¿Cómo se socializan los hombres?

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Los hombres se socializan típicamente.
Albañiles, chóferes, médicos, maestros, políticos, empresarios…

(Para los que no les gusta la palabra "socializar", podemos decir que crecemos en sociedad gracias a los tipos).

Así se puede organizar el trabajo y la convivencia.

Los tipos sociológicos básicos son las mujeres y los varones.

Pero cada persona humana es un tipo que aporta su originalidad.




Para saber más:
Etiqueta 6.1.0 especies y tipos
Etiqueta 7.6.0 la sociedad humana
Etiqueta 8.7.0 bioética
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¿Qué tiene de particularidad la reproducción humana?

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La reproducción humana tiene de particularidad el estar transida de sentido ético.

Por ser el hombre un animal, su generación tiene una dimensión biológica, pero como tanto los padres como el hijo son seres inteligentes (aunque transitoriamente no se den cuenta) esa dimensión es inmediatamente trascendida: hay que cuidar al hijo para que crezca humanamente, inteligentemente. (Una mala solución, éticamente destructora, sería eliminar al hijo).

Lo engendrado por los padres no es un animal, sino una persona. De ahí el reconocimiento en las sociedades humanamente civilizadas de la dignidad de la reproducción humana.

Y de ahí también el valor civilizador de la familia.




De esto habla Polo en "Ética". Hacia una versión moderna de los temas clásicos. 2ª edición. Unión Editorial. p. 58
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¿Cómo mostrar que tenemos réplica?

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La mostración de la réplica tiene dos vertientes: el conocimiento y el amor.

Desde el conocimiento sabemos que la persona sola es un absurdo.

Desde el amor sabemos que sin aceptación nuestra vida es una tragedia.

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¿Qué es la verdad "personal"?

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Llamo verdad "personal" a mi réplica.

Siendo la verdad el desvelamiento del ser, si encuentro mi verdad, mi réplica de Dios, mi vida en el Verbo antecedente de mi futuro, me enamoraré de Aquél que creó mi ser.

Polo formula el "encuentro" con la verdad, con la verdad personal, como "enamoramiento".

Hablamos, claro está, de un enamoramiento "trascendental", del que son pálida imagen los amoríos de la vida.






Para saber más pueden ustedes leer: Polo, "La verdad como inspiración", en La persona humana y su crecimiento, pp. 197-206

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¿Qué es la réplica?

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La réplica de una persona es su verdad personal.

En el Hijo somos réplica de Dios.

Mi réplica no es una "idea" fija que subsista en Dios. El término réplica sugiere actividad que sigue y no cesa.

La réplica de mi persona es la continuación de mi subsistencia (subsistencia significa aquí, radicalidad última).
Dicho de otra manera, mi réplica es la explicación inacabable de mi ser.
Mi "porqué".

¿Quién soy? No soy nada de lo que encuentro.
¿Quién me dirá quién soy? Mi ser no "es", mi ser será, mi ser es "hacia".

Soy "hacia" mi réplica.
Mi verdad personal, mi réplica, será siempre más allá.
La verdad, mi verdad, al desvelarse, siempre "encomienda" más. Más y más y más.


Polo llama "encontronazo" al encuentro con la Verdad. Con mi verdad personal. Con mi réplica.

Es encontronazo porque no es un encuentro con una verdad cualquiera, por útil que sea, que me satisfaga y me detenga, sino que es un alcanzar lo mejor que nos puede pasar: sube el telón y comienza el desvelamiento interminable y amoroso de nuestro ser personal, que coincide precisamente con el origen de la libertad. Con mi fuente inagotable.

Es el primer amor, el enamoramiento primero (primero no en el tiempo, sino primero en cuanto radical) que nos lanza a cantar.

Encontrar esa verdad es enamorarse. Es un acto inmenso, un acontecimiento enorme que dará sentido a toda nuestra vida. A partir del encontronazo sabemos cuál es nuestro encargo, el camino de nuestra verdad. Es la fuente de mi futuro.

Con el encontronazo la libertad se pone en marcha, traspasa la verdad, cantándola. Mi libertad es mi canto. Sin interés.

Cada uno tenemos nuestra réplica en Dios.






De esto habla Leonardo Polo en la p. 24.2 de su artículo “La persona humana como relación en el orden del Origen”. Publicado en Studia Poliana, 14, p. 21-36 y en Miscelánea poliana, nº 30.

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¿Cuál es el "acontecimiento" más importante para el hombre?

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Ciertamente el libro "Quién es el hombre" culmina en las últimas páginas del capítulo X.
El "acontecimiento" del que se habla allí, es el encuentro con la verdad.

¿Qué es esa verdad que Polo llama verdad "personal", mi verdad?: es la persona que "seré", trascendentalmente, en Dios.

No se trata aquí de la verdad frívola del cesto de Caperucita.

Se trata de la noción, que en otro contexto, Polo llama "mi réplica".
Cada uno tenemos nuestra réplica en Dios. Nuestro canto a Dios, en Dios.

El marco del capítulo X (el último de "Quién es el hombre") es la dualidad propia de la libertad trascendental (no hablamos aquí de la libertad de escoger entre cerveza o coca, o de la libertad posible en la esencia humana).

Veamos la conclusión:
La libertad trascendental es dual.
Su miembro inferior es llamado por Polo "libertad nativa".
El miembro superior lo llama "libertad de destinación".

Mi verdad va apareciendo en el trayecto o actuosidad entre una y otra. Es decir, entre el Origen (nazco en la libertad de la llamada inicial de Dios o libertad nativa) y el Destino (somos libres de destinarnos, si queremos).


¿Y quién es el beneficiario? El Hijo.
Mi réplica está en el Hijo. Mi réplica no soy yo. Es dual.

Somos hijos, en el Hijo. Si queremos.


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¿Cuál es la noción clave para entender el acto vital?

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Para entender el acto vital, que llamamos praxis, y distinguirlo de la kínesis, que es el movimiento de los seres sin vida, la noción clave es la de "retroalimentación" que regula el crecimiento propio del ser vivo.

<en la etiqueta 1.15.0 estudiamos los distintos tipos de movimiento>

Retroalimentación significa que el ser vivo se alimenta hacia atrás, es decir, nutre (o adapta o regula o mejora) su forma inicial con nuevas informaciones, que le permiten mejorar su actividad.

En la kínesis rige solamente la causa eficiente, según el orden ya fijado en el universo.
En la praxis vital, sin embargo, el movimiento modifica el entorno y esos cambios retroalimentan, adaptan, regulan y mejoran la forma inicial, el programa de vida del viviente.

En el caso del movimiento vivo, además del orden del universo, rige otro orden, el de la causa final propia de ese ser vivo, el orden o plan propio de ese viviente.
La praxis vital es un movimiento que se autoregula.

Genéticamente, el ser vivo posee de entrada, naturalmente, una información, es una naturaleza específica, pero en la medida en que se ejecuta su programa informático, la información primitiva se modifica o adapta o regula o mejora, según el fin propio de ese ser vivo: yo soy elefante, y yo soy mosquito, y yo hierba del campo.

La causa final o fin propio del ser vivo es ese programa de crecimiento hacia su fin, posible gracias a su poder de autoregulación.

Ejemplo: supongamos que el programa de ese ser vivo manda que surjan tres pezuñas en las patas, pues bien, cuando han aparecido las tres, hay una información hacia atrás (retroalimentación) y la producción de pezuñas se interrumpe.

La forma de los seres vivos está, pues, en cierta medida, indeterminada. Se va determinando no sólo con movimientos o cambios continuos (como el agua que sale continuamente de la fuente. Eso sería  la noción de causa eficiente) sino con cambios discontinuos, pues las órdenes dadas se interrumpen y aparecen otras, plegándose a un orden, a un fin, que está ya contenido implícitamente en la forma inicial (en los genes y en una información que los biólogos llaman "información epigenética").

Forma inicial, alma, que se explicitará según un orden, según la causa final (y esa explicitación u orden superior es lo que llamamos hiperformalización).

No todo está determinado, explícitamente, de entrada.

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Pues bien, en los seres vivos libres, la causa final no está cerrada como en los mosquitos o en las víboras.

Al estar abiertos por dentro, pueden aparecer ante nuestra alma (estamos incluidos en el ámbito de la máxima amplitud) posibilidades inéditas.
Nuestros padres no nos transmiten solamente un código genético, sino que en la medida de su amor (en la medida de su querer) están también en el origen, trascendental, de la aparición de nuevas posibilidades.

Intentaré explicarme: si mi madre es hacendosa, yo podré serlo, no solamente por tener el gen de la hacendosidad, o por haberme criado en un hogar donde no se pierde el tiempo, sino porque desde el interior de mi alma aparece clara, la luz (transmisión trascendental) o las ganas de trabajar.
Libremente puedo apagarla o desoírla, pero en cualquier caso, procede también de mi madre.

El fin de mi vida no está cerrado sino abierto por dentro, inserto en la red de la familia humana.
Algunos la llaman, a la red, comunión.

La vida humana, en tanto que don trascendental, también se nutre, como la vida física, hacia atrás, es decir, en la medida en que alcanza las nuevas posibilidades que su Réplica le ofrece, puede libremente ratificarlas. Es verdaderamente "vida", que crece dentro de las relaciones personales de la familia trascendental que es la humanidad.

Es mi réplica la que rige,  al igual que la causa final propia de los seres vivos del universo físico, aunque sin estar determinada, pues soy libre. Rige, si quiero.

Empezamos a vivir cuando Dios nos crea personas: seres capaces de incorporar (esencializar) perfecciones.  Nuestros padres nos dan, con Dios, su localización en el universo físico, pero también, y esto no es comprensible sin la noción de réplica, la "posibilidad" de inspirarse en la realidad, como ellos, a su modo. Por eso podemos decir que nos dan "su vida", pues gracias a ellos, podemos inspirarnos como ellos.

El problema más importante a resolver es el cómo se transmiten esas "posibilidades" o dones, de padres a hijos.

Por ejemplo, mi madre habla con Dios, a solas, con facilidad. Y también con los ausentes, con sus hijos.
Yo tengo también esa posibilidad, de inspirarme como ella. Posibilidad que no es física y que puedo libremente ejercer o no.
No es una posibilidad que heredo genéticamente, sino en la medida en que mi madre "quiere" transmitirme su vida.
Ese "querer" no puede ser eficaz físicamente, sino trascendentalmente, si forma parte de mi "réplica" (mi Réplica es, claro está, el Verbo, que conoce y crea el querer libre de mi madre).

Las virtudes no se transmiten genéticamente sino libremente a través de la réplica de cada persona, en la medida en que padres e hijos quieren.

Del mismo modo que, abandonando el límite mental, alcanzo o me abro a mi réplica, al hijo que soy en el Hijo, también puedo alcanzar lo que mis padres o hermanos o amigos (o santos) me transmiten por la comunión.

María muere con Jesús, compadeciéndose. Al ser mi Madre, yo tengo también esa posibilidad de compadecerme como ella.
Y tengo esa posibilidad en la medida en que Ella quiere darme la felicidad.
Es el amor de la madre y del padre el que favorece la aparición de esas posibilidades.
De ahí que podamos decir que yo vivo (en el Verbo) la vida de mi madre, al manifestar lo que ella manifiesta o manifestaba o podría manifestar.

Entiendan ahora que la vida trascendental funciona como la vida biológica en el sentido de que también aquí rige la  retroalimentación. Nuestra vida trascendental, el don que ofreceremos a Dios, se alimenta hacia atrás, es decir, nutre (o adapta o regula o mejora) el Plan inicial de Dios para mí, mi Réplica, con el concurso de las demás vidas humanas, todas ellas activadas en el Espíritu Santo, que es el orden, siempre nuevo, del Amor.

Es mi Réplica la que se autoregula, tirando de mí hacia dentro,  cual llama divina, si quiero, y gracias a los que me quieren.

No todo está determinado, explícitamente, de entrada.

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La persona humana crece, en esta vida, en la medida en que su esencia (su acto vital) se retroalimenta gracias al mundo.

Y en la medida en que encuentra trascendentalmente  su verdad personal, (al ir encontrándose con su réplica), dispone mejor. Crece.

En la otra vida, cuando nuestro don (que es nuestra esencia o acto vital personal humano) es aceptado por Dios, nuestro crecimiento será intrínseco y sin culminación. Entonces mi esencia (que es mi valor potencial) tirará desde arriba de mi ser personal, seré en el Verbo réplica de Dios, según como quiera libremente jugar o cantar (que también podemos llamar metalógica de la libertad).


El acto de ser personal, la persona que soy hace siempre pie en la esencia, hacia abajo (en esta vida) y hacia arriba (en la otra).
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¿Es la intimidad personal un vacío?

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La intimidad personal es un cierto vacío interior.
En su intimidad el hombre se encuentra solo.
Carece de un quién que lo llene por dentro.

Polo lo expresa diciendo que la persona humana carece de réplica en su interior.

La sabiduría humana, el saber de nosotros mismos, no es un verbo personal, no es "otra" persona, es un hábito. Es el adverbio "además".

El hombre solo es un absurdo. De ahí que busquemos el quién que nos revelará nuestra identidad.






Glosa a Juan A. García González: Existencia personal y libertad. Anuario filosófico nº 95. 2009, p. 351.2
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¿Cómo describir lo que Polo llama "la réplica"?

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La réplica de una persona es su verdad personal (en las etiquetas 5.2.1 hablamos ampliamente de la verdad).

En el Hijo somos réplica de Dios.

Mi réplica no es una "idea" fija que subsista en Dios. El término "réplica" sugiere actividad que sigue y no cesa.

La réplica de mi persona es la continuación de mi subsistencia (subsistencia significa aquí, radicalidad última).
Dicho de otra manera, mi réplica es la explicación inacabable de mi ser.
Mi "porqué".

¿Quién soy? No soy nada de lo que encuentro.
¿Quién me dirá quién soy? Mi ser no "es", mi ser será, mi ser es "hacia".

Soy "hacia" mi réplica.

Mi verdad personal, mi réplica, será siempre más allá. La verdad, mi verdad, al desvelarse, siempre "encomienda" más. Más y más y más.
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¿Consigue el hombre su identidad haciendo crecer su esencia?

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Por mucho que el hombre crezca, por mucho que se perfeccione a lo largo de su vida en forma de hábitos, a pesar de todo, en el hombre siempre permanece la distinción entre la essentia y el esse; nunca el hombre puede llegar a ser "una" identidad.

Es decir, por grande que sea su crecimiento esencial, siempre su ser está por encima de él.

Polo suele decir esto así: el hombre es un ser que carece de réplica en su interior (en su esencia).

Nunca llegaremos a ser la persona que somos.

Aunque nuestra esencia puede crecer, y nos hacemos más coherentes con el ser personal que somos (eso es precisamente el crecimiento personal), sin embargo, eso no tiene más que el carácter de una manifestación de mi persona.

La persona crece al crecer su esencia, se expresa mejor, según su esencia. Pero la persona humana es inagotable, no es idéntica.

La esencia va hacia delante, pero nunca se agota.
Nunca se supera en el hombre la distinción real entre esencia y ser personal.


Y cuando veamos a Dios cara a cara será nuestra esencia la que estará por encima de nuestro ser. Siempre inidénticos. Siempre hijos.
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¿Es autosuficiente la persona humana?

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No.
La persona no tiene réplica en su interior.

La persona no puede saber en su intimidad quién es. No puede saber qué espera el Creador de ella. (Y menos aún puede darse el ser, realizándose).

Por eso se aviene sin dificultad (dócilmente) a hacer algo, a buscar el don que le permitirá ser aceptada por Dios y conocerse como Dios la conoce.

La persona es dócil porque se abre inherentemente al mundo, al propio cuerpo, para constituir su don con el que busca destinarse a Dios.

El intelecto personal se desdobla gracias a la sindéresis, que es una voz interior, que le impele a obrar: ¡haz el bien!, ¡lo tuyo es obrar!

El yo (hábito de sindéresis) impele: lo tuyo es actuar. De ahí nace, trascendentalmente, nuestro sentido del deber.

La persona, desde el ápice de su yo es siempre "dócil", se abre inherentemente, irremediablemente, para responder al amar de Dios.

Hélas !, nuestra mala sombra (del yo) puede nublar el noble impulso y metemos la pata.








Ligero apunte a lo que Juan A. García González dice en: Existencia personal y libertad. Anuario filosófico nº 95. 2009, p. 347-349
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¿Qué es el encontronazo?

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Polo llama "encontronazo" al encuentro con la Verdad. Con mi verdad personal.

Es encontronazo porque no es un encuentro con una verdad cualquiera, por útil que sea, sino alcanzar lo mejor que nos puede pasar: el desvelamiento de nuestro ser personal que coincide con el origen de la libertad.

Es el primer amor, el enamoramiento que nos lanza a cantar.

Encontrar esa verdad es enamorarse. Es un acto inmenso, un acontecimiento enorme que dará sentido a toda nuestra vida. A partir del encontronazo sabemos cuál es nuestro encargo, el camino de nuestra verdad.

No se trata de un simple encuentro con el dinero que nos faltaba para hacer el viaje. No es la alegría de terminar de escribir un libro. Aquí estamos ante un "encontronazo", lo inesperado, lo que está fuera de toda utilidad. Es la fuente de mi futuro.

Con el encontronazo la libertad se pone en marcha, traspasa la verdad, cantándola. Mi libertad es mi canto. Sin interés.

En la verdad todo el hombre retiembla.

Por eso suelo decir que el encuentro es un encontronazo.





Para saber más pueden ustedes leer: Polo, "La verdad como inspiración", en La persona humana y su crecimiento, p. 201.3

Etiqueta 5.2.1 la verdad y su encuentro;
Etiqueta 5.2.1 la verdad.
Etiqueta 1.1.2 libertad
Etiqueta 5.5.4 libertad personal
Etiqueta 15.0.0 Polo genial

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¿Qué es la inspiración?

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La inspiración es la expresión de la verdad encontrada.

Inspirar es "expresar" la verdad encontrada.
Iluminar, por ejemplo, es un modo de "expresar" esa verdad.


En el momento de la concepción de la persona humana, nace una vida dual, en la que podemos distinguir (sin que hayan existido por separado) una vida recibida de nuestros padres y una vida "añadida", que actualiza la persona que acaba de ser concebida. De ahí que podamos hablar de un refuerzo o asistencia permanente de la vida, manifestación de la persona creada.

Pues bien, la vida añadida no se limita a reforzar la vida recibida sino que se "inspira" en ella, al ir encontrando la verdad.
Gracias al cuerpo (que en cuanto dimensión de la vida recibida nos sitúa en el mundo) la persona se expresa, se inspira y se compromete.

La inspiración más alta es la que acontece cuando se encuentra, en el tiempo, la verdad personal: es el enamoramiento. La persona canta a su réplica, más o menos bien, según la medida de su inspiración.

La réplica no es una idea fija, acabada, sino que en la medida en que se va encontrando, inspira el canto interminable con el que, en el Hijo, daremos gloria a Dios.
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¿Por qué otra persona humana no puede ser nuestra réplica y decirnos quiénes somos?

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Porque ella misma no sabe quién es.

Somos distintos, co-existimos a través de nuestras esencias, pero creados, cada uno, ex novo, por Dios.
Solamente Dios puede decirnos quiénes somos y seremos.

Nuestros padres, por ejemplo, nos dan la vida, pero lo que haremos (y seremos) con esa vida, su valor trascendental, sólo lo conoceremos en Dios.
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¿Qué es la pura humildad?

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La pura humildad es la transparencia de no pensar en sí.

María no se plantea el "problema" de la réplica, el problema de saber quién es. (Entre otras cosas porque la réplica no es ningún problema, más aún, es la fuente de nuestra vida).

De ahí que podamos hablar de la dormición de la Virgen. Ella está dormida.

La incertidumbre de la muerte viene de no saber cómo despertarse. El que duerme, en cambio, sabe que despertará.

Pero téngase en cuenta que el estado de durmiente pleno en esta vida, no es un estado de inconsciencia, sino al contrario, el estado de plena conciencia.

No es el estado de hombre dormido del que hablaba Aristóteles, que está en potencia de despertarse, pero que está dormido.

En la Virgen dormir es más vital que despertar. Está creciendo.
Su dormir es el no preocuparse de su ser, de su réplica. No tiene necesidad de abandonar el límite mental. (Lo abandonó desde su concepción inmaculada).

Ella vive sumergida en este mundo (pleno) que es la Voluntad de Dios. Es una plenitud de vitalidad, fruto de sus entrañas. Es la Vida.

De ahí que digamos que está dormida al más allá. Vive abandonada.
Y al mismo tiempo, plenamente despierta para hacer lo que Dios quiere.
Así se describe la pura humildad.

También podría decirse que la Virgen se ignora a sí misma porque nunca se plantea el problema de la réplica o la réplica como problema, sino como gratitud.

Nosotros buscamos saber quiénes somos y buscamos que nuestro don, nuestra vida, sea aceptada. (Lo sabremos en el momento del tránsito, que es la muerte).
María muere antes (con su Hijo) voluntariamente al pie de la Cruz.

María se duerme. Vive dormida.
Vivir dormidos es la pura humildad.

María, la Mujer, tiene resuelto ese problema de antemano, pues es la Esposa del Espíritu Santo y Reina de la creación.





De esto habla don Leonardo en su libro póstumo "Epistemología, creación y divinidad" VII. 8 El Espíritu Santo y la Virgen.

Etiquetas:
1.11.0 mujer;
12.10.0 María;
5.13.2 humildad;
10.0.0 muerte;
5.4.2 réplica.

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¿Cuál es el primer acto de la inteligencia humana?

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El primer acto de la inteligencia humana (que tradicionalmente se llama abstracción) es lo que Juan A. García llama "conciencia perfecta".

Es la circunferencia.

A partir de ahí, en la filosofía poliana, la abstracción (la noción tradicional de abstracción) es enterarse de algo, o simplemente conocer, o "conciencia imperfecta".

"Enterarse" se refiere a recibir una información que el entendimiento no llega a hacer suya; se suele decir que en orden al aprendizaje de una técnica basta con "enterarse de ella", aplicando la técnica inventada por otros sin la asimilación que comporta el entender.
El profesor Ignacio Falgueras explica la distinción entre el enterarse (simplemente conocer), el entender y el saber.
No es lo mismo enterarse de que pensamos lo que pensamos (operación incoativa), que conocer simplemente una silla (enterarse), que entender objetivamente que conocemos una silla, o darse cuenta de que sabemos (más o menos) lo que es la silla.

Y muestra también (Falgueras) otra distinción más importante (descubrimiento nuclear de la filosofía poliana), la distinción entre ser consciente objetivamente y el "darse cuenta". Cuando abandonamos el límite mental nos damos cuenta, pero no conocemos objetivamente el abandono.




Estudiamos la conciencia en la etiqueta 2.5.1


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¿Qué es abstraer?

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Abstraer es "presentar".

Presentar es articular el tiempo físico, pasado y futuro, desde la "presencia" mental.

Lo abstraído no es temporal, la abstracción "puede" con el tiempo físico, articulándolo.

El acto de abstraer es "la presencia mental" y el objeto abstracto es "lo poseído".

Lo presentado está al margen del tiempo físico: no es afectado por él, porque la presencia mental de la que depende tampoco es física.

La presencia mental se puede describir según la "simultaneidad".
Lo presentado es "a la vez" que el presentar.






Se habla de esto en Juan Fernando Sellés. Antropología para inconformes p.280.3

Para saber más:
Etiqueta 1.12 el tiempo

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¿En qué consiste la abstracción?

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La abstracción consiste en una especie de recolección de los datos sensibles, que puede llegar a la inteligencia precisamente por la iluminación de los datos sensibles, por el intelecto agente (Polo propone que esa iluminación es realizada por el hábito innato de la sindéresis).


Así es como al ser iluminados los fantasmas o las imágenes (los objetos conocidos por la fantasía), por acción del intelecto agente (la sindéresis es hábito del inteligir personal), se da la especie impresa intelectual, y de esa manera se puede obtener el objeto abstracto.
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¿Qué características presenta el cerebro humano, destacables en relación al cerebro animal?

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El cerebro humano es más delicado que el de los animales.
Un bebé no soportaría los traqueteos de un mono.

En cuanto al funcionamiento, los neurólogos llaman la atención sobre su mayor "sincronía".

Todo tiene que ver con todo.

(Algunos hablan de enmarañamiento, y se atreven a decir que de ahí nacería la "idea" de alma inmortal).
Yo diría que más que enmarañamiento lo que se observa es un cierto caos inexplicable e inextricable.

Esto nos permite corroborar algo que también los neurólogos nos lo están afirmando: para pensar hay que frenar la actividad del cerebro, con inhibidores. Hay que pararse a pensar.

El cerebro humano puede correlacionar más elementos al unísono, es más rápido, su disco duro contiene más información. El animal solamente necesita los datos que permitirán subsistir a su especie.

El hombre puede conocer más, correlacionar más.

Dicha correlación se corresponde con la noción de "sincronía".
La sincronía es una característica del tiempo físico de los seres vivos. También de los animales.

Y es precisamente la sincronía la que permitirá al hombre, inserto en el mundo físico,  la simultaneidad propia de la abstracción.

En efecto, abstraer es articular el tiempo, parar irrealmente el tiempo, detener el caso. El abstracto es uno y universal, es objeto en el que se integran diversos asuntos concretos, imaginados, recordados y proyectados.

Esta integración, a nivel físico es sincronía, y a nivel intelectual permite la simultaneidad entre el acto de conocer y lo conocido.

Esta nueva simultaneidad no es física, pues es "lo mismo". Es posesión intencional.

El objeto físicamente es sincronía; mentalmente es irreal, es la diferencia pura con el ser; es puro enviar a lo conocido, que es la realidad. Lo que en la realidad es caótico, en mí es el retrato de mi amada.







Se habla de esto en Juan Fernando Sellés. Antropología para inconformes p.280
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¿Se conocen por abstracción las naturalezas intracósmicas?

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Las naturalezas intracósmicas se conocen por abstracción, pero ese conocimiento debe ser completado por aquello que en la abstracción no se capta, y que es la comprensión concausal de la naturaleza.

La abstracción es descrita clásicamente como el conocimiento de las cualidades sensibles, de las formas sensibles.
Para conocer las naturalezas intracósmicas se captan, por abstracción, las causas formales.

Primero abstraemos, recopilamos todas las notas sensibles que conocemos de una naturaleza intracósmica, y luego, desde el abstracto, tenemos que hacer una devolución, con la diferenciación y la comprensión de las causas.

Para conocer los entes materiales sirve la abstracción y después, una vez conocidas las causas sensibles, el conocimiento del ente material se completa en la comprensión concausal: conocemos su puesto en el el orden del universo (causa final).

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¿Es apta la abstracción para conocer la naturaleza humana?

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Es evidente que la abstracción no es un conocimiento apto para conocer la propia naturaleza humana.

En efecto, la naturaleza humana no es meramente sensible pues tiene una dimensión espiritual.

La dimensión espiritual no se puede conocer por abstracción, puesto que en la abstracción se ilumina lo sensible.

La voluntad y la inteligencia no son sensibles: no se pueden conocer por abstracción.

Necesitamos un conocimiento superior, sistémico, desde el hábito innato de sindéresis, para entender lo que somos.

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¿Qué es la epagogé?

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La noción aristotélica de epagogé es traducida a veces como inducción.

Se dice que así como la deducción es ir de lo más alto a lo más bajo (los silogismos: premisa mayor, premisa menor, conclusión), la epagogé sería lo contrario, es decir, sería ir de lo particular a lo general, y la llaman inducción.

Pero la noción de epagogé de Aristóteles no se reduce a eso pues Aristóteles habla de distintos modos de epagogé (dice que se emplea, entre otros modos, cuando se abstrae, y también en ética, o para conocer los primeros principios).

Aristóteles utiliza la noción de epagogé para designar un conocimiento que no es demostrable, que no es deducible, sino que es un conocimiento creciente, que llega a más.

Podéis comprender fácilmente por qué Polo utiliza esta noción para explicar cómo se conoce la esencia humana (la vida humana que es creciente).

En rigor, epagogé no significa, pues, inducción.

Más que una inducción metodológica, epagogé es el conocimiento de lo complejo, el conocimiento que crece estableciendo una correlación entre datos y fijándose especialmente en que los datos no se pueden considerar por separado porque todas estas notas están interrelacionadas.

Así, se puede decir que la abstracción es una epagogé que capta el rico contenido de la forma, de la causa formal.

Lo que se contrapone a la epagogé no es la deducción, sino el análisis.

Por eso la epagogé se podría llamar “comprensión de sistemas”, o “comprensión de lo sistémico”.


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¿Es la abstracción una epagogé?

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Sí, es una modalidad de conocimiento "sistémico", porque la abstracción es una especie de recolección de datos sensibles.

Nuestra mente es capaz de reunir los caracteres sensibles de los seres vivos, y constituir el objeto abstracto, la forma inteligible, cuyo contenido son todos esos datos sensibles.


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¿Se puede conocer por abstracción el tipo humano?

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Para conocer el tipo humano no basta con la abstracción pues hay que reunir más notas de las que cabe en un objeto abstracto.

El conocimiento del tipo humano (de la naturaleza humana que se da siempre tipificada en la realidad) se alcanza también por una epagogé, pero por una epagogé superior a la abstracción.

Es lo que Polo llama conocimiento sistémico.




Para saber más ir a las etiquetas:
2.9.0 método analítico y sistémico;
6.1.0 especies y tipos;

2.5.5 la abstracción 
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