¿Se puede considerar la esencia humana como autoperfección habitual?

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Antes de contestar me permito recordar la nota n.1 del Tomo II de la Antropología trascendental de Polo. Dice así: "En atención a la distinción real de ser y esencia, es mejor decir "esencia de la persona humana" que "esencia del hombre".
Para resaltar la distinción entre la esencia de la persona humana y la esencia extramental, empleo la expresión "esencia humana".

Lo digo porque en Anuario filosófico se habla en la entradilla de la página 333 "esencia del hombre". Es mejor decir "esencia humana".


Pues bien, la esencia humana sí puede considerarse como autoperfección "habitual".

La Universidad de Navarra publicó en 2006 un cuaderno de Polo titulado "La esencia humana"; el capítulo VII se titula "La esencia humana como autoperfección habitual".

(verlo aquí: http://www.iterhominis.com/03_Polo/02_Cadernos/EH/EH_07.htm)

Lo que allí se explica es que la esencia humana es propia de cada persona humana, depende de su libertad.

La esencia del universo o esencia extramental es común a todos los entes naturales.
Las cosas son lo que son y actúan siguiendo el orden ya establecido, según la tetracausalidad.
La naturaleza es el principio estable de operaciones, el conjunto de causas y principios que mueven el universo y conducen al despliegue de las condiciones iniciales. Ese despliegue es la esencia del universo.

Con el hombre aparece la novedad en el universo.
"Lo primero" no es sólo la naturaleza. Existen seres libres que pueden destinarse, desbordando el concepto de naturaleza.

Por eso hablamos de "autoperfección".
La naturaleza física puede condicionarme a crecer, pero soy yo, libremente, quien se hace jugador de basket. Es una perfección que me doy.

Y hablamos de "habitual" porque se trata de un "tener".
Al gorila se le puede poner un sombrero. Pero soy yo quien, libremente, se pone el sombrero. Lo "tengo" porque estoy añadiéndole un sentido a mi cuerpo (así estoy más "chic").

Los hábitos inferiores (categoriales, como llevar un anillo, o espirituales, como saber geografía) componen la "autoperfección habitual" (¡virtudes!) que llamamos esencia humana.

Es, con otras palabras, el crecimiento de mi vida.
Crecimiento inagotable porque depende del acto de ser persona.


Glosa a Juan A. García González : Existencia personal y libertad. Anuario filosófico nº 95. 2009, p. 333.3

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