¿Quién va por delante, el tener o el dar?

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Ni el uno ni el otro.

El planteamiento clásico da la preeminencia a la razón (que es un "tener"). La libertad se manifiesta aquí en la capacidad de decidir entre los medios que la razón práctica propone para alcanzar el fin (el fin es otro "tener" más alto, que nos viene dado).

El planteamiento moderno da la preeminencia a la voluntad, identificándola con la libertad espontánea de hacer lo que me da la gana.

Polo ajusta el problema. La libertad trascendental, que se convierte con cada persona, es la inclusión atópica en el ámbito de la máxima amplitud, que es Dios.
La preeminencia la tiene el Creador. Que nos da el tener y nos llama simultáneamente a dar, según nuestro querer.

La Verdad no es así una "forma" impuesta desde fuera (su amplitud es máxima e irrestricta).
Esta Verdad que inspira con su encuentro es el enamoramiento. Y nuestra libertad personal (trascendental) es nuestro canto enamorado a la Verdad.

Cada uno, según sus circunstancias, buscará (libertad esencial) los medios más adecuados para el poema o cántico que es su vida.








Para saber más leer: Polo, "La verdad como inspiración", en La persona humana y su crecimiento, pp. 197-206
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Cuanto más alto es el "dar" menos se pierde

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Si doy euros, los pierdo.
Si doy un consejo, me mejoro.

Mi dirección email es "donnersansperdre": "dar sin perder", que es el dar más alto.
Es el dar divino.

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¿Es la verdad un fardo insoportable como dice Nietzsche?

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Nietzsche vislumbra la filosofía de lo irracional. La verdad "racional" esclavizaría. Pero al no saber amar, no entiende la felicidad de la Providencia. No deja cabida a la sorpresa de ser "predilectos" de Dios. Hijos.

La verdad no es el desvelamiento de un ser mastodóntico, parmenídeo, monolítico. Eso sí que es un fardo.

Lo más propio de la verdad es la apertura de un horizonte sin término. El Ser nos guarda maravillas insospechadas. No es una rueda, sino fuente eterna.

Lo que es insoportable es vivir para uno mismo o servirse de la verdad encerrándose en la propia finitud. Ahí está la frustración y el fardo (que no es ligero).

Aceptar la verdad no significa someterse a algo externo que se nos impone. La verdad libera, no esclaviza; abre a la trascendencia, no cierra posibilidades.

La verdad despierta el amor (cuando nos enamoramos) y nos hace creativos.
Agustín de Hipona lo expresó bien: ama y haz lo que quieras.

La verdad no es el término de un camino, sino una fuente de inspiración para que la persona desarrolle su libertad.


La verdad de Nietzsche sí que es insoportable, por aburrimiento, como son insoportables las solitarias tardes del domingo, que se hacen tan largas para la vieja en el asilo.







De esto habla Rafael Corazón en la glosa a Leonardo Polo de su manual Filosofía del conocimiento p. 136.4

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¿Qué es lo trascendental?

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A lo primero se le puede llamar lo trascendental.

Lo primero es el ser.

Lo primero es el ser, pero el ser "se dice de muchas maneras".

No es lo mismo el "ser" que la "esencia" (aunque la esencia también es ser).

Lo primero es el "acto de ser", pero no es lo mismo
el acto de ser Originario (Dios),
que el acto de ser personal,
o que el acto de ser del universo.

Lo trascendental se dice, pues, de muchas maneras.

Estrictamente, lo trascendental es el dar puro. (Ver etiqueta 1.0.2 Dar trascendental)





Para saber más:
Etiqueta 5.2.0   Los Trascendentales
Etiqueta 5.2.0  Trascendentales metafísicos
Etiqueta 5.5.0  Trascendentales personales
Etiqueta 1.0.3  Trascendentales supremos

Etiqueta 1.0.2   Dar trascendental
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¿Qué es lo trascendental a la altura de nuestro tiempo?

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Lo trascendental, a la altura de nuestro tiempo, es el dar puro.

Necesitaremos cada vez más al Espíritu Santo.



Ideas inspiradas en el artículo "Aclaraciones sobre y desde el dar, de Falgueras, en Miscelánea poliana nº 9.

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¿Qué es el dar supremo o dar puro?

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El dar supremo o dar puro es el dar más alto, el dar trascendental divino. Dios.

El dar es tanto más puro cuanto más lleva consigo gratuidad y libertad.
Un perro puede dar un mordisco, pero lo da obligado por su instinto y con el interés de defenderse.

El dar puro es una actividad personal, pues sólo las personas pueden dar libremente y gratuitamente.

Otra característica inherente a las donaciones personales más profundas (como son la transmisión de la vida, del conocimiento o del amor) es que son sin pérdida. No se pierden ni disminuyen al comunicarlas.

El dar trascendental es la actividad perfecta.
Es el dar como persona. 
Aunque el dar de las personas "humanas", siendo trascendental no es puro. El de los ángeles tampoco pues siempre podremos dar más.

¿Y el Dar supremo o dar divino?
El Dar supremo no es una actividad distinta del ser, entender y amar supremos.
Es Dios.

El dar pleno o puro es la integración de tres ingredientes personales, el donante, el aceptador y el don, que en el Dar supremo son las actividades supremas, aquéllas que son sin pérdida: ser, entender y amar.

En efecto, cuando se da el ser (los padres que dan la vida) no se pierde el ser; cuando se enseñan las matemáticas, no las perdemos y cuando damos nuestro amor, ganamos amor.

Los tres ingredientes del Dar supremo son pues tres actividades sin pérdida: la actividad suprema donante (ser), la actividad suprema acogedora (entender) y la actividad suprema sobrante (amar).

El Dar supremo es lo común a esas tres actividades supremas, mejor dicho, el Origen de las tres actividades, que no es otra cosa que la comunión o congruencia real de las tres actividades incondicionales o supremas.

El ser da, el entender da, el amar da.



Ideas inspiradas en el artículo "Aclaraciones sobre y desde el dar, de Falgueras, en Miscelánea poliana nº 9. p.58.4 y 53.2. Citamos las páginas según la recopilación titulada "Antropología y trascendencia" publicada por I. Falgueras y Juan A. García

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¿Cuáles son los ingredientes del dar?

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Los tres ingredientes del dar trascendental son:
- la iniciativa,
- el aceptar y
- el don siempre sobrante.





Ideas inspiradas en el artículo "Aclaraciones sobre y desde el dar, de I. Falgueras, en Miscelánea poliana nº 9.

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¿Cuáles son los tres momentos del dar?

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En el dar puro se integran sus tres momentos: la iniciativa, la aceptación y el don.

Un dar sin aceptación no llega a serlo.
Una aceptación sin la iniciativa previa de un donante, es una aceptación de nada.
Y un dar sin don sería vacuo.

El dar pleno y puro es la integración de tres ingredientes personales: la iniciativa donal, la aceptación donal de la iniciativa, y el don.

El dar puro es libertad sin condiciones, sin precedentes.

De tal modo que no es posible que esa libertad sea limitada por nada.

El dar puro no puede no dar.

Dios no puede dejar de amar.









Ideas inspiradas en el artículo "Aclaraciones sobre y desde el dar, de Falgueras, en Miscelánea poliana nº 9. p.56.2. Citamos las páginas según la recopilación titulada "Antropología y trascendencia" publicada por I. Falgueras y Juan A. García.

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¿Cuándo es el dar "puro"?

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El "dar es puro cuando es un dar sin reservas, o sea,
si en él todo es dar.

Si no deja nada sin dar.






Ideas inspiradas en el artículo "Aclaraciones sobre y desde el dar, de Falgueras, en Miscelánea poliana nº 9. p.66.3. Citamos las páginas según la recopilación titulada "Antropología y trascendencia" publicada por I. Falgueras y Juan A. García.
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¿Por qué la intimidad no es un ámbito cerrado?

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La intimidad no es un ámbito cerrado porque la persona (el ser que es intimidad) es un ser donal.

Intimidad equivale a "dar" y es por lo tanto trascendentalmente libre al poder dar (si quiere). Si no fuera libre no podría dar, pues sería un mecanismo instintivo, un power point ya programado.

Sin embargo, asómbrense, el dar "trascendental" no requiere el tener.

En rigor, no es acertado decir que sólo se da lo que se tiene.

Me explico: hay un dar que es simplemente aceptar.
La iniciativa del dar es, claro está, un dar.

Pero a nivel trascendental, el "dar" se frustraría sin el "aceptar". (No así a nivel esencial, pues a veces podemos encontrarnos con gentes que nos rechazan, y sin embargo nuestro dar no se frustra porque nada se pierde en Dios).

El "dar" trascendental sí que es siempre dual con el "aceptar".

Esta dualización es mutuo enriquecimiento, anterior al tener.

Es un enriquecimiento trascendental, que nunca se detiene. (La actividad de Dios no cesa, Dios sigue actuando).
Si el don se detuviera, si fuera algo fijo o determinado, la intimidad se cerraría al realizarse u al otorgarse el don. Se acabó la fiesta tras la repartición de regalos. Se acabó el pastel.

No ocurre así a nivel trascendental. La intimidad dualizada de las personas está siempre abierta.

Y es precisamente la dualización la que impide la cerrazón puesto que el miembro superior (el Origen) es fuente inagotable.








De esto habla Polo en Antropología Trascendental I, p. 208, 5.


Para saber más sobre:

el dar trascendental……….etiqueta 1.0.2
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¿Cuál es el maleficio que introdujo la filosofía de Ockham?

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Ockham suplanta los trascendentales (las ultimidades) por los modos lógicos.

Y al mismo tiempo separa el mundo práctico en este valle de lágrimas, de otro mundo divino (que sería objeto solamente de una fe religiosa). Ockham introduce en la historia el maleficio de la dicotomía. La lógica nos sirve para vivir y la fe para salvarnos.

Pero la lógica no es una ruta separada de la Realidad. Nuestros pensamientos y los nombres que damos a las cosas están regidos, más adentro, por el dar (la actividad).

Todo lo que somos y tenemos son dones de Dios. La lógica también. Y la actividad de Dios es donación pura.

El dar puro de Dios es una actividad de un orden superior al gobernado por los modos lógicos (lo necesario, lo posible, lo contingente, lo imposible, lo opuesto).

Y es en esa actividad superior donde descubrimos, insertados, los trascendentales personales. Que son "además". Actos. Propiedades puras (sin potencia) del ser y no nombres o etiquetas del "mundo" material.

Eso no quiere decir que los modos lógicos no nos sirvan para comprender el orden causal físico. Nos sirven. Como nos sirve el ordenador. Pero no son trascendentales. Están marcados por la potencia.

Para desactivar el maleficio de Ockham debemos encontrar el modo de enlazar pensamiento y realidad.
La Antropología trascendental poliana propone que la realidad  de cada persona "manifiesta" en el tiempo el pensamiento. Somos "espíritu en el tiempo".

Los trascendentales personales son "actos" que se manifiestan lógicamente en el tiempo.

Y esos "actos" son actividad, dar. Abiertos por Dios, el Dar puro.
En la donación pura no hay antecedentes ni condicionantes. No hay potencia.

Si planteamos lo primero (lo último) como Ockham, estamos pensando a Dios con una "lógica" humana. Y entonces Dios no se nos mostrará nunca, pues cuando pensamos a Dios estamos pensando nuestros pensamientos. Acabaremos en el agnosticismo.

Y lo que es peor, al empeñarnos (porque la fe nos lo exige) en demostrar a Dios, lo pensamos como si Dios fuera una voluntad que decide arbitrariamente entre las posibilidades existentes.

Entonces hay un enfrentamiento entre Dios y las criaturas. ¿Por qué a mí me has hecho cardo y a ella rosa?

La lógica divina no se anda con esas disquisiciones. Es dar puro. Todo lo que crea es bueno.

Es una iniciativa amorosamente aceptada y amorosamente sobrante, que hace las delicias del cardo y de la rosa.
Dios sabe más en su tríada de amor.

Cuando no se entiende el dar puro se recurre a la magia y al mito como sabiduría para entender el mundo. O se apela a la fe ciega.

Es lo que advierte Pablo de Tarso a Timoteo: se vuelven a las fábulas antiguas (2 Tm 4, 4).

Dios está por encima de los modos lógicos humanos, uno de los cuales es la posibilidad. Pero no lo está al modo de Ockham, separado.

Dios no crea caprichosamente, sino por amor. Da sin reservarse nada. Da a su Hijo. Nos introduce en su Vida, ya, al crearnos. Somos Hijos.







Ideas inspiradas en el artículo "Aclaraciones sobre y desde el dar, de Falgueras, en Miscelánea poliana nº 9. p.58.2 Citamos las páginas según la recopilación titulada "Antropología y trascendencia" publicada por I. Falgueras y Juan A. García
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¿Cuál es la osadía más grande para un filósofo?

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Lo más grande que un filósofo puede osar es pensar a Dios.

Por ahí va la propuesta de Polo.

Y el profesor Falgueras osa pensar a Dios con su filosofía del dar trascendental.

El dar trascendental es un acto puro.

Cuando damos dinero a alguien, se necesita una explicación: se trata probablemente de una compra, o de un encargo, o de una gratificación.
En el dar puro no se pierde ni dinero, ni tiempo, ni nada. No necesita ninguna explicación porque es gratuidad innovadora.

El dar trascendental divino no es contingente. Y no lo es porque no es causado.
Lo contingente es causado por causas que no son necesarias; por eso puede no existir.
El dar trascendental no es causado.
No se da de lo que se tiene previamente, sino que se innova al dar.
Es un dar libre, no porque tengamos un millón de euros y podamos distribuirlos según nuestro capricho, sino porque inventamos el millón de euros para agradar al amado.

La iniciativa, la aceptación y el don son simultáneos e indisociables.

Es un don sin pérdidas que no se temporaliza, sino que es en bloque y de modo integral.

Dios es dar.
Y a usted y a mí nos ama porque le da la gana.








Ideas inspiradas en el artículo "Aclaraciones sobre y desde el dar, de Falgueras, en Miscelánea poliana nº 9. p.55.2. Citamos las páginas según la recopilación titulada "Antropología y trascendencia" publicada por I. Falgueras y Juan A. García


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¿Cómo tiene que ver la persona con el dar?

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Ser persona es dar.
La persona, en tanto que actividad, es dar.
El ser de la persona es su dar.

Nos referimos, a la actividad más alta de la persona, es decir, a la consideración trascendental de la persona.

Cuando en esta vida damos, o dinero, tiempo o comida, estamos, sí,  dando, pero imperfectamente, porque al dar, perdemos.

Cuanto más alto es el dar, menos pérdida lleva consigo.
Las donaciones más profundas (la vida, el conocimiento, el amor) no llevan consigo pérdida alguna, ni por parte del que da, ni por parte del que recibe, ni por parte de lo dado.

Lo más alto en las criaturas es el dar gratuito, libre, es decir, un dar personal.








Ideas inspiradas en el artículo "Aclaraciones sobre y desde el dar, de Falgueras, en Miscelánea poliana nº 9. p.54. Citamos las páginas según la recopilación titulada "Antropología y trascendencia" publicada por I. Falgueras y Juan A. García.

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¿Cómo denomina Polo al principio de la dación?

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Polo llama "Intimidad" al principio de dación.

Alcanzar ese principio aclara definitivamente la noción de persona.

No somos sólo "yoes", subjetividades, inmanencia.
La capacidad de dar es más radical incluso que nuestras cotas más altas de nuestra esencia, que son las virtudes (pues si somos generosos es porque más adentro está la fuente del dar).

El hombre es un ser personal porque es capaz de dar. Dar íntimamente, se entiende: no es el dar chocolatinas, sino la fuente del otorgamiento.

Desde la persona, dar significa aportar.

Desde la intimidad todo lo que tenemos (instrumentos, pensamientos, virtudes) adquiere la belleza del amor.

Por eso dice Polo que el aportar refrenda el tener.
Lo más íntimo no es el yo, sino la persona. El dar, aceptando el don. El yo se queda en don. Puedo así olvidarme de mí.

Y nos saltamos, como dice mi amigo, a la torera, toda la filosofía moderna con sus inmanentismos, idealismos y subjetividades.








Glosa a Leonardo Polo. Tener y Dar. En "Sobre la existencia cristiana" p. 131.2
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¿A qué llama Polo amor puro?

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Polo llama "amor puro" al dar sin perder.

El ganar o perder, el gastarse, es propio de la vida terrestre que avanza hacia su consumación.

En esta vida el amor está enturbiado por deseos e intereses.
De ahí la discusión entre Fénélon y Bossuet, la famosa disputa sobre el amor puro.

Ellos no acertaron a ver la dimensión más íntima del hombre, aquélla por la que el hombre es persona: su capacidad de dar sin perder.

El amor puro no es el "desinterés", por muy loable que sea, sino la generosidad de la persona que acepta y da, en un canto, lo que su Padre le otorga.







Glosa a Leonardo Polo. Tener y Dar. En "Sobre la existencia cristiana" p. 130.3

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¿Qué es autotrascenderse?

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Autotrascenderse no es una especie de autorrealización para ser más o de nirvana para desvanecerse. No es ni causarse ni destruirse.

Autotrascenderse es una forma de dar (no olvidemos nunca que el "trans" de transcendental significa "dar").

Autotrascenderse es darse, buscando quién nos acogerá.

Es una búsqueda pura, pues no se trata de encontrar algo, sino sumirse en el dar.

Un dar que es imposible si el don no es acogido.

¿A quién contaré mis penas mi dulce amor…?








Ideas inspiradas en el artículo "Aclaraciones sobre y desde el dar, de Falgueras, en Miscelánea poliana nº 9. p.61.2 nota 35. Citamos las páginas según la recopilación titulada "Antropología y trascendencia" publicada por I. Falgueras y Juan A. García.
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¿Qué nos muestra de Dios el autotrascendimiento humano?

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Autotrascenderse es una forma de dar. La más alta.

No es un aniquilarse, ni tampoco simplemente cambiar a mejor.

Cuando hablamos de autotrascendimiento, queremos decir actividad más alta de dar: darse.

Lo trascendental en sentido estricto es el Dar supremo, Dios.

Pues bien, en congruencia con el autotrascendimiento humano, podemos entrever el carácter donal de la actividad divina, del ser de Dios.

Las relaciones personales intratrinitarias son relaciones donales.

La Sagrada Escritura expresa en términos de dar la relación entre el Padre y el Hijo (por ejemplo, Jn 5, 36); e igualmente el Padre da el Espíritu (Lc 11, 13) a petición de Cristo (Jn 14, 14), y lo da sin medida (Jn 3, 34).

Este "sin medida" significa "sin reservas".
Sólo Dios puede dar así.

Luego el autotrascendimiento humano nos muestra, si lo llevamos al extremo, cómo será el Dar supremo que es Dios.








Sacado del artículo "Aclaraciones sobre y desde el dar, de Falgueras, en Miscelánea poliana nº 9. p.61.2 . Citamos las páginas según la recopilación titulada "Antropología y trascendencia" publicada por I. Falgueras y Juan A. García.

Para saber más ver las etiquetas :
1.0.1  Dios
1.0.2  dar trascendental
1.5.2  relación (en construcción)
5.2.0     trascendentales
12.1.0  Trinidad(en construcción)

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¿Cómo es el dar divino?

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El "dar divino" es sin  pérdidas ni reservas.

El profesor Ignacio Falgueras encuentra que el Dar supremo es sin pérdidas al constatar que es dar puro.

Y añade que Cristo revela (a quien lo busca) un núcleo del dar aún más profundo y preciso.
Se trata de un ingrediente del Misterio manifestado en la cruz: el dar sin reservas.
La muerte de Cristo, libremente aceptada y querida, tiene el sentido donal más alto.
Los cristianos sabemos así que el dar divino es “sin reservas”.




Ideas inspiradas en el artículo "Aclaraciones sobre y desde el dar", de Falgueras, en Miscelánea poliana nº 9. p.61.3. Citamos las páginas según la recopilación titulada "Antropología y trascendencia" publicada por I. Falgueras y Juan A. García.
Para saber más:
Etiqueta 1.0.1 Dios.

Etiqueta 1.0.2 Dar trascendental.
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¿Pueden las criaturas dar sin reservas?

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El "dar sin reservas" de Dios es un misterio oculto.

Pero su revelación por la palabra silente de la cruz arroja una iluminación inesperada para la inteligencia humana en su investigación de los trascendentales.

El “sin reservas” es la anulación en Dios del amor a sí mismo.

Las criaturas no pueden dar “sin reservas”. Y no lo pueden porque su “dar” es recibido. Sólo olvidándose de sí llegan a ser divinizadas y entran en el dar interpersonal supremo.

Aquí, olvido de sí significa olvido de su yo. (Lo digo porque cabe otra interpretación del olvido de sí, como introducción querida del límite mental para actuar y servir).

Los trascendentales humanos son condicionales.
Dan si reciben. Y si nada en ellos se opone al dar. Evitar esa oposición es la tarea que los cristianos llamamos lucha ascética: el progresivo y constante olvido del yo.









 Ideas inspiradas en el artículo "Aclaraciones sobre y desde el dar, de Falgueras, en Miscelánea poliana nº 9. p.62.2 Citamos las páginas según la recopilación titulada "Antropología y trascendencia" publicada por I. Falgueras y Juan A. García.

Para saber más:
Etiqueta 1.6.1 Ser creado
Etiqueta 1.0.2 Dar trascendental

Etiqueta 1.0.1 Dios
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¿Cómo iluminar la conversión en identidad de los trascendentales?

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Iluminaremos la conversión de los trascendentales si consideramos que el dar divino es sin reservas.


Falgueras saca un enorme provecho de Fil 2, 7-8 en donde se habla de la kénosis o exinanitio y de la humiliatio del Verbo.

Este "sin reservas" arroja una luz inesperada para la inteligencia humana en la investigación de los trascendentales.

En efecto, ya sabíamos que el dar divino es sin pérdidas.
De ahí que entendamos que no hay incompatibilidad entre la Unidad de Dios y la Trinidad, pues las Personas, al dar, no pierden nada.

Ahora, con el dato revelado del "sin reservas", entendemos que los trascendentales se convierten en identidad.

La teología trinitaria gana en comprensión de la positiva congruencia o unidad entre las Personas. Y, a la vez, la filosofía trascendental y cristiana afirma su convicción en la conversión en identidad de los trascendentales personales, mejor dicho, en el horizonte de identidad, ya que la persona humana será siempre "además" (la identidad no es detención).









Ideas inspiradas en el artículo "Aclaraciones sobre y desde el dar, de Falgueras, en Miscelánea poliana nº 9. p.62.3. Citamos las páginas según la recopilación titulada "Antropología y trascendencia" publicada por I. Falgueras y Juan A. García.

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¿Cómo se caracteriza el dar puro?

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Es un dar en el que nada se pierde y nada se guarda.

Un dar sin reservas.





Ideas inspiradas en el artículo "Aclaraciones sobre y desde el dar, de Falgueras, en Miscelánea poliana nº 9. p.68.2. Citamos las páginas según la recopilación titulada "Antropología y trascendencia" publicada por I. Falgueras y Juan A. García.

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¿Es misterioso el origen del dar?

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Podemos describir la electricidad y conocer sus causas físicas. ¿Pero qué es la luz? La luz en sentido estricto es "conocer" (hacerse otro).

Nos complace describir fenomenológicamente nuestra experiencia intelectual del conocer. Pero solo Dios sabe "dar" el conocer.
El Origen es un misterio.
(Misterio es una iniciativa divina).

El hombre sabe cómo "dar" en la medida en que aparece en él la verdad de su voluntad: lo tuyo es querer, hacer el bien, dar más otro, dar sin perder.

El mal, el dolor, es la obstrucción del querer. Inexplicable en su origen como inexplicable es el Origen del dar.

Yo puedo explicar el porqué de un dolor de muelas y su utilidad para preservar mi boca. Pero hay razones que solamente conoce el corazón. La más alta es el Origen.

El dolor humano es un símbolo del dolor puro. Y el dolor puro es un misterio.
¿Por qué no quieres dar?
Solo el Amor lo desvela.

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¿No serán la verdad y el bien, el conectivo del amor?

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Siendo la verdad el desvelamiento del ser.
Siendo el bien la efusión del ser.
Siendo el amor la comunión del ser.

Pienso que los tres son convocados por la belleza de la humildad.


Quizá, según el plan de Dios, es María el conectivo. La Belleza que convoca.
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¿Hay distintos niveles de bien?

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El bien es la efusión del ser.

La verdad es el desvelamiento del ser. El bien es su efusión.

El bien, me escribió un día Jorge Mario Posada, es lo otro que el ser, en orden a la realización del ser.

Veamos sus niveles:

1) El bien absoluto es el Don de Dios. El Espíritu Santo que se identifica con el Dar y Aceptar divinos.

2) El bien de la persona es la efusión de su ser.

El bien trascendental personal  es la efusión de las personas como comunión de amor,  siempre abierta al futuro. Tal el fuego. Es un bien necesario. También se le llama bien absoluto, en cuanto que se añade al Ser, sin añadirle nada.

A nivel trascendental, el bien de la persona es el futuro no desfuturizable, pues Dios la asistirá siempre. Siempre más. Es la Réplica de cada quién en Dios.


3) A nivel esencial el bien personal es su don, es decir, su esencia creciente. La tarea de la persona es hacer el bien que ofrecerá a Dios. Edificar su vida.

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Y ahora hablemos del ser del universo físico, que es distinto del ser personal, pues no es libre.

1) El bien absoluto es Dios como primer principio de Identidad.

2) El bien del universo físico, a nivel trascendental es el futuro, sencillamente persistente.

3) El bien del universo, a nivel esencial, es su esencia, el despliegue de la tetracausalidad que se cumple gracias a la causa final. Por eso hay un adagio en filosofía que dice que el bien tiene razón de fin.








Para saber más
Etiqueta 4.0 La esencia del universo.
Etiquetas 1.4.4 la tetracausalidad y  1.4.8 Causa final (ambas en construcción).
Etiqueta 1.0.2 Dar trascendental

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Si el bien es "lo otro que el ser", ¿es lo mismo "bien" que esencia?

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En un cierto sentido sí, porque la esencia se distingue realmente del ser, y por tanto es "lo otro" que el ser.

Pero es estrictamente  "bien" en cuanto que es aceptada por otro, con y por el Otro.

Pienso haber entendido esta explicación en el blog poliano de Juan A. García González, tras una  intervención de Jorge Mario Posada, aclarando que hace falta distinguir el intento de bien como "otro que el ser", de la instauración de ese intento.

La instauración de ese intento se realiza con intervención de las personas: las personas aceptan u otorgan un don, el bien.

El intento de bien aparece gracias a la razón práctica y es refrendado por la voluntad, a nivel de la esencia del hombre. Es ésta la dimensión  esencial donde se juntan bien y esencia, si las personas se aman.

El amar, trascendental personal, acepta o da el bien al otro, con y por el Otro.


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Me permito insistir: Si el bien es "lo otro que el ser" en orden a su realización, el bien es un don.

El bien de la persona es su esencia libremente otorgada y aceptada.
El bien del universo es su esencia desplegada según Dios, con la colaboración del hombre, como teatro de nuestros Amores.

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En cualquier caso, el bien es un don. Es lo otro que el ser, que se realiza como don de la persona.

1. El ser (del Universo físico) persiste,  y entonces la persona que otorga el don es Dios. Ese don es el bien metafísico, que podemos contaminar con nuestros amores desordenados.

2. El ser (la persona humana) insiste, y entonces es la persona humana la que otorga el don, añadiéndose al querer de Dios. Ese don es el bien moral.

3. Si lo miramos desde la esencia, el bien es crecimiento :
El bien metafísico existe (la esencia del universo).
El bien personal es siempre más, consiste (la esencia humana).
El bien antropológico es, pues, lo que las personas añaden a la esencia, desplegándola (bien metafísico) o queriéndola (bien personal).

En los tres casos el bien (lo otro) es el ser en orden a su realización.


Jorge Mario ha aclarado que a nivel trascendental,  el amar equivale a dar y a aceptar un don.
Es una ampliación del bien trascendental metafísico, es ahora uno de los trascendentales personales descubiertos por Polo.

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