padre nos conoce de acuerdo con
su Hijo. Y el Dios Hijo nos conoce de acuerdo con lo que quiera contemplar
nuestra libertad.
Mi vida eterna
depende también de mí.
Será eternamente
contemplación de Dios, pero desde la antecedencia de mi querer libre.
He escrito esta comunicación como homenaje a la figura de
don Leonardo Polo, que me ha hecho entender que mi vida es una cierta
antecedencia de mi vida eterna.
Caminante no hay camino, se hace camino al andar.
Antonio Machado me recuerda
que la vida eterna no está trazada de antemano para cada uno, sino que la
iremos abriendo a través de nuestro canto, a través de nuestras decisiones.
Decisiones libres que son una “cierta antecedencia” de la vida eterna de
cada quién.
Vida eterna que se anticipa también en mi vida
terrestre, en tanto que esta vida es una cierta antecedencia de la eterna, que
crece al caminar. El Cielo está muy cerca.

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