¿Qué es el alma para Aristóteles?
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Para Aristóteles el alma es la entelechéia de un cuerpo organizado.
Aquí entelechéia es el acto primero, la forma que mantiene la unidad de ese cuerpo.
Principio de unidad que mantiene unidos a sus elementos y dirige el crecimiento, la diferenciación de sus partes, sin perder la unidad.
Un ser está vivo mientras tenga alma.
Una bacteria, un cocotero, un okapi, vivos, tienen alma.
¿Tiene alma un virus? Los científicos nos lo dirán. Ellos investigan si ahí hay un cuerpo organizado. Quizá sea una vida precaria, pero si hay vida, hay alma.
La esencia de la persona humana. Notas sacadas de la conferencia dictada el 25-XI-1994 en el salón de grados Mª Zambrano de la facultad de filosofía y letras de la Universidad de Málaga. (Miscelánea poliana nº 4, p.43). Citamos las páginas según la recopilación titulada "Antropología y trascendencia" publicada por I. Falgueras y Juan A. García
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Para Aristóteles el alma es la entelechéia de un cuerpo organizado.
Aquí entelechéia es el acto primero, la forma que mantiene la unidad de ese cuerpo.
Principio de unidad que mantiene unidos a sus elementos y dirige el crecimiento, la diferenciación de sus partes, sin perder la unidad.
Un ser está vivo mientras tenga alma.
Una bacteria, un cocotero, un okapi, vivos, tienen alma.
¿Tiene alma un virus? Los científicos nos lo dirán. Ellos investigan si ahí hay un cuerpo organizado. Quizá sea una vida precaria, pero si hay vida, hay alma.
La esencia de la persona humana. Notas sacadas de la conferencia dictada el 25-XI-1994 en el salón de grados Mª Zambrano de la facultad de filosofía y letras de la Universidad de Málaga. (Miscelánea poliana nº 4, p.43). Citamos las páginas según la recopilación titulada "Antropología y trascendencia" publicada por I. Falgueras y Juan A. García
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¿Qué es el pecado original?
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Un estado de privación.
Una carencia con la que todos nacemos.
Polo defiende la existencia de una revelación primitiva por la que los hombres fueron conscientes de esa carencia.
El hombre se dio cuenta de que no conocía y amaba a Dios como debiera.
¿Por qué? Porque nos hemos alejado, desde el origen, de Dios.
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Un estado de privación.
Una carencia con la que todos nacemos.
Polo defiende la existencia de una revelación primitiva por la que los hombres fueron conscientes de esa carencia.
El hombre se dio cuenta de que no conocía y amaba a Dios como debiera.
¿Por qué? Porque nos hemos alejado, desde el origen, de Dios.
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¿Por qué Dios es plenamente Padre?
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Porque Dios da sin reservas.
Dios Padre es dar sin reservas.
No hay nada en Dios que no sea dar.
Es dar supremo, plenamente dar.
Y, respectivamente, Dios Hijo es plenamente Hijo.
No hay nada en Dios Hijo que no sea filiación.
Su dar supremo es el aceptar plenamente el dar.
Dios Espíritu Santo es plenamente don.
Es el dar siempre más en Dios.
Un gozo de don.
¿Y nuestra plenitud?
La entrega.
Ideas inspiradas en el artículo "Aclaraciones sobre y desde el dar, de Falgueras, en Miscelánea poliana nº 9. p.64.2. Citamos las páginas según la recopilación titulada "Antropología y trascendencia" publicada por I. Falgueras y Juan A. García
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Porque Dios da sin reservas.
Dios Padre es dar sin reservas.
No hay nada en Dios que no sea dar.
Es dar supremo, plenamente dar.
Y, respectivamente, Dios Hijo es plenamente Hijo.
No hay nada en Dios Hijo que no sea filiación.
Su dar supremo es el aceptar plenamente el dar.
Dios Espíritu Santo es plenamente don.
Es el dar siempre más en Dios.
Un gozo de don.
¿Y nuestra plenitud?
La entrega.
Ideas inspiradas en el artículo "Aclaraciones sobre y desde el dar, de Falgueras, en Miscelánea poliana nº 9. p.64.2. Citamos las páginas según la recopilación titulada "Antropología y trascendencia" publicada por I. Falgueras y Juan A. García
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¿Queda el hombre fijado en lo que hace?
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No.
La libertad, al decidir, renace como dominio sobre la decisión.
Me puedo arrepentir.
La decisión es rectificable, porque la decisión puede ser mejor.
Yo puedo mejorar mis decisiones.
Tomado de Polo. Ética p. 67
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No.
La libertad, al decidir, renace como dominio sobre la decisión.
Me puedo arrepentir.
La decisión es rectificable, porque la decisión puede ser mejor.
Yo puedo mejorar mis decisiones.
Tomado de Polo. Ética p. 67
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¿Está determinada la voluntad?
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La voluntad es relación trascendental con el bien.
El bien del hombre es infinito, pues la inteligencia humana puede crecer irrestrictamente.
El hombre puede, pues, buscar más, o detenerse en la elección. Es libre.
La libertad, al decidir, renace como dominio sobre la decisión.
Me puedo arrepentir.
La decisión es rectificable, porque la decisión puede ser mejor. Yo puedo mejorar mis decisiones.
Y la voluntad, como todo lo humano, es dual. Por eso se dice que la voluntad es curva, no va directamente a su fin, sino que tiene en cuenta, curvándose, otros factores, depende del yo, depende de la persona, es querer-yo.
Como potencia siempre puede querer más.
Como acto, elige según la razón. Razón abierta por las luces superiores
Es evidente que una tal dimensión va más allá que la combinación de átomos.
Véase a continuación el comentario de Francisco Molina. Es sabroso.
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La voluntad es relación trascendental con el bien.
El bien del hombre es infinito, pues la inteligencia humana puede crecer irrestrictamente.
El hombre puede, pues, buscar más, o detenerse en la elección. Es libre.
La libertad, al decidir, renace como dominio sobre la decisión.
Me puedo arrepentir.
La decisión es rectificable, porque la decisión puede ser mejor. Yo puedo mejorar mis decisiones.
Y la voluntad, como todo lo humano, es dual. Por eso se dice que la voluntad es curva, no va directamente a su fin, sino que tiene en cuenta, curvándose, otros factores, depende del yo, depende de la persona, es querer-yo.
Como potencia siempre puede querer más.
Como acto, elige según la razón. Razón abierta por las luces superiores
Es evidente que una tal dimensión va más allá que la combinación de átomos.
Véase a continuación el comentario de Francisco Molina. Es sabroso.
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¿Hay adelanto o retraso en Dios?
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El dar sin reservas, que es Dios,
no admite ni adelanto ni retraso.
Tan donante es la iniciativa suprema (Dios Padre),
como la aceptación suprema (Dios Hijo),
como el don supremo (Dios Espíritu Santo).
El dar divino es la plena comunión o comunicación suprema de
iniciativa, aceptación y don.
No cabe aburrimiento ante la armonía última y primera.
Es como realizar una película, entenderla y gozarla.
Sin resquicios ni cabos sueltos.
El Señor de los anillos, transparente.
Ideas inspiradas en el artículo "Aclaraciones sobre y desde el dar, de Falgueras, en Miscelánea poliana nº 9. p.64.2. Citamos las páginas según la recopilación titulada "Antropología y trascendencia" publicada por I. Falgueras y Juan A. García
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El dar sin reservas, que es Dios,
no admite ni adelanto ni retraso.
Tan donante es la iniciativa suprema (Dios Padre),
como la aceptación suprema (Dios Hijo),
como el don supremo (Dios Espíritu Santo).
El dar divino es la plena comunión o comunicación suprema de
iniciativa, aceptación y don.
No cabe aburrimiento ante la armonía última y primera.
Es como realizar una película, entenderla y gozarla.
Sin resquicios ni cabos sueltos.
El Señor de los anillos, transparente.
Ideas inspiradas en el artículo "Aclaraciones sobre y desde el dar, de Falgueras, en Miscelánea poliana nº 9. p.64.2. Citamos las páginas según la recopilación titulada "Antropología y trascendencia" publicada por I. Falgueras y Juan A. García
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¿Cómo describir la libertad de Dios?
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Pues no lo sé.
Me gusta especialmente la descripción que hace Polo de la libertad trascendental humana cuando dice que es
"un discontinuo de comienzos" (ver etiqueta 5.5.4).
Me parece que muestra muy bien nuestra limitación y al mismo tiempo nuestra autoría, moviéndonos por donde queramos (en el ámbito de la máxima amplitud que es Dios).
Quizá podemos decir que la libertad de Dios es una Comunión de comienzos. No sé.
Pero he encontrado una sabrosa indicación en un texto de Falgueras en el que dice que la libertad divina es sin precedentes.
La libertad y el dar humanos son condicionales, es una añadirse, nuevo, pero sin ser pura novedad, pues acompaña.
El dar divino innova puramente.
No está condicionado.
Hace surgir de la nada.
La creación no es una "posibilidad" en Dios, que escoge entre otras. Dios no pierde posibilidades. En Dios todo es sí, todo es positivo.
La libertad en Dios es incondicional.
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Pues no lo sé.
Me gusta especialmente la descripción que hace Polo de la libertad trascendental humana cuando dice que es
"un discontinuo de comienzos" (ver etiqueta 5.5.4).
Me parece que muestra muy bien nuestra limitación y al mismo tiempo nuestra autoría, moviéndonos por donde queramos (en el ámbito de la máxima amplitud que es Dios).
Quizá podemos decir que la libertad de Dios es una Comunión de comienzos. No sé.
Pero he encontrado una sabrosa indicación en un texto de Falgueras en el que dice que la libertad divina es sin precedentes.
La libertad y el dar humanos son condicionales, es una añadirse, nuevo, pero sin ser pura novedad, pues acompaña.
El dar divino innova puramente.
No está condicionado.
Hace surgir de la nada.
La creación no es una "posibilidad" en Dios, que escoge entre otras. Dios no pierde posibilidades. En Dios todo es sí, todo es positivo.
La libertad en Dios es incondicional.
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¿Por qué decimos que la voluntad es curva?
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Tanto el pensamiento clásico como el moderno hablan de la curvatura de la voluntad.
La voluntad es calificada de curva porque queremos el querer.
Es decir, porque no es como el instinto animal, que quiere necesariamente.
El hombre puede querer no querer y querer querer.
La voluntad no va directamente a su objeto.
La inteligencia sí, conoce lo que conoce y ya está, porque la inteligencia no constituye sus actos sino que los ilumina.
Sin embargo, la voluntad sí constituye sus actos, teniendo en cuenta al otro y a los otros.
Es extremadamente prudente.
Otros llaman a esa curvatura "reflexión" de la voluntad" porque la voluntad vuelve sobre sí misma, queriendo o no queriendo su querer.
Prefiero decir que la voluntad obedece a otras instancias, que no procede de un solo motor, y que por eso es curva, como una carretera, que se tuerce y varía según la geografía.
O como un río. Como el río Congo.
Es decir, si quiero algo es porque hay una fuente (en realidad son varias) del querer.
Hay un Dar que afluye en la persona y le impele a querer.
Hay un Origen. Y el mismo Origen es Plural.
Polo dice que la voluntad necesita del respaldo de una persona que constituye los actos de la voluntad.
Los coadyuvantes en esa constitución son la sindéresis (coadyuvante de la voluntas ut natura) y la razón práctica (coadyuvante de la voluntas ut ratio).
Pero aún así, la persona no es un respaldo solitario. Porque la persona co-existe.
Ser curva no es, por lo tanto, un eterno retorno de mi empecinamiento, (o, con expresión de Posada, de mi empoderamiento), sino ser delicada, tener en cuenta a los demás, importarme el otro.
Contar con Dios.
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Tanto el pensamiento clásico como el moderno hablan de la curvatura de la voluntad.
La voluntad es calificada de curva porque queremos el querer.
Es decir, porque no es como el instinto animal, que quiere necesariamente.
El hombre puede querer no querer y querer querer.
La voluntad no va directamente a su objeto.
La inteligencia sí, conoce lo que conoce y ya está, porque la inteligencia no constituye sus actos sino que los ilumina.
Sin embargo, la voluntad sí constituye sus actos, teniendo en cuenta al otro y a los otros.
Es extremadamente prudente.
Otros llaman a esa curvatura "reflexión" de la voluntad" porque la voluntad vuelve sobre sí misma, queriendo o no queriendo su querer.
Prefiero decir que la voluntad obedece a otras instancias, que no procede de un solo motor, y que por eso es curva, como una carretera, que se tuerce y varía según la geografía.
O como un río. Como el río Congo.
Es decir, si quiero algo es porque hay una fuente (en realidad son varias) del querer.
Hay un Dar que afluye en la persona y le impele a querer.
Hay un Origen. Y el mismo Origen es Plural.
Polo dice que la voluntad necesita del respaldo de una persona que constituye los actos de la voluntad.
Los coadyuvantes en esa constitución son la sindéresis (coadyuvante de la voluntas ut natura) y la razón práctica (coadyuvante de la voluntas ut ratio).
Pero aún así, la persona no es un respaldo solitario. Porque la persona co-existe.
Ser curva no es, por lo tanto, un eterno retorno de mi empecinamiento, (o, con expresión de Posada, de mi empoderamiento), sino ser delicada, tener en cuenta a los demás, importarme el otro.
Contar con Dios.
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Una ayudita de Nietzsche para entender lo que es la contemplación.
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Nietzsche en "Humano, demasiado humano" dice :
"Ya se ha puesto el sol, pero alumbra y abrasa todavía el cielo de nuestra vida, aunque no lo veamos más".
Cita recogida por Angel Luis González en su Prólogo al libro de Polo, Nietzsche como pensador de dualidades, p.31.3
Pienso yo que la contemplación es un ver sin darnos cuenta de dónde viene la luz.
Para trabajar estamos obligados a introducir el límite mental, a olvidarnos de quiénes somos (olvido de sí, al fin y al cabo) para concentrarnos en nuestro trabajo, para actuar.
Ser contemplativo en esa tesitura no puede ser "extasiarse", pero sí puede ser abrasarse, como dice nuestro amigo el superhombre.
El sol interior alumbra nuestra vida.
Etiqueta del método del abandono: 2.1.0
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Nietzsche en "Humano, demasiado humano" dice :
"Ya se ha puesto el sol, pero alumbra y abrasa todavía el cielo de nuestra vida, aunque no lo veamos más".
Cita recogida por Angel Luis González en su Prólogo al libro de Polo, Nietzsche como pensador de dualidades, p.31.3
Pienso yo que la contemplación es un ver sin darnos cuenta de dónde viene la luz.
Para trabajar estamos obligados a introducir el límite mental, a olvidarnos de quiénes somos (olvido de sí, al fin y al cabo) para concentrarnos en nuestro trabajo, para actuar.
Ser contemplativo en esa tesitura no puede ser "extasiarse", pero sí puede ser abrasarse, como dice nuestro amigo el superhombre.
El sol interior alumbra nuestra vida.
Etiqueta del método del abandono: 2.1.0
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¿Se suman las Personas divinas entre sí?
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No.
La Trinidad no es un conjunto de tres, sino la identidad de tres.
Identidad, trascendentalmente considerada, no significa igual, sino dar trascendental o dar sin reservas ni pérdidas.
Cuando hablamos de las tres Personas ha de entenderse que nos referimos a una Persona,
a otra Persona,
y a otra Persona.
Tres estrictas novedades que no son iguales, sino irrepetiblemente idénticas.
Tampoco forman un conjunto, no son tres partes de un todo.
El total de una suma es inerte, lo paralizamos al adicionar mentalmente. La totalización carece de vida y de comunicación.
Lo vivo, sin embargo, sobra.
Un cuerpo vivo no es un conjunto de células.
Mucho más la vida divina no es un conjunto.
La sobreabundancia que acompaña al dar supremo no es el resultado de una suma sino el dar que no cesa.
Aunque nos añadamos a Dios, somos nadie.
Somos rayos de su gloria.
Nuestro añadir también es dado.
Ideas inspiradas en el artículo "Aclaraciones sobre y desde el dar, de Falgueras, en Miscelánea poliana nº 9. p.64.3. Citamos las páginas según la recopilación titulada "Antropología y trascendencia" publicada por I. Falgueras y Juan A. García
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No.
La Trinidad no es un conjunto de tres, sino la identidad de tres.
Identidad, trascendentalmente considerada, no significa igual, sino dar trascendental o dar sin reservas ni pérdidas.
Cuando hablamos de las tres Personas ha de entenderse que nos referimos a una Persona,
a otra Persona,
y a otra Persona.
Tres estrictas novedades que no son iguales, sino irrepetiblemente idénticas.
Tampoco forman un conjunto, no son tres partes de un todo.
El total de una suma es inerte, lo paralizamos al adicionar mentalmente. La totalización carece de vida y de comunicación.
Lo vivo, sin embargo, sobra.
Un cuerpo vivo no es un conjunto de células.
Mucho más la vida divina no es un conjunto.
La sobreabundancia que acompaña al dar supremo no es el resultado de una suma sino el dar que no cesa.
Aunque nos añadamos a Dios, somos nadie.
Somos rayos de su gloria.
Nuestro añadir también es dado.
Ideas inspiradas en el artículo "Aclaraciones sobre y desde el dar, de Falgueras, en Miscelánea poliana nº 9. p.64.3. Citamos las páginas según la recopilación titulada "Antropología y trascendencia" publicada por I. Falgueras y Juan A. García
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¿Forma parte el "yo" del ser personal?
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El "yo" no es el acto de ser humano.
Forma parte de la esencia humana.
Es su ápice.
Dicho de otra manera, es el puente entre el "acto de ser" y las manifestaciones humanas (esencia).
Tras dos intervenciones de Juan A. García González, podemos decir: la persona está vinculada con su yo.
El "yo" no es el acto de ser humano.
Forma parte de la esencia humana.
Es su ápice.
Dicho de otra manera, es el puente entre el "acto de ser" y las manifestaciones humanas (esencia).
Tras dos intervenciones de Juan A. García González, podemos decir: la persona está vinculada con su yo.
El yo es un hábito innato de la persona. Del intelecto personal.
El yo es imprescindible para completar la estructura donal de la persona humana.
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¿Cómo se encauza la libertad personal?
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Mediante el yo.
La libertad está en el ámbito personal y se encauza mediante el yo.
La libertad está en mi intimidad.
El yo presta actualidad al acto, pero no le da el ser.
El ser es de la persona que se manifiesta mediante el yo, en el tiempo.
Poner la persona más dentro que el yo, conserva la libertad, da dominio sobre los actos, pues me puedo arrepentir, cambiar mi decisión.
Puedo ser fiel, si quiero.
Véase lo que dice Angel Luis González en su Prólogo al libro de Polo, Nietzsche como pensador de dualidades, p.29.3. Son ideas de Polo en Etica, p. 68.
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Mediante el yo.
La libertad está en el ámbito personal y se encauza mediante el yo.
La libertad está en mi intimidad.
El yo presta actualidad al acto, pero no le da el ser.
El ser es de la persona que se manifiesta mediante el yo, en el tiempo.
Poner la persona más dentro que el yo, conserva la libertad, da dominio sobre los actos, pues me puedo arrepentir, cambiar mi decisión.
Puedo ser fiel, si quiero.
Véase lo que dice Angel Luis González en su Prólogo al libro de Polo, Nietzsche como pensador de dualidades, p.29.3. Son ideas de Polo en Etica, p. 68.
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¿Es el Espíritu Santo posterior al Padre y al Hijo?
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No.
El Espíritu Santo es el exceso mismo de la mutua donación eterna entre Padre e Hijo.
Procede del dar sin reservas cuando el dar es supremo.
El dar trascendental supremo no pierde al dar, de ahí que su exceso,
el dar siempre más,
no es posterior al dar.
No es el desparramarse de una cacerola de leche hirviendo.
Es exceso tanto el Origen como el Mantenerse de la índole suprema del dar.
Ese sobrar es don puro, sin reservas, que da, o sea, es Persona.
Cuando nosotros damos un regalo, manifestamos nuestro dar, pero no damos el dar.
Sólo el Espíritu Santo, al divinizarnos convierte nuestro don en dar sin resquicios.
Ideas inspiradas en el artículo "Aclaraciones sobre y desde el dar, de Falgueras, en Miscelánea poliana nº 9. p.65.2. Citamos las páginas según la recopilación titulada "Antropología y trascendencia" publicada por I. Falgueras y Juan A. García.
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No.
El Espíritu Santo es el exceso mismo de la mutua donación eterna entre Padre e Hijo.
Procede del dar sin reservas cuando el dar es supremo.
El dar trascendental supremo no pierde al dar, de ahí que su exceso,
el dar siempre más,
no es posterior al dar.
No es el desparramarse de una cacerola de leche hirviendo.
Es exceso tanto el Origen como el Mantenerse de la índole suprema del dar.
Ese sobrar es don puro, sin reservas, que da, o sea, es Persona.
Cuando nosotros damos un regalo, manifestamos nuestro dar, pero no damos el dar.
Sólo el Espíritu Santo, al divinizarnos convierte nuestro don en dar sin resquicios.
Ideas inspiradas en el artículo "Aclaraciones sobre y desde el dar, de Falgueras, en Miscelánea poliana nº 9. p.65.2. Citamos las páginas según la recopilación titulada "Antropología y trascendencia" publicada por I. Falgueras y Juan A. García.
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¿Por qué las Personas divinas son distintas?
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Porque cada una dona a su manera.
Pero, atención, las Personas no son “modos” del dar.
Las modalizaciones son alternativas, y el dar divino es pleno, sin reservarse nada, sin variaciones ni variedades. Eterno.
El Padre es la iniciativa del dar sin reservas.
El Hijo la aceptación del dar sin reservas.
El Espíritu Santo el don sin reservas.
Como cada una da “sin reservas” son un solo dar en plenitud.
El Padre está en el Hijo, y el Hijo está en el Padre, porque nada se reservan.
El Espíritu está en el Padre y en el Hijo al ser
el exceso y la sobra de la entrega sin reserva entre ellos. El dar siempre supremamente más.
Ese Don, entrega sin reservas de Dios, es Don que da,
y lo que da es su no reservarse, es decir, la santidad.
Es Espíritu santificador.
Ser santo es ser nadie.
Un dar puro.
Ideas inspiradas en el artículo "Aclaraciones sobre y desde el dar, de Falgueras, en Miscelánea poliana nº 9. p.66.2. Citamos las páginas según la recopilación titulada "Antropología y trascendencia" publicada por I. Falgueras y Juan A. García.
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Porque cada una dona a su manera.
Pero, atención, las Personas no son “modos” del dar.
Las modalizaciones son alternativas, y el dar divino es pleno, sin reservarse nada, sin variaciones ni variedades. Eterno.
El Padre es la iniciativa del dar sin reservas.
El Hijo la aceptación del dar sin reservas.
El Espíritu Santo el don sin reservas.
Como cada una da “sin reservas” son un solo dar en plenitud.
El Padre está en el Hijo, y el Hijo está en el Padre, porque nada se reservan.
El Espíritu está en el Padre y en el Hijo al ser
el exceso y la sobra de la entrega sin reserva entre ellos. El dar siempre supremamente más.
Ese Don, entrega sin reservas de Dios, es Don que da,
y lo que da es su no reservarse, es decir, la santidad.
Es Espíritu santificador.
Ser santo es ser nadie.
Un dar puro.
Ideas inspiradas en el artículo "Aclaraciones sobre y desde el dar, de Falgueras, en Miscelánea poliana nº 9. p.66.2. Citamos las páginas según la recopilación titulada "Antropología y trascendencia" publicada por I. Falgueras y Juan A. García.
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¿Cuándo es el dar "puro"?
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Cuando es sin reservas, o sea,
si en él todo es dar.
Si no deja nada sin dar.
Ideas inspiradas en el artículo "Aclaraciones sobre y desde el dar, de Falgueras, en Miscelánea poliana nº 9. p.66.3. Citamos las páginas según la recopilación titulada "Antropología y trascendencia" publicada por I. Falgueras y Juan A. García.
Para saber más:
Etiqueta 1.0.2 el dar trascendental
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Cuando es sin reservas, o sea,
si en él todo es dar.
Si no deja nada sin dar.
Ideas inspiradas en el artículo "Aclaraciones sobre y desde el dar, de Falgueras, en Miscelánea poliana nº 9. p.66.3. Citamos las páginas según la recopilación titulada "Antropología y trascendencia" publicada por I. Falgueras y Juan A. García.
Para saber más:
Etiqueta 1.0.2 el dar trascendental
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¿Cómo formular la esencia del universo?
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La esencia del universo es la tetracausalidad.
La unidad de orden u ordenante.
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La esencia del universo es la tetracausalidad.
La unidad de orden u ordenante.
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¿Cómo hace cumplir el universo su orden?
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A través de la causa final.
La causa final no es otra cosa que el valor causal de la unidad ordenante.
Dicho de otro modo, el "cumplimiento" del orden.
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A través de la causa final.
La causa final no es otra cosa que el valor causal de la unidad ordenante.
Dicho de otro modo, el "cumplimiento" del orden.
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¿Cómo se entiende bien la esencia del universo?
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La esencia del universo para Polo es la tetracausalidad o totalidad de las causas,
que constituye una unidad de orden u ordenante.
La clave para entender el universo es admirar su orden, su armonía.
Considerémoslo teleológicamente.
"Telos" se refiere aquí al orden evidente y asombroso que reina en el cosmos.
Las sustancias elementales, aunque carecen de naturaleza, "cumplen" el orden a su manera, movidas desde fuera.
Las sustancias naturales, que llamamos naturalezas, contienen en sí mismas una relación con el fin, con el orden. Por eso operan "naturalmente", desde ellas mismas, al servicio de la sinfonía natural. También "cumplen" el orden.
Polo nos propone un método para encontrar noéticamente ese orden del universo : si pugnamos con nuestro límite mental (2ª dimensión del abandono, que estudiaremos, si Dios quiere, en la etiqueta 2.1.1.2),
si pugnamos, digo, con la mismidad de nuestro pensamiento, encontraremos la esencia extramental, es decir,
el universo como esencia u orden del universo.
El universo como esencia es la unidad de orden, en cuanto unidad ordenante, en tanto que "telos" del conjunto de sustancias y de sus operaciones, que "cumplen" divinamente ese orden.
Estamos en el terreno de la pasión de los científicos, estudiosos de las leyes de la naturaleza, de las brumas, de las cataratas, de los bosques y malezas.
Llamamos causa final al "cumplimiento" del orden.
Este es el sentido preciso de la noción de causa final en Aristóteles. Cumplimiento.
Polo dice también que la causa final es el valor causal de la unidad ordenante.
Y la esencia del universo o el universo como esencia es la totalidad causal, no sólo la causa final, que es el "cumplimiento" sino la tetracausalidad u orden completo del universo.
Tetracausalidad que, por otra parte, es realmente distinta
del acto de ser del universo que es el ser como primer principio o ser extramental, trascendental metafísico (ver etiqueta 5.2)
Las causas son predicamentales y son el análisis del primer principio (del ser extramental), su esencia.
La tetracausalidad es el universo como esencia.
Dios es Creador del ser extramental y de su esencia, armoniosamente tetracausal.
La esencia de la persona humana. Notas sacadas de la conferencia dictada el 25-XI-1994 en el salón de grados Mª Zambrano de la facultad de filosofía y letras de la Universidad de Málaga. (Miscelánea poliana nº 4, p.37.3 a 38.4). Citamos las páginas según la recopilación titulada "Antropología y trascendencia" publicada por I. Falgueras y Juan A. García
Etiqueta 2.1.1 : el método del abandono
Etiqueta 5.2 : los trascendentales
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La esencia del universo para Polo es la tetracausalidad o totalidad de las causas,
que constituye una unidad de orden u ordenante.
La clave para entender el universo es admirar su orden, su armonía.
Considerémoslo teleológicamente.
"Telos" se refiere aquí al orden evidente y asombroso que reina en el cosmos.
Las sustancias elementales, aunque carecen de naturaleza, "cumplen" el orden a su manera, movidas desde fuera.
Las sustancias naturales, que llamamos naturalezas, contienen en sí mismas una relación con el fin, con el orden. Por eso operan "naturalmente", desde ellas mismas, al servicio de la sinfonía natural. También "cumplen" el orden.
Polo nos propone un método para encontrar noéticamente ese orden del universo : si pugnamos con nuestro límite mental (2ª dimensión del abandono, que estudiaremos, si Dios quiere, en la etiqueta 2.1.1.2),
si pugnamos, digo, con la mismidad de nuestro pensamiento, encontraremos la esencia extramental, es decir,
el universo como esencia u orden del universo.
El universo como esencia es la unidad de orden, en cuanto unidad ordenante, en tanto que "telos" del conjunto de sustancias y de sus operaciones, que "cumplen" divinamente ese orden.
Estamos en el terreno de la pasión de los científicos, estudiosos de las leyes de la naturaleza, de las brumas, de las cataratas, de los bosques y malezas.
Llamamos causa final al "cumplimiento" del orden.
Este es el sentido preciso de la noción de causa final en Aristóteles. Cumplimiento.
Polo dice también que la causa final es el valor causal de la unidad ordenante.
Y la esencia del universo o el universo como esencia es la totalidad causal, no sólo la causa final, que es el "cumplimiento" sino la tetracausalidad u orden completo del universo.
Tetracausalidad que, por otra parte, es realmente distinta
del acto de ser del universo que es el ser como primer principio o ser extramental, trascendental metafísico (ver etiqueta 5.2)
Las causas son predicamentales y son el análisis del primer principio (del ser extramental), su esencia.
La tetracausalidad es el universo como esencia.
Dios es Creador del ser extramental y de su esencia, armoniosamente tetracausal.
La esencia de la persona humana. Notas sacadas de la conferencia dictada el 25-XI-1994 en el salón de grados Mª Zambrano de la facultad de filosofía y letras de la Universidad de Málaga. (Miscelánea poliana nº 4, p.37.3 a 38.4). Citamos las páginas según la recopilación titulada "Antropología y trascendencia" publicada por I. Falgueras y Juan A. García
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Etiqueta 5.2 : los trascendentales
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¿A qué llama Polo "análisis" del primer principio?
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A la tetracausalidad del universo.
No es otra cosa que el universo como esencia.
El análisis es la tetracausalidad,
la esencia del universo o meollo.
Llamaremos "primer principio" al ser extramental o ser del universo.
Su análisis es su esencia, su meollo, las cuatro causas.
La esencia de la persona humana. Notas sacadas de la conferencia dictada el 25-XI-1994 en el salón de grados Mª Zambrano de la facultad de filosofía y letras de la Universidad de Málaga. (Miscelánea poliana nº 4, p.39). Citamos las páginas según la recopilación titulada "Antropología y trascendencia" publicada por I. Falgueras y Juan A. García
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A la tetracausalidad del universo.
No es otra cosa que el universo como esencia.
El análisis es la tetracausalidad,
la esencia del universo o meollo.
Llamaremos "primer principio" al ser extramental o ser del universo.
Su análisis es su esencia, su meollo, las cuatro causas.
La esencia de la persona humana. Notas sacadas de la conferencia dictada el 25-XI-1994 en el salón de grados Mª Zambrano de la facultad de filosofía y letras de la Universidad de Málaga. (Miscelánea poliana nº 4, p.39). Citamos las páginas según la recopilación titulada "Antropología y trascendencia" publicada por I. Falgueras y Juan A. García
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¿Dónde estudia Polo principalmente las dualidades centrales humanas?
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En sus dos libros de Antropología trascendental.
En el volumen I las que conforman el acto de ser personal
y en el volumen II las de la esencia humana.
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En sus dos libros de Antropología trascendental.
En el volumen I las que conforman el acto de ser personal
y en el volumen II las de la esencia humana.
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¿Cómo me gusta presentar la ley natural?
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Diciendo que la ley natural es lo que Dios ha pensado, de entrada, para hacer felices a sus hijos.
Es un ordenamiento divino.
Ordenamiento que se cumple necesariamente en el universo físico, pues todas las naturalezas propiamente dichas obran según la tetracausalidad u orden completo del cosmos.
(ver a esté propósito la etiqueta 4.2 naturalezas)
Ordenamiento que se cumple, además, libremente, en las personas que, si quieren, serán felices cumpliéndolo, al destinarse a su destino, el plan divino para cada una.
La ley natural, en cuanto que llamada libre y amorosa para el hombre, es lo que algunos llaman ley moral natural.
Esa ley natural, en la filosofía poliana tiene su fuente en la sindéresis, que es una voz interior, que impele a obrar: ¡haz el bien!, ¡lo tuyo es obrar!
El yo (hábito de sindéresis) impele: lo tuyo es actuar. De ahí nace, trascendentalmente, nuestro sentido del deber.
La persona, desde el ápice de su yo es siempre "dócil", se abre inherentemente, irremediablemente, a esa voz interior de Dios.
Y manifesterá su decisión a través del yo. Descubriendo, si quiere, la formulación racional de los mandamientos.
La sindéresis nunca se equivoca, pero el hombre puede equivocarse en la elaboración racional de los principios.
Para saber más:
Etiqueta 4.2 naturalezas
Etiqueta 6.2 El yo y la sindéresis.
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Diciendo que la ley natural es lo que Dios ha pensado, de entrada, para hacer felices a sus hijos.
Es un ordenamiento divino.
Ordenamiento que se cumple necesariamente en el universo físico, pues todas las naturalezas propiamente dichas obran según la tetracausalidad u orden completo del cosmos.
(ver a esté propósito la etiqueta 4.2 naturalezas)
Ordenamiento que se cumple, además, libremente, en las personas que, si quieren, serán felices cumpliéndolo, al destinarse a su destino, el plan divino para cada una.
La ley natural, en cuanto que llamada libre y amorosa para el hombre, es lo que algunos llaman ley moral natural.
Esa ley natural, en la filosofía poliana tiene su fuente en la sindéresis, que es una voz interior, que impele a obrar: ¡haz el bien!, ¡lo tuyo es obrar!
El yo (hábito de sindéresis) impele: lo tuyo es actuar. De ahí nace, trascendentalmente, nuestro sentido del deber.
La persona, desde el ápice de su yo es siempre "dócil", se abre inherentemente, irremediablemente, a esa voz interior de Dios.
Y manifesterá su decisión a través del yo. Descubriendo, si quiere, la formulación racional de los mandamientos.
La sindéresis nunca se equivoca, pero el hombre puede equivocarse en la elaboración racional de los principios.
Para saber más:
Etiqueta 4.2 naturalezas
Etiqueta 6.2 El yo y la sindéresis.
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¿Por qué el dar puro es congruente con la Trinidad de Personas?
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En Dios no hay mezcla del dar con otro tipo de actividades.
Es Dar puro.
De ahí su congruencia con la Trinidad.
Al ser puro, los ingredientes del dar (iniciativa, aceptación y don)
son también donantes,
novedad personal.
Tres novedades supremas.
La persona es, no lo olvidemos, la estricta novedad.
Tres Personas : tres novedades supremas.
Para saber más
sobre el dar supremo : Etiqueta 1.0.2
Sobre la persona : Etiqueta 1.0.4
Ideas inspiradas en el artículo "Aclaraciones sobre y desde el dar, de Falgueras, en Miscelánea poliana nº 9. p.66.4. Citamos las páginas según la recopilación titulada "Antropología y trascendencia" publicada por I. Falgueras y Juan A. García.
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En Dios no hay mezcla del dar con otro tipo de actividades.
Es Dar puro.
De ahí su congruencia con la Trinidad.
Al ser puro, los ingredientes del dar (iniciativa, aceptación y don)
son también donantes,
novedad personal.
Tres novedades supremas.
La persona es, no lo olvidemos, la estricta novedad.
Tres Personas : tres novedades supremas.
Para saber más
sobre el dar supremo : Etiqueta 1.0.2
Sobre la persona : Etiqueta 1.0.4
Ideas inspiradas en el artículo "Aclaraciones sobre y desde el dar, de Falgueras, en Miscelánea poliana nº 9. p.66.4. Citamos las páginas según la recopilación titulada "Antropología y trascendencia" publicada por I. Falgueras y Juan A. García.
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¿Es simple la Trinidad?
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Cada Persona es dar supremo,
equivalente a las Otras
y a todo el dar.
Lo supremo es simple, incompuesto, sin mezcla.
Lo puro del dar puro es actividad simple, identidad activa. « Dar de dares »
un dar cuya iniciativa, aceptación y don son ellos mismos puro dar.
El universo es sencillo,
Dios es simple,
la persona humana es además.
Para saber más
sobre el dar supremo : Pinchar aquí
sobre el ser personal : Pinchar aquí
sobre el además : Pinchar aquí
Estudiaremos un día el ser del universo en la etiqueta 3.1
Ideas inspiradas en el artículo "Aclaraciones sobre y desde el dar, de Falgueras, en Miscelánea poliana nº 9. p.67.3. Citamos las páginas según la recopilación titulada "Antropología y trascendencia" publicada por I. Falgueras y Juan A. García.
Cada Persona es dar supremo,
equivalente a las Otras
y a todo el dar.
Lo supremo es simple, incompuesto, sin mezcla.
Lo puro del dar puro es actividad simple, identidad activa. « Dar de dares »
un dar cuya iniciativa, aceptación y don son ellos mismos puro dar.
El universo es sencillo,
Dios es simple,
la persona humana es además.
Para saber más
sobre el dar supremo : Pinchar aquí
sobre el ser personal : Pinchar aquí
sobre el además : Pinchar aquí
Estudiaremos un día el ser del universo en la etiqueta 3.1
Ideas inspiradas en el artículo "Aclaraciones sobre y desde el dar, de Falgueras, en Miscelánea poliana nº 9. p.67.3. Citamos las páginas según la recopilación titulada "Antropología y trascendencia" publicada por I. Falgueras y Juan A. García.
¿Cómo explicar el dato revelado sobre la Trinidad?
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Es cierto que sólo por la revelación podemos saber que los tres ingredientes del dar creado (donante, aceptador y don)
sean en el dar supremo personas distintas, pero comprender que el dar puro es « sin pérdidas » y « sin reservas » hace que la razón iluminada por la fe atisbe
de un lado la distinción de Personas divinas
y de otro que Dios es Uno.
Las Personas son distintas porque el dar es « sin pérdidas ».
La iniciativa no se pierde en la aceptación.
La aceptación no es menos, ni antes, ni después, que la iniciativa.
Y en el don no se pierde ni la iniciativa ni la aceptación.
Los ingredientes del dar, dan
y dan puramente.
Dios es el Dar de dares.
Además, si el dar se hiciera "con reservas", entonces esos actos no tendrían una naturaleza idéntica, el dar puro.
Dios es un dar cuya iniciativa, aceptación y don son ellos mismos puro Dar.
El dar supremo es estudiado en la etiqueta 1.0.2 Dar trascendental. Pinchar aquí para entrar en esa etiqueta.
Ideas inspiradas en el artículo "Aclaraciones sobre y desde el dar, de Falgueras, en Miscelánea poliana nº 9. p.67.2. Citamos las páginas según la recopilación titulada "Antropología y trascendencia" publicada por I. Falgueras y Juan A. García.
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Es cierto que sólo por la revelación podemos saber que los tres ingredientes del dar creado (donante, aceptador y don)
sean en el dar supremo personas distintas, pero comprender que el dar puro es « sin pérdidas » y « sin reservas » hace que la razón iluminada por la fe atisbe
de un lado la distinción de Personas divinas
y de otro que Dios es Uno.
Las Personas son distintas porque el dar es « sin pérdidas ».
La iniciativa no se pierde en la aceptación.
La aceptación no es menos, ni antes, ni después, que la iniciativa.
Y en el don no se pierde ni la iniciativa ni la aceptación.
Los ingredientes del dar, dan
y dan puramente.
Dios es el Dar de dares.
Además, si el dar se hiciera "con reservas", entonces esos actos no tendrían una naturaleza idéntica, el dar puro.
Dios es un dar cuya iniciativa, aceptación y don son ellos mismos puro Dar.
El dar supremo es estudiado en la etiqueta 1.0.2 Dar trascendental. Pinchar aquí para entrar en esa etiqueta.
Ideas inspiradas en el artículo "Aclaraciones sobre y desde el dar, de Falgueras, en Miscelánea poliana nº 9. p.67.2. Citamos las páginas según la recopilación titulada "Antropología y trascendencia" publicada por I. Falgueras y Juan A. García.
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¿Cómo se distinguen las tres Personas en Dios?
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Las tres Personas se distinguen en el dar puro, porque no se extinguen en el dar.
Lo característico del dar puro, supremo, es que en él nada se guarda ni nada se pierde, por tanto :
la iniciativa no se pierde, no se extingue en la aceptación;
la aceptación no se pierde ni se extingue tampoco en el don;
y el don no puede guardarse para sí:
es sobra y exceso.
Ahora bien, si el donante, el aceptante y el don
no se extinguen al dar,
es congruente que los tres se distingan en el dar puro.
Su distinción no precipita al margen del dar, sino al dar.
Los tres están co-dando en el dar idéntico.
En la Trinidad Santa ni la unidad es anterior a las personas,
ni las personas a la unidad.
El dar supremo es estudiado en la etiqueta 1.0.2 Dar trascendental. Pinchar aquí para entrar en esa etiqueta.
Ideas inspiradas en el artículo "Aclaraciones sobre y desde el dar, de Falgueras, en Miscelánea poliana nº 9. p.68.2. Citamos las páginas según la recopilación titulada "Antropología y trascendencia" publicada por I. Falgueras y Juan A. García.
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Las tres Personas se distinguen en el dar puro, porque no se extinguen en el dar.
Lo característico del dar puro, supremo, es que en él nada se guarda ni nada se pierde, por tanto :
la iniciativa no se pierde, no se extingue en la aceptación;
la aceptación no se pierde ni se extingue tampoco en el don;
y el don no puede guardarse para sí:
es sobra y exceso.
Ahora bien, si el donante, el aceptante y el don
no se extinguen al dar,
es congruente que los tres se distingan en el dar puro.
Su distinción no precipita al margen del dar, sino al dar.
Los tres están co-dando en el dar idéntico.
En la Trinidad Santa ni la unidad es anterior a las personas,
ni las personas a la unidad.
El dar supremo es estudiado en la etiqueta 1.0.2 Dar trascendental. Pinchar aquí para entrar en esa etiqueta.
Ideas inspiradas en el artículo "Aclaraciones sobre y desde el dar, de Falgueras, en Miscelánea poliana nº 9. p.68.2. Citamos las páginas según la recopilación titulada "Antropología y trascendencia" publicada por I. Falgueras y Juan A. García.
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¿Cómo se debe entender la identidad en Dios?
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Como actividad.
1. El ser da sin reservas,
2. el entender da sin reservas el dar (lo acepta),
3. el amar se da sin reservas,
de manera que los tres son un idéntico dar.
Cuando la identidad no es entendida como actividad es confundida con la mismidad, o sea, con la inercia o límite del pensar.
Ideas inspiradas en el artículo "Aclaraciones sobre y desde el dar, de Falgueras, en Miscelánea poliana nº 9. p.68. Citamos las páginas según la recopilación titulada "Antropología y trascendencia" publicada por I. Falgueras y Juan A. García.
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Como actividad.
1. El ser da sin reservas,
2. el entender da sin reservas el dar (lo acepta),
3. el amar se da sin reservas,
de manera que los tres son un idéntico dar.
Cuando la identidad no es entendida como actividad es confundida con la mismidad, o sea, con la inercia o límite del pensar.
Ideas inspiradas en el artículo "Aclaraciones sobre y desde el dar, de Falgueras, en Miscelánea poliana nº 9. p.68. Citamos las páginas según la recopilación titulada "Antropología y trascendencia" publicada por I. Falgueras y Juan A. García.
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¿Cómo entender la unidad de las tres divinas personas desde el dar “sin reservas”?
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El “sin reservas” impide que exista algo en el Padre al margen de lo que comunica al Hijo, y también que exista algo en el Padre y el Hijo al margen de lo que comunican al Espíritu, así como que el Espíritu sea algo más o algo menos de lo que procede del Padre y del Hijo.
Ya que nada se reservan, el Padre no es más de lo que entiende el Hijo, no da más de lo que acepta el Hijo.
Y ni el Padre ni el Hijo son y entienden más de lo que ama el Espíritu Santo.
Todo cuanto es el Padre, entiende el Hijo y ama el Espíritu,
es comunicado sin reservas.
Esto hace imposible el adelanto y el retraso entre las Personas.
El Padre no es anterior al Hijo, y el Espíritu Santo no es posterior al Padre y al Hijo, más aún la tríada personal no es anterior ni posterior a su unidad.
El Padre, el Hijo y el Espíritu son igualmente originarios, como tres dares que se intercomunican tan plenamente que son uno solo, el dar originario, la divinidad.
Ideas inspiradas en el artículo "Aclaraciones sobre y desde el dar, de Falgueras, en Miscelánea poliana nº 9. p.63.2. Citamos las páginas según la recopilación titulada "Antropología y trascendencia" publicada por I. Falgueras y Juan A. García
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El “sin reservas” impide que exista algo en el Padre al margen de lo que comunica al Hijo, y también que exista algo en el Padre y el Hijo al margen de lo que comunican al Espíritu, así como que el Espíritu sea algo más o algo menos de lo que procede del Padre y del Hijo.
Ya que nada se reservan, el Padre no es más de lo que entiende el Hijo, no da más de lo que acepta el Hijo.
Y ni el Padre ni el Hijo son y entienden más de lo que ama el Espíritu Santo.
Todo cuanto es el Padre, entiende el Hijo y ama el Espíritu,
es comunicado sin reservas.
Esto hace imposible el adelanto y el retraso entre las Personas.
El Padre no es anterior al Hijo, y el Espíritu Santo no es posterior al Padre y al Hijo, más aún la tríada personal no es anterior ni posterior a su unidad.
El Padre, el Hijo y el Espíritu son igualmente originarios, como tres dares que se intercomunican tan plenamente que son uno solo, el dar originario, la divinidad.
Ideas inspiradas en el artículo "Aclaraciones sobre y desde el dar, de Falgueras, en Miscelánea poliana nº 9. p.63.2. Citamos las páginas según la recopilación titulada "Antropología y trascendencia" publicada por I. Falgueras y Juan A. García
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¿Cómo se caracteriza el dar puro?
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Es un dar en el que nada se pierde y nada se guarda.
Un dar sin reservas.
Ideas inspiradas en el artículo "Aclaraciones sobre y desde el dar, de Falgueras, en Miscelánea poliana nº 9. p.68.2. Citamos las páginas según la recopilación titulada "Antropología y trascendencia" publicada por I. Falgueras y Juan A. García.
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Es un dar en el que nada se pierde y nada se guarda.
Un dar sin reservas.
Ideas inspiradas en el artículo "Aclaraciones sobre y desde el dar, de Falgueras, en Miscelánea poliana nº 9. p.68.2. Citamos las páginas según la recopilación titulada "Antropología y trascendencia" publicada por I. Falgueras y Juan A. García.
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¿Es "dar" cada Persona divina?
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Dios es el Dar de Dares.
El dar común es tan congruente que cada uno de los tres dares tiene las tres dimensiones del dar.
Cada uno de los dares es internamente trino (es, conoce y ama), pero no son nueve actos, sino tres que dan sin perder y sin guardar.
Y el dar puro es un solo dar, no tres dares inidénticos.
Cada una de las Personas es un dar íntegro. No son dimensiones del dar.
Ni los tres son más que uno, ni cada uno es menos que los tres.
El dar entero es trino y cada dar personal es congruente con esa trinidad.
Ideas inspiradas en el artículo "Aclaraciones sobre y desde el dar, de Falgueras, en Miscelánea poliana nº 9. p.69.3. Citamos las páginas según la recopilación titulada "Antropología y trascendencia" publicada por I. Falgueras y Juan A. García.
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Dios es el Dar de Dares.
El dar común es tan congruente que cada uno de los tres dares tiene las tres dimensiones del dar.
Cada uno de los dares es internamente trino (es, conoce y ama), pero no son nueve actos, sino tres que dan sin perder y sin guardar.
Y el dar puro es un solo dar, no tres dares inidénticos.
Cada una de las Personas es un dar íntegro. No son dimensiones del dar.
Ni los tres son más que uno, ni cada uno es menos que los tres.
El dar entero es trino y cada dar personal es congruente con esa trinidad.
Ideas inspiradas en el artículo "Aclaraciones sobre y desde el dar, de Falgueras, en Miscelánea poliana nº 9. p.69.3. Citamos las páginas según la recopilación titulada "Antropología y trascendencia" publicada por I. Falgueras y Juan A. García.
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¿Le viene de fuera la perfección a la esencia humana?
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No.
La esencia del universo se perfecciona extrínsecamente. Pero la esencia humana crece desde dentro.
La esencia del universo es la tetracausalidad, la unidad de orden, o dicho de otra manera, la consideración del cosmos como perfecto.
La perfección del universo es extrínseca a los elementos, a las sustancias, que lo componen.
Las sustancias naturales intracósmicas son perfeccionadas por algo extrínseco a ellas que es la unidad de orden, dentro la cual están.
En el sistema ecológico unas cosas tienen que ver con otras, unos vivientes tienen que ver con otros vivientes, de tal manera que se constituye un orden, con un valor causal (la causa final).
Cada naturaleza cumple el orden según la causa final.
La unidad de orden es común a todas las sustancias, es la organización de todas las sustancias.
En el hombre no es así.
En el hombre la perfección se la da él a sí mismo, a través de sus propios actos.
Es una perfección propia a cada hombre.
De ahí que digamos que la naturaleza del hombre es esencializable, pues cada persona humnana se da su perfección, esencializa lo que ha recibido de entrada, su naturaleza.
En cambio, las sustancias naturales no son esencializables, sino que son sencillamente ordenables.
La esencia humana así entendida es una esencia superior a la esencia universo.
Lo que la distingue es su autoperfectibilidad.
El hombre es una sustancia natural capaz de autoperfección. Consigue su perfección en una redundancia sobre sí misma (¡los hábitos!).
El hábito es la perfección de la naturaleza humana.
Al ejercer el hombre su operatividad natural entonces adquiere hábitos: los hábitos intelectuales, o bien los hábitos de la voluntad, que son las llamadas virtudes morales, y también incluso las tenencias categoriales.
El hombre no es intracósmico.
Cada persona constituye su esencia en una redundancia sobre sí misma, una autoperfección que depende de su libertad.
Las sustancias naturales intracósmicas son perfeccionadas por algo extrínseco a ellas: el orden en el que están.
El hombre se perfecciona desde su interior, desde su libertad.
Esa autoperfectibilidad distingue la esencia humana respecto del universo como esencia.
Correlativamente tendremos que estudiar el acto de ser que corresponde a la esencia humana.
A la esencia del universo le corresponde el acto de ser como primer principio.
Ahora, en el caso del hombre, el acto de ser no es un primer principio, sino que es la persona.
La persona es aquel acto de ser cuya esencia es una naturaleza autoperfectiva.
En el hombre la perfección se la da él a sí mismo, a través de sus propios actos.
Pero la fuente de la perfección son los hábitos superiores trascendentales (no esenciales): sindéresis, hábito de los primeros principios, sabiduría y gracia. Hábitos recibidos de Dios, que no cesan.
A la superioridad de la esencia humana le corresponde una superioridad en el orden del ser: el ser personal (con cuatro radicales que se convierten entre sí: co-ser, libertad, inteligir, amar).
Aunque en rigor habría que decirlo al revés: porque se trata de un ser superior, de una trascendentalidad superior a la metafísica, es por lo que la esencia humana es superior a la esencia del universo.
De ahí que la esencia humana reciba nombres distintos según los cuatro trascendentales personales.
Del co-ser : esencia como manifestación.
De la libertad: esencia como disponer.
Del inteligir: esencia como iluminar.
Del amar: esencia como aportar.
La esencia de la persona humana. Notas sacadas de la conferencia dictada el 25-XI-1994 en el salón de grados Mª Zambrano de la facultad de filosofía y letras de la Universidad de Málaga. (Miscelánea poliana nº 4, p. 39-41). Citamos las páginas según la recopilación titulada "Antropología y trascendencia" publicada por I. Falgueras y Juan A. García
Para saber más:
Etiqueta 1.9.2 Preguntas sobre los hábitos
Etiqueta 4.0 Esencia extramental
Etiqueta 4.1 Sustancia
Etiqueta 6.1.2 El disponer esencial
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La esencia del universo se perfecciona extrínsecamente. Pero la esencia humana crece desde dentro.
La esencia del universo es la tetracausalidad, la unidad de orden, o dicho de otra manera, la consideración del cosmos como perfecto.
La perfección del universo es extrínseca a los elementos, a las sustancias, que lo componen.
Las sustancias naturales intracósmicas son perfeccionadas por algo extrínseco a ellas que es la unidad de orden, dentro la cual están.
En el sistema ecológico unas cosas tienen que ver con otras, unos vivientes tienen que ver con otros vivientes, de tal manera que se constituye un orden, con un valor causal (la causa final).
Cada naturaleza cumple el orden según la causa final.
La unidad de orden es común a todas las sustancias, es la organización de todas las sustancias.
En el hombre no es así.
En el hombre la perfección se la da él a sí mismo, a través de sus propios actos.
Es una perfección propia a cada hombre.
De ahí que digamos que la naturaleza del hombre es esencializable, pues cada persona humnana se da su perfección, esencializa lo que ha recibido de entrada, su naturaleza.
En cambio, las sustancias naturales no son esencializables, sino que son sencillamente ordenables.
La esencia humana así entendida es una esencia superior a la esencia universo.
Lo que la distingue es su autoperfectibilidad.
El hombre es una sustancia natural capaz de autoperfección. Consigue su perfección en una redundancia sobre sí misma (¡los hábitos!).
El hábito es la perfección de la naturaleza humana.
Al ejercer el hombre su operatividad natural entonces adquiere hábitos: los hábitos intelectuales, o bien los hábitos de la voluntad, que son las llamadas virtudes morales, y también incluso las tenencias categoriales.
El hombre no es intracósmico.
Cada persona constituye su esencia en una redundancia sobre sí misma, una autoperfección que depende de su libertad.
Las sustancias naturales intracósmicas son perfeccionadas por algo extrínseco a ellas: el orden en el que están.
El hombre se perfecciona desde su interior, desde su libertad.
Esa autoperfectibilidad distingue la esencia humana respecto del universo como esencia.
Correlativamente tendremos que estudiar el acto de ser que corresponde a la esencia humana.
A la esencia del universo le corresponde el acto de ser como primer principio.
Ahora, en el caso del hombre, el acto de ser no es un primer principio, sino que es la persona.
La persona es aquel acto de ser cuya esencia es una naturaleza autoperfectiva.
En el hombre la perfección se la da él a sí mismo, a través de sus propios actos.
Pero la fuente de la perfección son los hábitos superiores trascendentales (no esenciales): sindéresis, hábito de los primeros principios, sabiduría y gracia. Hábitos recibidos de Dios, que no cesan.
A la superioridad de la esencia humana le corresponde una superioridad en el orden del ser: el ser personal (con cuatro radicales que se convierten entre sí: co-ser, libertad, inteligir, amar).
Aunque en rigor habría que decirlo al revés: porque se trata de un ser superior, de una trascendentalidad superior a la metafísica, es por lo que la esencia humana es superior a la esencia del universo.
De ahí que la esencia humana reciba nombres distintos según los cuatro trascendentales personales.
Del co-ser : esencia como manifestación.
De la libertad: esencia como disponer.
Del inteligir: esencia como iluminar.
Del amar: esencia como aportar.
La esencia de la persona humana. Notas sacadas de la conferencia dictada el 25-XI-1994 en el salón de grados Mª Zambrano de la facultad de filosofía y letras de la Universidad de Málaga. (Miscelánea poliana nº 4, p. 39-41). Citamos las páginas según la recopilación titulada "Antropología y trascendencia" publicada por I. Falgueras y Juan A. García
Para saber más:
Etiqueta 1.9.2 Preguntas sobre los hábitos
Etiqueta 4.0 Esencia extramental
Etiqueta 4.1 Sustancia
Etiqueta 6.1.2 El disponer esencial
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¿Es lo mismo decir esencia humana que naturaleza humana?
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No.
Expliquemos cómo se distingue la naturaleza o sustancia natural propia de cada persona humana, de la capacidad de automejoramiento, que es lo que llamamos propiamente esencia humana.
Cabe decir, en primer lugar, que el hombre es una sustancia natural capaz de autoperfección.
Un perro no se autoperfecciona, su naturaleza se despliega según el orden del universo. Es intracósmico.
La persona humana sí que se autoperfecciona.
Más que autoperfección podemos hablar de automejoramiento. En efecto, perfección tiene la connotación de algo "acabado", de despliegue "completo" de lo que una naturaleza es capaz de dar.
Pero el crecimiento humano es irrestricto, siempre se puede mejorar.
Esa capacidad de automejoramiento, esa potencialidad peculiar del hombre es lo que Polo llama esencia humana.
Es esencia libre cuyo ápice es el yo. Es la esencia la que manda, la torre de control
Y el yo activa la naturaleza humana, el dinamismo de la voluntad. Nótese cómo llamamos naturaleza a lo recibido de entrada (ver etiqueta 4.2). La persona humana recibe una naturaleza que debe activar desde su yo.
La esencia de la persona humana. Notas sacadas de la conferencia dictada el 25-XI-1994 en el salón de grados Mª Zambrano de la facultad de filosofía y letras de la Universidad de Málaga. (Miscelánea poliana nº 4, p.40.2). Citamos las páginas según la recopilación titulada "Antropología y trascendencia" publicada por I. Falgueras y Juan A. García
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No.
Expliquemos cómo se distingue la naturaleza o sustancia natural propia de cada persona humana, de la capacidad de automejoramiento, que es lo que llamamos propiamente esencia humana.
Cabe decir, en primer lugar, que el hombre es una sustancia natural capaz de autoperfección.
Un perro no se autoperfecciona, su naturaleza se despliega según el orden del universo. Es intracósmico.
La persona humana sí que se autoperfecciona.
Más que autoperfección podemos hablar de automejoramiento. En efecto, perfección tiene la connotación de algo "acabado", de despliegue "completo" de lo que una naturaleza es capaz de dar.
Pero el crecimiento humano es irrestricto, siempre se puede mejorar.
Esa capacidad de automejoramiento, esa potencialidad peculiar del hombre es lo que Polo llama esencia humana.
Es esencia libre cuyo ápice es el yo. Es la esencia la que manda, la torre de control
Y el yo activa la naturaleza humana, el dinamismo de la voluntad. Nótese cómo llamamos naturaleza a lo recibido de entrada (ver etiqueta 4.2). La persona humana recibe una naturaleza que debe activar desde su yo.
La esencia de la persona humana. Notas sacadas de la conferencia dictada el 25-XI-1994 en el salón de grados Mª Zambrano de la facultad de filosofía y letras de la Universidad de Málaga. (Miscelánea poliana nº 4, p.40.2). Citamos las páginas según la recopilación titulada "Antropología y trascendencia" publicada por I. Falgueras y Juan A. García
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¿Qué es la separación?
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Separación es la distinción de lo que existe.
Es claro que los seres creados se distinguen realmente unos de otros. Están separados entre sí y separados de Dios. Dependen de Dios.
El gran Misterio de Dios es que en su intimidad hay distinción sin separación.
A nosotros nos interesa profundizar en el conocimiento de la separación o distinción de las criaturas.
Los clásicos hablaban de una separación de las substancias.
Y descubren también que el intelecto personal se separa con una separación que es distinta de la separación de la sustancia.
Así, el intelecto personal, que es mejor llamarlo inteligir personal, es separado de su tema.
Reservo el término "alejamiento" para designar la independencia, la separación culpable, el error peculiar de la libertad que no quiere depender de Dios, buscando su autorrealización. Lo que en moral se llama pecado.
El 30 de junio 2010 celebramos los 50 años de independencia. Hay un dicho congolés que dice: "los belgas se fueron dejándonos en la más completa independencia".
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Separación es la distinción de lo que existe.
Es claro que los seres creados se distinguen realmente unos de otros. Están separados entre sí y separados de Dios. Dependen de Dios.
El gran Misterio de Dios es que en su intimidad hay distinción sin separación.
A nosotros nos interesa profundizar en el conocimiento de la separación o distinción de las criaturas.
Los clásicos hablaban de una separación de las substancias.
Y descubren también que el intelecto personal se separa con una separación que es distinta de la separación de la sustancia.
Así, el intelecto personal, que es mejor llamarlo inteligir personal, es separado de su tema.
Reservo el término "alejamiento" para designar la independencia, la separación culpable, el error peculiar de la libertad que no quiere depender de Dios, buscando su autorrealización. Lo que en moral se llama pecado.
El 30 de junio 2010 celebramos los 50 años de independencia. Hay un dicho congolés que dice: "los belgas se fueron dejándonos en la más completa independencia".
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¿Qué fórmula nos hace niños?
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La fórmula siguiente reaviva nuestra humildad:
La criatura (niña al fin y al cabo), comienza y depende.
Para saber más :
Etiqueta 1.5: distinción
Etiqueta 1.6.1: ser creado.
Etiqueta 1.7: distinción acto de ser-esencia.
Etiqueta 3.1.1: comenzar.
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¿A quién está reservada la unidad trascendental?
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A Dios.
La unidad trascendental será tratada en la etiqueta 1.14.
Inspirado en Notas y glosas sobre la creación y los trascendentales. Juan A. García González. Miscelánea poliana nº 11. Glosa 2, p. 88. Citamos las páginas según la recopilación titulada "Antropología y trascendencia" publicada por I. Falgueras y Juan A. García.
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A Dios.
La unidad trascendental será tratada en la etiqueta 1.14.
Inspirado en Notas y glosas sobre la creación y los trascendentales. Juan A. García González. Miscelánea poliana nº 11. Glosa 2, p. 88. Citamos las páginas según la recopilación titulada "Antropología y trascendencia" publicada por I. Falgueras y Juan A. García.
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¿Qué nos muestra de Dios el autotrascendimiento humano?
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Autotrascenderse es una forma de dar.
No es un aniquilarse, ni tampoco simplemente cambiar a mejor.
Cuando hablamos de autotrascendimiento, queremos decir actividad suprema de dar: darse.
Lo trascendental en sentido estricto es el dar supremo, Dios.
Pues bien, en congruencia con el autotrascendimiento humano, podemos entrever el carácter donal de la actividad divina, del ser de Dios.
Las relaciones personales intratrinitarias son relaciones donales.
La Sagrada Esritura expresa en términos de dar la relación entre el Padre y el Hijo (por ejemplo, Jn 5, 36); e igualmente el Padre da el Espíritu (Lc 11, 13) a petición de Cristo (Jn 14, 14), y lo da sin medida (Jn 3, 34).
Este "sin medida" significa "sin reservas".
Sólo Dios puede dar así.
Sacado del artículo "Aclaraciones sobre y desde el dar, de Falgueras, en Miscelánea poliana nº 9. p.61.2 . Citamos las páginas según la recopilación titulada "Antropología y trascendencia" publicada por I. Falgueras y Juan A. García.
Para saber más ver las etiquetas :
1.0.1 Dios
1.0.2 dar trascendental
1.5.2 relación (en construcción)
5.2 trascendentales
12.1 Trinidad (en construcción)
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Autotrascenderse es una forma de dar.
No es un aniquilarse, ni tampoco simplemente cambiar a mejor.
Cuando hablamos de autotrascendimiento, queremos decir actividad suprema de dar: darse.
Lo trascendental en sentido estricto es el dar supremo, Dios.
Pues bien, en congruencia con el autotrascendimiento humano, podemos entrever el carácter donal de la actividad divina, del ser de Dios.
Las relaciones personales intratrinitarias son relaciones donales.
La Sagrada Esritura expresa en términos de dar la relación entre el Padre y el Hijo (por ejemplo, Jn 5, 36); e igualmente el Padre da el Espíritu (Lc 11, 13) a petición de Cristo (Jn 14, 14), y lo da sin medida (Jn 3, 34).
Este "sin medida" significa "sin reservas".
Sólo Dios puede dar así.
Sacado del artículo "Aclaraciones sobre y desde el dar, de Falgueras, en Miscelánea poliana nº 9. p.61.2 . Citamos las páginas según la recopilación titulada "Antropología y trascendencia" publicada por I. Falgueras y Juan A. García.
Para saber más ver las etiquetas :
1.0.1 Dios
1.0.2 dar trascendental
1.5.2 relación (en construcción)
5.2 trascendentales
12.1 Trinidad (en construcción)
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¿Qué son los trascendentales?
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Los trascendentales son perfecciones puras del ser.
Pura significa aquí : sin potencia.
Un trascendental es actividad pura.
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Los trascendentales son perfecciones puras del ser.
Pura significa aquí : sin potencia.
Un trascendental es actividad pura.
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¿Qué son propiamente los trascendentales?
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Son actos cuya actividad lo abarca todo.
Tradicionalemente se dice que los trascendentales son las perfecciones puras del ser.
Yo prefiero la propuesta de Falgueras que no deja resquicio a una consideración meramente lógica de los trascendentales.
Ideas y textos sacados del Cuaderno de Anuario Filosófico n. 36. Ignacio Falgueras, Esbozo de una filosofía trascendental p.34.
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Son actos cuya actividad lo abarca todo.
Tradicionalemente se dice que los trascendentales son las perfecciones puras del ser.
Yo prefiero la propuesta de Falgueras que no deja resquicio a una consideración meramente lógica de los trascendentales.
Ideas y textos sacados del Cuaderno de Anuario Filosófico n. 36. Ignacio Falgueras, Esbozo de una filosofía trascendental p.34.
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¿Qué dice el lenguaje filosófico?
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Leonardo Polo responde en Introducción a la Filosofía, p. 44.4 : El lenguaje filosófico expresa la verdad del ser.
Y si ese lenguaje deviene canto, expresa la bondad y la belleza del ser.
El ser es, pero "ser" es también verdadero y bueno y bello.
Ser, verdad, bondad, belleza.
Es lo que los medievales llamaron trascendentales.
La teoría de los trascendentales, una de las más logradas formulaciones de la filosofía medieval, arranca de hallazgos de los grandes filósofos griegos.
Aunque no la llamen así es ejercida por Platón (el ser es bueno y bello), y está insinuada en Parménides (es lo mismo ser y pensar).
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Leonardo Polo responde en Introducción a la Filosofía, p. 44.4 : El lenguaje filosófico expresa la verdad del ser.
Y si ese lenguaje deviene canto, expresa la bondad y la belleza del ser.
El ser es, pero "ser" es también verdadero y bueno y bello.
Ser, verdad, bondad, belleza.
Es lo que los medievales llamaron trascendentales.
La teoría de los trascendentales, una de las más logradas formulaciones de la filosofía medieval, arranca de hallazgos de los grandes filósofos griegos.
Aunque no la llamen así es ejercida por Platón (el ser es bueno y bello), y está insinuada en Parménides (es lo mismo ser y pensar).
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¿A qué llama Falgueras trascendentales condicionales?
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Falgueras distingue dos tipos de trascendentales:
los trascendentales condicionales (metafísicos y de la persona humana) y
trascendentales incondicionales (que me gusta llamar supremos).
Los trascendentales condicionales se llaman así porque requieren a los trascendentales supremos.
Los supremos se llaman incondicionales porque no requieren a los condicionales, no requieren nada.
Los trascendentales condicionales son aquellos que el trascender humano alcanza cuando se eleva activa y relativamente sobre las realidades inferiores.
Los trascendentales incondicionales, en cambio, son aquellos que, habiendo sido alcanzados cuando el hombre trasciende su propio trascender y el trascender de lo extramental, están al margen de toda heterorreferencia, por lo que para ellos la propia denominación de trascendental es extrínseca.
Así queda claro que no todo trascendente es relativo, pues, en efecto, los trascendentales supremos son absolutos. Deben ser entendidos como irrelatividad a los trascendentales condicionales y a cualesquiera otras realidades que no sean las suyas.
Ideas y textos sacados del Cuaderno de Anuario Filosófico n. 36. Ignacio Falgueras, Esbozo de una filosofía trascendental, p. 23.3
Para saber más:
Etiqueta 5.2 los trascendentales
Etiqueta 1.0.2 dar trascendental
Etiqueta 5.2.0 trascendentales condicionales
Etiqueta 1.0.3 trascendentales supremos
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Falgueras distingue dos tipos de trascendentales:
los trascendentales condicionales (metafísicos y de la persona humana) y
trascendentales incondicionales (que me gusta llamar supremos).
Los trascendentales condicionales se llaman así porque requieren a los trascendentales supremos.
Los supremos se llaman incondicionales porque no requieren a los condicionales, no requieren nada.
Los trascendentales condicionales son aquellos que el trascender humano alcanza cuando se eleva activa y relativamente sobre las realidades inferiores.
Los trascendentales incondicionales, en cambio, son aquellos que, habiendo sido alcanzados cuando el hombre trasciende su propio trascender y el trascender de lo extramental, están al margen de toda heterorreferencia, por lo que para ellos la propia denominación de trascendental es extrínseca.
Así queda claro que no todo trascendente es relativo, pues, en efecto, los trascendentales supremos son absolutos. Deben ser entendidos como irrelatividad a los trascendentales condicionales y a cualesquiera otras realidades que no sean las suyas.
Ideas y textos sacados del Cuaderno de Anuario Filosófico n. 36. Ignacio Falgueras, Esbozo de una filosofía trascendental, p. 23.3
Para saber más:
Etiqueta 5.2 los trascendentales
Etiqueta 1.0.2 dar trascendental
Etiqueta 5.2.0 trascendentales condicionales
Etiqueta 1.0.3 trascendentales supremos
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¿Cuáles son los trascendentales metafísicos según Polo?
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Para él son sólo cuatro, que, por orden de prioridad, son:
el ser (esse),
la verdad (verum),
el bien (bonum)
y la belleza (pulchrum), aunque este último no lo tematiza explícitamente.
Para él son sólo cuatro, que, por orden de prioridad, son:
el ser (esse),
la verdad (verum),
el bien (bonum)
y la belleza (pulchrum), aunque este último no lo tematiza explícitamente.
¿Que significa el término "transcendentalia" que se traduce "los trascendentales"? 5.2
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El término trascendentalia (los trascendentales) es la substantivación plural de un adjetivo trascendentalis, formado a partir de transcendens que es el participio presente del verbo transcendo.
En él se contienen cuatro importantes indicaciones:
1. La alusión en su raíz a lo trascendente, a lo que está más allá de lo predicamental y objetivable.
2. Su carácter relativo (adjetivo), implícito en el sufijo –al.
3. Su referencia a la realidad, contenida en la substantivación.
4. Su número plural, que es indicio de que lo trascendente no es único.
Ideas y textos sacados del Cuaderno de Anuario Filosófico n. 36. Ignacio Falgueras, Esbozo de una filosofía trascendental, p. 10.2.
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El término trascendentalia (los trascendentales) es la substantivación plural de un adjetivo trascendentalis, formado a partir de transcendens que es el participio presente del verbo transcendo.
En él se contienen cuatro importantes indicaciones:
1. La alusión en su raíz a lo trascendente, a lo que está más allá de lo predicamental y objetivable.
2. Su carácter relativo (adjetivo), implícito en el sufijo –al.
3. Su referencia a la realidad, contenida en la substantivación.
4. Su número plural, que es indicio de que lo trascendente no es único.
Ideas y textos sacados del Cuaderno de Anuario Filosófico n. 36. Ignacio Falgueras, Esbozo de una filosofía trascendental, p. 10.2.
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¿Cómo resolver la dificultad semántica de la noción de trascendente?
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El término trascendente tiene su origen en la voz latina transcendo lo que hace pensar que todo trascendente necesite un referente obligado. Y ésa es la dificultad, porque los trascendentales reales son irreferentes.
La dificultad semántica viene porque transcendo está compuesto de trans y scando y connota un "pasar" "subiendo", un ir más allá, superando un obstáculo o límite.
Todo trascendente debería así hacer referencia a un límite a franquear.
Esta dificultad puede llevar, como le ocurrió a Schelling, a pensar que lo trascendental es relativo.
Para no caer en ese error, no olvidemos que lo trascendente propiamente dicho es lo realmente último (o realmente primero).
Si lo llamamos trascendente es porque aludimos al método que permite alcanzarlo, que consiste en trascender o abandonar el límite mental.
Lo trascendental (o los trascendentales, ya que lo trascendental es plural) es irreferente (o absolutamente, o porque se refiere a lo absolutamente irreferente).
Y sobre todo debemos decir que no es una invención humana, sino un hallazgo.
Siendo niño subía con mi padre los montes que aquí llaman del Cristal. Y al llegar a la cumbre nos abríamos al ámbito de la máxima amplitud.
Ideas y textos sacados del Cuaderno de Anuario Filosófico n. 36. Ignacio Falgueras, Esbozo de una filosofía trascendental, p. 19
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El término trascendente tiene su origen en la voz latina transcendo lo que hace pensar que todo trascendente necesite un referente obligado. Y ésa es la dificultad, porque los trascendentales reales son irreferentes.
La dificultad semántica viene porque transcendo está compuesto de trans y scando y connota un "pasar" "subiendo", un ir más allá, superando un obstáculo o límite.
Todo trascendente debería así hacer referencia a un límite a franquear.
Esta dificultad puede llevar, como le ocurrió a Schelling, a pensar que lo trascendental es relativo.
Para no caer en ese error, no olvidemos que lo trascendente propiamente dicho es lo realmente último (o realmente primero).
Si lo llamamos trascendente es porque aludimos al método que permite alcanzarlo, que consiste en trascender o abandonar el límite mental.
Lo trascendental (o los trascendentales, ya que lo trascendental es plural) es irreferente (o absolutamente, o porque se refiere a lo absolutamente irreferente).
Y sobre todo debemos decir que no es una invención humana, sino un hallazgo.
Siendo niño subía con mi padre los montes que aquí llaman del Cristal. Y al llegar a la cumbre nos abríamos al ámbito de la máxima amplitud.
Ideas y textos sacados del Cuaderno de Anuario Filosófico n. 36. Ignacio Falgueras, Esbozo de una filosofía trascendental, p. 19
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¿Qué es autotrascenderse?
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Autotrascenderse no es causarse ni destruirse.
No es una especie de autorrealización para ser más o de nirvana para desvanecerse.
Autotrascenderse es una forma de dar (no olvidemos nunca que el "trans" de trascendental significa "dar").
Autotrascenderse es darse, buscando quién nos acogerá.
Es una búsqueda pura, pues no se trata de encontrar algo, sino sumirse en el dar.
Un dar que es imposible si el don no es acogido.
¿A quién contaré mis penas mi dulce amor…?
Ideas inspiradas en el artículo "Aclaraciones sobre y desde el dar, de Falgueras, en Miscelánea poliana nº 9. p.61.2 nota 35. Citamos las páginas según la recopilación titulada "Antropología y trascendencia" publicada por I. Falgueras y Juan A. García.
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Autotrascenderse no es causarse ni destruirse.
No es una especie de autorrealización para ser más o de nirvana para desvanecerse.
Autotrascenderse es una forma de dar (no olvidemos nunca que el "trans" de trascendental significa "dar").
Autotrascenderse es darse, buscando quién nos acogerá.
Es una búsqueda pura, pues no se trata de encontrar algo, sino sumirse en el dar.
Un dar que es imposible si el don no es acogido.
¿A quién contaré mis penas mi dulce amor…?
Ideas inspiradas en el artículo "Aclaraciones sobre y desde el dar, de Falgueras, en Miscelánea poliana nº 9. p.61.2 nota 35. Citamos las páginas según la recopilación titulada "Antropología y trascendencia" publicada por I. Falgueras y Juan A. García.
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¿Qué nos muestra de Dios el autotrascendimiento humano?
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Autotrascenderse es una forma de dar.
No es un aniquilarse, ni tampoco simplemente cambiar a mejor.
Cuando hablamos de autotrascendimiento, queremos decir actividad suprema de dar: darse.
Lo trascendental en sentido estricto es el dar supremo, Dios.
Pues bien, en congruencia con el autotrascendimiento humano, podemos entrever el carácter donal de la actividad divina, del ser de Dios.
Las relaciones personales intratrinitarias son relaciones donales.
La Sagrada Esritura expresa en términos de dar la relación entre el Padre y el Hijo (por ejemplo, Jn 5, 36); e igualmente el Padre da el Espíritu (Lc 11, 13) a petición de Cristo (Jn 14, 14), y lo da sin medida (Jn 3, 34).
Este "sin medida" significa "sin reservas".
Sólo Dios puede dar así.
Sacado del artículo "Aclaraciones sobre y desde el dar, de Falgueras, en Miscelánea poliana nº 9. p.61.2 . Citamos las páginas según la recopilación titulada "Antropología y trascendencia" publicada por I. Falgueras y Juan A. García.
Para saber más ver las etiquetas :
1.0.1 Dios
1.0.2 dar trascendental
1.5.2 relación (en construcción)
5.2 trascendentales
12.1 Trinidad (en construcción)
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Autotrascenderse es una forma de dar.
No es un aniquilarse, ni tampoco simplemente cambiar a mejor.
Cuando hablamos de autotrascendimiento, queremos decir actividad suprema de dar: darse.
Lo trascendental en sentido estricto es el dar supremo, Dios.
Pues bien, en congruencia con el autotrascendimiento humano, podemos entrever el carácter donal de la actividad divina, del ser de Dios.
Las relaciones personales intratrinitarias son relaciones donales.
La Sagrada Esritura expresa en términos de dar la relación entre el Padre y el Hijo (por ejemplo, Jn 5, 36); e igualmente el Padre da el Espíritu (Lc 11, 13) a petición de Cristo (Jn 14, 14), y lo da sin medida (Jn 3, 34).
Este "sin medida" significa "sin reservas".
Sólo Dios puede dar así.
Sacado del artículo "Aclaraciones sobre y desde el dar, de Falgueras, en Miscelánea poliana nº 9. p.61.2 . Citamos las páginas según la recopilación titulada "Antropología y trascendencia" publicada por I. Falgueras y Juan A. García.
Para saber más ver las etiquetas :
1.0.1 Dios
1.0.2 dar trascendental
1.5.2 relación (en construcción)
5.2 trascendentales
12.1 Trinidad (en construcción)
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¿Es la gracia coexistencia en Dios?
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Sí. En todas sus dimensiones.
Por ejemplo, aunque sea una forma mínima de coexistencia, fruto de la gracia primera, las aperturas transcendentes de las que hablaremos un día en las etiquetas 5.12.2 orientan la persona a la búsqueda de Dios.
Otro ejemplo, la visión facial de Dios del encuentro futuro en la gloria (etiqueta 5.14).
Ya en la primera elevación, que es la creación de la persona humana (etiqueta 5.11.1) conlleva coexistencia en Dios, pues Dios acoge su coexistencia. Y al mantener la llamada, dispone a la persona (potencia obediencial decían los escolásticos), con este hábito entitativo infuso, ingresando en el ámbito de su creador.
Es en este ámbito donde la libertad personal cobra sentido, hablando de tú con Dios.
Sin la gracia, la esperanza de culminación se trunca.
La libertad es absurda sin el Otro.
O el hombre es amigo de Dios, o es un nadie, al que poco le sirve tener el granero lleno de recursos.
Glosa a Juan A. García González : Existencia personal y libertad. Anuario filosófico nº 95. 2009, p. 354, 2-4
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Sí. En todas sus dimensiones.
Por ejemplo, aunque sea una forma mínima de coexistencia, fruto de la gracia primera, las aperturas transcendentes de las que hablaremos un día en las etiquetas 5.12.2 orientan la persona a la búsqueda de Dios.
Otro ejemplo, la visión facial de Dios del encuentro futuro en la gloria (etiqueta 5.14).
Ya en la primera elevación, que es la creación de la persona humana (etiqueta 5.11.1) conlleva coexistencia en Dios, pues Dios acoge su coexistencia. Y al mantener la llamada, dispone a la persona (potencia obediencial decían los escolásticos), con este hábito entitativo infuso, ingresando en el ámbito de su creador.
Es en este ámbito donde la libertad personal cobra sentido, hablando de tú con Dios.
Sin la gracia, la esperanza de culminación se trunca.
La libertad es absurda sin el Otro.
O el hombre es amigo de Dios, o es un nadie, al que poco le sirve tener el granero lleno de recursos.
Glosa a Juan A. García González : Existencia personal y libertad. Anuario filosófico nº 95. 2009, p. 354, 2-4
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¿Puede el hombre coexistir en Dios?
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"Lo que podemos a través de los amigos, es como si lo podemos por nosotros mismos" S.Th., I-II, q.5, a.5, ad 1.
Tenía razón Aristóteles al valorar la amistad.
Dios ha hecho libre al hombre para que pueda coexistir, amorosamente, con amor de amistad, en Dios.
No somos hijos forzados.
La coexistencia en Dios es y será un buscarse mutuo, un juego de amor, siempre inmerecido.
Todo es gracia.
Glosa a Juan A. García González : Existencia personal y libertad. Anuario filosófico nº 95. 2009, p. 355, 3
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"Lo que podemos a través de los amigos, es como si lo podemos por nosotros mismos" S.Th., I-II, q.5, a.5, ad 1.
Tenía razón Aristóteles al valorar la amistad.
Dios ha hecho libre al hombre para que pueda coexistir, amorosamente, con amor de amistad, en Dios.
No somos hijos forzados.
La coexistencia en Dios es y será un buscarse mutuo, un juego de amor, siempre inmerecido.
Todo es gracia.
Glosa a Juan A. García González : Existencia personal y libertad. Anuario filosófico nº 95. 2009, p. 355, 3
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¿Por qué el hombre nace inerme?
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Porque su fin es el amor.
Los animales nacen con una naturaleza finalizada. Naturaleza que se despliega hasta alcanzar su perfección.
Soy águila, soy jirafa, soy león.
La naturaleza humana no tiene en sí misma recursos para alcanzar su destino.
Está hecha para ser amada y amar.
La apertura inagotable de la libertad se aborta, es absurda, si no encuentra al otro, y al Otro.
El sentido de la libertad es la coexistencia.
Glosa a Juan A. García González : Existencia personal y libertad. Anuario filosófico nº 95. 2009, p. 355. 1-3
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Porque su fin es el amor.
Los animales nacen con una naturaleza finalizada. Naturaleza que se despliega hasta alcanzar su perfección.
Soy águila, soy jirafa, soy león.
La naturaleza humana no tiene en sí misma recursos para alcanzar su destino.
Está hecha para ser amada y amar.
La apertura inagotable de la libertad se aborta, es absurda, si no encuentra al otro, y al Otro.
El sentido de la libertad es la coexistencia.
Glosa a Juan A. García González : Existencia personal y libertad. Anuario filosófico nº 95. 2009, p. 355. 1-3
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