¿Qué consecuencia trae la visión unilateral de los saberes en la universidad?

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Los saberes universitarios, como todo en la vida, deben tender a la unidad.

La visión unilateral
, aislada, de los saberes comporta una visión reduccionista del hombre.

La persona humana viva tiende a la unidad.

Unidad no significa, ni implica, uniformidad; sino vitalidad, unidad interna, cohesión, origen y fin. Actuosidad a fin de cuentas.


Un ser humano aislado, reducido a sí mismo es, simple y llanamente, un individuo vuelto de espaldas a su especie, que orbita en torno al egoísmo.

Cuando la universidad se encuentra sin unidad, al no tender a ella. Cuando vive segmentada, acaba siendo una institución para un grupo elitista de profesionales, una institución ‘clasista’, desconcertante pues inútil para la ciudad.

Es una universidad que ignora al pueblo, no dialoga, no es universal ni expansiona la cultura ya adquirida, sino que la angosta.

Acaba recluyéndose en afinidades… y en espacios que están cerrados a la búsqueda de la verdad para muchos más.

En el siglo XXI “hemos heredado una universidad que se ha transformado en una pluriversidad, algo destinado a extinguirse por sus propias características de desgajamiento. Se transforma en un mosaico de institutos desperdigados en la ciudad que forman empleados de las distintas empresas.

La universidad ha perdido su tendencia a la unidad, precisamente porque busca un rendimiento social parcial. Los saberes universitarios tienden a la unilateralidad del interés de un grupo.

Construir la cultura, hacer al hombre más justo (más dadivoso), no se considera rentable, ni tampoco como un impulso efectivo para el progreso.

Pero tenemos que reconsiderar que si ese rendimiento social de los saberes universitarios es parcial, el progreso también lo será. No creceremos juntos, sino como monstruos tecnológicos especializados  en su especialidad.

El hombre solo es un absurdo.
Universidad es crecer actuosamente unidos.






Ideas aportadas por Silvia Carolina, con citaciones de POLO, L., “Universidad y Sociedad”, 192 y 194. ; Polo "El profesor", 54
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