Concentración; Gravitación; Contemplación 2

 


Autor: Federico Quirós Gil. Sacerdote. Doctor en Teología moral y Licenciado en Medicina por la Universidad de Navarra. Nacido en 1951. Actualmente da clases de Questions d’Anthropologie en el ISSI (Instituto Superior de Ciencias de la Enfermería) y es capellán del Hospital Monkole en Kinshasa, République Démocratique du Congo (RDC).

Título: San Josemaría y la “vida eterna” en Leonardo Polo. Contemplación de Dios desde una “cierta antecedencia”.

“Caminante no hay camino. Se hace camino al andar”. El andar es una cierta antecedencia.

I. Presentación. Homenaje a san Josemaría.                                                                

Leonardo Polo escribió en 1985 un largo artículo titulado "El concepto de vida en Mons. Escrivá de Balaguer"[1].

[1] POLO, L. (1994), La personalidad del Beato Josemaría Escrivá de Balaguer, Eunsa,                                                                                                  Pamplona, pp. 165-195. 

Anteriormente publicado en Anuario Filosófico, 18 (1985/2) 9-32.

 

Dice don Leonardo: “Escribo estas páginas en el décimo aniversario de su muerte (1985) como homenaje a su figura, con la seguridad de que su deseo de contemplar el rostro de Dios se ha cumplido”.

 

No hace Polo, en este artículo, un análisis interpretativo de textos de Escrivá de Balaguer para deducir después la noción de “vida”. Lo que hace Polo es hablar de la Vida divina y hablar con la Vida divina, inspirándose en su relación con Josemaría Escrivá, relación que le invitaba a un diálogo personal con Dios, mostrándole así que esa Vida estaba también a su alcance.

Intentaremos en esta comunicación acceder a la noción de “vida eterna”, que Polo expuso en 1985 como agradecimiento a quien se la mostró encarnada.

 

II. La unidad de la vida. Concentración y gravitación en cada una de sus dimensiones.

¿Qué es la vida eterna? Polo hace un largo recorrido a través de 5 capítulos, y es el último, el capítulo 6, el que tiene como título “La vida eterna”.[2]

[2] Ibidem p. 194 El inagotable vivir personal clama por la eternidad. Et p. 195  ¿Cuándo vendré y veré la faz de Dios?

En primer lugar profundiza en el concepto de vida [3] , utilizando dos términos luminosos: concentración y gravitación, y distinguiendo entre lo que es un concepto lógico y un concepto real.

 

[3] Polo, L. El concepto de vida en Mons. Escrivá de Balaguer. Anuario Filosófico, 18 (1985/2) 9-32.   

Nos interesa el capítulo 6. La vida eterna. p.193: “Para exponer estas consideraciones sobre algunos aspectos centrales del mensaje del Fundador del Opus Dei he elegido como eje el concepto de vida.

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Expliquemos, primero, la concentración de la vida.

 

Observemos, dice, que es propiedad del concepto la universalidad. Unum in multis. Ahora bien, cuando se trata de la vida, no se debe perder de vista que la vida para el viviente es “ser” y que, por tanto, pertenece al orden real y no al orden lógico: no hay vida abstracta.

 

El concepto “real” de la vida humana es universal, pero su universalidad no consiste en que todos los humanos tengan vida, sino que cada ser humano, cada vida humana, se concentra entera en todas y cada una de sus dimensiones, aunándolas desde dentro.

 

Así la persona que soy, (soy vida), se concentra entera en cada una de mis células o en cada uno de mis dientes, en cada una de las dimensiones de mi ser.

La persona que soy vive concentrada en cada uno de mis glóbulos y rebosa desde ellos, como un trascender interno, reforzando la unidad de las distintas dimensiones de mi vida.

Si pierdo un diente, mi vida, mi persona, no está ya en ese diente. Ese diente ya no es mío al perder su unidad con mi vida.

 

Lo que especifica el concepto de vida real es su unidad. “La unidad de la vida”.

Es decir, la vida da unidad, aúna.

 

¿Y por qué mi vida, mi ser, aúna a los distintos momentos de mi existencia?

Porque mi vida está concentrada en cada uno de sus momentos.

 

Para entender esta concentración de la vida puede servirnos la imagen del café instantáneo granulado.

Todo el café se encuentra, en cierto modo, concentrado en cada grano.

El café se manifestará, digámoslo así, cuando se den las condiciones adecuadas (el agua caliente y la interacción de los distintos granos).

Saborearemos, en uno de los momentos de nuestra vida, la intensidad del café en la medida de su ser más café, de su intensidad esencial, que no es otra cosa que su crecimiento. Vivir es crecer.

 

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Y ahora expliquemos la noción de “gravitación”: La vida “real”, no abstracta, gravita [4] sobre cada uno de sus momentos, vivificándolos.

 [4] Detengámonos en el verbo “gravitar”, que es un ejemplo de cómo utiliza Polo los verbos dándoles un sentido nuevo. Pues bien, los “momentos” de una vida humana, son una cierta “antecedencia” y se dejan elevar por la vida a la que pertenecen, creándose así una gravitación entre la esencia (los momentos que son vida) y el acto de ser humano (entendido aquí también como vida).

 


Fijémonos en que cuando decimos que la vida gravita sobre cada “momento” estamos diciendo que existe una atracción mutua. La tierra gravita alrededor del sol, la luna gravita alrededor de la tierra. Se trata de una atracción perfectamente mutua. La ley de la gravitación universal estipula que dos masas se atraen “mutuamente”. Una de las masas (la tierra) parece inmóvil únicamente porque su masa gigantesca opone una resistencia infinita a la atracción de nuestra pequeñísima masa. La Tierra atrae hacia su centro con una fuerza igual a nuestro peso. Nosotros atraemos a la Tierra con la misma fuerza. La atracción es mutua.

                                                                

Aplicando esta ley de gravitación a los momentos de nuestra vida, podemos afirmar que estamos vivos porque la vida (el ser que somos) gravita sobre cada uno de nuestros “momentos”. La vida los aúna. Todos los “momentos” se unen en virtud de la atracción mutua.

 

Convenía, pues, como dice Polo, comenzar el artículo estableciendo la unidad de la vida como la característica que la especifica [5] . Vivir es, radicalmente, aunar.

 

[5] Polo, L. El concepto de vida en Mons. Escrivá de Balaguer. EUNSA (1994). Capítulo 6. La vida eterna. p.194 : La concentración de la vida en sus aspectos integrantes es su misma intensidad unitaria. La intensidad viene a ser de este modo un trascender interno que supera la dispersión, e incluso la distribución analítica de la vida en sus notas (en sentido activo, las notas de la vida son los momentos de su ejercicio). La vida es intensivamente universal, y no tan sólo como unum in multis, porque tales muchos son previamente el contenido uno que revierte en ellos confirmándolos, reuniéndolos y trascendiéndolos a la vez.

La vida, el ser que soy, va apareciendo, gracias a la unidad que aporta, pues gravita sobre cada uno de sus momentos, y crece gracias a la interactividad de sus dimensiones.

III. La vida crece “de acuerdo” con una cierta antecedencia.

La vida gravita sobre todos sus momentos. Y lo hace “de acuerdo” con ellos. Los tiene en cuenta, los respeta.

Este respeto les da una autonomía que llamaremos “una cierta antecedencia”.

 

Las notas de la vida son los momentos de su ejercicio, que tienen una cierta antecedencia [6] a su unidad. La vida es una, sí, pero sin abandonar la pluralidad de sus momentos.

 [6] : El profesor Juan A. García lo explica en la Revista de estudios filosóficos polianos n. 10, respondiendo a la siguiente pregunta:

¿La vuelta del carácter de además al límite mental que es su punto de partida, es posterior a dicho carácter de además? 

No, esa vuelta no se puede decir posterior al carácter de además.

 La esencia de la persona humana procede de esa vuelta.

Y lo que es curioso es que la esencia tiene una cierta antecedencia del ser personal humano.

 Podemos decir que el carácter de además se dota de su propio punto de partida. Diciéndolo de otro modo, el carácter de además y su vuelta son, digámoslo así, simultáneos.

 Polo a veces expresa dicha vuelta como el sentido transversal del carácter de además.

 

La vida, al existir concentrada en cada uno de esos momentos, gracias a la fuerza de su unidad, crece, trasciende, sobra, revierte en esos momentos, confirmándolos, reuniéndolos y trascendiéndolos a la vez, para superar la soledad.

 

La identidad de la vida es precisamente su trascender.[7] La vida hace pie, para crecer, en la cierta antecedencia de sus momentos.

 [7] Polo, L. El concepto de vida en Mons. Escrivá de Balaguer. EUNSA (1994). Capítulo 5. La vida eterna. p.190

Quiere decirse con esto que el vivir no se agota en su inmediata actualidad, sino que gravita [8] sobre los momentos de su ejercicio, prestándole el peso de su unidad, esto es, dándose a ella de acuerdo con ella. Este “acuerdo con ella” es lo que venimos llamando una cierta antecedencia.

 [8] Ibidem. Capítulo 6. La vida eterna. p.194 : Quiere decirse con esto que el vivir no se agota en su inmediata actualidad, sino que gravita sobre ella prestándole el peso de su intensidad unitaria, esto es, dándose a ella de acuerdo con ella. En tanto que se da a ella, la enriquece e impide que es aísle o se reduzca a sí misma (como si cada acción fuese autosuficiente).

En tanto que se da de acuerdo con ella, la trasciende como un sobrar para el que cada acción es un cauce todavía estrecho, nunca expresivamente suficiente. Desde aquí cabe entender la intensidad de la unidad vital como subsistencia personal, que descubre su identidad como hijo de Dios y, por tanto, en Cristo. De todo esto hemos hablado ya.

 

 

Y en tanto que el vivir se da de acuerdo con la actualidad, la trasciende como un sobrar para el que cada acción es un cauce todavía estrecho, nunca expresivamente suficiente.

 

La intensidad esencial, o la vida como esencia, es así una cierta antecedencia de su crecimiento personal, de su apertura hacia Dios, de su destinarse hacia Dios, realizado “de acuerdo con ella”. De acuerdo con su vivir (de acuerdo con su esencia).

Recordemos que el destinarse hacia Dios es fruto de la llamada inicial de Dios.[9] Dios mantiene su llamada, insiste en su llamada. La persona está abierta trascendentemente hacia Dios y crece en la medida en que el don de su vida es aceptado por Dios. Ese don es una cierta antecedencia, que Dios respeta.

 [9] A este propósitio ver Preguntas polianas : https://preguntaspolianas.blogspot.com/2021/12/cuales-son-las-elevaciones.html  Dios mantiene insistentemente la llamada (es un diálogo creador), para que el hombre aporte su don. (Este aporte es una “cierta antecedencia”).

 La intensidad personal, o vida como crecimiento del ser personal, es también una cierta antecedencia de su Réplica [10] de Dios, pues en tanto que busca, va anticipando las dimensiones de esa Réplica suya de Dios.

La persona crece al ir identificándose con su Réplica de Dios. Réplica irrestricta que irá alcanzando al contemplar cómo su don es aceptado por Dios.

[10] A mi entender, la Réplica es el Verbo. Cada persona tiene su propia Réplica de Dios, una dimensión del Verbo que crece irrestrictamente

IV. La vida eterna como conocimiento de Dios tal como Dios nos conoce, de acuerdo con una cierta antecedencia. Contemplación.

Mi crecimiento será eterno. Mi vida eterna, será acogida en la máxima amplitud de Dios. No comprensivamente, sino contemplativamente. Será eternamente “además” del Misterio de Dios. Contemplación.

 

No comprensivamente, porque aunque veamos a Dios cara a cara nunca llegaremos a comprender el Misterio. Seremos acogidos contemplativamente, en adoración contemplativa.

Entonces, el carácter donal de la persona se expresa en un canto de alabanza y gratitud perennes. Su vida eterna [11].

[11]  Polo, L. El concepto de vida en Mons. Escrivá de Balaguer. EUNSA (1994). Capítulo 6. La vida eterna. p.195 Al alcanzar el destino por el que clama, y sólo entonces, el concepto que desborda es desbordado él mismo, acogido contemplativamente —no comprensivamente— en la máxima amplitud de Dios. Entonces también su carácter donal expresivo es un canto de alabanza y gratitud perennes.

 Con la seguridad de que ese deseo profundo se ha cumplido, escribo estas páginas en el décimo aniversario de su muerte como homenaje a su figura.

 

De este modo la comprensión de la vida eterna deja de ser una inmortalidad estática para convertirse en el encontronazo definitivo, donde el carácter donal del hombre es acogido en la máxima amplitud de Dios como un canto de alabanza perenne.

 

La vida eterna puede ser llamada también “glorificación”. [12]

[12] Ver blog “Preguntas polianas” : https://preguntaspolianas.blogspot.com/2021/12/cuales-son-las-elevaciones.html donde se describen las elevaciones de la persona humana : la creación, la llamada inicial, la insistencia o mantenimiento de la llamada, la santificación y la glorificación.

 

La glorificación puede comprenderse como la plenitud de la vinculación personal con Dios. En la vida temporal, esa vinculación ilumina su manifestación en el compromiso vocacional, de modo que la vida libremente entregada constituye una “cierta antecedencia” de su plenitud eterna.

La glorificación es entonces “vinculación con Dios” y la cierta antecedencia “compromiso vocacional” [13]

 

[13] SORIANO, Graciela, «Vinculación y compromiso según la antropología trascendental de Leonardo Polo», Miscelánea Poliana. Serie de Filosofía, n.º 78 (2024), pp. 31-46.   

 

El canto es una cierta antecedencia del hijo en el Hijo.

La vida eterna es ir conociendo a Dios como Dios nos conoce.

Y Dios Padre nos conoce de acuerdo con su Hijo. Y el Hijo nos conoce de acuerdo con lo que quiera contemplar nuestra libertad. De acuerdo con mi cántico.

Mi vida eterna depende también de mí.

 

 

Leonardo Polo ha aprendido de san Josemaría que la vida eterna es contemplación de Dios. Seremos acogidos contemplativamente, en adoración contemplativa. En la medida en que libremente queramos.

 

Tres palabras del artículo de Polo, concentración, gravitación y contemplación nos han ayudado a entender mejor lo que es la vida eterna.

 

V. Conclusión[14]

 

[14] Polo, L. El concepto de vida en Mons. Escrivá de Balaguer. EUNSA (1994). Capítulo 6. La vida eterna. p.195.  Mons. Escrivá de Balaguer confesaba, con su sinceridad habitual, ese clamor interior: «Mentiría si negase que me mueve tanto el afán de contemplar la faz de Jesucristo. Vultum tuum, Domine, requiram, buscaré, Señor, tu rostro. Me ilusiona cerrar los ojos y pensar que llegará el momento, cuando Dios quiera, en que podré verle, no como en un espejo y bajo imágenes oscuras... sino cara a cara. Sí, hijos, mi corazón está sediento de Dios, del Dios vivo. ¿Cuándo vendré y veré la faz de Dios?».


He escrito esta comunicación como homenaje a la figura de don Leonardo Polo, que me ha hecho entender que mi vida es una cierta antecedencia de mi vida eterna.

 

Caminante no hay camino, se hace camino al andar.

Antonio Machado me recuerda que la vida eterna no está trazada de antemano para cada uno, sino que la iremos abriendo a través de nuestro canto, a través de nuestras decisiones. Decisiones libres que son una “cierta antecedencia” de la vida eterna de cada quién.

Vida eterna que se anticipa también en mi vida terrestre, en tanto que esta vida es una cierta antecedencia de la eterna, que crece al caminar. El Cielo está muy cerca.

 

Kinshasa, 2 de octubre de 2026.

 



[1] POLO, L. (1994), La personalidad del Beato Josemaría Escrivá de Balaguer, Eunsa,                                                                                                                                 

Pamplona, pp. 165-195. Anteriormente publicado en Anuario Filosófico, 18 (1985/2) 9-32.

 

[2] Ibidem p. 194 El inagotable vivir personal clama por la eternidad. Et p. 195  ¿Cuándo vendré y veré la faz de Dios?

[3] Polo, L. El concepto de vida en Mons. Escrivá de Balaguer. Anuario Filosófico, 18 (1985/2) 9-32.   

Nos interesa el capítulo 6. La vida eterna. p.193: “Para exponer estas consideraciones sobre algunos aspectos centrales del mensaje del Fundador del Opus Dei he elegido como eje el concepto de vida.

 

 

[4] Detengámonos en el verbo “gravitar”, que es un ejemplo de cómo utiliza Polo los verbos dándoles un sentido nuevo. Pues bien, los “momentos” de una vida humana, son una cierta “antecedencia” y se dejan elevar por la vida a la que pertenecen, creándose así una gravitación entre la esencia (los momentos que son vida) y el acto de ser humano (entendido aquí también como vida).

 

 

[5] Polo, L. El concepto de vida en Mons. Escrivá de Balaguer. EUNSA (1994). Capítulo 6. La vida eterna. p.194 : La concentración de la vida en sus aspectos integrantes es su misma intensidad unitaria. La intensidad viene a ser de este modo un trascender interno que supera la dispersión, e incluso la distribución analítica de la vida en sus notas (en sentido activo, las notas de la vida son los momentos de su ejercicio). La vida es intensivamente universal, y no tan sólo como unum in multis, porque tales muchos son previamente el contenido uno que revierte en ellos confirmándolos, reuniéndolos y trascendiéndolos a la vez.

 

[6] : El profesor Juan A. García lo explica en la Revista de estudios filosóficos polianos n. 10, respondiendo a la siguiente pregunta:

¿La vuelta del carácter de además al límite mental que es su punto de partida, es posterior a dicho carácter de además? 

No, esa vuelta no se puede decir posterior al carácter de además.

 La esencia de la persona humana procede de esa vuelta.

Y lo que es curioso es que la esencia tiene una cierta antecedencia del ser personal humano.

 Podemos decir que el carácter de además se dota de su propio punto de partida. Diciéndolo de otro modo, el carácter de además y su vuelta son, digámoslo así, simultáneos.

 Polo a veces expresa dicha vuelta como el sentido transversal del carácter de además.

 

[7] Polo, L. El concepto de vida en Mons. Escrivá de Balaguer. EUNSA (1994). Capítulo 5. La vida eterna. p.190

 

[8] Ibidem. Capítulo 6. La vida eterna. p.194 : Quiere decirse con esto que el vivir no se agota en su inmediata actualidad, sino que gravita sobre ella prestándole el peso de su intensidad unitaria, esto es, dándose a ella de acuerdo con ella. En tanto que se da a ella, la enriquece e impide que es aísle o se reduzca a sí misma (como si cada acción fuese autosuficiente).

En tanto que se da de acuerdo con ella, la trasciende como un sobrar para el que cada acción es un cauce todavía estrecho, nunca expresivamente suficiente. Desde aquí cabe entender la intensidad de la unidad vital como subsistencia personal, que descubre su identidad como hijo de Dios y, por tanto, en Cristo. De todo esto hemos hablado ya.

 

 

[9] A este propósitio ver Preguntas polianas : https://preguntaspolianas.blogspot.com/2021/12/cuales-son-las-elevaciones.html  Dios mantiene insistentemente la llamada (es un diálogo creador), para que el hombre aporte su don. (Este aporte es una “cierta antecedencia”).

 

 

[10] A mi entender, la Réplica es el Verbo. Cada persona tiene su propia Réplica de Dios, una dimensión del Verbo que crece irrestrictamente

 

[11]  Polo, L. El concepto de vida en Mons. Escrivá de Balaguer. EUNSA (1994). Capítulo 6. La vida eterna. p.195 Al alcanzar el destino por el que clama, y sólo entonces, el concepto que desborda es desbordado él mismo, acogido contemplativamente —no comprensivamente— en la máxima amplitud de Dios. Entonces también su carácter donal expresivo es un canto de alabanza y gratitud perennes.

 

[12] Ver blog “Preguntas polianas” : https://preguntaspolianas.blogspot.com/2021/12/cuales-son-las-elevaciones.html donde se describen las elevaciones de la persona humana : la creación, la llamada inicial, la insistencia o mantenimiento de la llamada, la santificación y la glorificación.

 

[13] SORIANO, Graciela, «Vinculación y compromiso según la antropología trascendental de Leonardo Polo», Miscelánea Poliana. Serie de Filosofía, n.º 78 (2024), pp. 31-46.   

 

 

[14] Polo, L. El concepto de vida en Mons. Escrivá de Balaguer. EUNSA (1994). Capítulo 6. La vida eterna. p.195.  Mons. Escrivá de Balaguer confesaba, con su sinceridad habitual, ese clamor interior: «Mentiría si negase que me mueve tanto el afán de contemplar la faz de Jesucristo. Vultum tuum, Domine, requiram, buscaré, Señor, tu rostro. Me ilusiona cerrar los ojos y pensar que llegará el momento, cuando Dios quiera, en que podré verle, no como en un espejo y bajo imágenes oscuras... sino cara a cara. Sí, hijos, mi corazón está sediento de Dios, del Dios vivo. ¿Cuándo vendré y veré la faz de Dios?».

Con la seguridad de que ese deseo profundo se ha cumplido, escribo estas páginas en el décimo aniversario de su muerte como homenaje a su figura.

 

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