¿En qué se distingue el "amar donal" de la voluntad?



El "amar donal" es un trascendental personal, uno de los cuatro radicales de la persona humana. Es decir, del acto de ser personal.

 La voluntad está a un nivel inferior, es potencia "esencial" de la persona humana. Pertenece a la esencia humana. 

La voluntad se activa desde la persona, gracias, precisamente al "amar donal". 

 El "amar donal" redunda en el querer-yo, que libremente constituye el acto de la voluntad. 

 Pero aún existe una distinción más profunda: el "amar donal" comporta siempre reciprocidad y mutualidad del intercambio donal, es dar y aceptar. 

 En cambio, la voluntad es solamente capacidad de querer, intención de otro. 
 Nótese que la voluntad puede no ser correspondida por el otro. 

 Sin embargo, a nivel trascendental, la persona "es" amar donal. Correspondencia a Dios que tomó la iniciativa creándola, y sigue llamándola y amándola. 

 El hecho de existir "es" amar donal, aunque, a nivel esencial, al nacer, la aportación sea mínima. 
Como un bebé es respuesta, apenas naciente, al amor de sus padres. 

 Trascendentalmente "somos" amor, comunión. 

Rechazar voluntariamente (a nivel esencial) ese amor, es el error peculiar de la libertad, que los teólogos llaman pecado. 

De esto se habla entre otros lugares en Juan A. García. La metalógica de la libertad… Studia Poliana nº 10, 2008, p. 18. 

 Para saber más: Sobre el amar donal: Etiqueta 5.5.3 Amar personal 
Sobre la voluntad: Etiqueta 6.2.2 Voluntad 
Sobre la distinción esencia – acto de ser: Etiqueta 1.7 
Sobre los 4 radicales personales: Etiqueta 5.5 .

¿Qué es la vida?

 

Tienen ustedes una extensa página sobre la Vida, en este blog. Para acceder pinchen aquí.



La vida es la actividad esencial de los seres que se mueven a sí mismos.

 

Esta definición, sirve para Dios, en cuanto que su esencia (su gloria) se identifica con su Ser.

 

Vale también para los seres del universo físico pues están vivos en la medida en que la esencia del universo físico se despliega en ellos, según las condiciones iniciales.

 

Para el hombre, la vida es su don a Dios y a los demás.

 

Adam Solomiewicz propone distinguir en el amar personal dos estructuras amorosas, en una de ellas el don es precisamente la vida, que la persona ofrece a Dios. Su esencia.

 

Y en la otra, anterior ontológicamente, el don es el ser personal que Dios otorga y la persona acepta.

A ese “ser personal como don” podemos llamarlo vida “trascendental”.

 

En este caso, esa actividad no es propiamente “esencial” y entonces no serviría la definición que hemos dado al decir que la vida es la actividad “esencial” de los seres que se mueven a sí mismos.

 

Tendremos que rectificar y decir que la vida es el crecimiento que el ser se da a sí mismo, al responder al don de Dios.

 

Para las personas creadas, aunque también sus esencias, sus vidas, son vida, tienen también otra vida “trascendental”, que consiste en el crecimiento de su ser hacia Dios.

 

Vida que crece en el tiempo.

 

Pueden ustedes encontrar en este blog una Página muy extensa sobre la vida. Basta pinchar aquí.
https://preguntaspolianas.blogspot.com/p/la-vida.html
 
Este artículo fue publicado en Miscelánea poliana en 2020 : Pinchen aquí  https://www.leonardopolo.net/docs/MP69-F.pdf


 Para saber más pinchar aquí :

Etiqueta 1.1.4 La esencia.

¿Qué es el sentimentalismo?



Llamamos "comportamiento" al modo humano de manifestarse, que es abierto, que no está determinado, pues cada quién lo encauza como quiere. 

 Al contrario, la conducta del animal es cerrada, pues obedece a una instintividad persistente. 

 Pues bien, el sentimentalismo es un comportamiento que se deja guiar por los sentimientos. 
 No es "sentimental" el que tiene sentimientos, ya que la mujer y el hombre maduros tienen muchos sentimientos, que dan color y enriquecen sus vidas, intensificando sus tendencias naturales y matizando sus decisiones libres, responsables, sabrosas. 

 Lo malo es otorgar a los sentimientos la dirección de la conducta. Que sean ellos los que desencadenen nuestras respuestas, es decir, comportarse instintivamente. 

 Es también sentimentalismo el utilizarlos como criterio para la acción, en lugar de considerar inteligentemente qué es lo más apropiado para el amor, en cada caso. 

 El mero "sentimentalismo" es cuando el fin de la vida son los sentimientos: quiero pasármelo bomba. Disfrutar de la vida a cualquier precio. 

 Sin embargo, los sentimientos más positivos y profundos son lo que acompañan a la sabiduría: gozo y paz. 

Se habla de esto en Juan Fernando Sellés. Antropología para inconformes p.275, nota 59. .

¿Qué son los sentimientos?

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Los sentimientos son el sabor de nuestros actos.

 

A nivel de la esencia humana, los sentimientos son "noticias" que recibe el "yo" de la situación del alma y del espíritu.


El "yo" siente lo que le pasa a su cuerpo y siente lo que le pasa a su inteligencia y a su voluntad.
Y también le afecta lo que le pasa más adentro, en su espíritu.

De ahí que podamos distinguir entre
sentimientos sensibles,
sentimientos intelectuales (noticias de lo que le pasa a la razón y a la voluntad)
y sentimientos del espíritu.




Para saber más:
Sobre los sentimientos sensibles:…….….Etiqueta 14.1.0
Sobre los sentimientos intelectuales:…..Etiqueta 14.2.0
Sobre los sentimientos nativos:…….…….Etiqueta 14.3.0
Sobre los sentimientos espirituales:…...Etiqueta 14.4.0
(algunas etiquetas están aún en construcción)

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¿Sentimiento?

 .


Los sentimientos son el sabor de nuestros actos.

 Nuestro bienestar o nuestro malestar.

 Indicadores de nuestra situación con respecto a nuestro destino.

 El Sabor más alto es el Espíritu Santo (Gozo libre y amoroso de la Trinidad).


¿Cuál es el sentido trascendental del yo?

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Adorar-yo.

La persona equivale al yo en tanto que someterse a Dios estriba en adorarlo.

De este modo, con el pronombre "yo" no se expresa la individualidad de un sujeto subsistente independiente de Dios sino que se atestigua el entero sometimiento de la persona creada a Dios.

La explicación la encontraremos en lo que Polo llama “continuación en búsqueda”.

El yo como adoración viene a ser una renuncia a hacerse notar, es decir, el reconocimiento de que la persona humana es más distinta de Dios que de la nada (depende más de Dios que de la nada). Ese reconocimiento es un adorar en silencio aunque tenga un cierto valor locutivo: adoro-yo.

Con esa renuncia a hacer ruido, no olvidemos que persona tiene que ver con personare (resonar) y que por lo tanto la persona humana es una llamada a la atención de Dios, con esa renuncia, digo, el yo que la sindéresis manifiesta, desaparece sumándose a la búsqueda de Réplica.

Desde luego no se trata de un sometimiento pasivo; sin embargo, como la adoración marca el simple “respecto” a la Transcendencia, en cierto modo el yo desaparece en la adoración o se incluye en la adoración, lo que es mejor.

El sentido trascendental del yo es el más afín al libre descubrimiento de la carencia de réplica.

El olvido del yo u olvido de sí no es vacío interior sino impulso hacia el encuentro futuro con Dios.

De esto habla Polo en Antropología trascendental I, p. 211.4, y nota 15.
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¿Está abierto el amar donal, trascendentalmente a otra persona humana?

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No.
El amar donal está abierto transcendentalmente a Dios, según su dualidad trascendental aceptar-dar.
 
Algún autor ha propuesto que el amar donal se abre trascendentalmente a otra persona humana. Y que sería mujer o varón según se abriera como aceptar o como dar.
De ahí defienden que la persona es trascendentalmente femenina o masculina.
 
Pero la persona humana es masculina o femenina según su naturaleza y no según su acto de ser.

Es interesante lo que dice Adam al respecto en la página 39 de Excerpta.

¿Acierta Salvador Piá en su planteamiento del amar donal?

 .


La tesis de Salvador Piá, “El hombre como ser dual” marcó una época poliana, al menos para mí.
Sus planteamientos siguen abriendo la comprensión de don Leonardo.
 
Sin embargo, no parece acertar cuando rechaza la 1ª tesis poliana acerca del amar donal que dice “aceptar no es menor que dar”
 
Nosotros adoptamos la propuesta de Adam Solomiewicz de dos estructuras donales radicales.
 
Aceptar radical es la estructura donal primera.
Dar es la estructura donal segunda.
 
Y, según mi entender, entrelazadas en jerarquía circular.
 
Aceptar no es menor que dar.
 
El problema está, a mi parecer, cuando Salvador Piá considera el amar donal como una sola estructura triádica, con tres miembros jerárquicamente verticales (aceptar, dar, don esencial esperando aceptación).
 
Sin embargo, acierta al pensar que el don es esencial, y que la persona sólo se conocerá al ser aceptada por Dios, o no se conocerá si Dios no lo reconoce.
 
En realidad sí existe una tríada amorosa, pero es doble, y es siempre transcendental.
Dios está presente como Origen o como Destino en los dos miembros triádicos.
 
En el Cielo la tríada amorosa será triple.
Dios Padre da el Don-don.
Dios Hijo acepta el Don-don.
Dios Espíritu Santo santifica el Don-don-Don.


¿Por qué el ser personal humano es capaz de dar-se?

 .


La antropología del don podría resumirse con la expresión de Vargas: “El ser personal humano es capaz de dar-se porque es don que puede aceptar-se”.
 
Dicha expresión debe completarse, pues así, sin más, se está diciendo que el aceptar trascendental humano se convierte con el dar trascendental humano al referirse a un mismo don (el –se del aceptarse-se y el –se del dar-se).
Este don sería también trascendental.
Este don sería la donatio essendi.
Este don sería don de Dios y la persona lo acepta y lo da trascendentalmente.
 
Pero entonces ¿cuál sería el papel de la libertad si es Dios quien nos da todo lo que somos?
Pienso que Dios nos ha creado libres para que constituyamos libremente nuestro don.
 
Luego en el dar-se se da el don esencial.
Y en el aceptar-se se acepta el don trascendental.
 
Claro está que podernos darnos porque podemos aceptarnos, pues lo que aceptamos es nuestra capacidad de dar.
 
Dios nos da el ser. Y nos da un ser, capaz de dar.
Y nuestro don no está ya dado, debemos constituirlo.
Por eso decimos que el don personal humano es “esencial”.
 
Insisto, el ser personal humano es capaz de dar-se, porque Dios le ha dado la capacidad de dar. Pero lo que da no es su ser, sino el don que la persona constituye, el don esencial de su vida.
 
Por lo tanto: la antropología del don podría resumirse con la expresión de Vargas completándola: “El ser personal humano es capaz de dar-se (de dar su don esencial)  porque es don recibido de Dios que puede aceptar-se”.
Se acepta, dándose.
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Me explicaré de otra manera:
El ser personal es Don de Dios, que la persona humana debe aceptar.
Y gracias a la transparencia del amar personal (aceptar = dar), el Don recibido de Dios deviene Don-don.
Pero el -don es su esencia.
 

Don de Dios es el ser personal

-don de la persona es su vida, el crecimiento de su esencia.
 
Esto se entiende si tenemos en cuenta que el ser personal humano (Don de Dios), es capaz de dar-se (el –se que se da es la vida. La persona humana da su vida, lo que da es su esencia, su don).
 
Dios da el Don teniendo en cuenta el don.
Es un Don-don.
Hay cierta antecedencia del don, de la esencia, que indica la presencia de la libertad.
 
El don esencial deviene divino al ser aceptado por Dios.
Y entonces tenemos un Don-don.
 
Alargo, pues, la frase de Vargas, diciendo:
“El ser personal humano es capaz de dar-se porque es Don de Dios-y don humano,  que puede aceptar-se y dar-se”.
 

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Quizá las cosas se aclaran recordando los tres niveles del legítimo amor a sí mismo propuestos por Adam Solomiewiz:
 
a) El aceptar transcendental humano: amo a Dios y a quien soy en Dios. Es un aceptar la donatio essendi, el Don de Dios que soy. Entonces soy capaz de dar-me en el sentido de que acepto mi vocación.
 
b) El aceptar que soy hijo de Dios. Es el amor derivado del hábito de sabiduría. El amor sapiencial. Amo mi filiación. Soy capaz de dar-me en el sentido de que acepto ser hijo.
 
c) El aceptar mi yo. Es el amor derivado de la sindéresis. Amo mi yo, Doy mi vida, mi esencia. Soy capaz de dar-me en el sentido de que doy mi esencia, mi yo, mi vida.

  

¿Cómo se completa la tríada amorosa del amar personal humano?

 .


En el amar personal, la tríada amorosa de la persona humana (aceptar, dar y don) es también, de entrada, incompleta, pues el acto de ser humano (la persona humana en cuanto “amar personal”) no posee íntimamente su don: su aceptar y su dar carecen del don aceptable por Dios.
La persona es Don de Dios.
Su co-ser es Don de Dios.
Pero carece del don esencial que debe ofrecer a Dios.
 
Como en todo lo humano, las cosas no son sencillas, la persona humana es siempre dual.
El Don que es debe completarse con el Don-don(esencial).
 
Viene bien aquí recordar la propuesta de Solomiewicz sobre la doble estructura del amar personal humano.
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Llamaremos crecimiento de la dimensión esencial de la persona humana a la adquisición y donación temporal del don (al abrir los ojos en el ascensor acristalado). Ese don es nuestra vida en este mundo que debemos ofrecer a Dios.

 
Y crecimiento del acto de ser personal a la subida del ascensor, sólo desde Dios.
Insistimos, “sólo” no significa soledad, sino pureza: dos actos hacia la Unidad.
Nuestro aceptar trascendental es un acto que se une al Dar de Dios, al aceptar trascendentalmente nuestro acto de ser (que es el Don de Dios).
 
Pero atención, nuestro aceptar trascendental exige que esencialmente ofrezcamos nuestra vida esencial a Dios y que ésta sea aceptada por Dios. Don-don.
 
Dos actos divino-humanos. Se unen el cielo y la tierra. Subimos hacia Dios, desde Dios.
 
El crecimiento personal es, pues, un elevarse hacia la Unidad de Dios Trino.
 
El don es doble. La persona humana aporta también, libremente, su vida esencial.
 
El don que completa la tríada amorosa es, “manifestativamente”, la esencia humana, que crece libremente en esta vida  a medida que esencializamos nuestro mundo y las relaciones con los demás. En esta vida aprendemos a amar, otorgando dones.
 
Hemos dicho “manifestativamente”, porque en la vida eterna, cuando Dios acepta nuestro don esencial, deviene trascendental, y el don de la persona humana forma ya parte, “trascendentalmente” de su Réplica de Dios.
 
Es así como se completa la tríada amorosa del amar personal humano.
 
Gracias al mito del ascensor acristalado podemos entender el crecimiento de la persona humana. 


¿Se dualizan directamente el dar personal y el aceptar personal?

 

Los dos miembros del amar personal o donal no se dualizan entre sí directamente, sino que requieren de un tercer elemento, el don, que se encuentra en la esencia humana.

Existe una precariedad inaugural de la dualidad amorosa trascendental.

El amar humano es incompleto si se aísla de su esencia.

 

La estructura del dar es trina y no dual.

El hombre necesita del don para completar su estructura donal.

El hombre sólo puede dar a través de su esencia.

 

Y el dar personal es aceptado a través del don.

 

¿Cómo empapa el amar personal todos los niveles del ser humano?

 .


Polo dice que la persona desciende a su esencia (AT, I, p.251).
 
La persona humana extiende su actividad trascendental hacia abajo (la efusividad, la donalidad, el dar).
Es un “vehicular” (AT, I, p.253).
 
Gracias a la generosidad de la persona (hábito de los primeros principios reales) y su docilidad (sindéresis) se constituirá el don esencial.
Como no somos capaces de don personal, tenemos que extender el dar personal a través de nuestra esencia.
Así se constituye el don esencial.
Ese dar el yo dócilmente constituye el acto voluntario (sindéresis) y gracias a la sabiduría, se otorga el don esencial a Dios, buscando la Aceptación.
 
 
Como el dar es otorgante hacia Dios, gracias a la sabiduría, asciende el don constituido, esperando la Aceptación de Dios.
Si el hombre no da a Dios se frustra su libertad pues no alcanza la Réplica, su respuesta adecuada a Dios, su réplica de Dios, Aceptada por Dios.
 
El amar personal empapa todos los niveles del ser humano y vuelve hacia Dios, vehiculando hacia adentro el don constituido. 


¿Estudia Polo sistemáticamente el dolor?

 

No.

Polo, en sus escritos, no estudia sistemáticamente el dolor, pero hay en ellos pautas importantes para entender lo que es en sí incomprensible.

 

Es uno de los temas en los que necesita adoptar una perspectiva teológica.

 

Idea sacada del artículo de Juan José Sanguineti : “El sentido del dolor según Leonardo Polo”. Publicado en “Studia Poliana”, 2022 (24), pp. 65-83.

No debemos confundir el Dar trascendental divino con el dar personal humano

 

El “dar” en la Antropología poliana puede ser el Dar trascendental divino o el dar trascendental humano.

 

Llamamos Dar trascendental divino, al acto de ser supremo, o Dar puro. La Actividad más alta, que estudiamos principalmente en la etiqueta 1.0.2 dar trascendental.

 

El dar trascendental humano es uno de los miembros del radical "amar donal" o amar personal humano que estudiamos en la etiqueta 5.5.3.

 

En el amar personal humano, es una tríada amorosa. Distinguimos tres miembros:

- la persona como aceptar

- la persona como dar

- el don de la persona.

 

Sin embargo, los tres miembros se reparten en tres estructuras donales:

Estructura primera. Dios Da el acto de ser a la persona. La persona lo acepta. (Lo primero es aquí el aceptar. Y el Don de Dios es precisamente el acto de ser de la persona creada).
Estructura segunda. La persona da a Dios su vida, esperando que sea aceptada. El don es la vida humana o esencia, constituida por la persona.
Estructura tercera. La Salvación o Juicio final. Dios Acepta el don, incorporándolo a su Amor. Es lo que llamamos, desde entonces, Don-don.

 

Por otro lado, reservamos la noción de "Dar trascendental divino", a la actividad trascendental divina, acto puro, dar puro, de la que proceden todas las actividades.


¿Por qué prosigue el amar personal?

 

Llamamos amar personal a uno de los cuatro radicales de la persona. Es el también llamado amar donal.

 Los radicales (trascendentales personales) son co-ser, libertad, entender y amar.

Sabemos que se convierten entre sí, aunque no completamente, pues se distinguen.

 El radical más profundo es el amar personal.

 

Pues bien, la actividad inagotable que es el ser personal, nace al desdoblarse íntimamente con los hábitos superiores.

 

El entender se desdobla con el hábito de sabiduría y busca su réplica (su identidad). Enlaza así con el amar, que busca quién aceptará su don.

 

Por eso podemos decir que el amar personal "prosigue" atraído por otras personas.

 

Atraído, en último término, por el Verbo, que es su réplica en Dios.

 

Glosa a Juan A. García González : Existencia personal y libertad. Anuario filosófico nº 95. 2009, p. 340.2

¿Es personal el amor entre un hombre y una mujer?

 

 
Debería serlo.
Si se amaran como cosas se degradarían.
El amor se mide por la calidad de lo amado.
 
Pero aunque muchos se empeñen, un varón y una mujer no tienen suficiente entidad para que uno agote al otro. Uno no puede ser la réplica del otro pues el co-ser es inagotable y un hombre solo o una mujer sola se agotan inexorablemente.
 
No tiene sentido que un varón idolatre a una mu­jer, y viceversa. Porque ni el uno ni la otra dan para tanto.
 
Sin embargo, el amor que se tienen es personal, y eso es mucho más que amar una cosa.
 
Que un varón ame a una mujer como una cosa, en realidad no la ama: habría una falta de luci­dez y de verdad en el amor.
 
Amarse como personas es la comunión de personas, el ayudarse mutuamente a crecer en el conocimiento y amor  de la única Réplica, el Hijo.
 
  
Ideas inspiradas en las preguntas nº 23 y 24 de "ANALÍTICA DEL AMOR". Entrevista de Juan Cruz Cruz con Leonardo Polo, que pueden ustedes encontrar en el nº 33 de la revista Miscelánea poliana.
 
Para saber más vayan a las etiquetas de este blog:
18.1.1 analítica del amor;
1.13.0 familia y amor;
5.5.3 amar personal;
8.6.0 sexualidad
 
 
Pinchen aquí para acceder a la entrevista completa

¿Puede usted resumir lo que es el dolor?

 

El dolor nace en la sensibilidad, ante la privación de un bien que tiene que ver con la vida y sus funciones.

Cuando afecta a la persona de un modo grave e irremediable, aparece como incomprensible e insuperable.

Hegel pone el significado del dolor en la negatividad del espíritu. El dolor surge del carácter dialéctico del ser y así está instalado en Dios.

Leonardo Polo sostiene la ininteligibilidad del sufrimiento humano. La persona no sólo sufre, sino que su existencia misma es dolorosa. Su última raíz es el pecado.

Lo único que da sentido al sufrimiento humano es la Pasión de Cristo, en la que el dolor y el mal voluntario son vencidos por el amor.

 

 

Así resume su artículo Juan José Sanguineti : “El sentido del dolor según Leonardo Polo”. Publicado en “Studia Poliana”, 2022 (24), pp. 65-83.

¿Por qué dice Polo que cuando amamos a alguien lo estamos afirmando?

 .


Cuando amamos a alguien lo estamos afirmando porque al amar estamos añadiendo al ser del otro "nuestro querer que sea más".
 
El amor es la actividad culminante de la voluntad. Y la voluntad no es algo mecánico, que se desencadene sola, como cuando un perro encuentra un hueso, o un árbol.
 
Los actos de la voluntad deben ser constituidos por la persona, que se manifiesta aportando "su querer" y añadiéndose así al otro.
Aparece una novedad.
El yo se ha lanzado libremente hacia el otro. La persona comparece.
 
El amado, o la amada, resulta así afirmado o afirmada, por el amor, por el verdadear de la voluntad del amante
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Ideas inspiradas en las preguntas nº 1 y 2 de "ANALÍTICA DEL AMOR". Entrevista de Juan Cruz Cruz con Leonardo Polo, que pueden ustedes encontrar en el nº 33 de la revista Miscelánea poliana.
 
Pinchen aquí para acceder a la entrevista completa.
 
 
Para saber más vayan a las etiquetas de este blog:
18.1.1 analítica del amor;
1.2.2 amor ;


¿Cuál es el modo correcto de entender la omnipotencia?

 .


El modo correcto de entender la omnipotencia es en términos de donación.
 
Ser omnipotente es dar ad extra puramente, sin pérdidas ni condiciones limitantes.
 
No se trata de que Dios pueda hacer todo, sino que Dios es el Origen de todo.
 
"Todo es posible para Dios" Mt 19, 26
"Nada es imposible para Dios" Lc 1, 37
 
El hacer divino no está regido por la posibilidad, pero tampoco por la necesidad, ni por la contingencia lógicas.
 
"Lógicamente" intentamos comprender lo que sucede necesariamente (la piedra cae) o contingentemente (y me aplasta).
Es posible que una piedra me aplaste.
Y también es posible que no me aplaste.
 
El hacer de Dios está por encima de toda posibilidad.
Es un dar trascendental puro, que hace que las cosas sean posibles o imposibles.
 
Todo es posible: lo posible y su opuesto.
Nada es imposible: Dios es el que da el ser a lo imposible. El Origen de la imposibilidad es también Dios.

 

 Ideas inspiradas en el artículo "Aclaraciones sobre y desde el dar, de Falgueras, en Miscelánea poliana nº 9. p.57. Citamos las páginas según la recopilación titulada "Antropología y trascendencia" publicada por I. Falgueras y Juan A. García.