¿Qué es servir?

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Servir es hacerse otro sin dejar de ser quien somos, en orden a la comunión, para dar más. Como una coral. Acompañar.
Servir es "hacerse otro", por el amor, gracias a los dones que aceptamos y otorgamos.

Aprendí de Ignacio Falgueras que "hacerse otro" es más que desvelar el ser. Pues cuando el ser se desvela nos inspira y le cantamos, dándole más.

Servir es "hacerse otro" para dar más a alguien. Es convertirse en bien para alguien.

Somos un bien para los demás gracias a los dones, que aceptamos y otorgamos.

Si el bien es lo otro que el ser en orden a su realización, servir será el "hacerse otro" para dar más a alguien, en orden a la comunión de personas (que es el amor).

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¿No serán la verdad y el bien, el conectivo del amor?

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Siendo la verdad el desvelamiento del ser.
Siendo el bien la efusión del ser.
Siendo el amor la comunión del ser.

Pienso que los tres son convocados por la belleza de la humildad.

Quizá, según el plan de Dios, es María el conectivo. La Belleza que convoca.

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¿Es el bien más o menos intenso?

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La noción de "intensidad" la reservamos para la esencia, que puede crecer más o menos.

El acto de ser no es intensivo.


El bien trascendental no es más o menos "intenso".

El bien esencial sí que es más o menos "intenso".

Mi bien trascendental es el don de mi vida cuando sea acogida por Dios. Este bien no crece, es mi Réplica.

Mi vida, sin embargo, sí que va creciendo, y ese crecimiento es precisamente mi bien "esencial", que voy otorgando libremente.

Mi esencia (mi vida) es un bien (esencial) porque, gracias a ella, entro en comunión de amor con el otro.
Es lo que en mí es también de otro.

Para el universo el Bien trascendental es la tetracausalidad querida por Dios, y el bien esencial su despliegue según el orden divino.

Para cada persona el Bien trascendental es su Réplica como Don acogido por Dios.
Su bien esencial es el otorgamiento que va realizando de su vida.


El bien más alto, es Dios, la Esencia divina, el Don del Espíritu Santo, que es Fuego que no se consume ni se consuma, que no crece.

En Dios Ser y Esencia se identifican. Dios es simple.


El bien es conectivo entre las personas, o conectivo del amor. Nos otorgamos bienes.

La noción de "intensidad" puede entonces describirse como mayor o menor cercanía de la esencia (del don de las personas) al Don Absoluto, el Amor que es la fuente de la comunión entre Personas.
La mayor cercanía, o identificación, es el Verbo, donde inhiere mi Réplica.

Un mismo bien puede ser, esencialmente, más o menos intenso. Depende de cómo jueguen las personas.


Nótese que Polo, describe la noción de "alternativa" como el encuentro con un modo de "vivir" mejor.
Así, hablando de las oportunidades que aparecen en la vida, al presentarse, podemos descubrir una mayor sociabilidad o comunión de amor.

La vida, que es la esencia humana, crece cuando hay mayor Comunión, cercanía al Amor.

En definitiva, a un mismo bien, a una misma oportunidad, se le puede sacar más punta según la libertad, es decir, según juguemos en el ámbito de la máxima amplitud.  

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¿Es lo mismo fin que bien?

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Al estudiar la moralidad de las acciones humanas se suele decir que el fin tiene razón de bien.

En efecto, el fin es el bien que se intenta al actuar.

Sin embargo, no todo bien es fin, pues hay bienes que nunca terminan.

Por ejemplo, la felicidad vivida en el orden del Amor.

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¿Es el bien un don?

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En Antropología, el bien, efusión del ser, es un don que se queda dentro.

Al darlo no se pierde. (Pues siempre encontrará correspondencia, si no, ese amor habría que matarlo. Dios, sin embargo, que tiene memoria, en último término se encarga de guardarlo).

Y el alma crece, esperando que el don sea aceptado y recuperado con creces.

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¿Tiene normas la libertad?

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Sí, las normas éticas.
Las normas éticas son leyes del ser libre para ser libre.
La primera es "haz el bien y crecerás".

El ser humano es un ser libre, es un ser personal, dueño de sí, debe destinarse y para destinarse necesita conocer su destino y el camino que conduce a él.
Destino que no se le impone. Libremente, la libertad se trueca en búsqueda de su destino.
El hombre libre es capaz de entender su destino y el camino.

Al ser libre puede seguirlo o no. Y puede cantarle.

Es aquí donde podemos ya comprender la normatividad ética propia de la libertad humana.

Las leyes éticas no son leyes físicas que nos determinan, son leyes del ser libre para ser libre, para destinarse libremente a su destino.

Veámoslo:

En la medida en que se entiende y se ama el destino, somos más libres, más dueños de nosotros mismos.

La ética descubre así dos series de nociones que son enteramente originales del hombre libre, a saber, bien-mal, virtud-vicio.

Bien y mal no se puede decir de lo físico, a no ser que abusemos de las palabras. La explosión de una supernova no es ni buena ni mala.
Buena mesa y mala mesa, o buen clima y mal clima, son acepciones secundarias.
Bien y mal, primariamente, son nociones estrictamente éticas que sólo se captan si se es libre. Lo bueno me conduce a mi destino, que libremente he de darme. Lo malo me separa de mi destino.

Haz el bien y crecerás es la primera norma ética, la primera norma de la libertad, del ser libre para ser libre.

Por otra parte, el cumplimiento o no de las leyes morales, modifica intrínsecamente la capacidad de realizar las acciones. Aparecen las virtudes y los vicios que perfeccionan o malogran la voluntad humana.

Ya tenemos las tres dimensiones de la ética: normas, bienes y virtudes.







De esto habla Polo en "Ética". Hacia una versión moderna de los temas clásicos. 2ª edición. Unión Editorial. p. 61.2, 62.3 y 63

Para saber más:
sobre normas, bienes y virtudes, ver etiqueta 9.1.4
sobre la ley natural, ver etiqueta 6.2.0
sobre ética, ver etiqueta 9.0.0
sobre el bien, ver etiqueta 5.2.2
sobre la virtud, ver etiqueta 6.2.5

sobre el destino, ver etiqueta 13.0.0
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¿Qué es lo bueno y lo malo?

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Primaria, estricta y propiamente, decimos bueno y malo
de lo que hacemos según las decisiones libres.

Bueno si nos mejora. Malo si nos empeora.

Si nos mejora respecto de la vida lograda o si nos empeora respecto de la vida lograda.

La vida lograda es la que será aceptada por Aquél que no puede morir. El bien y el mal se miden, en último término, según el grado de Comunión (de Amor) que aseguran.

Originariamente, la alternativa bueno y malo es ética.

Aunque el animal percibe las situaciones de agrado o inconveniencia con su estado biológico y los estima (con el sentido interno denominado clásicamente "estimativa") como convenientes o inconvenientes, es decir, como situación que le determinará a intentar alcanzar o como algo a evitar, ese sentido de bueno y malo no es el sentido moral de  lo bueno de y lo malo.

Es un sentido secundario, como cuando decimos buena salud o mala salud. No tiene que ver con la libertad. No es una opción que esté en mis manos.

Muchas veces nos encontramos en la vida en situaciones que nos parecen malas, pero nos damos cuenta de que si esas situaciones no dependen de nosotros, no son malas, aunque mucho nos perturben.
No son malas en el sentido primario de lo bueno y de lo malo, que es el sentido moral, del que somos responsables.

Es bueno encontrar un tesoro, pero no es un bien que se derive de una decisión libre.







De esto habla Polo en "Ética". Hacia una versión moderna de los temas clásicos. 2ª edición. Unión Editorial. p. 63.3-4


Para saber más:
sobre normas, bienes y virtudes, ver etiqueta 9.1.4
sobre la ética, ver etiqueta 9.0.0
sobre el arranque de la ética, ver etiqueta 9.1.0
sobre la ley natural, ver etiqueta 6.2.0
sobre la virtud, ver etiqueta 6.2.5

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¿Cómo saber quiénes son personas?

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Sabemos que un ser es una persona humana cuando se manifiesta su naturaleza.
Como una persona es un animal que tiene razón, cuando un animal habla, sabemos que es persona.
Ésta es doctrina clásica, poseída pacíficamente.
Tomás de Aquino dirá que hay persona cuando hay forma humana, naturaleza humana.

Desde un planteamiento nominalista las cosas cambian, pues para el nominalismo cada individuo es distinto de los demás. No hay una naturaleza común.
Somos nosotros los que inventamos la etiqueta "hombre" y la ponemos a ciertos individuos. Habrá que recurrir al consenso o a la autoridad del legislador para saber quién es hombre y quién no.
Para unos el determinante será la autoconciencia, para otros el uso de razón y la libertad, para otros la edad.

En la práctica estas teorías han tenido mucha importancia a la hora de legislar sobre el aborto, la experimentación con embriones humanos, la esterilización de los deficientes mentales, y casos semejantes.

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En ambos casos, ya sea porque la naturaleza humana aún no se ha manifestado suficientemente, o ya sea porque no admitimos la existencia de una naturaleza humana, parece difícil llamar persona a un embrión.

¿Cómo reconocer la persona que es un embrión humano?
Primero tenemos que darnos cuenta de que la noción de persona designa a un ser con una dignidad superior a los demás seres, pues la persona es un ser abierto a la trascendencia. Aunque a veces no lo manifieste, aunque no tenga aún la capacidad de enterarse de los primeros principios de la realidad, ya los posee.
La persona humana es una luz siempre encendida, llamémosle intelecto agente, o inteligir como persona, o libertad trascendental.
Para ver tenemos que abrir los ojos.
Un embrión humano no conoce (aún tiene los párpados cerrados) pero por dentro está abierto, es una relación subsistente.

El ser no se "identifica" nunca con sus manifestaciones externas.
(La composición real de acto de ser y esencia vige siempre en la criatura).
Gracias a las manifestaciones externas podemos tener indicios. Pero la persona se puede manifestar más o menos, o nunca.

El óvulo fecundado es persona humana.
Tiene un destino trascendente.
Es un ser abierto por dentro, aunque aún no lo esté por fuera.





Ideas sacadas de Rafael Corazón. Filosofía del conocimiento, pp 118-121.

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¿Qué ventaja tiene estudiar la ética en relación con la teoría de la evolución?

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Estudiar la ética en relación con la teoría de la evolución tiene la ventaja de darnos cuenta de cómo la ética impregna todo lo que existe en el hombre y correlativamente toda la acción humana.

No hay nada en el hombre que no tenga que ver con la ética. No hay nada en el hombre impermeable, aislado, autónomo de la ética.

O crecemos (y eso es la ética, el crecer del hombre, la ciencia del crecimiento humano hacia la felicidad), o nos extinguimos. Cada célula de mi cuerpo tiene una misión, un deber personal, mío. No está al servicio de la especie humana sino de mi libertad.

Así se esclarece el inicio de la vida del embrión humano y el sentido de la muerte y del dolor que la acompaña.
Éticamente triunfan la concepción y los cuidados paliativos.








De esto habla Polo en "Ética". Hacia una versión moderna de los temas clásicos. 2ª edición. Unión Editorial. p. 27.2

Para saber más sobre la teoría de la evolución ver la etiqueta 9.1.0

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¿Está la ética entrelazada con la biología humana?

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Ciertamente.
El hombre es un ser ético desde su concepción. O crece, en tanto que hombre, o se muere.

Fíjense que ya la hominización no fue un proceso de adaptación al medio.

El proceso de hominización tendía a la aparición de manos hábiles para el trabajo.
O el hombre se pone a trabajar o la especie no puede subsistir.

Los problemas éticos están engarzados ante todo en la biología tecnológica del ser humano.

El cuerpo humano está hecho para ser instrumento de una inteligencia espiritual. Si la inteligencia no aparece, no es viable.
De ahí que hasta que aparezca en los niños, hay que ocuparse de ellos. Tenemos el deber, ético, de cuidar a los seres humanos cuyo cuerpo no permite que el espíritu se manifieste.

La ética nunca debe ser marginada. Por ejemplo, modificar el código genético humano, sin conocer las implicaciones  de la modificación, es un atentado a la dignidad de la persona humana. Aquí está la base para explicar si querer cambiar de sexo es ético, es decir, si una persona, cognoscente y amante, debe hacerlo. Les dejo reflexionar.












De esto habla Polo en "Ética". Hacia una versión moderna de los temas clásicos. 2ª edición. Unión Editorial. p. 45.4.


Para saber más:
sobre la ética, ver etiqueta 9.0.0
sobre la evolución, ver etiqueta 9.1.0
sobre el arranque de la ética, ver etiqueta 9.1.0

sobre la hominización, ver etiqueta 9.1.0
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¿Cuándo arranca la ética?

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La ética arranca en el momento en que aparece la inteligencia de la persona humana.

La evolución de los homínidos, que no son personas, llega a su cima cuando son capaces de trabajar. Entonces, o inventan instrumentos para adaptar el medio a sus necesidades o se extinguen dada su inadaptación al medio.

O aparece la inteligencia o desaparecen.

La inteligencia trae consigo el conocer "lo que" nos hace sobrevivir y crecer, lo ético.

Entonces, el "deber" de los hombres es actuar inteligentemente.

El trabajo no es un proceso automático (como el laborar de las hormigas y de los homínidos) sino ético.

Para sobrevivir el hombre "debe" trabajar, pues al culminar la hominización, como acabamos de decir, el cuerpo del hombre queda libre de la necesidad primaria y refleja de adaptarse al medio.
Ahora "debe" adaptar él el medio.

Las neuronas libres permiten que la vitalidad del hombre conecte con su potencialidad manual: ya puede producir novedades.
Luego "debe" producir novedades.
En éste instante arranca la ética.

Son de notar los muchos asuntos humanos de toda índole que se esclarecen cuando tenemos en cuenta que el hombre ya puede trabajar.
Sin embargo, de nada le serviría poder trabajar si no es capaz de controlar su conducta, "sabiendo" a dónde va, "conociendo" lo que quiere.

El hombre "debe" saber que "debe" trabajar.
Sin saber de sí, sin espíritu, el hombre es inviable. La ética arranca al aparecer la inteligencia, espiritual: al llegar al uso de la razón.

¿Sólo habrá ética, entonces, cuando alcanzamos los siete años?
No. Hemos defendido que el crecimiento del embrión también es ético. De una parte porque los padres "deben" dejarle vivir y desarrollarse, pero también porque el cuerpo del embrión humano pertenece a la especie humana y la humanidad es una especie "humanizada", que vive en comunión "inteligente" para cuidar unos de otros.

Más aún, cuando usted y yo éramos embriones, lo mejor que pudimos hacer es desarrollarnos.
Aquel embrión era ya nuestro cuerpo, no tenemos otro.

La especie humana es "racional", luego es "ética". Tiene su destino en sus manos.






De esto habla Polo en "Ética". Hacia una versión moderna de los temas clásicos. 2ª edición. Unión Editorial. p. 40.2

Le puede a usted interesar echar una ojeada a la etiqueta 9.2.1 que habla de la "humanización"

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¿Deben ser neutras las ciencias?

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Las ciencias son neutras.

Los científicos no deben serlo.

La economía, la medicina o la arquitectura no pueden hacer juicios éticos.

El economista, el médico o el arquitecto sí deben hacer juicios éticos, pues deben trascender la autonomía de sus ciencias, subordinándolas a los criterios de la vida buena.

La ética tiene la última palabra.


La biología es también neutra. Pero el biólogo debe conocer la bioética, subordinando su ciencia a la vida buena creciente.
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¿Podremos recuperar el tiempo perdido?

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La vida vivida ya es como es. El tiempo humano como medida de nuestras decisiones terrenas se acaba y el crecimiento de la vida en este mundo termina.

Podemos perder el tiempo al no tomar, audazmente, las opciones que convienen.

Este es un primer modo de morir: nos morimos porque somos mortales y al separarse el alma del cuerpo, las decisiones tomadas son lo que han sido.

Ese tiempo es irrecuperable.

Hay, sin embargo, un segundo sentido del morir: llegar a término, interpretando nuestro pasado histórico al modo del amor.

Al morir podemos completar o consumar nuestra vida como un don.

En este sentido sí podemos recuperar, antes o después de la muerte, el tiempo perdido, pues es posible desandar lo andado, rectificar, acelerar, alcanzar nuestro destino.

Esto es la buena hermenéutica. No quedarse en el estudio del contexto que explique lo que pasó, sino sacar provecho del pasado.

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Además, en la novedad de la eternidad, Dios puede rehacernos, refundirnos, como se funden las campanas.

La ética es la ciencia de saber hacer crecer la vida, completarla aprovechando el pasado, y lanzarla hacia adelante, aprendiendo a morir.

Más que de muerte digna conviene hablar de una vida acabadamente consumada hacia la felicidad.

Que la muerte no sea como un aborto. No morir como un imbécil.

Conviene, pues, instar a todos a recuperar el tiempo perdido, porque realmente pocos hombres nos libramos de perder el tiempo.

Una larga enfermedad puede ser la oportunidad para refundirnos.

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¿Es malo abortar?

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El aborto es un atentado contra el hombre, porque es la interrupción del crecimiento humano.

Un embrión no pierde el tiempo. Se dedica sin interrupción a multiplicarse celularmente, diferenciándose: ¡magnífica existencia la del embrión!

Todo lo que vaya contra el crecimiento humano es simplemente malo.
Abortar es malo.

No educar a la gente, no darle la verdad según la cual puede perfeccionarse, es malo.

También es malo reducir al hombre a la condición de pieza de un sistema de montaje cuya misión es hacer coches; durante toda su vida de trabajo, a ese obrero le resultará difícil mejorar como hombre. El empresario que gerencia tal organización atenta contra el hombre: hace perder el tiempo a sus empleados y lo pierde él.


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¿Tiene la noción de "tipo" relevancia en bioética?

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Si, pues uno de los criterios que permiten discernir si estamos respetando la dignidad de la procreación humana es el no inmiscuirse o alterar la originalidad de cada ser humano.

Lo que la persona esencializa, añadiéndose a la vida recibida de los padres, no es su especie, sino su tipo (lo importante no es que nazca un humano sino que nazcas tú).

No somos espíritus angélicos que escogen un cuerpo para manifestarse, encarnándose. En nuestro origen somos ya mujer o varón, situados en el tiempo, dependiendo también físicamente de nuestros padres.

Despreciar el tipo, no queriendo que un hijo sea, por ejemplo, varón; manipular los genes queriendo enmendarle la plana al Creador, convierte la procreación humana en producción de un artefacto. La igualdad del hombre y la mujer, la igualdad de las razas y de las combinaciones que el amor humano puede engendrar exige que la procreación respete el aparente azar en la descendencia.

Otra cosa es intervenir para corregir algún defecto, si se puede. Pero ser negro no es un defecto. Y ser mujer tampoco.

Las personas que sienten frustración por su situación en el mundo o de sus hijos, médicos, investigadores, padres, no acaban de comprender la originalidad, el deseo amoroso de Dios (y el derecho de cada uno a ser amados como Dios le ama).





Para saber más :
Etiqueta 8.7.0  bioética.
Etiqueta 6.1.0  especies y tipos
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¿Cómo se socializan los hombres?

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Los hombres se socializan típicamente.
Albañiles, chóferes, médicos, maestros, políticos, empresarios…

(Para los que no les gusta la palabra "socializar", podemos decir que crecemos en sociedad gracias a los tipos).

Así se puede organizar el trabajo y la convivencia.

Los tipos sociológicos básicos son las mujeres y los varones.

Pero cada persona humana es un tipo que aporta su originalidad.




Para saber más:
Etiqueta 6.1.0 especies y tipos
Etiqueta 7.6.0 la sociedad humana
Etiqueta 8.7.0 bioética
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¿Qué tiene de particularidad la reproducción humana?

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La reproducción humana tiene de particularidad el estar transida de sentido ético.

Por ser el hombre un animal, su generación tiene una dimensión biológica, pero como tanto los padres como el hijo son seres inteligentes (aunque transitoriamente no se den cuenta) esa dimensión es inmediatamente trascendida: hay que cuidar al hijo para que crezca humanamente, inteligentemente. (Una mala solución, éticamente destructora, sería eliminar al hijo).

Lo engendrado por los padres no es un animal, sino una persona. De ahí el reconocimiento en las sociedades humanamente civilizadas de la dignidad de la reproducción humana.

Y de ahí también el valor civilizador de la familia.




De esto habla Polo en "Ética". Hacia una versión moderna de los temas clásicos. 2ª edición. Unión Editorial. p. 58
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¿Cómo mostrar que tenemos réplica?

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La mostración de la réplica tiene dos vertientes: el conocimiento y el amor.

Desde el conocimiento sabemos que la persona sola es un absurdo.

Desde el amor sabemos que sin aceptación nuestra vida es una tragedia.

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¿Qué es la verdad "personal"?

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Llamo verdad "personal" a mi réplica.

Siendo la verdad el desvelamiento del ser, si encuentro mi verdad, mi réplica de Dios, mi vida en el Verbo antecedente de mi futuro, me enamoraré de Aquél que creó mi ser.

Polo formula el "encuentro" con la verdad, con la verdad personal, como "enamoramiento".

Hablamos, claro está, de un enamoramiento "trascendental", del que son pálida imagen los amoríos de la vida.






Para saber más pueden ustedes leer: Polo, "La verdad como inspiración", en La persona humana y su crecimiento, pp. 197-206

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¿Es la intimidad personal un vacío?

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La intimidad personal es un cierto vacío interior.
En su intimidad el hombre se encuentra solo.
Carece de un quién que lo llene por dentro.

Polo lo expresa diciendo que la persona humana carece de réplica en su interior.

La sabiduría humana, el saber de nosotros mismos, no es un verbo personal, no es "otra" persona, es un hábito. Es el adverbio "además".

El hombre solo es un absurdo. De ahí que busquemos el quién que nos revelará nuestra identidad.






Glosa a Juan A. García González: Existencia personal y libertad. Anuario filosófico nº 95. 2009, p. 351.2
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¿Consigue el hombre su identidad haciendo crecer su esencia?

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Por mucho que el hombre crezca, por mucho que se perfeccione a lo largo de su vida en forma de hábitos, a pesar de todo, en el hombre siempre permanece la distinción entre la essentia y el esse; nunca el hombre puede llegar a ser "una" identidad.

Es decir, por grande que sea su crecimiento esencial, siempre su ser está por encima de él.

Polo suele decir esto así: el hombre es un ser que carece de réplica en su interior (en su esencia).

Nunca llegaremos a ser la persona que somos.

Aunque nuestra esencia puede crecer, y nos hacemos más coherentes con el ser personal que somos (eso es precisamente el crecimiento personal), sin embargo, eso no tiene más que el carácter de una manifestación de mi persona.

La persona crece al crecer su esencia, se expresa mejor, según su esencia. Pero la persona humana es inagotable, no es idéntica.

La esencia va hacia delante, pero nunca se agota.
Nunca se supera en el hombre la distinción real entre esencia y ser personal.


Y cuando veamos a Dios cara a cara será nuestra esencia la que estará por encima de nuestro ser. Siempre inidénticos. Siempre hijos.
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¿Es autosuficiente la persona humana?

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No.
La persona no tiene réplica en su interior.

La persona no puede saber en su intimidad quién es. No puede saber qué espera el Creador de ella. (Y menos aún puede darse el ser, realizándose).

Por eso se aviene sin dificultad (dócilmente) a hacer algo, a buscar el don que le permitirá ser aceptada por Dios y conocerse como Dios la conoce.

La persona es dócil porque se abre inherentemente al mundo, al propio cuerpo, para constituir su don con el que busca destinarse a Dios.

El intelecto personal se desdobla gracias a la sindéresis, que es una voz interior, que le impele a obrar: ¡haz el bien!, ¡lo tuyo es obrar!

El yo (hábito de sindéresis) impele: lo tuyo es actuar. De ahí nace, trascendentalmente, nuestro sentido del deber.

La persona, desde el ápice de su yo es siempre "dócil", se abre inherentemente, irremediablemente, para responder al amar de Dios.

Hélas !, nuestra mala sombra (del yo) puede nublar el noble impulso y metemos la pata.








Ligero apunte a lo que Juan A. García González dice en: Existencia personal y libertad. Anuario filosófico nº 95. 2009, p. 347-349
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¿Por qué otra persona humana no puede ser nuestra réplica y decirnos quiénes somos?

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Porque ella misma no sabe quién es.

Somos distintos, co-existimos a través de nuestras esencias, pero creados, cada uno, ex novo, por Dios.
Solamente Dios puede decirnos quiénes somos y seremos.

Nuestros padres, por ejemplo, nos dan la vida, pero lo que haremos (y seremos) con esa vida, su valor trascendental, sólo lo conoceremos en Dios.
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¿En qué consiste la abstracción?

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La abstracción consiste en una especie de recolección de los datos sensibles, que puede llegar a la inteligencia precisamente por la iluminación de los datos sensibles, por el intelecto agente (Polo propone que esa iluminación es realizada por el hábito innato de la sindéresis).


Así es como al ser iluminados los fantasmas o las imágenes (los objetos conocidos por la fantasía), por acción del intelecto agente (la sindéresis es hábito del inteligir personal), se da la especie impresa intelectual, y de esa manera se puede obtener el objeto abstracto.
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¿Qué características presenta el cerebro humano, destacables en relación al cerebro animal?

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El cerebro humano es más delicado que el de los animales.
Un bebé no soportaría los traqueteos de un mono.

En cuanto al funcionamiento, los neurólogos llaman la atención sobre su mayor "sincronía".

Todo tiene que ver con todo.

(Algunos hablan de enmarañamiento, y se atreven a decir que de ahí nacería la "idea" de alma inmortal).
Yo diría que más que enmarañamiento lo que se observa es un cierto caos inexplicable e inextricable.

Esto nos permite corroborar algo que también los neurólogos nos lo están afirmando: para pensar hay que frenar la actividad del cerebro, con inhibidores. Hay que pararse a pensar.

El cerebro humano puede correlacionar más elementos al unísono, es más rápido, su disco duro contiene más información. El animal solamente necesita los datos que permitirán subsistir a su especie.

El hombre puede conocer más, correlacionar más.

Dicha correlación se corresponde con la noción de "sincronía".
La sincronía es una característica del tiempo físico de los seres vivos. También de los animales.

Y es precisamente la sincronía la que permitirá al hombre, inserto en el mundo físico,  la simultaneidad propia de la abstracción.

En efecto, abstraer es articular el tiempo, parar irrealmente el tiempo, detener el caso. El abstracto es uno y universal, es objeto en el que se integran diversos asuntos concretos, imaginados, recordados y proyectados.

Esta integración, a nivel físico es sincronía, y a nivel intelectual permite la simultaneidad entre el acto de conocer y lo conocido.

Esta nueva simultaneidad no es física, pues es "lo mismo". Es posesión intencional.

El objeto físicamente es sincronía; mentalmente es irreal, es la diferencia pura con el ser; es puro enviar a lo conocido, que es la realidad. Lo que en la realidad es caótico, en mí es el retrato de mi amada.







Se habla de esto en Juan Fernando Sellés. Antropología para inconformes p.280
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¿Se conocen por abstracción las naturalezas intracósmicas?

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Las naturalezas intracósmicas se conocen por abstracción, pero ese conocimiento debe ser completado por aquello que en la abstracción no se capta, y que es la comprensión concausal de la naturaleza.

La abstracción es descrita clásicamente como el conocimiento de las cualidades sensibles, de las formas sensibles.
Para conocer las naturalezas intracósmicas se captan, por abstracción, las causas formales.

Primero abstraemos, recopilamos todas las notas sensibles que conocemos de una naturaleza intracósmica, y luego, desde el abstracto, tenemos que hacer una devolución, con la diferenciación y la comprensión de las causas.

Para conocer los entes materiales sirve la abstracción y después, una vez conocidas las causas sensibles, el conocimiento del ente material se completa en la comprensión concausal: conocemos su puesto en el el orden del universo (causa final).

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¿Es apta la abstracción para conocer la naturaleza humana?

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Es evidente que la abstracción no es un conocimiento apto para conocer la propia naturaleza humana.

En efecto, la naturaleza humana no es meramente sensible pues tiene una dimensión espiritual.

La dimensión espiritual no se puede conocer por abstracción, puesto que en la abstracción se ilumina lo sensible.

La voluntad y la inteligencia no son sensibles: no se pueden conocer por abstracción.

Necesitamos un conocimiento superior, sistémico, desde el hábito innato de sindéresis, para entender lo que somos.

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¿Es la abstracción una epagogé?

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Sí, es una modalidad de conocimiento "sistémico", porque la abstracción es una especie de recolección de datos sensibles.

Nuestra mente es capaz de reunir los caracteres sensibles de los seres vivos, y constituir el objeto abstracto, la forma inteligible, cuyo contenido son todos esos datos sensibles.


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¿Se puede conocer por abstracción el tipo humano?

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Para conocer el tipo humano no basta con la abstracción pues hay que reunir más notas de las que cabe en un objeto abstracto.

El conocimiento del tipo humano (de la naturaleza humana que se da siempre tipificada en la realidad) se alcanza también por una epagogé, pero por una epagogé superior a la abstracción.

Es lo que Polo llama conocimiento sistémico.




Para saber más ir a las etiquetas:
2.9.0 método analítico y sistémico;
6.1.0 especies y tipos;

2.5.5 la abstracción 
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