¿Cómo se llega a conocer la distinción real entre acto de ser y esencia?

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La distinción real entre acto de ser y esencia se llega a conocer abandonando el límite mental, según sus cuatro dimensiones.

La distinción real es la averiguación en que culmina la filosofía de Tomás de Aquino. Pero éste no acaba de explicar bien cómo se llega a conocer.

Para sentarla es menester abandonar la actualidad, porque si la esencia y el ser fueran "actuales", su distinción sería objetiva pero no real.
Tomás de Aquino llama al acto de ser, en ocasiones, forma formarum. Esta noción es claramente de índole platónica y, según la propuesta de Polo, insuficiente.

En cualquier caso, la distinción real no se mantiene si todo acto es "actual". La distinción sólo se puede conocer rigurosamente si se abandona la actualidad, el límite mental

Otras veces Tomás de Aquino habla de separatio. Polo sostiene que la separatio, en sentido estricto, es el abandono del límite mental.

Así se advierte el ser extramental (1ª dimensión);
se encuentra la esencia del universo (2ª dimensión);
se alcanza el ser personal (3ª dimensión);
y se accede a la esencia humana (4ª dimensión del abandono).

La distinción real de ser y esencia es distinta en antropología y en metafísica.
Abandonando la actualidad según las cuatro dimensiones, queda sentada en ambos campos.







De esto habla Polo en Antropología trascendental I, p. 121 nota 122 y 122


Para saber más sobre la distinción real ver la etiqueta 1.7.01.5.3
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5 comentarios:

  1. Una pregunta, ¿realmente es necesario llamar al límite mental "límite"? ¿Se puede usar otra terminología?

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  2. ¿Y cómo quieres llamarlo? ¿Actualidad? Me parece que el término expresa muy bien la realidad.

    Quizás lo que te inquiete es el uso peyorativo de "limitación".
    Entonces estoy de acuerdo contigo que hay que explicar el "valor" del límite mental como hizo en su día Salvador Piá y que Rafa Corazón cita abundantemente al final de su librito (tan valioso) "El pensamiento de Leonardo Polo". Son las tres últimas páginas y en ellas queda claro que es insuficiente caracterizar el límite mental solo de manera negativa.
    Ya habrás leído como termina : "Si no existe Dios personal, el hombre no es persona".

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  3. Sí, más o menos voy por ahí. Quizá acuñar la noción como "límite mental" da lugar a equívocos que de cara a los que no conocen la temática de Don Leonardo produce cierto rechazo, ya que parece, por un lado, una fanfarronada (parece que el límite lo abandonan los polianos y se creen una especie de Jedis que controlan la fuerza con el Maestro Joda, que sería Polo), y por otro lado parece que "el abandono" sea una noción que atente contra la razonabilidad del método. Sinceramente, siendo un poco gráficos, la impresión que me da la noción de "abandono del límite mental" es que te estalla la cabeza como si fuera "la nit del foc" en fallas. Vamos, que si se traduce el castellano de Don Leonardo a un castellano más palpable, estoy seguro que su planteamiento será más asequible. Hace falta (en mi opinión de novato filosófico) literatura con trasfondo poliano que prescinda del lenguaje poliano.

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  4. La filosofía hay que hacerla sin prisas.
    Si planteamos las cosas con calma y serenamente no hay lugar para las fanfarronadas.

    El método no es "razonable".
    Por eso hasta los niños lo ejercen.
    Cuando un niño sabe que el universo "existe" está abandonando el límite mental. Sin darse cuenta.
    Toda persona tiene el hábito innato de los primeros principios. Su ejercicio es el abandono del límite en su primera dimensión.
    La literatura de trasfondo poliano es abundante.
    Rafael Corazón tiene razón cuando termina su libro diciendo que la crisis de la cultura occidental puede cambiar si se logra una mejor comprensión del hombre. Por eso el pensamiento de Leonardo Polo puede contribuir a cambiar el curso de la historia.

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