¿Qué es la conciencia?
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La conciencia
intelectual es la índole
de cualquier dimensión cognoscitiva "esencial".
Cuando hablemos en esta
etiqueta 6.9.0 de conciencia moral
nos referimos concretamente al juicio moral de la razón práctica.
Pero para no
confundirnos digo aquí que "conciencia" es simplemente, enterarse
de algo.
Hagamos un recorrido
por los diversos tipos de conciencia :
Primero decir que es
impropio hablar de "conciencia sensible", pues puede haber una simple
percepción de los sentidos, aunque no nos "enteremos" de nada.
Polo llama conciencia perfecta al 1er
acto de la inteligencia humana cuyo objeto es la mismidad de la circunferencia
y su hábito el hábito de conciencia : "pienso que pienso". Es la
conciencia de lo que es la conciencia.
Calificamos de conciencia imperfecta a la
primera operación intelectual incoativa o conciencia de informaciones.
La conciencia propia es
el conocimiento de la propia actividad intelectual gracias a los hábitos. Es la
conciencia que Polo califica de concomitante o dual.
La autoconciencia es la conciencia final que
alcanza el cognoscente humano después de ejecutar su actividad práctica.
Y terminamos hablando
de nuevo de la conciencia moral
: es el conocimiento valorativo de nuestro modo de actuar práctico en el pasado
o que se proyecta en el futuro.
Si quieren ustedes
saber más pregúntenle a Juan A. García que ha trabajado abundantemente el tema
en su "Teoría del conocimiento humano".
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¿Qué significa que el futuro es otorgado según “la creación de la libertad”?
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Polo dice que el futuro
no desfuturizable, que no es otra cosa que la libertad trascendental, es la
apertura trascendental en la que el ser personal es “otorgado creativamente”.
Entendamos que se habla
aquí del ser “personal” y no del ser del universo físico, que no es libre.
El ser “personal” es
libertad.
Dios debe crear la
libertad que es cada persona. Y debe hacerlo de modo distinto a como crea el
ser del universo físico.
La libertad es creada,
otorgada, creativamente.
El adverbio
“creativamente” no designa solamente el acto creador de la parte de Dios, sino
que también indica que la persona “acepta” libremente su creación.
Somos creados sin nuestro
consentimiento, pero somos personas en la medida en que consentimos.
Nuestro
ser está también en nuestras manos.
¿Puedo rehusar ser?
El rehusar sería ya
libre.
La creación de cada
libertad que somos y seremos va unida a la respuesta “libre”, a la responsabilidad.
Agustín de Hipona dice
que Dios, que te ha creado sin ti, no te salvará sin ti.
Que glosamos diciendo que
la decisión de crearme, sí que es sin mí. Pero al crearme libre, me crea
conmigo, contando con mi respuesta, libre.
Dios nos ha otorgado el
ser personal “creativamente”. Según el modo de la creación de la libertad. Que
es un crear contando con la respuesta.
El futuro que siempre
seremos es otorgado según la creación de la libertad: Dios me crea conmigo.
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¿Cómo define Polo la libertad trascendental?
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La libertad trascendental o libertad personal (la
persona en tanto que libertad o la libertad en tanto que persona) no es la
libertad de elección (que es una libertad derivada de aquélla), ni es tampoco
el libre albedrío clásico.
Con una sola fórmula no se la puede describir
completamente.
Polo describe la libertad trascendental en el primer
tomo de la Antropología trascendental (AT I) con las siguientes tres fórmulas:
1) La posesión
del futuro que no lo desfuturiza (AT I, p.230).
2) La libertad es el sentido más estricto de la novedad (AT I, p.239).
Esta fórmula se completa con la siguiente: la historia
es un discontinuo de novedades libres (AT I, p.240,3).
En efecto, le libertad es un novum, pero
históricamente situado (AT I, p.241,2). Es decir, las novedades libres que son
las personas están situadas en la historia (AT I, p.239,3).
(En la conferencia de Málaga del 25-XI-1994, Polo describió esta tercera
fórmula diciendo que la libertad es el "discontinuo
de comienzos").
3) La libertad es la
inclusión atópica en el ámbito de la máxima amplitud (AT I, p.241).
Ver etiqueta 5.5.4 libertad trascendental
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¿Cómo me explicó Ricardo Yepes la libertad?
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Diciéndome que la libertad tiene distintas dimensiones :
La libertad psicológica es el sentirme libre.
La libertad social es el que me dejen ser libre.
La libertad pragmática es el tener en qué elegir.
La libertad moral es el saber lo que me conviene.
La libertad personal es la inclusión atópica en el ámbito de la máxima amplitud, que es Dios.
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¿Qué es naturaleza y qué es libertad?
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Una de las primeras aporías de la
filosofía es cómo conjugar lo Uno y lo Múltiple.
El problema es mal resuelto si
optamos por el monismo (Parménides) o si separamos en exceso (dualismo cartesiano).
En la actualidad muchos niegan la
libertad pensando el mundo y los humanos como combinatoria de átomos (es la
versión materialista de lo Múltiple, como si todo fuera una combinatoria de
naturalezas físicas). Como si fuéramos una red material.
Otros, en su interior, se imaginan de
tal modo libres, que deciden vivir según su espontaneidad (es una versión
idealista de lo Uno, como si todo fuera libertad espontánea de mi yo). No
cuentan con lo otro. Y no se dan cuenta de que la espontaneidad, sin comunión
amorosa, es signo de falta de libertad.
Nosotros sostenemos que no hay
contradicción o contraposición entre naturaleza y libertad.
Es cierto que el filósofo busca el
primer principio (arjé) que explique la realidad entera.
Desde Parménides se sabe que ese
principio es el ser.
Pero ¿es el ser uno, monolítico? ¿Es
acaso el ser un "todo"
compuesto de innumerables teselas?
La unidad, en antropología, es
siempre prematura.
Los seres libres somos creados,
elevados, "hacia" la unidad.
Lo que en Dios es Uno (principio y
fin, alfa y omega, sentido genético y sentido desbordante del ser) en la
criatura es múltiple.
El ser del universo físico contiene
naturalezas, principios de operaciones que tienden a cumplir el Orden del ser
sencillo. Su "desbordamiento" o actividad es solamente movimiento
físico.
Juan A. García llama sentido genético
del ser a esa capacidad que tiene, de entrada, el ser primero o universo
creado, la naturaleza pura. Actividad sencilla.
La persona creada, sin embargo, es
dotada de una actividad superior, pura actividad, desbordamiento, que llamamos
libertad. Polo la llama ser segundo.
La persona no es la actividad
"sencilla" de lo ya determinado en la naturaleza por las condiciones
iniciales del universo. La persona se destaca siempre de sus obras y no se
reduce a ellas.
La persona es un ser que desborda su
actuar. Su actividad es un renacer añadido libremente,
que no se aquieta nunca. Podemos equipararla a la libertad trascendental.
La distinción entre naturaleza y
libertad es pues primaria.
El ser se dice, de entrada, de muchas
maneras. Entre otros tiene un sentido genético (naturaleza) y un sentido
puramente activo (libertad).
Para
saber más:
Etiqueta 3.1.0 sobre el ser del universo
Etiqueta 1.1.2 sobre la libertad
Etiqueta 5.5.4 sobre la libertad personal
Etiqueta 1.14.0 sobre la unidad
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En una palabra, ¿qué es ser libre?
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El "acontecimiento" del que se habla es precisamente el encuentro con la verdad: sabernos capaces de Dios; tener y dar; poder ser más amados de Dios).
Ser libre es ser señor.
La libertad es un señorío
que da su dignidad a la persona.
Señorío que se manifiesta en
la vida según las diferentes dimensiones de la libertad esencial o
predicamental. Si mi voluntad puede hacer lo que quiere (libertad
predicamental) es porque soy libre, señor de mi vida.
La persona que desconoce su
verdad es como un príncipe que se ignora.
Es la verdad la que inspira
la vida, y la libertad.
El encuentro con la verdad
es lo más grande que le puede pasar a la persona (el libro de Polo
"¿Quién es el hombre?" culmina en las últimas páginas del capítulo X.
El "acontecimiento" del que se habla es precisamente el encuentro con la verdad: sabernos capaces de Dios; tener y dar; poder ser más amados de Dios).
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¿Qué es ser primero y ser segundo para Polo?

Según Polo el "ser personal" es distinto de
aquél de que se ocupa la metafísica (la metafísica se ocupa del
ser del universo físico, que es distinto del ser personal).
La metafísica estudiaría el ser como lo primero, como principio y como causa,
es decir, el primer sentido del ser.
El segundo
sentido del ser es el ser que se añade libremente, es el ser libre de la persona humana.
Plo lo llama coexistencia.
La filosofía primera, que trata de lo radical,
comprende tanto la metafísica (el ser primero) como la antropología (el ser
segundo).
Las filosofías segundas estudian todo lo que tiene
que ver con el ser en el tiempo.
No nos debe desorientar la terminología utilizada
clásicamente para expresar el orden predicamental (no radical) que distingue
entre acto primero, entitativo (la forma substancial) y acto segundo, operativo
(los accidentes).
Cuando hablamos aquí de ser primero y ser segundo nos
movemos en el orden trascendental, en lo radical.
Resumiendo:
Del ser
primero se ocupa la metafísica: la persistencia extramental que es
comienzo incesante. Principio. Fundamento. Causalidad.
Del ser
segundo se ocupa la antropología: la libertad personal que es futuro
inacabable. Continuación. Libertad de destino y destinación.
Glosa
a Juan A. García González: Existencia personal y libertad. Anuario filosófico
nº 95. 2009, p. 328.3 y nota 43
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¿Sigue el obrar al ser personal?
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Se dice que el obrar sigue al ser (operari sequitur
esse).
Esto es sencillamente cierto cuando se trata del ser
natural del universo físico o ser primero.
Las obras, las formas, aparecen en el caleidoscopio
que es la naturaleza, constreñidas por las condiciones iniciales del ser del
universo.
Un peral lo más que puede dar son peras.
La sustancia es así sujeto y agente de las acciones
que ejerce. No te acerques al perro que te puede morder.
La mujer y el hombre, las personas humanas somos
también seres intraterrestres, sujetos y supuestos de nuestras acciones. En
cuanto seres naturales que somos, respiramos, tosemos, ensuciamos y reímos
según nuestro ser.
Pero lo que la filosofía poliana de la distinción
destaca es que, además de ser natural, el hombre es un ser personal.
El ser personal humano es "además". No es
solo sujeto o sustancia, porque el hombre obra libremente; no obra tal y como es, sino que obra como le da la gana.
Por eso inventa novedades, descubre instrumentos y
consigue volar, navegar en internet y hasta soñar despierto.
Las obras no siguen al ser personal. Son amorosamente
inventadas por cada quién.
Glosa
a Juan A. García González : Existencia personal y libertad. Anuario filosófico
nº 95. 2009, p. 330.2
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¿Qué designa el nombre "ente"?
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El nombre "ente" es participio de presente
del verbo ser: "lo que es".
A lo real se le ha llamado ente.
Pero atención, "lo que es" no es lo que
"era", ni tampoco lo que "será".
Es cierto que lo primero que la admiración presenta es
justamente eso: presencia, presencia mantenida.
Y Parménides utiliza la palabra "ente" para
designar el principio fundamental que funda, que asiste en presente.
"Ente" significa lo que es, lo que está
siendo, lo esente, la unidad verbal-nominal. Fundar haciendo consistente lo
fundado.
En definitiva, Parménides formula la actualidad como "ente".
Parménides es el gran enemigo de Polo: porque el ser
no se agota en la actualidad. El ser que fue, también será. El ser, es y será actividad.
Sólo con entes no vamos a ninguna parte.
Glosa
a Polo en Introducción a la Filosofía, p.46.39.4
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¿Es material el conocimiento sensible?
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El conocimiento sensible propio de los animales, teniendo base orgánica,
parece más exacto calificarlo de inmaterial.
Es cierto que forma parte de la Naturaleza física, pero no se puede
explicar solo materialmente.
El fenómeno físico del color azul del cielo no es lo mismo que
"sentir" el color azul.
La sensación del azul es inmaterial.
Sólo los seres dotados de "sensibilidad" en su naturaleza, es
decir, de potencia de "sentir".
¿Cómo formular esa "potencia de sentir el azul o el rojo, que no es
espiritual, sino inmaterial?
Llamémosla "sobrante formal".
En el universo físico, del mismo modo que existe el movimiento (que no es
material, sino una de las propiedades de la materia), existen también, en
ciertos seres que llamamos animales, facultades con sobrantes formales que se
actualizan en ciertas condiciones.
En la facultad de la vista, por ejemplo, los conos y bastones del ojo, con
las neuronas correspondientes, forman parte de la base orgánica que permitirá
ver, pero no es el cerebro el que "siente" el rojo, sino el toro, que
posee en su forma cerebral un "sobrante formal", inmaterial, que se
actualiza cuando las modificaciones materiales de la zona cerebral
correspondiente son activadas.
El conocimiento sensible, exige ciertamente una base orgánica, pero en
tanto que "conocimiento" es inmaterial.
Los colores no se pasean en el cosmos.
¿Abordan de manera distinta, Hegel y Aristóteles la noción de “espíritu”?
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La postura
hegeliana es que el espíritu no sólo se conoce, sino que consiste en conocerse
a sí mismo. (Fenomenología del espíritu y la Ciencia de la lógica).
Aristóteles
tiene una posición distinta. Piensa que el saber humano es siempre de otra
cosa.
Conocerse a
sí mismo es cosa divina.
Aristóteles
desconocía la noción de persona.
Hegel se
acerca más a la verdad del espíritu, pues realmente nos conocemos.
El problema
es que cuando el espíritu de Hegel se conoce a sí mismo se detiene. Llegó a
conocerse absolutamente, y ya está.
Nosotros
sabemos que Dios no se detiene.
Y el espíritu
humano tampoco. Somos “además”.
Ideas sacadas del “compendio”
de Antropología “el hombre como persona” de Juan A. García González.
¿Es la verdad una persona?
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El último apartado
de "Quién es el hombre" se titula "el encuentro con la
verdad".
Son apenas dos
páginas que describen la conmoción que desencadena el acontecimiento del encuentro con la verdad (sin el cual, la vida es
anodina).
La última frase del
libro es: "la verdad siempre
encomienda".
Me pregunto: ¿es la
verdad una persona?
Juan García me dice
que no todas las verdades son personas, quizá sólo una.
Pienso que, siendo
la verdad el desvelamiento del ser, si lo que se desvela es el ser personal, la
verdad es persona en tanto que canta para los demás y nos invita a danzar (ése
es el encargo).
Si lo que se desvela
es el cesto de Caperucita, entonces la verdad no es persona.
El desvelamiento de
mi ser personal es el encuentro con mi "réplica", la persona que soy
en Dios.
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¿Cómo se distingue lo humano de lo intracósmico?
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Las naturalezas estrictamente intracósmicas (plantas y
animales) están sujetas al orden del universo físico. Se despliegan según ese
orden.
La naturaleza humana, sin embargo, es solamente hasta
cierto punto intracósmica (ciertamente somos también materia y la causa
material nos retrasa), pero al estar esencializada (pues es manifestación de
una persona humana) la naturaleza humana es, de entrada, extracósmica, pues aunque
el orden del universo físico le afecta (nos produce jaquecas y reumatismos) está
regida por las disposiciones de la persona.
La naturaleza humana está tipificada desde su inicio,
tiene unos rasgos únicos, personales. Es el cuerpo de una persona concreta, y
no sólo un cuerpo con rasgos genéticos de la especie.
También naturalmente, es decir, de entrada, antes de
que se "manifieste" la vida espiritual, lo humano es distinto de lo intracósmico,
porque la naturaleza humana es típica.
La naturaleza del elefante no es típica, pues no es un
don otorgado a "una" persona, sino, sencillamente, un número de su especie.
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¿Qué es el dar trascendental y qué es el dar puro?
El dar trascendental (divino o humano) es el ser personal en tanto que iniciativa de la persona para ofrecer dones a otra persona.
El Dar trascendental divino es el dar “puro”. No es otra cosa que el Dar
de Dios.
El dar trascendental “humano” es una de las dimensiones de la tríada amorosa del cuarto trascendental personal descrito por Polo. Concretamente es la iniciativa de la persona humana tras ser creada por Dios. No es un dar puro pues es un dar con reservas, pues siempre podrá dar más.
Sin embargo, es un dar sin perder.
“Pierde” la ocasión de dar bienes mejores, ya que da solamente lo que alcanza y quiere. Pero no pierde, pues podrá seguir dando.
Presentación de Ignacio Falgueras
Allí encontrarán un
BREVE CURRICULUM VITAE:
Nacido en Málaga (España) en 1940.
1959-64: estudios de Teología (con especial atención al pensamiento de s. Agustín, bajo la dirección del P. Agostino Trapé) en el Institutum Patristicum Augustinianum de Roma, obteniendo el grado de Bachiller en Teología por la Pontificia Universidad Lateranense (1963), y el de licenciado en Teología, Magna cum laude, por la Universidad Pontificia de Salamanca (1964).
1966-1969: estudios de filosofía en las Universidades de Granada y Navarra, obteniendo el grado de licenciado (1971) junto con el premio fin de carrera de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Navarra.
1969-1978: actividad docente, primero como profesor ayudante (69-71), después como profesor contratado (71-74), y -tras defender la tesis doctoral con la calificación de sobresaliente cum laude en 1974- profesor adjunto en la Universidad de Navarra.
1977: ingreso por concurso-oposición en el Cuerpo Nacional de Profesores Adjuntos de Universidad, tomando posesión (1978) de la plaza de Historia de la Filosofía de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Málaga.
En 1979: obtención de la plaza de Profesor Agregado de Historia de la Filosofía de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Málaga mediante concurso-oposición nacional.
En 1979: obtención de una beca de la Fundación Alexander von Humboldt para investigar sobre la doctrina de las potencias en Schelling en la Ludwig Maximilian Universität de München, donde trabajó con el Prof. Dr. Hermann Krings durante los años 1980 y 1981; y durante el verano de 1984 en la Universidad de Münster.
En 1982: nombramiento, por concurso de méritos nacional, de Catedrático de Historia de la Filosofía Moderna y Contemporánea de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Málaga.
Entre 1978 y 1983 director del Departamento de Filosofía en la misma Facultad y Universidad. Fue fundador de la Sociedad Andaluza de Filosofía y de la Revista Thémata.
Es profesor visitante de la Universidad Católica de Valparaíso (Chile). En la actualidad dirige el Grupo de Investigación sobre el Idealismo Alemán, que él mismo fundó en la Universidad de Málaga (1984), y fue consolidado oficialmente (1989) en el Plan Andaluz de Investigación (HUM 172).
Ha organizado y participado en numerosos congresos nacionales e internacionales.
PUBLICACIONES:
Aparte de los apuntes de clase de Introducción a la Filosofía, Historia de la Filosofía Moderna y Teología racional, así como de gran número de libros en colaboración y de artículos, sus principales publicaciones son:
La "res cogitans" en Espinosa, Eunsa, Pamplona, 1976;
Los comienzos filosóficos de Schelling (Ed.), Universidad de Málaga, Málaga, 1988;
Esbozo de una filosofía trascendental (I), Cuadernos de Anuario Filosófico, Universidad de Navarra, Pamplona, 1996;
Crisis y renovación de la metafísica, Universidad de Málaga, Málaga, 1997;
Hombre y destino, Eunsa, Pamplona, 1998;
Perplejidad y filosofía trascendental en Kant, Cuadernos de Anuario Filosófico, Universidad de Navarra, Pamplona, 1999;
El abandono final. Una meditación teológica sobre la muerte cristiana, Universidad de Málaga, Málaga, 1999.
PROPUESTA FILOSÓFICA:
No es mi filosofía tanto una propuesta doctrinal, cuanto la propuesta de una tarea: la del autotrascendimiento.
Autotrascenderse es ejercer la actividad trascendedora de nuestra inteligencia incluso por encima de nuestro propio inteligir. Esta propuesta se inscribe dentro del método del abandono del límite mental propuesto por mi maestro Leonardo Polo, pero formulándolo dentro de la tradición filosófica agustiniana y prolongando dicho abandono hasta un trascendimiento del propio entender humano tal que nos abra el orden de los trascendentales.
El núcleo de mi aportación es el descubrimiento del dar como actividad trascendental que al comunicarse ni se pierde ni hace perder nada.
Según esto, autotrascenderse no es perderse ni quedarse atrás, sino darse trascendentalmente, dejando traslucir el propio ser y entender desde más allá de ellos.
El rendimiento propio del autotrascendimiento como dar(se) es la interna conveniencia de sus hallazgos entre sí y con la realidad, es decir: la congruencia, que es el signo y requisito más alto de la verdad, muy por encima de la mera no contradicción, o mera pensabilidad.
Precisamente por razón de congruencia hablo de propuesta y no de doctrina filosófica, porque el autotrascendimiento y el dar son ejercicios de la libertad.
En primer lugar, no se trata tanto de convencer o demostrar, cuanto de buscar la verdad y proponer los resultados hallados a la libertad de los que buscan filosófica o puramente la verdad.
Además, la propuesta es una forma de donación que no rechaza otras propuestas, por lo que permite adscribirse a una tradición, más aún, entiende la filosofía como una tradición dentro de la cual se enrola para hacer congruente los legados precedentes y para servir a futuros desarrollos mejores que los propios. No implica eso que considere mis averiguaciones como falsas o perecederas, sino como mejora de otras precedentes y como ilimitadamente mejorables por futuros filósofos.
Según los datos precedentes, mi propuesta filosófica puede ser descrita como una filosofía trascendental, en atención a su método,
como una filosofía del dar, en atención a su descubrimiento,
o como una filosofía de la congruencia, en atención a los resultados de su método.
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La fe sobrenatural ¿es ciega?
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No.
La fe es luz.
La fe es un acto "intelectual". Luminoso.
Para entender que la fe no es un capricho o una arbitrariedad,
intentemos primero definir qué es la fe "humana":
La fe es asentimiento con certeza, pero sin evidencia,
"basado" en el testimonio y la autoridad de otro.
En la fe el asentimiento de
la razón está motivado por la voluntad, pues la inteligencia no dispone de la
evidencia. Sin embargo, es un asentimiento "cierto",
no una mera opinión, y sin lugar a dudas.
no una mera opinión, y sin lugar a dudas.
Y lo es no porque la
voluntad actúe ciegamente sino porque se fía de alguien: la certeza de la fe
depende de una luz: el valor del
testimonio y de la autoridad de la persona a la que creemos.
Es importante darse cuenta
de que en cualquier juicio hay dos actos de la razón.
Un acto por el que se
aprehende la verdad sobre algo.
Y otro acto por el que la razón asiente a aquello que
aprehende.
Este segundo acto no es
"voluntario", sino que es la misma razón la que asiente ante la
evidencia de lo aprehendido. Es luz.
Sin embargo, cuando no hay
evidencia en lo aprehendido, la voluntad puede mover a la razón, no
espontáneamente, sino porque la voluntad "ve"
la credibilidad de un testigo: - sé que me quieres.
El acto de fe es, pues, un
acto del entendimiento, no de la voluntad. Pero el asentimiento de la razón lo
hacemos movidos por la voluntad, pues hay motivos de credibilidad.
La fe debe ser siempre
razonable, tanto en su principio (credibilidad del testigo), como en su
contenido.
Sólo la fe "ciega"
es irracional.
La fe, aunque tiene algo de
oscuridad, es en sí misma luz, claridad, conocimiento.
Y ahora abordemos la fe sobrenatural.
La fe sobrenatural es
distinta de la fe humana por dos motivos principales:
a) Algunas verdades
reveladas nunca podrían ser alcanzadas por la sola razón. No son irracionales,
sino superiores a la capacidad natural del hombre, pues se refieren a la vida
íntima de Dios.
b) Son verdades
teórico-prácticas que exigen una conducta para conseguir la felicidad
eterna o salvación.
Por eso no basta, para el
asentimiento de la fe sobrenatural, el imperio de la voluntad. Hace falta la ayuda de la gracia sobrenatural.
Una ayuda especial por parte
de Dios que mueva a la voluntad.
Noten ustedes que lo que mueve a la voluntad es siempre una
luz (no hay ceguera).
En este caso la luz que la
moverá puede resumirse en que Jesucristo es digno de crédito. La luz es Jesús.
La voluntad puede no seguir
esa Luz. Es libre.
No es que sea ciega. Es que
prefiere seguir otras luces.
Ideas sacadas de Rafael Corazón. Filosofía
del conocimiento. 203
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