¿Cuántas dimensiones tiene la apertura trascendente?
¿Por qué María no podía pecar?
María no podía pecar porque Dios la llenó de gracia desde su
concepción, es decir, le dio una libertad tal como la tendremos nosotros en el Cielo.
En el Cielo, siendo libres, no podremos pecar porque Dios
nos habrá introducido en su Amor, en su Vida eterna.
El pecado es el error inherente a la libertad.
Pero la libertad de María, como la nuestra en el Cielo, ya no puede errar, porque es la libertad del Amor. Es la libertad tras el Juicio particular que nos hace entrar en la Vida eterna del Amor.
Cuando Dios crea a María sabe que es humilde, que nunca será
como el diablo, que quería ser como Dios, negándose a ser criatura.
Dios inaugura con María la Vida nueva, la Nueva creación
fruto de su Resurrección.
Este es el meollo del Misterio Pascual.
Dios ha aceptado libremente el sufrimiento de la Cruz
causado por los pecados. Nos crea y respeta nuestra libertad porque sabe que un
día, tras el Juicio, seremos como María.
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¿Un buen antídoto contra el pecado original y contra el pecado en general?
El gran antídoto contra el pecado es la oración de petición.
Si el pecado original es la pretensión de no ser criatura, el niño que reza, María humilde, son el camino para someter nuestra libertad nativa, libremente, a nuestro destino (libertad de destinación: dar gloria a Dios).
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¿A qué podemos llamar « obediencia trascendente» ?
Libremente buscamos el don que debería ser para Dios.
Digo “debería” porque trascendentalmente, al ser libres, las personas somos capaces de desobedecer.
Esta maldita capacidad es lo que llamamos caída trascendental. Es nuestra comunión original con el demonio.
Dios miró la Humildad de su sierva.
Su aceptar el Don se hace Carne.
¿Qué apertura trascendente recibe el nombre de humildad?
¿Es la humildad una virtud de la voluntad?
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El profesor Sellés en su trabajo sobre la humildad según Leonardo Polo sostiene que la humildad no es una virtud de la voluntad, sino una característica de la libertad personal.
De acuerdo, siempre que sostengamos también que la libertad personal es el primer trascendental personal (coexistencia libre).
Pero si sostenemos que el primer trascendental es la coexistencia y el segundo la libertad, prefiero decir que la humildad es una característica de la coexistencia.
Precisamente la apertura trascendente llamada “humildad”.
La característica propia de la libertad personal sería entonces la “fidelidad” que se corresponde con la apertura transcendente “esperanza”.
La característica propia del conocer personal sería la “filiación”, que se corresponde con la apertura trascendente “fe”.
Y la característica propia del amar personal sería la “comunión”, que se corresponde con la apertura trascendente comunión.
.¿Qué es la humildad?
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Su paradigma es María.
La persona, en tanto que humilde, no se distrae de Dios.
¿Qué apertura transcendental recibe el nombre de humildad?
¿Qué es la llamada inicial?
La llamada inicial es la creación de cada persona humana. Se le llama también creación segunda.
La creación primera es la creación del universo físico.
La
persona humana se caracteriza por su crecimiento según sus elevaciones. (Estudiamos las elevaciones trascendentales en la etiqueta 5.7.0)
La
creación de la libertad de la persona humana exige la llamada inicial
(vocación según Piá).
La persona es libre, debe responder a una llamada. No está
determinada.
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La llamada inicial es pues una de las
"elevaciones" trascendentales de la persona humana.
A la llamada inicial podemos también llamarla gracia inicial (que abre el radical
co-ser hacia Dios. Esta gracia es una apertura trascendente que llamamos humildad trascendental) y podemos también llamarla gracia primera (en tanto que abre, con tres
aperturas, los otros tres trascendentales hacia Dios. La esperanza
trascendental es la apertura de la libertad. La fe trascendental es la apertura del
inteligir personal. La caridad trascendental es la apertura del amar trascendental.
La llamada inicial es pues el modo peculiar como Dios
crea cada persona humana. Dios la crea,
"llamándola".
Noten
la exquisita ternura de un Dios que no nos crea despóticamente, sino en libertad.
Nos "llama".
El
fruto de la llamada inicial es, por lo tanto, una apertura trascendente (vean las etiquetas que empiezan por 5.13).
La
persona humana es creada con una intimidad orientada de suyo al
auto-transcendimiento, a vivir-con o en Dios.
- en cuanto ser libre, se abre el ser en esperanza;
- en cuanto inteligir personal, se abre en fe;
Son
"las aperturas trascendentes" (el cómo
el ser personal se abre a Dios, respondiendo a la llamada).
Otra
cosa distinta es la apertura "trascendental" o
apertura íntima, que designa las dualidades íntimas del ser personal. Es decir,
nuestro estar abiertos por dentro (la estudiaremos en las etiquetas 5.11).
Ya
saben ustedes que la intimidad personal poliana
comprende:
- la dualidad entre la
apertura interior y la apertura hacia adentro.
La apertura interior es la dualidad entre
co-ser y libertad,
y la apertura hacia adentro, es la dualidad entre el inteligir personal y
el amar.
Entramos
en contacto con nuestra Réplica.
Se habla de
las aperturas en la etiqueta 5.8.0
Se habla de
la réplica en la etiqueta 5.4.2
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¿Cómo se realiza la llamada inicial de Dios a la humildad?
¿Qué es la pura humildad?
Su dormir es el no preocuparse de su ser, de su réplica. No tiene necesidad de abandonar el límite mental. (Lo abandonó desde su concepción inmaculada).
Y al mismo tiempo, plenamente despierta para hacer lo que Dios quiere.
Así se describe la pura humildad.
María muere antes (con su Hijo) voluntariamente al pie de la Cruz.
Vivir dormidos es la pura humildad.
1.11.0 mujer;
12.10.0 María;
5.13.2 humildad;
10.0.0 muerte;
5.4.2 réplica.
¿Qué potencia se corresponde con la humildad transcendental?
¿No serán la verdad y el bien, el conectivo del amor?
¿Admiten ustedes mi propuesta de considerar la belleza desde Dios y desde la creatura?
La Belleza convoca.
Será Bella en la medida en que su don atraiga a la Bondad divina.
Don Leonardo no admite lo bello como trascendental antropológico, porque la belleza humana para Polo es del orden de la esencia humana (Antropología II, 17), no del acto de ser personal.

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