¿Qué ventaja saca la persona de vivir en sociedad?

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Gracias a la vida en sociedad, la persona humana adquiere  o conquista su "personalidad".

Gracias a sus decisiones,  esencializa el "tipo" que quiere ser.

Por ejemplo, en la medida en que se aceptan y asimilan, los tipos básicos de hombre y mujer son esencializados, incorporados a su personalidad.

La masculinidad o la feminidad se ponen así, éticamente, al servicio de la sociedad.







De esto habla Polo en "Ética". Hacia una versión moderna de los temas clásicos. 2ª edición. Unión Editorial. p. 71


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¿Son lo mismo las normas éticas que las normas jurídicas?

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Tanto las normas éticas como las jurídicas son exclusivas del hombre. No hay ningún animal que tenga costumbres y derecho (llamo costumbres a maneras de conducirse de acuerdo con la cultura o la civilización).

Pero el derecho y las costumbres culturales son normas derivadas de las normas éticas.

Las normas éticas son las originarias porque son inseparables de la libertad. Son leyes del ser libre para ser libre.

Las leyes físicas y las leyes psicológicas dependen de la biología del animal, son leyes que se cumplen automáticamente.

Las leyes del derecho y de las costumbres, aunque derivadas de las normas éticas, tienen también algo de automático, no son tan inseparables de la libertad, como las normas éticas.

El semáforo rojo me detiene casi automáticamente (aunque yo guarde la posibilidad de saltármelo). Su incumplimiento no me esclaviza. Por ejemplo, no pierdo mi libertad si alguna vez, cuando no pasa nadie un domingo temprano, me lo salto. Soy más libre saltándomelo.

No pasa lo mismo con las normas éticas, pues si mato al inocente, pierdo mi libertad arrastrado por la pasión. Si asesino, me pierdo. Si robo, me pierdo. Libremente debo siempre amar. Si no amo, me pierdo.

Las normas éticas no son mecanismos, no nacen por consenso. Me obligan, porque soy libre y para ser libre. Puedo conculcarlas, y entonces me pierdo. Puedo seguirlas, y entonces me gano.
Vivir éticamente es ganar tiempo.












De esto habla Polo en "Ética". Hacia una versión moderna de los temas clásicos. 2ª edición. Unión Editorial. p. 61


Para saber más:
sobre normas, bienes y virtudes, ver etiqueta 9.1.4
sobre la ley natural, ver etiqueta 6.2.0
sobre la cultura, ver etiqueta 7.2.0


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¿Son las normas éticas el resultado de convenciones, pactos o tradiciones culturales?

.El pactismo es una doctrina bastante abundante en la edad moderna; recuérdese, por ejemplo, el contrato social de Rousseau.

Pero si las normas éticas fueran puras convenciones, o lo que es peor, si fueran naturales en el sentido biológico (como la leona cuida a sus cachorros), entonces no se pueden tomar en serio, porque no concernirían mi libertad trascendental.

O las cumpliríamos necesariamente (como hacen los leones) o consistirían en un ajuste, todo lo democrático que se quiera, a un destino impuesto.

Sin embargo, el destino no se impone, por ser libre. El ser que es libr, se destina a su destino y las leyes éticas son las leyes del ser libre para ser libre, para destinarse: "haz el bien para crecer".

El hombre libre debe encontrar el bien y capacitarse al amor, queriéndolo, libremente.

Si estas leyes no existieran, si no tuviéramos el deber de buscar el bien y de crecer en el amor, seríamos animales.

El que considera la ética como un código pactado de conducta para que los lobos no se coman a los lobos, o para que juntos vivamos mejor, limita su horizonte a la biología. Se reduce a vegetar, a rumiar y, a lo más, a procrear.

Esto es gravísimo para el ser que va más allá de su especie; para el ser que está abierto, por dentro.













De esto habla Polo en "Ética". Hacia una versión moderna de los temas clásicos. 2ª edición. Unión Editorial. p. 61.2


Para saber más:
sobre normas, bienes y virtudes, ver etiqueta 9.1.4
sobre la ley natural, ver etiqueta 6.2.0
sobre el destino, ver etiqueta 13.0.0
sobre la humanización, ver etiqueta 9.2.1
sobre la responsabilidad, ver etiqueta 1.1.2
sobre la distinción hombre-animal, ver etiqueta  4.6.1
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¿Cómo aparecen las leyes naturales?

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Hemos de distinguir entre las leyes naturales éticas, propias del ser libre, que nacen con la libertad y las leyes naturales físicas o biológicas.

Aquí respondemos a la pregunta sobre las leyes naturales físicas, que son leyes que no pueden ser incumplidas.

Es uno de los grandes problemas de que se ocupa la mecánica cuántica. Aunque hay todavía algunos puntos oscuros, la explicación encontrada es bastante válida.

Según una historia que comienza con la expansión del universo, un poco más tarde que el big-bang, en un tiempo anterior a la evolución biológica (pues la vida aún no apareció.

Al expandirse el universo, según los físicos cuánticos, la frecuencia de los fotones disminuye, varía su energía y se pasa a un universo en polvo en el que ya hay núcleos, y a partir de los núcleos se forman los átomos.

La gravedad (ley natural física) aparece o empieza a funcionar cuando la energía de los fotones disminuye. Los átomos pesados se forman después y no existen en todo el universo, sino en algunas regiones suyas.
En definitiva: según el estado energético aparecen unas leyes u otras, que no pueden dejar de cumplirse y que están contenidas en las condiciones iniciales del universo.
Las leyes físicas expresan estados energéticos distintos.

Comprendan ustedes que la aparición de las leyes naturales físicas es de un orden distinto de las leyes naturales morales (del ser libre).
Las físicas se cumplen siempre.

Las morales pueden cumplirse o no, pues son el camino de la libertad. Son leyes del ser libre para ser libre.

El "deber" no aparece por un cambio energético. No es que nuestros átomos pesados se conviertan en ligeros.
El ser libre es inmaterial y espiritual.

También los perros tienen facultades inmateriales (la vista, el olfato, la memoria, la estimativa, etc.,) con base orgánica.
Si el perro tiene miedo y huye no es porque sus átomos pesados se hagan ligeros (de helio, por ejemplo), sino porque capta inmaterialmente el peligro (sin darse cuenta, porque no tiene conciencia).

En el universo físico hay sobrantes formales, inmateriales, que aparecen en el transcurso de la evolución. Se trata de leyes naturales biológicas. Que se cumplen siempre: el perro que tiene miedo, huye despavorido.

Con el hombre aparecen "novedades". cada persona es extracósmica, libre. Su naturaleza ha sido conectada a un quién, que conduce éticamente su vida. Si quiere.







De esto habla Polo en "Ética". Hacia una versión moderna de los temas clásicos. 2ª edición. Unión Editorial. p. 61.3


Para saber más:
sobre normas, bienes y virtudes, ver etiqueta 9.1.4
sobre la ley natural, ver etiqueta 6.2.0
sobre la esencia del universo, ver etiqueta 4.0.0
sobre la evolución, ver etiqueta  9.1.0



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¿Dónde buscar la identidad del hombre?

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En la filiación.

El hombre no puede hurtarse de su carácter de ser generado. No puede soslayarlo o sustituirlo (no olviden que persona creada es relación subsistente dependiendo siempre de su Origen).

Uno de los fenómenos más notorios de las ideologías modernas es el no querer ser hijo, el considerar la filiación como una deuda intolerable. (Querer ser, como Dios, una relación simplemente subsistente).

Son ideologías desorientadas.

El hombre siempre es interpelado por la cuestión de su origen. La identidad personal es indisociable de reconocerse hijo.







De esto habla Polo en "Ética". Hacia una versión moderna de los temas clásicos. 2ª edición. Unión Editorial. p. 68.


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¿Cómo aparece la vida?

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La aparición de la vida no se puede explicar, hoy día, genéticamente.

No sabemos cómo es posible que un organismo sea eso, un organismo "organizado".
No sabemos cómo puede aparecer un "principio" que organice la materia unitariamente como ser vivo.

Lo cierto es que en el universo nos encontramos con formas que, además de informar a la materia, la organizan con un movimiento intrínseco, ordenado al crecimiento y a la reproducción. El principio de este movimiento es una causa eficiente, no exterior a esa forma, sino intrínseca a ella.

No existe un gen que determine: ¡ahora te organizas! La investigación debe dirigirse a encontrar el porqué del funcionamiento sistémico de los seres vivos.

La vida es una causa formal (una ameba, por ejemplo) unida a una causa eficiente, intrínseca a esa causa formal (la causa eficiente es el movimiento que le permite alimentarse, crecer y reproducirse).


Una explicación plausible es considerar que en el universo físico existe una potencia evolutiva que permite la vida.

La evolución potencial quizá se podrá explicar si se entiende el código genético mejor de cómo se conoce hoy.
Pero ya hemos dicho que hoy por hoy no existe una explicación genética de esa aparición.


No pasa lo mismo con la novedad que es la inteligencia humana. Aquí aparecen novedades no previstas, que no dependen de las condiciones iniciales: la posesión de ideas universales exige un quién que las "posea". La inteligencia no tiene realidad orgánica, aunque para manifestarse humanamente haga pie en el cuerpo.

Ese quién, que se manifiesta, es también novedad.

La genética evolutiva puede describir (e incluso podrá un día explicar científicamente) el proceso de hominización que permite al quién humano, a la persona, de existir. Pero la persona es extracósmica.

¿De dónde viene? Los cristianos decimos que de Dios. Cabe, sin embargo, simplemente calificar el Origen de "divino", al estilo deísta.
¿Cómo acceder al Origen? Es el tema de la llamada teología natural.

En cualquier caso, el filósofo no debe desentenderse del asunto más alto. Es teología filosófica.


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¿A qué llamamos seres vivos?

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Llamamos seres vivos a los seres que se mueven a sí mismos.

Por ejemplo, los seres que piensan, o que sienten, o que crecen.
Son los seres que se dan a sí mismos, más o menos, el ser, creciendo.

A esa actividad creciente, esencial, es lo que llamamos vida.

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¿Qué es la vida en definitiva?

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La vida es el ser de los vivientes: su esencia que es automovimiento, un cierto dominio de sí.

Concretamente, la vida es lo que somos "esencialmente": seres que crecen por sí mismos, que se dan su fin, en la medida en que el entorno se lo permite.

Y cuando el entorno es el ámbito de la máxima amplitud, la vida es irrestricta, si libremente se quiere.



En esta etiqueta 1.8.0 hablamos de la vida.

En las etiquetas 6.1.0 hablamos de la vida humana.

¿Explica la teoría de la evolución la aparición de la vida?

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La teoría de la evolución podrá explicar la aparición de nuevas especies vivas. Es un problema abordable.

Pero la aparición de la vida en general ya no es un problema evolutivo y hay que afrontarlo de otra manera.

La vida en general, en el universo físico, exige que aparezcan causas eficientes intrínsecas a las formas o causas formales, que muevan sistémicamente la estructura formal haciendo que sea "organismo vivo".

No se trata solamente de modificaciones o reduplicaciones genéticas. En el orden del Universo físico debe aparecer una "novedad" intracósmica.

¿En qué condiciones aparece? ¿Es suficiente que exista agua en una galaxia para que aparezca la vida? No es un problema estrictamente evolutivo. Es un hecho que suscita la admiración ¿no creen?

Para que del agua surja la vida no se necesita solamente "tiempo" para que las moléculas se ordenen, sino que en el universo exista ya la posibilidad de que se organicen.

La teoría de la evolución no puede explicar cómo surge la vida por primera vez, sino solamente cómo aparecen especies vivas diferentes.

La vida no depende del movimiento sino que la vida es causa del movimiento. La vida es anterior al agua. Esto es lo admirable.











De esto habla Polo en "Ética". Hacia una versión moderna de los temas clásicos. 2ª edición. Unión Editorial. p. 58.4

Pueden ustedes leer con provecho la página sobre la Teoría de la evolución al principio del blog y las etiquetas 9.1.0 sobre la evolución.

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¿Cuál es la noción clave para entender el acto vital?

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Para entender el acto vital, que llamamos praxis, y distinguirlo de la kínesis, que es el movimiento de los seres sin vida, la noción clave es la de "retroalimentación" que regula el crecimiento propio de ese ser vivo.

<en la etiqueta 1.15.0 estudiamos los distintos tipos de movimiento>

Retroalimentación significa que el ser vivo se alimenta hacia atrás, es decir, nutre (o adapta o regula o mejora) su forma inicial con nuevas informaciones, que le permiten mejorar su actividad.

En la kínesis rige solamente la causa eficiente, según el orden ya fijado en el universo.
En la praxis vital, sin embargo, el movimiento modifica el entorno y esos cambios retroalimentan, adaptan, regulan y mejoran la forma inicial, el programa de vida del viviente.

En el caso del movimiento vivo, además del orden del universo, rige otro orden, el de la causa final propia de ese ser vivo, el orden o plan propio de ese viviente.
La praxis vital es un movimiento que se autoregula.

Genéticamente, el ser vivo posee de entrada, naturalmente, una información, es una naturaleza específica, pero en la medida en que se ejecuta su programa informático, la información primitiva se modifica o adapta o regula o mejora, según el fin propio de ese ser vivo : yo soy elefante, y yo soy mosquito, y yo hierba del campo.

La causa final o fin propio del ser vivo es ese programa de crecimiento hacia su fin, posible gracias a su poder de autoregulación.

Ejemplo: supongamos que el programa de ese ser vivo manda que surjan tres pezuñas en las patas, pues bien, cuando han aparecido las tres, hay una información hacia atrás (retroalimentación) y la producción de pezuñas se interrumpe.

La forma de los seres vivos está, pues, en cierta medida, indeterminada. Se va determinando no sólo con movimientos o cambios continuos (como el agua que sale continuamente de la fuente. Eso sería  la noción de causa eficiente) sino con cambios discontinuos, pues las órdenes dadas se interrumpen y aparecen otras, plegándose a un orden, a un fin, que está ya contenido implícitamente en la forma inicial (en los genes y en una información que los biólogos llaman "información epigenética").

Forma inicial, alma, que se explicitará según un orden, según la causa final (y esa explicitación u orden superior es lo que llamamos hiperformalización).

No todo está determinado, explícitamente, de entrada.

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Pues bien, en los seres vivos libres, la causa final no está cerrada como en los mosquitos o en las víboras.

Al estar abiertos por dentro, pueden aparecer ante nuestra alma (estamos incluidos en el ámbito de la máxima amplitud) posibilidades inéditas.
Nuestros padres no nos transmiten solamente un código genético, sino que en la medida de su amor (en la medida de su querer) están también en el origen, trascendental, de la aparición de nuevas posibilidades.

Intentaré explicarme: si mi madre es hacendosa, yo podré serlo, no solamente por tener el gen de la hacendosidad, o por haberme criado en un hogar donde no se pierde el tiempo, sino porque desde el interior de mi alma aparece clara, la luz (transmisión trascendental) o las ganas de trabajar.
Libremente puedo apagarla o desoírla, pero en cualquier caso, procede también de mi madre.

El fin de mi vida no está cerrado sino abierto por dentro, inserto en la red de la familia humana.
Algunos la llaman, a la red, comunión.

La vida humana, en tanto que don trascendental, también se nutre, como la vida física, hacia atrás, es decir, en la medida en que alcanza las nuevas posibilidades que su Réplica le ofrece, puede libremente ratificarlas. Es verdaderamente "vida", que crece dentro de las relaciones personales de la familia trascendental que es la humanidad.

Es mi réplica la que rige,  al igual que la causa final propia de los seres vivos del universo físico, aunque sin estar determinada, pues soy libre. Rige, si quiero.

Empezamos a vivir cuando Dios nos crea personas: seres capaces de incorporar (esencializar) perfecciones.  Nuestros padres nos dan, con Dios, su localización en el universo físico, pero también, y esto no es comprensible sin la noción de réplica, la "posibilidad" de inspirarse en la realidad, como ellos, a su modo. Por eso podemos decir que nos dan "su vida", pues gracias a ellos, podemos inspirarnos como ellos.

El problema más importante a resolver es el cómo se transmiten esas "posibilidades" o dones, de padres a hijos.

 

Por ejemplo, mi madre habla con Dios, a solas, con facilidad. Y también con los ausentes, con sus hijos.
Yo tengo también esa posibilidad, de inspirarme como ella. Posibilidad que no es física y que puedo libremente ejercer o no.
No es una posibilidad que heredo genéticamente, sino en la medida en que mi madre "quiere" transmitirme su vida.
Ese "querer" no puede ser eficaz físicamente, sino trascendentalmente, si forma parte de mi "réplica" (mi Réplica es, claro está, el Verbo, que conoce y crea el querer libre de mi madre).

Las virtudes no se transmiten genéticamente sino libremente a través de la réplica de cada persona, en la medida en que padres e hijos quieren

Del mismo modo que, abandonando el límite mental, alcanzo o me abro a mi réplica, al hijo que soy en el Hijo, también puedo alcanzar lo que mis padres o hermanos o amigos (o santos) me transmiten por la comunión.

María muere con Jesús, compadeciéndose. Al ser mi Madre, yo tengo también esa posibilidad de compadecerme como ella.
Y tengo esa posibilidad en la medida en que Ella quiere darme la felicidad.
Es el amor de la madre y del padre el que favorece la aparición de esas posibilidades.
De ahí que podamos decir que yo vivo (en el Verbo) la vida de mi madre, al manifestar lo que ella manifiesta o manifestaba o podría manifestar.

Entiendan ahora que la vida trascendental funciona como la vida biológica en el sentido de que también aquí rige la  retroalimentación. Nuestra vida trascendental, el don que ofreceremos a Dios, se alimenta hacia atrás, es decir, nutre (o adapta o regula o mejora) el Plan inicial de Dios para mí, mi Réplica, con el concurso de las demás vidas humanas, todas ellas activadas en el Espíritu Santo, que es el orden, siempre nuevo, del Amor.

Es mi Réplica la que se autoregula, tirando de mí hacia dentro,  cual llama divina, si quiero, y gracias a los que me quieren.

No todo está determinado, explícitamente, de entrada.





Suplemento y glosa a Genara Castillo. Planteamiento poliano de la constitución y desarrollo de la vida humana. Studia Poliana 11,  p.7.2
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¿Por qué es necesaria la actividad esencial, la vida, cuando nos bastaría, para ser felices, con la visión directa de Dios?

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Porque somos humanos.

Al estudiar la antropología "trascendental" corremos el riesgo de pensar que "lo importante" es el conocimiento "trascendental".

Pero no hay conocimiento trascendental sin conocimiento.
Y el conocimiento humano necesita de la vida. No puede haber conocimiento trascendental, para el hombre, si no ejerce su actividad esencial (para el hombre la esencia es su vida).

El hombre debe disponer, aceptar, iluminar (todos estos verbos definen la vida humana) y, si quiere conocerse en profundidad, ponerse en condiciones de abandonar el límite mental.

También puede, claro está, contentarse con un conocimiento analógico de Dios y de sí mismo, como se ha ido haciendo a lo largo de la historia de la filosofía. Que es también actividad esencial.


El hombre no puede acceder a Dios sin ser hombre, sin actuar como hombre. Lo divino, para el hombre, es siempre humano. Por ahí va el famoso "valor divino de lo humano".

Nuestra mente no es pasiva; ha de ejercer una actividad para cualquier conocimiento. Y actividad esencial, vital, no sólo trascendente.

Los primeros principios, como cualquier otro inteligible, no llegan o se aparecen a la mente por una eficacia propia y exclusiva de esos principios.

Hemos de poseer y ejercer, cada uno,  la ciencia del conocimiento de Dios y de lo que Dios espera de nosotros (nuestra Réplica). Parte de esa ciencia es descubrir el modo de abandonar el pensamiento para conocer trascendentalmente.

Nuestra inteligencia entiende "formando". Es necesario acceder a Dios y al Nôus mediante un ejercicio metódico, científico, esencial, humanamente vital.

Esto no quiere decir que nuestra inteligencia "forme" la imagen de Dios o de nuestro Entender. Sino que debemos ejercer un método (actividad esencial) para acceder al conocimiento trascendental de Dios y de nosotros mismos.

También los místicos, para ver el Cielo, deben estar humanamente vivos.

Más aún. La presencia de Dios que el hombre puede alcanzar en su trabajo le exige introducir el límite mental, objetivar, vivir pragmáticamente. Debe olvidarse de sí (de sus filosofías, a no ser que sea filósofo) y concentrarse en hacer crecer su vida, que es su don.

Polo, no obstante, propone un método para acceder al ser.
No decimos que para ser felices (o santos) hay que ser filósofo, (las ciencias tienen, al fin y al cabo una gran utilidad para vivir) sino que la felicidad es imposible sin ejercer vitalmente el conocimiento (que es estudiado por los filósofos).








Glosa a Juan José Padial. El abandono del hogar y el alcance de la intimidad. II Conversaciones de AEDOS. Unión Editorial. p. 88
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¿A qué llamamos "vida recibida de nuestros padres"?

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Antes que nada conviene señalar dos distinciones : la distinción entre viviente y vida y la distinción entre vida recibida de los padres y vida añadida por cada persona.

Veamos la primera distinción:
El viviente humano es el acto de ser personal, que Dios crea directamente, libre, inteligente y amoroso.

La vida humana es la manifestación del viviente,  la esencia de cada hombre.
La vida depende del viviente, es manifestación del viviente, pues el acto de ser no se agota en el vivir (es siempre además).

Y ahora la segunda distinción:
La vida humana es dual: la dualidad constituida entre la vida recibida y la vida añadida.

La "vida añadida" es el miembro superior de la dualidad (se le puede también llamar vida espiritual, alma humana o yo humano).
La vida añadida es lo que aporta la persona, cada nuevo acto de ser personal. Lo que era una sencilla naturaleza física (una sencilla primera célula) se convierte en manifestación de una persona humana, que se inspirará en la materialidad del universo físico e irá esencializándolo, haciéndolo su mundo, en la medida en que crezca esa vida.


La vida recibida de los padres comienza cuando una naturaleza física  (la primera célula) es apta para ser "esencializada" por la persona naciente.
No olvidemos que una naturaleza física es materia + forma sustancial + causa eficiente intrínseca.
La primera célula viva deviene "humana", deviene vida recibida, cuando es concebida, cuando es apta para ser "animada" (43 cromosomas), en el instante de la concepción, y no antes. Es ése el momento de la creación de una nueva persona y de su vida "humana" (tanto recibida como añadida).


Por lo tanto tengamos claro que no hay vida añadida sin vida recibida. Y no hay vida recibida sin vida añadida.

La "vida recibida" de nuestros padres es el miembro inferior de la dualidad que es la vida humana, concretamente, las condiciones iniciales de cada persona.

Y la naturaleza humana es precisamente el carácter inicial de la dualidad de la vida humana, esto es, un ser vivo "humano", abierto por dentro (libre para amar) y por fuera (capaz de inspiración).

¿Es intracósmica la vida recibida de nuestros padres?

La vida recibida de nuestros padres es solo hasta cierto punto intracósmica, porque en tanto que vida de una persona es extracósmica, libre.
Y lo es desde el momento de la concepción, cuando la persona es creada, cambiando instantáneamente la naturaleza de la primera célula, que será, desde entonces, manifestación de la nueva persona.

Insisto en el hecho de que nuestros padres no nos dan una vida sencillamente biológica.

Nuestros padres nos colocan en el mundo. La vida recibida de nuestros padres nos inserta en el despliegue del universo.

El despliegue del universo físico es "necesario",  todo esto es estrictamente intracósmico, como la vida de un cachorro,  pero en el hombre, su cuerpo y cada carácter genético servirá  de inspiración para "añadirse", pues ya es una persona.


Noten que el hecho de proceder de dos personas humanas apunta ya a lo metacósmico. Los padres no se limitan a arrojarnos al mundo. Cada hijo, en la medida en que la cocreación es humana, es fruto de un plan amoroso.

Cada niña y cada niño se inspiran para crecer no solamente en sus genes, o en su entorno físico, sino sobre todo en su hogar.


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La vida intracósmica se explica filosóficamente como una interrelación de causa formal, causa eficiente y causa final.

En cuanto forma o causa formal es una información.

En cuanto causa eficiente, es movimiento que retroalimenta la forma, actualizando nuevas formas, ya contenidas en la forma, pues aparecen según un orden o causa final.

Todo eso va incluido en la vida recibida de nuestros padres.

El principio próximo de esta vida intracósmica es la forma (alma) que se puede comparar a una torre de control, pues contiene un código genético que regula, sincroniza y dirige los procesos vitales, permitiéndole crecer.

Y lo más interesante es que esa torre de control, esa alma, esa forma, se hiperformaliza aprovechando los cambios.

Por eso podemos hablar de un "discontinuo", o una epigénesis,  porque los cambios temporales ponen en marcha nuevos procesos contenidos sólo como posibilidades en el programa genético.

La vida recibida de nuestros padres es ciertamente física, intracósmica, como la vida que reciben los animales.

Sin embargo, lo peculiar de la especie humana es que esa vida biológica es apta para manifestar la vida añadida por cada persona.

Nunca existe una vida biológica humana estrictamente intracósmica.
Si es humana, pertenece a una persona. Aunque el aborto la deje inédita (por un tiempo).

La vida humana es una dualidad: vida recibida de nuestros padres más vida espiritual añadida por la persona humana a la que pertenece.






Complemento y glosa a Genara Castillo en su "Planteamiento poliano de la constitución y desarrollo de la vida humana". Studia Poliana p. 14. 4 et 15
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¿Por qué es necesaria la actividad esencial, la vida, cuando nos bastaría, para ser felices, con la visión directa de Dios?

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Porque somos humanos.

Al estudiar la antropología "trascendental" corremos el riesgo de pensar que "lo importante" es el conocimiento "trascendental".

Pero no hay conocimiento trascendental sin conocimiento.
Y el conocimiento humano necesita de la vida. No puede haber conocimiento trascendental, para el hombre, si no ejerce su actividad esencial (para el hombre la esencia es su vida).

El hombre debe disponer, aceptar, iluminar (todos estos verbos definen la vida humana) y, si quiere conocerse más profundamente, ponerse en condiciones de abandonar el límite mental.

También puede, claro está, contentarse con un conocimiento analógico de Dios y de sí mismo, como se ha ido haciendo a lo largo de la historia de la filosofía.

El hombre no puede acceder a Dios sin ser hombre, sin actuar como hombre. Lo divino, para el hombre, es siempre humano. Por ahí va el famoso "valor divino de lo humano".

Nuestra mente no es pasiva; ha de ejercer una actividad para cualquier conocimiento. Y actividad esencial, vital, manifestación de nuestro inteligir trascendental, pero actividad que no es sólo trascendente.

Los primeros principios, como cualquier otro inteligible, no llegan o se aparecen a la mente por una eficacia propia de esos principios.

Hemos de poseer y ejercer, cada uno,  la ciencia del conocimiento de Dios y de lo que Dios espera de nosotros (nuestra Réplica). Parte de esa ciencia es descubrir el modo de abandonar el pensamiento para conocer trascendentalmente.

Nuestra inteligencia entiende "formando". Es necesario acceder a Dios y al Nôus mediante un ejercicio metódico, científico, esencial, humanamente vital.

Esto no quiere decir que nuestra inteligencia "forme" la imagen de Dios o de nuestro Entender. Sino que debemos ejercer un método (actividad esencial) para acceder al conocimiento trascendental de Dios y de nosotros mismos.

También los místicos, para ver el Cielo, deben estar humanamente vivos.

Más aún. La presencia de Dios que el hombre puede alcanzar en su trabajo le exige introducir el límite mental, objetivar, vivir pragmáticamente. Debe olvidarse de sí (de sus filosofías, a no ser que sea filósofo) y concentrarse en hacer crecer su vida, que es su don.

Polo, no obstante, propone un método para acceder al ser.
No decimos que para ser felices (o santos) hay que ser filósofo, sino que la felicidad es imposible sin ejercer vitalmente el conocimiento (que es estudiado por los filósofos).







Glosa a Juan José Padial. El abandono del hogar y el alcance de la intimidad. II Conversaciones de AEDOS. Unión Editorial. p. 88

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¿Qué dice Ricardo Yepes sobre la vida?

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Los polianos debemos mucho a Ricardo Yepes.
En su libro de introducción a la antropología, nos dice que vivir es un modo de ser.
Vivir es ser, para los seres vivos.

Y recuerda las cinco características aristotélicas de los seres vivos:

1. Tienen automovimiento. Lo vivo es aquello que tiene dentro de sí mismo el principio de su movimiento.

2. Tienen unidad. Es cierto que las piedras también tienen unidad, pero su unidad es menos valiosa (se cuentan pesándolas). El ganado, sin embargo, se cuenta por cabezas.

3. Tienen inmanencia. In-manere es permanecer dentro, quedar dentro. Las acciones inmanentes son aquellas cuyo efecto queda dentro del sujeto. Los seres vivos realizan operaciones inmanentes con las que guardan dentro de sí : comer, leer, dormir. Las piedras no tienen dentro.

4. Se autorealizan. Vivir es crecer. Hay un plan que se va realizando (un despliegue, un crecimiento). Los clásicos llamaban telos al fin, perfección o plenitud. Lo vivo camina y se distiende. Hay un ir realizándose a lo largo del tiempo.

5. Tienen un ritmo cíclico. El despliegue se realiza a base de ritmos repetidos. Se empieza una y otra vez. El movimiento se repite. Pero se repite con armonía: hay un orden entre cada parte del todo, y el todo forma una unidad (la unidad de la vida) (el universo no tiene un movimiento lineal como decían los racionalistas y la física clásica -teoría de la relatividad-).

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¿Es Aristóteles el padre de la biología filosófica?

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Sí.
Aristóteles descubrió  la noción potencia-acto, al estudiar el conocimiento (ver etiqueta 20.4.3).

Y conocer es una forma de vivir.

La noción de potencia-acto se extiende ante todo a la biología.

La ciencia del ser vivo comienza cuando entendemos que hay seres en potencia de vivir.

Ya son embriones, pero todavía no han actualizado sus capacidades.

La esencia de los seres vivos, en cuanto que es principio de operaciones, se llama naturaleza.

Cada ser vivo pertenece a una especie, según sus potencias y facultades.











Glosa a Polo en Introducción a la Filosofía, p.67.3
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¿Cómo define la vida Aristóteles?

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Aristóteles define la vida como automovimiento.

Tomás de Aquino la describe en varios sitios también como "automovimiento".

Pero, atención, aunque en algunos seres vivos se da el movimiento físico, cuando describimos la vida como automovimiento no nos estamos refiriendo al movimiento físico.

El motor que se mueve a sí mismo es un fuente de "cambios", inmanente. Nos movemos creciendo.

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¿Se puede definir la vida como acción inmanente?

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Así lo hace Millán Puelles que prefiere para la vida una definición de Tomás de Aquino en la que no habla de movimiento. Se encuentra en S.Th. I, q. 18, a. 1 : un ser vivo es un ser que opera por sí mismo.

Millán Puelles opta por definir la vida como "acción inmanente".

Sabemos que el conocer y el apetecer son acciones inmanentes, y la nutrición, el metabolismo, el crecimiento, la reproducción,  son también acciones inmanentes, aunque tengan efectos exteriores.

Son acciones realizadas por sí y en sí.

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¿Qué descubrimiento de Aristóteles permite comprender lo que es la vida?

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Aristóteles tiene dos nociones que han ayudado enormemente a comprender la vida: la noción de enérgeia y la noción de coactualidad.

Genara Castillo, en Studia Poliana 5, tiene un artículo en el que presenta los aportes y límites de la filosofía aristotélica, vistos polianamente. En la página 112, explica cómo se debe a Aristóteles el descubrimiento del acto como enérgeia.

Acerquémonos aquí a la noción de enérgeia:
Aristóteles considera tres sentidos del acto : kínesis, entelécheia y enérgeia. (Al desconocer la creación, no descubre el acto de ser).

La kínesis es el movimiento físico. (Aunque los movimientos físicos no son propiamente actos, sino procesos).
La entelécheia es la forma, considerada estáticamente.
La enérgeia es la operación inmanente. (Que puede ir unida o no  a un movimiento transitivo).

La operación inmanente posee "ya" su fin. Cuando vemos estamos viendo. No es que vayamos a ver, es que "ya" vemos. El ser vivo posee ya un programa que desarrollará según las condiciones materiales se lo permitan. No está regido solamente por la causa eficiente externa, sino que tiene "vida".

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¿Qué es la coactualidad?

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La coactualidad es la noción que mejor expresa la riqueza de la vida.

En mi vida aparecen armoniosamente entramados todo tipo de actos: kínesis, entelequias, energeias (praxis de la voluntad, praxis perfectas de la inteligencia, hábitos) y hasta sonrisas.

Es mérito de Aristóteles explicar el "automovimiento", la operación inmanente, como "coactualidad de formas". Inmanencia.

Tratemos de explicar este punto importante que nos permitirá entender las nociones de hiperformalización o crecimiento de la esencia.

Polo llama coactualidad a la posibilidad de encontrar dos formas en acto simultáneamente. Por ejemplo, la forma de una facultad orgánica (como la imaginación) no se limita a informar la materia. Su forma es capaz de más. Una forma así no es simple forma física. Es una forma capaz de estar simultáneamente en acto con otra forma en acto.

(Otro ejemplo, la forma del ojo, actualiza el órgano de la vista y a la vez actualiza el color). Hay una concurrencia de formas. Cuando se da la concurrencia, la forma del órgano de la vista es capaz de coactualidad.

Diversas potencias se coactualizan. Así el ojo está en potencia de inmutarse con la luz pero también está en potencia de "ver" los colores. Soy capaz de “sentir” el color rojo, tengo el sobrante formal del rojo, que se ha actualizado cuando el rojo físico estimula la retina. Hay una relación forma-forma, una operación inmanente. Una relación que no es hilemórfica, sino morfo-mórfica, una concurrencia de formas.

El conocimiento comienza con la coactualidad de la presencia.
El conocimiento en acto y lo conocido en acto son un solo acto. Dicho acto es inmanente sin más. El noeí kai nenóeken háma to autó: lo mismo y simultáneo.

La conmensuración conocer-conocido implica el simul, la coactualidad del acto de conocer y lo que se conoce, y también que no hay más acto que conocido ni más conocido que acto.

Una forma en relación con otra forma no es simplemente una estructura orgánica. En todo caso, una correlación entre formas puede llamarse “morfo-mórfica”, pero no hilemórfica. Una relación morfo-mórfica no es un cuerpo, sino una coactualidad. Dicha coactualidad requiere una operación inmanente.

Pero por encima de la actualidad de la operación, el intelecto personal que somos piensa que piensa : hábitos del conocer.
La actualidad es superada por el co-acto del ser personal que co-existe con el universo.

El intelecto es llamado por Polo intellectus ut co-actus.

La vida ya no es inmanente sino trascendente.







Todo este tema lo explica muy bien David González Ginocchio en el Cuaderno de Anuario filosófico n. 183, "el acto de conocer".

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