Significa que el conocimiento final de Dios depende de nuestra fidelidad a la imagen divina que somos.
Polo explica
que en el Juicio particular, Dios busca reconocerse en nosotros: si hemos
custodiado su imagen y semejanza, el encuentro es positivo.
Sin embargo, si el hombre se engaña a sí mismo y desdibuja esos rasgos, se vuelve "mentira".
En ese caso, el "no te conozco" de Dios no es falta de información, sino una pregunta trágica: “¿Qué has hecho con mi imagen?”.
Conocer a Dios como Él nos
conoce implica, por tanto, llegar a ese encuentro siendo verdaderamente aquello
que Dios pensó al crearnos.

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