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¿Cuatro o tres trascendentales personales?

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Mi buen amigo el profesor Sellés testimonia que Polo, al final de su vida, sostuvo que se había equivocado al formular los cuatro trascendentales personales.

Y mantuvo que son tres:

La coexistencia libre,

El conocer personal,

El Amar personal.

 

Pues no consideraba que la coexistencia fuese suficientemente distinta de la libertad, porque una coexistencia que no fuese libre no sería personal.

 

A mi entender, pienso que debemos mantener que los trascendentales personales son cuatro.

Entre otras cosas porque voces autorizadas afirman que la libertad, temáticamente considerada, es un tema que no remite a otro tema, sino que sólo ratifica su valor metódico. 

Se ajusta sólo con el futuro. 

Y siendo así se abre a Dios en esperanza (en esto Sellés estará de acuerdo).

Eso distingue la libertad personal de los otros trascendentales, que temáticamente remiten, en último término a Dios pero de otra manera.

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No dudo del testimonio de Juanfer, pero prefiero mantener lo que Polo sostuvo por escrito.

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Aprendí del profesor Juan A. García González los pasos que hay que dar para abandonar el límite mental en su tercera dimensión.

Pongo aquí el enlace a un curso en el que lo explica.

 https://www.youtube.com/watch?v=XfdNOuUnFvM

En el primer paso detectamos el carácter de además: sabemos que somos coexistentes.

En el segundo paso alcanzamos que somos un coexistente libre (tal como dice Sellés).

 Hemos alcanzado los dos primeros trascendentales personales : coexistencia y libertad personal.

 Hemos alcanzado la apertura interior, compuesta por los trascendentales coexistencia y libertad personal.

 

En el tercer paso nos damos cuenta que la persona es más (valor metódico del carácter de además) y ese ser más remite a otros dos trascendentales, el intelecto personal que se busca y el amar donal que espera aceptación.

 

Estos dos trascendentales superiores componen la apertura hacia adentro.

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Los cuatro trascendentales se convierten entre sí jerárquicamente.

En los cuatro aparece el carácter de además.

En los cuatro aparece el carácter filial.

¿Puede usted describir en cuatro pasos el abandono del límite en su tercera dimensión?

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Así lo hace Juan A. García en un vídeo que les recomiendo.

El primer paso es detectar el carácter de además.

Hay que detectar el además del pensamiento.

Detectar que la persona no es el pensamiento, sino aquél que piensa, el quién que piensa.

Detectamos que el existente es además del pensamiento.

Tiene que haber alguien más que el pensamiento.

Entonces he detectado la diferencia entre el pensamiento y aquél de quien depende el pensamiento

 

El segundo paso  es aplicar o utilizar el además.

Cuando obramos libremente alcanzamos que somos un coexistente libre.

Obrar libremente no es tener un dolor de cabeza o envejecer o caerse.

Cuando uno se “toma la libertad”, se alcanza la libertad.

Me he dado cuenta de que existo libremente. Y mi libertad se ha manifestado en mi acción.

Y mi libertad no se agota cuando actúo libremente. Puedo tomarme otra libertad.

Así se alcanza  que el coexistente que somos no solamente es además de nuestro pensamiento, sino que somos un coexistente libre. Un coexistente que puede ser siempre más libre.

 

Hemos alcanzado los dos primeros trascendentales personales : coexistencia y libertad personal.

Somos seres como “acompañantes” libres de nuestras acciones.

Y ser libre es tener un futuro que nunca se agota.

El futuro es un generador de acciones.

 

El coexistente es carente de réplica, es decir, no alcanza a saber quién es, porque sus pensamientos, sus acciones no son una persona, no son la persona que es.

 

Pero hemos entendido que la persona es un ser que es intimidad, un ser abierto por dentro, que se acompaña. Hemos alcanzado la apertura interior  compuesta de los trascendentales coexistencia y libertad personal.

 

El tercer paso es darse cuenta de que el carácter de además no solo tiene una dimensión metódica, sino que también tiene otra dimensión temática.

 Cuando utilizamos como método el carácter de además alcanzamos su tema, que es también además.

 

 Además y además.

 

Saber que soy un coexistente libre, sí, pero la persona es más y por eso se busca.

 

Hemos llegado al conocer personal, tercer trascendental.

El miembro inferior del inteligir personal es lo que Juan A. García llama “alcanzar”, o también llamado "encontrar trascendental". Somos hijos.

El miembro superior del inteligir personal es el seguir buscando o buscar trascendental. 

Como diría, más o menos, Solomiewiz : en la medida en que se va conociendo el Origen (mi Réplica), el inteligir es atraído por su Destino.

Se prolonga el descubrimiento.

Busco más.

Así llegamos a otra descripción de la libertad trascendental : la inclusión atópica en el ámbito de la máxima amplitud.

(Aquí aparece ya la referencia a Dios, pero vayamos con cuidado de no hacer una referencia prematura).

El hombre busca la réplica. La plenitud de la actividad que no tiene limitación. Conocerse como Dios le conoce.

 

El intelecto personal busca a Dios, pero no sabe lo que busca.

Para encontrarle tiene que pasar por el trascendental Amar donal, es decir, con el aceptar-don-dar.

Ninguna creatura puede conocer a Dios si Dios no se lo da.

 

Queda el cuarto paso:

¿Quién es mi Padre? Debo aceptar su Don. ¿Y Quién aceptará mi don? Hemos llegado al Amar personal.

 

El intelecto personal y el amar donal son la apertura hacia adentro.

 En las relaciones entre personas aparece el dar-aceptar-don.

Lo propio del crecimiento de las personas es el acogerse mutuamente. Ser aceptados

Cuando el don se da y se acepta mutuamente es fecundo.

 

Con Dios, el Amar es la tríada  Dar-aceptar de la parte de la persona humana-Don.

Pero el aceptar de la persona humana es un darle su vida (que es su don a nivel esencial).

La persona sabrá en el Juicio si ese don es aceptado y deviene Don (Vida eterna).

Ese saber es el saber más alto. Más alto que la sabiduría y que su conocer. Es la Luz de la gloria: conocerse como Dios nos conoce y conocerá

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Dar-aceptar es la relación entre personas. 

Cuando el don se da y acepta mutuamente es fecundo : El hombre es elevado al conocimiento de Dios, como Dios le conoce.

 

No sabremos quiénes somos hasta que Dios acepte nuestra Vida, nuestro Don-don.



¿Cómo aplica Polo la distinción real en Antropología?

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El Profesor Juan A. García Gz lo explica muy bien en un audio que pueden escuchar aquí.

 https://www.youtube.com/watch?v=sMhaJLlGUWw&t=1084s

Ofrezco aquí algunas pinceladas que nos ayudarán a a fijar el tema:

 

Viene a decir que la distinción real entre acto de ser y esencia se comprende en el hombre atendiendo a la distinción entre persona y acción. Es la distinción entre ser y obrar.

La naturaleza es el principio de operaciones, está pues del lado del obrar. Su desarrollo es la vida recibida.

Pero las personas no son principios sino que lo que buscan “libremente” es ser acogidas.
La persona activa las operaciones para ser aceptada, y lo hace libremente.
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Además, la relación interpersonal no es la de la causa con su efecto sino del dar con el don.
La acción humana es dar “don”. No producimos efectos como los efectos naturales, sino que “damos” con la esperanza de ser aceptados.
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Pero hay más. El hombre no es solo persona, sino que es el habitante del universo, y tiene inteligencia para entender las cosas de este mundo, mediante los sentidos, y tiene capacidad de intervención. Se abre hacia afuera.

La naturaleza humana está abierta al mundo y debe trabajar, crece trabajando, tiene una misión.
Es lo que Polo llama vida añadida, no vida natural o vida recibida, sino la vida aportada por la persona.


¿Hay actos moralmente indiferentes?

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En la tertulia “Persona y acción” Juan A. GG nos edifica hablando de “editar” la libertad.

Yo le había escuchado la expresión “tomarse la libertad”, y ahora ese tomarse la libertad se enriquece con el “editar cada uno su libertad”.

 

Vale la pena escuchar su defensa de los caprichos de cada quién.

 

Y entonces le preguntan si hay actos moralmente indiferentes.

Seguro que tiene en mente la respuesta tradicional: no existen actos moralmente indiferentes porque incluso agacharse para recoger una hojilla, lo hacemos con una intención última que da la moralidad a lo físicamente indiferente.

 

Nuestro autor dirá: ¡déjenme vivir! No puedo vivir angustiado preguntándome a cada momento por la moralidad de lo que hago.

Haré, digo yo, lo que me dé la gana.

 

Estoy “editando” mi libertad y la persona merece un respeto, como la respeta Dios.

 

Sin embargo, cuando Dios, respetando mi libertad, que Él quiere que yo edite personalmente, acepte mi vida, entonces esos actos no serán ya “indiferentes” pues formarán parte de la Gloria eterna de Dios.

 

Conclusión práctica: si tengo visión sobrenatural, ningún acto es “indiferente”.

 

Para entenderlo propongo que se alcance a ver lo “sobrenatural” como una anticipación  de la vida eterna.

Así se conjuga libertad y comunión con Dios.