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¿Cuántas dimensiones tiene la apertura trascendente?

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La apertura trascendente tiene cuatro dimensiones:

1. la gracia personal inicial originaria, humildad o abajamiento primero;
2. la esperanza, amanecer o alianza primera;
3. la fe, alumbramiento o luz primera;
4. la caridad o arrullo.

El primer abajamiento o humildad trascendente, equivale a la verdad del co-existir personal. La humildad es la verdad.

El amanecer de la persona equivale al destinarse de la libertad.

El alumbramiento equivale a la búsqueda intelectual del destino personal.

El primer arrullo equivale a la búsqueda amorosa del encuentro con Dios.

Aunque utilicemos el mismo nombre, no deben confundirse la humildad, la esperanza, la fe y la caridad de las que aquí hablamos, aperturas trascendentes,  con las virtudes a nivel esencial, y tampoco con las virtudes sobrenaturales de las que habla la teología.

Asímismo no se ha de confundir la originaria gracia personal inicial (el primer abajamiento) con la gracia santificante de la teología.

Para mejor entendernos hablaremos de virtudes teologales (fe esperanza, caridad, gracia santificante) y aperturas "iniciales" (humildad o gracia inicial, fe, esperanza y caridad iniciales).




Lasvirtudes infusas teologales las estudiaremos en la etiqueta 12.8.0 y también en la etiqueta 5.16.2, en tanto que "nueva" creación.
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¿Por qué María no podía pecar?

 


María no podía pecar porque Dios la llenó de gracia desde su concepción, es decir, le dio una libertad tal como la tendremos nosotros  en el Cielo.

En el Cielo, siendo libres, no podremos pecar porque Dios nos habrá introducido en su Amor, en su Vida eterna.

 

El pecado es el error inherente a la libertad.

Pero la libertad de María, como la nuestra en el Cielo, ya no puede errar, porque es la libertad del Amor. Es la libertad tras el Juicio particular que nos hace entrar en la Vida eterna del Amor.

 

Cuando Dios crea a María sabe que es humilde, que nunca será como el diablo, que quería ser como Dios, negándose a ser criatura.

 

Dios inaugura con María la Vida nueva, la Nueva creación fruto de su Resurrección.

 

Este es el meollo del Misterio Pascual.

 

Dios ha aceptado libremente el sufrimiento de la Cruz causado por los pecados. Nos crea y respeta nuestra libertad porque sabe que un día, tras el Juicio, seremos como María.

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¿Un buen antídoto contra el pecado original y contra el pecado en general?

 


El gran antídoto contra el pecado es la oración de petición.

Si el pecado original es la pretensión de no ser criatura, el niño que reza, María humilde, son el camino para someter nuestra libertad nativa, libremente, a nuestro destino (libertad de destinación: dar gloria a Dios).


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¿A qué podemos llamar « obediencia trascendente» ?

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Me atrevo a decir que existe una ley divina que podemos llamar obediencia trascendente.

Consiste en que el Don del Aceptar divino se convierte en Dar.
 
El co-ser personal humano también.
 
Cuando la persona acepta el Don que es, (el Don de Dios), ese Don se convierte, en ella, en dar.

Y busca su don esencial, para darlo.
 
Y el para “darlo a Dios” es la obediencia trascendente que llamamos humildad.
 
El problema vendrá de la libertad en su extensión esencial.
Libremente buscamos el don que debería ser para Dios.
Digo “debería” porque trascendentalmente, al ser libres, las personas somos capaces de desobedecer.
Esta maldita capacidad es lo que llamamos caída trascendental. Es nuestra comunión original con el demonio.
 
María fue preservada de esta caída por su comunión con la Verdad.
Dios miró la Humildad de su sierva.

Su aceptar el Don se hace Carne.


¿Qué apertura trascendente recibe el nombre de humildad?

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Pienso que, en el orden trascendental,  la humildad equivale a la apertura trascendente del "además" (entendido como co-ser personal, el primer trascendental personal).
Es la gracia inicial de la persona humana.
Dios abre íntimamente "hacia" Él, a cada persona, al crearla.
Estudiamos la llamada inicial de Dios, o gracia originaria, en la etiqueta 5.15.0. La hemos llamado también segunda creación (es la creación de la persona, segunda respecto a la creación del universo material).
Su fruto en el radical "además", o co-ser, es precisamente la "humildad" trascendental.
Me gusta llamarla "abajamiento".





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¿Es la humildad una virtud de la voluntad?

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El profesor Sellés en su trabajo sobre la humildad según Leonardo Polo sostiene que la humildad no es una virtud de la voluntad, sino una característica de la libertad personal.

 

De acuerdo, siempre que sostengamos también que la libertad personal es el primer trascendental personal (coexistencia libre).

 

Pero si sostenemos que el primer trascendental es la coexistencia y el segundo la libertad, prefiero decir que la humildad es una característica de la coexistencia.

Precisamente la apertura trascendente llamada “humildad”.

 

La característica propia de la libertad personal sería entonces la “fidelidad” que se corresponde con la apertura transcendente “esperanza”.

 

La característica propia del conocer personal sería la “filiación”, que se corresponde con la apertura trascendente “fe”.

 

Y la característica propia del amar personal sería la “comunión”, que se corresponde con la apertura trascendente comunión.

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¿Qué es la humildad?

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La humildad es una de las 4 aperturas transcendentales de la persona humana.
Su paradigma es María.
 
El co-ser humano (primer trascendental personal o co-existencia), al ser creado, se abre hacia Dios, desde la llamada inicial.
La persona, en tanto que humilde, no se distrae de Dios.
 
La humildad transcendental es coronada por el don del Espíritu Santo llamado “Temor”.


Pueden ustedes acceder a los enlaces pertinentes, entrando aquí en el glosario poliano.

¿Qué apertura transcendental recibe el nombre de humildad?

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Pienso que, en el orden trascendental,  la humildad equivale a la apertura transcendental del radical "además" (es decir, del co-ser personal).

Es "la gracia inicial" de la persona humana.

Dios abre íntimamente "hacia" Él, a cada persona, al crearla.

Estudiamos la llamada inicial de Dios, o gracia originaria, en la etiqueta 5.15.0. 

La hemos llamado también segunda creación. 

Su fruto en el radical "además" es precisamente la "humildad" transcendental.

Me gusta llamarla "abajamiento"




En la etiqueta 5.13.1 estudiamos las aperturas transcendentales en general.
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¿Qué es la llamada inicial?

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La llamada inicial es la creación de cada persona humana. Se le llama también creación segunda.

La creación primera es la creación del universo físico.

La persona humana se caracteriza por su crecimiento según sus elevaciones. (Estudiamos las elevaciones trascendentales en la etiqueta 5.7.0)

La elevación de base es la creación. Las otras cuatro elevaciones son la llamada inicial, la insistencia o mantenimiento de la llamada, la santificación y la glorificación

La creación de la libertad de la persona humana exige la llamada inicial (vocación según Piá).

La persona es libre, debe responder a una llamada. No está determinada.

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La llamada inicial es pues una de las "elevaciones" trascendentales de la persona humana.

Es la creación segunda.

 

A la llamada inicial podemos también llamarla gracia inicial (que abre el radical co-ser hacia Dios. Esta gracia es una apertura trascendente que llamamos humildad trascendental) y podemos también llamarla gracia primera (en tanto que abre, con tres aperturas, los otros tres trascendentales hacia Dios. La esperanza trascendental es la apertura de la libertad. La fe trascendental es la apertura del inteligir personal. La caridad trascendental es la apertura del amar trascendental.

 

La llamada inicial es pues  el modo peculiar como Dios crea cada persona humana. Dios la crea, "llamándola".

 

Noten la exquisita ternura de un Dios que no nos crea despóticamente, sino en libertad. Nos "llama".

 

El fruto de la llamada inicial es, por lo tanto, una apertura trascendente (vean las etiquetas que empiezan por 5.13).

 

La persona humana es creada con una intimidad orientada de suyo al auto-transcendimiento, a vivir-con o en Dios.

 Vista desde la criatura humana, la llamada inicial es potencia obediencial. Vocación.

 Tras la decisión divina de crear, podemos considerar pues, trascendentalmente, esta elevación que llamamos "llamada inicial" (denominada también, como hemos dicho, gracia inicial como referencia al radical co-ser y gracia primera referida a los otros tres radicales).

 Los seres libres somos creados a modo de "llamada". Somos seres "segundos". El ser primero es el universo físico, que es como es, y no tiene nada que decir, sencillamente se despliega.

 Y la "llamada" fructifica en cada radical humano:

 

- en cuanto ser libre, se abre el ser en esperanza;

- en cuanto inteligir personal, se abre en fe;

 - en cuanto amar, se abre en caridad;

 - y en cuanto co-ser, se abre en humildad (gracia inicial).

 

Son "las aperturas trascendentes" (el cómo el ser personal se abre a Dios, respondiendo a la llamada).

 

Otra cosa distinta es la apertura "trascendental"  o apertura íntima, que designa las dualidades íntimas del ser personal. Es decir, nuestro estar abiertos por dentro (la estudiaremos en las etiquetas 5.11).

 

Ya saben ustedes que la intimidad personal poliana  comprende:

-  la dualidad entre  la apertura interior y la apertura hacia adentro.

 

La apertura interior es la dualidad entre co-ser y libertad,

y la apertura hacia adentro,  es la dualidad entre el inteligir personal y el amar.

 Con la llamada inicial vamos más allá de nuestra intimidad. 

Entramos en contacto con nuestra Réplica.

 

Se habla de las aperturas en la etiqueta 5.8.0

Se habla de la réplica en la etiqueta 5.4.2


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¿Cómo se realiza la llamada inicial de Dios a la humildad?

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El fruto de la elevación trascendental que denominamos “llamada” de Dios, no es otra cosa que las aperturas transcendentales de la persona humana (humildad, esperanza, fe y caridad trascendentales).

Siguiendo la intuición de Adam Solomiewicz, cada trascendental personal es abierto por Dios teniendo en cuenta la dualidad radical nacer-destinándo.se.

Por ejemplo, el amar personal comprende un doble don: Dios da el don del "ser personal" que la persona acepta trascendentalmente y el don de la esencia humana que la persona da esencialmente a Dios.

Pues bien, la llamada de Dios también abre el primer trascendental personal “co-ser”.
Esta apertura es la humildad trascendental, que siguiendo la intuición de Adam es también doble: es un nacer humilde y un destinar.se humilde.

Ya ante, Salvador Piá notó que la llamada inicial se realiza según los cuatro radicales íntimos. 

El radical personal que está a la base de los demás es el Co-ser. Pues bien desde el co-ser la llamada inicial, decía Piá, es un re-nacimiento, es actividad re-naciente. Gracia inicial u original
Es un estar siempre abiertos al futuro o nuestra vinculación a Dios. Es la docilidad de la humildad.
Por eso propongo llamar a esta gracia inicial  "humildad trascendental".

La apertura transcendente del ser humano corre enteramente a cargo de Dios según el nacer (pendiente del destinar.se acabado que es la aceptación de Dios).
Ése nacer trascendental es el modo en que Dios se introduce inicialmente en la persona humana: elevando la apertura trascendental de los radicales personales con la apertura transcendente.
Por ese motivo, a la llamada inicial del además se la denomina gracia inicial  de la persona humana, porque es Dios quien en atención a Dios le da la gracia inicial a la persona humana, es decir, la llama.

Desde esa observación, la condición creatural del además  se dilucida como adverbio.

La persona humana es imagen de Dios como adverbio; por tanto ser imagen humana no significa ser verbo, ni tampoco ser pronombre. Y, justo por eso, como imagen o adverbio es como se muestra la índole creada de la actividad personal humana. A su vez, desde el carácter adverbial del además queda mostrado que Dios es persona como Verbo.


De esto habla salvador Piá en “El hombre como ser dual” p. 384-424
Y explicamos la llamada inicial en la etiqueta 5.15.0

¿Qué es la pura humildad?

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La pura humildad es la transparencia de no pensar en sí.
 
María no se plantea el "problema" de la réplica, el problema de saber quién es. (Entre otras cosas porque la réplica no es ningún problema, más aún, es la fuente de nuestra vida).
 
De ahí que podamos hablar de la dormición de la Virgen. Ella está dormida.
 
La incertidumbre de la muerte viene de no saber cómo despertarse. El que duerme, en cambio, sabe que despertará.
 
Pero téngase en cuenta que el estado de durmiente pleno en esta vida, no es un estado de inconsciencia, sino al contrario, el estado de plena conciencia.
 
No es el estado de hombre dormido del que hablaba Aristóteles, que está en potencia de despertarse, pero que está dormido.
 
En la Virgen dormir es más vital que despertar. Está creciendo.
Su dormir es el no preocuparse de su ser, de su réplica. No tiene necesidad de abandonar el límite mental. (Lo abandonó desde su concepción inmaculada).
 
Ella vive sumergida en este mundo (pleno) que es la Voluntad de Dios. Es una plenitud de vitalidad, fruto de sus entrañas. Es la Vida.
 
De ahí que digamos que está dormida al más allá. Vive abandonada.
Y al mismo tiempo, plenamente despierta para hacer lo que Dios quiere.
Así se describe la pura humildad.
 
También podría decirse que la Virgen se ignora a sí misma porque nunca se plantea el problema de la réplica o la réplica como problema, sino como gratitud.
 
Nosotros buscamos saber quiénes somos y buscamos que nuestro don, nuestra vida, sea aceptada. (Lo sabremos en el momento del tránsito, que es la muerte).
María muere antes (con su Hijo) voluntariamente al pie de la Cruz.
 
María se duerme. Vive dormida.
Vivir dormidos es la pura humildad.
 
María, la Mujer, tiene resuelto ese problema de antemano, pues es la Esposa del Espíritu Santo y Reina de la creación.
 
 
 
 
 
De esto habla don Leonardo en su libro póstumo "Epistemología, creación y divinidad" VII. 8 El Espíritu Santo y la Virgen.
 
Etiquetas:
1.11.0 mujer;
12.10.0 María;
5.13.2 humildad;
10.0.0 muerte;
5.4.2 réplica.


¿Qué potencia se corresponde con la humildad transcendental?

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Vista desde la criatura humana, la llamada inicial, cuyo fruto en el ser personal es la apertura llamada humildad o abajamiento, no es otra cosa que potencia obediencial.

La llamada inicial la estudiamos en la etiqueta 5.15.0



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¿No serán la verdad y el bien, el conectivo del amor?

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Siendo la verdad el desvelamiento del ser.
Siendo el bien la efusión del ser.
Siendo el amor la comunión del ser.

Pienso que los tres son convocados por la belleza de la humildad.

Quizá, según el plan de Dios, es María el conectivo. 
La Belleza que convoca.

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¿Admiten ustedes mi propuesta de considerar la belleza desde Dios y desde la creatura?

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La Belleza convoca.
 
Desde Dios, la belleza sería "la convocación" que Dios Padre hace a la Creación.

La belleza metafísica es la causa final del universo.
 
La belleza antropológica es distinta. 
Dios crea el acto de ser personal, convocando a la Libertad trascendental que es atraída hacia la Unidad en Dios.

Será Bella en la medida en que su don atraiga a la Bondad divina.

Don Leonardo no admite lo bello como trascendental antropológico, porque la belleza humana para Polo es del orden de la esencia humana (Antropología II, 17), no del acto de ser personal.
 
 
Desde la creatura humana, la belleza sería la Humildad del co-ser que atrae o convoca la mirada de Dios.
 
La humildad transcendental es entonces la apertura convocada por la humildad pura, María.
 
No es un trascendental personal sino la apertura del co-ser que responde a la convocación de Dios.


¿Es la docilidad parte de la prudencia?

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Tomás de Aquino trata de la docilidad como parte de la prudencia (S.Th. II-II, q. 49, a. 3); nosotros podemos considerar la docilidad como parte de la humildad.
La diferencia tiene su origen en la concepción de la humildad, que santo Tomás presenta dentro de la templanza que perfecciona el apetito concupiscible (S.Th., II-II, q. 161, a. 4), mientras que para nosotros radica en todas las facultades del alma.
Pienso que la humildad es una apertura transcendente del co-ser hacia Dios. y se repercute en todas las manifestaciones de la vida.

Esta diversa concepción de la humildad afectará también a la colocación de otras virtudes.
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